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Full text of "Misiones dominicanas en China (1700-1750)"

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^ FEB 26 1958 j 



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66 
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MISIONES 

DOMINICANAS EN CHINA 
(1700-1750) 

POR EL 

P. JOSE MARIA GONZALEZ, O. P. 




CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIG\ClONES CIENTIFICAS 
INSTITUTO SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO 
MADRID, 1952 



RAIGAL — DR. CASTELO, N.« 8— MADRID 



Nihil obstat: 

Ricardo M. Rojo, O. P. 



Nihil obstat: 

Florencio Muñoz, O. P. 



Imprimí potest: 

Fr. Eugenio Jordán, O. P. 
Vic. Prov. 



Nihil obstat: 

P. Fidel de Lejarza, O. F. M. 



Imprimatur: 

-f- Josi María 
Obispo Auxiliar y Vicario General 



Madrid, 23 -IV -52 



PRESENTACION 



/~\A obra que nos cabe ¡a honra de presentar es de ver- 
f dadora y sabia investigación. Para llevarla a cabo no 
ha perdonado el P. José María González largas jor- 
nadas de paciente trabajo en la ordenación del riquísimo y 
poco conocido Archivo de Santo Domingo de Manila, foco 
de proyección misionera en Oriente. 

El acervo de documentos con que nos sorprende el autor 
no procede exclusivamente de los archivos de Manila. La 
extensa bibliografía utilizada es casi toda manuscrita y de 
primera mano. Se le han abierto al efecto los Archivos de 
Propaganda Fide, que tantos tesoros contienen para la his- 
toria de las misiones desde el siglo XVII en adelante. 

Una de las lacras que eti nuestros tiempos padecemos es la 
de vernos obligados a trabajar a ritmo acelerado con exceso. 
Acaso nos parezca que hacemos más porque presentamos 
más al público; pero lo co\mún es que eso que entregamos 
como fruto de investigaciones sea de contornos vagos y 
falto de precisión. Como se escriben muchos libros y se 
cita mucha bibliografía sin haber dado siquiera un vistazo 
a lo más esencial publicado sobre el tema. No puede figurar 
entre éstas la obra «Misiones Dominicanas en China». Cada 
aserto va delimitado con toda justeza por su documento, 
que suele ser inédito o muy poco conocido. 

Valga esto de presentación. El lector por sí mismo apre- 
ciará que las cualidades que atribuímos a la obra no están 
desorbitadas. 

Y, para terminar, nuestra muy sincera enhorabuena al 
autor, esperando siga el camino emprendido con tanta de- 
cisión y acierto. 

P. J. SALVADOR Y CONDE, O. P. 



Madrid y abril de 1952. 



INDICE DE MATERIAS 



CAPITULO I 

Páginas 

La misión y los misioneros al principio del siglo xvii. 17-41 

1. ° Estado de la misión 17 

2. ° Llegan cuatro misioneros 21 

3. ° A punto de ser presos 24 

4° Pedro Mártir Sanz 25 

5. ° Joaquín Royo 30 

6. ° Juan Alcover 34 

7. ° Francisco Serrano 38 

8. ° Francisco Díaz 39 

CAPITULO II 

La misión dominicana en China 43-71 

1° Reorganización de la misión 43 

2. a El P. Sanz, Superior de la misión 48 

3. ° Calumnias a los misioneros 51 

4. ° Diíicultades para entrar en China 54 

5. ° El P. Royo evangeliza en Kiangsi y C'ekiang. 60 

6. ° Persecución de 1719.— Su causa 62 

CAPITULO III 

La misión antes de 1923 73-90 

1. ° Espléndidos frutos espirituales 73 

2. ° Estadística al comenzar la persecución de 1723. 75 

3. ° Seglares apóstoles 77 

CAPITULO IV 

YUNSGHING SUBE AL TRONO 91-111 

1.° Muerte de Kanghi- — Su política religiosa -91 

2° China al subir al trono Yunsghing. — Atmósfe- 
ra contra la religión católica 95 

3. ° Conjura del noveno Principe y el P- Morón ... 98 

4. ° Causas de una terrible persecución 194 



INDICE DE MATERIAS 9 

CAPITULO V 

Páginas 



Persecución de 1723-1729 113-151 

1.° Persecución y sorpresa de los misioneros 113 

2° Se destruye la cristiandad de Fukicn 117 

3. ° Cuatro Literatos cristianos firmes en la fe ... 123 

4. ° Decreto imperial de destierro 129 

5-° Se destierran temporalmente los PP. Oscoti y 

Sierra .' 132 

6. ° Amenaza de cisma en las misiones 140 

7. ° Embajada de Benedicto XIII al Emperador ... 142 

8. ° Los misioneros en la persecución 147 

CAPITULO VI 

Persecución de 1729 153-197 

1.° Causas de esta persecución 153 

2 o Así comenzó la persecución 160 

3. ° Lo que padeció cada uno de los misioneros ... 162 

4. ° Obligan al P. Sanz a aceptar el obispado 187 

5. ° Los cristianos durante la persecución 191 

6. ° Un poquito de calma 195 

CAPITULO VII 

Nuevas persecuciones y destierros 199-223 

1. ° Nuevo mandarín y visitador imperial 199 

2. ° ¿Debían los misioneros presentarse al tiranol 205 

3 o El personal de la misión 209 

4.° Destierro de los misioneros de Cantón a Macao. 213 

CAPITULO VIII 

Continúa la persecución. Obras extraordinarias de la 

Providencia 225-2G3 

L? Padecimiento de los misioneros de Fog n 225 

2. a Persecución de Changchiu 227 

3. ° Confesión de la fe de muchos cristianos 243 

4. ° Frutos de la labor evangélica 250 

5. ° Iglesias arrebatadas a los misioneros 257 

6. ° Formación del clero indígena 259 

CAPITULO IX 

Desde la subida de Kienglung hasta la prisión de los 

misioneros (1736-1746) 265-295 

1.° Muerte de Yuntching. — Succdele Kienglung... 265 

2 ° Dos nuevos misioneros 269 

3.° Trabajos y enji-rmedades de los misioneros ... 272 



10 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



_Págtnas^ 



4. ° Hospitales para leprosos 281 

5. ° Consagración del Sr. üscott y su muerte 288 

6. ° Nuevo coadjutor del Beato Sanz 294 

CAPITULO X 

Publicación de la Bula «Ex-quo» 297-319 

1. ° Causas que la motivaron 297 

2. ° Publicación de la Bula «Ex quo» 301 

3. ° La Bula y los PP. dominicos de Filipinas ... 304 

4. ° Júbilo entre los misioneros ••• 307 

5. ° Cómo fué recibida por otros misioneros 310 

6. ° La célebre pastoral del B. Sanz 315 

CAPITULO XI 

Prisión de los cinco misioneros dominicos 321-338 

1. ° Un gentil denuncia. — Son presos y llevados a 

la cárcel de Fogán 321 

2. ° El mandarín de Funingjú informa al virrej... 323 

3. ° Ordenes severas para captar a los misioneros. 323 

4. ° El momento de la prisión 326 

CAPITULO XII 

Traslado de los prisioneros a Foochow. — Son condena- 
dos a muerte 339-367 

1. ° De cárcel en cárcel 339 

2. ° Son absucltos los prisioneros 341 

3 ° El virrey llama a otros jueces 344 

4. ° Audiencia de dos dias ante el virrey 353 

5. ° Texto de la sentencia de muerte y promul- 

gación 358 

CAPITULO XIII 

Martirio del Beato Sanz 369-391 

1. ° Calumnias del virrey 369 

2. ° Llega la sentencia de Pekín 371 

3. ° Prepárase el Beato Sanz para el martirio ... 377 
4-° Sale el Beato Sanz para el martirio 379 

5. ° Las reliquias del Mártir en el lugar de los mal- 

hechores 384 

6. ° Grandes fiestas por el triunfo del Beato Sanz. 387 

CAPITULO XIV 

Calumnias contra los santos confesores 393-412 

1. ° Relación del Beato Serrano — Cómo se escribió. 393 

2. ° Defendiéndose a los mártires 397 



INDICE DE MATERIAS lt 

CAPITULO XV 

Páginas 



Martirio de los otros cuatro confesores 413-436 

1. ° Sus ardientes deseos de martirio 413 

2. ° «Reo de muerte» en sus mejillas 416 

3. ° El Beato Serrano es nombrado Obispo y Vica- 

rio Apostólico 419 

4. ° Queman el cadáver del Beato San¿ 422 

5. ° Contra la orden del Emperador, martirizaron 

a ios presos 427 

6-° Recupéranse los restos de los mártires 432 

7.° Glorificación de los mártires 435 

CAPITULO XVI 

Procesos de beatificación de los cinco mártires 437-463 

1. ° Procesos de beatificación 437 

2. ° Su beatificación 446 

3. ° Milagros de los mártires 450 

4. ° Reliquias de los santos mártires 458 

5. ° Cuadros de los santos mártires 462 

APENDICES 

Primero ... 467 

Segundo 470 

Tercero 473 

Cuarto 476 

Indice alfabético de nombres 481 



BIBLIOGRAFIA 



Acta Capitulorum Provincialium Provinciae Sanctissimi 
Rosarii Philippinarum. Manila, 1874-1878 (tres vols.). 

Aguirre (Pedro): Relación, de 1.° de julio dé 1894, en Correo 
Sino-Anamita. Vol. XXVIII, p. 84-99. 

Alcober (Juan): Noticias de la cristiandad que está a mi 
cargo y de algunas cosas sucedidas en ella. Año 1735. 

— Relaciones, de los años 1729, 1730 (dos), 1732, 1736, 1740 
(dos), 1741 (dos), 1743, 1744, 1747 (cuatro), 1748 (dos). 

— Lista de administración de Sacramentos. Año 1742 (dos). 
Alcover (Juan José): Vida del Ven. Padre Fr. Juan de Al- 
cober y Epitome de sus cuatro compañeros. 

Alier (Ramón): Relación, de 9 de septiembre de 1894, en 
Correo Sino-Anamita. Vol. XXVIII, p. 118-120. 

Archivium Ordinis Praedicatorium. Roma. 

A. P. D. Archivo Provincial de Santo Domingo, de Manila. 

Apéndice a la relación de la persecución de la cristiandad 
de Fogan. 

Arias (Evaristo): El Beato Sanz y compañeros mártires. 
Manila, 1894. 

Bazaco (Evergisto): Historia documentada del Real Cole- 
gio de San Juan de Letrán. Manila, 1932. 
Bell d'Antermony (Juan): Voyage de Russie en Asie. 
Benedicto XIV: Bula «Ex quo». 

— Letras Apostólicas, de 1744. 

— Alocución con motivo del martirio del Beato Sanz y com- 
pañeros, de la Orden de Predicadores. 

— Letras de felicitación a la Provincia del Santísimo Rosa- 
rio, de Filipinas. 

Blasco (José): Relación, de 15 de noviembre de 1896, en 
Correo Sino-Anamita. Vol. XXX, p. 118-150. 

Bremond (Antonio): Letras a la Provincia del Santísimo Ro- 
sario con motivo del martirio del Beato Sanz y compa- 
ñeros de la misma Provincia. 

Breve relación de la persecución que sucedió en China, en 
la Proviiicia de Fokien, en el año de 1733. 



BIBLIOGRAFIA 



13 



Brevis relatio Missionis Dominicanae in Provincia Chekiang 
et Kiangsi, Sinarum Imperio ab anno 1656 usque ad 
anxim 1740; sucinta relatio 

Calvo y Sanz (Esteban): Certificado de estudios del Beato 
Royo. 

Causas de beatificación de los cinco mártires. 

Cienfuegos (Cayetano): Reseña histórica de la vida y mar- 
tirio de los VV. Sres. Sanz y Serrano y PP. Alcober, Royo 
y Díaz. 

Collantes (Domingo) : Historia de la Provincia del Sa7itísi- 
mo Rosario. Manila, 1783. 

Collectio complectens ordinationes primordiales Provinciae, 
Acta Capitulorum Generalium necnon Ordinationes 
Emorum PP. Magistrorum Generalium. Manila, 1868. 

Comte (Le): Nouveaux memoires. 

Consejos de Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. 

Cordier (Henri) : Histoire Genérale de Chine. 

Cruz (Juan de la): Narración histórica de la persecución 
que experimentó la Misión de Chanchiu, año de 1733 y 
1734; cosas particulares que acontecieron en ella y ad- 
ministración en dicha Misión y su destierro. 

— Relaciones, del año 1730 (cinco). 

De illustrissimis viris PP. Petro Martyre Sancio et Francisco 
Serrano. 

Díaz (Francisco): Relaciones, de los años 1739, 1742, 1743 y 
1747. 

El Santísimo Rosario. Revista mensual, años 1893 y 1897. 
Ferrando Fonseca: Historia de la Provincia del Santísimo 

Rosario, de Filipinas. Madrid, 1870-1872. 
Fu (Matías): Trasumptum relationis martyrii Ilmi. ac Rvmi. 

D. D. Petri Sanz. 
Gentili: Memorie di un missionario nella Ciña. 
González de San Pedro (Francisco): Breve relación de las 

cosas sucedidas. 
Gowen-Hall, Herber y Washington: One outline History 

of Chine. 

Guillelmi (Francisco): Carta, de 1749. 

GuixÁ (José): Catálogo de los religiosos ilustres de la Pro- 
vincia del Santísimo Rosario, de Filipinas. 

J. R. A.: Héroes dominicanos de la Provincia del Santísimo 
Rosario, de Filipinas. Barcelona, 1893. 

Leonissa (Juan Francisco): O. F. M. Testimonio... 



14 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



Lo (Simón): Relaciones, de 1.° de febrero de 1755 y enero de 
1758. 

Martillac: Relación, de 1748. 

Matheu (Pablo): A los que el presente papel leyeren, Fr. *** 
de la Provincia del Santísimo Rosario, de Philippinas, de 
la Orden de Predicadores, Missionario en el Imperio de 
China, salud y paz en el Señor. 

— Carta, de 1722. 

— Relación, de 1726 y 1730 (dos). 

Miralta (Arcángelo): Relaciones, de los años 1745, 1746 

(dos), 1747. 
Muñoz (Pedro): Cartas, de 1715 y 1717. 

— Relación de la persecución en China (1710-1719). 
Neuvialle (Juan Silvano): Apología de la Compañía de 

Jesús. 

— Carta, de 1748. 

Nien (Pablo): Relaciones, de 1768, 1769, 1770, 1771. 
Noval (José Benito) : Relación, de 1744. 
Ocio (Hilario): Reseña histórica de la Provincia del Santí- 
simo Rosario, de Filipinas. 

— Compendio de la reseña histórica. Manila, 1895. 
Oscott (Eusebio): Relaciones, de los años 1723 (cuatro), 

1725 (cuatro), 1726 (dos), 1729, 1730, 1732, 1733 (tres), 

1739 (dos), 1740, 1741. 
Pallas (Francisco), O. P.: Relaciones, de los años 1756, 1757, 

1758, 1759, 1760, 1761, 1762, 1763, 1769. 
Pasarín (José): Cartas, de 1752 (dos). 
Pedrini: Carta, de 16 de octubre de 1723. 
Perroni (P.) : Relaciones, de los años 1724, 1725, 1726. 
Proceso apostólico de los Mártires Sanz y compañeros. 
Proceso ordinario de los Mártires Sanz y compañeros. 
Retz (Francisco) : Carta a Su Santidad, en 1739. 
Ripa (M.): Diario. 

Rosario (Simón del): Relación, de 1.° de febrero de 1755. 
Royo (Joaquín): Extracto de los interrogatorios que hicie- 
ron a los misioneros y cristianos. 

— Lista de confesiones, comuniones y bautismos que admi- 
nistré..., pertenecientes al ministerio de mi cargo, en el 
año de 1735. 

— Notas a la descripción de las Christiandades que en este 
imperio de la China administran nuestros religiosos de 
la Orden de los Predicadores. 



BIBLIOGRAFIA 



15 



— Relaciones, de los años 1712, 1714, 1720, 1729, 1730, 1731, 
1732 (dos), 1733 (dos), 1735, 1736 (dos), 1743, 1744. 1746, 
1747. 

Santa María (Juan de): Relación, de 17 de noviembre de 
1750 y 27 de febrero de 1753, 1748, 1749. 

— Individual y verdadera relación del martirio y inven- 
ción de los huesos del limo. Sr. D. Fr. Francisco Serrano... 
y de los M. RR. PP. Vicario Provincial... 

Relación de la conversión de un infiel llamado Chin VI- 

yen con su pariente... 
Santa Rosa (Francisco de): Relación, del año 1747. 
Sanz (Pedro Mártir): Cartas, de los años 1715, 1716, 1717 

(dos\ 1720. 

— Pastoral, con motivo de la Bula «Ex quo». Año 1745. 

— Razón de las cristiandades que en el imperio de la gran 
China están al cargo de los religiosos del Sagrado Orden 
de Predicadores. Año 1741. 

— Relaciones, de los años 1729, 1730, 1732, 1734, 1736 1738 
(cuatro), 1739 (tres), 1740, 1741 (dos), 1743 (dos), 1744, 
1745 (dos), 1747 (seis), 1748 (cuatro). 

Serrano (Francisco): Breve extracto de nuestra prisión. 

— Lista de los bautismos y confesiones en la Villa de Fo- 
gán y sus pueblos anejos del año 1734. 

— Listas de administración de Sacramentos, en 1742 (dos). 

— Relaciones, de los años 1730, 1732, 1735, 1736, 1739, 1740, 
1741 (dos), 1743 (dos), 1744 (dos), 1745 (dos), 1747 (tres), 
1748 (seis). 

— Relación de la cruel persecución que padeció nuestra 
cristiandad de Fogan (1746-1747). 

Sirra (Blas): Cartas, de los años 1722, 1723 y 1725. 

— Memoria que por orden de nuestro P. Provincial Fr. Die- 
go Sáenz hago de los que tengo bautizados en esta mi- 
sión desde que vine a ella. 

— Relaciones de los años 1723, 1727, 1729, 1730 (tres), 1733 
(dos), 1735 (dos), 1736, 1739 (dos), 1743. 

Sierra (Blas): Cartas, de los años 1722, 1723 y 1725. 
Souza (Policarpo): Cartas, de 1747, 1748 (dos). 

— Relaciones, de 1748 (dos). 

Su (Pablo): Relatio comouMonis corporis ven. Ilmi. D. Pe- 

tri Sanz, quondam Episcopo Mauricastrensi. 
Terradillos (P.): Relaciones, de 1757, 1761 (dos), 1762, 1763. 
Thomas (A.) : Histoire de la Mission de Peking. 



16 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



Touron (Antoine): Histoire des homes illustres de l'Ordre 
de Saint-Dominique. 

Ustáriz (Bernardo) : Circular que dirigió a la Provincia del 
Santísimo Rosario de Filipinas. Año 1744. 

— Precepto para que el P. Francisco Serrano acepte el Obis- 
pado. Año 1745. 

Valencia (Gregorio): Relación, de 1901. 

Ventallol (Magino): Cartas, de 1716 y 1717. 

Vierges (L.), S. J.: Textes historiques. 

Vila (Miguel): Relación, de 20 de junio de 1894, en Correo 

Sino-Anamita. Vol. XXVIII, p. 31-42. 
Yen (Domingo José): Relatio cremationis cadaveris lllmi. ac 

Rvmi. Dni. Petri Martyris Sanz. 




El campo misional en China de la Orden de Predicadores de 1700 a 1750. 



CAPITULO I 



LA MISION Y LOS MISIONEROS A PRINCIPIOS 
DEL SIGLO XVII 

I 

ESTADO DE LA MISIÓN 

Pocos pueblos habrá habido en donde la verdad evan- 
gélica haya sido tan encarnizada, sistemáticamente y por 
tanto tiempo rechazada como por el chino. Y en pocos pue- 
blos se habrán empleado más medios de todo género, es- 
pirituales y materiales, y en donde se hayan recogido tan 
pocos frutos espirituales como en éste. Hay, y ha habido, 
en ese pueblo abundancia de predicadores del Evangelio; 
y, entre ellos, hubo sabios, hubo santos y mártires; hubo, 
en fin, un gigantesco esfuerzo de parte de la Iglesia para 
sacar a esa nación de la noche del gentilismo. Y esto, no 
durante sólo algunos años, sino por espacio de siglos; no 
a intervalos, sino después de un trabajo ingente e ininte- 
rrumpido. Y, en total, el fruto cosechado a costa de tantos 
esfuerzos es bien escaso. Siendo pródigos en contar, llega- 
rán al presente a cuatro millones de fieles, perdidos entre 
más de cuatrocientos millones de habitantes. 

Es, sin embargo, necesario confesar que, acaso más que 
la educación y carácter del chino, radicalmente opuestos 
a toda idea de educación y religión extranjeras, a lo menos 

2 



18 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



hasta principios de este siglo, fué remora para la expan- 
sión de la religión en China la malhadada cuestión de los^ 
ritos sínicos. 

No es este el lugar para hacer historia de los tan tristes . 
y deplorables sucesos a que dió lugar la citada cuestión. 
Sólo haremos mención de los últimos acaecidos a princi- 
pios del siglo xvni, de fatales consecuencias para la Igle- 
sia china y, en particular, para la Misión dominicana, por 
estar relacionados con nuestro trabajo. 

Fué el caso que los misioneros riccistas consiguieron del 
emperador un decreto (17 de diciembre de 1706), por el 
cual se obligaba a todos los misioneros a recibir el piao 
imperial; o sea, a admitir los errores riccistas condenados 
por la Santa Sede y a enseñarlos a los cristianos, bajo pena 
de ser expulsados de China los que no le quisieran recibir. 

Agustinos, franciscanos, dominicos, adéxteros y de la 
Propaganda se vieron obligados en conciencia a salir de la 
Misión antes que enseñar a sus cristianos doctrinas tan 
perniciosas, ya condenadas repetidas veces por Roma. Sólo 
la mayoría de los hermanos del p. Ricci quedaron en la 
Misión, a los que se agregaron más tarde algunos otros, 
engañados por aquellos, o ya por no dejar desamparados 
sus cristianos, si bien en su conciencia rechazaban tan re- 
prochable doctrina. 

Por junio de 1707 llegaban los misioneros dominicos, 
con los demás desterrados, a Cantón — en donde se quedó 
el P. Pedro Muñoz — , pasando poco más tarde a Macao, en 
donde padecieron lo que no es decible hasta 1710. Antes 
del año, consiguió el P. Francisco Caballero burlar la vigi- 
lancia de los portugueses, volviendo a entrar en China para 
consuelo de los cristianos y para hacer compañía al P. Ma- 
gino Ventallol, quien había quedado oculto en la Misión. 

Con los misioneros ortodoxos fué también desterrado el 
por tantos títulos célebre defensor de los derechos de la 
Iglesia y de la pureza moral y dogma católicos, el Legado 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



19 



del Papa Excmo. Sr. D. Carlos Tomás Maillard de Tournon, 
quien a causa de injusticias inimaginables y de maltratos 
de toda especie, murió víctima de su deber el 8 de junio 
de 1710. 

En 1710 sólo quedaban en nuestra Misión de China — en 
la provincia de Fukién — el P. Caballero y el Rvdmo. Ven- 
tallol, y en Cantón, el P. Muñoz. Los dos primeros, por ca- 
recer del piao, veíanse obligados a andar a sombra de te- 
jados para huir de los satélites; y el segundo bien poco 
podía hacer estando tan lejos de ella. No es, pues, de ex- 
trañar que aquella Misión tan lucida y floreciente pocos 
años antes, viniese a menos y caminase a pasos agigan- 
tados hacia la ruina. 

En estado tan lamentable se hallaba la Misión, que ex- 
claman las Actas del Capítulo Provincial de 1712: 

«Anunciamos que nuestra Misión, mejor dicho, la se- 
milla toda del Santo Evangelio, con aquella pureza que 
prescribe nuestra Santa Madre la Iglesia en sus recientes 
decretos, casi del todo, de día en día,, se va estinguiendo 
en el gran imperio de la China, como con razón nos temía- 
mos. Pues herido el Emo. Cardenal Tournon de mil mane- 
ras, desparramadas sus ovejas y privado el celoso pastor 
por la astucia de los portugueses de Macao, de sus más fie- 
les amigos y consocios en las tribulaciones, de nuestros re- 
ligiosos, no por eso aquietó la rabia de los gentiles, ni la 
conjuración de los malos cristianos, hasta conseguir que 
se apagase la preciosa vida del Legado Apostólico; y si, 
como piadosamente creemos, orlado de doble aureola des- 
cansa ya en el cielo, también su espíritu de constancia y de 
firmeza en la fe ha renacido en la tierra, en la persona de 
dos de nuestros misioneros que. anhelosos de la palma del 
martirio, y despreciando los inicuos mandatos de los prín- 
cipes, perseveran hasta ahora en tan vasto imperio con 
gran peligro de su vida» (1). 



(1) Acta Capitulorum Provincialium Provinciae SancLissimi Ro- 
sara Philipinarum, II, 71-72. 



20 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Para mayor desconsuelo de los cristianos, el P. Caballero 
se vio precisado a salir de la Misión en 1714, aquejado de 
grave enfermedad, quedando sólo el enérgico anciano Re- 
verendísimo Sr. Ventallol — quien llevaba ya más de trein- 
ta años de misionero — para cuidar de los cristianos de las 
provincias de Fukién, Chekiáng y Kiangsi. Para colmo de 
males, de Manila no podían enviar más misioneros por fal- 
ta de barco y por la dificultad de entrar en China sin el 
piao (2). 

Y así, con profundo dolor se expresan los Padres capi- 
tulares en las Actas del Capítulo Provincial del 21 de abril 
de 1714: 

«Denunciamos que en el gran imperio de China aún 
subsiste en todo su rigor el decreto imperial que prohibe 
bajo pena capital que ningún misionero traspase las fron- 
teras de aquel imperio para predicar nuestra santa fe, 
sin que primero no prometa observar las prácticas (los 
ritos de China) tantas veces prohibidas por la Santa Sede 
Apostólica. Por lo cual, expulsados de allí todos los mi- 
sioneros de esta nuestra Provincia con admiración y pas- 
mo del mundo católico (íoío spectante et stupente orbe), 
aquella viña del Señor ha sufrido muchas quiebras; y 
aunque desde el momento que Dios ha socorrido a esta 
grey con copioso número de soldados, ya hemos designa- 
do algunos religiosos de ciencia y virtud probada, que va- 
yan a consolar a aquella cristiandad que con lágrimas no 
cesa de escribir suspirando por nuestros misioneros; sin 
embargo, la falta de embarcaciones y el rigor de las leyes 
de aquel imperio les ha impedido hasta ahora emprender 
el viaje.» 

Tal era el lamentable estado en que se hallaba la Mi- 
sión dominicana de China cuando nuestros futuros y glo- 
riosos mártires llegaron a ella. Sólo su gran fe y confianza 
en Dios y su gran celo por la salvación de las almas fueron 



(2) Ibid.. pág. 80-81. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



21 



parte para que sus esforzados corazones no desmayaran 
ante tal cúmulo de dificultades. 



II 

LLEGAN CUATRO MISIONEROS 

La grave cuestión de los ritos chinos, que tanto hizo pa- 
decer a nuestros misioneros por mantenerse fieles a los 
mandatos de Roma y al dictado de su conciencia, y el ma- 
logro de tantos frutos espirituales, como suponen la pér- 
dida casi completa de sus magnificas cristiandades, forma- 
das a costa de tantos esfuerzos, parece desanimó a los Su- 
periores de Manila en un principio para enviar nuevos mi- 
sioneros a restaurarlas. Por otra parte, tenían en Filipinas 
dilatado campo para trabajar con más paz y cosechar 
abundantes frutos. 

Pero el supremo jerarca de la Orden, el Rvmo. P. Clo- 
che, no opinaba así y deseaba que la Misión de China, «que 
era la que siempre había dado más lustre a la Provincia», 
continuara su gloriosa historia por medio de apóstoles es- 
cogidos. Y tanto lo deseaba que, con fecha del 31 de mar- 
zo de 1716, escribía al P. Provincial una carta en tonos muy 
fuertes, quejándose de lo descuidada que tenía la Misión 
de China; y manda se envíen allí religiosos selectos, que 
puedan solucionar los graves asuntos que les salgan al paso, 
y puedan continuar la tradición gloriosa de sus antepasa- 
do; y todo esto lo manda bajo amenazas graves (3). 



(3> He aquí la carta del Rvmo. P. Cloche: «M. R. P. Provin- 
cial : Salud. Con gran dolor mío llegó a mi noticia, el poco caso que 
se hace de nuestra Misión de China, pues los que cuidan esa Pro- 
vincia, no cuidan de proveerla de religiosos. Y si envían, no son 
los más aptos para el ministerio y para lo demás que allí se ofre- 
ce, como sucedió que V. P. habiendo entrado Provincial, quería en- 
viar dos religiosos de los recién llegados, que no habían acabado los 
estudios. V. P. debe reparar en que aquellos misioneros están en 
medio de tanta gentilidad y de misioneros de otras Religiones, y 



22 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



También manda que los religiosos que han de ser envia- 
dos a las Misiones sean probados antes en alguna Casa de 
Manila acerca de su conducta moral y religiosa, y que de 
ninguna manera envíen a los que sean inhábiles para di- 
cho ministerio (4). 

Para esta fecha, y obedeciendo a anteriores requeri- 
mientos del Rvmo. Mtro. General, habían designado los Su- 
periores de Manila a algunos religiosos para China; pero, 
por dificultades invencibles, no habían podido pasar a esa 
nación (5). 

En el Consejo de Provincia del 24 de mayo de 1715, 
el P. Vicario General propuso a los consejeros la convenien- 
cia de enviar religiosos a China, en vista de la necesidad 



lances arduos que se pueden ofrecer, que todo pide el tener allá 
hombres selectos y que pueden dar buena razón de sí, y mantengan 
el buen nombre que han ganado ¿on sus fatigas los pasados...» 

«La Misión de China es la que en todos tiempos ha dado el ma- 
yor lustre a la Provincia ; y es la que menos gasto da para el sus- 
tento de sus religiosos, y debía ser la niña de los ojos de la Pro- 
vincia.» 

«Por todo lo cual encargo a V. R. que sin falta señale religio- 
sos, si no lo ha hecho, y que sean de los selectos, para que pasen 
luego a la Misión de China, animándolos a ellos con ver que los 
nuevos cristianos vienen a buscarnos y reclaman por nosotros; y 
V. P. avise de los que haya enviado y de sus calidades, para ver yo 
la obediencia de V. P. ; y para en caso de no ejecutarlo, como le 
tengo propuesto, podré yo tomar otras providencias, a que llegaré, 
aunque con digusto mío, para poder acudir a la Misión de China, 
que es la honra de toda la Religión y mostraré el aprecio que hago 
de ella. Espero que V. R. mudará el sentir y seguh'á el mío ; ase- 
gurándole que en caso contrario, lo que no creo, me obligarán a 
negar las patentes para llevar barcadas; porque estoy cierto que el 
fin de los que van en ellas, no es para ser curas de indios, sino 
para pasar a las Misiones de infieles», etc. (Collectio complectens Or- 
dinationes primordiales rrovxnciae, Acta Capitulorum Generalium..-, 
páginas 218-219. 

(4) «Fratres igitur per Consilium destinati ad Misiones et regna 
regionum orientalium, quantum fieri poterit, per aliquod tempus 
probentur circa mores et observantiam regularem in Conventu Ma- 
nilae. vel in domibus suburbanis sub oculis eorum, que eos debent 
probare, nec mittantur, qui in millo tempore hábiles judicantur, 
sed potius ánimos inquietos monstrant.» (Collectio complectens..., pá- 
ginas 219-220.) 

(5> «Designati sunt aliqui fratres scientia atque zelo praediti. 
qui Missionem Ulan litteris ac lacrymis, fratres nostros inhiantem et 
clamantem, consolentur ac foveant ; navium tamen penmia et rígida 
ilius Imperii legum exacta observantia. usque modo transiré non li- 
cuit» (Acta Cap. de 1714, t. II, págs. 80-81). 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



23 



-que allí había de ellos. Los consejeros aprobaron por una- 
nimidad la propuesta (6). Y ese mismo año de 1715 fueron 
asignados y salieron para China los PP. Joaquín Royo, Pe- 
dro Mártir Sanz, Pablo Matheu y Miguel de Arriba. 

Los PP. Royo y Arriba, asignados antes del Consejo, sa- 
lieron de Manila por marzo de 1715, llegando a Cantón a 
últimos de abril. El P. Arriba siguió poco después para Fu- 
kién, a donde llegó sin novedad; mas el P. Royo permane- 
ció en Cantón hasta últimos de año para estudiar el man- 
darín (7). 

El P. Muñoz, con fecha del 4 de noviembre, escribe: 
«El P. Royo ha estado ocho meses conmigo. Sabe bastan- 
te lengua y va ahora con el Sr. Magino para coadjutor, 
suyo» (8). Llegó el P. Royo a Fukién por noviembre, pues 
su compañero, el Rvmo. P. Ventallol, escribió desde esa 
provincia una carta al P. Muñoz firmada el 1.° de diciem- 
bre (9). 



(6) «Les propuso (a. los PP. consejerosi dho. M. R. P. Vico. Ge- 
neral que en atención a que la Misión en el imperio de China se 
hallaba sin operarios, y que los dos religiosos que este presente año 
habían salido para dicha Misión, aunque fervorosos, eran de poca 
€dad, y que dicha Misión necesitaba de más operarios y que fuesen 
más provectos en ciencia y edad. Y también proponía a dhos. Pes. 
de Consejo las repetidas instancias, no sólo del Rvmo. P. General 
presente, sino también de sus antecesores, para que la Provincia 
todos los años enviase religiosos a dha. Misión de China. Por tanto, 
dijo dho. M. R. P. Vico. Gral. a dhos. P.es. de Consejo que dijesen 
su sentir y parecer acerca si enviaba religiosos a dha Misión. Y el 
R. P. Prior Fr. Juan Caballero inmediatamente hizo relación de los 
muchos y varios partidos en dho Imperio de China donde se hallan 
muchos cristianos reducidos a nuestra santa fe por los P.es. missio- 
neros que ntra. Prov.a. ha tenido en dho. reino, como quien estuvo 
missionario muchos años en dicha Misión. Y que dhos. partidos se 
hallaban al presente sin ministro alguno. Y así que su sentir y pa- 
recer era que dho. M. R. P. Vico Gral. enviase religiosos a dha. Mis- 
sión lo más presto que se pudiere. Y todos los demás P.es. de Con- 
sejo se conformaron con dho. sentir y parecer, y dho. M. R. P. Vico. 
Gral. lo firmó, y dhos. P.es. de Consejo» (Libro de Consejos de Pro- 
vincia del Stmo. Rosario de Filipinas). 

(7) Royo, carta del 6 de octubre de 1715, firmada en Cantón, 
ms. en el APD. En esta carta dice que piensa salir para Fukién por 
•noviembre. 

(8) Hállase esta carta en el APD. 
(9» Muñoz, Relación núm. 414. 



24 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



El 12 de junio de 1715 partieron también de Manila para 
Fukién, vía Emuy, los PP. Pedro Mártir Sanz y Pablo Ma- 
theu, llegando a aquel puerto el 29 de dicho mes (10). Pro- 
siguiendo después su camino, escribe el P. Sanz, «hemos 
llegado a estas cristiandades de Fugan con salud y sin im- 
pedimento» (11). 

III 

A PUNTO DE SER PRESOS 

Dejamos ya consignado que por este tiempo sólo queda- 
ba en la Misión el anciano Rvmo. Sr. Ventallol, pues el 
P. Francisco Caballero había tenido que salir de la Misión 
por enfermo en 1714. Llevaban, pues, por esta fecha nues- 
tras Misiones de China unos ocho años casi abandonadas. 
En estas circunstancias el socorro de los nuevos misione- 
ros no podía ser más oportuno y de mayor necesidad. 

Las lágrimas y súplicas de los cristianos por nuevos mi- 
sioneros eran continuas. «Habíase allí derramado en gran 
profusión la gracia del Espíritu Santo, y no podían vivir 
sin pastores y maestros.» Compréndese, pues, su gozo y 
consuelo al ver entre ellos a tan fervorosos apostólos des- 
pués de tantos años de soledad, privación y abandono Pero 
poco faltó para que quedaran de nuevo huérfanos de sus 
Padres espirituales. 

Fué el caso de un cristiano de Fogán, por nombre Este- 
ban Chai, que había ido a Emuy para conducir a los dos 
misioneros, al pasar en su compañía por Foochow, en don- 
de estaba el P. Juan Laureati, S. J., comenzó a decir a los 
cristianos que este Padre estaba excomulgado, por lo cual 



(10) Cf. Introd. a la causa de beatificación y canonización de los 
cinco mártires de Foochow, pág. 3. Roma, MDCCLXVI. Muñoz, Re- 
lación núm. 413. 

Uli A P. D. Carta firmada el 8 de diciembre de 1715. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 25 

aquellos comenzaron a rehuir su trato. Llevólo el P. Lau- 
reati tan a mal que, en un viaje que hizo a Emuy para 
arreglar un negocio entre chinos e ingleses, contó al man- 
darín — llamado por razón de su oficio Hai-fang-ting — que 
habían entrado dos nuevos misioneros en Fukién, proce- 
dentes de Manila, sin el piao imperial, dándole al mismo 
tiempo sus nombres. El mandarín expidió inmediatamente 
órdenes para que apresasen al P. Sanz y su compañero. 
Mas una carta, muy oportuna por cierto, que escribió des- 
de Cantón el P. Muñoz al P. Laureati — respondiendo a otra 
que éste Padre le había escrito llena de quejas — , en la que 
le consolaba y le decía que no estaba excomulgado (no ha- 
bía llegado todavía la Constitución de 1715) disipó el eno- 
jo del P. Laureati; y después, este mismo Padre, disuadió 
al mandarín para que dejase de buscar a los PP. Sanz y 
Matheu (12). 

IV 

PEDRO MÁRTIR SANZ 

Damos a continuación los datos de los primeros años de 
los mártires, representación genuina de la labor misionera 
en China. 

Fueron sus padres Andrés Sanz y Catalina Jordá. Des- 
pués de un parto muy laborioso, nació el niño, nuestro futu- 
ro mártir, en tal precario estado físico, que su madrina, 
Margarita Brió, le administró inmediatamente el bautismo 
de socorro, supliendo las ceremonias — acaso el mismo día de 
su nacimiento, que fué el 3 de septiembre de 1680 — el Bene- 
ficiado de la iglesia parroquial Rdo. D. Damián Royer, con 
permiso y en presencia del párroco de la misma, el Dr. don 
Luis Corretjá. Pusiéronle al recién nacido los nombres de 



(12) Muñoz, Relación núms. 413-414. 



26 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Pedro José Andrés (13\ Mas hasta tomar el hábito domini- 
cano se le llamó siempre con el de José. Recibió el Sacra- 
mento de la Confirmación en su pueblo natal el 28 de agos- 
to de 1687, de mans del Obispo dominico de Tortosa, Sr. don 
Fr. Francisco Severo Auter. 

Todos los autores están unánimes en afirmar la santi- 
dad de vida del joven José hasta entrar en la Religión de 
Santo Domingo. 

Muy niño aún, pasó nuestro futuro mártir de la villa de 
Aseó a Lérida, al lado de un tio suyo materno, llamado Mi- 
guel Jordá, que era Capellán mayor de aquella iglesia ca- 
tedral. Con su tío y con los canónigos estudió nuestro jo- 
ven las primeras letras, saliendo discípulo aventajado en 
ciencia y virtud. Parece estuvo al lado de su tío hasta el 
tiempo de ser admitido a la Orden. 

A la edad de diecisiete años tomó el blanco cendal do- 
minicano en el Convento de Santo Domingo de dicha ciu- 
dad de Lérida, a principios de julio de 1697, haciendo sus 
votos religiosos el 6 de idéntico mes del año siguiente. Por 



(13> La virtuosa Catalina Jordán dió a luz dos mellizos: a nuestro 
futuro mártir y a una niña, que de allí a poco murió. También murió 
la madre de las dos criaturas durante o poco después del parto. 

La Fe de Bautismo de nuestro mártir es como sigue : «El inf ra- 
escrito Pbro.. Cura Párroco de Aseó, Obispado de Tortosa, provincia 
de Tarragona, certifico: Que al dorso del folio 63 del libro 1.° de 
Bautismos de esta Parroquia se encuentra una partida que, copiada 
literalmente, dice así: 

«Pere Juseph Andreu Sans fill llegitim y natural de Andrés Sans y 
de Catharina Jordá coniuges de la prn. Parroquial de Aseó fouch 
Bateijat de necesitad en casa per la Madrina Margarita Brió y se 
fer los exoscismes en la iglesia per mi Damiá Royer pre. y Beneficia: 
de dita parroquia de llisencia y en presencia del Rnt. Luis Corretja 
Pb.o y Rector de dita parroquia y asisteren ais exorcismes Pere Sans 
y María Jordá. Vuy ais 3 de Setembre de 1680.» 

Concuerda fielmente con su original, a quince de mayo de mil 
ochocientos noventa y tres. — Hay el sello de la Iglesia Parroquial.— 
José Miguel Biarnés, Cura.» (J. R. A., Héroes dominicanos, p. 151, V.> 

Como se ve, en la Fe de Bautismo se da a nuestro mártir el 
apellido de Sans, en vez del de Sanz. El citado autor de Héroes domi- 
nicanos, loe. cit., afirma debe escribirse con ese y no con zeta la úl- 
tima letra del apellido de nuestro futuro héroe. Mas la ortografía 
consagrada por la Iglesia y por la generalidad de los historiadores la 
escribe con zeta. El glorioso mártir, en sus cartas, unas veces lo es- 
cribe con zeta y otras con ese. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



27 



condescender con el deseo de su tío D. Miguel Jordá, al re- 
cibir el santo hábito mudó el nombre de José, con el cual 
quería él seguir llamándose, por el de Pedro Mártir; santo 
al que su tío tenía gran devoción (14). 

Consagrado a Dios por la profesión religiosa, fué un vivo 
modelo de religiosos y estudiantes; y así continuó hasta 
recibir el sacerdocio. Baste decir que su vida religiosa fué 
la de un verdadero dominico que sigue muy de cerca los 
pasos del gran Patriarca de Caleruega. 

Concluida brillantemente su carrera eclesiástica, recibió 
el presbiterado el 20 de septiembre de 1704 de manos del 
Obispo de Urgel, el carmelita D. Fr. Julián Cano. 

Ministro ya del Señor, dedicóse con ahinco al confesio- 
nario, al pulpito y a la observancia estricta de las Consti- 
tuciones de la Orden. En 1707, en ocasión en que estaba si- 
tiada la ciudad de Lérida, con motivo de la guerra entre la 
Casa de Austria y la de Borbón, tuvo ocasión de mostrar ia 
caridad que abrasaba su corazón hacia el prójimo, socorrien- 
do indistintamente a los dos bandos, aun con peligro de 
perder su vida; por lo que fué llamado el «Angel de la ca- 
ridad». 

Trasladado más tarde al Convento de Zaragoza (1708), 
en donde fué Capellán del Rosario, siguió allí sus ejerci- 
cios rigurosos de regular observancia; en la cual era aquel 
convento famoso. Y estos ejercicios de oración, ayunos, 



(14) Serrano: Relación de la cruel 'persecución que padeció nues- 
tra cristiandad de Fogán, 1747, segunda parte, núm. 13, escribe : «No 
hace muchos días me dijo su lima, (el Bto. Sanz) que en el siglo se 
llamaba José. Pero que estando para tomar el hábito le dijo un tío 
suyo, capellán mayor, muy devoto de San Pedro Mártir; «Muchacho, 
una cosa te pido, y es que ahora, en tomando el hábito, te llames 
Fr. Pedro Mártir.» ¡ Oh. válgame Dios, con qué propiedad da su Ma- 
jestad los nombres a sus escogidos! Y lo que a nosotros nos parecen 
contingencias son disposiciones divinas. Como este buen tío había 
quedado en lugar de padre y madre, le correspondía su lima, con el 
cariño de hijo ; y así condescendió dándole este gusto. Pero me decía 
su lima, que había sentido mucho dejar su muy estimado nombre 
de José. A esto respondí: Pues ¿por qué V. lima, no quedó con los 
dos en todo caso? Me dijo su lima. : Porque era muchacho y no se 
me ocurrió tal cosa.» 



28 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



mortificaciones y estudio, los continuó durante toda su 
vida (15). 

Parece ser que en el convento de Zaragoza fué profesor 
de Moral o de Sagrada Escritura, y aun hay autores que 
afirman fué lector de Teología (16). 

Durante su estancia en esa ciudad tuvo igualmente oca- 
sión de ejercitar su caridad con los heridos, con motivo 
también de la guerra de sucesión. En la gran batalla que 
se dió el 20 de agosto de 1710, le sucedió el siguiente caso 
extraordinario, que nos cuenta el beato Serrano en su ci- 
tada Relación, núm. 23. Dice así: «Era este señor muy 
cauto en referir sus cosas, y así no puedo dar las noticias 
a medida de mi deseo. Sólo pondré aquí un caso particular 
que nos refirió su lima. El día que se dió la batalla de Za- 
ragoza se hallaba su lima. Capellán del Rosario en San Il- 
defonso. Acabado de rezar el santo Rosario, subió al cam- 
panario a ver el fin de la batalla; y sin haber allí sujeto 
alguno, le dieron un empellón tan fuerte, que lo echaron 
fuera de la torre, o campanario. Pero luego al punto, sin 
saber cómo, se vió otra vez dentro sin lesión alguna. Lo pri- 
mero se puede atribuir al demonio, autor de tales haza- 
ñas; lo segundo a la Reina de los ángeles que conservaba 
su devoto capellán para imprimir en los corazones de los 
fieles la devoción de su santo Rosario.» 



(15> Acerca de esto escribe Serrano. Relación de la cruel..., núme- 
ro 14 : «También me dijo su lima, que siempre vivió en Convento de 
reforma. Maitines a medianoche, vestir lana y comer pescado lo ob- 
servó siempre en España, Filipinas y China. Sólo . estos últimos años 
(como seis o siete) se vió precisado a comer de carne por sus muchos 
y penosos accidentes. Pero los Maitines a medianoche, aun siendo 
Obispo, se levantaba a rezarlos. Y lo que más es. en esta cárcel, ya 
que no podía rezar los maitines a medianoche por falta de luz y otras 
incomodidades, se levantaba a medianoche a rezar el Rosario de 
María Santísima. Siempre que de noche despertaba le oía rezar 
himnos, salmos y Avemarias. De suerte que aquella bendita boca ni 
aun durmiendo "descansaba.» 

<16) Así lo afirmó el P. Touron en Histoire des homes illustres de 
l'Ordre de St. Dominique, t. VI, con el título V. Pierre Mártir Sanz. 
Al P. Arias le parece esto último, lo de lector de Teología, improbable, 
y a nosotros también. (Arias: Vida de los mártires dominicos en Chi- 
na, pág. 2, nota.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



29 



Ocho años llevaba en Lérida y Aragón ejerciendo con 
el mayor celo el ministerio eclesiástico, cuando llegó a sus 
oiüos que el P. Antonio Diaz — quien habia tenido que salir 
de China gloriosamente por haber obedecido las órdenes 
del Papa y del Legado Sr. de Tournon — convocaba una Mi- 
sión de religiosos para Filipinas. Saltóle el corazón de ale- 
gría al oír esta noticia, por ser su mayor deseo la salvación 
de las almas. 

Mas, como era prudente, para mejor acertar en su de- 
terminación consultó con varios religiosos aventajados en 
en virtud y letras la conveniencia de ir a tierra de infieles 
a predicar el santo Evangelio. Y habiéndole sido respondi- 
do que bien podía ir, decidido rompió con todos los lazos 
humanos; con el amor a la familia, a la patria, a las dig- 
nidades (17). A la edad de treinta y dos años, y en 21 'en 20 
escriben ellos) de julio de 1712 salía de Zaragoza para tomar 
barco en Cádiz, a donde llegó el 10 de agosto siguiente. 

A causa de las muchas incomodidades del camino, cayó 
enfermo de unas malignas calenturas, y, estando ya el bar- 
co para partir, le aconsejó el médico suspendiese el viaje 
por su mal estado de salud. Mas él, confiando en Dios, no 
quiso perder aquella ocasión, y, enfermo como estaba, se 
embarcó a últimos de agosto. 

Pocos días más tarde, a causa de un gran temporal, se 
vió forzada la nave en que iba a volver a Cádiz, para em- 
prender de nuevo la navegación el 16 de septiembre (18), 



(17) «El año 1712, escribe el Bto. Serrano en Relación de la cruel 
persecución, segunda parte, núm. 15, renunciando su lima, a un prio- 
rato y otras conveniencias que pudiera haber obtenido en su provincia, 
llevado sólo del bien de las almas, se embarcó en Cádiz con otros 
compañeros para las islas Filipinas, donde llegó el año 13 ; y el 15 lo 
envió la obediencia a predicar el Santo Evangelio a este imperio de 
la China, donde trabajó gloriosamente treinta y tres años, hasta de- 
rramar su sangre en testimonio de la verdad que predicaba.» 

(18) Algunos autores ponen otra fecha, mas esta es la verdadera, 
según escribe el Bto. Royo, compañero de viaje del Bto. Sanz, en 
carta del 28 de diciembre de 1712. En ella nada dice de que hu- 
biera tenido que volverse la nao a Cádiz forzada del mal tiempo. 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



llegando a Veracruz el 2 de diciembre, y en la ciudad de 
Méjico, a últimos de dicho mes. El 7 de marzo siguiente se 
puso en camino con sus compañeros para el puerto de Aca- 
pulco, de donde salieron para Manila en una nao el 5 de 
de abril, llegando a fines de agosto de 1713. 

Antes de salir de Acapulco volvieron a molestarle las 
fiebres; enbarcóse, sin embargo, como habia hecho en Cá- 
diz. Durante el viaje estuvo muy ocupado enseñando el 
Catecismo a la tripulación, compuesta de españoles, fili- 
pinos y mejicanos. 

El Capítulo Provincial de 1714 le asigna al Hospital de 
San Gabriel, en Manila, en donde se dedicó al ministerio, 
a la predicación y al estudio de la lengua, literatura, usos 
y costumbres chinos, y en todas hizo grandes progresos. 

El 12 de junio de 1715 partió para Emuy en compañía 
del P. Pablo Matheu, llegando el 29 del mismo mes a su des- 
tino (19). Estaba ya, pues, nuestro héroe en el campo de 
apostolado por el que tanto había suspirado. 

V 

JOAQUÍN ROYO 

Nació nuestro santo mártir en Hinojosa, Teruel, y reci- 
bió las aguas regeneradoras del bautismo el 3 de octubre 
de 1691, imponiéndose los nombres de Joaquín Jaime (20). 

(19) Introducción de la Causa de Beatificación y Canonización de 
nuestros Mártires, pág. 3, Roma, MDCCLXVI ; Relación de la Perse- 
cución de China de 1710 a 1719, del P. Pedro Muñoz. 

(20) Equivócase el P. Touron, Histoire.... al decir que nuestro már- 
tir nació en 1690. Nació en 1691, como consta de su Pe de Bautismo, 
que dice asi : «A tres días del mes de octubre de mil seiscientos no- 
venta y uno años bauticé a Joaquín Jaime Royo, hijo de Joaquín Royo 
y Mariana Pérez, cónyuges. Fué Padrino Jaime de Azpeitia, estudian- 
te, natural de la villa de la Iglesuela. Y por la verdad lo firmé en 
Hinojosa a dicho día, mes y año.» El Sr. D. Domingo Recio y Apa- 
ricio, R. or. Y por ser así verdad, hice y firmé de mi mano la presente 
relación en dicho lugar de Hinojosa a 20 del mes de enero del año 1749. 
Mos. Juan García. Regente.» (A. P. D., t. 45, p. 468.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



31 



Llamábanse sus padres Joaquín Royo y Mariana Pérez; él, 
natural de Cuevas de Almudén, y ella, de Hinojosa (21\ Fué 
confirmado el niño Joaquín el 3 de octubre de 1698 en el 
pueblo de Cuevas de Almudén, por el limo. Sr. D. Heróni- 
mo Zolibera, Obispo de Teruel (22). 

A las trece años de edad comenzó el estudio de la lengua 
latina en la villa de Aliaga, Diócesis de Zaragoza, con el 
mayor aprovechamiento y ejemplar conducta. Estudió en 
esa villa cuatro años, o sea, desde 1704 a 1707 inclusive (23). 



(21) El certificado de matrimonio dice: «Domingo, diez y seis de 
mayo de 1677. guardando en todo la disposición y forma del Sto. Con- 
cilio de Trento, se desposaron y velaron juntamente Joaquín Royo, 
mancebo hijo de Melchor Royo y Juana Comellar, vecinos de Cuevas 
de Almudén, y Mariana Pérez, doncella, hija del quondam Agustín 
Pérez y Catalina Pedro, cónyuges, de Hinojosa.» (A. P. D., t. 45, pá- 
gina 467.) 

(22) «Certifico, el abajo firmado, Vicario de la Parroquial de la 
Virgen de la Estrella del lugar de Cuevas de Almudén, Obispado de 
Teruel, del reino de Aragón, cómo en el Libro de Confirmaciones en 
ella se halla una partida del tenor siguiente : 

En el año de mil seiscientos noventa y ocho, en tres días del mes 
de octubre, visitando esta Iglesia del lugar de Cuevas de Almudén el 
limo. Sr. D. Jerónimo Zolibera, Obispo de Teruel, confirmó en ella a 
los siguientes: Padrino, Miguel Yñiguez; Primo, A. Matías, de Jeró- 
nimo Martín y de Elena Valero, cónyuges..., a Joaquín, de Joaquín 
Royo y de Mariana Pérez de Hinojosa, cónyuges.» 

«Y para que conste a donde convenga, di las siguientas escritas de 
mano ajena, y firmadas de la mía, y selladas con el sello que acos- 
tumbro en dicho lugar de Cuevas de Almudén, vulgo de la Val de 
Jarque.» 

«Día veinte y dos del mes de enero del año mil seiscientos cuarenta 
y nueve.» (Seguramente es de mil setecientos cuarenta y nueve. Debe 
estar equivocada la copia). Dr. Sebastián Gazo V.» (A. P. D., t. 45, 
página 469.) 

(23) Equivócame algunos historiadores, entre ellos el P. Arias, 
opúsculo cit., pág. 29, al afirmar que estudió en su lugar natal, como 
puede verse por el certificado de estudios de su maestro ; 

«Certifico yo, Mosén Esteban Calvo y Sanz, Presbítero Capellán de 
esta Parroquial, como maestro de Gramática que he sido de la es- 
cuela privilegiada común y pública de esta villa de Aliaga, Diócesis 
de Zaragoza, lo que prometo in pectore sacerdotis, con toda la lega- 
lidad y verdad, proceder en este asunto, de que el M. R. P. Fr. Joa- 
quín Royo, hijo de Joaquín Royo y de Mariana Pérez, del lugar de 
Hinojosa, del Obispado de Teruel, cursó en ella por los años 1704, 1705, 
1706 y 1707, que hacen cuatro años cumplidos, dando entera y cabal 
satisfacción de su empleo ; pues supo concordar sin declinación lo 
humilde con lo estudioso, la infancia con la docilidad, la flaqueza de 
su salud con la constancia de ser hombre, y el golpe de su pobreza 
con la riqueza de las letras. Cuyo blanco lo miró tan de firme, que 
sólo se le notaba las ansias de saber más y más. Para cuyo logro 



32 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



El 24 de marzo de 1709 tomó el santo hábito dominica- 
no en el convento de Nuestra Señora del Pilar, de Valencia, 
y como este convento no tenia Noviciado propio, pasó a 
hacerle al convento de Predicadores de dicha ciudad. Du- 
rante su vida de novicio fué la admiración y ejemplo de 
todos los religiosos por la santidad de su vida. El día de la 
Asunción, 25 de marzo de 1710, hizo sus votos religiosos. 

Dándose cuenta los religiosos del convento de Predica- 
dores de la rica alhaja que tenían en la persona del jo- 
ven novicio, y venciendo las instancias de los religiosos del 
Convento del Pilar, que se oponían a ello por quererle para 
su convento, acordaron hiciera su profesión en el con- 
vento en donde había hecho su noviciado. 

Emitidos los votos religiosos, fué progresando tanto en 
ciencia y virtudes, que era tenido por sus compañeros como 
ejemplo y dechado de religiosos. 

Habiendo en cierta ocasión versado la plática del Padre 
Maestro de Novicios sobre los pocos que eran los misione- 
ros, por lo que muchas almas se condenaban por falta de 
quienes le enseñasen la doctrina del Evangelio, fué tan 
grande el celo que se apoderó del joven Royo, que, enco- 
mendándose muy de veras a Dios, y consultando el nego- 
cio con personas graves, se ofreció él a ir en persona a 



conjugó mejor sus pocos anos con la estabilidad de las virtudes, las 
tareas literarias con la frecuencia de los Sacramentos, las fatigas de 
su miseria con la asistencia a los divinos oficios, sermones y doctrinas ; 
sin que le sirviese de rémora el salir a buscar para comer entre se- 
mana todos los sábados y domingos ni las nieves, ni los fríos, ni las 
muchas aguas. Y en esta fragua acrisoló la policía y su crianza y dió 
cabal muestra de su virtud. Y para que más largamente se acredite 
su corta insinuación, testigos tiene entre sus condiscípulos que viven 
de gran fama, asi en el estado eclesiástico como secular; que con la 
frecuencia de su trato y comunicación dentro y fuera de las aulas 
darán más puntuales noticias de cuanto llevo dicho. Sólo me falta el 
decir, que me parece no debo callar, que no le vi jamás entretenido 
en diversiones ni juegos, aun de los que son permitidos a los estu- 
diantes en tiempo de vacaciones, porque esta fué su mejor conjuga- 
ción de tiempos.» 

«Para que conste donde convenga, hago la presente relación en esta 
de Aliaga, a 26 de enero del año 1749.— Mosén Esteban Calvo y Sanz.» 
(A. P. D., t. 45, pp. 469-470.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



33 



países de fieles a predicarles la verdadera religión. Y, 
efectivamente, el 16 de septiembre de 1712 salía de Cádiz 
para Filipinas con otros religiosos, uno de ellos el beato 
-Sanz. 

El viaje hasta Méjico nos le describe el mismo beato Royo 
en una carta fechada en Méjico el 28 de diciembre de 1712, 
de la que extractamos los siguientes datos. 

Desde Cádiz a Puerto Rico, a donde llegaron el día de 
Todos los Santos, tuvieron un viaje feliz. Mas aquí estuvie- 
ron cuatro días de forzosa estancia, porque la mar alboro- 
tada no les dejó llegar al navio. Permanecieron otros cin- 
co días más en el navio en el mismo puerto, y prosiguiendo 
después su viaje, padecieron no poco durante diez días por 
falta de viento y mucho calor. El 2 de diciembre dieron vis- 
ta a Veracruz, entrando el navio en el puerto el día 4. Sal- 
taron al día siguiente a tierra, permaneciendo en aquella 
ciudad tres días. Pasando después a Puebla de los Angeles, 
recibió allí el Subdiaconado, y prosiguiendo el viaje llegó 
a la ciudad de Méjico el día de Santo Tomás. Acerca de su 
viaje hasta Manila, véase lo que queda dicho del el del 
beato Sanz. 

En Manila terminó la carrera eclesiástica y permane- 
ció en ella más de año y medio (24). Hay autores que afir- 
man estudió durante parte de este tiempo un dialecto chino. 



(24) El Sumario del Proceso de Beatificación : De ortu et vita sin- 
gulorum quinqué servorum Dei; el P. Cienfugos, Reseña histórica de 
la vida y martirio de los VV. sres. Sanz y Serrano y PP. Alcober, Royo 
y Díaz, pp. 10&-107; Juan José Alcober, vida del V. Padre Fr. Juan 
de Alcover y epitome de sus cuatro compañeros, y el P. Collantes en 
su Historia de la provincia del Santísimo Rosario de Filipinas, pági- 
na 533, están conformes en afirmar que el Bto. Royo se ordenó de 
Diácono y Presbítero en China. Mas el P. Arias, Vida..-, pp. 38-39, cree 
recibió esas dos órdenes en Manila; y así nos parece también a nos- 
otros. De un hecho como este tenía que haber dado el mismo Beato 
Royo, o su compañero el P. Arriba, o el P. Pedro Muñoz, que residía 
en Cantón, cuenta a los Superiores de Manila. Y habiendo cartas de 
este tiempo de dichos sujetos nada dicen acerca de esto. 



3 



34 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



VI 



JUAN DE ALCOBER (25). 



Nació nuestro héroe en la ciudad de Granada el 21 de- 
diciembre de 1694. Administrósele, inmediatamente de ha- 
ber nacido, el bautismo de socorro. Pusiéronle los nombres 
de Juan Tomás. Supliéronle más tarde las ceremonias del 
bautismo en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las 
Angustias de la misma ciudad. 

No estuvo exento de admiración lo que dijo su madre 
apenas el niño fué batizado. Pues, suspensos los dolores del 
parto, exclamó: «¡Bendito sea Dios! ¡Qué música tan so- 
nora! ¿No la oyen ustedes? Callen y la oirán.» Por cierto 
que, según testimonio de los presentes, nadie oyó, ni fuera 
ni dentro de casa, música ni melodía alguna. 

Fueron sus padres Francisco Alcober, natural del Bel- 
monte, en Aragón, «de familia infanzona, con su casal y 
alcón por escudo» (26). Su madre llamábase Vicenta Fi- 
guera, natural de la villa de Onteniente, de Valencia. 



(25) El P. Arias, Vida..-, pág. 330, se esfuerza en probar que el 
apellido de nuestro mártir debe escribirse Alcober, y no Alcover. A 
nosotros nos parece debiera escribirse con uve y no con be, pues aun- 
que la mayor parte de los autógrafos del mártir están escritos con 
be, hay otros, sin embargo, que los firma con ve. Y lo que más fuerza 
nos hace para opinar así es que el sobrino del mártir, D. Juan José 
Alcover Higueras (no Figueras, como sospecha el P. Arias debiera es- 
cribirse), lo escribe siempre con ve, y él mismo se firma así. Sin em- 
bargo, como el uso corriente de las historias de nuestra Provincia lo 
escribe con be, así lo escribiremos también nosotros. Hemos de añadir 
que el santo firma sus cartas unas veces simplemente Fr. Juan Al- 
cober y otras Fr. Juan de Alcober. 

(26) Tomamos la mayor parte de los datos de nuestro mártir de 
los que trae la vida del mismo escrito por su sobrino D. Juan José 
Alcover, impresa en Madrid en 1804. Acerca de la ascendencia del 
Beato Alcober escribe también el Bto. Royo añadiendo nuevos datos, 
y algunos diferentes de los que da D. Juan José Alcover: «Se halla 
en esta Misión el R. P. Fr. Juan Alcober, de mi Orden, quien, aunque 
nació y se crió en Granada, dice que su padre fué natural de la 
Fresnera y que su abuelo materno fué de los Falcones de Alcorisa ; 
por lo que discurre sois parientes. Ved si esto se puede averiguar, y 
avísame con claridad. Si aun vive el Rdo. P. Maestro Navarro, de 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



A consecuencia de los trastornos sociales en Aragón, 
trasladáronse los padres de nuestro mártir a Granada, de- 
dicándose a la agricultura. Como modelos que eran de pa- 
dres cristianos, dieron a sus hijos esmerada educación re- 
ligiosa. Por devoción a Santo Domingo de Guzmán pusieron 
al niño Juan el hábito de Santo Domingo. Cuando tenía sólo 
cinco años murió su piadosa madre. Su padre continuó edu- 
cándole según sus arraigadas convicciones cristianas. 

El tierno niño comenzó el estudio de las primeras letras 
y el de la Gramática latina con gran aprovechamiento, a 
la vez que hacía grandes progresos en la vida espiritual. 

Sintiendo en su interior la voz de Dios que le llamaba 
a la vida religiosa, pidió a su padre permiso para ser reli- 
gioso dominico. Aunque tenía otros designios acerca de ei 
no obstante, le dió el permiso solicitado; recibiendo la 
blanca librea dominicana el 15 de diciembre de 1709, po- 
niéndos el nombre de Juan de Santo Tomás. Hizo los votoo 
religiosos el 26 de septiembre de 1710. Había recibido ya 
el hábito por devoción el 13 de septiembre de 1708, a la 
edad de catorce años. Sus biógrafos están contestes en ala- 
bar sus grandes virtudes y el progreso en el estudio duran- 
te su carrera eclesiástica. 

Recibió el presbiterado por diciembre de 1718, diciendo 
su primera misa el día de la Circuncisión del Señor del 
año 1719. 

Apenas se vió hecho ministro del Señor, y previa con- 
sulta con sus Superiores, marchóse sigilosamente a Cá- 
diz para embarcar allí con una Misión de religiosos que 
iba a Filipinas. Tenía el capitán del barco órdenes de la 
Corte de no admitir misioneros para Filipinas, y vióse 
obligado a volverse a su Convento. 

Se dedicó con todo fervor a la predicación, al canto en 



Predicadores de esa ciudad, quien también es pariente de los Aleo- 
veres, te puede dar noticias suficientes del asunto.» (Royo, Relación? 
1. a de septiembre de 1735.) 



36 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



el coro y a explicar en la Cátedra cuando faltaba algún 
profesor. 

Como su padre y parientes le importunasen de conti- 
nuo para que dejara su propósito de marchar a Filipinas, 
pidió a sus Superiores le trasladasen a Lorca para huir de 
tales molestias; lo que hizo en 1720. Allí fué famoso predi- 
cador; tanto, que las iglesias se le llenaban de oyentes. Y 
con tan gran celo lo hacía, que en corto tiempo se refor- 
maron las costumbres de aquella población, antes no muy 
cristianas. 

Tan grande era el fruto que producían en las almas 
sus sermones, que ya casi se había olvidado de ir a pre- 
dicar el santo Evangelio entre infieles. Mas un caso ex- 
traordinario le hizo salir de su olvido. 

Sucedió que, estando en una ocasión excitando al pue- 
blo al dolor de los pecados, con el Santo Crucifijo en sus 
manos, repetía las palabras de Jeremías del capítulo 31, 
que dicen: «¿Usquequo dissolveris deíiciis, filia vaga?» Y 
en una de las veces en que repetía la palabra Usquequo: 
¿Hasta cuándo?, pareció como si hubiera sido arrebatado 
el santo varón, quedando en suspenso, sin hablar por al- 
gún tiempo; lo que todos los presentes advirtieron. Al vol- 
ver en sí, terminó el sermón en medio de suspiros y lágri- 
mas, que conmovieron a sus oyentes. Preguntado después 
por los religiosos qué era lo que le había sucedido, respon- 
dió que, al repetir la palabra de la Escritura citada, oyó 
que el Santo Crucifijo le decía: «Y tú, Juan, ¿hasta cuán- 
do?» Este Crucifijo se conservaba aun muchos años des- 
pués en el Convento de Lorca. 

Con este celestial aviso dispúsose a pasar en la prime- 
ra ocasión que tuvo a Filipinas. Pasó a Granada para des- 
pedirse de los hermanos de hábito y de su familia; y. pro- 
siguiendo el viaje a Cádiz, salió de ese puerto, en compa- 
ñía de otros muchos religiosos, el 15 de julio de 1725. 

Había sido invitado a ir en la «Capitana» con los Supe- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



37 



riores de otras Ordenes y con otras dignidades que en ella 
iban; más rehusó humildemente, embarcándose en otro 
navio. Y. caso providencial, el 11 de septiembre se decla- 
ró un terrible fuego a bordo de la «Capitana», pereciendo 
todos los que en ella iban. 

El 20 de septiembre llegaron a Veracruz. Desde allí con- 
tinuaron su viaje hasta la ciudad de Méjico, a donde lle- 
garon a principios de diciembre. 

Al año siguiente pensaba partir para Manila, pero eran 
tan pequeños los bajeles, que se vieron obligados a pospo- 
ner su viaje hasta el año de 1727. El 5 de abril de este 
mismo año, partieron de Acapulco, llegando sin novedad 
a Manila por julio o agosto siguiente (27). El Bto. Alcober 
presidió la Misión desde Méjico (28). 

Ya en Manila, fué asignado a la iglesia de Binondo (ba- 
rrio de Manila), en donde estudió el tagalog; pudiendo ya 
oír confesiones en este dialecto por la Cuaresma de 1728, 
según el mismo bienaventurado escribe a su hermana 
doña Josefa en una carta del 20 de julio de ese mismo 
año (29). 

Más tarde, con el deseo que tenía de pasar a China de 
misionero, consiguió le trasladasen a la iglesia del Parián; 
en donde se dedicó al estudio de la lengua, literatura y 
costumbres sínicas (30). 



(27) Cientuegos. Reseña..., p. 124, escribe que les duró el la na- 
vegación 140 días; lo cual supone que su llegada a Manila tuvo que 
ser hacia el 23 de agosto, si es exacto lo que ese autor afirma. 

(28i Los PP. Arias y Cienfuegos, Vida... y Reseña.... págs. 46 y 
122. respectivamente, afirman que el Bto. Alcober presidió la Misión 
desde Cádiz a Manila; mas Juan José de Alcover. Vida.... pág. 19, 
escribe que tal nombramiento tuvo lugar después de salir de Cádiz ; 
y con este autor conviene el P. H. Ocio, Reseña Histórica de la Pro- 
vincia del Santísww Rosario de Filipinas, quien afirma que nuestro 
futuro mártir presidió la Misión solamente desde Méjico. Lo mismo 
Oscott, Relación de 12 de mayo de 1733. 

(29) Trae copiada esta carta Juan José Alcover, Vida.... Pág 28. 

(30> Asi lo consigna el P. Arias. Vida..., pág. 47. 



38 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



VII 



FRANCISCO SERRANO 



Nació el 4 de diciembre de 1695 en la villa de Huene- 
ja (31), Granada. Llamábanse sus padres Francisco Serra- 
no y María Frías, de noble abolengo y de muy cristianas 
virtudes. Como tales, dieron a su hijo sólida y esmerada 
educación cristiana. 

Concluidos la Gramática latina y demás estudios pre- 
vios a la carrera sacerdotal en la ciudad de Granada, tomo 
el hábito dominicano en el Convento de Santa Cruz el Real 
de esta ciudad, profesando allí mismo el 22 de abril de 1714, 
a los diecinueve años de edad (32). 

Durante el noviciado fué para todos ejemplo de obser- 
vancia y aplicación al estudio, y apenas terminada la ca- 
rrera se le nombró lector de Artes y profesor de Filosofía 
en dicho Convento. 

Pero su celo por la gloria de Dios y por la salvación de 
las almas no se contentaba con sólo ésto. Así que, des- 
pués de muchas consultas con personas virtuosas y sabias, 
decidió alistarse a la Misión que iba a Filipinas congregada 
por el P. Contreras, la cual salió de Cádiz el 15 de julio de 



(31) Ocio, en Compendio de la Resena Histórica de la Provincia 
del Santísimo Rosario de Filipinas, pág. 346. y el P. Cienfuegos, Re- 
seña..., pág. 83, afirman nació el 4 de diciembre. Mas el P. Arias, 
Vida.... pág. 20, y Eubel, La Hierarchie Catholic, pág. 74. y otros au- 
tores más, escriben que en este día fué bautizado. Bien pudiera haber 
sido bautizado el mismo día que nació, como se lee en «Pósito super 
dubio», acerca de la beatificación de los cinco mártires de Foochow. 
En cuanto a la ortografía del pueblo de nacimiento de nuestro Már- 
tir, parece que antes se escribía Guaneja. y también Guenexa (Arias, 
cp. cit., pág. 20, nota (1). 

(32) D. Juan José Alcover, Vida..., pág. 9, y el P. José Gudcá 
en Catálogo de religiosos ilustres de la Provincia del Sa7itísúno Ro- 
sario de Filipinas, afirman que nuestro santo Mártir profesó el 22 
de mayo de 1714. Lo mismo se lee en la obra De illustrissimis viris 
PP. Petro Martyre Sanz..., pág. 11. Pero el Proceso Apostólico, una 
vida de los Mártires en italiano y el P. Arias, Vida..., pág. 22, ponen 
la fecha que consignamos en el texto. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



39 



1725 (33). En Méjico fué nombrado lector de Teologia para 
que enseñase a algunos de la Misión, que aun eran estu- 
diantes. 



VIII 



FRANCISCO DÍAZ 



Fué natural de Ecija, en Andalucía; en donde nació el 
2 de octubre de 1713; habiendo sido bautizado el 13 del 
mismo mes (34). Sus padres, Juan Díaz Fernández, natu- 
ral de Casas de Periedo (Santander), pertenecía a una 
de las familias más nobles de dicho pueblo; y su madre 
Isabel María Rincón y Rico (35\ natural de Ecija, descen- 



dí Los PP. Arias y Cienfuegos, Vida... y Resena.... págs. 27 y 
122, respectivamente; D. José Alcover, Vida..., pág. 18, y la Hierar- 
chie Catholique, pág.' 7, ponen la fecha del 13 de julio en lugar del 
15 que pone Ocio en Compendio..., pág. 345. 

(34) He aquí su Pe de bautismo: «Item; en el mismo día, mes y 
año (4 de septiembre de 1730) el dicho cura (D. Francisco Jiménez, 
cura de San Juan de Ecija), estando en dicha parroquia, me exibió 
otro libro de los que contienen las fee de Bautismo de los que bauti- 
zan en dicha parroquia, en el cual a hojas ciento diez y siete, pri- 
mera partida, está un capítulo del tenor siguiente : «En trece días del 
mes de octubre de 1713. bauticé yo, Francisco José Jiménez Bermu- 
do, presbítero, teniente cura de esta iglesia parroquial del Señor 
San Juan Bautista de esta ciudad de Ecija, a Francisco Agustín 
Angel, que dijeron haber nacido a dos de dicho mes ; hijo de Juan 
Díaz Fernández y de Isabel María Rico, su legítima mujer. Fué su 
padrino D. Diego de Zayas Jaime y Guzmán, vecino de la pobla- 
ción (o collación de Santa Bárbara, a quien avisé la cognación es- 
piritual y obligación de la Doctrina cristiana. Yo lo firmé ut su&ra 
(4 de septiembre de 1730). — Francisco José Bermudo.» (Revista del 
Santísimo Rosario, 1893, año VIII, pág. 667.) 

(3o> Este apellido da a la madre J. R. A., Héroes..., pág. 83; el 
P. Cienfuegos, Reseña..., pág. 136; D. Juan José Alcover, Vida..., 
página 70, y el P. FuixÁ, op. cit. Mas en el Sumario Apostólico se la 
llama Isabel María Ríos, y a éste sigue el P. Arias, Vida.... pág. 49; 
y así se lee también en la obra De illvstrissimis viris PP. Petro Mar- 
tyr Sancio..., pág. 20. Con todo, son ciertos los apellidos que damos 
en el texto. D. Juan José Alcover parece conocía los apellidos de los 
ascendientes de su familia, cuando dice : «Descendiente de una hon- 
rada y antigua familia de dicha ciudad, como lo prueban las funda- 
ciones que hizo Pedro del Rincón, su antepasado, por los años 1516»; 
y este autor da los apellidos que ponemos en el texto, como hemos 
dicho. Y confirma su aserción el árbol genealógico de la familia del 
Mártir que le da los dos apellidos dichos. (Trae este árbol genealó- 
gico la revista El Santísimo Rosario, año VIII, pág. 562.) 



40 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



día también de una muy honrada y antigua familia de 
esa ciudad. 

Estudió las primeras letras en su ciudad natal, y la 
Gramática con los Padres dominicos del Convento de San- 
to Domingo y San Pablo de la misma ciudad, habiendo 
sido su principal maestro el P. Hipólito Dávila. 

Estudiando latín le sucedió un caso muy extraño. Y 
fué que, en vez de ir a clase, hizo novillos para ir a diver- 
tirse a otra parte. Vagando por un lugar llamado Altillo 
de la calle Carrera, se le apareció un religioso dominico, 
quien le exhortó volviese al Convento. Hízolo así inmedia- 
tamente. Pero fué una gran sorpresa para el joven Fran- 
cisco, porque conocía a todos los religiosos del Convento, 
más ninguno de ellos era el que le había reprendido. Tú- 
volo por aviso del cielo; y a partir de esta fecha mudó por 
completo de vida. Tal mudanza llamó la atención de los re- 
ligiosos; y mucho más cuando les pidió con instancia el 
santo hábito de la Orden, a lo que accedieron, después de 
algún tiempo, de muy buen grado. 

Vacó por aquel entonces una Capellanía pingüe en Ca- 
sar de Periedo, la que le pertenecía por derecho. Su padre le 
instó una y otra vez para que se posesionase de ella, con la 
cual saldrían de sus apuros económicos. Mas el joven Fran- 
cisco se resistió, respondiendo a su padre que deseaba ser 
religioso dominico, con objeto de ir a China a predicar el 
Santo Evangelio, y ser allí mártir de Cristo. Algunos his- 
toriadores afirman que, con el fin de qus se posesionase 
de dicha Capellanía, le había llevado su padre a la ciudad 
de Arlanda, pero que se vió obligado a volverse a Ecija. 
ante la oposición de Francisco, por su decidido propósito 
de entrar en la Religión de Santo Domingo. 

El joven Francisco recibió el hábito dominicano en el 
Convento de dominicos de su ciudad natal el 11 de septiem- 
bre de 1730, haciendo sus votos religiosos en el mismo Con- 
vento el 1 2de septiembre de 1731. Todos los biográficos 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



41 



tributan merecidas alabanzas al joven novicio por la san- 
tidad de su vida. 

Pero apenas dio principios a los estudios eclesiásticos 
le sobrevino una grave enfermedad de fluxión de ojos, que 
le impedía el estudio. En vista de esto, los Superiores le 
mandaron que estudiara sólo Teología Moral. Por este con- 
tratiempo se enfrió su deseo de pasar a China. Mas se avivó 
otra vez su anhelo al oír leer la Historia de las Misiones. Y, 
muy arrepentido, prometió firmemente a Dios ir en la pri- 
mera ocasión que se le ofreciese a las Misiones de China. 

Ordenado de Subdiácono se le ofreció la ocasión tan de- 
seada. Se habían leído en el Convento de Ecija las Letras 
del Procurador General de la Provincia del Santísimo Rosa- 
rio, en las que se convocaba una Misión de religiosos para 
Filipinas. Y uno de los primeros que dió su nombre fué 
Fr. Francisco Díaz. 

Dirigióse, pues, a Cádiz; de donde partió a últimos de 
noviembre de 12735, llegando a Veracruz el 21 de febrero 
de 1736, y reembarcándose en Acapulco el 17 de abril del 
mismo año, llegó a Manila por noviembre. 

Durante su viaje prosiguió sus estudios, que terminó en 
la Universidad de Santo Tomás de Manila (36). Vió cum- 
plidos sus deseos de ir a predicar el Santo Evangelio en 
China a principios de marzo de 1738, fecha en que se em- 
barcó para aquel imperio, llegando a Macao a fines de di- 
cho mes. 



(36» Así escribe el P. Arias, Vida.... págs. 54-55. El P. Cienfue- 
gos. Reseña.... pág. 147, y D. Juan José Alcover, Vida..., págs. 72-73, 
afirman que durante su estancia en Manila estudió un dialecto chi- 
no; parece verosímil que así fuera, terminados los estudios en la 
Universidad. Lo mismo afirma el autor de Héroes dominicanos, p. 87. 



CAPITULO II 



LA MISION DOMINICANA EN CHINA 
I 

REORGANIZACIÓN DE LA MISIÓN 

Los nuevos misioneros dedicaron desde un principio 
todos sus esfuerzos a robustecer las instituciones de la Or- 
den Tercera de Santo Domingo, la Cofradía del Santísimo 
Rosario y al incremento de los letrados cristianos, que siem- 
pre abundaron tanto en la región de Fogán, animando a 
las familias para que algunos de sus miembros estudiaran 
letras y se examinaran. Tan gran incremento tomaron es- 
tas instituciones bajo el apostolado de nuestros misioneros, 
que fueron los grandes baluartes de la religión en nuestras 
Misiones. Sólo los literatos pasaban ya de 70 en 1723. En 
la V. O. T. entraban los cristianos más principales. Los fru- 
tos espirituales obtenidos por estos medios fueron de los 
más sorprendentes. 

«Su primer cuidado (el del Bto. Sanz) fué recorrer una 
por una todas las cristiandades. No hubo aldea ni villorrio, 
por retirados que estuviesen, a que no le llevara su celo, 
sin reparar en dificultades de caminos, ora por montes, 
ora por ríos, ya en silla (modo ordinario y común de via- 
jar en aquel imperio), ya más frecuentemente a pie, un 



44 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



día comiendo y otro ayunando, y muchas veces teniendo 
que contentarse con un poco de arroz de la peor clase que 
los pobrecitos campesinos y montañeses le ofrecían. Re- 
dujo apóstatas, afirmó en la fe y en las buenas costum- 
bres a los tibios y a los alejados, consolidó en la piedad a 
los fervorosos, concediéndole el Señor el consuelo de que 
más hallara de éstos que de aquéllos; pues los cristianos 
de Fogán, como educados en la escuela de la persecución 
que venía sufriendo con ligeras treguas aquella Iglesia 
desde su nacimiento, dieron siempre muestras de que la 
semilla de la fe católica no había caído en campo es- 
téril e ingrato» (1). 

Refiriéndose al Bto. Sanz, escribía el Sr. Ventallol: «Me 
pareció muy de Dios la elección del P. Fr. Pedro Mártir 
Sanz, y muy a propósito para esta Misión, singularmente en 
estos tiempos. Está ahora trabajando fuertemente; si bien 
con muchas aflicciones por tener sus dos compañeros, °A 
Padre Fr. Pablo y el P. Fr. Miguel, muy desconsolados y en- 
fermos. De suerte que él solo acude a aquellas cristianda- 
des de Fogán» (2). 

El 16 de febrero de 1717 ya había bendecido una iglesia 
a la otra parte del río de Moyang. en el pueblo de Kongchu, 
que dedicó a la Santísima Trinidad. Y, según escribe él mis- 
mo, el segundo día de Resurrección pensaba bendecir otra 
iglesia en Moyang para mujeres, levantada de nueva plan- 
ta con la ayuda pecuniaria de un cristiano y la que dedicó 
a Nuestra Señora del Rosario (3). 



(1) Arias: Vida..., págs. 166-167. 

(2i A. P. D. Carta del 10 de diciembre de 1716. 

(3) He aquí las palabras del mismo Bto. Sanz: «En la otra par- 
te del río de este pueblo, que dista de esta iglesia poco mas de un 
cuarto de hora, hay muchas casas de cristianos y también de genti- 
les. En medio de su casilicio tenían un paradero muy lindo en el 
cual estaba edificado un templo de ídolos ; con el tiempo se arrui- 
nó. Los cristianos y los gentiles tenían parte en el sitio ; se com- 
pusieron unos y otros, y ayer levantaron una iglesia, fui a bendecir- 
la, y' se dedicó a la Santísima Trinidad. La iglesia de nuestra Seño- 
ra del Rosario, que ha de servir para las mujeres de este pueblo, 
se levantará de nuevo el segundo día de Resurrección, porque este 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



45 



Por su parte, el P. Royo no trabajaba menos ni con me- 
aos fruto en la parte del sur de Fukién. Al poco tiempo de 
llegar a Chiangchow desde Cantón, pasó a la ciudad de 
Chuangchow, en donde en 1664 habia fundado iglesia el 
célebre P. Victorio Riccio, O. P.; la cual fué restaurada en 
1683 por el P. Arcadio del Rosario, O. P. Esta cristiandad ha- 
bía quedado sin misionero por espacio de muchos años. Ha- 
bía en ella apóstatas, seguidores de los prohibidos ritos, 
y otros que apenas merecían el nombre de cristianos, sien- 
do muy pocos los que quedaban fieles a la verdadera fe. 

El Bto. Royo comenzó con celo de verdadero apóstol la 
restauración de aquella asolada cristiandad. Con su ora- 
ción ferviente, con la penitencia, con el buen ejemplo y la 
fervorosa predicación, comenzó a revivir y florecer de nue- 
vo, volviendo a la verdadera fe gran número de apóstatas. 
Ejemplos de grandes virtudes necesitaban aquellos cristia- 
nos tibios y en el Bto. Royo hallaron tan gran espíritu de 
oración y tanta pobreza y santidad de vida, que no pasan- 
do mucho tiempo fueron muchos los que se reconciliaron 
con Dios volviendo a su conocimiento y a su gracia. Se re- 
dujeron apóstatas, se quemaron tablillas y otros objetos su- 
persticiosos y abrieron los ojos a la fe muchos gentiles; y 
para conservar mejor aquella nueva grey, restauró la Co- 
fradía del Rosario, en la que tuvo la santa alegría de ins- 
cribir a todos los neófitos, encargándoles que lo aplicaran 
siempre por la conversión de sus paisanos los infieles y de 
los pecadores. 

Pero en medio de sus tan fructíferos trabajos apostóli- 
cos, le sobrevino al P. Royo una grave enfermedad. A la 
sazón disponíase para pasar al territorio de Fogán llamado 
por el P. Vicario, por hallarse éste solo, pues los PP. Matheu 
y de Arriba estaban enfermos. 



día habrá buen número de cristianos, que de unas y otras partes 
acudirán a este pueblo para solemnizar la Pascua.» (A. P. D. Carta 
del 17 de febrero de 1717.) 



46 



JOSÉ .MARÍA GONZÁLEZ 



Refiriéndose a esta enfermedad, del P. Royo, escribía 
el Sr. Ventallol: «Pocos días ha que envió a llamar (el 
P. Sanz) al P. Royo que está en la iglesia de Chiungcheu 
(Chuangchow), a cuatro días de esta ciudad; y ha querido 
el Señor que, disponiéndose dicho Padre para su camino, 
ha caído enfermo, y de enfermedad bien grave. Tales son 
nuestras aflicciones in térra invia et in aquosa» (4). 

Tenía lugar esto un año después de su llegada. 

Recuperada la salud continuó el P. Royo sus apostóli- 
cos trabajos. En esta santa tarea estaba ocupado, cuando 
llegó a sus oídos la noticia que desde Pekín iban a dar órde- 
nes de destierro para todos los misioneros que no tenían 
el piao imperial y que, incluso, iban a prohibir la religión 
y a perseguir a los cristianos. 

Con objeto de enterarse mejor de tan siniestros rumo- 
res, pasó nuestro gran misionero a la ciudad de Foochow, 
misión que estaba al cuidado del P. Juan Laureati, S. J., di- 
rigiéndose derechamente a la casa de dicho misionero para 
visitarle y enterarle y enterarse del negocio que allí le ha- 
bía llevado. Era en 1717. 

Precisamente, aquel día había concurrencia de cristia- 
nos. Y quedó terriblemente impresionado al ver que le in- 
sultaban de palabra y obra, llenándole de injurias, denues- 
tos y malos tratos. Porque, decían, no tenía la licencia 
imperial, o piao, que obligaba a la observancia de la doc- 
trina riccista, que acababa de ser condenada por la Iglesia. 
Hasta quisieron aquellos malos cristianos llevarle al man- 
darín y acusarle de que no tenía la citada patente imperial. 

Todo lo sufrió con la mayor paciencia nuestro santo mi- 
sionero: los denuestos, los golpes, los insultos. Pero lo que 
más le dolía era el espíritu de rebeldía de aquellos extra- 
viados cristianos, quienes daban más valor al decreto de 
un emperador gentil que a los mandatos del Vicario de 



(4) A. P. D.: Carta al P. Provincial, del 9 de diciembre de 1716. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



47 



Cristo. Como en tiempo de San Bernardo, diría nuestro fu- 
turo mártir: ahora persiguen a Cristo los que de él han 
recibido el nombre de cristiano (5). 

Con el corazón transido de dolor, retiróse a una casa que 
tenían los dominicos. Entregado estaba a tan tristes medi- 
taciones sobre los desagradables sucesos pasasos, cuando 
vió entrar por las puertas de su casa al P. Laureati, quien 
había cerrado las de la suya a nuestro bienaventurado; y 
muy compungido por lo que habían hecho sus cristianos 
a nuestro misionero, le dió satisfacción, y lo consoló; pro- 
metiéndole castigar a sus cristianos por los atropellos co- 
metidos. A lo que respondió el P. Royo que no hacia falta 
tal castigo, que a todos había perdonado. 

Años antes, y por el mismo motivo, los mismos cristia- 
nos de Foochow habían tratado de parecida manera, y aun 
peor, al Sr. D. Carlos Maigrot, a quien hubieran quitado la 
vida si no hubiera sido por la oportuna y valiente inter- 
vención del P. Tomás Cróquer, O. P. (6). 

El P. Laureati enteró al P. Royo de todo lo referente a 
la persecución que amenazaba a la cristiandad de toda 
China, asegurándole que el emperador no aprobaría las le- 
yes persecutorias que se le presentaban para su aproba- 
ción contra los cristianos. Con ese fin estaban trabajando 
los Padres jesuítas de Pekín. Muy contento quedó nuestro 
P. Royo con tan alegres noticias, volviéndose muy consola- 
do a Chuangchow a proseguir su apostolado. 

En cuanto a los otros dos misioneros, los PP. Matheu 
y de Arriba eran más de estorbo que de ayuda a la Misión, 
pues ambos, además de enfermos, se pusieron dementes. 



(5) «Nunc Christum persequuntur qui ab eo utique christiani di- 
cuntur» (Serm. Conv. Apost. Pauli). 

(6) Sobre este incidente escribe Muñoz, Reí., núm. 470: «Pater 
autem Laureati. licet non permisserit se a Patre Royo visitari, pos- 
tea tamen ad illius perrexit ecclesiam visitandi ergo; unde magnum 
sui cordis ostendens moerorem propter christianorum factum, de illis 
valde conquestus est, dicens se illos esse punituros.» 



48 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



y, como tales, eran muchas las insensateces que cometían. 
De ahí que el P. Sanz pidiera al P. Provincial que los sacase 
de la Misión (7), cosa difícil por entonces, por estar en 
tiempo de semipersecución; por lo cual siguieron por ma- 
cho tiempo allí, siendo una pesada carga para los demás 
misioneros. 

Y como si los trabajos apostólicos de nuestros dos gran- 
des apóstoles y gloriosos futuros mártires fueran pocos, vino 
a aumentarlos el P. Laureati, S. J., de quien escribía el 
Sr. Ventallol: «En medio de esto (de la enfermedad de los 
dos Padres arriba dichos), el P. de la Compañía (Laureati), 
que vive en esta provincia, se entra por aquellas nuestras 
iglesias pervirtiendo a aquellos cristianos, no sin muchas 
pesadumbres del Vicario Provincial» (P. Sanz) (8). 



II 

EL P. SANZ, SUPERIOR DE LA MISIÓN 

Trabajando estaba con todo su gran celo y entusiasmo 
el P. Sanz, cuando supo que había sido nombrado Vicario 
Provincial de la Misión (2 de mayo de 1716). Fué un rudo 
golpe para su humildad y delicada conciencia. No pu- 
diendo sufrir esta carga, con fecha del 9 de diciembre de 
ese mismo año, pedía al P. Provincial que le exonerase 
cuanta antes de ese cargo; que entre los muchos favo- 
res que había recibido de él, sería éste uno muy especial, 
«que pedirá en mí — decía — continuos recuerdos de agra- 
decido» (9). 

Una gran noticia, por el contrario, le llenó el corazón 
de gozo. Tal fué la llegada a Cantón (8 de septiembre 



(7; A. P. D. : Carta del 24 de febrero de 1717. 
(8) A. P. D. : Carta del 27 de marzo de 1617. 
(&> A. P. D. 




D. Fr. Magino Ventallol, O. P., ínclito misionero en China 
desde 1679 a 1732. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



49 



de 1716) de la Constitución apostólica «Ex illa die», que 
condenaba la práctica supersticiosa de los ritos chinos. Con 
esto ya creía el P. Sanz — y había motivo para creerlo — que 
se reducirían a la obediencia los díscolos y rebeldes a ¿a 
Silla Apostólica, y ya todos, con un mismo espíritu y una 
misma fe, anunciarían el Evangelio y se aumentaría la 
grey de Cristo en aquel Imperio, «Ujius Dominus, una fi- 
des, unum Baptisma, una igitur praedicatio, una praxis 
christianorum omnium: Un solo Señor, una sola fe, un solo 
Bautismo, y una sola, por lo tanto, había de ser la pre- 
dicación y una misma la práctica de todos los cristianos.* 
Roma locuta est, causa finita est (10). 

Nuestros misioneros recibieron la Constitución con la 
humildad y obediencia que exige el magisterio de la Igle- 
sia, haciendo el juramento que en ella se pide, y la publi- 
caron entre sus cristianos. Si bien a éstos no les hacía 
falta, por haber estado siempre exentos de toda supersti- 
ción desde un principio. 

El motivo de la publicación de esta Constitución fué el 
ningún efecto que habían tenido los decretos de 1704 y 1710. 
El Vicario de Cristo, en aras de su pastoral deber, y cre- 
yendo que a una Constitución se le haría más caso, se de- 
cidió a publicarla, renovando en ella los decretos prece- 
dentes; rechazando, por adelantado, toda apelación y man- 
dando obediencia plena, absoluta e inviolable y obligatoria 
para todos los misioneros, «etiam Societatis Jesu», a la que 
todos debían prestar juramento, bajo pena de la prohibi- 
ción de todo ministerio en China (11). 



(10) San Agustín, Serm. 131. núm. 10. 

(11) El General de los dominicos, lo mismo que las Actas ca- 
pitulares de la Provincia de 1718, mandan en términos rigurosos se 
observe la Constitución por estas palabras: «Item; obedientiam praes- 
tamus litteris R. P. N. M. Generalis ad hanc Provinciam trans- 
missis, datis die 23 aprilis anno domini 1715, simulque Decreto SS. 
D. N. Clementis, Divina Providentia Papae XI, dato die 19 Martii 
1715 super omnimoda, absoluta, integra et inviolabili observatione 
eorum, quae alias a Sanctitate sua in causa rituum, seu caeremonia- 

4 



50 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Con esta Constitución, repetimos, creyeron nuestros mi- 
sioneros desaparecerían las supersticiones prácticas de los- 
ritos y renacería, como consecuencia, la paz en la Misión 
de China; y todos los misioneros, aunados, ganarían mu- 
chas almas para Cristo. Mas les duró muy poco la alegría 
a nuestros fervorosos apóstoles. 

En efecto, algunos misioneros riccistas de Cantón, Macao 
y Pekín y de otras partes dieron sus excusas para no obe- 
decer a dicha Constitución, y sus cristianos publicaron car- 
telones protestando contra ella. El riccista P. Morao, Maurao 
o Morón, como otros le llaman, tuvo una entrevista con 
el emperador, de la que se siguió la orden imperial del 31 de 
octubre, impresa la latín, chino y tártaro, para ser repar- 
tida en China y enviada a Europa. Esta funesta visita fué 
una de las causas de la persecución, de la devolución a 
Roma de todos los ejemplares de la Constitución por man- 
dato imperial y del arresto del P. Castorano, y de otras 
mil calamidades para misioneros y cristianos, y de perjui- 
cios incalculables para la pureza de nuestra santa reli- 
gión (12). 

El P. Sanz, comentando estos lamentables sucesos, es- 
cribía: «Ahora estamos esperando el paradero y fin que 
tendrán las operaciones del emperador y de los Padres de la 
Compañía. Estos no sólo no quieren administrar los Sa- 
cramentos, si también quieren impedir que nosotros los 
administremos. Gravísimos daños se experimentan de io 



rum Sinensium decreta fuerunt. Mandamusque ut per totam Pro- 
vinciam ómnibus intimentur, et praecipimus ómnibus Missionariis in 
Sinarum Imperio commorantibus, ut supra dictum decretum, tan- 
quam verae fidei púgiles et Catholicae Ecclesiae verae fideles, in óm- 
nibus et per omnia inviolabiliter observent» (Acta Cap., t. II, pá- 
ginas 105-106). 

(12) Además de lo que queda dicho en el artículo anterior, ha- 
blan largamente de esta penosa cuestión : Ripa, Diario ; Muñoz, Re- 
lación..., núms. 435-451; A Thomas en Histoire de la Mission de 
Pekin, t. II, págs. 241-254; el Bto. Sanz, carta del 17 de febrero de 
1717; Royo, carta del 14 de noviembre de 1720; Ventallol, carta 
del 27 de marzo de 1717 ; estas tres cartas hál-lanse mss. en el A. P. D. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



51 



primero; los Padres tendrán sus Teologías para justifi- 
carse» (13). 

Estos tristes sucesos, junto con no pocas calumnias en 
contra de su Misión, hicieron sufrir sobremanera a nues- 
tro futuro y glorioso mártir Sanz. Tanto, que cayó en una 
profunda postración, que le quitó el sueño y el apetito. A 
esto aludía el testigo del proceso apostólico para la beati- 
ficación de nuestro mártir cuando hizo la siguiente de- 
claración : 

«En este tiempo en que yo le servia, vi que el V. Sanz 
cayó en una profunda tristeza a causa de los asuntos de 
la Misión (era entonces Vicario Provincial), en tanto gra- 
do que, por espacio de casi un mes. apenas comió, leyen- 
do y releyendo las cartas que frecuentísimamente le diri- 
gían todos los misioneros. Y. suspirando, una vez me dijo: 
«Marcos, si estuviera en las Islas Filipinas, aunque me cor- 
tasen la cabeza, me alegraría; pero en este reino de gen- 
tiles, por las falsedades que se me imputan, temo que por 
esto esta santa Misión pierda su buen nombre. Esta es la 
angustia y pesadumbre que has notado en mi estos días. 
Pero ya, gracias a Dios, la tempestad ha pasado y todo ha 
quedado en paz» (14). 



III 

CALUMNIAS A LOS MISIONEROS 

Los temores de persecución eran bien fundados. 
Fué el caso que un mandarín de la milicia llamado Kie- 
mao, residente en la provincia de Cantón, presentó un me- 



(13i A. 1'. D. : Carta del 17 de febrero de 1717. 

(14) «Fué mucho lo que hicieron padecer estas casas al Beato 
Sanz, a quien en especial modo perseguían los defensores de la mala 
doctrina, y grandes las calumnias y falsas imputaciones que contra 
él y los demás Padres se corrieron. A esta tribulación alude uno de 
los testigos (Marcos Lao) del proceso Apostólico», que dejamos trans- 
crito en el texto. (Arias, Vida..., pág. 202, nota 1.) 



JOSÉ MARÍA GONZÁLKZ 



morial al trono por enero de 1717, en que decia que los 
misioneros extranjeros, con pretexto de propagar la reli- 
gión, pretendían hacer una rebelión y apoderarse de China 
ayudados de los cristianos chinos y de las naves y cañones 
de los europeos, como hicieron con Manila, Batavia y Nue- 
va España; lo mismo quisieron hacer en Japón, pero fueron 
todos exterminados. 

El emperador envió la acusación al Ping-pu, o Tribunal 
militar, para su examen. Mas los del Tribunal se excusaron 
de hacerlo por ser tan grave el asunto. Entonces el em- 
perador ordenó que lo examinasen los nueve Tribunales 
de Pekín. Así se hizo. Y después, por un decreto, mandó al 
virrey y general de ejército visitase los puertos en donde 
decía Kie-mao estaban los barcos europeos y que levantase 
allí fuertes. Fueron examinados y no encontraron tales 
barcos europeos, quedando más que deshonrado el acusador. 

Pero, mientras tanto, ya se había decretado contra la 
religión cristiana: 1.° Que los cristianos destruyeran las 
iglesias de todo el reino. 2.° Que apostataran todos, y si no 
lo hacían, que se les tuviese como reos de lesa majestad. 
3.° Que las iglesias y casas edificadas por los misioneros 
fueran también destruidas. 4.° Que los misioneros fuesen 
desterrados de China. Obligaban a los hijos acusasen a sus 
padres si éstos no cumplían con estas órdenes, y que los 
padres acusasen a sus hijos por el mismo motivo. 

Mas los misioneros jesuítas de la corte trabajaron con 
gran celo s inteligencia y escribieron una defensa de la 
religión cristiana, que hicieron llegar hasta el emperador, 
en virtud de la cual el emperador suspendió la firma del 
decreto y determinó, en cambio: «Cu su mien heu: esto 
es: Espérese algunos años hasta que yo estudie la cuestión 
despacio.» 

Al principio, habían ascendido a Kie-mao, en premio 
a su acusación, de Chung-ping a Tung, en Cantón. Mas 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



reprobada su acusación y perdido su puesto, desesperado, 
se suicidó (15). 

«No obstante la falsedad de la acusación, que se hizo 
bien patente con el registro de los puertos y naves extran- 
jeras que en ellos estaban, temió el emperador, o se re- 
celó de algún peligro, y para ocurrir al mal, expidió un 
decreto prohibiendo a los chinos el comercio con los mo- 
radores de estas islas (Filipinas). Mucho dió que discurrir 
esta determinación, porque si la ocasión de ella fué el 
temor de alguna rebelión por el gran número de cristia- 
nos en aquel imperio, ayudados de los extranjeros, que 
cada año iban a comerciar en sus puertos, no habia más 
razón para prohibir el comercio con Manila que para ve- 
darlo con otros reinos europeos; pues unos y otros eran 
igualmente extraños a aquel imperio; si no es que diga- 
mos conmovió más al emperador la proximidad de estas 
islas, y, por consiguiente, su mayor facilidad para fomen- 
tar la sublevación temida. Lo cierto es que, por entonces, 
fué pública voz y fama, aun entre los más juiciosos, que 
pretensiones de Macao ayudadas con empeños mandari- 
nes amigos de la Corte, hicieron precisa la expedición de 
dicho decreto para que, cerrados Emuy y otros puertos al 
comercio de españoles, que mantienen estas, islas se avoca • 
sen todos los intereses y ganancias a la ciudad de Macao. 
único puerto que quedaba franco en virtud del sobredicho 
decreto» (16). 

Hubo, sin embargo, quien dijo qua el anterior decreto, 
más que contra el comercio con Filipinas, fué dado con- 
tra los misioneros, con el objeto de que no pudiesen entrar 
en China nada más que por Macao; y así los ricistas ad- 
mitirían a los que bien les pareciere y prohibirían ia 
entrada a los demás (17;. 



(15> Muñoz: Reí., núms. 456-462. 

(16) P. Collantes: Historia.... págs. 322-323. 

(17) Post non multos dies, scilicet anno 1717, exiit decretum ab 
imperatore ut piohiberetur commercium sinamm cum Manilensibus 
Filippinarum : partim propter timorem incussum sinis ex accusatio- 
ne data a mandarino Kiemao contra legen sanctam et europaeos. ut 



54 



JOSÉ MARÍA GOXZÁLEZ 



IV 



DIFICULTADES PARA ENTRAR EN CHINA 



No tardaron mucho tiempo los riccistas en poner en 
práctica sus planes. Por febrero de 1718 llegaban a Macao, 
desde Manila, seis misioneros dominicos, cuatro con des- 
tino a China y dos al Tunkin (18). También llegaron seis 
franciscanos en una nave portuguesa. Los dominicos ha- 
bían dado 300 pesos al capitán español D. Manuel Vicente 
de Sta. Rosa para que los llevara en su barco directamente 
a Cantón, aceptando éste el contrato. Mas faltando a su 
palabra, los llevó a Macao, yendo los Padres al convento da 
los dominicos portugueses. 



supra dictum est ; partim ut macaenses lusitani, clauso portu Emui. 
qui est quasi janua sinarum in Manilam, melius ac commodius pos- 
sent cum hispams manilensibus commercium faceré; quam ob cau- 
sam lusitani, ut fama est, amicorum protectione utentes, praefa- 
tum imperatoris edictum commertii hujusmodi impeditivum sunt con- 
secuti. 

«Alii tamen dicunt quod macaenses, hac arte utentes, sequitur 
quod missionarii in Sinas non possint ingredi nisi per Macaum, et 
hoc modo eorum amici et eis in rebus suis obsequentes libere per- 
mitentur in Sinas abire; non sibi obedientes, foras jubebuntur, et 
quod olim per decreta Apostólica eorum protectores consequi non 
potuerunt in Japone, nunc autem hoc stratagemate assequi inten- 
dunt in Sinis. Eta hoc jam patenter videmus, quod manibus nostris 
attrectamus. Siquidem duodecim missionarii, sex dominicani et ssx 
frantiscani, hisce diebus per Macaum in Sinis ingredi a macaensi- 
bus fuerunt impediti, ut latius infra suo loco dicemus» (Muñoz, Re- 
laciún..., núm. 471). 

(18) Los Superiores de Manila, obedeciendo las órdenes del Maes- 
tro General, como ya dijimos, y por propia convicción, apenas tu- 
vieron personal disponible, enviaron a China esos cuatro misioneros, 
que estaban adornados de talento y cualidades sobresalientes ; o como 
dicen las Actas Capitulares de 1718: «Quatuor promptae litteratu- 
rae altaeque aptitudinis.» Esta decisión fué tomada en el Consejo 
á¿ Provincia del 13 de septiembre de 1717. en cuyas Actas se lee: 
«Itt. : propuso dho. R. P. Vico. Gral. que respeto de haber llegado 
una barcada de treinta y nueve religiosos, estaba en determinación 
de enviar cuatro de ellos a las Missiones del imperio de China, y 
dos a Tunkin. Y porque deseaba hacerlo en la más próxima y segu- 
ra ocasión, pedía el consentimiento y. parecer de dhos. RR. PP. de 
Consejo. A lo cual respondieron todos unánimes y conformes que 
dho. R. P. Vico. Gral. enviase a dhas Missiones los relig.os. que 
le pareciesen más a propósito; y que esto fuese en la forma y modo 
que le pareciese más conveniente.» 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



El 16 de febrero recibió el P. Muñoz en Cantón una 
"arta del P. Juan Alvarez, Provicario de la Misión, en que 
le participaba su llegada y la de sus cinco compañeros a 
la colonia portuguesa (19). Pocos dias más tarde escribia 
otra carta el P. Alvarez al P. Muñoz llena de temores y 
amarguras participándole que el 24 de febrero el P. Vica- 
rio del convento de dominicos, P. José de la Cruz, los habia 
llevado a visitar al Obispo Sr. Casal y al Gobernador 
Francisco Alarcón y Sotomayor, y que éste les habia dicho 
que no podía darles licencia para entrar en China sin que- 
brantar las leyes de esta nación y de su rey. Pero que el 
día 27 les devolvieron estos dos señores la visita, y estando 
presentes dos Padres dominicos portugueses y los seis es- 
pañoles, les dijeron con toda claridad estas dos autorida- 
des: «Sepan vuestras paternidades que la causa única de 
vuestra detención no somos nosotros, sino los Padres de 
la Compañía.» Lo mismo dijeron D. Manuel Vicente de 
Sta. Rosa y Vicente de Mata (20). 

El P. Muñoz no dejó piedra por mover para llevar a los 
seis misioneros a Cantón. Con este objeto pasó a un lugar 
cerca de Macao, en donde convino con un mercader en 
traer a dichos Padres a ese lugar, desde donde él los con- 
duciría a Cantón. Mas después de once días de espera, 
viendo que nada podía conseguir, pidió a un tal Luis Ros 
que a todo trance los condujera en su nave, valiéndose dei 
mayor secreto. Comunicó el P. Muñoz al P. Alvarez todo 
este plan, y el P. Alvarez, a su vez, se lo comunicó al P. Vi- 
cario del convento, quien, siendo el confesor del Goberna- 
dor, y teniendo sobre él gran ascendiente, le pidió que no 
estorbase el intento de las Padres, a lo que accedió, convi- 



(19> Los PP. dominicos eran, además del P. Alvarez. los PP. Blas 
de Sierra. Onofre Bas, Pedro Barreda, destinados a China : y los 
Padres Ildefonso de Sta. Teresa y José Valerio, destinados al Tunkin. 

(20i Muñoz. Relación..., núm. 484. 



56 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



niendo en que un día, muy de mañana, se fugaran los 
Padres a Cantón en el barco del Sr. Ros. 

Todo hubiera sucedido apedirde boca si no hubiera sido 
por el Comisario de los Padres franciscanos de China, el 
P. Juan Fernández, quien pidió al Gobernador dejara ir con 
los dominicos a los seis franciscanos. Mas como ese Padre 
había hecho público su intento, el Gobernador se negó a 
darle el permiso, por temor de lo que pudiera seguírsele, 
y revocó también el consentimiento que había dado a los 
dominicos. 

A pesar de todo, el buen D. Luis Ros aun intentó llevar- 
se a ocultas a Cantón a los Padres dominicos. Pero el mal 
español Manuel Vicente de Sta. Rosa escribió una carta 
al Sr. Ros diciéndole que, si llevaba a los dominicos a Can- 
tón, se exponía a perder su barco, su gente y su mercancía, 
porque era de dominio público lo que se tramaba. Con todo, 
el valiente Sr. Ros siguió con su noble intento de llevar los 
Padres a Cantón y concertó con ellos en que saldrían de 
Macao en la nave «Santa Ana» y después pasarían a su 
barco. 

Pero habiendo hecho público este concierto el señor 
Sta Rosa, el valiente Sr. Ros, que había estado esperando- 
a los Padres cerca de Macao desde el día 7 hasta el 13 de 
mayo, creyendo que ya no venían, tuvo que volverse aver- 
gonzado a la ciudad portuguesa. El mismo día 13 salieron 
los seis Padres, con el Sr. Sextri, en el «Santa Ana», te- 
niendo que volverse camino de Manila, llegando a Cavite 
un mes más tarde (21). 

En Manila quisieron probar fortuna de nuevo, enviando- 
cuatro religiosos para China; o sea, los mismos, menos ei 
P. Alvarez, en cuyo lugar fué el P. Eusebio Fernando Os- 



(21) Sobre todo lo dicho. Muñoz, Reí. núms. 480-483-490. El 
Sr. D. Fr. Tomás Sextri, O. P., iba del Tunkin a Manila para con- 
sagrarse. 



MISIONES DOMINICANAS LN CHINA 



cott (22). Partieron de aquella ciudad el 18 de octubre 
de 1718, llegando sin novedad hasta cerca de Macao, a un 
lugar llamado vulgarmente Tepae fractae, como escribe el 
P. Muñoz. «Entramos en la ciudad de Cantón de este Im- 
perio en un barco sínico que nos agencio el Sr. D. Juan 
Gaínza, que era el capitán del barco de Manila que nos 
conducía... Llegamos a Cantón representando farsas, por- 
que unos veníamos vestidos de grumetes, otros de otras 
farsas, más por temor a los enemigos caseros que de los 
infieles» (23). Con ellos llegaban también dos Padres para 
el Tunkín, y el Sr. Sextri, siendo recibidos con gran amor 
y alegría por el P. Muñoz, ocho días más tarde, que les 
había preparado muy bien el viaje para que llegaran a sus 
respectivas misiones; excepto el P. Sierra, que quedó en 
Cantón con él por mandato de los Superiores de Manila, 
para que estudiase la lengua mandarina y costumbres 
chinas. 

Cuarenta y tantos días de penoso viaje les costó llegar 
a la villa de Loyuen, en donde estaba el P. Vicario Pro- 
vincial, P. Pedro Sanz (24). 



(22) Algunos historiadores incluyen equivocadamente en la pri- 
mera misión al P. Oscott en lugar del P. Alvarez; pues las Actas 
Capitulares del 7 de marzo de 1718 asignan al P. Alvarez y a sus 
tres companeros a China, y al P. Oscott al Convento de Sto. Do- 
mingo de Manila. Que el P. Alvarez fué en la primera misión bien 
claro se ve por lo que arriba queda dicho. Equivócanse también las 
Actas Capitulares de 1720, el P. Coleantes, Historia..., pág. 362. y el 
P. Muñoz, Relación.... núm. 549. al afirmar todos ellos que estos 
Padres habían ido a Cantón por octubre de 1719. y que a los ocho 
días habían salido los cuatro religiosos para Pukien. Primeramente, 
ya dijimos que el P. Sierra se quedó en Cantón por entonces. Q'-ie 
llegaron a esa ciudad por octubre, no de 1719. sino de 1718, lo afir- 
ma el mismo P. Muñoz en la Relación..., núms. 506-523. y el P. Os- 
cott en una muy larga e interesante relación firmada el 12 de mayo 
de 1733. Confirma la verdad de lo dicho una relación del P. Sierra 
titulada : «Memoria q. por orden de Ntro. P.e. Prov.l. Fr. Diego Saenz 
hago de los g. tengo baptizado en esta Missión desde que vine a ella» ; 
en la que dice bautizó en la iglesia de los SS. Trinidad del Kuo-bo, 
de Moyang, el cinco de marzo de 1719 a seis párvulos». Mal pudo, 
pues, llegar a China por octubre de ese año de 1719. 

(23) Oscot, Reí. cit. del 12 de mayo de 1733. 

(24) «Llegamos a vemos, después de cuarenta y tantos días de ■ 
camino, con el P. Vicario Provincial. Fr. Pedro Mártir Sanz, ahora 



• 58 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Por haber tenido el P. Muñoz en su casa a estos misio- 
neros y haberlos enviado a sus respectivas misiones sin dar 
cuenta de ello se le originaron no pequeños disgustos y 
trabajos con el Gobernador de Cantón. Porque hubo quien, 
más que malicioso, le había ya avisado que por octubre 
de este año de 1718 llegarían los que meses antes habían 
tenido que volverse a Manila desde Macao. Como conse- 
cuencia de este aviso, el Gobernador expidió un decreto 
(20 de julio de 1718) por el que ordenaba que todo misio- 
nero que llegase a Cantón se le condujese y custodiase en 
el lugar llamado Pao-chang y se le diese aviso de su 
llegada. Mas el P. Muñoz, temiendo impidiesen entrar a 
los nuevos misioneros en la Misión, hizo caso omiso dei 
anterior decreto, prefiriendo sufrir las consecuencias — ai 
ser descubierto — a que las Misiones, tan necesitadas, se 
quedasen sin estos misioneros. 

Por desgracia, la entrada de nuestros misioneros en 
Cantón se descubrió por una carta que el P. Alonso de Santo 
Tomás, que iba para el Tunkín, escribió al capitán del bar- 
co, D. Juan Gaínza, que les había llevado desde Manila, 
dándole las gracias en nombre de todos por lo bien que 
les había tratado. Eran sus portadores los chinos del bar- 
quichuelo que recogió a los Padres del barco del Sr. Gaínza 
y los llevó a Cantón. Osadamente, unos portugueses se la 
arrancaron de sus manos y fué a parar a poder de los Pa- 
dres jesuítas, y después, de mano en mano, a las del mis- 
mo Gobernador de Cantón. 



Obispo Mauricastrense y Vicario Apostólico de Fokién, a donde te- 
nemos lo más florido de la cristiandad. A los tres días de llegados a 
su presencia, nos dividió a diversos lugares para que pudiéssemos 
aprender lengua y predicar el Santo Evangelio a estas gentes me- 
tidas en las tinieblas de la infidelidad, negocio que pide más que 
fuerzas humanas, y más entre gente tan soberbia e incostante. A 
mi me mandó quedarme en Compañía de su R. a. en la villa llamada 
Loiven ; en donde me di a la lengua con todas mis fuerzas ; y, con 
la ayuda de Dios, y aplicación al estudio de ella, no pasaron muchos 
meses cuando ya podía hablar en esta dificilísima lengua» (Oscott. 
Relación.... del 12 de mayo de 1733). 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



59 



El 21 de noviembre se personó un mandarín, acompa- 
ñado de los barqueros que llevaban la carta, en casa del 
P. Muñoz, y allí le estuvo interrogando desde el mediodía 
hasta la noche sobre el paradero de los ocho misioneros 
recién entrados en Cantón (25). 

Vióse muy apurado el P. Muñoz para satisfacer las pre- 
guntas que se le hacían para no descubrir al Sr. Sextri y ai 
P. Sierra, que estaban con él. Por último, le respondió que 
era cierto que habían estado en su casa ocho personas, 
pero que tres de ellas eran criados; que dos de éstos, con 
tres sacerdotes, se habían internado en China, y que otro 
criado, con los demás sacerdotes, se habían ido al Tunkín. 

Después de este largo interrogatorio, y ya de noche, fué 
llevado el P. Muñoz a otro mandarín, quien le sujetó tam- 
bién a un severo y largo interrogatorio. Al día siguiente, 
22 de noviembre, fué citado ante el mandarín supremo. 
Acompañábale el P. Pereira, S. J. Se le hicieron también 
muchas y molestísimas preguntas, a las qus respondió con 
la mayor prudencia el interrogado. 

Temía el P. Muñoz con fundamento que tanto los Pa- 
dres que habían ido al Tunkín, como los que habían salido 
para Fukien, fuesen a la fuerza devueltos a Cantón, y en- 
tonces se descubriría que el Sr. Sextri y el P. Sierra habían 
quedado ocultos en esa ciudad, siendo así cogido en re- 
nuncio. 

Ducho como era el P. Muñoz en los enredos de los ne- 
gocios chinos, para salir de este apuro y para que dejaran 
en paz a los misioneros, hizo un buen regalo al Gober- 
nador, de quien dependía la causa, y otros a dos grandes 
mandarines, y así se salvó de las graves consecuencias que 
podían seguírsele a él y a los misioneros. 

El Gobernador, para disimular, mandó que siguiese el 



(25) Uno de los misioneros era el Sr. Sextri, quien no habien- 
do conseguido su consagración en Manila, volvía a China para que 
le consagrara algún Obispo de aqui, y traía consigo a un criado. 



60 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



juicio contra el P. Muñoz. El día 23 fué llamado de nuevo 
al Tribunal, y después de muchas preguntas, le dejaron 
en paz. Más tarde se contentó el Gobernador con decir 
a sus subordinados que dieran una grave reprensión al 
P. Muñoz, cosa que no hicieron. 

Para más disimular, y para no ser acusado de soborno, 
el Gobernador expidió un decreto (21 de diciembre) orde- 
nando que se indagara en todas las iglesias si en ellas se 
hallaba alguno de nuestros misioneros. Mas como todo era 
ya una farsa, ningún mal se le siguió al P. Muñoz. Así ter- 
minó felizmente este negocio, que pudo costar muy cárc 
a él y a los misioneros (26). 

V 

EL P. ROYO EVANGELIZA EN KIANGSI Y CHEKIANG 

Como las cristiandades de Chekiang y Kiangsi habían 
quedado abandonadas por el destierro de los misioneros 
en 1707, ordenó el P. Sanz que el P. Royo fuera a restau- 
rarlas. Llegó a la ciudad de Yu-xan, en Kiangsi, en el 
verano de 1717, y allí permaneció hasta mayo de 1723, en 
cuya fecha volvió a Fukién por negocios graves, ya que, 
como a Superior, tocaba resolverlas, pues había sido nom- 
brado Vicario Provincial de la Misión el 25 de abril de 1722. 

El regocijo causado entre los cristianos con la presencia 
del gran misionero fué indescriptible. Habían quedado mu- 
chos firmes en su fe, gracias al rezo del Santo Rosario y a 
la Orden Tercera de Sto. Domingo. En algunos lugares, 
como en Yu-xan, conservaron sus dos iglesias, una para 



(26) Escribe largamente P. Muñoz, Relación, núms. 506-522, sobre 
este grave negocio. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



61 



hombres y la otra para mujeres, a pesar de las persecu- 
ciones de parte de los gentiles (27). 

El P. Royo hizo un llamamiento general para adminis- 
trar los Sacramentos, y tantos acudieron, hasta de lugares 
muy remotos, que no fueron suficientes las dos iglesias para 
alojarlos. Con gran contento de su alma les administró los 
Sacramentos, les animó a perseverar en la fe y les pre- 
dicó con tanta unción, que todos prorrumpieron en sollo- 
zos y lágrimas. Algunos que se habían enfriado en la fe, al 
oír las cálidas palabras del misionero, sintiéronse de re- 
pente cambiados, y, llorando sus culpas, prometieron com- 
pleta enmienda. Volvieron al buen camino algunos apósta- 
tas, y algunos seguidores de los ritos, que eran pocos, 
quemaron las tablillas supersticiosas. 

Después de una estancia tan fructífera entre los cris- 
tianos de Kiangsi, pasó el Bto. Royo a Chekiang, y reco- 
rrió todas aquellas en otro tiempo florecientes cristianda- 
des. Con gran dolor de su corazón vió que habían aposta- 
tado muchos y otros héchose riccistas, y por más que 
trabajó no pudo volverlos al recto camino. Así que «con- 
fesó a las mujeres y a alguno que otro varón», como éi 
mismo escribe, y se volvió a Kiangsi, después de haber 



(27) Algunos historiadores, como Arias, en Vida..., pág. 235, afir- 
man que desde el año 1690 ya tenían los dominicos iglesias en la 
ciudad de Yu-xan y en la de Kuangsing-fu. No hemos podido hallar 
datos que lo confirmen. El primer dominico que sepamos entró en 
Kiangsi fué el P. Francisco Lujan, huyendo de una persecución (1690). 
Por el contrario, nos parece cierta la siguiente afirmación del P. H. 
Ocio de que esas iglesias fueron fundadas a principios de 1700. 

«Huic etiam Patri (Alcalá) — escribe el P. Ocio — debentur praeci- 
puae duae domus quae sub saeculi XVIII initio fuerunt aedificatae 
in provincia Kiangsi : scilicit. Yu-xan et Kuang-sing-fu». 

Brevis relatio Missionis Dominicanae in provincia Chekiang et 
Kiangsi. in Sinarum Imperio ab anno 1656 usque ad annum 1740, suc- 
cinta relatio. 

Había pedido estos datos el Sr. D. E. Bray, C. M., Obispo y Vica- 
rio Apostólico de Kiangsi Septentrional, y se fueron enviados por 
medio del Sr. D. Salvador Masot, O. P., Vicario Apostólico de Fu- 
kién. Aunque este escrito no lleva firma, por la caligrafía y manera 
de escribir se deduce fué su autor el P. H Ocio, O. P. Hállase en 
A. P. D, t. 48. ff. 254. 



(¡2 



JOSÉ .MARÍA GONZÁLEZ 



estado en aquellas ingratas tierras desde febrero hasta 
septiembre de 1718. Volvió más tarde a Chekiang, mas 
obtuvo los mismos estériles resultados (28). 



IX 



PERSECUCIÓN DE 1719. SU CAUSA 



Antes de la entrada en Fukién de nuestros cuatro mi- 
sioneros, ya las autoridades andaban a caza de misioneros 
sin el piao. Y ahora, con motivo de la entrada en la Misión 
de los misioneros, las autoridades de Cantón avisaron a las 
de Fukién de cómo habían entrado en esta provincia mi - 
sioneros sin el piao. Y por marzo de 1719 comenzó una ri- 
gurosa búsqueda para prenderlos y desterrarlos a Cantón. 
Mas los misioneros se ocultaron, logrando sustraerse de las 
manos de los esbirros. 



«Iban pasando ya más de tres meses, escribe el P. Os- 
cott, cuando llegaron a la villa (Longuon), donde estába- 
mos el P. Vicario Provincial y yo, las requisitorias de los 
mandarines de Cantón buscando, según decían, tres bon- 



(28) «Por los años de 1718, la mayor parte del año estuve yo 
en la provincia de Chekiang. en los pueblos de Pe-cho y Pa-xe-ki..., 
y en todo este tiempo no vinieron los cristianos a confesarse, sino 
tres o cuatro de ambas partes ; por lo que discurrí que todo se ha- 
bía acabado, como también los cristianos en varias ocasiones lo di- 
jeron. Lo mismo digo de San-chi-uen.» Y más adelante continúa 
el mismo P. Royo: «Las cristiandades de Chekiang están llenas de 
mala cizaña de sus praxes condenadas por la Iglesia. Por los años 
de diez a quince estuvieron por allá en nuestras Iglesias los señores 
don Filiberto le Blanc, provinciano apostólico de dicha provincia y 
vicario apostólico de otra ; y el señor B. Jaime Lirot, ambos del se- 
minario de París; y por no querer dejar sus templos y tablillas de 
los abuelos, sólo confesaron a" las mujeres y tal cual varón. Fui yo, 
por febrero del 18, y estuve allí hasta septiembre, en que dicen 
llegó una mala noticia contra la ley de la religión; y llorando me 
pidieron me retirara de allí, como lo hice, volviéndome a Kiangsi. 
sin haber podido adelantar cosa ni persuadirles a dejar las praxes. 
Por los años de veinte y veintiuno estuvo allí el P. Fr. Onofre cerca 
de un año. y le sucedió lo mismo que a mí.» Royo, Reí. de las cris- 
tiandades de China, el 29 de marzo de 1741.) 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



63 



zos de la Europa que entraron sin diploma... Con este mo- 
tivo fueme necesario apartarme de la buena compañia de 
mi Prelado; y los otros dos misioneros nuevos, que esta- 
ban en diversas villas y ciudades, anduvieron con cautela 
por no ser cogidos. A mí me llevaron los cristianos a un 
monte, donde había unas casas y pueblecillo de cristianos 
(Langkau, llamado también antes Vang-yao) de pobrecülos 
escudilleros, pero muy fervorosos en la observancia de la 
Santa Ley. Lo que hicieron conmigo estos pobres de ex- 
presiones de afecto y de alegria, en verdad que en pocas 
palabras no lo podré decir. Allí estuve entre aquellos mon- 
tes como un mes, y con mi poca lengua que sabía, ya los 
podía consolar en este tiempo» (29). 

Pasó después al partido de Fogán, a donde había sido 
llamado por aquellos cristianos, deteniéndose en Tingtao, 
en donde bautizó algunos adultos. Pero se vió obligado a 
ocultarse hasta que pasó la tormenta (30). 

El P. Onofre Bas pasó, por orden del P. Vicario Provin- 
cial, a la provincia de Kiangsi, donde se hallaba el P. Royo 
y en donde reinaba relativa paz. En el camino naufragó el 
barco que le llevaba, salvándose milagrosamente (31). 

El P. Pablo Matheu, que apenas entrado en la Misión 
dió muestras de estar loco, habiendo pedido permiso al 
P. Provincial para restituirse a Manila, salió para Cantón. 
Al pasar por la ciudad de Chuangchow se le ocurrió pre- 
dicar un sermón, invitando a todo el que quisiera oírle, en 
vez de haber procurado ocultarse. Se siguió de tal sermón 
un gran alboroto. El mandarín de la ciudad pasó aviso al 
Gobernador de Foochow de todo lo acaecido, y éste mandó 
se le desterrase a Macao, llegando a nuestra iglesia de 
Cantón el 6 de julio de ese año de 1719, sin que se efec- 
tura después su destierro a la ciudad portuguesa. 



(29) Oscott, Reí. de 1733. 

(30) Ibid. 

(31) Ibid. 



64 



JOSÉ .MARÍA GONZÁLEZ 



Como su demencia no le dejaba en paz, anduvo de igle- 
sia en iglesia en la ciudad de Cantón y sus alrededores, sin 
que pudiera sosegarse ne ninguna de ellas. Por último, 
habiendo hecho ya el P. Muñoz los preparativos para sn- 
viale a Manila, se negó a ello el P. Matheu, y, con la ayuda 
del P. Pereira, S. J., logró quedarse en aquella ciudad. 

Y no fué sólo esto sino que el P. Matheu escribió al 
P. Provincial que ya estaba curado de su locura — cierta- 
mente que no hay loco que reconozca que lo está — y ei 
P. Provincial le respondió que, siendo así, se volviese a la 
Misión. Tan convencidos estaban en Manila que había sa- 
nado, que en la Congregación Provincial del 20 de abril 
de 1720 le nombraron Vicario Provincial, de lo que se si- 
guieron no pequeños inconvenientes (32). 

El Vicario Provincial, P. Sanz, estuvo a punto de ser 
preso, en la villa de Loyuen (Longuong), donde residía por 
este tiempo. Llegando los esbirros cerca de donde él esta- 
ba, le dicen muy acongojados los cristianos: 

«Vienen a prenderte. Padre; escóndete.» «También 
prendieron a Cristo y a sus apóstoles», les contestaba el 
siervo de Dios para alentar su fe. «Sí, pero si te cogen a ti. 
se animarán a coger a los demás Padres, y nos veremos 
otra vez como en 1707, privados de nuestros pastores. Es- 
cóndete que hay noticias de que ya se acerca el mandarín 
con la tropa.» 

«Y aquellos buenos cristianos escondieron al misionero, 
y le libraron de las iras del escuadrón de gentiles, que ya 
había entrado en el pueblo atrepellándolo todo y amedren- 
tando a los cristianos con insultos y amenazas.» 



(32) El P. Matheu era de profunda y extensa cultura eclesiás- 
tica, y siempre había sido excelente religioso. A pesar de su locura, 
en sus cartas, no sólo no da señal de estar demente, sino que pa- 
rece un hombre bien equilibrado, dando en ellas muestra de ta- 
lento, sensatez e ilustración poco común. Puede cualquiera conven- 
cerse de la verdad de lo que decimos leyendo las 20 cartas y escri- 
tos diferentes que se guardan originales en APD. Por eso. nada nos 
extraña la conducta y parecer de los superiores de Manila, y que 
fuesen engañados por sus cartas y relaciones. 




En las misiones de China brilló por su celo y tesón D. Fray 
Eusebio Oscott, O. P. f 1774. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



65 



«La escena que entonces se verificó fué sublime y edi- 
ficante. Furioso el mandarín, reúne a los principales del 
pueblo, y les intima que le digan dónde está el Padre mi- 
sionero. «No está aquí, le contestaron; pero nosotros res- 
ponderemos por él. El hace bien a todo el mundo, no mo- 
lesta a nadie, cuida sólo de instruirnos en la Santa Ley 
de Dios, y no tiene otro fin ni otro propósito que el de 
ganar nuestras almas. ¿Por qué nos perseguís de esa ma- 
nera, cuando nosotros somos los primeros en obedecer lo 
que manda el emperador, en pagarle sus tributos, en tener 
orden en nuestros pueblos, y en no permitir que aquí se 
haga mal a nadie? Si nosotros nos os molestamos a los 
gentiles en vuestro culto y en vuestras reuniones, aun te- 
niéndolas por malas, ¿por qué vosotros no nos habéis de 
permitir practicar la Santa Religión, que después de la 
muerte nos conduce a la felicidad eterna?» «El Padre es 
desobediente al emperador, y vosotros sois sus cómplices 
en ocultarle; y así, todo iréis presos a la capital, ya que 
por él salís responsables.» «Si, iremos, pero no presos, pues 
no hemos cometido ningún delito; iremos para quejarnos 
de los atropellos que nos causáis, y demostraremos nues- 
tra inocencia y la del Padre ante el virrey de la pro- 
vincia.» 

«Efectivamente, aquellos buenos cristianos acudieron 
al Tribunal del virrey. Dióles éste audiencia pública, y les 
preguntó cuándo habían abrazado la Religión, quiénes eran 
y habían sido sus ministros, en qué consistían los ritos y 
prácticas de la Religión Cristiana, qué número de templos 
y cristianos había y cuántas veces y por qué fines se re- 
unín en las iglesias. Contestaron a todas estas preguntas 
Pablo Mieu y Pedro Ching, terciarios de nuestra Orden, 
que eran los que llevaban la voz entre los cristianos, con 
tal energía y discreción, tan varonil, fielmente, que el vi- 
rrey quedó grandemente sorprendido. «Pero este es asunto 
pequeño, díjoles no obstante, eso debéis arreglarlo en la 
Prefectura, a un tribunal tan alto como el mío no se traen 
esas quejas y esos pleitos.» Al que ellos respondieron: «Los 
asuntos de la Religión Cristiana son para nosotros, y deben 
ser para todos, no de pequeño, sino de grande y sumo in- 
terés: la Religión es para el hombre el mayor bien de este 
mundo, y por ella estamos nosotros prontos a sufrir cár- 
celes y hasta la muerte.» 

5 



66 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



«Aquel virrey, aunque gentil, dotado de buena índole,, 
dióles la razón, y como la circunstancia de tener o no el. 
diploma, estando permitida la religión, le preocupaba poco, 
expidió un decreto por el que declaraba exonerado de su 
oficio al mandarín de Fogán, por perturbador de la paz 
de los cristianos, y recordaba al propio tiempo que estan- 
do la Religión Cristiana autorizada por el emperador 
Kang-hi en su decreto de 22 de marzo de 1692, y en otros 
posteriores, nadie debía impedir su predicación y ense- 
ñanza (33). 

Con todo, el P. Sanz, para evitar las molestias de las 
autoridades, y sabiendo que en la parte sur de la Misión 
estaba solo el venerable Sr. Ventallol, pasó al antiguo 
Hiamuen (Emuy), a la iglesia de los misioneros ad-éxteros, 
y desde allí comenzó a hacer excursiones apostólicas por 
los pueblos de los alrededores. 

Pero como la cristiandad de Fogán estaba tan necesi- 
tada de misioneros de experiencia, y los que allí estaban 
eran nuevos, y uno de ellos, el P. Arriba, enfermo, el señor 
Ventallol ordenó al P. Sanz pasara a aquella cristiandad, 
lo que ejecutó inmediatamente sin reparar en inconve- 
nientes. 

«Salió de Emuy con el mayor secreto, y llegó a Chiuen- 
cheu con ánimo de pernoctar allí, para al día siguiente, 
muy de mañana, continuar su viaje. Pero Dios tenía re- 
suelto probarle, y dispuso las cosas de modo que el man- 
darín de la ciudad — enterado por uno de sus alguaciles de 
la presencia del misionero — diese orden de prenderle. Las 



(33) Arias : Vida, pp. 230-232, quien lo tomó. Muñoz, Reí. No. 538. 

En esta persecución fueron desterrados a Macao los PP. Sanz, 
Matheu y de Arriba; pero sólo el P. Matheu llegó a Cantón. Tam- 
bién lo fué Le Blanc, vicario apostólico de Yunnan, y administrador 
apostólico de Chekiang, quien llegó a Cantón el 9 de mayo de 1719, 
y murió en esa ciudad el 2 de septiembre de 1720. Poco después 
de su muerte llegó la bula papal nombrándole Obispo de Traede. 
También pasó, huyendo de la persecución, de Pukién a Chekiang, 
el señor Lirot, ad-éxtero como el anterior. Muñoz, Reí No. 539, y 
carta del P. Royo del 14 de noviembre de 1720, orig. ms. en el APD.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



G7 



órdenes no se comunicaron con tanto sigilo, que no llegara 
a saberlo uno de los cristianos más fervorosos de la ciu- 
dad, que se apresuró a comunicar al misionero el peligro 
que le amenazaba, rogándole se pusiera en salvo. Hizolo 
asi el Padre. Y aprovechando las tinieblas de la noche,, 
regresó al punto de partida, burlando de este modo a sus 
perseguidores.» 

«Noticioso el P. Ventallol de que el siervo de Dios no 
habia seguido para Fogán, y, según parece, mal informa- 
do de los motivos de la inobediencia, a sus mandatos, dis- 
gustóle mucho, y atribuyendo a cobardía del misionero lo 
ocurrido, le escribió una carta acerva en que le reprocha- 
ba su poco valor y su falta de caridad y celo para con las 
cristiandades de Fogán. Fué esto añadir aflicción al afli- 
gido, y echar sal en las heridas todavia frescas; y ¡cosa 
admirable!, lo que no consiguió el furor de los persegui- 
dores, consiguió en un instante la reprensión, dura y agria 
del Prelado.» 

«El buen Pedro Sanz, escribe el P. Muñoz, recibida esta 
reprensión creyóse privado de todo consuelo, y cayó en. 
tan profunda congoja de ánimo, que adoptó la extrema re- 
solución de irse a Cantón, para de allí, en el primer barco, 
slleguir su viaje a Manila.» Empezó luego a poner por obra 
tan desconsolador proyecto; pero «al llegar a la villa de 
Ping-ho, cuarenta leguas de Cantón, una enfermedad le 
obligó a detenerse en nuestra iglesia», disponiendo el Se- 
ñor esta detención para que por los mismos medios que le 
habían sugerido resolución tan extrema, le viniese el re- 
medio. Porque habiendo escrito a Cantón participando 
al P. Muñoz la enfermedad que le aquejaba, y cómo había 
llegado a aquella residencia con ánimo de marcharse a 
Manila (34), este antiguo misionero, compadecido grande- 
mente de la situación de su hermano, escribióle una carta 
cariñosísima, consolándole y animándole; y con graves ra- 
zones le persuadió que, sin ofensa de Dios y escándalo de 
los fieles, no le era lícito dejar la Misión en aquellas cir- 
cunstancias» (35). 



(34) La carta del P. Sanz al P. Muñoz está fechada en l'ingho 
el 19 de abril de 1720. Muñoz, Reí. No. 546.) 

(35) Entre otras cartas que el P. Muñoz le escribió, una lleva la 
fecha del 26 de mayo de 1720, en la que le decía, en parte: «Licet 



68 



J>)S¿ .MARÍA GONZÁLEZ 



«Fué esta carta la voz de Dios que despertó en el Bea- 
to Sanz las energías de la gracia, adormecidas por la más 
terible plaga del corazón, la tristeza. Reconoció entonces y 
lloró que, aunque la conciencia no le remordía de las fal- 
tas que el Rmo. Ventallol le achacaba, no había tenido, sin 
embargo, la suficiente humildad para soportar sus censu- 
ras; y que inspirado en su amor propio, habíase olvidado 
del cargo de apóstol que desempeñaba, para oír únicamen- 
te las sugestiones de la carne y del orgullo. Confundido y 
avergonzado ante aquella muestra de debilidad, pidió con 
grandes lágrimas al Señor no le abandonara otra vez a su 
propia flaqueza, y se dignase aceptar el sacrificio que nue- 
vamente y con mayor conocimiento de sí mismo hacía de 
su persona en favor de sus prójimos.» 

«Recobradas la salud del cuerpo y las fuerzas del espí- 
ritu, volvió el prófugo misionero a Changcheu a presen- 
tarse humilde y devoto a su prelado eclesiástico; y dándole 
cuenta con lágrimas de su ya empezada deserción, pidióle 
de rodillas y con grandes afectos le perdonase aquel arre- 
bato de soberbia y amor propio, y el mal ejemplo que pu- 



diebus praeteritis ad vestram parternitatem scripserim circa inopina- 
tum ipsius adventum in Cantonem, iterum per sanguinem Jesuchristi 
rogo ut tali intentione disistas, nec in mentem ulterius veniat mis- 
sionem nostram derelinquere propter gravia, quam ex eo sequuntur 
inconvenientiam. 

»Primum et praecipuum est, quia ex tali executione vestra Pater- 
nitas se exponit ad commitendum aliquod grave peccatum, quia dato 
quod regulares hujus imperii et missionis titulo justiciae non admi- 
nistremus, sed solum motivo charitatis, charitas tamen ipsa exigit 
aut extrema animae necessitate existunt minime derelinquamus. 

»Secundum autem inconveniens est, quod vestra paternitas, cura 
sit in praesenti hujus nostrae Missionis Vicarius Provincialis ac Su- 
perior, omnem debet adhibere conatum ad conservandam Deo ju- 
vante hanc nostram, missionem pro qua tuenda antiqui illi nostri 
religiosissimi ac venerabiles Patres tot vexationes pertulerunt. Siqui- 
dem pro bac causa aliqui ex illis crudeliter verberati sunt, alii in 
carcerem detrusi, alii ludibris populi expositi, et centum librarum 
tabulae ad colum sunt appositae, alii denique pro fide et ut suum 
adimplerent ministerium gladio occisi sunt; et nostris hisce tem- 
poribus, alii sunt persecuti, alii exilio mulctati et alii ex Sinis ejecti 
sunt in sua regna conjecti sunt. Et haec cum verissima sint; vestra 
Paternitas e missipne hac vult discedere? Fortasse alii hujusmodi 
exemplum inspicientes vestram Paternitatem sequantur, et erit no- 
Vissimus pejor priore.» 

Sigue la carta hablando del Breve laudatorio para la Provincia 
de Clemente XI (22 de abril de 1713) y de la Circular también a la 
Provincia del Rvmo. Cloehe en el mismo sentido, y de otras cartas 
que el mismo Revmo. había escrito al P. Muñoz, terminando la carta 
con la exortación. (Muñoz, Reí. Nos. 547-549.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



69 



diera haber dado a los cristianos, que por ventura adivina- 
ron el objeto de su viaje a Cantón. «Nada tengo que per- 
donar, contestóle enternecido el humilde Vicario Apostó- 
lico..., los dos tenemos que llorar, pues los dos hemos pe- 
cado; el uno por ligereza y falta de caridad en el repren- 
der, y el otro por exceso de sensibilidad en recibir la re- 
prensión. Roguemos al Señor no nos abandone jamás a 
nuestra flaqueza, y cuidemos de servirle con aquel espíri- 
tu que El nos recomienda al decirnos: Cum feceretis omnia 
quae praecepta sunt vobis, dicite: serví inútiles su- 
mus» (36). 

«Es Cristo el que en sus predicadores como en sus in- 
dignos instrumentos obra, y sólo El es el que otorga el co- 
mienzo, el progreso y el perfeccionamiento a toda acción 
buena, sin tener en cuenta nuestros pecados e infidelida- 
des. Sus favores muéstranse visiblemente en esta ocasión, 
mi querido Padre; pues cuando menos lo pensábamos, Je- 
sús, amoroso, acaba de conceder paz completa a la Mi- 
sión; y ya no es necesario que V. R. suba a Fogán. El 
Chung-to ha dado contraorden a los madarines, para que 
éstos dejen de molestarnos; y de Fogán ha poco he reci- 
bido carta en que me dicen que los Padres han dejado ya 
sus escondites y vuelto a sus iglesias. El origen de esta 
mudanza, aparte la merced de Dios que así olvida nuestras 
ingratitudes, no sabemos cual haya sido. Dicen que si han 
venido de la Corte órdenes más benignas; que si la perse- 
cución fué una mala inteligencia del virrey; que si le hi- 
cieron algunos regalos, y le convencieron de que el empe- 
rador no tomaba con empeño en molestar a los adversa- 
rios de los ritos sínicos, asunto que no le preocupa seria- 
mente, dado que tiene concedido el libre culto de nuestra 
Santa Religión.» 

«En tan espirituales y cariñosas pláticas pasadon los 
dos religiosos juntos algunos días, hasta que el Bto. Sanz 
volvió a Emuy y de allí a Criuen-cheu, permaneciendo ora 
en esta ciudad, ora en las cristiandades de Chang-cheu, 
según lo exigían la necesidad de los cristianos y la conver- 
sión de los gentiles» (37). 



(36) s. Luc. XVII, 10. 

(37) Arias: Vida, pp. 248-252. 



70 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Aquella persecución fué una nube de verano, pues, como 
escribe el P. Muñoz, «pasadas esas contrariedades, ahora 
los Padres de nuestra Orden que están en Fokién perma- 
necen en sus Misiones quietos y con gran paz, predicando 
no sólo con libertad, sino casi en público, la palabra de 
Dios, sin que ningún mandarín u otra cualquier persona 
les injurie o moleste. ¡Ojalá que a esta próspera bonanza 
no siga alguna nueva tempestad!» (38). 

La causa de esta persecución fué atribuida por algunos 
misioneros riccistas a los sucesos que se siguieron por la 
conducta del P. Matheu en la ciudad de Changchow, de 
que ya dijimos. Así se lo escribieron los riccistas de Pekín 
a su Sr. Obispo, y éste se lo participó por carta al P. Cerú, 
Procurador de la Sagrada Congregación de la Propaganda 
en Cantón. 

De esta calumnia se defiende muy bien el P. Matheu en 
un magnífico alegato fechado el 1 de diciembre de 1719 (39). 
En él afirma que no pudo ser la causa de esta persecu- 
ción, pues a él le preguntó el mandarín de Changchow si 
tenía el piao a últimos de febrero o principios de marzo 
de 1719, y el Chung-to de Foochow había dado la orden 
de que se averiguase si había misioneros sin piao antes de 
octubre de 1718. Prueba lo mismo por dos cartas, que po- 
see, en las que se declara que la orden de Chung-to para 
hacer dicha inquisición fué anterior a lo sucedido en 
Changchow. Una de esas cartas es del Sr. Le Blanc, fecha- 
da en Hinghoa el 24 de septiembre de 1718, y la otra, del 
Sr. Ventallol, firmada en Chiangchow el 24 de abril de 1719. 
Además, antes de desterrarle, ya habían dado sentencia 
de destierro a otros. 



(38) Muñoz. Reí. No. 549. 

(39) Titúlase esta defensa: A los que el presente papel leyeren, 
Fr. rabio Matheu, de la Provincia del Ssmo. Rosario de Phihpinas, 
íie la Orden de Predicadores, missionario en el imperio de China. 
Salud y paz en el Señor. (El original en el APD.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



71 



La causa verdadera de esta persecución fué la envidia 
'de los riccistas, quienes desde Pekín movieron esta perse- 
cución contra los misioneros que no tenían el piao. Así lo 
afirma un gran mandarín, exaltado por el Emperador a 
miembro de uno de los Tribunales de Pekín, quien en 1710 
era Virrey, o Fu-iuen, de Cantón; el cual escribió una carta 
al Chung-to de Foochow, aconsejándole dejara de perseguir 
a los misioneros que no tenían el piao, pues al Emperador 
nada le importaba no le tuvieran, pues que todo procedía 
de las intrigas y envidia de algunos misioneros de Pe- 
kín (40). Y confirma esto el Rvmo. Sr. Ventallol en una 
carta dirigida al P. Muñoz, fechada el 4 de octubre de 1719, 
con estas palabras: «Las órdenes que hubo por acá (loqui- 
tur de provincia fokiensi) vinieron inmediatas de Pekín, 
y no tuvieron atinencia alguna con esa provincia, y acá 
dieron principio y, Deo juvante, acá se han marchitado, 
y consta a este Chung-to y a estos mandarines, confesán- 
dolo ellos mismos, que el origen de esto nace del che-tu 
(envidia) de los ministros jesuítas de la Corte; y por eso 
proceden por acá en su ejecución con toda frialdad» (41). 



(40) Acerca de esto escribe el P. Muñoz: «2. a vero persecutionis 
fokienáis causa, et quae magis verosimilis et majoribus nititur fun- 
damentos, est relatio communis christianorum fokiensis in tota illa 
provincia divulgata, in qua asseritur quod quidam magnus manda- 
rinus, qui erat exaltatus ab imperatore ad unum ex tribunalibus pe- 
kinensibus et anno 1710 erat Cantonis Pro-rex, vel Fu-iuen, hic 
autem cum certior esset effectus persecutionis in Fokien a mandarino 
illo magno Chung-to excitatae in omnes illos qui regium diploma non 
acceperant, scripsisse ex suo tribunali ad Chung-to fertur ; "noli, 
amice". Exmae., ita rigide persequi ac inveni adversus illos europaeos 
qui sunt in Fokien non habentes diploma, siquidem imperator de hoc 
jam parum aut nihil curat, et fere omnia proveniunt ex sollicitudine 
et invidia Patruum quorumdam qui sunt Pekini» (Reí. No. 546.) 

(41) Muñoz, ibíd.. N° 545. 



CAPITULO III 



LA MISION ANTES DE 1723 
I 

ESPLÉNDIDOS FRUTOS ESPIRITUALES 

El Señor había bendecido el trabajo de nuestros celosos 
misioneros. De no haber sobrevenido la terrible persecu- 
ción de 1723, no seria exajerado decir que la región tan 
poblada de Fogán se hubiera convertido de erial gentílico 
en frondoso vergel cristiano. 

Las Actas Capitulares de 1720 — y casi en iguales térmi- 
nos las de los años de 1716 a 1722 — , consignan con enco- 
miásticos términos la labor fructífera de nuestros misio- 
neros de China, cuando dicen: «Anunciamos que las Mi- 
siones de China, cuando son más perseguidas, tanto más 
florecen y producen mayores frutos.» (1) 

El P. Pablo Matheu escribía pocos meses antes de la 
persecución: «Nuestra cristiandad está florida en número 
y mérito, según que cabe en neófitos; pero en cuanto a 
fe, ut in pluribus, la tienen muy radicada y firme.» (2) 

«Son muchos los gentiles que se convierten y reciben 



(1) Acta Cap., t. II, p. 117. 

(2) Carta del 25 de noviembre de 1722, ms. orig. en el APD. 



74 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



el Bautismo; muchos los cristianos que dan ejemplo de 
una vida virtuosa, conforme a los más rígidos preceptos 
del Evangelio; los letrados cristianos aumentan; pueblos 
enteros son ya del dominio de Jesucristo. Y si bien el de- 
monio no ceja de poner obstáculos constantemente a la 
Obra del Señor, ya por denuncias a los mandarines genti- 
les, ya por la protervia de algunos ciegamente apegados 
a sus antiguos ritos idolátricos, la semilla de la fe crece y 
prospera, y son muchos y muy sazonados los frutos que se 
recogen todos los dias en los trojes del Señor» (3). 

El P. Oscott, en una de sus muchas relaciones, hablan- 
do del mucho trabajo que puso en estudiar la lengua de 
los naturales, dice que así «pudo luego enterderles y darse 
con libertad a la predicación; la cual prosperó el Señor de 
tal suerte, que en aquellos años pudo lavar con las aguas 
del bautismo a centenares de adultos de todos los estados. 
Tanto que en la iglesia antigua (la de la villa de Fogán) 
que era bastante capaz, ya no cabían. Lo mismo sucedía 
en la de las mujeres: no cabía en la antigua que te- 
nían» (4). 

«Jamás había llegado hasta aquel tiempo nuestra Mi- 
sión primitiva de Fukién al estado floreciente que presen- 
taba a la sazón su cristiandad. Quizá no existía en todo 
el imperio una grey tan numerosa, ni tal vez se practicaba 
la Religión de Jesucristo en ninguna otra provincia, o to- 
parquía, con más pureza de costumbres y de catolicidad 
en la doctrina cristiana» (5). 

«Eran tantos los cristianos, escribe el P. Oscott, y ios 
que cada día se convertían del paganismo a Dios en nues- 
tras cristiandades y Misiones, que fué necesario (sólo como 
sabe el Señor, movidos de su gloria y de la necesidad, por- 
que la iglesia que teníamos en la villa de Fogán, que aun- 



(3i Arias, Vida..., p. 229. 

(4) Oscott, Relación del 12 de mayo de 1733. en el APD. 
(5> Fonseca, Historia de la Provincia del Santísimo Rosario de la 
Orden de Predicadores, t. IV, p. 274. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



que antes era mediana, pero ya era pequeña, por el gran 
número de cristianos), derribar la antigua y levantar otra 
más capaz» (6). 

Y más adelante, lamentándose de los estragos causados 
por la persecución. « añade: 

«Nos quitaron 18 iglesias, sólo en lo que pertenece a la 
Iglesia de Fogán, que todas se llenaban de cristianos en 
las fiestas; y sin los muchos que están esparcidos por to- 
dos los lugares pertenecientes a dicha villa. En cuyo te- 
rritorio tenemos más de setenta graduados en sus letras 
sínicas, que son los nobles de China. Tenemos aldeas en- 
teras de cristianos, que no hay en toda China, según he 
oído y tengo por cierto. Otras 16 iglesias en lo restante de 
la provincia, que hacen en todas, sólo en la provincia de 
Fukién, 324 iglesias; sin contar las que teníamos también 
en dicha villa de Fogán en diferentes aldeas y orato- 
rios» (7). 

II 

ESTADÍSTICA AL COMENZAR LA PERSECUCIÓN DE 1723 

No hemos podido hallar datos concretos del número de 
cristianos que había al comenzar esta terrible persecu- 
ción. Mas por algunos documentos que poseemos podre- 
mos sacar el número aproximado. 

Al ser desterrados los misioneros de China en 1707, 
testifican los hermanos, PP. Francisco y Juan Caballero, 
que sólo en la ciudad de Funing y su jurisdicción, pasaban 
de cinco mil los cristianos (8). Añadidos a éstos los cristia- 
nos de las demás partes de Fukién, y los de las provin- 
cias de Kiangsi y Chekiang, debía subir su número a unos 



(6) Oscorr, Reí. de 1733. 

(7) Oscorr, Reí. de 1733. 

(8i A. P. D. Documento citado del 6 de julio de 1707. 



76 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



20.000. Pero habiendo quedado abandonados de los misio- 
reros por espacio de ocho años, porque sólo pudo perma- 
necer el Sr. Ventallol durante todo este tiempo, y el Padre 
Francisco Caballero por poco más de cinco años, al llegar 
los nuevos misioneros al campo del apostolado en 1715, de- 
bieron encontrar el número de cristianos reducido a unos 
12.000. Hacemos este cálculo teniendo en cuenta las per- 
secuciones que sufrieron, las muertes naturales que hubie- 
ra habido durante ese tiempo, las apostasías de muchos 
y reducción al riccismo de otros más; como sucedió con 
casi todos los de la antes lucida Misión de Chekiáng. 

Según una estadística original que tenemos a la vista, 
escrita por el P. Blas de Sierra, de los bautismos que había 
administrado en poco más de veinticuatro meses, o sea, 
desde el 5 de marzo de 1719 hasta el 17 de marzo de 
1721 (9), sube el número a 248 individuos, entre párvu- 
los y adultos, o sea a más de 10 bautizados por mes. Si, 
pues, contando el tiempo que cada uno de los 10 misio- 
neros que había en China cuando comenzó la persecu- 
ción de 1723, damos a cada uno a más de 10 bautizados 
cada mes (y alguno, como el P. Oscott, sin duda bautizó 
un número mayor), vendrán a resultar unos 8.000 nuevos 
cristianos bautizados; quienes, junto con los 12.000 que 
suponemos habían quedado de los antiguos, asciende el 
total a los 20.000 existentes cuando la expulsión de los mi- 
sioneros todos de China en 1707 (10). 



(9) Sierra, «Memoria que por orden de Ntro. P. e. Provincial 
Fr. Diego Sáenz, hago de los que tengo baptizados en esta Misión 
desde que vine a e/Za.» Ms. orig. en el A. P. D. 

(10) Incluímos en el número de los 10 misioneros al P. Pedro 
Muñoz, pues según se desprende de sus cartas y relaciones de la Mi- 
sión, trabajaba en las dos iglesias que tenía en Cantón (la de hombres 
y la de mujeres) y aun fuera de esa ciudad, mucho y con mucho 
fruto. Solamente en una ocasión, y fuera de aquella ciudad, confesó 
en 1717 a más de 50 personas, y bautizó a otras 20, entre adultos y 
párvulos. (M ñoz, Reí., mims. 474-476.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



77 



III 

SEGLARES APÓSTOLES 

La inteligente, sólida y fructífera labor de nuestros mi- 
sioneros puede verse reflejada en la vida pura e intensa- 
mente católica de algunos neófitos que vivieron por este 
tiempo, de los cuales nos habla el P. Oscott; quien hace 
notar que él sólo habla de los que estuvieron a su cargo 
pastoral, de manera que los demás misioneros formarían 
también tan buenos cristianos como los suyos. El P. Os- 
cott habla, por humildad, en tercera persona. 

Comienza así su relación este gran misionero: 

«Aunque el principal intento de esta narración sea el 
referir la durísima persecución que el tiempo de este em- 
perador Yun-chin ha padecido nuestra Misión y misione- 
ros, me pareció conveniente referir algunas cosas y casos 
que antes de dicha persecución acontecieron, para que, el 
que leyere, pueda en alguna manera saber cuál sea nues- 
tra Misión en China y qué ministros se requieren para cul- 
tivar la viña y ver cómo es distinto en mucho ésto de lo 
que alguno, que ignora lo de por acá, piensa, sólo cote- 
jando y discurriendo por lo que verá por allá en algunos 
de esta nación chinaica, quienes van a esas islas por sus 
intereses particulares; lo que no puede pasar en nuestra 
Misión, pues de ser cristiano se les siguen tantas y tan 
crueles persecuciones como en el decurso de esta narra- 
ción se notarán y a su tiempo se dirán. Ahora se dirán 
algunos casos que han acontecido en la paz de cinco años, 
que fué lo que vivió el padre de este emperador después 
que entré en China, y en tiempo que desde que yo entré 
en este imperio, que es del año 1718, hasta el corriente de 
323, pudimos predicar con alguna libertad el Santo Evan- 
gelio. 

»Puso este religioso (entiéndase el mismo P. Oscott) 
grande conato y esfuerzo con mucho rigor en que se su- 
piese la doctrina cristiana; lo cual es común semejante 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 

práctica, por la misericordia de Dios, en todos nuestros 
misioneros, que es la piedra fundamental de mantenerse 
en la fe y reformar las costumbres. 

»Había en este tiempo una cristiana, llamada Rosa, 
mujer de buen natural y entendida. Era nueva cristiana, 
pero con el rigor que ponía en aprender la doctrina cristia- 
na, fué ella penetrando muchas cosas que antes no sabía 
ni cuidaba, como después dijo al religioso. Comenzó a 
hacer limosnas muchas y continuas, dando de ordinario 
cera para el gasto de la iglesia de Nuestra Señora del Ro- 
sario de las mujeres; confesaba muy a menudo y con mu- 
chas lágrimas. Continuamente se lamentaba Rosa del tiem- 
po de su infidelidad; y del tiempo que había sido cristiana, 
no haberse dado a Dios por falta de conocimiento. Pedía 
a Dios la purificase bien en esta vida, y parece que el Se- 
ñor la oyó; pues se le crió en un pecho una apostema que 
por largo tiempo le causó vehementes dolores, de la cual 
murió. 

»Decía esta buena Rosa al misionero, cuando le veía, 
y él le preguntaba por su salud, que estimaba aquel cáncer 
o apostema mucho, que era penitencia que Dios le concedía 
para así satisfacer en algo sus culpas. Estas y otras razo- 
nes dejaban al misionero admirado y consolado. Viendo 
el talento de esta mujer, le dió el hábito de la Tercera Or- 
den con toda solemnidad en la iglesia de Nuestra Señora. 

»Tenía la buena Rosa dos hermanos y muchos sobri- 
nos en el estado de la infidelidad. Uno de ellos era sacer- 
dote de la secta de los Tao-chu, o hechiceros. Les predica- 
ba nuestra Rosa con mucho fervor enviándoles al dicho 
religioso para que les predicara. Se enteraron muy bien de 
las cosas de nuestra santa Ley y sus sacrosantos miste- 
rios; y estando algún tiempo catecúmenos, se bautizaron 
con alegría de todos los cristianos. El religioso hizo que 
todos los instrumentos que tenía el sacerdote, o tao-chu, 
para hacer diabluras, los arrojase de sí, lo cual hizo, aun- 
que le había costado bastante plata. Determinó dicho re- 
ligioso bautizar a éste en un día solemne, y le hizo decir 
delante de mucha gente, en alta voz, lo falso de su secta; 
lo cual hizo mucho provecho. Después le bautizó, y se llama 
Agustín; y su hermano, Manuel. Se bautizaron también 
todos los sobrinos de la buena Rosa. 

»Pero aún no pararon aquí las misericordias de Dios, 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



79- 



porque el religioso mandó a Rosa que fuese a su pueblo, 
que estaba bien lejos, y enseñase la doctrina a las cuñadas 
y mujeres de sus sobrinos, lo cual hizo muy alegre; y des- 
pués, yendo a aquel pueblo el P. Fr. Onofre Bas, los bau- 
tizó; y la Rosa, con mucha alegria, volvió a su casa con 
diversos manipulos adquiridos por sus muchos méritos. Y 
habiendo profesado nuestra Tercera Orden, y recibido con 
mucha devoción los Santos Sacramentos; y estando siem- 
pre a su lado, hasta que expiró, el dicho religioso, que co- 
nocia sus virtudes y talentos, y de todos los de casa, y aun 
todos los cristianos, le echaban mil bendiciones. Sus hi- 
jos, de quienes era madrastra, no la hallaron cosa, tenien- 
do ella para sí su renta, ni aún vestidos que ponerla des- 
pués de muerta, porque los había repartido en su enfer- 
medad a los pobres. Bendito sea Dios que de las duras pie- 
dras de la infidelidad saca hijos de Abraham.» 

«Entre los varones catacúmenos que venían a la iglesia, 
había un médico venido de otra ciudad. Este mortificaba 
siempre al religioso con nuevas y disparatadas dudas, con 
que el demonio le molestaba, acerca de la santa fe que que- 
ría recibir, y por eso se le detenía el bautismo. Jueves San- 
to, haciendo el religioso el oficio de lavar los pies pública- 
mente a algunos cristianos en la iglesia, causándole nove- 
dad y admiración el caso, comenzó a llorar y ponerse de 
rodillas delante del religioso, pidiendo el bautismo y di- 
ciendo que ya todas las dudas desechaba y que nuestra 
santa Ley era la verdadera. Causó admiración al religioso 
y a los circunstantes, y el religioso, aunque entonces no 
quiso, le defirió para dársele después de algún tiempo, y 
se llamó en el bautismo Sebastián. Era muy letrado y 
entendido, y perseveró y espero en Dios perseverará, pues 
en la primera persecución de este Emperador no quiso 
apostatar, siendo molestado del mandarín, al cual res- 
pondió: «Yo, señor, antes de recibir la santa Ley de los 
cristianos, tuve mucha oposición a ella; escudriñé bien 
sus cosas y su doctrina y hallé ser la verdadera. ¿Cómo yo 
ahora la podré dejar? De ningún modo lo haré.» El man- 
darín, enojado, le mandó quitar de su presencia. 

»Por este caso pueden conocer los que todo, o lo más, 
echan a políticas, y, porque no se escandalicen, conviene 
dejar muchas ceremonias de la santa Ley. Sepan viven 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



engañados, y quiera el Señor acaben de conocer que Jesús 
el mismo es hoy y ayer que en los siglos de los siglos.» 

«Había, entre otros, en este tiempo un catecúmeno 
que, aunque sabia la doctrina cristiana y por mucho tiem- 
po que se ejercitaba en guardar todos los preceptos de 
la santa Iglesia con mucho rigor y puntualidad, nunca se 
determinaba a recibir el santo bautismo, diciendo que era 
necesario para obra tan grande disponerse bien. El re- 
ligioso le educaba de todo, y, según sus escrúpulos, temía 
nunca llegase el tiempo de bautizarle. Pero, después de 
casi un año de catacúmeno, le bautizó con muchas espe- 
ranzas que sería buen cristiano. Este era oficial de labrar 
metales. Después que se bautizó, bautizó el religioso a su 
mujer y sus hijos, aunque eran niños; y sabiendo esto 
un hermano suyo y su madre, le tomaron tanto rencor y 
odio, que no le podían ver. En esto subió sobre el trono 
este Emperador Yun-ching, y al punto supo el mandarín, 
por soplo que le dieron, que el labrador de metales era 
cristiano (cuyo santo nombre es Juan). Hizo mucho por 
tenerle a las manos, y así le fué necesario, con su mujer 
e hijos, retirarse y ocultarse en un pueblo llamado Ku-pin, 
bien lejos de la villa adonde antes vivía. En este tiempo 
tuvo noticia cómo su madre, infiel, estaba enferma de 
peligro; aunque conocía la oposición de su madre a la 
santa Ley y el odio que le tenían sus parientes, y las dili- 
gencias que hacía el mandarín o Gobernador para coger- 
le, no obstante todo esto, se determinó, confiando en Dios, 
a subir oculto a la villa y ver a su madre, por si la podía 
reducir al estado de salvación. Llegó a su casa de noche, 
y como los de casa sabían que dicho Juan, antes de 
amanecer, era menester salirse huyendo, le dejaron solo 
con su madre, pues era la última vez que en este mundo 
se habían de ver. Supo hacer muy de veras su negocio 
y creyó firmemente todos los sacrosantos misterios que su 
hijo le predicó, y el mismo hijo Juan la bautizó, y, de allí 
a poco, expiró, y Juan se volvió muy contento al lugar 
adonde estaba escondido con su mujer e hijos. ¡Oh, cuán- 
tos caminos tiene el Señor para atraer a su rebaño la oveja 
descarriada! Sea bendito por todo.» 

«En un lugar cerca del pueblo de Ki-tung había una 
casa que era molestada por el demonio; de tal suerte, que 
sus habitantes no sabían qué hacerse, porque estaban lie- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



81 



nos de pavor. Vinieron a ver al dicho religioso. Les dijo 
que el remedio único era conocer el verdadero Señor y 
bautizarse. Quedaron en aprender la doctrina de todo 
corazón, y les dió el misionero una cruz que colocasen en 
su casa y venerasen, por la señal con que el enemigo 
queda vencido y el medio de nuestra redención. Lo hicie- 
ron asi, y se fué el diablo de aquella casa, quedando todos 
sus habitantes muy consolados; recibieron solemnemente 
el santo Bautismo el dia de San Pió V, y a entrambos les 
puso el religioso el nombre de Pío. Después de éstos se 
bautizaron todas las mujeres de su familia, que eran bas- 
tantes. Caro le costó al diablo la burla y la molestia de 
esta casa; lo pagó, como dicen, doblado. ¡Oh, quiera el 
Señor le dejemos siempre burlado en todos los casos que 
continuamente nos arma!» 

«Había en el pueblo de Nan-gan, distrito de Fogán, un 
infiel muy letrado del apellido Kuo; su grado era Ling- 
seng. Deseaba mucho tener hijos, que es lo primero en 
que los chinos ponen su mayor felicidad, de los cuatro 
principales, que son: hijos, hacienda, honra y vida larga. 
Tenía este letrado una mujer de vivo ingenio y animosa 
y mucho más diablera. Rezaba y veneraba a los ídolos en 
sumo grado sólo por tener hijos. Nada le sirvió, porque 
todo eran hijas, que en China, como no heredan, es cosa 
muy barata y de quienes no hacen la estimación debida. 
La disuadieron otras cristianas que no gastase el tiempo 
en cosas tan vanas, que los ídolos eran sólo un poco de 
barro hecho por mano de los hombres, o algunas imáge- 
nes de algunos perversos hombres y mujeres que vivieron 
en el mundo y después se condenaron; y no pudiéndose 
salvar a si a ayudar, ¿cómo podrán darte a ti. decían, 
lo que les pides? Venera al Señor que lo crió todo y todo 
lo gobierna. Y aunque los cristianos, si el Señor nos los 
da, le debemos dar las gracias, a las veces, por no saber 
enseñarlos, servimos para desdicha de sus vidas. Nuestra 
felicidad está en servir a nuestro Padre y Señor Dios, y 
después verle en la gloria y gozar de sus felicidades eter- 
nas. Esta y otra doctrina la enseñaron los cristianos, y 
que, si quería ser cristiana, no había de tomar el único 
motivo por tener hijos, que esos los da Dios a quien 
quiere. La buena mujer comenzó desde aquí a despreciar 
sus ídolos. Ya había hecho uno y puesto en el templo con 

6 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



los demás de tanta grosura, que, según la cabeza, pesaba-, 
muchas arrobas. Era la estatua de mujer, muy llena de 
perendengues; sin duda sería porque había parido mu- 
chos hijos y por eso le dedicaría sus veneraciones. De estas 
estatuas hay muchas en China, con muchos chiquitos- 
alrededor. 

»Este religioso ha sacado en el pueblo de Pe-sa, de la 
casa de un apóstata, una de éstas, y después la quemó, y 
los apóstatas se convirtieron, aunque no todos los de la 
casa. Aprendió en breve tiempo la doctrina cristiana, la 
bautizó en el pueblo de Ki-tung, adonde su marido pasó 
su habitación; se llama Rosa. 

»Después tuvo dos hijos varones, y una vez vino a la 
iglesia y dijo que tenía que hablar al religioso, y le dijo: 
«Yo, desde que me bauticé, tengo un desconsuelo en mi 
corazón, y es que no puedo sosegar hasta que saque aquel 
ídolo del templo adonde le puse y con mis propias manos 
le haga pedazos.» Le dijo el misionero religioso: «Mira, eso 
lo hiciste en tu infidelidad; de ese ídolo ya tiene posesión 
el pueblo; se puede temer, haciendo tu esto, hagan algún 
alboroto; haz que sepan que tú ya abominas de los ídolos 
y que eres cristiana.» Respondió: «No hay que temer, que 
en aquel lugar soy yo de las personas más honradas, y 
como es mío, y lo hice por mi plata, tengo yo el derecho 
de hacer de él lo que quisiere.» 

»Subió la nueva cristiana al lugar de Han-gan, llamó 
algunos cristianos del pueblo de Hia-yang, adonde tenía- 
mos iglesia, y queriendo traerse su ídolo, no pudieron mo- 
verle, porque pesaba muchas arrobas. Va la buena cris- 
tiana y le quita la cabeza y se la da a los cristianos para 
que la echen en el fuego, lo cual se hizo sin que dijese a 
Rosa alguno alguna cosa, porque la temían. 

»Su marido, el letrado, permanecía infiel, y el misio- 
nero disputaba de ordinario con él en su escuela, que era 
maestro. El decía que todo creía y abrazaba, pero no per- 
mitirle hacer la adoración a su infeliz Confucio, eso no lo 
podía sufrir. Que él permitía que toda su casa e hijos 
fuesen cristianos, pero él, por la razón arriba dicha, no 
lo podía ser. Así fué corriendo en su infidelidad por es- 
pacio de siete años, y, en el tiempo de la persecución, se 
bautizó. Fué este letrado, aunque infiel, amigo de los mi- 
sioneros y cosas de la santa Ley; sabía muy bien la doc- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



trina y sus misterios y, aunque no estaba bautizado, ha- 
blaba como cristiano. Vinole una recia enfermedad; fué 
de noche el dicho religioso, en compañia del P. Fr. Fran- 
cisco Serrano, a visitarle, porque de él no temian noticia 
los misioneros, antes procuraba ocultarlos; le dijo enca- 
recidamente se bautizase, que mirase lo que Dios le había 
esperado, que bien sabía cómo era malo pedir a un puro 
hombre bienes que no los pudo haber para sí, como es su 
desdichado filósofo maestro el Confucio. y más pésimo 
darle adoraciones, y que bien sabia eran tales, etc. Quedó 
el letrado aquella noche muy trocado. Le dijo el religioso 
que allí, en aquel pueblo, quedaba el P. Fr. Francisco Se- 
rrano, que le asistiría en todo; que a él le era necesario 
aquella noche saltar murallas de la villa por una nece- 
sidad y confesar a algunos. El P. Fr. Francisco Serrano, 
ya por entonces sabía hablar lo necesario y estaba allí. 
Otros cristianos le fueron a visitar algunas noches; ya el 
enfermo pedía con grandes instancias el santo bautismo 
y con muchos actos de amor de Dios. Le recibió de mano 
del P. Fr. Francisco, y él mismo dijo que se quería llamar 
José; y después, con mucha devoción, recibió la santa 
Extremaunción, y dice el dicho P. e. le causó mucha edi- 
ficación. Su mujer, pues, estuvo a su lado hasta que expiró, 
con mucho conocimiento y entero juicio, no cesando de 
hacer actos de amor de Dios; quien en todas sus cosas 
sea siempre alabado.» 

«Estaba el religioso prevenido y dispuesto un día para 
salir de su iglesia y subir al pueblo de Hia-yan a confesar 
a los cristianos de aquellas partes. Aquella noche antece- 
dente y la mañana que habia de salir, después de haber 
cenado, le dió gana de llamar unos cristianos que vivían 
junto a la iglesia, para ir un rato con ellos a su casa y ver 
su familia, que todos eran cristianos y gente muy prin- 
cipal y de afecto; en la cual casa habia tres viudas y de 
edad crecida, terceras de nuestra Orden, y su intención, 
por modo de recreo, hablar a los de la casa algún ejemplo 
y doctrina. Vienen Mateo y Marcos, dueños de dicha casa, 
para acompañarle en el camino. Al tiempo de pasar por 
una calle pequeña ve el religioso, atravesado en la calle, 
un gran bulto; acércase, y preguntó a los que le acom- 
pañaban qué cosa era aquello. Respondieron ser una mu- 
jer que. porque le había dado una enfermedad contagiosa, 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



los suyos la habían puesto y tirado en aquella calle, para 
que así muriese encima de un petate, negándola por suya. 
El religioso vió la mujer tendida con el rostro muy encen- 
dido; seria de edad de veintitantos años. Le causó gran 
lástima y compasión, aunque poco a los que le acompa- 
ñaban. Son los chinos de viles condiciones, sin misericor- 
dia y de crueles entrañas, y, adonde hallan interés, muy 
ajenos de piedad. Reprendió el religioso la impiedad de los 
padres de la enferma; tomó de aquí el tema para predi- 
car a los de la casa adonde había salido, con el intento 
arriba dicho. En aquella casa había fervorosos cristianos; 
les dijo que la caridad nos obligaba a socorrer a aquella 
desamparada enferma, y que la trajeran a su casa, que él 
pagaría el sustento. Respondieron los dueños que la en- 
fermedad era lepra, y así que no la podían de ningún 
modo traer a su casa; que el sustentarla era lo menos, 
como lo creía, porqut había allí caritativas y ricas muje- 
res. Dijo el religioso a una de las terceras, la más prin- 
cipal, y que vivía y comía aparte, que por la mañana 
llamase a un leproso cristiano y viese si la enfermedad 
de aquélla era lepra o no; y que, si no era, que la hiciese 
llevar a la iglesia de Nuestra Señora y que dijese a la 
Priora Inés, beata de la Tercera Orden, que cuidase en lo 
temporal de aquella enferma a costa del religioso y pro- 
curase con las otras de instruirla en la doctrina cristiana; 
y que si fuese leprosa, negociase que los cristianos leprosos 
la llevasen a sus casas. Y después se volvió el religioso a 
su iglesia. 

»Entraron en consulta aquellas piadosas mujeres y de- 
terminaron el traerla a su casa, asegurándose no ser le- 
pra, como de facto no lo era, la enfermedad de aquella 
doncella, sino unos cursos horribles, y que, si lo fuese, que 
Dios les libraría y los leprosos la verían. Y así, fué la más 
principal, llamada Lucía, que, como se ha dicho, tenia en 
su casa su apartado y cuartos, y ella misma la cargó en 
sus hombros y la trajo a su cuarto; la mudó todos los 
vestidos, poniéndole de los suyos propios. Otro día estaba 
la enferma tan mudada, que ni la mitad de la enferme- 
dad le había quedado. Vinieron los leprosos y vieron no 
ser lepra su enfermedad, y los dueños de la casa quedaron 
sosegados. Era la enferma, según refirieron los de la casa 
y que la vieron, aguda y de lindo entendimiento, agrade- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



85 



cida y no mal parecida. En breves días le enseñaron la 
doctrina cristiana, y se admiraban todos de la memoria 
y afectos con que tomaba el ser cristiana. Llamaba a su 
bienhechora madre y todo su bien, pues por ella conseguía 
el cielo y la asistencia y limpieza de su desdichado cuerpo. 
Alababa y engrandecía con palabras graciosas y de mu- 
cho fondo la santa Ley de Dios. Echaba mil bendiciones 
al religioso con lágrimas en sus ojos, deseando verle. De- 
cía que, en llegando al cielo, que sin duda sería luego 
después de recibir el bautismo, que lo primero que había 
de hacer rogar a Dios por el religioso y por su madre 
Lucía. Le volvió a apretar la enfermedad, y después de 
saber, con admiración de todos, toda la doctrina y rezo, 
como si fuera muy antigua cristiana, la bautizó el letrado 
Kuo Luis (no me acuerdo si se llama María); con la can- 
dela a su lado y el santo Cristo agarrado, hablando y ala- 
bando a Dios y su santa Ley, expiró en medio de muchos 
y quedó su cuerpo hermoso. El Luis contaba y no acababa 
de alabar a la nueva cristiana. Luego envió Lucía un 
propio al pueblo de Hia-yang, adonde estaba el religioso, 
a contarle de la feliz muerte de María. Fué de grande con- 
suelo para el religioso, y admiró y alabó las misericordias 
del Altísimo y sus inescrutables juicios y lo predicó a ios 
cristianos de aquel pueblo. ¡Oh, qué bien pudo decir Ma- 
ria: Mi padre y mi madre me han desamparado y arro- 
jado cruelmente a la calle, pero mi Señor me ha recibido 
y amparado! ¡Sea bendito para siempre!» 

«Yendo este religioso en una ocasión a predicar y co- 
rrer las aldeas, hizo noche en un lugar, ya arriba men- 
cionado, llamado Nan-gan, en donde sólo había un cris- 
tiano llamado Vicente, medianamente acomodado, con su 
mujer y dos hijas. Se fué el religioso con los que le acom- 
pañaban, que era un letrado que hacía de dóxico, y el 
ayudante de misa. En su casa vivía un hermano suyo con 
su mujer e hijos infieles. Luego se supo en todo el lugar; 
y como es gente tan curiosa, se llenó todo el portal, o 
ting, que llaman ellos, de gente. El religioso tomó la oca- 
sión y les predicó con el fervor que pudo. Vinieron dos 
letrados, uno de letras y otro de guerra. El primero, del 
apellido Chai, y el otro del apellido Kuo. Vinieron con 
mucha cortesía y con vestidos de uso. El religioso los re- 
cibió y correspondió como mejor pudo; y después de tomar 



.JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



cha, se entabló la predicación de la santa Ley. El letrado 
cristiano, compañero del religioso, estaba al lado, vivo en 
grande manera y hacía mucho. El letrado de letras, que 
llaman Vuen-tic, dijo que no había duda haber un solo 
Dios, y que creía bien en el misterio de nuestra Redención 
y que era digno de ser amado de Jesucristo, nuestro bien; 
y que si Dios le daba vida, deseaba ser cristiano, y que le 
diesen libros de la santa Ley para enterarse bien de tan 
buena doctrina, lo cual se hizo así. El de guerra dijo que 
la doctrina era buena, pero que ¿adonde el hombre tenía 
el alma? Se le pusieron las razones en contra, y respondió 
el letrado, ya nombrado de letras: ¿Y qué hombre hay 
que diga que el hombre no tiene alma racional? De otra 
suerte fuéramos como perros. Respondió el otro: «El que 
el señor maestro de la Ley de Dios tenga alma, yo lo 
creo; pero que yo la tenga no es cierto.» En su reclamo, 
le respondió el religioso: «¿Es posible que el señor le- 
trado diga tal cosa? Es imposible que yo tenga alma 
y que vuestra merced no la tenga? Y, al contrario, bien 
sabe el señor letrado que todos los hombres son de una 
especie: Ye-lui, como ellos dicen. Luego teniendo yo alma, 
la tiene también vuestra merced. Pongo por ejemplo una 
especie de perdices; si el una canta de esta suerte, el otra 
cantará del mismo modo; si no, ya no será de aquella 
especie de perdiz.» Eran muchos los que estaban presen- 
tes, y aplaudieron tanto el dicho del religioso, como si 
hubiera dicho la más alta teología. Y el cristiano letrado 
lo sabía ponderar más de lo necesario. De tal suerte fué, 
que se quedó el señor letrado muy avergonzado, lo cual 
sintió el religioso, y se fué así desarmando, y letrado in- 
fiel de letras, del apellido Chai, se hizo catecúmeno, y en- 
terado bien de los sacrosantos misterios y la santa doctri- 
na, fué el P. Pablo Mateo a bautizarle a su lugar y casa, 
y murió con muchas señales de predestinado, como des- 
pués afirmaba el dicho P. Fr. Pablo. Se llamó Pedro en 
el bautismo. Todos los de su casa, que eran muchos, se 
bautizaron, sino el hijo mayor. 

»Fué necesario detenerse en aquella casa de Vicente 
el dicho religioso para enseñar y bautizar a algunos que 
creyeron, entre los cuales fueron los dos hijos mayores del 
letrado que decía no haber alma, que estuvieron atentos 
a la disputa. Al menor le bautizaron, cerrado en un 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



87 



'cuarto y sin luz. por temor de los padres del muchacho 
no le maltratasen, y, aunque se hizo con tanta cautela, no 
fué tanta que su abuela, ochentona, no viniese con una 
voz amenazando a su nieto le habia de matar. Le dijo 
el Vicente que eso era negocio del nieto, que él no tenia 
parte; pero que supiese que decia el maestro de la santa 
Ley de Dios que, si venía, la habia de bautizar también 
a ella. Lo mismo fué oír esto la infeliz vieja que escapar, 
entendiendo llegaba a su cabeza ya el agua. Todo esto 
contaba con mucha sazón el cristiano Vicente, dueño de 
la casa. El mayor se bautizó por el religioso, aunque no 
en aquel lugar, en otro, adonde le fué siguiendo. Se llama 
Paulo, permanece buen cristiano y ha padecido mucho 
por eso de los suyos, y, principalmente, muchas blasfe- 
mias de su mujer. Hay ya hoy día en este lugar muchos 
cristianos. Quiera el Señor, que con tanta gracia los trajo 
a sí, con la misma los conserve. Sea siempre bendito.» 

«Iba el dicho religioso veces al año discurriendo por 
los lugares y pueblecitos para enseñar y confesar a los 
cristianos que estaban dispersos y serles difícil de ver al 
misionero y venir a los lugares donde hay iglesia, y prin- 
cipalmente las mujeres si resolvían subir un grande mon- 
te; como que si un pie resbala, a mucho peligro pone su 
vida, por ser aquel camino más poco andado. Verdadera- 
mente que en tales lugares sabe este religioso, por la 
experiencia, se hace con más facilidad más fruto que en 
los lugares grandes. 

»En este monte había un pueblo llamado Lin-teu, que 
quiere decir: lo alto, o la cabeza de la cuesta. Había un 
cristiano llamado Juan, hombre muy recto y sencillo y 
no de mal entendimiento. El religioso decía que Juan pa- 
recía a uno de aquellos honrados aldeanos de su tierra. 
Su mujer era de la misma suerte. Las expresiones que 
estos buenos montañeses de Lin-teu hicieron con el reli- 
gioso fueron grandes; no sabían qué hacerse los pobre- 
citos. Siendo así que ellos comían arroz medio colorado 
y basto, hacían para el religioso la mejor morisqueta que 
jamás había comido en China. Se pone esto aquí para que 
se vea que al que quiere por Dios trabajar, hasta entre 
los más montaraces, le asiste mejor la divina Providencia. 
Tanto le agradaron al religioso aquellos cristianos, que 
confiesa con toda verdad quisiera vivir con ellos. A este 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



lugar, desde que había subido a él el Padre presentado 
Fr. Francisco Caballero, hasta que fué este religioso, no 
había ido otro alguno. Tenía el buen Juan grande fami- 
lia, y todos los más sin bautizar y sin saber la doctrina 
cristiana, no por culpa de Juan, sino el ser ya sus hijos 
casados y ya tener nietos, y me decía no poder sujetarlos; 
y más quisiera el Juan verlos muertos que resfriados en 
el camino de la virtud. Lo que aquellos días se hacía en 
aquella casa era increíble. La noche la pasaba en blanco 
aprendiendo la doctrina y rezando rosarios. Tanto, que el 
religioso, aunque con consuelo suyo, no le dejaban dormir 
con sus ruidos. Se bautizaron once, parece, no contando 
los pequeños. 

»Venían los más del pueblecillo a porfía a preguntar la 
doctrina cristiana, y quiso el Señor, por un raro caso, 
confirmar aquellos montañeses. Había allí un barbero muy 
acosado por el demonio; de tal suerte, que le puso ya en, 
agonías de muerte, y cuanto más se valía de los bonzos, 
más le molestaba. Fué el dicho Juan, compadecido de él, 
en una ocasión a visitarle, y en estando ya casi sin alien- 
tos en la cama, le dijo: «Tú, si quieres verte libre de los 
demonios, reza el Credo.» El miserable barbero, aunque 
oyó bien los consejos de Juan, era difícil aprenderle en 
aquella ocasión, por hallerse tan postrado, y menos de 
aprender tanta doctrina como Juan le decía. Por fin, Juan 
se redujo a decirle: «Tú cree de todo corazón y promete 
a Dios que después de recibir el bautismo, que de esa. 
suerte, rezándote yo el Credo — que llaman ellos el rezo> 
de la santa Fe: Sin-te kin, o los doce artículos: Xi ni sin — ,. 
el demonio te dejará.» Cosa prodigiosa. Lo mismo fué el 
buen Juan ir rezando el Credo, que el barbero comenzó 
a tener fuerzas, resucitar por mejor decir. Viendo esto el 
Juan, prosiguió el multiplicar Credos, y el barbero en 
ponerse fuerte. Decía el barbero que después de esto le 
parecía ver al demonio en diversas tierras, pero a lo le- 
jos. Y después que dicho barbero aprendió el Credo y le 
rezaba, ya cobró perfecta salud; y aprendida muy bien 
la doctrina cristiana, le bautizó el religioso en la iglesia 
del pueblo de Hia-yang, que fué antes de haber subido a 
su pueblo. Y habiendo subido a él el barbero, llamado 
Domingo, era el catequista y el que ayudó mucho al re- 
ligioso. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



89 



»En tiempo de la más horrible persecución estuvo el 
P. Fr. Francisco Serrano oculto en la casa del dicho Juan 
aunque por soplo que hubo fué necesario luego mudarse 
a otra parte. El buen Juan murió como vivió, y que lo que 
tanto deseaba alcanzó, que era en aquel momento, tan 
difícil de ir, conseguir un ministro, y aunque en tiempo 
de la persecución fué de noche trepando a aquel monte, 
por las Pascuas de Reyes, el dicho religioso, y a la mitad 
del monte de verdad que ya le faltaba la respiración, y 
fué necesario que los hijos del buen Juan llevarle como 
medio muerto entre los brazos hasta casa de su padre el 
enfermo, todo quebrantado y sudado, sin tener donde re- 
fucilarse, porque ni aun el vino de misas había llevado, 
porque en aquel tiempo era difícil decir misa en aquella 
casa, ni había comodidad; y así el enfermo Juan se con- 
fesó generalmente, y con muchas ansias deseaba la sa- 
grada comunión; y así in veto la recibió; y también reci- 
bió en in re la santa Extremaunción; y de allí a unos días 
expiró el veré israelita in quo dolus non erat» (11). 

También nos hablan las Actas Capitulares de 1720 de 
seis cristianos de extraordinaria virtud muertos por aque- 
llos años. 

«Por este tiempo fallecieron en nuestra Misión seis fer- 
vorosos hermanos de la Tercera Orden de Penitencia,, 
cuyo dichoso tránsito fué de sumo consuelo al Beato Sanz 
y de gran edificación a todos los cristianos. Alegrías san- 
tas, flores de espiritual aroma, que aun en los bordes 
amargos y ateridos de la tumba hace Jesús brotar para 
bien de los predestinados. Triunfo y corona es la muerte 
para el siervo fiel que ha negociado los talentos recibidos 
de su Señor; y triunfo y solemnidad grande, a pesar de 
las lágrimas que la separación temporal arranca, fué el 
de los venerables catequistas José Chao, Pablo Mieu y Pe- 
dro Chin, y el de las ejemplarísimas Petronilla, Dominga 
Mieu y Dominga Chin, que forman el rico presente que 
la milicia dominicana envió al cielo en aquella sazón, 
como no lo dudaron cuantos las virtudes de todos ellos 



(11) Oscott, Relación de 1733. 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



tuvieron ocasión de experimentar, y a su salida de este 
mundo se hallaron presentes. 

»Del primero cuentan las Actas del Capítulo Provin- 
cial de 1720 que hasta la edad de sesenta años se ejercitó 
en el oficio de dóxico y fué parte para que muchos gentiles 
abrazaran nuestra santa fe. No podía pensar ni hablar 
de la pasión de Jesucristo nuestro bien sin prorrumpir en 
lágrimas, y hasta el Ultimo de sus instantes, como quien 
presto espera verle ya en la gloria, no cesó de invocar a 
su Redentor y dueño. 

»E1 segundo era letrado antiguo y había trabajado 
con gran afán en preparar la conversión de los infieles, 
ayudando a nuestros misioneros y defendiendo con su in- 
fluencia y su plata la causa de la religión ante los man- 
darines. Al morir, considerando que algunos parientes y 
criados suyos estaban tiernos en la fe cristiana, cogió el 
santo Crucifijo y no dejó de predicarles con gran fervor, 
hasta que la muerte, paralizándole la lengua, le llevó a 
cantar con los ángeles las excelencias de la religión que 
tanto había amado en la tierra. 

»Pedro Chin, también catequista septuagenario, de la 
ilustre familia de aquel famoso letrado Pedro de igual 
apellido, que por defender la religión murió a manos de 
gentiles durante la guerra de los tártaros, hizo compañía 
en su viaje a la bienaventuranza a aquella invicta heroína 
de la castidad virginal, a la penitente imitadora de Santa 
Rosa de Lima, gloria de la cristiandad de Foning, a la 
veneranda Petronila, madre y maestra de nuestras ter- 
ciarias de Fogán, que, después de sufrir muchos años toda 
clase de vejaciones, fué una de las primeras que en China 
ofreció a Dios el sacrificio de su propia integridad, con- 
sagrándose al Señor en el ejercicio de las más austeras 
virtudes» (12). 



(12 1 Arias, Vida.... pp. 233-234. 



CAPITULO rv 
YUNSCHING SUBE AL TRONO 



I 

MUERTE DE KANGHI. SU POLÍTICA RELIGIOSA 

Este gran monarca murió en' Tchang-tchoungyuen ei 20 
de diciembre de 1722 a la edad de sesenta y nueve años, 
seis meses y veinticinco días. Muy bien puede afirmarse 
que fué uno de los mejores emperadores, si no el mejor, 
que han regido el gran imperio de China. Nunca la Igle- 
sia Católica tuvo ocasión más propicia para enseñorearse 
de los corazones e inteligencia de los celestes durante el 
reinado de este gran gobernante. La malhadada cuestión 
de los ritos, que tantos disgustos le trajo, hizo fracasar tan 
bellas esperanzas, porque él siempre había mirado con bue- 
nos ojos la Religión Católica y si más de una vez se opuso 
a su expansión en su reino, fué debido a sus males con- 
sejeros. 

La última vez que se opuso — o hicieron que se opusie- 
ra — a los decretos del Papa, fué con motivo de la Embaja- 
da del Sr. Mazzabarba. Podría creer el lector que Kanghi 
fué enemigo y tuvo por sistema el oponerse a la autoridad 
del Papa en cuestiones religiosas dentro del imperio. Nada 
más lejos de la verdad. Kanghi en todas sus órdenes y con- 



92 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



ducta antirreligiosa fué movido, contra su voluntad, por 
los altos personajes de la Corte y éstos, a su vez, obraban 
instigados por los misioneros riccistas. Multitud de docu- 
mentos asi lo prueban, y el mismo Kanghi lo confesó más 
de una vez (1). 



(1) (Ex anno 1714). «Anno similiter 1714 ad finem anni Sinarum 
imperator Dominum ad se vocabit Petrinum secreto, et super Pontí- 
fices decretis sermonen instituens, dicit iHi : «Quare vester Papa de 
rebus sinicis non determinat? — Dominus Petrini respondit: Noster 
Pontifex de controversiis sinicis jam decrevit. — ¿Quid decrevit? — ait 
imperator.— Tune auten, Dominus Petrini illi retulit dúo illa decreta 
anno 1704 et ann. 1710. His relatis, affirmat Dominus Petrini, impe- 
ratoren nullam ostendisse displicentiam, sed potius addidit: Ego dixi 
Tolo (Emmo. Domino de Tournon), quos scriberet ad vestrum Papam, 
ut ad me omnium Religionum missionarios hábiles mittere; fortasse 
oblitus est. — Tune auten Dominus Petrini : Domine mi, ideo europaei 
omnium Religionum huc non adveniunt quia existimant vestram Ma- 
jestatem velle illos obligare ad sequendas Mathaei Ricci praxes, quas 
noster Pontilex suis decretis jam pridem damnavit. — Tune impera- 
tor ; tu ad Pontificen vestrum scribe se non f acile credere deberé 
quod dicitur, et ad illo nomine meo pete quod ad me nomines hábiles 
mittat, quos ego bene tractabo. 

«Dominus auten Petrini epistolam ad Pontificem ipse scripsit, quam 
statim imperatori tradidit legendam. Qua perlecta jussit ómnibus 
missionariis, ut eam subscriberent. Sed Patres Socieatis usi sunt man- 
darino Chao-chang, et omne quod continebatur in epístola immuta- 
verunt. Propterea aliam scripsit et imperatori tradidit legendam ; 
qui quidem jussit ut talem epistolam ad Pontiñcem mittendam cura- 
rent. Caeterum Patres Societatis et mandarínus Chao-chang immuta- 
tam ut antea, Romam per Tartariam misserunt. — Omnia supra dicta 
constant ex epístola Domini Petrini ad Revm. P. Magnum scriptam 
pense Novemb. 1715. Idem ecripsit Dominus Petrini ad Dominum Pe- 
trum de Arellano, Congregationis Oratorii Praepositum in México.» 
(P. Muñoz, Reí. cit., N.° 406.) 

(Una copia debidamente autorizada de la anterior carta del señor 
Petrini al señor don Pedro de Arellano, existe en el A. P. D., y con- 
firma lo dicho por el p. Muñoz, dando más copia de pormenores.) 

El mismo P. Muñoz, en la reí. cit. (ex anno 1716), N.° 451, escribe: 
«Sed ut refert P. Castoranus, et alii, omnes prefatae diligentiae ma- 
gis fuerunt ab imperatore executae, ut obsequium aliqualiter deferret 
suis mandarinis, quibus ad regni sui praesidum indiget, quam ut 
Ecclesiam, aut ejus sanctissima decreta, conviciis, aut contumeliis 
insectaretur. Imperator tándem ut morem aliquomodo gereret et man- 
darinis et europaeis, ut nullum sua prudentia et politica, relinqueret 
lapidem quod non moveret, dúos magnos mandarinos et áulicos ad 
Illmum. Dominum Pequinensem missit, et juxta materiam Constitu- 
tionis eum interrogar ent. Praefatus autem Illmus. Dominus veritatem 
decretalis et ejus existen tiam statim declaravit; sed mandarini ad 
imperatorem, ut dicitur, vel non detulerunt; et si ab eis fuit delata, 
immutata tamen omnino. ad hoc ut totum praejuditium Dni. Petrini 
recideret. Nihilominus, quomodocumque sit, imperator ultimo dixit : 
Hoc negotium jam est finitum; singulis singula sua scripta reddan- 
tur. Ad quae omnia sua Maj estas addidit : Nemo ex vestris non novit 
me adhuc neminem Christianorum a Sancta lege apostatare jusisse; 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



Kanghi, aunque ladino y muy pagado de sí mismo, era 
afecto a los europeos, de carácter pacífico y de inteligen- 
cia poco común. Con la Iglesia Católica había sido benig- 
no, y hasta había pasado por alto la falta de la observancia 
del piao a muchos misioneros. Conocedor del corazón hu - 
mano, disimuló la desobediencia de dicha patente, querien- 
do contentar así a los riccistas como a los contrarios. 

Con su muerte termina la influencia en Pekín de todos 
los misioneros, lo cual fué una bendición para la Iglesia 
china. A partir de esta fecha, la entrada de los misioneros 
en el palacio del emperador fué en muy contadas ocasio- 
nes. Y si por egoísmo y pura necesidad se admitía algún 
misionero al servicio del emperador, eran bien mezquina- 
mente retribuidos sus trabajos, y quedaban expuestos a 
no pocas humillaciones, deshonras y persecuciones. Los 
odios acumulados durante años contra los favoritos eu- 
ropeos del emperador, estallaron a la muerte de Kanghi. 
Los grandes Tribunales, sobre tcdo el de los Ritos — siem- 
pre enemigo de la Religión Cristiana — , resumían su polí- 
tica religiosa en estos dos principios: Prohibición de la 
estancia en China de todo misionero extranjero, y toleran- 
cia transitoria en Pekín de los que hicieran falta para ser- 
vicio del emperador. Y aun éstos, con la condición de que 
no hicieran prosélitos. Poco después estalló la terrible per- 
secución, de que más adelante hablaremos. 

Se extrañará el lector si afirmamos que esta mudanza 
de régimen, que trajo consigo tan duras persecuciones con- 
tra el cristianismo en esa nación, contribuyera en gran 
parte a salvar la Iglesia china de su ruina. De haber segui- 
do los sucesores de Kanghi la misma política de éste, hu- 



bene scitis me semper legem Dei in meo regno permisisse, ¿Quare 
ergo in rebus istis me ingerere compellitis? ¿Quare denique in talibus 
odiosis negotiis me illaqueatis?— Omnia praedicta constant ex episto- 
lis et relationibus Patrum Pequinensium.» 

Lo que afirma el P. Muñoz se puede ver también en diversas par- 
tes de la Relación del P. San Pedro. 



94 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



biera caído la Iglesia en la herejía o en el cisma. Privados 
del apoyo del emperador, los partidarios de los ritos se que- 
daron sin fuerza ni influencia alguna en la Corte. 

Así es que al advenimiento al trono de Yungching fué 
recibido con alegría por los misioneros opuestos a los ritos 
supersticiosos, a pesar de que sabían muy bien que habría 
de estallar una fiera persecución contra el nombre cris- 
tiano. 

M. Apiani, que por esta f echa estaba prisionero en Can- 
tón, escribía el 16 de octubre de 1723: «La gran estatua de 
Nabucodonosor, que los N. N. habían empleado véante 
años en construir, esto es, la gran máquina de intrigas y 
de mentiras que ellos habían construido en el espíritu de 
Kanghi, ha sido en un instante derribada por la mano de 
Dios Todopoderoso y reducida a cenizas por la muerte de 
dicho emperador.» 

Se ha hablado mucho de los sentimientos cristianos de 
Kanghi; y hasta se ha llegado a decir que, de haber sido 
permitidos los ritos chinos Kanghi hubiera sido para China 
un nuevo Constantino. Ganas de fantasear, porque para 
ello hubiera habido que contar con la gracia de Dios, y 
con la buena voluntad de Kanghi para recibirla. 

Según confesión de los misioneros que vivían cerca de 
su persona y de otros de aquel tiempo, «no pensó jamás 
seriamente (este emperador) en abrazar el cristianismo». 
Así lo afirman los PP. Laureati y Bouvet, S. J., que le co- 
nocían bien. «Inteligente, curioso, maligno y burlón, vani- 
doso y presuntuoso, Cheng-tesou (Kanghi) amaba las 
ciencias, y sobre todo, su persona» (2). En los mismos sen- 
timientos abundan otros escritores jesuítas y de otras Or- 
denes religiosas. 

En el tiempo en que expidió un edicto a favor de la to- 
lerancia del cristianismo, escribía este emperador en 16 



(2) Waeger, S. J. : Textes historiques, p. 2072. 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



95 



máximas del Santo Edicto (1671), que era como un testa- 
mento para sus sucesores: «VII. Deshonrad toda religión 
extranjera, con el fin de exaltar la doctrina ortodoxa» (la 
doctrina de Confusio) (3). 

«El emperador de China es ateo entre los ateos, idóla- 
tra entre los idólatras. En realidad, de verdad es más ateo 
que otra cosa... Hace profesión de la religión de los litera- 
tos. Me parece que en lo que menos piensa es en hacerse 
cristiano» (4). 

Basten estos textos acotados para conocer los senti- 
mientos que este emperador abrigaba hacia la religión cris- 
tiana. 

II 

CHINA AL SUBIR AL TRONO YUNSCHING. ATMÓSFERA CONTRA 
LA RELIGIÓN CATÓLICA 

A pesar del acertado y sabio gobierno de Kanghi, esta- 
ban todavía muy lejos los chinos de querer acatar volunta- 
riamente la autoridad de un emperador extranjero. Se re- 
belaron muchas veces contra él; y, aunque fueron aplasta- 
dos y rigurosamente castigados y sometidos, sus ansias de 
sacudir el yugo tártaro nunca quedaron extinguidas. Esta 
fué una de las causas del por qué Kanghi disimulaba y de- 
seaba tener relaciones amistosas con los misioneros ex- 
tranjeros, pertenecientes a diferentes naciones poderosas, 
para tenerlas por amigas, ya para que no se coaligaran 
con los enemigos de casa contra él, o ya para que le ayu- 
daran si en alguna ocasión necesitaba de su ayuda. 



(3» Chaubert: Souvenir chinois, p. 179. 

(4) Testimonio del Sr. D. Juan Francisco de Leonissa, OFM. — 
Abundan en las mismas opiniones : Le Comte, Nouveaux Memoires, 
t. II, p. 89: Cordier, Historie Genérale de la Chine, t. III, p. 338; 
A. Thomas, Histoire de la Mission de Peking, t. I, pp. 296-297, 302-304 ; 
Juan Bell d'Antermoney, Voyage de Russie en Asie, t. I, p. 323 ; 
P. San Pedro en las diversas partes de su Relación citada. 



96 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



La perspicacia de este gran diplomático le hizo ver tam- 
bién que, con el tiempo, China había de tener choques con 
países extranjeros. «Hay razones para recelarse — decía en 
1717 — de que China tenga con el tiempo colisiones con di- 
ferentes naciones del otro lado de los mares» (5). 

A la subida al trono de Yungching existían varias y po- 
derosas sociedades secretas enemigas de la dinastía rei- 
nante. No tardó una en declararse en franca rebelión, bajo 
su jefe Lo-pu, en Tsinchai, (Gobi), extendiéndose por una 
cuarta parte del imperio; si bien el general Nien aplastó a 
los 200.000 sublevados en poco tiempo. 

Otra, más formidable que la anterior, estalló en 1726 en 
las provincias de Kweichow, Yunnan y Szuchuang, y aun- 
que sofocada, reapareció en 1735 ,para ser aplastada en el 
reinado siguiente (6). 

Hemos de recordar también que la acusación de Kiemao 
contra los misioneros, a pesar de haberse probado ser fal- 
sa, predispuso los ánimos de los chinos contra los europeos, 
temerosos desde muy antiguo de que éstos invadieran 
China. 

El ánimo del emperador estaba inquieto y temeroso al 
ver peligros, reales o imaginarios, para su trono, tanto den- 
tro como fuera del imperio. No es extraño que tuviese a 
los misioneros como potenciales enemigos de su trono y los 
mirara con desconfianza. Mas no es esto sólo. 

Su padre Kanghi, a pesar de sus defectos e intromisio- 
nes frecuentes en cuestiones religiosas, favoreció en más 
de una ocasión la Religión Cristiana, y admitió a algunos 
misioneros al servicio de su Corte, dándoles altos puestos. 

Como en 1664, el ascendiente de los misioneros había 
suscitado la envidia y odio de los magnates chinos contra 
ellos; envidia y odio que habían de traducirse con el tiem- 



(5> Herbert H. Gowen and Josef Gashington Hall: One Outli- 
ne History of China, p. 209. 
(6) Ibíd., pp. 210-212. 




El Emperador K'Ang-Hi tolerante con los mi- 
sioneros católicos en China. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



97 



po en una devastadora persecución contra todos los misio- 
neros y cristianos del imperio en tiempo de Yungtching. A 
esto hay que añadir la cuestión de los ritos chinos, que 
habia traído muchos disgustos a Kanghi, padre del nuevo 
emperador. 

No hemos de omitir las intrigas habidas entre los hijos 
de Kanghi en su rivalidad para heredar el trono de su pa- 
dre. Y, lo que es más grave, que en esas intrigas estaba me- 
tido un misionero extranjero. Lo cual, descubierto, fué el 
fulminante que hizo estallar tan terrible persecución con- 
tra la Religión Cristiana. 

«No fué Zunchin (Yungtching) admitido al trono hasta 
que admitió un gran número de cartas, o memoriales, 
contra los predicadores envangélicos, acusándola (a la re- 
ligión católica) de destructora de las leyes fundamentales 
del Imperio y de perturbación de la paz y tranquilidad. 

»Esos memoriales, unidos a la prevención en que esta- 
ba este principe de que el Emperador su padre habia 
perdido mucho de su reputación por su condescendencia 
en permitir a los europeos se estableciesen en todas las 
provincias, lo indispusieron de tal modo contra los cris- 
tianos, que no esperaban más que una ocasión o coyuntu- 
ra para expelerlos de sus estados; y se le ocurrió, o ofreció, 
bien presto» (7). 

Apenas Yungtching tomó las riendas del gobierno de la 
nación, hizo saber a los jesuítas de la Corte — que le habían 
preguntado si dos nuevos misioneros que habían llegado 
debían permanecer en Pekín, o si habían de hacer uso del 
piao para poder misionar — , que él no quería mezclarse para 
nada en los fastidiosos negocios de los europeos (8). 

El décimo tercer hermano del emperador se les expre- 
só aun con mayor claridad: «Durante todo el tiempo que 



(7i A. P. D. Documento anónimo, t. 48, f. 115. 

(8) M. Ripa, Diario... : A Thomas, Histoire, t. I, p. 309. 



7 



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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



duraron vuestras disputas (las de los ritos) reparad que- 
sesgo tomaron las cosas. Cuántas penas, cuántas fatigas - 
han causado a mi padre. El emperador, mi hermano, quiere 
a todo trance poner fin a todo esto de manera eficaz» (9) 
Lo que con otras palabras quiere decir: que para el nueve 
emperador serian iguales impugnadores que sostenedores 
de los ritos. 

Uno de los primeros actos de justicia del nuevo empera- 
dor fué castigar a Tchao-tchang, que habia servido de ins- 
trumento de los manejos de los partidarios de los ritos. Y» 
éste se atribuyen el fracaso de las legaciones pontificias. 
Mas la causa principal de su condena fué por la parte que 
tomó en el complot en favor del noveno hermano de Yungt- 
ching. Cargado de cadenas y de pesada canga, y despoja- 
do de sus mujeres, hijos y hacienda, murió en la mayor mi- 
seria; aunque tuvo la gracia de morir bautizado (10). 

En una ocasión dijo Yungtching a los misioneros: «Vos- 
otros queréis que todos los chinos se hagan cristianos, y, en. 
efecto, vuestro credo exige esto. Lo sé muy bien, pero en 
este caso ¿qué sería de nosotros? ¿No seríamos nosotros 
muy pronto subditos de vuestros reyes?» (11); 

III 

CONJURA DEL NOVENO PRÍNCIPE Y EL P. MORÓN 

Predispuesto el ánimo del emperador contra los extran- 
jeros y su religión, vino a aumentarse esta antipatía, que 
llegó en él a verdadero odio, al descubrirse la conjuración, 
para destronarle y poner en su lugar a su noveno hermano. 



(9) Letres Ecli/iantes..., t. XXX; A. Thomas, Histoire..., t. I. pá- 
gina 309. 

(10) Pedrini, carta del 16 de octubre de 1723; A Thomas, HistoU 
re..., t. I. p. 310. 

(11) Herbert H. Gowen, One Autline, pp. 213-214. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



Entre los cómplices estaba el misionero riccista P. Juan 
Morón, que otros apellidan Mourao y también Morao. Fué 
intimo amigo del desventurado Tchao-tchang y del no me- 
nos desventurado noveno hermano del emperador reinan- 
te, principe libertino y ambicioso, que se servía del P. Mo- 
rón para persuadir a su padre a que le dejara a él por he- 
redero del trono, propuesta que Kanghi rechazó con in- 
dignación (12). 

«Estando yo en Cantón, en una visita que, entre otras, 
hice al limo, y Rvmo. Sr. D. Manuel, franciscano portu- 
gués, Obispo de Nanking. me refirió su Ilustrisima io 
siguiente: Antes que muriese el Kanghi, estando un día en 
Palacio el P. Morón y otros Padres jesuítas, y otros man- 
darines, trataron de sucesor en el Imperio. Hubo quien 
decía de que tal hijo del Emperador era a propósito, etc. 
Entre los mandarines hubo uno que dijo que el cuarto 
hijo, que es el que al presente reina, y lo alabó mucho. 
Entonces, el P. Morón dijo que el cuarto régulo era inca- 
paz, inepto, para gobernar el Imperio; y empezó a en- 
salzar el nono régulo, y que éste era el que merecía suce- 
der a su padre en el Imperio. Los otros Padres jesuítas 
que lo vieron, lo sintieron mucho, y no hablaron palabra; 
y vueltos a su iglesia, dijeron al P. Morón: «Hombre, ¡qué 
has dicho! ¡Te has cortado la cabeza!» Y me dijo su 
Ilustrisima que esto lo sabía porque los Padres jesuítas 
de Pekín habían escrito» (13). 

Ciego el P. Morón con su idea, pasó a Koui-houa-tcheng, 
al otro lado de la Gran Muralla, con objeto de persuadir cu 
general de las tropas la conveniencia de elevar al trono el 
noveno príncipe. Prometióle dicho general que a su tiempo 
le daría pruebas de su aprecio hacia dicho príncipe. 

Por mayo de 1722 pasó el P. Morón a Cantón y Macao, 
y ya se había hecho con ricos presentes para el emperador 



(12) Maílla, Histoire de la Chine, Aneedotes; Ripa, Diario... ; 
A. Thomas, Histoire..., t. I. pp. 310-311. 

(13) Sierra, Reí. del 6 de marzo de 1730. 



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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Kanghi, cuando tuvo noticia de su muerte. Sus amigos de 
Pekín le aconsejaron no volviese a la Corte, donde se ha- 
bían dado órdenes de prisión contra Tchao-tchang, contra 
el noveno príncipe y contra los amigos de éste. El P. Morón, 
que ya iba de vuelta, no escuchó tan prudentes conse- 
jos (14). A fines de marzo llegaba a Pekín, entregando al 
nuevo emperador los regalos adquiridos para su difunto 
padre (15). 

Inesperadamente, el 3 de abril de 1723 fué llamado el 
P. Morón a palacio por orden del emperador. Su décimo 
tercero hermano le declaró arrestado, y le intimó la orden 
de ir a reunirse con el ejército que peleaba contra los des- 
cendientes de Tamerlán. 

La sorpresa desagradable para el P. Morón fué enorme. 
Mas viéndose precisado a cumplir con la orden recibida, el 
5 de abril partía en compañía del noveno príncipe para su 
destierro. A pocas jornadas recibieron orden del empera- 
dor de que se les separase. Al llegar a Sining, término de 
su viaje, y lugar señalado para su destierro, fueron los dos 
puestos en la misma cárcel en habitaciones separadas; mas 
llegaron a poder comunicarse por medio de una abertura 
que practicaron en el muro. Los dos continuaron discutien- 
do sus abortados planes, lo cual, sabido por el emperador, 



(14) «Antes que muriese Kanghi, vino el P. Morón a Cantón para 
enterrar al P. Probana, jesuíta. También vino en su compañía el 
Sr. Gallarde, italiano, cirujano, el cual vino a China con el Sr. Pa- 
triarca Alejandrino. Enterrado ya el P. Probana, el P. Morón se 
volvió a Peking, y envió delante de sí al Sr. Gallarde con una carta 
para el Kanghi. En el camino tuvo la noticia de la muerte del Kanghi 
y del ascenso al trono de su cuarto hijo, a quien el Padre había 
ofendido, como queda arriba dicho. Como lo cogió esta noticia ya 
en camino, no pudo menos de proseguir su viaje, y envió gente que 
diese alcance al Sr. Gallarde y suprimiese la carta y de ningún modo 
la entregara al nuevo emperador Yung-ching. No se le ocultó esta 
diligencia ni lo de la carta a Yung-ching, pues lo supo e inquirió de 
ella, mas ellos tuvieron trazas para ocultarla ; y, por ñn, no la pudo 
haber Yung-ching en sus manos. De lo que contenía dicha carta oí 
decir que el P. Morón intentaba alcanzar del Kanghi que todos los 
navios de Europa, que venían a comerciar a la China, diesen fondo 
en Macao, y no en otro puerto de este reino.» (Sierra, Reí.) 

(15) Maílla, Histoire . . . ; Ripa, Diario... ; A. Thomas, Histoire... 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



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les mandó llamar a Pekín en la primavera de 1725, para 
ser allí definitivamente juzgados. 

Por mayo de 1736 volvía el P. Morón a Pekín cargado de 
cadenas, siendo encarcelado e incomunicado. Por dos o tres 
veces fué sometido al terrible suplicio de los tobillos, con- 
fesando, por último, su culpa. Sus declaraciones fueron pu- 
blicadas en la Gazeta de Pekín del 22 de la VI. a luna, IV 
año de Yunghing, esto es. el 21 de julio de 1726 (16). 



(16) Parte de las declaraciones que publicó la Gaceta de Pekín 
las transcribe el P. Sierra. «Tengo parte, escribe el P. Siena, del de- 
creto, o edicto, que se colgó en Fogán, de la confesión que hizo el 
P. Morón en sus tormentos; y dice así el emperador: «1.° Yunti (es 
nombre de un historiador del Kanghi» cuando fué al ejército (ad 
castra), Sezume (nombre del nono régulo, o como dice el P. Perenin, 
jesuíta, en el libro Litterae edificantes, nono ago), secretamente pac- 
tó con él. cuando el santo cuerpo del santo abuelo emperador (Kanghi) 
está falto de salud, al instante envían hombres que venga con toda 
velocidad a dar la nueva a esta plaza de armas, para cómodamente 
conferir y determinar. Esto Chin-tao-hen (es nombre de un mandarín) 
y Mo-kin-yuen (es nombre sínico del P. Morón) lo han confesado 
claramente, y todos también lo saben. 

»2.° A todas sus maldades (scilicet. del nono régulo i he aguan- 
tado que él mismo se enmiende y se renueve. Okyno (nombre de otro 
hijo del Kanghi) tampoco se ha movido a arrepentimiento, sino que 
escribió una carta a Yun-ki (nombre de otro nieto del kanghi), y 
en ella le dice : «del negocio, la ocasión perdida ; pensar el arrepen- 
timiento, ya es tarde (o no sirve)». El papel o pincel de semejantes 
palabras de rebelión lle?ó a manos del mandarín Yun-chuy (nombre 
de otro nieto del Kanghi), el cual cogió esta carta en casa de Yun-ky ; 
y habiéndolo sabido Sezume, dijo a Mo-ki-yuen : «Yo. al principio 
pacté con él, que habiendo leído las cartas y billetes, al punto se 
quemen». Como únicamente han detenido esta carta, y también de- 
jádola caer en manos de otro hombre. Estas palabras de Sezume 
también lo saben todos. 

»3.° Al principio de llegado a Sining (es el lugar de su destierro), 
Mo-kin-yuen se temía que después lo mudasen y echasen fuera del 
Gran Muro, y lo dijo Sezume; y Sezume le dijo: «tú no lo entien- 
des, cuanto más lejos, tanto más mejor». Esto es claramente manifes- 
tar su corazón pertinaz de rebelión. Y esto también lo saben todos. 

»4.° Estando en Sining, en la pared de atrás de su habitación, 
hizo un agujero para con el europeo Mokin-yuen comunicarse por él, 
yendo y viniendo a conferir, trazar y determinar sus ardides secretos. 
Esto también lo' saben todos. 

»5.° Además, ordenó a Mo-kin-yuen que buscase hombre que 
abriese tienda, para más cómodamente poner primero en ella las 
nuevas y cosas que trajesen de la Corte ; y de allí poco a poco secre- 
tamente llevarlas al lugar de Sezume. ¿Para qué sirven estas trazas 
secretas? Esto también lo saben todos. 

»6.° Sezume. además, dijo a Mo-kin-yuen. diciendo : «Anteayer 
vino un hombre con una carta y llamó a mi eunuco que me la diese ; 



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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Poco más tarde fueron juzgados Mo-kin-yuen y Se-sou- 
ke (nombre tártaro del príncipe conspirador). El P. Morón, 
según la sentencia, debia ser descuartizado (17). 

Los hermanos de hábito del P. Morón en Pekin, vién- 
dose perdidos, fueron todos al emperador a pedirle perdón 
para el P. Morón; a la vez que le declararon culpable y eno- 
jándose contra él por haber tomado parte en la conjura- 
ción, lo que hizo, decían, contra la voluntad de los demás. 
Que ellos no habían tomado parte en nada con respecto i 
la conjuración. Pedían, además, al emperador, les permi- 
tiese seguir en su servicio. 

La respuesta del emperador fué vaga. Había ya forma- 
do la resolución de echar fuera de todos sus estados a todos 
los misioneros. 

La pena de muerte alcanzó también al general tártaro 
de Kuoi-hoa-tchang por no haber denunciado al P. Morón 
cuando éste fué a proponerle la subida al trono del noveno 
príncipe, siendo ejecutado con gran pesar de todos los de 
la Corte (18). 



en ella está escrito que los vasallos de las dos provincias Xan-sy y 
Xen-sy dicen que yo soy bueno y también dicen palabras compasivas 
de mis grandes penas. Yo al punto envié a uno que volviese esta 
carta». Además, le dije, scilicet al P. Morón : «Mis hermanos no tie- 
nen razón para gobernar el imperio». Entonces Mo-kin-yuen acon- 
sejó a Sezume que se prendiese a aquel hombre y lo entregasen a 
Chu-chuang tnombre de un mandarín). Sezume respondió; «Pren- 
der a este hombre y entregarlo a Chu-chung, es hacerle grande in- 
juria». Sezume corporalmente está encarcelado, sin autoridad, sin 
fuerzas y sin hombre bajo de su mando. Con todo eso aun dice que 
no tengo razón en gobernar el imperio, y todo el día lo pasa en 
pensar, sin dejarlo de la memoria, en querer gobernar el imperio. 
Este pensamiento lo ha perfectamente enfatuado ; hasta hoy atro- 
pelladamente con la boca y el corazón totalmente persevera pertinaz 
en su rebeldía. Esto también lo saben todos. 

»Los sobredichos capítulos son palabras que todos los magistrados 
lo saben, y Chin-tao-ien, Otu (nombre de otro mandarín) y Mo-kin- 
yuen. todos tres los han confesado. Los demás capítulos que de las 
maldades de Okymo y de los otros, han confesado, son tantos, que 
son inescribíbles e inexplicables.» (Sierra, Relación del 6 de marzo 
de 1730, en el A. P. D.) 

(17) Vicie, Apéndice primero. 

(18) A. Thomas, Histoire..., t. I, págs. 313-314. P. Maílla, Historie... 
(1775). pág. 432. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



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Volviendo a la cuestión del P. Morón, los misioneros de 
.Pekín trabajaron con todo ahinco para librarle de la muer- 
.te. Entre otras cosas, consiguieron que el rey de Portugal 
enviara un embajador, D. Alejandñro Mételo Souza y Me- 
neses, que no pudo hacer nada por estar ya muy adelanta- 
da la causa. 

El P. Morón había sido remitido de nuevo a Sining, y en 
su prisión recibió la muerte. Se le permitía, como una gra- 
cia, el suicidarse, si no quería morir en manos del verdugo. 
El P. Morón les hizo saber que la ley cristiana prohibía el 
suicidio. Sin embargo, los encargados de hacer cumplir la 
sentencia dejaron en manos del ajusticiado un activo ve- 
neno, una cuerda con que podía estrangularse, y una na- 
vaja con la cual pudiese contarse el cuello. Y, marchándo- 
se, dejaron al reo en libertad para que escogiera el instru- 
mento de su muerte. Habiendo entrado otra vez después de 
dos horas, y viendo que no se había quitado la vida, el ver- 
dugo le estranguló con una cuerda, mientras el ajusticiado 
sostenía el Crucifijo en sus manos. 

El cuerpo del desventurado Morón fué quemado, las ce- 
nizas arrojadas al viento y la cabeza, separada del tronco, 
fué expuesta a la vista del público, para que tean terrible 
castigo sirviera de general escarmiento (19). 

Hemos traído estos lamentables sucesos para señalar la 



í 19 • P. Ripa, Diario, Anecdotes..., t. V. págs. 95-100. Id. A. Tho- 
mas, Histoire, págs. 314-315. — La muerte del p. Morón había sido pro- 
fetizada por el Hermano Brocard, S. J. En la Memoria del Sr. Secre- 
tario de la Propaganda, núm. 395. se lee : «Este religioso (el Hno. Bro- 
card) gozaba dentro de la Compañía de gran reputación de virtud, 
como lo atestiguan en 1719 los Padres Ceru y Perroni en su declara- 
ción enviada a la S. C. de la Propaganda.» 

«Viendo la conducta de los Padres de Pekín, no pudo menos de re- 
velar a M. Ripa las dificultades y los escándalos que él sabía. Hablan- 
do especialmente del P Morón, dijo ; "que este Padre era el origen y 
la causa de estos males.... el origen y la causa de esta Persecución 
contra los misioneros fieles a las órdenes de Roma, por lo que será 
castigado ¡ debe morir. El Señor no le dejará sin castigo ; y si vive, 
no pasará de cinco años." Esto es lo que fué declarado en detalle en 
la relación jurada enviada a la S. Consregación por el M. Ripa en 
1716 (¿1726?i» (A. Thomas, Histoire..., pág. 315. 



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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



causa principal de la persecución que se siguió a la cris- 
tiandad china, que no había de terminar hasta la muerte 
de este emperador, y aun podíamos decir que le sobrevivió, 
como a su tiempo veremos. Veremos igualmente que, a pe- 
sar de hechos tan graves causantes de dicha persecución, 
cómo los hermanos de Morón han de tener la osadía de 
afirmar hasta por escrito, que la causa de dicha persecu- 
ción había sido por la erección de una iglesia en la villa 
de Fogán. A fuer de justos, hemos de decir que en la muer- 
te del P. Morón no hubo injusticia, y que su reprobable con- 
ducta acabó de confirmar en la mente de los chinos que la 
estancia de los europeos en China les era perjudicial, in- 
cluso para consei'var la independencia de su nación. No he- 
mos de sorprendernos, pues, que se siguiera la persecución. 



IV 

CAUSAS DE UNA TERRIBLE PERSECUCIÓN 

Como en el capítulo siguiente veremos, esta persecución, 
fué una gran sorpresa para nuestros misioneros. Ningún 
motivo habían dado para ello. Por otra Uparte, se llevaban 
muy bien con los gentiles y autoridades y eran ellos y sus 
cristianos estimados y respetados por todos. 

Desorientados así los misioneros por no conocer la cau- 
sa, culpaban a la mala voluntad del mandarín de la villa 
de Fogán y al virrey de Foochow, que eran sus inmediatos 
perseguidores. Escribía el P. Oscott (20): «Tampoco sé 
cómo los mandarines superiores proceden con tanto rigor 
no habiendo de la Corte cosa alguna» (21). 

Y suponiendo que dicha persecución procedía origina- 



do) El apellido de este misionero termina en e, así: Oseóte; mas 
él, en sus cartas, casi siempre le hace terminar en tt. 
(21) Reí. del 15 de julio de 1726. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



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riamente del virrey, el mismo P. Oscott escribe al P. Pedro 
Muñoz a Cantón para que se viera con el gobernador de 
aquella provincia, y le rogara escribiese al virrey de Foo- 
chow pidiéndole dejara de perseguir a la Misión de Fu- 
kién (22). 

También escribieron nuestros misioneros al P. Laurea- 
ti, S. J., invitándole a que pasara a Foochow y pidiera al 
Chung-to expidiera un decreto a favor de la Religión Cris- 
tiana, y así cesara la persecución (23). El P. Laureti, «por 
sus diplomas tenía comunicación con los mandarines» (24); 
y, por lo tanto, mucha autoridad. 

Mas no se tardó mucho tiempo en conocer la causa de 
tan terrible persecución. Ya dijimos que los cuatro cristia- 
nos literatos que habían ido a Foochow a principios de 
la persecución, supieron que ésta había sido ordenada des- 
de Pekín. Lo mismo les contestó el P. Laureti (25). 

Noticias aun más precisas del origen de esta persecu- 
ción las obtuvieron poco más tarde. E. P. Sierra escribe: 



(22) Ibid. 

(23) Escribía el P. Sierra: «M. R. P. Ju. Laureati : Mucho me 
alegraré q. estas dos letras hallen con salud a V. P., a cuya disposición 
pongo la q. me asiste con todo afecto. Día 25 por la noche del mes 
próximo passado de junio, tuve noticia cómo había llegado a la villa 
de Fogan un decreto del Chung-to de esta Prov.a en que prohibe ntra. 
s.ta Ley ; y que el Hien-kuong fué dicha noche a la iglesia y lo dijo 
a algunos cristianos. No soy más largo en esta materia por no ser 
molesto ; y assí me remito á los informes del P. Vico Prov.l Fr. Joa- 
kin Royo y de los portadores de esta. Espero en Dios q. conseguiremos 
la victoria de ntros. enemigos con los SS. sacrificios y fervorosas ora- 
ciones e intercesión de V. P. de q. nos favorezca ; tomando por Jesús, 
q. tanto padeció p.r nosotros, el trabajo de venir a la Metrópoli desta 
Prov.a y agenciar con el Chung-to en q. expida otro decreto en honra 
y gloria de Dios, el qual g. de a V. P. m.s a s con salud en su gracia. — 
De Moyang, y julio 9 de 1723.» 

(24) P. Oscott, Reí. del 9 de enero de 1726. 

(25) Ibid. También se lee en esta relación: «Convidando nosotros 
al P. Laureati. de la Compañía de jesús. Visitador, puesto que por sus 
diplomas tenía comunicación con los mandarines, nos viniese ayudar : 
no lo hizo, y dijo a los cristianos que fueron a este negocio que esta 
persecución venia de la Corte, y no de nuestros cristianos ; y después 
vimos una carta suya que nos envió el P. Tomás de la Cruz, de la 
misma Compañía, donde decía el modo cómo juzgaba había venido 
la persecución de Cham-pung-ke, magnate que había hablado en la 
Corte acerca de esto para informar al emperador.» 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



«Tengo escrito a la Providencia sobre esto, lo primero: 
1.°, que los Padres, el P. Juan Laureati, el P. Bayarde, el 
P. Simoneli, y añado ahora también el P. Sa, todos je- 
suítas, me dijeron, scilicet, que esta persecución nacía del 
mal corazón del Emperador y que el Chung-to de esta 
provincia de Fo-kién empezó por orden del Emperador, 
y que en Peking habían metido muchas acusaciones con- 
tra la Ley de Dios al Emperador. 2.° Lo que el Virrey de 
Cantón, de la familia Nien, dijo al Hermano Fr. Antonio, 
franciscano — el cual lo refiere después— y es público a 
todos los misioneros de Cantón, scilicet: «No os quejéis 
del Chung-to de Fokién por esto de la persecución, por- 
que este negocio todo es del Emperador, y el mismo orden 
me dió a mí; y así, si no hubiera empezado en Fukién, yo 
habia de empezar aquí en Cantón.» 3.° Tengo enviado un 
párrafo, que yo trasladé de su original, de la carta que di- 
cho P. Laureati escribió al P. Tomás de la Cruz, también 
jesuíta, su fecha en Nanchang-fu, Metrópoli de la pro- 
vincia de Kiang-si, el día 30 de septiembre de 1723, em- 
pieza el párrafo que tengo escrito: «En cuido» que este 
golpe vino de algún malévolo de o corte, etc.» Estoy en 
duda si el original está aun en manos del P. Vicario Pro- 
vincial Royo, al cual tengo escrito diciéndole, que si io 
tiene, lo envíe a V. R. 4." Lo que el mandarín de Fogán 
dijo a los cristianos cuando intimó el primer orden del 
Chung-to contra nuestra santa Ley, y también en otras 
ocasiones; scilicet: que todo este negocio era del Chung-to, 
y no suyo, y que él no hacía más que obedecerle. 5.° Lo 
que un hijo del mismo Chung-to dijo a los cristianos le- 
trados que le pidieron auxilio, scilicet: que no les podía 
favorecer porque este negocio todo era de su padre» (26). 

«Nosotros, escribe el P. Oscott, hicimos todas las dili- 
gencias con los cristianos para que el mandarín dejase de 
molestarles y molestarnos; pero en vano, porque ni el 
Chung-to general y ni el gobernador de la villa podían 
contra lo que les insinuaban de la Corte, como después su- 
pimos» (27). 

l26i Sierra, Reí. del 6 de marzo de 1730. 
(27> Oscott, Reí. del 8 de abril de 1725. 



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Que la orden de persecución había venido de Pekín ya 
no les cabía, pues, duda alguna a los misioneros. Igualmen- 
te supieron las causas que la motivaron. 

La chispa que levantó tan gran incendio fué la conduc- 
ta del P. Morón por sus intromisiones en la política del 
imperio. Así lo prueban multitud de documentos. El P. Os- 
- cott escribe a este respecto : 

«Aunque nuestros cristianos y misioneros fueron los 
que padecieron mucho, el origen y motivo vino de la 
Corte y del ánimo perverso de este tirano emperador. 
Una carta del P. Juan Laureti, Visitador que ha sido de 
China de su Compañía, dice en sustancia: que esta per- 
secución cuido viene de la Corte, porque Champunte Ko- 
lao, que es lo mismo que grande de este imperio (enemigo 
formal de los Padres de la Compañía, pues en Che-kiang, 
provincia de este imperio, tuvo antiguamente un gran 
pleito con ellos), puso memorial contra la Ley de Dios; y 
otro grande, a quien le pedía le ayudase, le respondió: 
que el emperador tenia otros negocios de mayor impor- 
tancia. Y él después hizo, según se piensa, que el 
Chung-to, que es general de las armas de Fo-kién (donde 
está nuestra lucida Misión) informara contra nuestra 
Santa Ley al emperador, que él después ayudaría en la 
Corte.» 

«El P. Morón fué antes desterrado a los confines de 
este imperio con el nono Régulo, hermano de este empe- 
rador. Este Padre célebre, según se dice, agenciaba y se 
metía en cosas del imperio; y el nono Régulo, que era de 
la facción y amistad de este Padre, quería ser el empera- 
dor; lo cual no se le debió ocultar a éste que al presen- 
te reina, y ambos juntos les ha desterrado. Y cuando no 
le cortó la cabeza, y me dijeron era escrita por un Padre 
de la Compañía a otro, en que decía: «que estando los 
Padres es desconsolados de este caso, un hermano del 
emperador les dijo: «Vosotros venís aquí a predicar la 
Ley de Dios, ¿cómo no hacéis eso? ¿Para que vos metéis 
en gobernar y en cosas del imperio y que no vos perte- 
necen? No escribáis a dicho P. Morón, porque alias el em- 
perador lo sentirá, etc.» Y dice también en la carta asi: 



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«Palabras son estas prorsus divinas; ha de ser esto una 
trompeta que ha de clamar por la Europa.» 

«Este P. Morón viene ahora descomulgado nominatim 
por su santidad, con otros de la misma Compañía. Dios 
les abra los ojos. Y para acabar digo: Que es común voz, 
y aun de los que llevan distinto dictamen que nosotros, 
que no vino esta persecución por algún motivo que hu- 
biera dado nuestra cristiandad para eso; ni menos por 
yo levantar iglesias, que es lo que oímos o supimos por 
carta se había dicho en Manila, sin saber las cosas; pues 
a ningún misionero se le pasó eso por la cabeza, sino que 
quiso Dios Nuestro Señor acrisolar nuestra lucida cris- 
tiandad y a sus pobres misioneros con el oro de tantos 
trabajos padecidos por su fe. Esto mismo sé de algunos, 
y principalmente de un Sr. Obispo y Vicario Apostólico 
franciscano» (28). 

Fué gran sorpresa, pues, y bien desagradable por cier- 
to, para los misioneros dominicos la noticia de que el Pa- 
dre Maílla, S. J., hubiera tenido el atravimiento de culpar- 
les a ellos de haber sido los causantes de esta persecución, 
por haber levantado la iglesia en la villa de Fogán; de lo 
cual protestaron los nuestros muy enérgicamente en mu- 
chas de sus cartas y relaciones, poniendo en claro su ino- 
cencia y desenmascarando a los infamadores, señalándoles 
precisamente a ellos como los causantes de ella. 

El P. Sierra, después de afirmar que la causa inmediata 
de la persecución había sido la conducta del P. Morón, pro- 
bándolo por su confesión ante el tribunal, por el decreto 
imperial condenándole a muerte, por cartas del P. Laureti, 
por las palabras que el mismo emperador dirigió a los Pa- 
dres Bouvey, Kegler y Perennin, etc., etc., protesta enér- 
gicamente contra la calumnia, y escribe: «Y sabiendo esto 
el P. Maílla (no es posible creer que él no supiese las cosas 
del P. Morón y dichos del emperador contra él), se ve claro 
cuán maliciosamente echa a nosotros la culpa de esta per- 

(28i Oscott, Reí. del 8 de abril de 1725. 



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secución. Parcatur illi et oretur pro eo, y por los demás de 
su Compañía que siguen sus intentos, escandalizando ai 
mundo y calumniando a los inocentes con la publicación de 
su libro intitulado: Lettres edifiantes et cutieses. No así, 
Padres jesuítas, no así se ponga el título del libro, que no ie 
conviene tal título; sino éste: Letras mentirosas, escandali- 
zadoras y perniciosas y calumniadoras» (29). 

No nos es posible traer aquí todas las protestas de otros 
misioneros dominicos, y de algunos otros que no lo son, con- 
tra las falsas imputaciones del P. Maílla (30). Sólo añadire- 



(29) Sierra, Reí. del 6 de marzo de 1730. 

(30) Defendiéndose contra estas calumnias, escribía el mismo Pa- 
de Oscott al P. Juan Astudillo, O. P-, con fecha del 9 de enero de 
1726 : «Supuesto, M. R. P., que V. R. en la suya procura consolarnos 
por los falsos rumores, tan sin fundamento y razón, que se han es- 
parcido, según pienso, por Manila, y acaso por Europa, achacándonos 
a nosotros el origen de la persecución, como antes hicieron, según 
tengo noticia, con el Rmo. Alcalá (O. p.), en Chekiang ; siendo así 
que fué el P. Intorceta, como he oído y leído: diré con la mayor bre- 
vedad que pueda algunas razones y verdad que confirmarán casi evi- 
dentes lo que tiene y sabe V. R. acerca de esta persecución. 1.» Se 
prueba que no vino de Fo-kien ni de levantar iglesia en Fogán, sino 
de la sospecha del emperador por el mal proceder del P. Morón. Es 
cierto y evidente que antes que el Chung-to de Fo-kien diese acusa- 
ción contra la ley de Dios, ya el P. Morón estaba desterrado con el 
nono Régulo, su amigo, a quien intentaba darle la corona del 
imperio ; y por esto este emperador le dijo por sus ministros, de 
quienes fué agarrado : «Tú vete con tu amigo el nono Régulo, m¡ 
hermano, desterrado y en prisiones : porque fué contigo compañero en 
un mismo intento». De aquí ya los Padres, como entendidos, profetiza- 
ban la persecución ; y no era necesario, y que estaba en casa. — 2.°. El 
emperador, desde que se coronó, comenzó a mostrar poco afecto a los 
europeos, pues, como escribieron y se sabe, no les vió ni los quiso 
admitir. En Fokien se comenzó a ejecutar y padecer, no se habla aquí 
sino de la causa y motivo donde salió, o comenzó ; que padecer no 
hay duda que comenzó en Fukién. — 3.° Sabemos por una carta de un 
P. de la Compañía, que yo he leído, cómo los PP. por las cosas del 
P. Morón, estando afligidos, como se debía, pues amenazaba ruina a 
la Misión, el décimo tercio Régulo, de parte del emperador, les dijo : 
«Este fué desterrado por sus grandes pecados ; vosotros no le escri- 
báis ni tengáis con él comunicación, porque el emperador se enfa- 
dará. Vosotros venís aquí a predicar la Ley de Dios. ¿Cómo no hacéis 
eso? ¿Para qué os metéis en cosas del imperio que os daña mucho? 
Ved los dominicos; no hacen otra cosa sino predicar la Ley de Dios 
pobremente, desamparados de todo lo que es mundo ; no sólo no me- 
tiéndose en cosas del imperio y en hacer emperador, ni aun poder vi- 
sitar un mandarinillo, ni aun un pa-chun. que gobierna unos pocos 
soldados ; no rechazando ni amenazando a chinos ; antes sí recibiendo 
de ellos mansamente cualquier extorsión ; lo uno. por Dios ; lo otro 
por no tener a quien apelar.» Y, consiguientemente, donde no hay 



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JOSÉ MARIA GONZÁLEZ 



mos en el texto los siguientes pasajes de una carta del 
P. Oscott: 



«Después se fué levantando en nuestra Misión una te- 
rribilísima persecución, y no sabíamos la causa. Hasta 
que habiendo enviado algunos letrados cristianos a la 
Metrópoli, supieron del mismo hijo del capitán gene- 
ral que era orden secreta del emperador, porque, como 
después muy bien supimos, fué la causa de que el P. Juan 



repugnancia, no puede haber envidias, aunque la tengan contra la 
Ley que predicamos. — 4.° Convidando nosotros al P. Laureati, de la 
Compañía, Visitador, puesto que por sus diplomas tenía comunica- 
ción con los mandarines, nos viniese a ayudar, no lo hizo, y dijo a 
los cristianos que fueron a este negocio que esta persecución venía de 
la Corte, y no de nuestros cristianos. Y después vimos una carta suya 
que nos envió el P. Tomé de la Cruz, de la misma compañía, en donde 
decía el modo como juzgaba había venido la persecución de un Chang- 
pung-ke, magnate, que había hablado en la Corte acerca de esto para 
informar el emperador, etc. ¿Qué más claro que esto? De lo que dicen 
todos los misioneros, que dicen que sobre esto no hay cuestión. — 5.° El 
Ho. Fa. Antonio de Ntro. P. San Francisco, visitando al Virrey Hien 
le dijo: «Que si el Capitán General de Fo-kién no hubiera comen- 
zado, él tenia orden de comenzar en la provincia de Cantón.» Luego 
no vino por levantar iglesia en Fo-kien, ni otra cosa. Porque también 
el R. P. Laureati, de la Compañía de Jesús, al mismo tiempo estaba 
levantando otra en la provincia de Kiangsi, más grande, y de más 
costo, y con más oposiciones, que fué menester valerse de los manda- 
rines, y haber castigos y reprensiones ; y en la iglesia de Fogán, dos 
años que ya se negociaba en esto, ni hubo una oposición ni de infiel 
ni de mandarín alguno; antes se alegraban y ayudaban, y el man- 
darín se valía algunas veces de los aderezos para levantar la iglesia 
para componer su casa, y después lo devolvía con mucha cortesía. 
La villa toda se alegraba; pues un templo de diablos que estaba en 
la calle, y estorbaba para entrar las maderas en la iglesia que se 
levantaba, con consentimiento de todos, se echó un pedazo de pared 
para abajo. Luego, ¿cómo quieren que sea por levantar iglesia en 
Fogan?. — 6.° Los PP. Franciscanos, los PP. de la Compañía, primero 
el Superior, dicen viene del mal corazón del emperador. El P. Laurea- 
ti, el P. Gozani dicen viene de sospechas ; y, consiguientemente, to- 
dos ellos dicen que no viene de nuestra cristianidad. Luego uno dicen 
y otro sienten y escriben. Pero como está patente no pueden menos, 
aunque a longe digan otras cosas, y más que por palabras y hechos 
del emperador, se manifiesta muy bien. Y estos por sus palabras y 
obras tiran de un golpe a hacer dos tiros, y es encubrir la prisión tan 
estrecha del P. Morón ; y lo otro, y que más les toca, con las prohi- 
biciones de la Constitución «Ex illa die» no se puede predicar. Y ha 
sido cosa de Dios que en toda esta persecución el emperador no ha 
hablado nada de esto. No se admire, mi P. Astudillo. que hable así, 
porque así se requiere para que la verdad reine. Que, dado caso que 
por predicar se levantasen persecuciones, ab initio fuit sic et non 
sumus digni pro nomine Jesu contumeliam pati. Y esto no es des- 
honor, sino de mucno timbre a los ministros, a la iglesia y nuestra 
Religión.» 



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Morón había sido desterrado, porque se metía en cosas 
muy graves de su imperio, siendo de facción de otro, lo 
cual él mismo confesó en los tormentos; y por eso fué 
muerto bien ignominiosamente. Y como en nuestras 
cristiandades había muchos letrados y nobles, y tiene 
grande fama, y estaban a la costa del mar, temieron los 
mandarines, como no saben distinguir de particulares ni 
de religiosos, sino que todos son maestros de la Ley eu- 
ropeos; y, según razón, así habíamos de ser, porque todos 
predicamos a Nuestro Señor Jesucristo y El es nuestra 
cabeza y nosotros sus miembros; pero, por nuestra mi- 
seria, muchas veces se desdice de esto. Temieron los man- 
darines que fuésemos del sentir de dicho Padre, y así 
nuestra afligida Misión comenzó a padecer las más ho- 
rribles persecuciones que había mucho no había pade- 
cido. Aunque después en todas las provincias padecieron 
la misma persecución, pues de todas fueron echados los 
misioneros; pero no en cuanto a los cristianos, o por no 
haber tantos y ser de menos nombre, o por no estar tan 
juntos, como lo sienten muchos; y así no tener tanta 
fama como los nuestros, y porque muchos de los nues- 
tros son letrados y de nombre en China, y por eso, a 
donde los mandarines se recelan más, por lo que arriba 
tengo dicho» (31). 



(.31) Protestan también contra las falsedades publicadas por el 
P. Maílla, señalando la verdadera causa de la persecución, entre otros, 
el mismo P. Oscott en las relaciones firmadas el 7 y 8 de abril de 
1725, 9 de enero y 10 de febrero de 1729, y 12 de mayo de 1730 ; el P. 
Sierra, además de la citada del 6 de marzo de 1730, en otra del 19 
de febrero de 1727. El Bto. Serrano en dos relaciones de 15 de lebrero 
de 1732 y 16 de enero de 1735. En la primera escribe : «El librillo 
Litterae edificantes, y si acaso han impreso algunas obras quimeras, 
es muy fácil a la Orden imprimir litterae destruentes, pues se hizo \a 
público por todo el mundo y mandó este emperador poner cár- 
celes por todo el imperio, expresando las causas que tenia para 
cortar la cabeza del P. Mongron (Morón) y al nono Régulo. Decir 
que vino esta persecución tan general por todo el imperio por una 
causa tan particular y frivola, como trae el Litterae edificantes. 
diciendo que porque en Fogán levantaban una iglesia, y tienen 
Beatas, es querer meter el dedo en la boca a los pobres europeos, 
que no saben ni ven estas cosas. Si ésta hubiera sido la causa, sola- 
mente hubieran perseguido a los de Fogán ; pero a los demás mi- 
sioneros, que ni levantaban iglesias ni tienen Beatas, ¿por qué les 
habían de perseguir? Que respondan los PP. jesuítas, que bien lo 
saben. El empeño que pone la Provincia de que se envíen de aquí tes- 
timonios auténticos, no podemos por la mucha distancia de unos 
misioneros a otros, ni es necesario; porque Litterae edificantes nc 



112 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



trae testimonio alguno, ni nosotros necesitamos de más testimonios 
ni firma, que lo que es público y todos saben ; como es haberle cor- 
tado la cabeza al P. Mongron ; y si se la cortaron por la predica- 
ción del Evangelio, ¿por qué no la cortaron también a sus compa- 
neros predicadores del mismo Evangelio? Luego aliquid latet.» 

Otro escrito muy erudito en defensa de los PP. dominicos con- 
futando las calumnias del P. Maílla guárdase en el APD. y titúlase: 
Opusculum apologeticum, seu epístola cujusdam Ordinis Praedicato- 
rum sacerdotis ad Reverendissimun Patrem fratem Jesum de sancto 
Petro Martyre, que demostrarum immunes a calumniis nuper im- 
positis sienenses praefati Ordinis apostolia missionarii.» Impreso 
que consta de VII capítulos. 

Luminosos tratados sobre esta cuestión, en los que se exponen las 
causas inmediatas y mediatas de esta persecución pueden verse tam- 
bién en la obra citada de A. Thomas, t. I, L. III, capts. II-XVIII ; 
y L. IV, caps. I y II. Véase también P. Collantes, op. cit. pp. 
390-400; P. Fonseca, op. cit. t. IV, pp. 275-279; Sr. Gentili, op. cit., 
t. n, pp. 111-136. 



CAPITULO V 



PERSECUCION DE 1723-1729 



I 



PERSECUCIÓN Y SORPRESA DE LOS MISIONEROS 



El día de San Juan Bautista de 1723 conenzó la terri- 
'ble persecución. El mandarín de Fogán había recibido ór- 
denes del virrey para que se prohibiese la religión cristiana, 
y se cerrasen y midiesen las Iglesias (1). 



(1) El primer edicto del Virrey que recibió el mandarín de Fogán. 
es del tenor siguiente; «Hemos sabido que en el distrito confiado a 
vuestro gobierno hay muchos hombres que profesan la Religión del 
Señor del Cielo; que ricos y pobres la abrazan, que tienen templos 
en la ciudad y en los pueblos ; y, lo que es más digno de lamentarse, 
que hay jóvenes que la profesan, llamadas vírgenes, a las cuales se 
prohibe casarse. Se dice más ; y es que los maestros de esa Religión 
predican en los templos, estando juntos los hombres y las mujeres; y 
que tienen quince o dieciséis iglesias en ese distrito. Está bien averi- 
guado que esta es una Religión extranjera que seduce los pueblos y 
corrompe las buenas costumbres. Este asunto es muy grave y las con- 
secuencias que se han de seguir serán muy tristes ; por lo cual es 
preciso desplegar gran solicitud y energía, y prohibirla para detener la 
marcha de ese mal. Nos os mandamos este decreto, y en cuanto lo 
recibáis, procurad publicarlo en todo nuestro ( ¿vuestro?! distrito. Pro- 
hibid, por lo tanto, esa Religión, y quede del todo proscrita. Tomad 
los nombres y describid la forma de cada una de las iglesias ; cerrad- 
las, y prescribid a los jefes de familia y a los cabecillas de cada uno 
de los cantones, que intimen este decreto en todas partes, a fin de que 
todos se conformen con él, y se enmienden los errores pasados. Este 
negocio no admite dilación ; pero obrad con discreción y prudencia.» 

Al anterior decreto del Virrey respondió el mandarín de Foián : 
«Juxta mandatum vestrum, absque omni mora, rigorosissimum contra 
Xptianos promulgavi edictum, de iisque diligentissime inquisivi. Dem- 

8 



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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Después de este edicto del virrey, recibió el mandarín 
de Fogán, otros más que le ordenaban «examinase todos 
los cristianos que había, cuántos letrados había y cuántas 
mujeres que guardaban virginidad» (2\ y que apresaran 
a los misioneros y los remitiesen a Macao (3). 

Apenas el mandarín de Fogán recibió esta orden, fué a 
iglesia nueva, que se estaba ya terminando de construir. 
Mandó que se suspendiesen las obras, se cerrasen y sa- 
queasen las dos iglesias antiguas, una para hombres y la 
otra para mujeres. Y, sumamente contrariado por no haber 



de rem melius cogniturus, totam urbem perlustravi propriisque oculis 
vidi intra haec maenia magnificentissima ab ipsis et superbissimam 
construí ecclesiam, lapides, ligna, clavos, tegulas, omniaque alia para- 
ta, opus tamen recenter inceptum. Hinc missis praefectis inferioribus 
ut a cepto disisterent eis praecepi. Summopere igitur vos supplico de 
novo praecipiatis mihi ut majori cum authoritate atque longe severius 
quam antea, contra eos procedam. In hoc loco magnam jam habent 
ecclesiam. In pago vero Qetang alia faeminarum ecclesiam ; in pago 
He-ion alis duas; in variis praeterea locis plus minus octoginta aedes 
sacras. Quae quidem omnia sciatis non esse illas antiquas ecclesias, 
juxta legitimam facultatem sibi conssam aedificatas, sed de novo pri- 
vata authoritate constructas. Quarum quidem aedificationi Christia- 
ni ut concurrunt (quicumque sint, noster semper populus sunt) omnia 
paterna delapidant, nam agros vendunt, supellectilia oppignorant. Po- 
rro quae Religionis causa exercent, longe pejora sunt. Mulierum siqui- 
dem unamquamque ad se vocant, atque cum ea in loco ab homi- 
num consortio semoto colloquuntur, hujusmodi conversationem appe- 
llantes Confessionem? An inde utrumque sexum confundi negare po- 
terunt? Praeterea viri apud nos honorati, nomines litterati, pretiosis 
induti vestibus, extraneum quemdam senem cum tanto gentis nostra 
dedecore, ad terram usque venerantur. Hi Xptiani non sacrificant pa- 
rentibus defunctis, abjiciunt tabellas, non venerantur idola, non ado- 
rant Confucium. Docent mulieres respuere nuptias, et perpetuae cas- 
titatis faceré votum? Quid inde operari potest, nisi humani generis 
destructio? Quare vos etiam atque etiam supplico ut praecipiatis mihi 
contra christianos rigidissime procederé. Atque si ita vobis videatur, 
cunetas ecclesias destruam, lapides, ligna, clavos, tegulas, ornamenta 
in urbem deportabo publicis inserenda bonis. Hujus autem urbis mae- 
nia, domus militares, publicae aedes, jam pridem sunt vetustate tritae, 
jacentque semirutae ad quorum restaurationem ingens requisitur pecu- 
narum summa exigere a papulo variis horumee temporum injuriis 
aflicto, valde durum est. Ipse vero ex tenui stipendio quod victui meo 
quotannis tribuitur, praestare nequáquam valeo. Ex ecclesiis igitur pu- 
blicas aedes curabo restauran. Quae omnia cum plurimum semper me- 
ditatus fuerim, atque summo studio cupierim, nunc potissimum vestro 
relinquo arbitrio. Sane quidquid gestum fuerit Reipublicae meritorium, 
totum illud in vestram redundabit gloriam. Vale» A. P. D., tomo 48, 
folios 363-364. 

(2) Oscott, Reí. de 1733. 

(3) Oscott, Reí. del 8 de abril de 1725: 



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podido hallar al misionero, mandó derribar su habitación 
y apresó a sus criados, maltratándoles gravemente porque 
no quisieron descubrir el paradero del P. Oscott, que esta- 
ba allí de residencia, y a los demás religiosos. 

«El principio con que empezó a hacer mal, fué levan- 
tar falsos testimonios a los cristianos, diciendo que los 
cristianos hacían rebelión; y que en cada pueblo e igle- 
sia tenían sus cabezas, o capitanes, que los gobernaban; 
y que la iglesia nueva y grande que levantaban era para 
palacio del Régulo, que con la Ley de Dios se ofuscaban 
los hombres y las costumbres patrias se aniquilaban y 
oscurecían, y que no dejaban casarse a las doncellas» (4). 

Despechado el mandarín por no haber podido apresar 
al P. Oscott, mandó llamar a los literatos cristianos Tomás 
Kuo y Benito Vuen; instóles a que apostatasen, y habien- 
do éstos confesado con valentía la fe y probádole que ellos 
no eran revoltosos ni cometían los delitos que se les impu- 
taban, puesto que todo esto prohibía la Ley de Dios, enfu- 
recióse el mandarín contra ellos «e hizo mucho para qui- 
tarles el grado y la sangre, si pudiera». Lejos de intimidar- 
se estos dos valientes literatos cristianos, se atrevieron a 
escribir al día siguiente al mandarín un memorial en de- 
fensa de la religión cristiana (5). 

Pocos días más tarde dió el mandarín aviso al virrey 
de todo lo sucedido. Y éste mandó que el jefe militar del 
distrito, con todos los mandarines, militares y civiles, pro- 
cediesen a prender a los misioneros y los enviasen cargados 
de cadenas a Macao o Cantón. Que obligasen a las mujeres 
que guardaban continencia a que se casasen, y a ellas, y a 
todos los cristianos, que apostatasen. Acompañaban al es- 
crito del virrey blasfemias contra la Religión cristiana e 



(4) Sierra, Reí. del 21 de octubre de 1723. 

(5) Vide Apéndice segundo. 



116 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



injurias contra los cristianos, de quienes decian eran un 
peligro para la seguridad de la patria (6). 

Fijaron cartelones en las plazas y lugares públicos de 
villas y pueblos, con mil calumnias para la Religión y para 
sus ministros y cristianos, y en algunos lugares, como en 
Loyuen (Longuong), profanaron las santas imágenes del 
Salvador y de su santísima Madre. En otras iglesias pu- 
dieron los cristianos esconder con tiempo todos los objetos 
religiosos (7). 



(6) Sin perjuicio de volver sobre la materia, una de las causas 
de perseguir tan encarnizadamente a nuestra Misión en Fogán, era 
por haber allí tantos literatos cristianos y estar la región junto a la 
costa, en donde podían ser ayudados de potencias extranjeras en 
caso de rebelión. He aquí como se expresa el P. Oscott: «Después se 
fué levantando en nuestra Misión una terribilísima persecución, y no 
sabíamos la causa; hasta que habiendo enviado algunos letrados cris- 
tianos a la Metrópoli, supieron del mismo hijo del Capitán General 
que era orden secreto del Emperador. Porque, como después muy 
bien supimos, fué la causa que el P. Juan Morón, de la Compañía de 
Jesús había sido desterrado, porque se metía en cosas muy graves de 
su imperio, siendo de facción de otro; lo cual él mismo confesó en el 
tormento, y por eso fué muerto bien ignominiosamente. Dios le haya 
dado su gracia, como esperamos de su misericordia. Y como en nues- 
tras cristiandades había muchos letrados y nobles, y tienen grande 
fama, y estaban a la costa del mar; temieron los mandarines, como 
no sabían distinguir de particulares ni de religiosos ; sino que todos 
son maestros de la santa Ley, europeos; y, según razón, así había- 
mos de ser, porque todos predicamos a nuestro Señor Jesucristo, y 
El es nuestra cabeza, y nosotros sus miembros. Pero, por nuestra mi- 
seria, muchas veces se desdice de esto. Temieron los mandarines que 
fi'ésemos del sentir de dicho Padre. Y así nuestra afligida Misión 
comenzó a padecer las más horribles persecuciones que había mucho 
no había padecido» (Reí. 1718-1733). 

(7) El segundo decreto del Virrey contra la religión fué el siguien- 
te: «La doctrina enseñada por nuestros más antiguos y sabios ante- 
pasados, las ordenanzas de los emperadores para el gobierno de sus 
pueblos, las buenas reglas de nuestra nación, están todas ellas com- 
prendidas en los tres principios fundamentales de nuestro imperio, en 
las cinco suertes de deberes y en el código de nuestras leyes. La obe- 
diencia filial, por ejemplo, no consiste solamente en alimentar con es- 
mero a su padre y a su madre ; un hijo aun con viandas oz-dinarias, 
y comunes, puede muy bien procurarles una vida dulce y suave; pero 
después de su muerte deberá llorarles, gemir y lamentarse de su pér- 
dida, prepararles con toda diligencia posible los funerales, y ser muy 
evacto en las ceremonias prescritas de su sepultura. Esos son los 
deberes indispensables que cualquier hijo bien educado debe practicar 
para con sus padres. 

»Nuestros libaos enseñan que los ritos de las sepulturas deben ha- 
cerse con tal resneto y atención, como si los espíritus estuviesen allí 
presentes ; y ningún lujo podrá decir que cumple bien con este deber, 
si encarda esos actos a otros. Nuestros sabios antepasados han insti- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



111 



II 



SE DESTRUYE LA CRISTIANDAD DE FUKIÉN 



Los mandarines, soldados y el pueblo gentil, cual ma- 
nada de leopardos, lanzáronse sobre las iglesias, oratorios 



tuído estas ceremonias como una de las bases principales del gobierno 
del estado. 

»De los tres grandes delitos contra la piedad filial, el más grande 
es no dejar descendencia; y por esta razón el que pierda su mujer 
sin tener hijos, debe tomar otra mujer; y cuando las hijas son casa- 
deras, sus padres deben proporcionarles marido. Los hombres y las 
mujeres, los mozos y las mozas, no podrán reunirse en modo alguno 
los unos con los otros en un mismo sitio. Están esas cosas muy reco- 
mendadas entre nosotros. Nuestro augusto emperador Yungtching 
manda que todo lo sobredicho acerca de la piedad filial sea exacta- 
mente observado y que jamás los hijos falten a obligación tan im- 
portante. En esta provincia de Pukién todos se aplican al estudio de 
los libros Si-king y Su-king, a fin de instruirse en nuestros ritos y 
leyes. Este estudio únicamente es descuidado en Fogán, en la costa 
del mar, donde un europeo recién llegado con el título de Maestro de 
esa ley, vive allí escondido. La que ese y otros predican siembran dis- 
cordias en los pueblos, y les hace dudar de la bondad de nuestras 
leyes. No solamente los labradores y negociantes les escuchan y los 
siguen, sino que los mismos letrados se han dejado alucinar de tal 
suerte, que ya no saben distinguir lo verdadero de lo falso. Ellos ad- 
miten en su Religión hombres y mujeres, reunidos indistintamente 
sin separación de sexos. Son pobres ciegos, que vacían su bolsa y 
venden hasta los enseres más indispensables de la vida para edificar 
sus templos. En la ciudad de Fogán y en su distrito han levantado 
diez y ocho iglesias y es muy grande el número de las personas que allí 
se reúnen. ¿Quién podrá ver con indiferencia al demonio de la ilu- 
sión y del error correr de un lado para otro en tiempos tan tranquilos 
y a la luz del más hermoso de los soles (la ciencia sínica de Confu- 
cio) que resplandece a nuestros ojos? 

«Hemos examinado atentamente esa ley. y hemos visto que sus 
seguidores miran a nuestros maestros y a nuestros antepasados como 
otros tantos diablos; y así no les guardan respeto ni les ofrecen las 
ceremonias de costumbre. Mueren sus padres, y no demuestran senti- 
miento alguno; a los que pierden la primera mujer se les prohibe 
segundas nupcias; y consideran una felicidad no tener sucesión. 
Exhortan a las doncellas a no casarse ; y a las que siguen este con- 
sejo las llaman pequeñas vírgenes. Además, tienen un cuarto oscuro, 
donde se ve entrar hombres y mujeres que hablan en voz baja, y a 
esto llaman confesar los pecados. 

«Semejante proceder destruye las cinco clases de deberes y la doc- 
trina de los antiguos sabios; torna inútiles las enseñanzas de nuestros 
antiguos emperadores y perturba los pueblos y los sumerge en dudas 
y perplejidades sin cuento. Entre todas las sectas, ninguna tan per- 
niciosa como ésta. En el código de nuestras leyes está prescrito que 
el cabeza de una secta que, so pretexto de religión y de buenas obras, 
engaña al pueblo, debe ser estrangulado, y que los que le ayudan 



118 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



y casas de cristianos, robando y destruyendo todo cuanto 
encontraron a su paso, que fué mucho, pues los cristianos 
eran muchos y ricos. Algunos de los cristianos hubieron de 
huir a los montes; otros, a otras regiones; no pocos de 
ellos cayeron en mano de los esbirros, y en medio de los 
tormentos confesaron valiente la Fe. Lo que dolía más que 
nada a los santos misioneros eran los denuestos y blas- 
femias contra Dios y la Religión que se oían por doquier. 
A tanto llegó el descomedimiento de aquellos bárbaros 
perseguidores, que hasta los gentiles se escandalizaron de 
tanto bandidaje y de tanta barbarie. 

Siguiendo los dictados de la prudencia, los misioneros 
huyeron y se escondieron de la vista de sus perseguidores 
hasta que pasara la tormenta. Ante el peligro fué donde 
más se vió el gran ardor de su celo por la salvación de las 



para ese fin, recibirán el castigo de cien azotes ; y, además, serán 
desterrados a trescientas leguas de distancia. Es más : está severa- 
mente prohibido erigir nuevos templos, aun de Buda y de Leo-tse, 
y los que contravengan a esa orden, deberán sufrir cien palos y ser 
confinados al destierro; los templos así erigidos se derribarán, y el 
solar y los materiales se aplicarán al fisco. 

»En consecuencia, os mandamos que sin estréptio prendáis a los 
maestros de esa ley europea, y con buena escolta los remitáis a 
Macao, intimándoles la prohibición de volver a entrar en China. Así 
mismo ordenamos a todos los mandarines de esa comarca, a todos 
los letrados, a todos los negociantes y al pueblo, que se aparten de 
tan perniciosa ley, y que los que la han recibido, se corrijan 
en adelante. Es necesario que se ocupen en leer los libros de nuestros 
sabios antiguos; el Su-king que contiene los ritos, ejemplos y leyes 
de nuestros emperadores, a fin de que no haya alteración alguna en 
las costumbres, y los pueblos conserven en su corazón la pureza y la 
honestidad, y no se dejen embaucar hasta el punto de seguir la falsa 
secta. Las iglesias de los adoradores del Señor del cielo conviértanse 
en escuelas públicas, en salas de estudio para los letrados, o en tem- 
plos de los progenitores. En cuanto a vosotros, mandarines locales, 
recibáis esta orden, nos daréis de ello aviso, así como de si los letra- 
dos que abrazaron esta secta se arrepienten y se corrí jen. Si éstos 
con sus exhortaciones hacen que otros muchos penetrados de verda- 
dero dolor renuncien a aquella ley, es preciso que me deis a conocer 
sus nombres, y con gusto los perdonaremos lo pasado y alabaremos su 
actual celo ; pero si su sumisión es únicamente exterior, y en secreto 
continúan infringiendo nuestras órdenes, serán privados de sus gra- 
dos y honores y se les aplicará todo el rigor de la ley. ¡Ese es un 
delito que no puede tener perdón! Serán destituidos los mandarines 
ciue favorezcan a los culpables, o sean negligentes en informarnos 
acerca de la conducta de la mala Ley del Señor del Cielo.» 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



119 



.almas, pues, aprovechándose de las sombras de la noche, 
hacían excursiones penosísimas y llenas de peligros para 
atender al bien espiritual de sus cristianos. 

«Los PP. Miguel de Arriba y Bas se escondieron en 
Lang-kau; los PP. Barreda y Sierra, en Cheyang; el P. Ma- 
theu, en Ki-tung, y los PP. Arroyo y Oscott, en Moyang» (8), 
y los PP. Sanz y Sr. Ventallol, en diversos lugares cerca- 
nos a la ciudad de Changchiu. 

Hablando de los sufrimiento del Bto. Sanz, escribe el 
P. Arias: «Vió cerradas y saqueadas sus iglesias, a los cris- 
tianos fugitivos y a los gentiles tan ufanos de su victoria, 
que día y noche le acosaban, poniéndole en la triste pre- 
cisión de esconderse en un lugar retirado, en una casita 
miserable de una aldea de Changcheu, donde pasó — ¡gran 
fortaleza de ánimo! — seis años consecutivos, según ates- 
tiguan sus compañeros de fatigas, sin salir de su aposen- 
to, incesantemente vigilado y espiado, como si fuera un 
criminal, no atreviéndose, por amor a sus ovejas, que an- 
daban muy atemorizadas, a salir sino de noche a socorrer 
a los que le necesitaban» (9). Y otro tanto pedemos decir 
del Sr. Ventallol, venerable y antiguo apóstol de esa región. 

El P. Oscott, describiendo los padecimientos de los mi- 
sioneros durante los primeros meses de esta persecución, 
dice: 

«Nosotros padecimos lo que el Señor sabe muy bien; 
haciendo de la noche día, andando a pie por montes y 
lugares peligrosos, por socorrer las necesidades de los 
cristianos. Vez hubo que un religioso, por administrar 
los Sacramentos, anduvo toda la noche por unos montes, 
que en muchas partes ni aun sendas de camino había, y 
las hierbas tan grandes, que le cortaban la cara y las ma- 
nos, que ponía para defenderse; y al amanecer llegar al 
enfermo, mojado y sudado, y confesar cuarenta personas; 



(8) Oscott, Reí. del 15 de julio de 1723. 

(9) Arias, Vida.... p. 271. 



120 



JOSÉ MARÍA GONZÁIEZ 



y cerca de medio día, el dia del Santísimo Rosario, decir 
misa y dar la comunión al enfermo y demás personas; y 
después que con alguna doctrina confortó a los cristianos 
que allí se hallaban, dió la Extremaunción al enfermo, con 
la profesión de nuestro Tercer Orden, porque era un le- 
trado muy devoto y ejemplar, y que muchos años había 
tenía nuestro santo hábito; y murió luego con grandes 
señales de su salvación, llamado Salvador.» 

«Otro día, por la noche, fué necesario salir de allí el 
misionero, aunque bien trabajoso, porque lo sabían los 
infieles, y aunque no volvió por el camino que vino, an- 
duvo toda la noche hasta un pueblo llamado Kitung, de 
donde, para pasar un rio, para dicho lugar, era necesa- 
rio barco y no había sino un mal compuesto, que estaba 
debajo de la vigía de un soldado. Lo advirtió, y no sólo 
no nos hizo daño, sino que hizo espaldas para que fué- 
semos más seguros, y compuso el barco; aunque en el 
medio del río fué tanta el agua que entró, que se temió 
se anegase. En fin, se llegó al lugar y, antes de llegar a 
la casa, el religioso cayó en una zanja de agua que esta- 
ba al lado de una sementera, y se fué así a casa de una 
cristiana muy devota y muy rica y muy principal, lla- 
mada Mieu Clara, tercera de la Orden, que tenía cuatro 
hijos con sus mujeres, muy acomodados y todos cristia- 
nos; con dos hijos Beatas de la Orden, Juliana y Rosa; 
que así que vieron al religioso tan maltratado, comenza- 
ron a deshacerse en lágrimas y a porfía besarle los pies 
y hacer otros actos de caridad con él. Le regalaron alli 
unos días muy bien, dándole los hijos de la buena Clara 
los mejores vestidos que tenían, con todo lo que era ne- 
cesario para su alivio; y después, otra noche, se volvió 
cuatro leguas de camino al pueblo de Mo-Yang» (10). 

Al P. Royo «cogióle esta persecución recién llegado a 
Fogán, cuyo dialecto apenas conocía» (11). Los PP. Ma- 
theu y Arriba, sus combarconas, presentaban indicios gra- 



do) Oscott, Reí. de 1733. 

(11) El Bto. Royo sabía muy bien el mandarín y el dialecto de- 
Emuy, en donde había comenzado su apostolado. Pasó después a 
Kiangsi y poco antes de la persecución fué nombrado Vicario Provin- 
cial, trasladándose al territorio de Pogán. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



121 



ves de demencia; el P. Fr. Onofre Bas estaba habitualmen- 
te enfermo y casi inútil para el trabajo; sólo quedaban 
cuatro misioneros hábiles para arrostrar toda clase de pe- 
ligros; y en tan difíciles circunstancias, rugiendo por do- 
quier la persecución, el Bto. Royo hizo frente a todo con 
prudente e invencible ánimo; tomó sobre sí la carga de 
atender en gran parte los distritos de los Padres enfermos, 
cuidándoles amorosamente para evitar que fueron presos, 
y corriendo de un lado para otro, ya huyendo de los per- 
seguidores, ya para animar y fortalecer a los cristianos 
con los Sacramentos y con su palabra evangélica. No hubo 
punto de peligro ni necesidad que dejara de socorrer, y 
ora hablando mandarín, ora expresándose en dialecto de 
Chiuencheu, o en mal foganés, veíanle los fieles como pa- 
dre cariñoso y capitán valiente sin miedo a caminos di • 
fíciles y extraviados, vestido de cargador o campesino, 
volar allí donde las almas reclamaban sus consuelos apos- 
tólicos. 

«Vez hubo que, después de andar varias leguas de no- 
che por caminos llenos de fango y de maleza, llegó a la 
casa de un cristiano moribundo; administróle con gran 
ternura los Santos Sacramentos, y despidió su alma para 
el cielo. Pero apenas había terminado tan piadosa tarea, 
recibe aviso de que se acercan los satélites y vierten a 
prenderle. Se encomienda a Dios, salta tapias y vallados, 
y por otro camino todavía más áspero y trabajoso, llo- 
viendo a cántaros, consigue burlar a sus perseguidores, y 
llegar a lugar seguro. Dios probó entonces la fidelidad de 
su siervo, mandándole una terrible calentura, que sopor- 
tó con la paciencia y alegría de quien recibe un piado- 
so regalo del cielo» (12). 

«Por septuagésima vino un cristiano, escribe el P. Os- 
cott, a pedir que fuese a la villa (de Fogán) a confesar 
una moribunda, lo cual le concedí siempre confiado en eiú 
Señor, que en tantos trabajos y peligros no me faltaría; 



(12) Arias, Vida..., pp. 269-270. 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



todos los cristianos fueron de padecer contrario, diciendo 
que saltear las murallas era dificultoso, y si me cogían, 
me cortarían la cabeza, que es la pena tasada. Les res- 
pondí que yo estaba pronto a ir a ponerme a tal peligro 
por un alma, que si los que me llamaban no temían, 
¿por qué había yo de temer? Les pregunté a los que lla- 
maban si tenían ánimo a ponerse a tal peligro. Y me 
dijeron que sí, porque la enferma lo pedía con grandes 
instancias. En el nombre del Señor caminé aquella no- 
che tres leguas, y salté las murallas, bien altas, con mu- 
cho garbo, que ni el mejor bandolero lo hiciera como yo, 
y Dios sabe mis pocas fuerzas. Gracias a Dios, no nos vió 
algún soldado. La enferma recibió los Santos Sacramen- 
tos y murió.» 

«Siete meses estuve dentro de las murallas socorriendo 
tan afligida Misión, y difícil de ayudar, por estar a la 
boca del lobo, esto es, entre más enemigos. A los de las 
aldeas con facilidad les pueden socorrer los ministros 
evangélicos, pero a éstos no. Se confesaron así hombres 
como mujeres; se bautizaron los niños y se socorrió a 
los enfermos. Los trabajos que yo en este tiempo he pa- 
decido para hacer lo dicho, Dios lo sabe, y lo dejo por 
no molestar a V. P. dad Rda. Sólo digo «que estuve dentro 
de los siete meses a los últimos de mi vida sin atrever a 
llamar a algún Padre y Hermano, por 1a dificultad que 
había en saltear las murallas y otros peligros. Pero quiso 
Dios darme luego salud; y después de hacer la festivi- 
dad, en el modo posible, de nuestro gran P. Santo Do- 
mingo del año 24, salí con bastante peligro, disfrazado y 
entre soldados, sin que me conociesen, y me volví a Mo- 
yang para recobrar fuerzas.» 

«Los Padres también andaban haciendo su oficio con 
grandes trabajos; pero como son aldeas y se anda en bar- 
co, es más alivio, ni se anda con la mitad del recelo. 
El P. Fr. Pedro Barreda se hallaba aun achacoso; pero 
con todo eso, hacía como si estuviera sano. Y fué uh día 
y una noche en barco para socorrer a un enfermo cerca 
de Fo-ning-cheu, con bastantes riesgos, por haber de 
pasar un fortín a donde registran las embarcaciones; 
pero de todo le libró Dios. No pasó mucho tiempo y vol- 
vieron a llamar otra vez para una enferma, la cual, aun- 
que era de la villa, podían traer fuera de las murallas. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



123 



Esta era tercera de nuestra Orden. Y yo, aunque bastan- 
te cansado y no muy bueno, porque aquel día, que era 
del Santísimo Rosario, había confesado y dado la comu- 
nión a más de cuarenta y tantos; no obstante fui, aunque 
los Padres me decían no era necesario, porque el día lf 
nuestro P. Santo Domingo le había dado la comunión. 
Encontré a la buena cristiana tan afligida que le pare- 
cía, si no confesaba, no hallaría remedio por sus escrú- 
pulos. Confesó y recibió los Sacramentos, y quedó tan 
sosegada, que murió con mucha tranquilidad. Se con- 
fesaron otros enfermos y no enfermos y se bautizaron al- 
gunos, y principalmente, una cristiana, mujer de un in- 
fiel noble, el cual la molestaba mucho porque era cristia- 
na, y mucho tiempo había que no podía llegarse al Sacra- 
mento de la penitencia; y ahora pudo, con muchas lá- 
grimas y consuelo suyo, y bautizar a su hijo; y me volví 
a Moyan por haber sabido que el marido de esta buena 
cristiana sabía y acechaba por dónde andaba el ministro, 
aunque no sabía que, a su pesar, su buena mujer había, 
a hurtadas, venido por el bien de su alma» (13). 



III 

CUATRO LITERATOS CRISTIANOS FIRMES EN LA FE 

Nos habla el P. Oscott, con profundo dolor de su cora- 
zón, de lo mucho que los cristianos padecieron en los pri- 
meros meses de esta persecución. 

«Yendo, escribe, las cosas de nuestra cristiandad en 
grande aumento, tanto que, como tengo avisado, la igle- 
sia de Fogán, a donde yo asistía, fué necesario hacer otra 
estupenda; cuando el demonio, envidioso de tanto bien, 
se ha desatado y le ha permitido Dios mortificarla por 
medio de sus ministros, que son los jueces con su virrey, 
que parece la quieren acabar; y, si Dios no lo remedia, io 
conseguirá; pues cuantos modos e industrias tiene, se las 
da a dicnos perseguidores.» 



C 13 > Oscott, Reí. del 8 de abril de 1725. 



124 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



«Los cristianos, unos se esconden, otros se huyen. A 
los letrados les hacen dar firma que han dejado la Santa 
Ley, lo cual hasta ahora han resistido, siendo asi que les 
ha costado mucho dinero y trabajos» (14). 

«Vino un decreto del Chuny-to al Chi-hien, en que le 
manda que impida a los vasallos que sigan nuestra San- 
ta Ley, que numerase las beatas que hay, que midiese 
las iglesias, cuánto de ancho y de largo tienen, para apli- 
carlas a otro uso; y el malvado Hien-kuong lo hizo con 
más libertad de la que le daban, pienso por haber sido él 
quien ha levantado tanta quimera; cerró todas las igle- 
sias del distrito de Fogán, sin dejar la menor, fué como 
un lobo a buscarme a la iglesia, derribó mi cuarto, me 
llevaron un Santo Cristo (quiso Dios que entonces no 
estuviese yo allí), dejó bajo fianza mis mozos, mandó 
cerrar la nueva iglesia, que está ya cubierta de teja; mo- 
lestó a los cristianos y, después, hizo un papel peor, y lo 
remitió a los mandarines superiores de la Metrópoli, y se- 
cretamente respondió al Pu-chin-zu, supónese con orden 
del Chung-to, peor que la primera vez, mandando hacer 
averiguaciones secretas, y que nos buscasen, y tuvieren 
el diploma o no lo tuviesen, fuesen presos a Macao. Y si 
esto con los que tienen diploma se quiere hacer, ¿qué será 
son los que no lo tenemos? Y más dice: que examinen los 
letrados para ser juzgados y presentados; y a los vasallos 
que no tienen grado, que les manden que no sigan nues- 
tra Santa Ley. No sé en lo que parará esto» (15). 

«Unos cristianos se escapaban; otros, con sus mujeres 
e hijos, se iban a otra parte por no apostatar; entre los 
cuales se partió un hombre, llamado Juan, con dos hijos 
y su esposa moza, bautizados medio año antes por mi, 
que siendo buscado de los satélites, se fueron por no apos- 
tatar a otras tierras. No hizo menos otro letrado, Tomás, 
también recién bautizado, pues no hacía dos meses que 
le habían dado el Santo Bautismo» (16). 

«Fueron muchos de nuestros cristianos, y principal- 
mente los letrados, muy afligidos de los mandarines, lle- 



(14) Oscon, Reí. del 21 de octubre de 1723. 

(15) Oscott, Reí. del 15 de octubre de 1723. 

(16) Oscott, Reí. del 8 de diciembre de 1723. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



125 



vados de tribunal en tribunal. Les robaron mucha plata; 
se huyeron familias enteras a los montes» (17). 

No sabiendo los misioneros la causa de aquella per- 
secución, el Bto. Royo y el P. Oscott, que se habían refu- 
giado en Moyang, convinieron enviar cuatro literatos cris- 
tianos a Foochow para hablar con el virrey, presentándole 
un memorial en defensa de la Ley de Dios y para averiguar 
la causa de la persecución (18). 

«Pareció conveniente — escribe el P. Oscott — que cuatro 
buenos cristianos, Kuo Domingo, Chin Domingo, Mieu To- 
más y Chao Paulo, fuese a la metrópoli de Foochow y 
pusieran memorial al Chung-to capitán general; y como 
no sabíamos la cosa cómo estaba urdida (19) y que dicho 
general estaba empeñado, si fuera posible, en destruir la 
Ley de Dios y buscar ocasiones quiméricas para informar 
al emperador, y después dicho emperador, con diabólica 
ficción y política, echar a los europeos de su imperio, 
como lo hizo saltim a Cantón; fué dicho memorial de más 
daño que provecho, pues se fué aumentando la persecu- 
ción, y el Chung-to capitán general mandó llamar a su 
tribunal los cuatro letrados, y viribus et posse, que habían 
de apostatar» (20). 

«Vosotros, y los de Fogán, les dijo, y todos los cristia- 
nos, estáis locos y habéis perdido la cabeza, siguiendo una 



(17) Oscott, Reí. de 1733. 

(18) Algunos misioneros, entre ellos el P. Oscott, quisieron pre- 
sentarse a los tiranos, con objeto de que cesase la persecución contra 
los cristianos. Mas «los cristianos, dice el aludido P. Oscott, no quie- 
ren que yo me manifieste por no verme padecer trabajos. Pero, si 
molestan mucho, mi ánimo es manifestarme, y venga lo que Dios 
fuere servido» (Reí. del 15 de juno de 1723). 

(19) «Después (del decreto del Virrey) se fué levantando en nues- 
tra Misión una terribilísima persecución ; y no sabíamos la causa. 
Hasta que habiendo enviado algunos letrados cristianos a la Metró- 
poli, supieron del mismo hijo del Capitán General que era orden se- 
creto del emperador. Porque como después muy bien supimos, fué la 
causa que el P. Juan Morón había sido desterrado, porque se metía en 
cosas muy graves de su imperio, siendo de facción de otro; lo cual 
él mismo confesó en los tormentos ; y por eso fué muerto ignominio- 
samente» (Oscott, Reí. de 1733). 

(20) Oscott, Reí. del 8 de abril de 1723. 



126 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Religión y doctrina falsas, que no os enseñaron nuestros 
antepasados, ni está conforme con las leyes del imperio. 
¿Y habéis tenido el atrevimiento de venir a pedir que la 
proteja? Sabed que el Hijo del Cielo (el emperador) ha 
prohibido esa Religión y desea que todos sus vasallos la 
desprecien como cosa de chiquillos o de locos y como 
perturbadora de la tranquilidad pública. Esos extranjeros 
os están embaucando; no buscan más que su provecho 
y el separaros de la' obediencia al emperador. ¿Puede ha- 
ber mayor locura?» (21). 

«Tuvieron tanto ánimo en aquel tribunal que, viendo 
que ni con amenazas «ni con cariño lo querían hacer, el 
escribiende escribió que habían apostatado; y leyendo de- 
lante de ellos dicho papel el escribano, que entendiendo 
les hacía gracia, había escrito dicho disparate, respon- 
dió Chin Domingo intrépidamente: «Nosotros no diji- 
mos ni podemos decir tal cosa, y así borra eso.» Dijeron 
también allí los Mandamientos de la Ley de Dios y otra 
doctrina agudamente. Se puso con esto hecho un Luci- 
fer el Chung-tu que gobierna las provincias de Fukién y 
Chekián, viendo que no tenía honra si quedaba vencido 
de unos letrados; « y mandó llevarlos a otro tribunal, don- 
de regía un horrible mandarín y tirano, llamado Ta-oie. 
Y éste por congraciar a su Chung-tu — que su ánimo no 
era sacarles sangre — , les hizo preguntas sofísticas para 
así cogerles y decir habían apostatado. En todo el colo- 
quio, dicen, les nombró el nombre de Dios; y, entre otras 
cosas, les mandó que escribiesen que en adelante segui- 
rían lo recto y dejarían lo falso. Respondieron: «La Ley 
de Dios ob initio tiene esto.» El se enfadó, y les mandó 
escribir lo dicho; lo cual hicieron sin entender en su co- 
razón, como ellos dicen, habían ofendido a Dios. Pero el 
picara de mandarín después tomó «seguiremos lo recto» 
por su falsa secta y «dejaremos lo falso» por la Ley de 
Dios. Y así dijo que habían apostatado — como después se 
vió — y que ya estaban vencidos.» 

«Y habiendo venido los cuatro cristianos, les dijimos 
que aquella escritura no estaba buena por haberle faltado 
la claridad; y ellos respondieron que en sus conciencias 



(21) Arias, Vida..., pp. 263-264. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



127 



no les parecia hablan faltado entonces, y que había sido 
malicia y ficción del mandarín.» 

«A este tiempo de este suceso vino nueva a la casa de 
Kuo Domingo, donde yo estaba escondido, después de 
media noche, y haber en distintas partes administrado 
los Sacramentos a tres enfermos, que los cuatro letrados 
estaban para encarcelarles y quitarles el grado si no 
apostataban. Aquí era ver los gritos, sollozos y lástimas 
de sus hijos. Me parece que quisiera más morir que ver 
tales cosas; porque ya los hijos se hacían sin padre, y la 
mujer sin marido y sin hacienda, que estiman mucho. 
Pero entre esto me edificó una virgen, Magdalena su san- 
to nombre, a quien reprendiendo yo sus gritos, respon- 
dió: «No lloro porque por Dios mi padre padezca; sino 
porque temo que mi padre no ha de tener fuerzas y, sien- 
do molestado, apostate.» 

«Pasados unos días, vinieron los cuatro letrados, de 
los cuales se decía o se temía padecerían lo arriba dicho. 
Tras de estos afligidos y buenos cristianos, vino también 
un decreto del dicho capitán general y del virrey, que le 
dicen fü-ien, infamatorio y blasfemo contra nuestra San- 
ta Ley, diciendo que destruíamos sus santas costumbres 
y sectas; y que nuestra Ley era falsa, y que hacíamos 
junta y conmistión de hombres y mujeres, y que nos 
levantaríamos con todo poco a poco; y horribilísimas 
blasfemias contra Dios, y muchas mentiras y algunas co- 
sas de reir. Esto mismo, poco más o menos, escribieron al 
emperador, y mandaron que en todos los lugares grandes 
y pequeños y cualesquiera barrios de toda su provincia 
se fijase dicho decreto, y que a fuerza hiciesen aposta- 
tar a todos los cristianos; y, si no querían, fuesen azota- 
dos; y a los letrados les quitaran el grado, y serían deste- 
rrados. A los que fuesen cabezas, degollados o dados ga- 
rrote. Grande temor causó esto a los cristianos. Ya se co- 
menzaron a ir familias enteras, unas a las tierras mon- 
tuosas; otros, a las aldeas, otros a esconderse estricta- 
mente.» 

«Los cuatro letrados que vinieron de la Metrópoli, con 
los dos arriba dichos Vu Benito y Kuo Tomás, fueron de 
nuevo molestados y presos por el gobernador de la villa 
de Fogán en el templo o casa de Confucio; y, juntamen- 
te con los más de los letrados, gastaron más de dos mil 



128 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



pesos por no apostatar. A otros cristianos los llevaron a 
un templo de ídolos en la villa de Fogán, que se llama 
Chin-hoang, de los cuales, unos gastaban dinero para li- 
brarse; y otros cristianos, dándoles con una caña en las 
piernas, les hacían ponerse de rodillas.» 

«Es digna de alabar, y alabada es por todo el imperio, 
la fe de nuestros cristianos y su limpieza; guardando la 
Constitución «Ex illa die» ad pedem litterae, con admira- 
ción de todos y estupor de los impertinentes en las difi- 
cultades e imposibilidades nacidas de su pasión.» 

«En Fogán era mucho lo que afligía el gobernador a 
los cristianos, y principalmente ricos, para sacarles dine- 
ro. Por todos los demás pueblos había satélites para coger 
cristianos. En el pueblo de Lo-kia, un diablero, por no 
dar pena a los cristianos, en el cual casi todos conocen a 
Dios, se fué a la casa común de dicho pueblo a hacer 
diabluras. Los cristianos, enfadados no pudiendo sufrir 
tales cosas, le echaron a empellones y le rompieron la 
cabeza. Les ponen pleito delante del gobernador de Fo- 
gán; y, para agravar más su causa, dicen en el proeceso 
que fueron dos Beatas las que revolvieron el motín. Lle- 
varon muchos cristianos presos y les dieron cuarenta azo- 
tes; ya un hermano de estas Beatas, letrado y santo 
nombre Lo Francisco, le costó buen dinero; y dicen que, 
el gobernador había mandado prender a las dos Beatas, 
por lo que les levantaban habían hecho. Pero no tuvo 
efecto porque bien conoció el mandarín la verdad.» 

«En otro pueblo de Ting-teu, padecían bastante los 
cristianos, así del mandarín como de los infieles; entre 
los cuales fue uno Hoan Pedro, Kiensen, id est, maestro; 
el cual me dijo había vendido sementeras, y a esto había 
venido a aquel pueblo para dar dinero al mandarín, y 
así le dejase. Y decía este honrado y buen cristiano que 
quería más quedar pobre, — que era muy rico — , que ha- 
cer la más mínima cosa contra la Ley de Dios. Este tuvo 
bastante tiempo en su casa al P. Fr. Onofre Bas. En to- 
dos los otros pueblos padecieron también bastante este 
tiempo.» 

«Entre las cosas que más fuerza ponían en los decre- 
tos era, que los cristianos, aunque fuesen ricos, no que- 
rían multitud de mujeres, y que con eso se prolongaba 
la generación. Y un letrado, en presencia del gobernador, 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



129 



probó lo contrario, y los inconvenientes que tenía un 
hombre en tener mucha mujeres, de lo cual, quedó el 
mandarín convencido. A otro, llamado Luis, le dijo: «Vos- 
otros no tenéis y despreciáis a los ídolos,» diciendo por 
sus nombres algunos. El buen Luis, enfervorizado, se le- 
vantó y dijo: «Había yo de ser tan bruto que había de 
adorar un poco de tierra que yo piso con mis pies?» Y 
dando un golpe en el suelo, de lo cual, el mandarín se en- 
fadó mucho. Y, aunque por entonces calló, fué después 
el buen Luis, bien molestado porque no quiso adorar la 
tablilla en el templo de los abuelos; pero siempre con el 
mismo ánimo y fervor.» 

«Las Beatas padecieron también bastantes injurias, y 
mandó el mandarín tomar su nombre; y, si las dejaran 
todas salieran, porque deseaba cada una tener el nombre 
en las Audiencias por confesar la Ley de Dios, de las 
cuales no escribieron sino siete, las más viejas, terceras 
de nuestra Orden. Pero nada les sucedió» (22). 



IV 

DECRETO IMPERIAL DE DESTIERRO 

«La persecución, en que tan gran cosecha de méritos y 
de triunfos recogía la Iglesia de Dios seguía con gran fu- 
rio a principios del año 24, haciéndose general en todo el 
imperio. Los edictos contra los misioneros, sin acordarse 
ya para nada del diploma imperial...» 

«Ni les quedaba una sola iglesia; no tenían una sola 
^casa de cristianos en que pudieran vivir con holgura, y 
sin embargo, ¡la caridad hace milagros y la fe se acrisola 
-en la tribulación! Nunca les faltaba algún neófito fiel que 
les acompañase; un lugar, por miserable que fuera, en que 
no tuviesen el consuelo de celebrar el santo sacrificio, para 



(22) Oscott, Reí. del 8 de abril de 1724. 



9 



130 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



poder repartir el sacramento eucarístico a los fieles que lo 
deseaban» (23). 

Como si la persecución furiosa que asolaba la Misión 
fuera poco, los enemigos de la Ley de Dios buscaron me- 
dios para destruirla hasta en sus cimientos. 

Distinguióse principalmente en estas maquinaciones aL 
famoso Chang Pung-ke, que, para mejor realizar sus planes, 
hizo que el Chung-to o virrey de Fukién presentase a la 
corte un memorial en que decía que, habiendo muchos 
cristianos en su provincia, y siendo ésta una de las que 
más comunicación tenían con las islas de Luzón (Filipi- 
nas), era conveniente poner trabas a la propagación de esa 
falsa Ley y expeler a los europeos y hacer que los letrádos 
apostatasen de ella, pues, de lo contrario, habría que la- 
mentar graves conflictos (24). 

El emperador remitió este memorial al Tribunal de 
Ritos para su examen. Este Tribunal aprobó por unanimi- 
dad la exposición del virrey de Fukién, y presentó el si- 
guiente parecer al emperador: «Conforme a lo que el vi- 
rrey de Fukién propone, es necesario dejar en la corte 
los europeos que sean útiles allí. En cuanto a los demás 
esparcidos en Chili y otras provincias del imperio, que se 
lleven a la corte los que allí sean de utilidad, y los demás, 
enviarlos a Macao. Hay quienes han recibido la patente 
imperial (el piao) llamada Noui-vou-fou. Que esta patente 
sea remitida a los mandarines respectivos, y que no sea 
devuelta, para ser remitida al tribunal de donde ha salido, 
y sea quemada (25). Que los templos que han levantado 
sean convertidos en casas comunales; que se prohiba ri- 
gurosamente esta Religión y se obligue a los que han sido 



(23) Arias, Vida..., pp. 272-274. 

(24) Arias, Vida..., pp. 272-274. 

(25) «Ainsi etait reglée sans retour la question du Piao, qui avai 
été l'occasion de tant de vexations pour les missionaires opposes aux 
rites chinois» (A. Thomas, Histoire..., p. 319}. 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



131 



ciegos para abrazarla a corregirse cuanto antes. Si ellos 
se juntan para rezar, que sean castigados según las leyes; 
y que los mandarines poco celosos en hacer cumplir esta 
orden sean privados de sus cargos por los gobernadores 
y virreyes y enviados ante nosotros, para que nosotros 
determinemos el castigo que se merecen» (26). 

Al día siguiente, 15 de la luna XII (11 de enero de 1724), 
aprobaba el emperador el parecer del Tribunal de Ritos, 
o sea, la persecución de la Religión cristiana, con la¿ 
siguientes palabras: 

«Que se ejecute lo dispuesto por el Tribunal de Ritos. 
Los europeos son extranjeros, ya hace muchos años que 
residen en las provincias del imperio; ahora es necesa- 
rio que se atengan a lo que propone el virrey de Fukién. 
Mas porque es de temer que el pueblo les haga algún 
ultraje, ordeno a los gobernador y a los virreyes de las 
provincias de concederles medio año o algunos meses; 
y para ser conducidos, o a la Corte, o a Macao, hacer que 
vayan acompañados durante el viaje por un mandarín 
que se encargue de ellos y les libre de cualquier insul- 
to» (27). 

Este decreto no fué puesto en vigor hasta el 11 de fe- 
brero del mismo año. Mas los mandarines, que tenían co- 
nocimiento de las intenciones del emperador, aumentaron 
sus persecuciones contra la Religión cristiana por todas 
partes. 



(26) A. Thomas, Histoire..., p. 319. 

(27) A. Thomas, Histoire..., p. 320.— Los jesuítas pidieron al em- 
perador revocase la orden de destierro a los misioneros. El emperador 
les contestó con un discurso lleno de quejas. (En el A. P. D., t. 48, 
folios 388-389, se halla este discurso en francés, tomado por el P. Pe- 
renin, S. J. ; y en latín, por el P. Kegler, S. J , en el mismo tomo, 
folios 390-393, con otras noticias.) 



132 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



V 

SE DESTIERRAN TEMPORALMENTE LOS PADRES OSCOTT Y SIERRA 

Nuestros misioneros permanecieron ocultos en la Mi- 
sión, haciendo caso omiso del decreto imperial. Pero habia 
gran peligro de ser descubiertos, por constar en dicho de- 
creto los nombres de los PP. Oscott y Sierra, por lo cual 
era necesario que los dos saliesen de la Misión. Mas era 
tanto el amor que los dos tenían a sus neófitos y tanta 
la necesidad de su asistencia espiritual, que les era suma- 
mente doloroso el abandonarlos. Sólo a requerimientos del 
P. Pedro Muñoz, P., que residía en Cantón; del Sr. Ven- 
tallol, del Sr. Obispo de Nankín y del Procurador de la 
S. C. de la Propaganda, D. Domingo Perroni, y de los de- 
más misioneros, accedieron a salir para su destierro y 
abandonar su querida Misión y sus neófitos (28). 

«Ya este mismo año de 24, por Resurrección, habia 
venido el maldito decreto del emperador en donde pro- 
hibía nuestra santa Ley, y mandaba que todos los mi- 
sioneros fuesen expulsados a Macao, y de las iglesias se 
hiciesen escuelas de Confucio, lo cual ya había mucho 
tiempo habían hecho con las nuestras, dejando las más 
de ellas muy mal tratadas y casi sin provecho. 

^Después de este decreto iban los misioneros cum- 
pliendo su destierro, menos los matemáticos y otros de 
oficios mecánicos, que mandaba el emperador quedasen 
en la Corte para su servicio. Y como el Chung-to capitán 
general de Fo-kien informó que éramos los dos los que 
estábamos en Fo-kien, el P. Blas y yo, fué necesario decir 
a los cristianos: «Hijos míos, conviene ahora que los 
dos que tenemos nombre vayamos desterrados, porque si 
el emperador llega a saber que aun permanecemos es- 
condidos entre vosotros, nos mortificarán más, y acaso 



(28) Oscott, Reí. cit. de 1733. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



133 



entonces no se podrá esconder alguno, y ahora, yéndonos 
los dos, los otros cinco quedan para ayudaros, etc.» No 
quisieron, y dijeron que, aunque les cortaran la cabeza, 
que ellos eran los que nos tenian en sus casas, y que si 
había algún mal, ellos lo querían padecer. Que si ahora 
nos íbamos, más mal les podía venir a ellos y a nosotros 
por causa que habían de inquirir en qué casa y en qué 
lugar nos habían tenido escondidos, y serían todos des- 
truidos, y, además, es difícil que después nos volvamos 
a ver y gozar de vuestra doctrina. Y si las almas se 
mueren por faltarles el pasto y doctrina, ¿para qué sirve 
lo demás? 

sCon estas razones, afectos y parecer de los otros Pa- 
dres y del Sr. Magino, no nos determinamos a cumplir 
el destierro, antes me animaba a exponerme a mil ries- 
gos de vida por ellos» (29). 

Mas después recibieron el aviso de diversas personas, 
como dijimos, incluso del mismo Sr. Ventallol, para que 
cuanto antes saliesen para su destierro, para que no se 
siguiesen peores consecuencias, no sólo para la Misión de 
Fukién, sino también para todas las demás de China (30). 



(29> Oscorr. Reí. del 8 de abril de 1725. 

(30) En este sentido escribía el Sr. D. Domingo Peironi, Pro- 
curador de la S. Congregación, con fecha del 16 de septiembre 
de 1724 : «Las circunstancias funestas de esta Misión nos han hecho 
esperar la llegada aquí de dos de sus misioneros para ablandar el 
empeño del emperador y de los mandarines contra nuestra sancta 
Religión ; pero no viéndose comparecer, el Muy Rvdo. Pre. Muñoz, 
según el parecer de Monsr. Obispo de Nankín y de los muchos misio- 
neros que somos en esta Metrópoli, se ha resuelto con expreso solici- 
tar la venida de dos misioneros, cuyos nombres van en las Audien- 
cias y son indicados en el acusa que los mandarines dieron al empe- 
rador. Yo con estos renglones suplico a V. P. M. Revda., que tiene 
el gobierno de esta Misión de la Sagrada Orden de s. Domingo, de 
cuanto antes hacer venir a Cantón, o a Macao, los dos dichos misio- 
neros, o otros dos en lugar de ellos; siendo absolutamente necesario 
por la consecución de lo que se queda de esta Misión de China. De 
lo que le rogó (sic> también a nombre de la Sagrada Congregación de 
Propaganda Fide. Pues quando no vieniesen, nos hallaremos en gran- 
des peligros de arruinarse totalmente las Christiandades que ahora vi- 
ven con alguna paz. Este Virrey de Macao hame muchas veces pre- 
guntado si a aquí o a Macao habían llegado los misioneros de Fokién, 
de los quales se hace mención en el acusa de los mandarines. Cada 
día llegan los misioneros de las provincias, y en breve tiempo llegarán 
todos; y no viendo el Virrey entre ellos algunos de Fokién, sin duda 



134 



JOSii MAKÍA GONZÁLEZ 



«Viendo esto, procuramos luego al punto ponernos en 
camino, aunque nos lo estorbasen los cristianos. No se 
puede decir el sentimiento tan grande que tuvieron los 
cristianos a quienes llegó esta noticia... 

»Nosotros era necesario salir ocultos, y salimos de 
Moyang — quedando los otros, gracias a Dios, escondi- 
dos—el P. Blas y yo, a 25 de octubre del de 24. Acom- 
pañónos un letrado, Ching Domingo, de los cuatro cris- 
tianos arriba dichos de gran fe, celo y caridad; despre- 
ciador con energía de los ritos sinicos; que aun misio- 
neros permanecen, según muestran en sus cosas, per- 
tinaces. 

»La salida fué por la noche, y se juntaron tantos 
cristianos, asi hombres como mujeres, que apenas nos 
podíamos desasir de ellos. Los sollozos y gritos daban 
al cielo. 

»Apartados con gran dolor de los cristianos, cogimos 
un barquillo para de noche pasar un fortin, adonde es- 
taba un mandarín guardando los confines del distrito, 
de la villa de Fogán, y después nos pasamos a otro barco 
mayor. Por este tiempo había muchos ladrones en aquel 
brazo de mar que va a la villa de Ningte, adonde tene- 
mos iglesia, y por esta causa había un barco de guerra 
que anda guardando aquel distrito, y ningún barco puede 
andar sin que lleve pasaporte en escrito y sellado de su 
mandarín que guardare aquel brazo de mar; y como nos- 
otros venimos ocultamente con ánimo de desembarcar 
a la falda de un monte, que no es puerto ni paradero de 
barcos, y el intento es no ser descubiertos y nos pre- 
guntasen en qué casas habíamos estado escondidos, ve- 



dará aviso a la Corte y a los mandarines de la provincia. En el qual 
caso la turbación de los cristianos será muy grande y mayor el peli- 
gro de los que se quieren quedar abscondidos; pues no sólo en esa 
provincia de Fokién, sino en todas las otras, los mandarines harán 
sus esfuerzos por hallarlos, y así todos estarán en peligro de ser des- 
cubiertos. A esto se añade la amenaza hecha por el emperador en 
el primer día de julio a los misioneros : que si tendrá quejas de los 
mandarines, echará de Pekín y de Cantón, declarándose de que fuera 
de estos dos lugares, no quiere misioneros en las provincias. Si no 
vendrán a lo menos dos de nuestros PP., que son nombrados, y están 
a noticias de dichos mandarines, sin duda su Majestad mucho se 
enojará ; los mandarines se quejarán y todos estaremos en peligro. 
Viniendo a lo menos dos, podremos dar aviso al Virrey de su llegada, 
y los que se quedan estarán con alguna seguridad.» (A. P. D., t. 44. 
folios 11-12.) 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



135 



nimos sin dicho pasaporte; y como no lo traían los bar- 
queros ni nuestro letrado Chin Domingo, por lo arriba 
dicho, nos prenden por ladrones. El P. Blas y yo nos 
metimos debajo de una manta, sin casi poder respirar; 
registran los soldados el barco, preguntan quiénes son 
aquellos que están allí durmiendo; respondieron: «Son 
dos letrados de otra provincia que van a hacer no sé 
qué ventas y están durmiendo, porque se hallan indis- 
puestos.» Porque si sabían que eran europeos, ¡qué pro- 
cesos que harían! ¡Qué persecuciones se levantarían! 
¡Cómo pondrían a los pobres cristianos y a nuestro noble 
letrado Chin Domingo! Verdaderamente que lo pasaría- 
mos mal, y entonces harían bueno su decreto falso, y 
más que los dos eran a quienes buscaban, etc. 

»Pero Dios movió el corazón del capitán del barco de 
guerra, por respetos del letrado Domingo, para dejar li- 
bre nuestro barco, después de más de un cuarto de hora 
de contienda. Se lo pidió nuestro Domingo con tanta 
humildad, cortesía y sagacidad, que le hizo ablandarse. 
Y nosotros salimos fuera de la manta, que estábamos ya 
medio ahogados de calor, y dimos gracias a Dios y a su 
santísima Madre; y anduvimos aquella tarde tres leguas 
de monte inaccesible. Muy molidos llegamos a Vuan-iao 
(Langkau), que quiere decir: «horno de escudillas», y 
adonde aquellos escudilleros todos son cristianos. 

»Viendo que andando ocultamente habíamos de dar 
que sospechar, y nosotros habíamos de padecer mucho, 
determinamos ir manifiestamente, y avisamos por un 
cristiano a los de la villa de Lo-iuen, que estaba de 
Vuan-iao medio día de camino, y respondieron según 
nuestra intención y que, si nos preguntaban algo, con 
decir que íbamos desterrados por decreto imperial a 
Cantón, no nos harían cosa; y así fuimos a comer a 
casa de un noble cristiano, llamado Mauro, que habitaba 
en la misma villa de Lo-iuen, adonde llegamos, y des- 
pués que confesamos a toda su familia y a su hijo Do- 
mingo, que estaba enfermo de peligro, comimos y nos 
compraron sillas, y de allí hasta Cantón venimos más 
descansados, aunque siempre con recelo y no seguros. 

»Pasamos por Changcheu, adonde estaba escondido 
el Iltmo. y Rmo. Magino, y de noche le vimos y supimos 
de su Ilustrísima, cómo en el tiempo de tanta persecu- 



136 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



ción se estaba escondido en un cuarto, adonde la luz le 
entraba por una ventanilla del tejado, que era quitando 
dos tejas; y estando tan viejo y con persecución, no por 
eso dejaba de asistir a los cristianos y administrarles 
los Sacramentos como el de mejores fuerzas. Nos acon- 
sejó y alabó nuestra determinación y sacrificio a Dios por 
el bien de la Misión. El P. y Rvdo. Fr. Pedro Mártir 
Sanz estaba escondido en otra aldea cercana de allí, no 
con menos estrechura, y aun más; porque no fué posible 
el vernos, porque los infieles no sospechasen que en aquel 
lugar había Padre escondido, y así nos saludamos y con- 
solamos por cartas. 

»Pasados algunos días, estuve en el camino bien en- 
fermo una noche, y se convirtió en vómitos, con lo cual 
al otro día pude proseguir el camino. Llegamos a Cantón 
dos días antes de San Andrés, a últimos de noviembre, 
después de treinta y cinco días de camino» (31). 

Pero al P. Oscott, lo mismo que al P. Sierra, se le hacia. 
muy cuesta arriba permanecer en Cantón. Su carácter 
vivo, su actividad y su celo de la salvación de las almas, 
no eran los más apropiados para llevar forzosamente una 
vida menos activa, como se veía precisado a llevar en 
aquella ciudad. 

Además, los cristianos de Fogán le escribían con fre- 
cuencia, rogándole volviera cuanto antes a entre ellos, ya 



(31) Oscott, Reí. cit. del 8 de abril de 1724. — En esta misma re- 
lación, y más adelante, se lee: «Si acaso, P.e nuestro, corrieron al- 
gunos rumores de algunos mal contentos ; esto es, que por los ritos 
ser pierde la Misión, y que no se puede observar la Constitución 
Apostólica, no tome pena V. P. M. R.vda. ; que, al contrario sucede, 
como lo estamos palpando; pues en todas los decretos prohibitivos de 
nuestra santa Ley no se nombran ritos ni Confucio ; si no es esto, 
por lo que al principio de la relación escribo. Lo mismo de levantar 
la iglesia de Pogán ; pues tampoco en sus decretos hacen mención de 
tal iglesia ni de ruido de nuestras cristiandades ; pues nunca se vie- 
ron tan florecientes y en sana paz.» 

Y más adelante: «También que el emperador mandó que los que 
tuviesen diploma que se los cogiesen y quemasen ; lo cual ya por un 
decreto había mandado el Chungto de Fo-kien. Por donde también se 
da a entender todo lo que hacía, venía, parece, antes de la Corte. Ya 
con eso se ha quitado a nuestro modo aquella grande bestia in qua 
habebant jidutiam, y por el cual tanto trabajo padecieron nuestros 
antiguos misioneros, y también los nuevos.» 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



137 



por el amor que le tenían, ya por la escasez que había de 
misioneros. En Cantón, por otra parte, tenían lugar cier- 
tos hechos que pugnaban con su carácter franco y deli- 
cada conciencia, y con su voluntad en completa sumisión 
a los mandatos de Roma. No es, pues, de extrañar que 
en la primera ocasión que se le ofreció partiera para Fo- 
gán, aunque tuviese que desafiar toda clase de peligros. 
Oigásmosle a él mismo hablar acerca de estos extremos: 

«... el P. Blas y yo, desterrados y separados de nues- 
tros amados cristianos (por los enemigos de nuestra san- 
ta Ley), de quienes ahora hay cartas que me quiebran el 
corazón; si pudiera — aunque fuera a costa de mi vida — , 
me huyera de la noble prisión de Cantón.» 

Y más adelante: 

«Pero padecemos otros más intolerables, que son las 
miserias en que está la Misión con los diabólicos ritos, y 
mucho temor de que dañe a la limpieza de nuestra cris- 
tiandad» (32). 

Y en otra parte escribe: 

«Por el año de 1726, a los primeros del mes de enero, 
estando los dos arriba nombrados (él y el P. Sierra) des- 
terrados en la dicha ciudad de Cantón, habiendo ya reci- 
bido las cartas de la Provincia y muchas de los cris- 
tianos de nuestra cristiandad, que con muchas plega- 
rias y razones clamaban por nosotros, pues yo tuve car- 
tas de los más principales, adonde daban a entender la 
necesidad grande que había para que expusiese por Dios 
y su bien huirme de Cantón, adonde no se hacía cosa, 
sino estar en la iglesia y saber y oír cosas de algunos, 
que por razón de su estado, estaban obligados a quitar 
los errores de los otros; que, a la verdad, no correspon- 
dían a la sumisión y conciencia recta que debemos to- 



(32) Oscott, Reí. del 25 de 1725. 



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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



dos tener a la piedra fundamental sobre la cual se debe 
edificar en esta preciosa obra de la conversión de las 
almas, porque si no va todo perdido, como hoy lloramos 
en este imperio. 

»Determiné yo, viendo esto, y los clamores de los cris- 
tianos, y deponiendo todos temores, políticas y razones 
humanas, entrarme en la Misión, confiando mucho en 
Dios... Determiné salir, como lo ejecuté, a 13 de enero 
del referido 26, acompañado de dos cristianos. Cincuenta 
días anduve corriendo tres provincias, hasta llegar a 
nuestra cristiandad, representando en el camino mu- 
chas farsas. Unas veces me hacía enfermo, otras repre- 
sentaba ser soldado, otras veces mandarín, otras mer- 
cader y otros papeles para librarme de ser cogido» (33). 

Prosiguiendo el P. Oscott su viaje, llegó a la ciudad de 
Kang-cheu, Kiansi, en donde se detuvo para administrar 
los Sacramentos a aquellos pobres cristianos. Creía el Pa- 
dre Oscott habían pasado ya los mayores peligros, mas no 
fué así. Al día siguiente de salir de Kang-cheu para Fogán 
fué descubierto por el mandarín, y gracias a su pericia 
y diplomacia se libró de ser apresado. 

Pero lo que después padeció el buen misionero hasta 
llegar a Moyang fué sin comparación mucho más. Salvan- 
do altísimas montañas cubiertas de nieve, en época llu- 
viosa y fría, haciéndose pasar, ya por capitán, ya por 
soldado raso, a los cincuenta y tantos días de camino llegó 
a unos montes cubiertos de nieve. «Durante el difícil des- 
censo se me resbalaron ambos pies — escribe él mismo — y 
caí con todo el cuerpo sobre una mano, que se me torció, 
con tan vivos dolores, que es difícil de ponderar.» Y 
después: 

«Otra caída como la anterior, y. naturalmente, para 
defender el cuerpo, puse otra vez la mano debajo. Llo- 
vía aquel día mucho, y venía todo mojado; se puso la 



(33> ibíd. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



139 



mano muy mala, sin poder menear ningún dedo de ella, 
y también muy hinchada. Y de esta suerte llegué, como 
a las diez de la noche, a la casa adonde estaba el Pa- 
dre Fr. Joaquin Royo. Siendo asi que no habia más de 
un año que me había apartado de ellos (de Padres y 
cristianos), apenas me conocían, porque venía todo dis- 
figurado y muy flaco de los muchos trabajos y penas 
que habia pasado en el camino de cincuenta y cinco 
días, en tiempo de grande persecución. 

»Pasados algunos dias, ya fué necesario, por el P. Joa- 
quín Royo, darnos a las confesiones, por ser Cuaresma; 
y entre los dos confesamos más de quinientos. Y esto se 
hacía de noche lo más común, como desde que comenzó 
la persecución se hace; andando de noche de casa en 
casa y de lugar en lugar, expuestos a los peligros de 
fieras y de muchos fríos en tiempo de invierno. Y con 
todo eso se predicó siempre y se hicieron las funciones, 
aunque en casa, con el decoro proporcionado; y acaso 
con más consuelo que si nos halláramos en la catedral 
de Sevilla» (34). 

El día de Resurrección examinó y bautizó a veintitrés 
adultos (35). 

No tardó mucho el P. Sierra en seguir los pasos del 
P. Oscott. «Yo me parto— escribe— de aquí (de Cantón) 
para nuestras cristiandades de la provincia de Kiangsi 
el día 5 ó 6 de febrero (1726). Los cristianos de la villa 
de Yo-xam me están aguardando, que es lo que más me 
esfuerza a ocultamente entrar a cuidar de ellos y estar 
entre ellos el tiempo que Dios fuera servido; y si allí no 
puedo mantenerme, desde allí volverme a Fogán» (36). 



(34) Oscott, Reí. de 1733. 

(35) Ibíd. 

(36) Reí. firmada en Cantón el 29 de enero de 1826. 

La salida de los P. Oscott y Sierra de Catón para las Misiones fué 
alabada y admirada de los demás misioneros. El P. Domingo Perroni, 
misionero de la S. Congregación, escribía : «Los PP. Oscott y Sierra, 
con aplauso de los hombres de bien, se salieron de Cantón para sus 
Misiones.» (Carta al P. Provincial de Dominicos de Manila, fechada 
en Catón el L° de mayo de 1726.) 



140 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



En otra relación escribe el propio P. Sierra que tuvo 
feliz viaje, y que administró los Sacramentos a su paso 
a los cristianos de la ciudad de Xao-cheu, perteneciente 
a los ad-éxteros; a los de la ciudad de Nang-an, de los 
franciscanos de Manila, y a los de la ciudad de Kan-cheu, 
de los franciscanos y jesuitas (37). 

La víspera de la Asunción llegó a Yo-xan, en donde 
recibió gran pena al saber que las iglesias de la ciudad 
de Kang-siu y villa de Yo-ran, en Kiangsi, y las de las 
ciudades de Kiu-cheu y King-hou, en Chekiang, las ocu- 
paban los soldados, y la de la villa de Lang-ki estaba 
cerrada. 

No se atrevió a pasar a Chekiang, por estar aquellos 
cristianos infestados de los ritos supersticiosos, condena- 
dos tantas veces por la Iglesia. Administró a los cristianos 
de Kiangsi y algunos várones que fueron a Chekiang, y, 
por no haber allí seguridad, partió el 7 de mayo para las 
cristiandades de Fukién, llegando a Moyang el día 18 (38). 



VI 

AMENAZA DE CISMA EN LAS MISIONES 

Habiendo ido en Kieu-jin (licenciado) y otros cristia- 
nos más de Fogán a Pekín a sus exámenes al principio 
de esta persecución, los misioneros riccistas de la corte les 



(37) Reí. del 19 de febrero de 1727. Dice también en esta relación: 
«Estos (los cristianos de Kang-cheu) me dieron más que hacer, y me 
obedecieron antes de admitirlos a la confesión, prometiéndome de en- 
mendar las tablillas de sus difuntos según lo permite la Constitu- 
ción «Ex illa die» ; pues no obstante esta Constitución, vi y leí que las 
tenian con las letras prohibidas, lo que sentí mucho; mas me consoló 
ver la prontitud con que obedecieron luego que les propuse las razo- 
nes para no usarlas; y los aconsejé que, en lugar de las tablillas, 
usasen de la cruz, como usan nuestros cristianos, y les agradó el con- 
sejo.» 

(38) Sierra, Relación desde Moyang, 19 de febrero de 1727. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



141 



contagiaron con sus ritos supersticiosos; y escribiendo 
aquel a sus padres— y después de su vuelta de la corte, de 
palabra — casi pervierte a los cristianos de su pueblo, los 
cuales eran antes muy fervorosos, y faltó poco para que 
se suscitara un cisma entre ellos. He aquí con cuánto 
dolor y pena describe el caso el P. Oscott. 

«El año 23 fué un Kieu-jin, grande letrado y cristiano 
nuestro y fervoroso, a la corte, y un Padre matemático, 
según él escribió, le reprendió que nuestros cristianos 
en padecer tantas cosas por no reverenciar a las tabli- 
llas y Confucio era en balde, porque se podía hacer; que 
no sacrificasen, que eso pase; pero no hacer la reveren- 
cia, que era como tengo dicho. Y este cristiano escribió 
a sus padres, que era una carta para pervertir a los más, 
a no ser Dios y su Sma. Madre que mira por sus po- 
brecitos y haberme yo hallado allí, que pude quitar de 
sus corazones tan horrible perversión; y me costó mu- 
chas lágrimas, porque era en tiempo de la persecución 
viva. Pues dicho letrado vino de la corte y me escriben 
los Padres que, después que vino, los de aquel lugar han 
faltado mucho en el fervor, siendo así que eran antes 
los más fervorosos; y adonde algunos años estuve yo 
predicándoles. Padre nuestro, ¿quién no ha de llorar vien- 
do esto? ¿Quién ha de desear estar en este imperio? Si 
yo hubiera de decir lo que sé y oí de estos buenos Padres 
(los riccistas), no acabara tan pronto. Dios les abra el 
corazón, aunque conmigo particular siempre se han tra- 
tado bien, y yo con ellos. Pero yo en cosa que sea directe 
vei indirecte contra la santa Iglesia, aunque me maten, 
no lo dejaré pasar. Lo demás, cada uno es hijo de sus 
obras; pero bendito sea Dios, que nos hace mil. benefi- 
cios, pues es de admiración al mundo lo que Dios hace 
con nuestra Misión y misioneros; y por eso nos miran, 
los que los tienen buenos, con buenos ojos» (39). 



(39) Oscott, Reí. del 5 de diciembre de 1725. «Algunos cristianos 
nuestros de Fogán y Kitung, habiendo ido a la Corte de Pekín a sus 
exámenes, y hablando con los Padres jesuítas, a la vuelta dijéronme 
que dichos Padres jesuítas les habían preguntado si las permisiones 
del Sr. Patriarca (Mazzabarba) se practicaban acá en nuestras cris- 
tiandades ; a que respondiéronles que no sabían de tales pennisiones, 



142 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Gracias a Dios, y a las persuasiones y razonamientos 
que les hicieron nuetros misioneros, se disipó la tormenta 
y volvió la paz a la Misión. Y todos los cristianos siguie- 
ron con sus sanas creencias, limpias de toda superstición 
y obedientes a las órdenes y enseñanzas de Roma. 



VII 

EMBAJADA DE BENEDICTO XIII AL EMPERADOR 

Con el fin de calmar la persecución, envió Benedic- 
to XIII una embajada al Yungtching; y si no se consi- 
guió todo el fruto que el santo Pontífice deseaba, por io 
menos contribuyó a que la persecución cediera. Consti- 
tuían la embajada dos Padres carmelitas, uno alemán y 
otro italiano, llamados Fr. Gothardo de Santa María y 
Fr. Ildefonso de la Natividad. 

El P. Oscott, que se hallaba en Cantón cuando los em- 
bajadores llegaron a esa ciudad, escribe : 

«Por aquel tiempo (julio de 1725) vinieron los navios 
de Europa, y en un flamenca vinieron dos Padres car- 
melitas descalzos, uno alemán y otro italiano, los cuales 
trajeron un regalo precioso de nuestro santo Pontífice 
Benedicto XIII— que Dios conserve largos años—, para el 
emperador de China.» 

«Los dichos Padres carmelitas que trajeron el regalo 
para el emperador fueron aquí bien recibidos del capitán 
general de dos provincias, con todos los demás manda- 
rines, así de lo político como de guerra; usando de mu- 
chas expresiones y cortesías. 



ni se les había hablado de ellas. Dijeron que dichos Padres jesuítas 
se enojaron mucho, prorrumpiendo en decir: «¿Aun querrán ser ma- 
yores que el señor Patriarca?» (Carta del P. Matheu. firmada el 23 de 
octubre de 1726.) Las citadas permisiones fueron más tarde condena- 
das por Benedicto XIV. como en su lugar veremos. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



143 



»E1 día de nuestro P. Sto. Domingo se manifestó dicho 
regalo con mucha pompa y el breve (el cual yo besé mu- 
chas veces por ser, a boca de todos, de un Pontífice santo, 
admirable en sus virtudes); se puso debajo de un ador- 
nado dosel, y fueron a verle todos los mandarines arri- 
ba dichos, también los Padres europeos, a la casa de los 
Padres de la Propaganda; y después, el día 19 de agosto, 
salieron dichos Padres con el regalo para la corte con 
mucha honra (40); y nosotros, los tres de la Orden que 
estamos aquí, salimos a despedir en un barco a dichos 
Padres carmelitas descalzos, lo cual estimamos mucho; 



(40) El Chung-to de Cantón se adelantó a los embajadores con 
la siguiente carta al emperador : «Ego, Chung-to, etc., Modemus Pon- 
tifex Benedictus audiens Majestatem vestram evectam ad solium im- 
perile, missit Ka Ta-tu (el P. F. Gotardo a Sta. María) et Y Te-fung 
(el P. Fr. Ildefonso a Natividad) a praesentandas litteras seu breve et 
muñera, qui homines desiderant vehementer coram accederé. Ego 
examinavi rem, et inveni Pontificem non esse in numero tributum 
oferentium. Ii homines terrae marisque universim insumpserunt de- 
cem mensium tempus, post quod Cantonem pervenerunt, non timentes 
terrae marisque pericula ut muñera oferrent. — Roma, ubi moratur 
Summus Pontifex usque ad In-ki-li (Inglaterra) insumpserunt tres 
menses itineris cum dimidio; aquae vero sex menses cum dimidio, 
universim decem menses, et pervenerunt Cantonem, extollentes ocu- 
los et videntes Majestatis vestrae extensam pietatem et virtutem. Ideo 
exteri homines magno desiderio et amor affecti erga Majestatem ve- 
stram (institerunt. si) pro nihilo habuere terrae marisqué pericula. — 
Ego ad me vocavi Ka Ta-tu et I Te-fung coram ipsis promissi me velle 
summisse petere a Majestate vestra mandatum pro determinatione 
negotii. Ko Ta-tu vero et I Te-fung ad obsequendum quamtotius in- 
tentioni Summi Pontificis, qui eos expedivit. et ut expectetur manda- 
tum eundo et redeundo responsum aliquot mensium tempus requi- 
tur. Ideo instanter rogarunt ut simul eodem tempore ex una parte 
monerem Majestatem vestram, ex alia eos venire disponerem. Ego 
vasallus Majestatis vestrae videns exterorum hominum vehemens de- 
siderium judicavi ¡nconveniens obsistere eorum supplicationi, itaque 
eisdem statim praebui necessaria pro itinere, litterasque publicas cum 
mandarino qui eos conduceret hoc anno luna 7 die 11 profecti sunt 
aulam versus. — Quo ubi pervenerint magna reverentia oferent res 
propriae terrae et quamtotius* exteri homines mirabuntur florentissi- 
mam Majestatem ad extra usque divulgatam regna. Praeterea rerum 
oferendarum catalogum missi tribunali Ly-pu (el tribunal de ritos). 
Vasallus magna reverentia, etc.» 

A continuación se lee : «Por lo dicho se ve que el Chung-to de 
Cantón tampoco escribió al emperador diciéndole que el Papa le ofre- 
cía tributo, con que quedan confundidos los misioneros que publica- 
ban lo contrario.» 

Antes de la anterior carta, se halla escrito : «El traslado siguien- 
te es copia de la carta que el Chung-to de Cantón envió al empera- 
dor cuando los PP. carmelitas llegaron con el regalo a Cantón. La 
versión fué hecha en Pekín, y el P. F. Gotardo fué leyendo y yo es- 
cribiendo.» (Sierra, Reí. del 21 de enero de 1726.) 



144 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



y ellos aquí con nosotros se portaron con especial y ex- 
tremado cariño. Y trajeron un breve expedido de Roma 
a 6 de noviembre en favor de la doctrina de S. Agus- 
tín y Sto. Tomás, nuestro Padre, contra los calumniado- 
res de su inmaculada doctrina; y este breve es dado a 
nuestra sagrada Religión; el cual yo trasladé del origi- 
nal que me dieron los dichos Padres carmelitas, y me 
autenticó el R. P. Muñoz, notario apostólico, y discu- 
rriendo que por allá aun no pueden tener noticia, le 
envío a Vuestra Paternidad Reverenda. Los dichos Padres 
llegaron ya a la corte con el regalo; y hay noticia que 
el emperador se alegró; lo que después resultará, no lo 
sabemos. Pero esperamos mucho, principalmente en las 
oraciones de nuestro santo Papa» (41). 

Y el P. Sierra escribe: 

«Los dos Padres carmelitas descalzos que trajeron los 
breves y regalo del Papa para el emperador de China 
han llegado de vuelta a Cantón el día 27 de este mes 
(de enero); y el día 28 por la tarde se embarcaron en 
un navio francés que va a Pontiseri [¿Pondicheri?] ; y de 
allí a Europa. Dios los lleve con bien. Yo salí a recibir- 
los y me dijeron que el regalo del Papa no estuvo en 
ningún tribunal, sino que, como iba en los cajones ce- 
rrados, por medio del décimo tercio Régulo lo recibió el 



(41) Oscott, Reí. del 5 de diciembre de 1725. Más adelante conti- 
núa el P. Oscott: «El P. Maestro Membrive, su fecha el 5 de octu- 
bre del 24, nos consuela con que las providencias que toma nuestro 
santo Padre se pondrá paz entre los misioneros todos; verdadera- 
mente necesaria y difícil en este imperio, porque hay algunos que por 
salir con su intento, amando más sus dictámenes, aunque sean torci- 
dísimos, que toda paz, atrepellan con todo, aunque sea en algún modo 
contra Ntra. Madre la Iglesia. Estos PP. de la Compañía, P, Nues- 
tro, son potentes a saeculo, y parece que glorían in multitudine divi- 
tiarum suarum, sin que caigan de su dictamen en su modo de hablar, 
que ofende al más silenciario. Sus hechos, a la verdad, no son muy 
lejos de lo que hablan. Y la lástima es que, algunos hermanos nues- 
tros franciscanos, en el hablar los siguen ; aunque discurro que no 
es con mala intención, sino que a veces no da más de sí la cosa. 
El P. Kleger, matemático, está ya hecho Consejero del Tribunal Ly- 
pu, tribunal propio de diablos; y es adonde se determinan todas las 
sectas y quien condenó nuestra santa Ley. Dicen que es sólo ad ho- 
norem, non in exercitio ; de tal honor Dios me libre. Ellos tendrán 
allá sus razones y su ciencia media. Se llama el tal mandarín Li 
Ly-pu Xi-lan.» 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



145 



emperador, el cual se gozó mucho de él; y retorna a 
nuestro Papa un regalo que, aunque en China vale mas 
que el regalo del Papa, el del Papa en Europa vale más 
que el del emperador» (42). 

Parte de lo acaecido entre los embajadores y el em- 
perador, nos lo describe el mismo P. Sierra con estas pa- 
labras: 

«Leyeron en mi presencia las palabras que el empe- 
rador dijo cuando le suplicaron que los misioneros vol- 
vieran a las iglesias, y en sustancia, dijo lo siguiente: 
«Declaradles a los Padres mi decreto. ¿Por qué quiere 
vuestro Papa que estéis en las provincias? En cada pro- 
vincia tenéis dos o tres casas, no sabéis con perfección 
la lengua ni tenéis potestad para con los cristianos, que 
lo son para obtener vuestras cosas, y así no los podéis 
aplacar sin hacer tumultos. A mí pertenece el gobernar- 
los. Convertid primero los de la provincia de Cantón y 
Pekín, que así se perpetuará vuestra Ley en China; y 
después podréis pasar a las otras provincias. Si yo en- 
viara bonzos a Europa, ¿cómo los recibirían? Yo no digo 
que vuestra Ley es falsa; antes digo que es buena. Sabed 
que me han presentado un memorial pidiéndome contra 
algunos de Pa-ki (esto es, de los que están debajo de la 
bandera imperial) para que no sigan la Ley de Dios, y yo 
no lo admití, y los dejé a su voluntad de seguir la Ley 
de Dios, que yo no les prohibo que la sigan» (43). 

El emperador respondió al breve papal con una carta, 



(42) «Las cosas que envía (el emperador al Papa) y yo me acuer- 
do, son : diez cates de la raíz sin-cen y cien pelestibelinas, esto es lo 
más principal ; también envía cien piezas de seda, ochenta piezas de 
loza, unos cates de cha y una mesa y otras piezas charenadas del 
barniz del Japón ; mas dicen que son hechas en Japón, aunque los 
chinos dicen que son de allá. Y también envían abanicos. Como ha 
sido tan acelerada la partida para Europa, no se ha podido ver el 
regalo.» (Sierra, Reí. del 29 de enero de 1726.) 

(43) Sierra, Reí. de 29 de enero de 1726. 

10 



146 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



la cual dista mucho de la sinceridad y amor que su padre 
mostraba a la religión católica (44). 

Digamos, por último, que «si esta embajada no obtuvo 
el resultado que el santo Benedicto XIII se prometía, al 
menos contribuyó a que la persecución se calmase ; si no es 
que también digamos que los mandarines chinos, después 
de cumplidas las primeras órdenes, y ya desterrados a 
Cantón la mayor parte de los operarios evangélicos, aflo- 
jaron por habitual desidia en el rigor de las medidas que 
contra nuestra santa Religión les estaban encomenda- 
das» (45). 



(44) «Respuesta del emperador a N. S. Papa Benedicto XIII, he- 
cha la versión en Pekín por el P. Perennin, de la Compañía de Jesús : 

«Mandato coeli hodiernus imperator verba transmittit ad Kiao 
Vuang regni Italiae, scilicet, Summum Pontificem. — Videndo Rex quae 
ad me retulisti, resque regni tui, quas mihi obtulisti, sinceritatem cor- 
dis tui cognovi. Pater meus imperator cum omnia regna etiam remo- 
tissima protectione complexus fuisset, inde contigit ut cum e vivís 
excesisset, omnes sive mandarini, sive populi tum imperii tum extero- 
rum desiderio conmoti profusis lacrimis prosecuti sunt. — Mihi vero 
cum thronum subeunti ratum fuit totis viribus bona acepta prosequi 
et amplificare. Tu, Pontifex, accepta a patre meo beneficia mente re- 
volvens mihi continuam precibus apprecatur felicitatem sua e lon- 
ginquo epístola, quae sane apicem attigit, cujus mens et verba reve- 
rentia plena sunt, hanc corde laeto laudavi. — Quos e longinquis par- 
tibus missisti viros honorificentius habui. Quod vero expectat ad euro- 
peos hospitantes in sinis ego imperator universa quasi unum quid 
sinu complectens docui aliquando eos reverentiam, cautelam et quie- 
tem agendi rationem, si possitt leges imperii reverenter observare, et 
nihil sit in eorum agendi modo reprehensibile beneficiis prosequar, 
fovebo, amabo. Per missos autem viros ad regnum reverentes expres- 
se haec verba transmitió simulque euro et bómbice inter texta primi 
ordiríis sérica sexaginta, inferioris vero quadraginta dono. Rex haec 
accipe meumque in te benevolum animum noscito.» 

«A esta respuesta no faltan quienes pongan notas en la versión, 
y están bien puestas o hechas; pero pase como la hi7¿> el Padre 
jesuíta por ahora, que después podrá ser que las escriba. — La res- 
puesta al segundo breve en que su Santidad ruega por la liberación 
de los SS. Appiani y Guigue esta vertida, mas no la he podido tras- 
ladar. El emperador concede la liberación de los dichos señores ; mas, 
aunque ha llegado a Cantón el mandato del emperador, según algu- 
nos dicen, aun no los han soltado los mandarines, y el por qué no 
se sabe.» (Sierra, Reí. de 29 de enero de 1726.) 

(45) Arias, Vida..., p. 285. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



147 



VIII 

LOS MISIONEROS EN LA PERSECUCIÓN 

a) Desgracias y contratiempos en el personal de la 
Misión. — Tantos padecimientos fisicos y morales quebran- 
taron la salud de nuestros fervorosos y valientes apósto- 
les. El P. Oscott se quejaba con frecuencia de su falta 
de salud, y, por esta causa y sus muchos sufrimientos 
morales, pidió más de una vez dejar la Misión y retirarse 
al convento de Manila, o a uno de España, para prepa- 
rarse a bien morir. Otro tanto debemos decir del P. Sie- 
rra. El Bto. Royo estuvo también varios meses gravemente 
enfermo, y, en general, podemos decir de todos los de- 
más misioneros que, durante todo este tiempo, ninguno 
gozaba de buena salud. 

Una gran desgracia para la Misión fué la muerte del 
joven P. Pedro Barreda, excelente religioso y celoso mi- 
sionero, de quien escribe el P. Oscott: «Lo que causó más 
aflicción fué que uno de los que más trabajaban, yendo 
una noche a una confesión, por el gran frío, viento y llu- 
via, y por haberse caído en un pozo de agua, le dió al se- 
gundo día un tabardillo, que a los siete días dió su alma 
al Señor, con edificación de los cristianos, llamado Fr. Pe- 
dro Barreda, montañés, hijo del insigne Colegio de San 
Pablo, de Valladolid, de edad de treinta y tres años aun 
no cumplidos. Sabía muy bien la lengua mandarina, y la 
vulgar, mejor; era intrépido y arrojado a todos los tra- 
bajos y peligros por la santa Ley y bien de las almas (46). 

Por su parte, el P. Sierra, lamentando amargamente 
su muerte, escribía: «También me dieron noticia de la 
muerte del P. Fr. Pedro Barreda, que sea en gloria; que 



(46) Oscott, Reí. de 1733. 



148 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



fué otro golpe que hirió mi corazón, no tanto por la amis- 
tad que teníamos, cuanto por la falta que hacía en esta 
Misión, y más en este tiempo de persecución. Era este Pa- 
dre muy fervoroso en su ministerio, no perdonó trabajo al- 
guno por el bien de los cristianos, andando de día y de 
noche, que hiciese calor o frío o lloviese, con otras mu- 
chas incomodidades, ya en silla ya a pie, y esto aunque 
enfermo, porque su caridad para con el prójimo le hacia 
que se olvidase de sí mismo; hasta en su última enferme- 
dad, estando con calentura tan recia postrado en cama, 
se esforzaba en confesar a los cristianos, y aun oyó de 
confesión a algunos, a ruegos que les hizo; pero ellos, 
viendo al Padre tan enfermo, no se atrevían a molestarle. 
Después celebró — aunque no pudo las tres misas — y los 
comulgó; acabado de celebrar, se volvió a la cama, y el 
día de S. Silvestre Papa dió su alma a Dios que lo crió. 
Requiescat in pace. El P. Royo me ha dicho que tuvo una 
muerte preciosa. Fué querido, no sólo de los cristianos, 
sino de los infieles, y los cristianos han sentido mucho 
su muerte» (47). 

Para colmo de males, por agosto de 1724, «el P. Vicario 
Fr. Miguel de Arriba se declaró formalmente loco, inhábil 
para todo» (48). Mejoró más tarde algo de su dolencia 
pero habiendo recaído en 1728 en la misma enfermedad, 
hubo que enviarlo a Cantón, de donde pasó a Manila. 

De la misma dolencia padecían también los PP. Ono- 
fre Bas y Pablo Matheu, efecto, sin duda, de sus muchos 
trabajos, por lo que, lejos de servir de ayuda a los demás 
misioneros, les venían a ser de pesada carga. El P. Bas 
salió de la Misión por esta causa en 1728, y el P. Matheu, 
en 1732, yendo a Macao por orden del P. Vicario Royo (49). 
b) Diversos cargos conferidos por este tiempo a los mi' 



(47) 
(48) 
(49) 



Sierra, Reí. de 18 de febrero de 1727. 
Oscott, Reí. de 7 de abril de 1725. 
Sanz, Reí. de 10 de mayo de 1732. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



149 



sione ros. —Durante los años 1723-1727 fueron nombrados 
Vicarios Provinciales de la Misión los PP. Arriba (1723), 
Bto. San (1725) y el P. Oscott (1727). 

También fueron nombrados Coadjutores del Sr. Ven- 
tallol los PP. Matheu, cum jure successionis (50), y Royo, 
en segundo lugar, dado que el primero por una u otra 
causa, no pudiera serlo (51). Mas ninguno de los dos llegó 
a consagrarse (52). Sobre la elección de Coadjutores del 
Sr. Ventallol y Bto. Sanz, he aqui el tenor del siguiente 
documento (53). 



Devendosi daré un Coadiutore a Mons. Magino 
Veltallol Vescovo Caristense e Vicario Apostólico della Pro- 
vincia di Fokien, la S. Me. d'Innocenzo XIII nell'anno 
1723 gli destino per Coadiutore semplicemente nell'ufficio 
di Vicario Apostólico, e senza grado Vescovile il P. Paolo 



(50) El P. Matheu, aceptando el cargo, escribe a la Sag. Congre- 
ción el 9 de octubre de 1727. Una copia de esta comunicación, es- 
crita de mano del mismo P. Matheu, hállase en el A. P. D. 

(51) Da cuenta el P. Royo de su nombramiento al P. Mtro. Vi- 
cente Petusa, de Valencia, España, en carta del 21 de enero de 1727. 
(Hállase copia de ella en el A. P. D.) Dice que no ha aceptado «por 
conocerme insuficiente y esperar me diga mi P. Provincial de Manila 
no que en esto conozca lo que me ha de ser más acertado». Y en 
carta al Rmo. P. Ripoll escribe que el P. Provincial le mandó acep- 
tara la dignidad, por lo cual escribió a Roma aceptándola. (Carta 
del 17 de mayo de 1731.) 

(52) Con este motivo escribía el P. Perroni al P. Provincial : «No 
puedo tampoco omitir de darle la noticia que los EEmos. Señores de 
la Sagrada Congregación de Propaganda Fide han escogido al 
M R. P. Fr. Pablo Matheu para Coadjutor de Mr. Magino Venta- 
llol, Obispo Caristense y Administrador Apostólico de la provincia de 
Fo-kien, y al P. Fr. Joachin Royo para Coadjutor de dch. P. Pablo 
Matheu ; reconociendo con tan acertada elección lo mucho que me- 
recen sus religiosos por los trabajos apostólicos en aquella provincia, 
a donde la persecución, aunque haya hecho tantos estragues (sic), 
sirve para que el mundo cristiano sepa el tesoro escondido que su 
sagrada Orden allá tiene ; y me confirma en lo que muchas veces 
he oído decir, que en estos tiempos la empresa más gloriosa que tie- 
nen los Dominicos, es la Misión de China, cuyas ventajas no dejaré 
en cualquiera ocasión de procurar en todas mis fuerzas.— Cantón, 21 
de abril de 1725.— Domingo Perroni, Procurador de Pro. da.» (En 
el A. P. D.) 

(53) V. Udienza dei 224 gennaro 1728.— Indie Orientali. (En el 
archivo de la Orden en Roína, X, 2571.) 



150 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Matheus, Domenicano della Provincia di Manila; ed in 
evento di morte o d'inabilitá di esso, gli sostitui el P. 
Gioachino Royo altro Religioso dello stesso Ordine e Pro- 
vincia. 

Nel 1728 attesa l'inabilitá del detto P. Matheus, fu de- 
putato Coadiutore al detto Vescovo Caristense il P. Pie- 
tro Martire Sans, Domenicano, anch'egli di Manila, ed 
attual Vicario Provinciale nella Missione di Fokien, reli- 
gioso di singolar probitá, esperienza e molto stimato da 
tutti quel missíonari. Ed al medesimo Mons. Sanz fu con- 
ferito il titolo in Partibus di Vescovo Mauriscatrense. 

Ed in caso di sua morte gli fu sostituito il suddetto 
P. Gioachino Royo in qualitá pero di semplice religioso, e 
senza graduarlo Vescovo per ahora. 

c) Entrada en la Misión de nuevos misioneros. — En 
carta firmada en Cantón el 29 de enero de 1726, pedía el 
P. Sierra al P. Provincial un P. Procurador para Cantón 
y dos misioneros para la Misión de Fukién (54). Fué oída 
tan justa petición, y en el Consejo de Provincia del 6 de 
agosto de 1727 fueron destinados para misioneros de Chi- 
na los PP. Francisco Serrano, Manuel Tenorio y Mateo 
Villafaña (55). 

Salieron los tres Padres para Cantón, habiendo tenidr> 
próspera navegación y feliz entrada en China. «Omnium 



(54) Escribía el P. Sierra: «Por amor de Dios que V. R. (el Pa- 
dre Provincial) envíe un religioso que cuide de esta iglesia de Cantón 
y de los misioneros ; y también será bueno que vengan dos PP. para 
la Misión, los cuales cuando lleguen aquí, podrán tomar los apellidos 
y nombres del P. Oscott y mío, y esperar ocasión para entrar dentro.» 

(56) Dicen las Actas del Consejo: «En 6 de agosto de 1727 se 
juntaron en la celda Prov.l del Conv.to de N. P. S. Domingo los muy 
Rev.dos P.es de Consejo de Prov.a para el efecto de señalar los re- 
lig.os que se avían de enviar a la Misión de China. Y aviendo de 
común acuerdo determinado el que fuesen tres los que se enviasen 
en esta ocasión, pasaron a votar por votos secretos, para señalar los 
tres de seis que les propuso el Muy R. P. Prov.l; y por mayor parte 
de votos fueron señalados para dha. Missión y ministerio los RR. PP. 
Lectores Pr. Fran.co Serrano, Fr. Manuel Tenorio y Pr. Matheo Vi- 
llafaña. Cuya elección y destino de dhos. tres RR. PP. Lectores con- 
firmó dho. M. R. P. Prov.l» (Libro de Consejo, f. 7 v.°.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



151 



.secundissima ceciderunt, prospera navigatio ac felix in- 
gressus» (56). 

El P. Tenorio iba destinado para Procurador de las 
Misiones en Cantón; y debió recibir dicho cargo de manos 
del P. Muñoz por octubre de 1728, pues en dos documentos 
existentes en el Archivo de Sto. Domingo de Manila, fe- 
chados el 10 y 11 de septiembre de 1728, se ordena al P. Mu- 
ñoz entregue la Vicaría, con todo lo demás, al P. Tenorio, 
y que si éste no pudiere desempeñar dicho cargo, que en- 
tre a desempeñarlo el Padre Alcober. 

Los PP. Villafaña y Serrano, venciendo muchas difi- 
cultades y experimentando mil fatigas, consiguieron bur- 
lar la vigilancia de las autoridades disfrazados ya de cam- 
pesinos, ya de soldados. El P. Villafaña fué destinado a la 
región de Chiangchiu, y el P. Serrano, a la región de 
Fogán. Los dos probaron ser excelentes misioneros, si bien 
el primero se vió obligado a restituirse a Manila aquejado 
<le grave enfermedad (57). 

También llegó a Cantón el Bto. Alcober, camino de 
Fukién. Había salido de Manila el 4 de octubre de 1728, 
disfrazado de capitán, en un barco portugués, llegando en 
dieciocho días a Macao, de donde salió aceleradamente en 
un barco inglés para Cantón, costándole esta corta tra- 
vesía ocho días y padeciendo no pocos trabajos durante 
ella (58). 

Debió llegar a la Misión como unos tres meses o más 



(56) Acta Capit. de 1729, t. II, p. 178. 

(57) De estos dos excelentes religiosos escribe el P. Oscott: «El 
P. Francisco Serrano desde que vino hasta ahora está conmigo. Sabe 
muy bien la lengua, es mansísimo y querido de los cristianos, y ha 
hecho ya mucho en la Misión, pues ya ha saltado las murallas de (la 
villa) de Fogán algunas veces y corrido sus tareas y muy dado a la 
conversión de las almas. Dios se lo lleve adelante. Lo que me da pena 
es que es muy enfermizo y los trabajos son grandes. El P. Villafaña 
está en Emuy, también bien querido y muy dado a la lengua y lo 
demás. Pero, según me escribe, bien enfermo.» (Oscott, Reí. de 1733.» 

(58) Así lo afirma el mismo futuro mártir en carta del 12 de 
enero de 1729 a su primo D. José Higueras. Copia parte de esa carta 
D. José Alcover en la vida que escribió de nuestro mártir, pp. 1.728. 



152 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



después de su llegada a Cantón, pues el Vicario Provincial 
P. Oscott, en carta al P. Provincial, firmada el 10 de febre- 
ro de 1729, le decía: «Doy mil gracias a V. R. y a toda la 
santa Provincia que da esta Misión tan buenos operarios. 
Al P. Alcober ya despaché cristianos que le traigan. Los 
peligros son muchos y somos de sentir que los que en- 
traron, más es milagrosamente que por fuerzas huma- 
nas» (59). 

En verdad que así debía ser, pues el Bto. Alcober, «en 
el camino (de Cantón a Fogán), habiendo sido metido en 
una silla a manera de féretro, como enfermo, para que no 
fuese conocido, de facto llegó enfermo; de tal suerte, que 
le dió un tabardillo originado de los trabajos. Pero luego 
se puso bueno» (60). 



(59) En medio de esta persecución aun pudo el P. Sierra edificar 
una iglesia en Songyang. (Sierra. Reí. del 6 de marzo de 1730.) 

(60) El mismo P. Alcober escribe; «Por la que escribí el año pa- 
sado vería V. R. mi venida a este imperio y Misiones; a donde llegué 
a costa de indecibles trabajos » (Reí. del 19 de febrero de 1730.) 



CAPITULO VI 
PERSECUCION DE 1729 

I 

CAUSAS DE ESTA PERSECUCIÓN 

Bien puede decirse que la vida de nuestros misioneros 
durante esta época fué un continuado martirio, y aun 
podemos añadir que apenas conocieron un día de comple- 
ta paz durante todo este siglo. 

La persecución de que vamos a hablar fué ordenada 
por el mismo emperador, y era, por tanto, de temer fuera 
de funestas consecuencias para las Misiones. Desde un 
principio ya lo sospecharon los misioneros. 

Escribe el P. Sierra: 

«Aunque el virrey no dice en su orden contra la Re- 
ligión cristiana y sus ministros que sea por ordén del 
emperador, con todo eso es de temer que venga este 
golpe de orden del emperador, pues, a no ser así, no 
obraran los mandarines con tanto rigor aquí y en otras 
provincias, según veo y oigo, porque siendo sabedores de 
nuestra permanencia oculta, no han hecho hasta ahora 
tales maldades; como es, a más de perseguir tan cruel- 
mente a los cristianos, darles no sola una vez, sino dos 
veces, a algunos el tormento de los tobillos; y lo más es 
a letrados, pues ésto no se puede hacer según las leyes 



154 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



de China, sin que primero les sea quitado el grado por 
el Hio-yuen, que es el mandarín que cuida de toda la 
secta literaria de la provincia. Además, registrar casas, 
que no se hace sino por un crimen lesae majestatis, o por 
ser recursus latronum; además, poner premio de 50 taeles 
de plata para el que descubriera algún europeo; además, 
poner a las cabezas de cada territorio en grande temor 
si no descubrían los europeos; y también apretarles a 
que noticien de los cristianos que hubiese; de suerte 
que tiran a totalmente acabar con la Religión cristiana; 
empero, según lo que veo de la misericordia de Nuestro 
Señor Jesucristo, no han de conseguir lo que intentan los 
ministros de Satanás» (1). 

Por su parte, escribía el Bto. Sanz; 

«Acerca del origen de esta persecución multi multa 
dicunt. Unos, que de las sementeras que los Padres de 
la Compañía tienen en Focheu; otros, que de un motín 
que hubo entre cristianos y gentiles de la ciudad de 
Nang-king, donde hallaron cuatro Padres jesuítas es- 
condidos en una casa y fueron descubiertos por todo el 
pueblo; el virrey y Chung-tu dieron aviso de lo que pa- 
saba al emperador, y se teme que esta persecución no 
sea general en todo el imperio» (2). 

Y el Bto. Alcober dice: 

«Con estas noticias (las que corrían de que se trata- 
ba de cortar las cabezas a los misioneros) y otras venidas 
de Cantón, en donde se nos previene que el emperador 
está muy disgustado con los europeos de la corte, cono- 
cemos con evidencia ser efecto suyo esta lastimosa per- 
secución, causada quizás por un levantamiento en la me- 
trópoli de la provincia de Nang-king el año pasado; en 
el cual tres Padres de la Compañía, con un Padre fran- 
ciscano, fabricando un cuarto para su habitación, uno 



(1) Sierra, Reí. del 6 de marzo de 1730. 

(2) Sanz. Reí. del 23 de diciembre de 1729, copiada por el P. Sierra 
en su Reí. del 6 de marzo de 1730. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



155 



de los oficiales cayó de la obra y murió. Lo que, sabido 
por los de la ciudad, acometieron con tumulto a la casa, 
y hubo medio motin; y de todo dió cuenta el virrey de 
dicha provincia al emperador. Veremos a ver si ahora 
también imprimen otro libro, en donde achaquen a los 
dominicos ser la causa de esta universal persecución» (3). 

Y el mismo Bto. Alcober, escribiendo a un amigo, ie 
participaba: 

«No ceses de encomendarnos a Dios, porque nos halla- 
mos en grande peligro en la persecución general que se 
ha levantado en toda la China, que un malvado del 
emperador que ahora hay prosigue, y cada día con ma- 
yor rigor. Tiéntale el demonio con que nosotros venimos 
a predicar nuestra Ley, y luego que tengamos muchos 
cristianos, le queremos quitar el imperio. Con esta ten- 
tación tan astuta que el demonio le sugiere, no puede 
sosegar. Tiene dado rigurosas órdenes a todos los man- 
darines para que nos busquen y prendan. Dicen también 
que ha dado orden de cortar la cabeza a todos los de 
la casa en donde nos cogieren» (4). 

El 18 de octubre de 1729 fué preso en Foochow el Padre 
jesuíta chino Tomás de la Cruz, natural de Hangchow, 
Chekiang. Simultáneamente prendieron a los PP. Román 
Huiderer en Chekiang y Jacobi en Nankín, también de la 
Compañía. A estos sucesos se siguió una persecución más 
terrible aún que las anteriores. Seguía la rabia y enemiga 
de Yungching contra los cristianos y los extranjeros. Y ese 
diabólico odio, y también un desmesurado afán de dinero, 
estaba no menos arraigado en los corazones de muchos 
mandarines. 

El P. De la Cruz acababa de decir misa cuando fué 



(3) Alcober. Reí. del 27 de febrero de 1730. 

(4) Alcober. Reí. del 19 de febrero de 1730. 



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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



preso por el Chifu (gobernador de la ciudad), por órdenes 
del virrey, haciéndole sufrir un riguroso examen (5). 

El 9 de noviembre fué el P. De la Cruz llevado a la 
Audiencia del virrey, quien le hizo un interrogatorio pa- 
recido al del Chifu, y después le dijo el virrey: «Que tú 
sigas la Ley de Dios, yo también sé que es buena, porque 
no es Ley perniciosa; mas por cuanto los años pasados 
fué condenada por decreto imperial, tú y cada hombre 
debe ocultamente guardarla, y esto basta. Empero es atre- 
vimiento manifiestamente atraer a la gente, y encantar 
y pervertir los corazones de los hombres, y también gastar 
plata en beber vino.» Preguntó: «Tu iglesia de la calle 
Kung-hiag, ¿tiene sementeras o no?» Respondió: «Tiene.» 
Preguntó: «¿De quién son?» Respondió: «De Ly Kue-gan» 
(nombre chino del P. Laureati). Preguntó: «Las escrituras, 
¿dónde están?» «El se las llevó a la corte.» Preguntó aho- 
ra: «¿Quién gobierna estas sementeras y coge la venta?» 
Respondió: «Uno de la familia Hoang.» Entonces le dijo el 
virrey: «Ahora yo no quiero atormentarte; mas si quisiera 
atormentarte, había de usar del tormento de los tobillos 
para atormentarte, y entonces dijeras todo lo que hay, etc.» 



(5) «El 8 de octubre, después de haber el P. Tomás dicho misa, 
fué preso, y con él, el sobredicho Kiu-jin, por el Gobernador 
de la Metrópoli ; él hizo al P. el interrogatorio siguiente : «Preguntóle 
por su alcuna, por su nombre, su patria la ciudad de Hangcheu, ca- 
pital de la provincia de Chekiang, y que si era cristiano. Preguntóle 
más. Qué hacía en Focheu, que de qué orden de gente era y que si 
tenía sementeras la iglesia. El P le respondió : «Que el P. Kegler, Pre- 
fecto de la Matemática, le había enviado a que guardase los libros; 
que él era tien-vuen seng, id est, letrado matemático, y que la iglesia 
tenía sementeras. Pidióle el mandarín el título del grado matemático, 
y el P.e se lo dió. Preguntóle por las escrituras de las sementeras, y 
el P. le respondió que el P. Laureati se las había llevado a la Corte 
de Peking. Le preguntó que ¿quién gobernaba las sementeras y cogía 
la renta? El P. respondió que el sobredicho Kiu-jin. Entonces el man- 
darín se volvió airado contra el Kiu-jin y lo reprendió. Volvió a pre- 
guntar al P. que ¿a dónde había estado los años pasados y cuándo ha- 
bía vuelto a Focheu? El P.e le respondió que había ido a Cantón, y 
de allí a la Corte, y de allí a su patria Hangcheu, y de allí había 
vuelto a Focheu la quinta luna. Preguntóle que cómo había gastado 
tanto tiempo en esto. Le respondió el P.e a veces había estado enfermo. 
Acabado este interrogatorio, le puso el mandarín en una estancia de 
su Audiencia con guardias» (Sierra, Reí. de 1729.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



157 



Hasta aquí la carta. Después le volvió a enviar a la Audien- 
cia del Chifu (así llaman a los gobernadores de las ciu- 
dades). El Estanislao me dijo que habían gastado mucha 
plata en la audiencia del Chifu para tapar el que Ching 
Kiu-jin gobernaba las sementeras, y lo enmendaron echan- 
do la carga al mozo de la iglesia de la familia Hoang. El 
virrey dió aviso de ello al emperador. Quiera Dios que los 
Padres jesuítas acierten en responder en la corts» (6). 

Solícito el P. De la Cruz por el bien de nuestros mi- 
sioneros, les envió aviso de lo que pasaba por un cristia- 
no, encareciéndoles la necesidad de que se ocultaran, pues 
el virrey había publicado rigurosos edictos contra la Ley 
cristiana (7). 



(6) Sierra. Reí. de 1730. dice : «Por qué se movió el Virrey a pren- 
der al P. Tomás de la Cruz y al cristiano Chin-kiu-jin y a extender 
esta persecución en toda la provincia, esto no es fácil averiguarlo en 
claro. Puede haber sido por orden del emperador; puede haber sido 
por imitar al Chung-tu y al Virrey de la provincia de Nangking, y pue- 
de haber sido por influjo de algunos malévolos enemigos del P. Tomás 
y del Kiu-jin, ya por las sementeras, o por vengarse por no haber 
dado la plata que querían, como dijo el sobre dicho Estanislao, y 
otro cristiano de Fogán; a más. un mandarín, pocos días antes que 
prendiesen al P. Tomás, llegó a presentarse en la iglesia; el cual, 
como hallase los otros aposentos ocupados, suplicó al P. Tomás le 
hiciera favor de prestarle parte de la estancia en que estaba ; el P. no 
quiso condescender al mandarín, y por esto el mandarín se enojó 
grandemente con él. A esta acción, dijo Estanislao que también se 
temían ser causa de la prisión del p., etc. También el año 23, cuando 
empezó la persecución, estaba el P. Tomás públicamente en la igle- 
sia diciendo misa, predicando, etc., y gobernando las sementeras, etc., 
de la iglesia ; y esto lo sabían los cabecillas e infieles y las gentes de 
las audiencias, después de empezar la persecución, excepto un año ; 
mas se ha dicho muchas veces a cristianos nuestros de Fogán, y po- 
der de gastar de plata con los cabecillas infieles del barrio y con los 
de las Audiencias ; y esto también lo dijo ahora novissime, pocos 
días antes que lo prendiesen, a un cristiano nuestro de Fogán. Es- 
tando, pues, la iglesia profanada y hecha mansión de mandarines, y 
siendo conocido de todos el P. Tomás, y también sabiendo todos que 
la iglesia tiene las sementeras, y sabiendo los PP. Jesuítas que los 
mandarines en otras partes se han echado sobre otras sementeras 
suyas; es de admirar qué no hayan con tiempo vendido estas semen- 
teras ; así por no perderlas, como para evitar los gastos que el P. ha 
hecho por mantenerse y mantenerlas ; y para no tener enemigos, y 
para no haber recibido las pesadumbres que por ellas ha recibido, y 
fuera también mucho mejor que no habitara en la iglesia. Si estas 
cosas hiciera algún fraile, dijeran los PP. jesuítas que imprudencias 
de frailes destruían esta Misión, ¿qué no dijeran contra el fraile?» 

(7) «Dicho Padre (de la Cruz) luego que fué preso, con atenta y 



15S 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



El 24 de octubre llegó el cristiano enviado por el Padre 
De la Cruz a Longuong, en donde residía el P. Sierra, a 
quien contó todo lo sucedido en Foochow. El P. Sierra 
mandó a dicho cristiano que saliese inmediatamente para 
Fogán y diese noticia a los Padres de lo que pasaba en 
la capital de la provincia. 

«El mismo día 26 de la luna 8. a , id est, a 18 de octubre 
por la tarde — escribe el P. Sierra — , envió el virrey la re- 
quisitoria al Chi-fu, y también el Pu-ching-zu (id est, 
al tesorero real de la provincia), y al Gan-cha-zu (éste 
es el juez del crimen en la provincia); y estos dos lo 
enviaron al mismo Chi-fu al día siguiente 27 de la luna 
y 19 de octubre; el Chi-fu envió el orden del virrey a 
esta villa de Loyuen el mismo día 27 de la luna, y 19 de 
octubre; y el de los otros dos mandarines el día 4 de la 
luna, y 25 de octubre. Todo esto me consta por los ori- 
ginales que el Chi-fu envió; los cuales yo vi y leí; y ha- 
biendo hecho un trasumnto del del virrey, me quedo 
con él. 

»Dice, pues, el Chi-fu al Chy-hien de Loyuen así: «El 
día 26 de la presente luna (id est, a 18 de octubre), a las 
cinco de la tarde, recibió un orden del virrey, que dice 
así: «Tengo averiguado que la Ley de Dios tiempo ha fué 
condenada por decreto imperial, y los predicadores de 
ella expulsos y desterrados. Ahora, por lo que yo, virrey, 
habiendo preguntado, he sabido, se debe en cada ciudad 
y villa, como de antes, volver a inquirir y expeler a los 
que no ponen fin andando a su voluntad escondidos. 
También hay hombres que no vienen de esta Ley (id est, 
no venidos de Europa y son hombres plebeyos de nues- 
tra tierra, que desde años pasados se han ejercitado en 
ella (id est, en la Ley de los europeos), y ahora teme- 
rariamente se han tomado el título de señores de la Ley, 



caritativa diligencia, nos avisó por medio de un gran letrado cris- 
tiano de dicha metrópoli, su prisión y circunstancias, enviando a este 
fin un cristiano, llamado Estanislao, quien nos contó boca a boca, 
todo lo sucedido y previniéndonos con muchas lágrimas nos escondié- 
ramos más de lo que estábamos, si en esta diligencia podíamos aña- 
dir más a nuestra antigua y estrecha reclusión.» (Alcober, Reí. del 27 
de febrero de 1730.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



159 



e inducen a los ignorantes, hombres y mujeres, a que 
hagan sus ceremonias y adoraciones. Este ejemplo es 
abominable. Vos, mandarines de los territorios, ¿cómo 
tenéis total descuido de esto? Visto este mi orden, al 
punto severamente lo pondréis en ejecución; inquirid se- 
cretamente, prendedlos y castigadlos; y haced un me- 
morial de la patria, del apellido y del nombre de ellos 
y también del lugar en que habitan. Meted la pluma (8) 
en el despacho y dadme secretamente aviso. Si hecha in- 
quisición no hay los sobredichos hombres, haced un ins- 
trumento que conste de ello; si examinado por otro, se 
hallase alguno, que os reconocéis culpados y prontos a 
recibir la pena que merece el delito; sellaréis el informe 
y me lo enviaréis. Vos, gobernadores de las ciudades, 
Cheu y villas, poned todo vuestro cuidado y todas vues- 
tras fuerzas en inquirir según este mi orden. No haya 
dilación en ello; porque, si lo quebrantáis, no os estará 
bien. Con toda prisa, con toda diligencia, se ejecute, etc.» 

»Después, el Chi-fu prosigue diciendo al Chy-hien: 
«Obedeciendo a este orden, hago con toda prisa este 
billete, y volando lo envío; en llegando al punto severa- 
mente lo pondrás en ejecución. Prende secretamente y 
también haz un memorial de la patria, del apellido y 
del nombre de ellos y del lugar en que habitan. Mete la 
pluma en el despacho y avisa secretamente al virrey 
y a mí, para que yo también le dé aviso de ello. Y hecha 
inquisición, no hay los sobredichos hombres, haz un ins- 
trumento que conste de ello; como también de que no 
te has dejado llevar de cohechos; y además que, si re- 
querido por otro, se hallase alguno, que te reconoces 
culpado, y pronto a recibir la pena que merece el delito, 
sella el informe y enviámelo, para yo remitirlo al virrey. 
Pon todo cuidado y todas tus fuerzas en inquirir según 
este orden. No haya dilación en ello. Con toda prisa, con 
toda diligencia se ejecute. Fecha día 27 de la luna octa- 
va (id est), a 19 de octubre de 1729.» 

»E1 virrey, cuando envió el orden al Pu-chin-zu y al 
Gan-chu-zu, sólo añadió, diciéndoles: «Que los manda- 



(8) «Cuando se trata de algún negocio muy grave, ponen una 
pluma en el cartel de los despachos, y hacen que los que la llevan 
marchen de noche y de día, y hacen una extrema diligencia.» 



160 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



riñes superiores de la provincia deben ser uno; y a^í 
que ellos debían conformarse y obedecer su orden y ha ■ 
cerle saber a los mandarines inferiores. Así lo ejecutaron. 
El sobredicho orden se envió, no sólo a los mandarines 
de letras, sino también a los mandarines de guerra de 
toda la provincia» (9). 



II 

ASÍ COMENZÓ LA PERSECUCIÓN 

La persecución comenzó con furia diabólica en toda la 
región de Fogán; y fué tanto lo que nuestros misioneros 
padecieron, que escribía el P. Oscott: «Cierto es que si aquí 
se contaran todos los trabajos que nosotros padecimos en 
este tiempo, pareciera increíble el que no se hubiera ha- 
llado presente» (10). 

«El mandarín de Fogán, que gobernaba interinamente 
la c ; udad de Funing-fu, prendió el 31 de octubre a cuatro 
cristianos y dió el tormento de los tobillos a tres de ellos 
para que declarasen a donde estaban los PP. misioneros; 
mas nada pudo conseguir de su constancia y fidelidad. 
Prendió también a otro, que era ya mal cristiano, y éste le 
dijo que en una aldea había muchos cristianos del ape- 
llido leu, gente honrada, y muchos de ellos letrados; los 
cuales se portaron, por su temor, no rectamente; excepto 
uno de ellos, el más viejo, que era letrado, llamado leu 
Agustín, de ochenta años de edad, y respondió varonil- 
mente» (11). 

También se portaron mal los cristianos de Ningteh, ex- 
cepto uno, por nombre Antonio (12). 



(9) Sierra, Reí. de 6 de marzo de 1730. 

(10) Oscorr, Reí. de 1733. 

(11) Ibíd. 

(12) Sierra, Reí. de 6 de marzo de 1730. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



161 



El 1.° de noviembre llegaba la tormenta al territorio de 
Fogán, en donde se hallaban cinco misioneros: los PP. Os- 
cott, Royo, Alcober, Serrano y Matheu, y el mayor y más 
escogido número de cristianos. 

«Mucho padecieron aquí los misioneros de Jesucristo 
y los buenos cristianos en lo que pertenece a esta villa 
(la de Fogán). Echaron voz que los europeos se rebela- 
ban en otras partes; y así con mucho rigor nos busca- 
ban, juntamente a todos los cristianos. Echaron también 
voz que las santas cruces y los rosarios eran señales de 
rebelión. Aquí era ver la angustia, lloros y confusión de 
los afligidos cristianos, la algazara y zumba y risadas de 
los infieles. Iban quitando todas las cruces de las alas de 
los tejados, que en lugar de otras cosas que ponen los 
infieles por buena vista ponían los cristianos por honra. 
Hasta las cruces de los ataúdes de los muertos borraban. 

Y si los cristianos no querían, de mano armada entraban 
sus parientes infieles y lo hacían. Y así todas las santas 
imágenes, cruces y rosarios los sepultaban debajo de la 
tierra. Todas las vestiduras sagradas, cálices, libros y vino 
de mesa, todo lo escondían sepultándolo debajo de tierra. 

Y también hacían sepultura para los misioneros. De mí 
puedo decir, y del compañero, que nos metieron en un 
hoyo más pequeño que el que hacen para un muerto; 
porque éstos lo tienen largo, y nosotros muy apretada- 
mente estábamos asentados y encogidos los pies, cuando 
fué necesario meternos dentro, que diferentes ocasiones 
acaeció, como abajo se dirá» (13). 

Con tanto furor comenzó la persecución, que los misio- 
neros llegaron a convencerse de que tan gloriosa Misión 
iba a perecer sin remedio. 

«Yo sólo diré — escribe el Bto. Alcober— que si Dios 
no lo remedia, estamos persuadidos se acabará esto, como 
el Japón. Yo he estado tres veces enterrado debajo de 
tierra, con manifiesto peligro de vida, huyendo de la 



(13) Oscott, Reí. de 1733. 

11 



162 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



furia de los soldados que me buscan. De noche ando como 
ladrón facineroso por ríos y montes escondido, sin tener 
mansión fija. No llevo más matalotaje conmigo que mi 
persona, por cierto bien desengañada con tanta pena. Los 
cristianos, embargados de un terrible temor, no nos quie- 
ren recibir en sus casas, porque han sido varios atormen- 
tados con varios y rigurosos tormentos. Y cuando menos 
piensan vienen los ministros infernales y los registran 
sus casas buscando con gran furia misioneros. Desde el 
mes de octubre del año 29 hasta este de la fecha, no he 
dicho misa ni tengo esperanza de decirla en muchos 
meses; porque todo lo que huele a misionero, nos lo han 
quemado, sin reservar las cosas sagradas. Mucho ha que 
no tenemos noticias unos de otros. Si V. R. me viera en 
el lugar donde escribo ésta, no pudiera en mucho tiem- 
po contener las lágrimas, que son mi pan cuotidiano 
muchos días ha. Bendito sea Dios por todo. Dan al que 
nos cogiere 60 pesos de premio» (14). 



III 

LO QUE PADECIÓ CADA UNO DE LOS MISIONEROS 

a) El Bto. Alcober. — Del Bto. Alcotaer se conservan va- 
rias relaciones acerca de los sucesos a que nos referimos, 
una de las cuales, llena de gracia, sencillez, originalidad y 
vigoroso poder descriptivo, vamos a ofrecer al lector. 

«Tenida esta infausta noticia (la de la prisión del 
P. de la Cruz y la de que el virrey, al mismo tiempo, ha- 
bía despachado vigorosos edictos contra nuestra Ley a 
toda su provincia), dispusieron los cristianos de la casa 
de mi habitación, que es de un cristiano llamado Ching 
Domingo, amante y gran bienhechor de los misioneros 
de nuestra sagrada Religión, el llevarme a otro lugar 
para asegurar mi persona, y también las de toda la casa. 
Antes de salir de ella, para no dejar rastro ni señal de 



(14) Alcober, Reí. de ]9 de febrero de 1730 



MISIONKS DOMINICANAS EN CHINA 



L63 



europeo, fué necesario el sepultar, quemar y destruir 
todo lo que con licencia de la Religión tenia a uso, y re- 
servado sólo el breviario, y esto a costa de muy gran 
cuidado y diligencia. Son los chinos en el temor muy 
nimios y descompasados, y en llegando a lance de éstos, 
no le dejan al misionero más libertad que la de sentir, y 
la de dejarles a ellos hacer lo que quisieren. A mi me 
consta que a un misionero nuestro no le permitieron lle- 
var consigo el breviario con que pueda satisfacer a Dios 
nuestro Señor la cuotidiana deuda. Dispuestas todas 
nuestras cosas o, por decirlo mejor, destruidas y acaba- 
das todas, me sacaron una noche saltando tapias y por 
caminos y parajes, que aun los que me acompañaban no 
sabían; y pareciéndoles cada mata un soldado, y cada 
árbol un gigante, a cada paso hacíamos una estación y 
en ella se seguía, por la gran fuerza del miedo, padecer 
un síncope mortal. (Hacía a la sazón un gran calor; con 
lo cual, siendo el camino breve, se hizo muy largo y di- 
latado.) En fin, llegamos a un pueblo todo de gentiles, y 
que tienen hecho firme propósito de no ser cristianos y 
de perseguir cuanto puedan nuestra santa Ley. En este 
pueblo estuve en casa de un gentil, cuñado de mi le- 
trado Ching Domingo, quince días; lo que en ellos padecí 
Dios lo sabe, y yo aquí no refiero, porque me faltan tér- 
minos para explicarlo. En el tiempo de dichos quince 
días, el virrey de la provincia despachó un rigurosísimo 
edicto contra nuestra santa Ley, mandando a todos los 
mandarines que luego hicieran oculta y rigurosa inqui- 
sición de los misioneros y cristianos que hubiera en sus 
territorios. El mandarín de esta villa de Fogán, en cuyo 
territorio están cinco misioneros de la Orden, se hallaba 
a esta sazón en la ciudad de Funing-cheu sirviendo de 
interino a aquel Gobierno. Luego que hubo recibido el 
edicto, con más que impía crueldad, lo puso por ejecu- 
ción, y con la misma prendió a muchos cristianos; que 
por ser tales y porque no descubrían a los europeos, fue- 
ron unos pesadamente azotados, otros llevaron el tor- 
mento de los tobillos.» 

«De éstos, unos estuvieron firmes en la confesión de 
nuestra santa fe, uno prometió no ser cristiano en ade- 
lante. En la villa de Ningteh lo prometieron siete e hi- 
cieron reverencia a los ídolos. Otro declaró los europeos 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



que estamos aquí por sus nombres y casas de habi- 
tación.» 

«Afirman algunos cristianos que el mandarín de 
Hinghoa dijo a un letrado que este negocio era de corta- 
cabezas; que si cogían algún europeo, sin remedio se eje- 
cutaría la sentencia. Las mismas palabras dijo el man- 
darín de Fogán a un letrado cristiano llamado Domingo, 
del pueblo de Kitung; añadiéndole que dijera a un 
europeo se manifestara, que de ese modo todos los de- 
más saldrían seguros para Macao; pero que si no, gran 
trabajo les esperaba. Con estas noticias, y otras venidas 
de Cantón, en donde nos previenen que el emperador 
está muy disgustado con los europeos de la corte, cono- 
cemos con evidencia ser efecto suyo esta lastimosa per- 
secución; causada, quizá, por un levantamiento que hubo 
en la metrópoli de la provincia de Nangking...» 

«Al mismo tiempo que el mandarín de Fogán estaba 
atormentando a los cristianos de la ciudad de Funing, 
villa de Ningteh y otros lugares, despachó soldados y 
satélites al pueblo de Moyang para prender a los mi- 
sioneros y algunos señalados cristianos, que ya de ante- 
mano prevenidos, se habían todos ausentado. Con qu3 
no pudo la vil canalla conseguir su intento; pero no por 
eso dejaban de molestar. Lo que visto por algunos le- 
trados cristianos, tuvieron por bien, dándole alguna pla- 
ta a los soldados, el que se volvieran a Fonin-cheu y 
que informaran al mandarín que en el pueblo de Moyang 
no había quedado misionero alguno, ni tampoco cris- 
tiano de los que buscaban. Así lo ejecutaron. Pero el 
mandarín no quedó muy satisfecho de su averiguación 
y respuesta, como lo dirá el discurso siguiente.» 

«Habiendo quedado la cristiandad en Moyang, con la 
diligencia dicha, al parecer algo sosegada, me volvieron 
a la casa de mi habitación, porque ya los gentiles, en 
cuya casa había estado quince días, no estaban muy 
contentos conmigo. Luego que llegué a Moyang me pu- 
sieron en un cuarto mucho más estrecho que un cala- 
bozo, en donde ni moverme me permitían, y lo que más 
pena me daba era tener siempre a la mira un estrecho 
secreto, en donde, como diré luego, vine a caer mise- 
rablemente. Del modo dicho estuve desde el día 20 de 
noviembre hasta el dia 9 de enero de este presente año... 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



165 



En cinco días descubrió bien la cara la falsa paz que nos 
parecía teníamos, porque el día de Reyes, vuelto de Fo- 
ning-cheu el mandarín a la villa de Fogán, comenzó de 
recio y de lleno la persecución, como si no hubiera he- 
cho diligencia alguna.» 

«La primera demostración que hizo el referido man- 
darín fué colgar en la puerta de la Audiencia de la villa 
cincuenta taeles de plata (equivalen a nuesros pesos 
como 70), seguro premio para el que descubriera un mi- 
sionero. Y aseguran todos que tal exterioridad no se ha 
visto ni oído en China, porque como la plata es el dios 
de esta nación, no lo exponen con tanta facilidad a lo 
público por no ponerlo al manifiesto peligro y riesgo de 
ser robado. Acompañaba a los cincuenta taeles de plata 
una liberal y ejecutiva promesa de dar una Beata de 
nuestra Tercera Orden a cualquiera que cogiera un 
europeo.» 

«Ejecutadas las dos dichas exterioridades, luego des- 
pachó soldados y ministros por todos los pueblos de 
nuestra cristiandad para que aprisionaran todos los cris- 
tianos de ella; con especial encargo, a los europeos. En 
Moyang prendieron a todos los cristianos letrados; y, en- 
tre ellos, fué mi patrón Ching Domingo, por ser el le- 
trado de más nombre, y uno de los dos letrados que el 
año 23 defendieron en la metrópoli en presencia de todos 
los superiores nuestra santa Ley. También prendieron en 
dicho pueblo a algunos otros cristianos no letrados. Los 
demás, así cristianos como gentiles, desampararon sus ca- 
sas y se avecindaron en los montes; y hasta hoy, que es 
2? de febrero, muchos no han parecido. Los ministros y 
soldados, desesperados de no encontrar a los que busca- 
ban, no respetaban ni guardaban las leyes de China; in- 
troduciéndose aun hasta los cuartos más ocultos de las 
casas; derribando paredes y metiendo un estruendo in- 
fernal, registraban cuanto querían. La casa de la habi- 
tación del R. P. Fr. Blas de Sierra fué registrada dos o 
tres veces; y, desamparada de sus dueños, les han qui- 
tado cuanto tenían; y quedaron por orden del mandarín 
selladas todas las puertas; que es muy mala señal en este 
imperio. También registraron la casa de dos cristianos 
que fueron criados de los RR. PP. Caballeros; en la que 
hallaron dos o tres arcas de vestiduras sagradas, estam- 



166 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



pas y algunas otras cosas europeas; que todo fué lle- 
vado a la Audiencia del mandarín. Y en todos los pue- 
blos de nuestra cristiandad han ejecutado las mismas di- 
ligencias.» 

«Al tiempo que estaban registrando las casas referidas, 
avisaron a la de mi habitación cómo después venían a 
hacer en ella la misma demostración. Con esta noticia, y 
la de ir ya preso mi letrado Ching Antonio, ¿quién po- 
drá explicar la confusión, turbación, lágrimas y sustos de 
la demás familia, que se componía de mujeres y niños? 
Porque todos los hijos del letrado Ching Domingo, desde 
que comenzó la persecución, estaban en los montes es- 
condidos. Con singular algazara, voces y lágrimas inex- 
plicables, vinieron al punto todas las mujeres a mi re- 
clusión, y me metieron en el secreto arriba menciona- 
do (15). En donde presto, viendo que era más estrecho 
que mi cuerpo, me di por convencido que aquél sería mi 
sepulcro, y con este desempeño me dispuse para morir; 
porque luego que me cerraron la puerta, sentí que me co- 
menzaba a faltar la respiración y a pader angustias que 
se dejan entender.» 

«Desde dentro medio entreoí cómo ya habían llegado 
a la casa los soldados y ministros que querían registrarla. 
Impidió Dios nuestro Señor esta intención con muy rara 
y particular casualidad; porque al tiempo de entrar los 
ministros infernales a la casa, llegó también un gentil 
cuñado del letrado Ching Domingo. Dicho gentil, estando 
en presencia de los soldados, con gran habilidad (es cier- 
to que la tiene para las cosas del mundo), les dijo: «Mi- 
rad que el dueño de esta casa ya va preso y en ella no 
ha quedado hombre alguno; si queréis entrar a registrar- 
la, entrad; pero os advierto que hay dos enfermos y dos 
preñadas (no había tal cosa, sólo las dos paredes, entre 
las cuales estaba yo metido, lo estaban de mi cuerpo); y 
si acaso por vosotros sucede alguna desgracia, lo habéis 
de pagar después.» Con estas razones y otras frases síni- 
cas, que ellos saben para estos lances, se contuvieron los 
soldados, o Dios nuestro Señor, que es lo más cierto, les 



(15) Era el hoyo que habían hecho los cristianos para esconder 
a los Padres. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



167 



impidió la entrada para que yo, gracias a Su Majestad, 
quedara vivo.» 

«Despachados con esta traza los satélites, se acorda- 
ron de desenterrarme (que fué mucho acuerdo); lo que 
ejecutaron sacándome arrastrando, porque yo no podía 
tener movimiento alguno. De este susto tan pesado y 
apretado me resultó una recia calentura; por cuya causa 
aquella noche no pude salir a otro lugar a donde habían 
dispuesto el llevarme. Pero el día siguiente al mediodía, 
estando en cama, sin haber tomado un grano de moris- 
queta (que este año pasado la mayor parte de él ha sido 
nuestro ordinario chocolate, porque el que antecedente- 
mente nos envió la santa provincia por el mes de junio, se 
corrumpió a todos los misioneros), volvieron segunda vez 
a avisar cómo venían a registrar la casa. Ya en esta se- 
gunda acometida no hubo apelación al arriba referido 
secreto, porque las mujeres, debajo de cuya providencia y 
cuidado estaba, embargadas de extraordinario miedo y 
con duplicado temor que el día antecedente, olvidadas 
naturalmente de los tratos de caridad y honestidad, me 
sacaron desnudo de la cama, y poniéndome unos vestidos 
viejos, y espernibles, eran de un esclavo de la casa, y en 
la cabeza un sombrero de caña tan grande como un payo, 
me hicieron salir por puertas, saltando y escalando ta- 
pias; las que por llover muy bien a esta sazón, no me 
ayudaban sino a caer y detenerme más; y a lo último 
vinieron a dar con mi cuerpo en una casilla de lugar 
común. Aquí me depositaron y dejaron bien seguro por 
cierto.» 

«En este tan desapacible lugar estuve ocho horas, y ya 
contaba más de treinta que no había comido ni bebido. 
Y llegada la noche me sacaron para ir a casa de un gen- 
til; el cual, disponiéndolo así Dios nuestro Señor, mudó 
de repente su voluntad, y dijo en mi presencia que no 
quería recibirme; yo hice juicio para mí que dicho gentil 
temió, viéndome tan enfermo, no muriera en su casa. 
Aquí fué el desconsuelo que no se puede ponderar. Dete- 
nerme allí, era imposible; ir a otra parte del pueblo de 
Moyang, no había para qué, porque ningún cristiano ni 
gentil, demás de estar los más escondidos, no se atrevían 
a recibir aún a sus parientes, cuanto más a un europeo, 
que buscaban con tanto cuidado los soldados y ministros; 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



de cuya infame gavilla estaba todo Moyang lleno. En esta 
indiferencia de tanta tribulación, movió Dios nuestro Se- 
ñor el corazón de un mozo cristiano, llamado Jacobe, para 
que viniera a la casa donde yo estaba, el cual, informado 
del suceso y viéndome tan miserable, con entrañas com- 
pasivas, se animó y determinó a acompañarme en un bar- 
co e ir a donde la divina Providencia ordenara.» 

«En esta misma circunstancia, a tiempo que sería como 
las once de la noche, un perverso apóstata letrado (so- 
brino carnal del referido letrado Ching Domingo), quien 
el día antes había dado una acusación a los soldados 
contra nuestra santa Ley, contra todas las beatas que hay 
en el pueblo de Moyang, por sus nombres y casas; y, en- 
tre ellas, contaba una hermana carnal suya; contra to- 
dos los misioneros, por sus nombres y casas de habita- 
ción; dicho apóstata, sabiendo que aquella noche salía yo 
de la casa de su tía (no distan las casas de tío y sobrino 
más que un tabique de por medio), fué y dió aviso al 
segundo cabecilla del pueblo de Moyang para que me 
prendiera. El cual, no sólo no hizo caso de su malvado 
intento, sino que le abominó y reprendió lo que el día an- 
tes había hecho contra Dios y contra su misma sangre.» 

«Aquí es digno de notar una circunstancia bien pro- 
prodigiosa. Y es que, sabiendo este malvado hombre que 
el pueblo de Moyang estaba lleno de ministros haciendo 
vivísimas diligencia?, para prendernos, no quiso Dios que 
fuera a éstos, sino a aquéllos que le reprendieran su deli- 
to, y de este modo tuviera yo lugar de huir y escapar de 
tan evidente riesgo.» 

«A la media hora de haberme yo embarcado, enfure- 
cido dicho apóstata por no haber logrado su depravado 
designio, salió al río, y dando voces que por el río iba el 
europeo, de este modo llegó a un monte donde sabía es- 
tado escondido un hijo del letrado Ching Domingo, primo 
hermano carnal suyo; y con furiosas voces y amenazas 
diabólicas, quería que su primo hermano le dijera dónde 
había yo ido. Pero su primo, llamado Vicente, venció tan 
ciega y precipitada violencia, y ayudado de Dios, no sa- 
biendo mi salida, pudo resistir sus fuerzas. Luego que yo 
me vi en el río sin más matalotaje que mi cansada y 
enferma persona y alguna poquita plata que el día 3 de 
noviembre me había hecho caridad de darme el R. P. Vi- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



169 



cario Provincial Fr. Joaquín Royo, di infinitas gracias a 
Dios; y confieso que en toda mi vida me vi más con- 
tento. Más breve le vi el fin a este imaginado consuelo. 
Porque a la legua de haber bajado río abajo, abordó el 
barquillo a una estrecha ensenada, en donde, me re- 
nuente, me hicieron los cristianos que me acompañaban 
que saltara en tierra y que caminara una cuesta que, por 
lo que había llovido, estaba bien penosa; la que anduve 
dando algunas caídas, ya por la falta de fuerzas y ya 
por el mucho lodo que en ella había. Al fin de la cuesta 
llegué a una desierta casilla de cañas que me pareció un 
palacio. No puede de noche vivir ninguno en ella, porque 
la débil materia de que es fabricada, no puede resistir la 
fuerza de los formidable tigres, que con gran multitud 
abundan todos los montes de China.» 

«Llegados allí encendieron luz, y por el semblante de 
mis dos compañeros y algunas palabrillas, conocí que el 
gran miedo que había tomado posesión de sus corazones, 
no les dejaba pasar adelante, y por eso se seguía dejarme 
allí a la Providencia. Aquí saqué más que fuerzas de fla- 
quezas, y con la poquilla lengua que he aprendido man- 
darina, les prediqué más con lágrimas que con la efica- 
cia de mis voces; les rogué y persuadí no me desampara- 
ran, que temieran el riguroso castigo de Dios si me de- 
jaban allí solo; que tuvieran fe viva, que Dios nos libra- 
ría, que me llevaran a un pueblo de cristianos y que, 
estando en él, ellos podían irse a donde quisieran.» 

«Ablandados sus corazones, el un cristiano se quedó 
conmigo, y el otro pasó a un pueblo de gentiles; y a cos- 
ta de demasiada plata, alquiló un barco de aquéllos; 
porque en el que yo vine desde Moyang no podía condu- 
cirme a otra parte, ya por lo débil de él, ya porque mis 
compañeros no sabían gobernarlo en muchos pasos pe- 
ligrosos que hay en dicho río.» 

«Luego que llegó el referido barco, me embarqué y 
fui a amanecer a un pueblo que casi todos son cristia- 
nos, llamado Xang-yang. Fui hospedado en la casa de 
un pobrecito cristiano, llamado Fung Vicente. Creo, se- 
gún él me refirió, el único cristiano que estaba entonces 
en dicho pueblo, porque todos los demás habían días que 
habían huido a los montes y no se atrevían a bajar al 
pueblo. El dicho Fung Vicente, luego que con grandísima 



.170 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



caridad me hubo recibido, me alentó con razones nacidas 
de una gran fe a tolerar por Dios tantos trabajos como 
padecíamos por el bien de sus almas. Me consoló y edificó 
sobremanera, y daba todos mis trabajos por bien emplea- 
dos, admirando entre tanta noche de infidelidad como 
hay en este imperio, la luz de la fe tan viva y resplan- 
deciente, y que mediante ella supiera el Fung Vicente, 
como el otro alienígena del Evangelio, dar a Dios mu- 
chas gracias por haberle misericordiosísimamente comu- 
nicado lo sobrenatural, para que le conociera y amara.» 

«Todo aquel día estuve en cama, con el quebranto que 
se puede considerar con las fatigas pasadas. Llegada la 
noche, estando ya recogido, me avisó dicho Fung Vi- 
cente cómo el M. R. P. Vicario Provincial de esta Misión, 
Fr. Joaquín Royo, había también llegado a aquella casa 
con la misma casualidad que fué la mía. Ya había se- 
tenta o más días que yo no sabía dónde estaba dicho 
P. Vicario Provincial; con que con la noticia de su lle- 
gada se me dilató en gran manera el corazón, como si 
con ella me hubiera dado a beber un costosísimo cordial. 
Vino dicho R. P. al cuarto donde yo estaba, y ambos a 
dos no nos conocíamos uno a otro. ¡De tal modo trans- 
figuran los trabajos! Y toda aquella noche la pasamos 
consolándonos, contando cada uno sus trabajos y ala- 
bando a la divina misericordia, que por raro camino nos 
había juntado fuera de toda humana Providencia.» 

«A la noche siguiente se duplicó el consuelo, la admi- 
ración y el sentimiento con la llegada del R. P. Fr. Pa- 
blo Mateu a esta misma casa, con la misma casualidad 
que la muestra, adonde fué conducido de una mujer 
cristiana y un hermano carnal suyo, quienes, siendo prin- 
cipales y ricos, no tuvieron valor para conservar a dicho 
Padre en su casa, adonde había ido a parar después de 
haber pasado otras muchísimas molestias, y le obligaron 
a salir de la suya, lloviendo, por montes y caminos aspe- 
rísimos y con el riesgo evidente de ser comido de los ti- 
gres, habiendo también intentado dejarlo en el monte solo. 
Al canto del gallo sería cuando llegó dicho Reverendo Pa- 
dre, descalzo, los vestidos bien llenos de lodo por las 
muchas caídas que había dado y todos mojados de agua, 
porque había llovido toda la noche. 

»Es cierto que luego que vimos figura tan lastimosa, no 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



171 



pudimos en mucho tiempo hablar más que con las lágri- 
mas y hacerle que se desnudara para enjugar la ropa, que 
es la muda que llevamos de reserva en esta tormenta que 
corremos; con que si lo que llevamos a cuestas se nos 
moja, no hay más apelación que desnudarse y liarse en 
una desengañada manta; y sobre un petate, que es la 
delicada y blanda cama de China, aguardar a que se en- 
jugue para tener después ropa que poner. 

»Viéndonos los tres, no sin grande asombro nuestro, con 
especial providencia de Dios, juntos, se nos ofreció el 
funiculus triplex difficile rumpitur, y viendo cada instante 
las lastimosas prisiones de los cristianos y rigurosos tor- 
mentos que padecían, y que, por lo mismo, ningún cris- 
tiano se atrevía tenernos escondidos en sus casas, resol- 
vimos de común acuerdo que convenía manifestarnos en 
la Audiencia, ya para dar razón de nuestra Ley, ya para 
alentar y confortar la cristiandad. En consecuencia de esta 
determinación, escribió el R. P. Vicario Provincial Fr. Joa- 
quín Royo a los PP. Eusebio Oscott y Francisco Serrano, 
que estaban bien escondidos en el pueblo de Kitung, diri- 
giendo las cartas a la casa de un cristiano letrado, porque 
de dichos dos Padres muchos días hacía no teníamos no- 
ticia ni sabíamos la casa adonde les tenían escondidos. 
Juntamente con esta carta iban las Actas del Capítulo 
intermedio de la santa Provincia, dos del limo. Sr. Sanz 
y otras que había detenidas de Cantón para los dos refe- 
ridos Padres; y todas las entregamos a un hermano de 
Fung Vicente, quien hasta aquel día había estado refu- 
giado en los montes. Y para que fueran bien seguras, yo, 
con mis propias manos, las acomodé en un cíngulo o faja, 
de modo que vinieran a caer sobre la misma boca del es- 
tómago de Fung Tomás, que éste es su nombre. Dicho 
Tomás, así ceñido, salió de Xanyang a las once del día, y 
habiendo llegado al pueblo de Kitung como a las ocho o 
nueve de la noche, le salieron al encuentro nueve minis- 
tros que estaban de ronda alrededor de la casa del cristia- 
no letrado a quien iban las cartas, en cuya casa sospe- 
chaban los soldados estaban los dos Padres escondidos; 
y no se engañaron, como después supimos; y habiendo 
preguntado dónde iba, turbado el buen Tomás, como que 
llevaba instrumentos europeos, confundióse en la respues- 
ta, con lo que conocieron los ministros y soldados era 



172 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



persona sospechosa, y uno de los satélites saca una cade- 
na para echársela al cuello (éste es el modo con que apri- 
sionan en China); lo que visto por nuesto Tomás, con 
más que arrogante valentía, como otro Sansón ayudado 
por Dios, se desasió de los que le tenían agarrado, de- 
jándoles parte de sus vestidos hechos pedazos en sus ma- 
nos y pagándoles el trabajo de su consentida prisión con 
buenas trompadas, apeló a la ayuda y ligereza de sus pies, 
con que dejó turbada la pesadez de las manos de esta vil 
e infernal canalla. Luego que el Tomás se vió libre de 
tanto susto, sacudió de sí el instrumento de su mayor 
temor, para no volverse a ver en otro semejante lance, 
arrojó las cartas en una sementera de orroz. Vuelto otro 
día a su casa, nos contó lo referido con tanto temblor y 
susto, que consentimos había de quedar enfermo por toda 
su vida. Pasados ocho días, volvió a buscar las cartas, que 
hasta ahora no se han podido encontrar, ni se sabrá de 
ellas hasta el día del juicio. 

»La misma tarde que partió el Tomás a Ky-tung con 
las cartas vino a la casa donde estábamos los tres juntos 
el barquero gentil que las noches antecedentes me había 
conducido hasta ella. Dicho gentil preguntó a Fung Vi- 
cente si estaba yo en su casa; respondióle que no, que la 
noche siguiente de haber llegado allí había ido a otra 
parte, porque en su casa no podía esconder a ningún 
europeo. Díjolc el barquero: «Mira bien lo que dices, por- 
que te aviso que hoy en la villa, dándole a uno el tor- 
mento de los tobillos, ha confesado que está en tu casa el 
europeo, por lo que sin falta esta noche vienen a pren- 
derlo, y así conviene que le avises que, en anocheciendo, 
salga río abajo a otro pueblo de cristianos, y se librará 
de este gran trabajo.» 

»De estas y otras razones sínicas conoció el Fung Vi- 
cente ser dicho barquero espía de algún mal intencionado, 
y salió cierto su discurso, pues luego que se ausentó el 
barquero mandó el Vicente a un hermano suyo que fuese 
tras de él, a espiarlo, lo que ejecutó con gran cautela, y 
con la misma advirtió y reconoció que en el barco del 
referido gentil estaba el apóstata letrado sobrino del le- 
trado Ching Domingo, de quien antecedentemente dejó 
larga mención hecha, el cual, recibida la respuesta del 
espía barquero, partieron todos río abajo, y habiendo lie- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



173 



gado a una vigía de soldados, saltaron todos a tierra, en 
donde, como después supimos, me estuvieron aguardando, 
y otros rondando la casa de Fung Vicente toda aquella 
noche, quien, asegurado bien de todo lo que llevo refe- 
rido, determinó el que saliéramos luego de su casa, lo que 
hicimos con más que ordinaria ligereza, y fuimos a parar 
dentro del mismo pueblo a una casa de un cristiano lla- 
mado Fung Domingo, quien nos acomodó en un cuarto; 
de tal modo, que, aunque vinieran todos los soldados y 
ministros de China, no podían discurrir había en tal lu- 
gar ni aun irracional viviente. Aquí estuvimos tres días, 
y siempre de un lado, que la capacidad del lugar no per- 
mitía más anchura. En una cama, y bien estrecha, dor- 
míamos los tres. No había más luz que la que podíamos 
conjeturar, porque nos decían que era de día, y deseába- 
mos la noche (aunque para nosotros lo era) para ver y 
gozar la del candil. En tantas tinieblas, ¿qué sería lo 
demás? 

»A este tiempo llegó el cristiano llamado Mieu Rai- 
mundo con el socorro, que ya hace años lo ha conducido 
desde Cantón a estas Misiones. Es el dicho muy devoto 
afecto a la Religión y a los demás Padres, y por esto ha 
llevado sus buenos azotes en las Audiencias y ha sido por 
la misma causa muy perseguido por sus parientes los gen- 
tiles. Y este año, sabiendo los dichos que había partido a 
Cantón por nuestros socoros, un hermano suyo gentil, con 
otros perversos, salieron a esperarle fuera de Moyang, para 
lograr con el tiempo de la persecución el usurparnos nues- 
tro remedio. Pero Dios nuestro Señor, que con particular 
providencia cuida y mira por nosotros, lo libró de sus 
manos, y ellos se mordían después las suyas por haber 
echado el lance en vano; que es cierto no es poco mila- 
gro éste en tiempo de tanta calamidad. 

»Dicho Raimundo, viéndonos a nosotros en tanta (fal- 
tan palabras en el original) ... con rara industria y con 
más que ordinario ánimo, nos redimió de ella llevándo- 
nos a otro lugar. A. R. P. V. Provincial Fr. Joaquín Royo 
lo llevó no sé dónde. A. P. Fr. Pablo Matheu y a mí nos 
condujo a la casa original del limo. Sr. D. Fr. Gregorio 
López, en la que nos dividimos, porque habían sabido los 
gentiles que habíamos ido a parar a ella. El P. Fr. Pablo 
poco después volvió a Sangyang; yo me mantengo en ella, 



JOSÉ MARÍA G0NZ.4l.EZ 



donde escribo ésta con más reclusión que pudiera estar en 
la cárcel de corte de mi tierra, porque la casa, sobre ser 
pequeña, es más pequeño el corazón de estos chinos, aun 
con ser tan antiguos cristianos. 

2>Aquí nos hicieron la caridad de ocultar el socorro de 
este año, que otras casas de cristianos lo miraban en este 
tiempo como contagio. Y es cierto que en estos misera- 
bles tiempos es de manifiesto peligro si los encuentran 
algo europeo, y por quitar esta ocasión, han quemado 
cuantas estampas, cruces, rosarios y demás cosas sagra- 
das, sin haber reservado un recado de misa, que desde 
el mes de octubre hasta ahora estoy por mis pecados pri- 
vado de este infinito beneficio, que es el mayor trabajo 
que siento en tiempo de tanta amargura. 

»En esta casa he sabido cómo el mandarín examinó a 
todos los letrados presos, muy empeñado en qué descu- 
brieran a los europeos, para lo que se valió de mil in- 
dustrias. Ellos se mantuvieron firmes; con especialidad 
dos, ambos llamados Domingo, a quienes el mandarín les 
hacía cargo el que en sus casas les ocultaban (y es así 
verdad), en que tales hombres ya se habían ido. Un cris- 
tiano letrado del pueblo de Ki-chieng, llamado Paulo, di- 
cen que se portó valerosamente en la confección de nues- 
tra santa fe, despreciando todas las amenazas del man- 
darín, por lo que estuvo descalzo para llevar el tormento 
de los tobillos; pero no se ejecutó, porque era menester 
antes quitarle el grado, y el mandarín no tiene jurisdic- 
ción para ello. Pero lo llevó otro no letrado, y no confesó 
dónde estábamos. A otro cristiano letrado del pueblo de 
Ki-tung, llamado Domingo, y muy amigo del mandarín, 
le mandó que reverenciara a los ídolos, a lo que él res- 
pondió que era un desatino el adorar un poco de tierra, 
que su ley no se lo permitía. Estaba el mandarín muy 
empeñado en que el primer día de la 12. a luna fueran 
todos los cristianos con él a hacer el pay, o reverencia, a 
Ching-hoang, ídolo célebre en China, cuyo execrable in- 
tento impidió la misericordia de Dios, disponiendo que 
los superiores de la metrópoli llamaran, con término de 
dos días, al dicho mandarín, y antes de partirse, a fuerza 
de muchos empeños, promesa de 600 taeles de plata, y lo 
principal, el mandarín de armas, que le reconvino al lla- 
mado que mirara que la plebe estaba amotinada viendo 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



175 



la crueldad que hacían con los cristianos. Con todo junto, 
antes de partirse les dio libertad, pero con grandes fianzas. 

^Aseguran por cosa cierta que dicho mandarín informó 
al virrey y demás superiores de cuanto había ejecutado, 
lo que aprobaron, y han dado nuevas órdenes más rigu- 
rosas que las antecedentes, que saldrán a luz en abrién- 
dose la Audiencia. Hay mandarín nuevo, porque el pasado 
fué promovido al gobierno de la isla Hermosa. 

»Este, vuelto de la metrópoli, le dijo a un letrado cris- 
tiano que él no les había perseguido, que había hecho 
buenos oficios por ellos, que esta persecución es del cruel 
emperador; que bien podían prevenir los pescuezos, y que 
su sucesor tenía órdenes muy estrechas para comenzar de 
nuevo. 

»Lo primero que dicen ha dicho el mandarín nuevo 
que ha de ejecutar es echar en tierra una famosa iglesia 
que se había comenzado a levantar en la villa de Fogán. 
No sé más acerca de este mandarín nuevo. 

»Esto es, M. R. P. Prior Provincial, muy por encima, 
algo de lo sucedido desde el día 27 de febrero acerca de 
esta persecución, en la que andamos todos los misioneros 
dispersos, angustiados, desnudos, afligidos y necesitados, y 
para decirlo con más propiedad, me valdré de las pala- 
bras del Apóstol, Epíst. 2. a ad Cor., cap. 2, v. 5; desde que 
comenzó esta persecución: Nullam réquiem habuit caro 
nostra; sed omnes tribulationes passi sumus; foris pugnae, 
íntus timores. Y cap. II, vv. 23-27: In laboribus plurimis, 
in carceribus abundantis, in plagis supra modum, in mor- 
tibus frecuenter. In itineribus saepe, pericutis latro- 
num, etc., in labore et aerumna, in vigiliis multis, in fame 
et siti, in jejuniis multis, in frigore et nuditate. Con esto 
omito muchas particularidades sucedidas en este tiempo, 
o por no hacer más molesta esta narración, o porque al- 
gunas no han de ser creídas, y también por no contris- 
tar más al paternal corazón de V. P. M. R., que supongo 
en las demás cartas de mis afligidos compañeros sobrará 
materia que admirar y sentir, porque sus trabajos pade- 
cidos excederán en 35 y 50 a los que yo, por la infinita 
misericordia de Dios, he tolerado, y para honra y gloria 
suya aquí refiero. 

»Mas por su infinita bondad se puede decir, en nom- 
bre de todos, lo del Apóstol: In ómnibus tribulationes 



176 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



patimur, sed non aungustiamur; operiamur, sed non des- 
tituimur; persecutionem patimur, sed non derelinquimur; 
dejicimus, sed non perimus; y confiando en su infinita 
misericordia, que nos ha de librar y abrir esta puerta tan 
cerrada, pues como dice el Angélico Mtro. sobre el lugar 
referido: Licet nos tribulemeur in mundo, guia tamen 
confidimus de Deo et operamus in Christo et quidem cru- 
cifixo, patet nobis via evasionis et ausilii a Deo, et ideo 
non angustiamur» (16). 

A los interesantísimos datos de la anterior relación, va- 
mos a añadir un caso extraordinario que trae en la Vida 
su pariente D. Juan José Alcover con estas palabras: 

«Así pasó muchos días escondido en los montes el so- 
litario Fr. Juan, sirviéndole de sustento las hierbas, y a 
tanto llegaron su miseria y trabajo, que reconociéndose 
gravado sobre manera, tuvo pena de vivir, como decía de 
sí San Pablo (17); pidiendo a Dios como otro Elias: Tolle 
animam meam, se acordase ya de él y le sacase de seme- 
jante estado. Con estas expresiones, le escribió después 
Fr. Juan a su hermano el Padre carmelita descalzo, con 
la relación del suceso que ocurrió. Y fué que, estando en 
las citadas montañas, una noche se. reconoció bien fati- 
gado de la hambre y sobrecogido del natural temor de las 
muchas fieras, que determinó subirse a un grande y ele- 
vado árbol, y atándose a sus ramas, pasar allí la noche, o 
dar el último aliento de su vida. Hízolo así como pudo, y 
advirtiendo en sus repetidos desmayos lo extenuado de 
sus vitales alientos, conoció se hallaba en los brazos de 
la muerte; clamó a Dios lo protegiese en aquella última 
hora, y esforzando su espíritu la debilidad de su voz, em- 
pezó a entonar el salmo 50: Misere mei Deus...; cuando 
a pocos versículos consoló el Señor a Fr. Juan, como supo 
confortar a Elias en igual desolación. Porque oyó unos 
ecos, aunque distantes, que se semejaban a voz humana, 
y que esforzando más su canto, también el eco lo lévan- 



os) Alcober, Reí. de 27 de febrero de 1730, dirigida al P. Pro- 
vincial. 

(17) Ad Cor., 2, cap. I, v. 8. 



MISIONES DOMINICANAS EX CHINA 



177 



taba, haciéndose más perceptible su voz humana quien 
lo causaba. Y advirtiendo que ésta continuaba con otros 
versos, juzgó lo que era en realidad: que alguno de los 
misioneros que andaba fugitivo se habria refugiado a la 
misma selva. Aplicó entonces con mayor esmero la aten- 
ción, y auxiliado del silencio de la noche, pudo conocer 
que los ecos y respuestas eran producidas por la voz de 
su amigo el P. Serrano, a quien ya había tiempo que no 
le había visto ni sabido de su destino. Asegurados ambos 
de la verdad, que deseaban certificarse, entonaron el Te 
Deum Laudamus, y dieron gracias al Señor porque así los 
visitaba y confortaba. Mas no se atrevieron a bajarse de 
los árboles por no dar en manos de las fieras. Esperaron 
el día, y sirviéndoles de guía sus voces, llegaron finalmente 
a abrazarse. Cuáles serían las recíprocas demostraciones 
de gozo santo entre los dos amigos y compañeros, no es 
difícil comprender. Ello es cierto que el alivio que con 
este motivo le preparó el Señor en su mayor agonía a 
Fr. Juan, fué un cordial tan espirituoso, que le vivificó y 
consoló, como de sí mismo decía San Pablo con la venida 
de Tito, su amigo: Sed qui consolatur humiles, consolatus 
est ñas Deus in adventu Titn (18). 



(18) Ad Cor., 2, cap. 7, v. 6.— Juan José Alcover, Vida, pp. 58-59. 
En la Vida de los Santos Mártires, Bto. Alcober y companeros, escrita 
por el P. Cayetano Cienfuegos, O. P. hay el siguiente caso, copiado 
por el P. Arias en su obra citada, pp. 329-330, nota: «Allí se disfrazó 
(el Bto. Alcober) de aguador, y con su cuba al hombro se introducía 
en las casas de fieles e infieles sin ser notado. En una de las casas de 
sus parroquianos había una pobre mujer de cerca de cien años aban- 
donada de todos y que por su decreptitud no podía ya salir de la 
cama. Acercóse a ella el P. Alcober y empezó a catequizarla y pre- 
pararla para su conversión. La infeliz anciana se consoló al ver el 
vivo interés que aquel extraño tomaba por ella, cuando los suyos la 
abandonaban ; empezó a mostrarse dócil a su predicación. Así dis- 
puesta, se le apareció en sueño la Santísima Virgen con el divino 
Niño en sus brazos, cubiertas con un velo sus caras, con brillante 
corona en la cabeza y espléndido aparato regio. Sus manos eran tan 
bellas, que la encantada vieja le pidió por favor se las dejase besar ; 
pero la Santísima Virgen le contestó que lo conseguiría después que 
hubiera cumplido lo que aquel aguador extranjero le mandase. Al 
presentarse al día siguiente el P. Alcober, le dijo la vieja: «¿Cómo 
visten las reinas de tu tierra? — No lo sé, le contestó el Padre, por- 
que nunca he visto ninguna.» Entonces le contó la vieja su visión, 
diciéndole que estaba dispuesta a hacer lo que le mandase. Acabó, 
pues, de prepararla el santo, e inmediatamente la bautizó. ¡ Oh mi- 
sericordia de la predestinación! Acabado de recibir el bautismo, su 
alma se desprendió dulcemente de aquel cuerpo decrépito, en el cual 
Dios la había retenido hasta entonces providencialmente, y voló veloz 



12 



17S 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



b) Padecimientos del P. Sierra.— Residía este gran mi- 
sionero en Ki-tung; mas cuando estalló la persecución ha- 
llábase en Longuong, adonde había ido a administrar 
aquellos cristianos por orden del Vicario Provincial P. Os- 
cott (19). Y allí padeció también no pocos trabajos. El 
mismo nos los describe en los siguientes términos: 

«En esta villa de Longuong, gracias a Dios, los man- 
darines no han perseguido a los cristianos. Instaron los 
de la Audiencia al Hien-kung para que diese carta de 
prendimiento; mas él no quiso darla, y dijo que los cris- 
tianos no eran perniciosos. Estos días pasados vino otra 
vez el mismo orden enviado por el mandarín. Leang-tao, 
y tampoco ha molestado a los cristianos. El mandarín 
de guerra expidió un edicto blasfemando de Dios y de 
su Santa Ley; no me lo han querido trasladar. Por el 
mes de agosto volví a esta villa, en donde no hay otra 
casa en donde poder estar (20); y mi venida y estada, 
sin poderlo remediar, ha sido pública, no sólo a los ple- 
beyos, sino también a los soldados y satélites. Y esto aun 
después ha venido esta persecución, no obstante que es 
tanta la cautela, que estoy metido en un aposento oscuro, 
obligado a hablar secretamente, y muchas veces, o con- 
tinuamente, sin poder gargajear, y estarme sentado sin 
menearme, porque no cruja la silla, porque me hallo ro- 
deado de infieles de día y de noche, y enemigos de este 
Mauro; algunas noches, cuando lo permite el tiempo, y 



a ocupar en el cielo el trono que Dios le había deparado desde la eter- 
nidad. Cuando los suyos fueron a llevarle el alimento acostumbrado, 
la encontraron muerta, pero vieron con asombro que habían desapa- 
recido las arrugas que cubrían su cara, y que ésta despedía una cla- 
ridad nunca vista. Corrióse la voz por el pueblo, y todos acudieron 
a ver el prodigio ; pero como gente sin fe, no sabían a que atribuirlo. 
Solamente los cristianos, sabedores del secreto, alababan a Dios y le 
glorificaban en sus maravillas. Este admirable suceso consta en una 
carta del mismo V. Alcober a su hermano el carmelita.» 

(19) «El P. Fr. Blas de Sierra había días que yo le había enviado 
a confesar a los cristianos de la villa de Loiven; y en esa villa, aun- 
que tuvo muchos trabajos, hubo menos persecuciones que en la villa 
de Fogán. Aunque pasado el tiempo, ya le fué necesario huirse a un 
lugarcillo de la villa de Fogán» (Oscott, Reí. de 1733). 

(20) Era la casa del literato Mauro, fervoroso y valiente cris- 
tiano. 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



L79 



la ocasión, salgo a desahogarme un poco, paseándome 
junto a la cárcel y la Audiencia; y esta vecindad tuve 
por casi dos meses que viví, en donde voy a pasearme 
de noches, con otras casas de infieles; y las mujeres 
fueron tan descaradas, que se asomaron por encima de 
la pared para verme. De suerte que, lo que hablaban 
y en una y otra parte, y cuando se tosían, todo lo oía yo 
ahora. Fuera de esta ventana también vive y duerme 
una casa de infieles. Aunque estoy entre tantos peli- 
gros, me ha conservado Dios librándome de todos. Ben- 
dita sea su divina Majestad» (21). 

c) Inauditos trabajos padecidos por el P. Oscott y los 
demás misioneros. — El incansable y celosísimo misionero, 
P. Oscott, nos describe en términos patéticos lo mucho que 
padecieron el P. Serrano, el P. Matheu y él en la larga e 
interesantísima relación, tantas veces citada, de 1733; de 
la que vamos a extractar los siguientes párrafos: 

«Cuando llegaron los órdenes de los Prefectos de la 
provincia de esta villa de Fogán, que fué después de 
haber llegado a la ciudad de Funingcheu, ya referida 
arriba; estábamos una legua de la villa, en el pueblo de 
Ki-tung, el P. Francisco Serrano y yo; y nos apartaron, 
llevando a dicho P. Fr. Francisco a una casita, y le me- 
tieron en un desván que apenas cabía; y aun allí les 
parecía no estaba seguro, porque entendieron venían 
muchos soldados aquella noche; y así querían encerrar- 
le dentro de una alacena donde guardaban la comida, 
porque decían que allí no discurrían estabab alguno. Y 
pasó a tanto la confusión y temor del dueño de la casa 
que aquella misma noche le llevó a un sepulcro que es- 
taba en el monte desamparado de todo, y más que hacía 
la noche muy fría y lluviosa. Otro día por la noche lo 
llevaron a un monte a donde hay una casa de un cris- 
tiano, y con mucha descomodidad, estuvo allí dos días. 
Y porque ya se sospechaba algo, después fué por el 
monte abajo al lugar, a casa de una buena viuda y po- 



(21) Sierra, Reí. del 6 de marzo de 1630. 



ISO 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



brecita cristiana; y le ayudaba mucho un nuevo cristia- 
no, que fué uno que se convirtió por las molestias del 
diablo, ya nombrado en esta relación. Después volvió al 
pueblo de Ki-tung, porque hizo que un cristiano fuese 
a traerle una noche. Yo me hallaba en el dicho pueblo 
de Ki-tung, enfermo de tantos trabajos y molestias, 
en casa de aquella Clara, ya alabada en esta relación; 
y habiendo ella muerto, dejó su casa a sus dos hijas Bea- 
tas de la Tercera Orden, llamadas Juliana y Rosa; quie- 
nes, a la verdad, fueron en todo nuestro consuelo y pro- 
tección; porque no había ya quien nos recibiese en sus 
casas por el temor grande que se les imprimió con tan- 
tas y tan disparatadas voces que el demonio por boca de 
los malos echaba. No decían menos que el que nos tu- 
viese en casa, hasta los parientes del cuarto grado ha- 
bían de ser muertos o desterrados. Y estas dos, verda- 
deras hijas de Santo Domingo, mi Padre, siendo así que 
eran nobles, ricas y delicadas, y con hermanos opuestos, 
determinaron despreciarlo todo, exponiéndose a todo gé- 
nero de trabajor la conservación de sus padres espiri- 
tuales. A estas dos se añadieron dos viudas muy ricas, 
cuñadas de las dos Beatas, que tenían sus hijas muy pe- 
queñas, llamadas Vuan María y Mi-cu María. Ninguno 
supo de sus pariente a dónde estábamos, sino un letrado 
llamado Tomás, que negociaba por de fuera y nos traía 
las noticias.» 

«Los otros PP. Fr. Joaquín Royo, Fr. Juan Alcober y 
Fr. Pablo Matheu estaban en esta ocasión en el mieblo 
de Moyang, más apartado de la villa (de Fogán), y a 
donde hay muchos cristianos. Pero, con todo eso, pa- 
decieron muchas tribulaciones y trabajos, trayéndoies de 
unas partes a otras para escaparles de las manos del 
enemigo» (22). 



(22) El día 26 de enero, en carta a su primo D. José Higueras, le 
decía el Bto. Alcober : «Al M. R. P. Fr. Salvador Contreras, Procu- 
rador General de Filipinas en la Corte, escribo una relación del es- 
tado lastimoso de estas cristiandades por la gran persecución que pa- 
decemos. Por ella verás mi estado, el que la divina Providencia me 
tenía guardado, en el que estoy contentísimo, y me ayudarás a dar 
gracias por tantos beneficios, ün dicha re¿ación verás algo de lo que 
vo, por la bondad de Dios, he padecido, y esperamos el que llegue la 
feliz hora de dar la vida por la predicación de Jesucristo. Al presente 
escribo ésta en un lugar que, si me vieras, no pudieras en muchas 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



181 



«Eran vivísimas las diligencias que hacían para co- 
gernos, o, por mejor decir, era muy grande el estruendo 
y terror que procuraban meter estos hijos de la confu- 
sión misma. Andaban de noche y de día manadas de 
soldados y satélites poniendo miedo en los lugares donde 
había cristianos y a sus casas; metió tanto miedo el 
mandarín a un cristiano, llamado Domingo Chu-chen (del 
grado de Kung-sen, jubilado, y el más rico de aquella 
tierra; toda su familia era de cristianos), que le decía 
el mandarín que él le había de entregar el europeo que 
tenia escondido en su casa, lo cual era falso; que si no. 
que su grado y su hacienda sería toda perdida, junta- 
mente con la villa, y así que, siendo él el principal cris- 
tiano, debía entregarle el misionero, estuviese donde es- 
tuviese. Le apretó tanto, que el dicho cristiano, siendo ya 
bien resfriado en la observancia de la Ley, y haciendo 
mucho tiempo que no se confesaba, y doliéndole perder 
todo lo referido, hizo varias diligencias por cogerme a 
mi, que estaba en su pueblo en casa de las dos refe- 
ridas hermanas Juliana y Rosa, terceras de la Orden, 
y primas carnales de este hombre; en quien entró tanto 
la aprensión y el amor de sus cosas, que parecía que el 
mismo demonio había posado en aquel corazón. Loco 
andaba de furia.» 

«Me dijeron los propios de su casa que ni comía ni 
dormía, alborotaba el lugar registrando todas las casas 



horas contener las lágrimas. Desde el mes de octubre que comenzó 
esta persecución, no he dicho misa, ni me queda en muchos días 
esperanza de decirla, por habernos consumido todos los recados. Ando 
de noche como ladrón facineroso por ríos y montes escondido, hu- 
yendo de la furia de los ministros y soldados que me buscan. Dos 
veces he estado enterrado y consentido quedar allí enterrado. No 
llevo conmigo más que unos miserables vestidos y el breviario, todo 
lo demás se ha perdido. La figura mía exterior es muy extraña, por- 
que aquí no llevamos hábito. Vamos vestidos a la tártara, barba lar- 
ga, rapada la cabeza como galeoto. Lo más del vestido no cuento, 
porque no lo has de entender. Mis compañeros andan lo mismo y sin 
poder saber unos de otros. Finalmente, por dicha relación se veri 
algo, que todo es imposible decirlo, ya por lo mucho que hay, ya po» 
iue mis fuerzas y ni el lugar me permiten más extensión. A todos leí 
parientes harás sabedor de mi estado para que me encomienden a 
Dios me dé fuerzas para poder soportar tantas amarguras corpora- 
les; aunque para el alma son dulzuras y escalones seguros para lle- 
gar al puerto de la gloria, respecto de la cual es nada, momentáneo 
y leve todos los trabajos presentes y cuantos se puedan padecer» 
(Juan José Alcover, Vida..., pp. 56-57). 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



que podía, poniendo espías. Y inquiriendo un día muy 
de mañana, secretamente, se entró en casa de las dos 
hermanas, a donde estábamos el P. Fr. Francisco Serra- 
no y yo. Y aun Juliana y otros de la casa no se habían 
levantado. Se entró derecho al cuarto a donde yo esta- 
ba, sin tener quien le impidiese, y queriendo ya llegar, 
no se qué le dió, que se volvió para atrás, y fué a re- 
gistrar otro cuarto, sin entrar en el que yo estaba, y que 
estaba abierto, y si proseguía, se encontraba; y fué a 
dar consigo al cuarto del P. Fr. Francisco Serrano, el 
cual estaba cerrado, y él se estaba lavando las manos. 
Dió con mucha furia golpes a la puerta, y la Beata Ju- 
liana se levantó y puso candado a la puerta; y por eso 
sospechó, y aun creyó estaba allí P. e.; y así clamaba: 
«Salga, salga el P. e. (nombrándome a mí), que nos des- 
truye nuestras casas viniendo aquí a predicarnos en 
tiempo de persecución. Salga, salga, que aquí está», y lla- 
maba al cabecilla del barrio.» 

«La Juliana le cogió de los brazos y reñía con aquel 
miserable cristiano, porque tantos golpes daba a la 
puertas, que rompió el candado. Pero quiso el Señor que 
el P. Francisco echó por dentro un clavo a la aldabilla, 
y entretanto que le rompía, le pudieron meter en el pozo. 
La Rosa, y otra Rosa, su prima, Beata también, profesa 
de nuestra Orden, con las cuñadas de las dos hermanas, 
por mi cuarto, todas estaban ocupadas en enterrarme 
en la sepultura que tenían hecha, ya referida arriba, en 
esta ocasión. Y una de las Rosas fué y trajo por un es- 
condrijo al P. Francisco Serrano a encerrarle en el pozo 
conmigo; y después pusieron las tablas encima, que no 
se distinguiera cosa alguna de los demás del aposento.» 

«Estábabmos los dos dentro uno sobre otro, y el pozo 
manando, por la mucha humedad, agua, y yo estaba me- 
dio desnudo. La Juliana aún estaba riñendo y abrazada 
con su primo el perverso cristiano, llamado Domingo; 
y tantos golpes dió que hacía grande estruendo. Fué una 
de las Beatas por el escondrijo, y quitó el clavo a la al- 
dabilla, y así entró el enemigo rabioso y alocado; y cuan- 
do vió que no estaba allí el Padre se desesperaba bus- 
cándole por todos los escondrijos de la casa.» 

«Los perros de la casa andaban oliendo por encima 
de nuestra sepultura y no nos daba mucho contento. A 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



183 



tanto pasó este desesperado, gue encendió una luz y mi- 
raba todas las rendijas de las tablas de suelo, y ya es- 
taba sobre nosotros. Las Beatas, viéndose ya en tanto 
peligro, luego al punto arman la mejor tramoya que se 
puede excogitar. Y fué hacer que su prima, la Beata 
Rosa, moza aún de poca edad, se echase en la cama y 
se hiciese muerta; y lo hizo con tanta propiedad, que 
el perverso lo creyó. Así que se hizo muerta, comenzaron 
Juliana, Rosa y las cuñadas con todas las esclavas, a 
gritar y tirarse sobre la fingida muerta, aclamando con- 
tra el perverso cristiano que él la había muerto, y que 
se le había de volver viva. Ponían los gritos en el cielo, 
y querían acometer con el malvado cristiano. Apagósele 
la luz, y él se huyó temeroso de la casa, que no sabía 
qué hacerse. Y después resucitó la Rosa muerta; y al 
P. Francisco Serrano y a mí nos sacaron de la sepul- 
tura, y así nos libramos por entonces de aquel perverso 
hombre. El cual, después que supo se había hallado bur- 
lado, lo celebraba él con mucho sabor; aunque al misera- 
ble fué grande beneficio no habernos cogido, porque si 
lo hubiera hecho, se perdía él mismo, a donde entendía 
se ganaba; porque el mandarín no quería otra cosa para 
cargarle sobre él toda la carga, como bien supo el mi- 
serable después de su insolencia.» 

«Este perverso hombre, con los demás compañeros, 
fueron de noche al sepulcro de Mieu Clara, madre de las 
referidas Beatas, entendiendo estábamos escondidos allí, 
y pasaron bien mala noche, y se vinieron con sus manos 
vacías.» 

«Viendo todo esto, nos llevó el letrado Ching Tomas 
Xang-an a su casa, y de allí a unos días vienen muchos 
satélites y le cercan de la casa; y habiendo él huido con 
sus chiquillos, su mujer Francisca nos metió al P. Fr. Fran- 
cisco y a mí debajo de una mesa, la cual estaba cubier- 
ta de arroz, o palay, no viéndose por alguna parte sino 
el arroz. Allí estuvimos un día y una noche y parte de 
otro día. Y la buena Francisca, con su niño al pecho, se 
las había con los corchetes, rechazando sus imperti- 
nencias.» 

«Otra noche vino su marido Tomás, hombre de mucha 
fe y buen letrado, y lloraba viendo lo que padecíamos. 
Vino noticia cómo venía aquel perverso cristiano, y que 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



los mandarines tenían sospecha estábamos en su casar 
y aunque se animaba la buena mujer Francisca, pero su 
marido el letrado Tomás, era menester huir con su hijo 
Domingo, y temía que nos cogiesen. Estábamos en esto, 
cuando improvisadamente se entra por la casa, cerca 
de media noche, la Beata Juliana, que ayudada de una 
su esclava había saltado las murallas de la casa, y dice 
al Tomás que es necesario hablar con nosotros. Sali- 
mos debajo del arroz. Pregunté a la Juliana ¿qué negocio 
había que tan apresurada venia y a hora tan intem- 
pestiva? Me respondió: «Padre mío de mi alma, está ya 
esto concluido. Tengo por imposible que ya no seáis co- 
gidos y que sin duda padecerás martirio, porque ya os tie- 
nen atajados todos los pasos.» Le respondí: «Gracias a 
Dios, hágase su voluntad.» Y pregunto: «Y tú a esta hora 
con tantos peligros, ¿a qué vienes aquí? Respondió: «Para 
irme contigo a la cárcel y padecer martirio.» Le dije: 
«Vete a tu casa, y si quieres padecer martirio, y Dios 
te lo concediere, no es necesario que te hallen conmigo ni 
que tú vayas en mi compañía.» Replicó Juliana: «Pa- 
dres, W. RR. no están bien en esta casa, porque aquí 
ya tienen sospecha los enemigos. Véngase conmigo.» «Co- 
gió el mismo letrado Tomás la cama, y la esclava se 
puso a hacer la espía en el camino, y Juliana nos guia- 
ba con una grande fortaleza y habilidad, con ser que es- 
taba medio tísica; y nos llevó a una chocita de su cu- 
a las puertas de la choza para guardarnos. Y para los dos, 
nos pusieron un cuartecito, que éramos el P. Francisco 
ñada María, a donde ella dormía, por haber echado su 
casa para abajo y levantar otra nueva; y la cuñada Ma- 
ría se fué con Juliana a su casa; y muchas veces dormía 
a las puertas de la choza para guardarnos y para los dos 
nos pusieron un cuartecito, que éramos el P. Francisco 
y yo.» 

«Yo había muchas noches, o más de un mes, que no 
me desnudaba; el P. Fr. Francisco se desnudó, y tocan- 
do arrebato, por la mañanita, nos pusieron las buenas 
mujeres entre dos paredes, y no dieron lugar al P. Fray 
Francisco para vestirse; y como hacía gran frío y llo- 
vía, padeció mucho. Mucho padecimos en esta choza. 
Por un mes nos tuvieron sin ver luz, sino por unas ren- 
dijas; y estaba tan estrecho, que yo no me levantaba de 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



185 



la cama. La comida mala y fría, las pesadumbres que 
nos daban con sus nuevas no favorables a los cristia- 
nos, y más cuando decían faltaban a la fe. nos acababan. 
Las blasfemias y edictos que cada día sacaban contra 
nuestra santa Ley y sus ministros, eran muchos. Se 
levantó otra cruel persecución con edictos públicos con- 
tra las Beatas, para que fuesen forzadas a que se ca- 
sasen y que fuesen presas. Ninguna, por la gracia de 
Dios, obedeció.» 

«De tal suerte iba la persecución y los trabajos eran 
tan grandes, y más viendo el temor de los cristianos, 
que nos consumían. Me dió un accidente una noche, 
que estuvo muy a peligro mi vida. Y quiso Dios que, vo- 
mitando toda la morisqueta de muchos días que estaba 
en el estómago sin haberse digerido, me resucité. El 
compañero, P. Fr. Francisco, también estaba enfermo. 
Sea Dios bendito que se ha dignado, por su misericor- 
dia, que por su santa Ley hayamos padecido alguna cosa, 
y que nos podamos gloriar en su santísima cruz. Sea 
Bendito para siempre» (23). 

d) Padecimiento de Bto. Sanz. — En tanto los misione- 



(23) Oscott, Reí. de 1733.— En otra relación del 20 de febrero 
de 1730, escribía el mismo P. Oscott: «El 1.° de noviembre de 1729 
comenzó aquí el mandarín contra los cristianos a ejercer crueldades 
y castigos nunca ejecutados en China. Prendieron muchos, letrados 
y no letrados; recibieron algunos constantemente el tormento de to- 
billos y crueles azotes; los lugares todos desamparados. Dicen que 
está dada sentencia de muerte contra nosotros y los que nos hayan 
tenido en sus casas. Esto no lo sé de cierto, sino lo dicen así ; por- 
que los Vuen-xu que van y vienen son muy secretos. Discurra V. R. 
de mi que me vine de Cantón y la fama que se tiene y corre de mí 
en la Corte y las Audiencias, ¿qué será si me cogen? Pero le aseguro 
que, considerando a mi Jesús crucificado, que todo se me hace lleva- 
dero. Yo bien sé que serán increíbles las tribulaciones, destierros, ca- 
minos y horribles persecuciones que he padecido desde que estoy en 
China; y por eso me vale más ponerlo todo en las manos del Señor 
que me conforta y me alivia ; porque yo no sé cómo no estoy muerto. 
Y a mí, P. amantísimo, con este tirano emperador y con las sospe- 
chas que tienen por las operaciones que acaso ha visto en algunos 
qui quaerunt quae sua sunt, está la China muy otra ; ya ni debajo 
de tierra ni en sepulcros, ni en montes nos podemos esconder ; espe- 
rando por cada instante el ser cogidos ; y yo, a la verdad, el haber- 
me mantenido hasta ahora, no sé cómo pudo ser, sino por especial 
providencia del Altísimo... El año pasado, a petición de muchos, es- 
cribí un manifiesto contra las calumnias que nos imponían acerca de 
la persecución, que aun prosigue y ahora está en su auge. Nues- 
tro P. dice que está bueno.» 



1S6 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



ros del territorio de Fogán padecian tan terrible persecu- 
ción, el Bto. Sanz vióse obligado a permanecer oculto en 
estrechos aposentos en diversos lugares al sur de Fukién. 
Sólo salia de su reclusión amparado de las sombras de la 
noche para hacer sus excursiones apostólicas. Es mucho de 
ponderar la paciencia y abnegación de nuestro futuro már- 
tir durante nada menos que seis años largos de su apos- 
tolado en esa región. 

«Este señor (el Bto. Sanz) se vino de Chancheu el añD 
de 30 por causa del Visitador arriba dicho, que tanto miedo 
y terror metió a los cristianos, que fué necesario a su 
Illma. retirarse a Cantón hasta ver en qué paraba. Los tra- 
bajos y la gran paciencia de este señor en toda la perse- 
cución fué grande y bien pública a todos los misioneros. 
Siete años y más estuvo cerrado en un cuarto sin tablas, 
en el cual dormía, comia y decía misa, y enseñaba y con- 
fesaba a los cristianos; sino cuando de noche salía a al- 
guna confesión. Los Padres que pasaron por allí se admi- 
raban cómo tanto tiempo pudo vivir solo y en tiempos tan 
calamitosos en choza tan estrecha. Todo se puede cuando 
se hace por Dios, que nos conforta» (24). 



(24) Oscott, Reí. de 1733.— Durante su estancia en la región de 
Chiangchow, el Bto. Sanz levantó una casa, probablemente para resi- 
dencia suya, en la citada ciudad ; la cual conservó la Misión hasta 
el año 1782; en cuya fecha el Consejo de Provincia dió permiso para 
venderla. He aquí la decisión del expresado Consejo tenido el 10 de 
junio de 1782. «Ultimamente, propuso S. P. M. R. que los dos RR. PP. 
misioneros de ntra. missión de Chancheu. Pr. Estevan del Rosario y 
Fr. Joaquín de Santa Rosa, pedían licencia p.a vender una Casa q.e 
levantó el V. S.or Sanz, siendo misionero ; a causa de los que la ha- 
vitan no pagan los Alquileres ni la cuidan ; y q.e más sirve de daño 
q.e de provecho, assí p.a los Missioneros como para los q.e la cuidan, 
y q.e el importe o valor, que será ciento y quarenta ps., poco más o 
menos, se les conceda al uso de los dos dhos. Missioneros, p.a resarcir 
los gastos ocasionados en la persecución del año precedente de 81, que 
fueron 60 ps. Se resolvió p.r uniformi.d de votos secretos el q.e se 
venda dha. Casa ; cuio valor se entregue al R. P. Vico Prov.l, q.e les 
resarcirá los daños y gastos hechos en la persecución ; como también 
que socorra qualquiera. otra necesidad q.e padezcan, tanto los expre- 
sados Missioneros, como los otros Europeos y nacionales residentes 
en dha. Missión; y q.e assí mismo quando N. P. Provincial haga el 
despacho p.a China, prevenga a los Missioneros que, si de vender dha. 



MISIONES DOMINICANAS FN CHINA 



L87 



Nuestro santo apóstol evangelizó en Changhíu y sus al- 
rededores, y en otros pueblos, como en Xe-ma, Lingtung, 
etcétera. 

Estando por diciembre de 1729 en Xema, los cristianos 
le suplicaron con lágrimas en los ojos partiera para Can- 
tón. «Padre, le decían, márchate, que viene el mandarín 
Visitador imperial a buscarte; y si tú estás aquí, vamos 
todos a sufrir mucho. Márchate a Cantón, que así el man- 
darín dejará en paz a los cristianos, y luego volverás cuan- 
do hayamos quedado en sosiego.» Replicó el Bto. Sanz 
•que no debían mostrarse de aquel modo; que él estaría en 
cualquier parte, aunque fuera escondido en un lugar mas 
despreciable, y que no le consentía su caridad abandonar- 
les. «Márchate, Padre, márchate, no sabemos modo de es- 
conderte más de lo que estás; y si llega el Visitador, su- 
friremos todos sin fruto, porque te cogerán, y entonces 
será peor para nosotros, que no tendremos quien nos cuide. 
Márchate, que luego que esta tempestad, por favor de Dios, 
se disipe, te avisaremos e iremos a buscarte» (25). 

Ante tan insistentes súplicas, vióse el siervo de Dios 
obligado a partir para Cantón con gran dolor de su alma, 
por verse obligado a dejar a sus neófitos completamente 
desamparados en medio de tantos peligros. 



IV 

OBLIGAN AL P. SANZ A ACEPTAR EL OBISPADO 

El siervo de Dios ya tenía noticias de haber sido nom- 
brado Obispo Coadjutor del Sr. Ventallol. Y, por esto, te- 
nía gran repugnancia de pasar a Cantón, por el temor de 



Casa se puede seguir alguna persecución o daño, que se omita hasta 
mejor ocasión.» (Libro de Consejos, t. 573, f. 124, A. P. D.) 
(25) Arias, Vida..., p. 347. 



lss 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



que se le obligase a aceptar el episcopado, como, en efecto, 
le obligaron. 

A poco de llegar el santo varón a aquella metrópoli, y 
con fecha del 12 de febrero de 1730, el Rvmo. P. Miralta, 
Procurador de la Misión de la Propaganda, intimóle la3 
órdenes que había recibido de la Santa Sede de que acep- 
tase la dignidad que se le confería. Entrególe también la 
licencia y mandato del General de la Orden, para que se 
sometiera a la voluntad del Papa. Resistióse el siervo de 
Dios muchos días, y rogó y suplicó le dispensaran de tomar 
sobre sus hombros tan pesada carga. Mas para nada le 
sirvió, pues las órdenes eran explícitas y no admitían ape- 
lación ni excusa. Fué, pues, consagrado el día de San Ma- 
tías, el 24 de febrero de 1730, con el título de Mauricastro, 
por el franciscano portugués Sr. D. Fr. Manuel de Jesús 
María, Vicario Apostólico de Nankín; siendo asistentes los 
Prelados de Pekín y de Macao. También estaba presente 
a la ceremonia el Sr. Ventallol, quien no se había querido 
consagrar después de tantos de haber nombrado Obis- 
po (26). 

Los sentimientos de humildad los mostró bien clara- 
mente el Bto. Sanz en una carta familiar al P. Fr. Juan 
Caballero poco después de haber sido consagrado. He aquí 
tan precioso documento: 

«J. M. J.— M. R. P. Calificador y Vicario Fr. Juan Ca- 
ballero. — Supongo que V. P. M. R. recibiría a principios 
de febrero, con los barcos de Hia-muen (Emuy) el plie- 
go de cartas que desde Xe-ma despaché el día 20 de 
enero, a las diez de la noche.» 

«El barco, según decían, se había de dar a la vela el 
día 21 de dicho mes. El contenido de las cartas era referir 
el estado de la misión, enviando un tanto del decreto del 
virrey. Yo me vi obligado a bajar a Cantón para quitar el 



(26) Al Bto. Sanz le perseguían las dignidades. Fué Vicario Pro- 
vincial en 1716, 1718, 1725. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



189 



miedo a los cristianos, que, con la cercanía del Visitador, 
no sabían donde meterse. ¡Ojalá no hubiere pensado en 
venir, o me hubiese ocurrido pasar a Manila! Con eso me 
hubiera librado de la carga que, por mis pecados, pusieron 
sobre mis hombros. Llegué a Cantón el 12 de febrero, y el 
día de San Matías Apóstol, el limo, y Reverendísimo Sr. D. 
Fray Manuel de Jesús María, Obispo de Nankin, religioso 
franciscano portugués, me consagró por Obispo Mauricas- 
trense en la iglesia de los RR. PP. franciscanos. ¡Obs- 
tupescite coeli super hoc, et portae ejus desolamini ve- 
hementer! Ya me parece que le estoy leyendo el corazón, 
y al mismo tiempo viendo las acciones admirativas en 
que prorrumpe. Juntará las manos, encogerá los hom- 
bros, arqueará las cejas y mirará al cielo, suspenso en 
admiraciones: Nihil in térra sine causa fit; judicia Dei 
abyssus multa. Qui regnare facit hominem hypocritam 
propter peccata populi. Me daban la enhorabuena, di- 
ciendo: «Cecidit sors super Matthiam. Mas yo respon- 
día: Temo no sea la primera suerte de Esther, que cayó 
en el duodécimo mes de Adar, y corresponde al mes de 
febrero. Si cayó sobre mi aquella mala suerte, ya está 
también fulminada la sentencia: Ut conterar, juguler 
et peream.» 

«Axnque me consagré con repugnancia, más de lo 
que puedo explicar con palabras, pero fué con la licen- 
cia necesaria de la Orden, la cual remito ahora al R. P. 
Provincial, juntamente con los trasuntos auténticos de 
los breves que me enviaron de Roma. Confieso que co- 
metí un gravísimo yerro, y que primero debía morir que 
admitir el Obispado.» 

«Oh juicios inescrutables de la divina Majestad, cuán 
formidables sois. Llegó al colmo la medida de mis cul- 
pas; por eso permite Dios que me precipite, admitiendo 
una carga que, excediendo a mis fuerzas con su peso, 
es forzoso que me abrume y caiga en tierra, sin que ja- 
más pueda levantarme. ¿Est poenitentia in Israel super 
peccatum quod commissi? Si admite penitencia: ¿et est 
cor tuum rectum sicut cor meum cum corde íuo? Ruego 
a V. P. M. R. componga con el R. P. Provincial que yo 
haga renuncia, remitiéndola a Roma, y agenciando por 
medio de nuestro Rmo. Padre General, la admita Su 
Santidad. Con eso me pasaré a ese Convento de Maní- 



190 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



la para hacer penitencia del absurdo que cometí; de lo 
contrario, estoy perdido, y dudo de mi salvación. Si 
tanta pena me dió el ser Vicario Provincial seis años 
consecutivos, que vine a creer por dos veces que no lo 
era, ¿qué puedo esperar me suceda con el Obispado Mau- 
ricastrense? Dios le perdone a quien escribió a Roma y 
persuadió en Cantón que yo fuera Obispo Mauricastren- 
se. ¡Qué mofas, qué hurlas, qué dicterios, qué turbión de 
murmuraciones se ha de cargar sobre mí! Dirá uno que 
estoy tuerto, otro que soy rústico, otro que soy un igno- 
rante, y cada uno me definirá como quisiere. Y si no 
dijeren más de lo que digo, aun fuera tolerable. Dios me 
libre de que me digan lo que pueden decir de mí; si 
bien ya tengo prevenido mi contra. Posuit me sibi quasi 
in signum; elevasti me, et quasi super ventum ponens, 
elisisti me valide.» 

«Cuando escribí a V. P. M. R. desde Xe-ma. de pura 
vergüenza no me atreví a darle noticia de los breves que 
habían venido de Roma, porque jamás pensé que podía 
llegar a consagrarme. Se la doy ahora de mi consagra- 
ción porque no se puede ocultar. Sólo ruego lea esta 
carta para sí, sin manifestarla a nadie, y después de leí- 
da, quemarla luego; porque puede ser que me arguyan 
con aquella sentencia de Catón: Nec te collaudes, nec te 
vituperes ipse; hoc enim stulti faciunt, quos gloria vexat 
inanis. Pero aténgome a David, que era más sabio que 
Catón, y decía: Vilior fiam plus quam factus sum, et ero 
humilis in oculis meis.» 

«La cristiandad de Chiancheu se mantiene en paz, y 
nadie les ha molestado; pero con tanto miedo, que no 
se han atrevido a tener en su casa a un sacerdote chino. 
Se han retirado a Cantón muchos misioneros, porque el 
emperador no quiere estén en las provincias. De Fogán 
hablarán las cartas. Doy fin con pedir las oraciones y 
sacrificios de V. P. M. R., cuya vida guarde Dios. Cantón 
y mayo 1.° de 1730.» 

«Después de leer esta carta, escribe el P. Arias, cual- 
quiera creería, ¡tal es el aire de sinceridad con que está 
escrita!, que el nuevo Obispo de Mauricastro era tenido 
por un religioso poco menos que inútil, privado de las do- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



191 



tes de ciencia, talento y virtud que deben reunir los lla- 
mados para tan alta dignidad. Nada más lejos de la exac- 
titud; el nuevo Obispo era un santo religioso, observantí- 
simo de las leyes de la Orden, un buen teólogo, versadísi- 
mo en la Sagrada Escritura, y un ministro todo consagrado 
al bien de las almas» (27). 



V 

LOS CRISTIANOS DURANTE LA PERSECUCIÓN 

Si bien es verdad que algunos cristianos ñaquearon en 
la confesión de la fe por miedo, en cambio, la mayoría de 
ellos se portó heroicamente. 

El 8 de enero de 1730 comenzó el mandarín de Fogán 
a prender cristianos, encarcelando a muchos, entre ellos 
a 12 literatos. El día 18 dió a dos de ellos el tormento de 
los tobillos, y más tarde, dió el mismo tormento a los le- 
trados Pablo Chao Go-ei-cheu y a Atanasio y a otros dos 
cristianos más; con objeto que descubrieran el paradero 
de los misioneros; pero ninguno de ellos lo dijo a pesar 
de los tormentos (28). 

«Los cristianos Kuo Domingo y Chin Domingo, letra- 
dos, que los tenían en sus casas (refiérese a los PP. Ro- 
yo, Matheu y Alcober), padecían mucho; y ellos fueron, 
con otros muchos letrados, presos, como se tocará abajo. 
El P. Blas de Sierra permanecía en la villa de Loiven, 
tres días de camino de donde estábamos nosotros escon- 
didos, en una casa de un cristiano, llamado Mauro; cris- 
tiano de mucha fe y que siempre se ha portado muy bien 
y fervorosamente en confesar la Santa Ley de Dios y 
en dar buen ejemplo a todos los infieles y, principal- 



(27) Arias, Vida..., pp. 352-353. 

(28) Sierra, Reí. del 6 de marzo de 1730. 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



mente en sufrir con paciencia y resignación las moles- 
tias de sus enemigos; que, por hallarse rico, tiene mu- 
chos. Su mujer fué de grande ejemplo; tan fervorosa, 
que recogía en su casa a todos los caminantes cristia- 
nos; y si sabía estaban en los mesones, los enviaba a 
buscar y los regalaba; y después les hacía que hablasen 
de doctrina cristiana cosas de Dios y la Santa Ley; y 
ella y su familia estaban oyéndola detrás del tablado de 
la sala principal, y el convidado en la sala; y recibían 
del relátente lo verdadero; y si erraban, ella les sabía 
advertir. Era muy limosnera y penitente; tanto que, des- 
pués de la muerte, se le halló un cilicio apretado a sus 
carnes. Su marido Mauro a cualquiera cosa de la Santa 
Ley salía y sacaba la cara. Amaba y ama mucho a nues- 
tros misioneros, procurando hacerles bien y recogerles 
en su casa. Es muy celoso y recto; de tal suerte que, 
habiendo un cristiano, graduado de licenciado en sus 
letras, de salir a la Corte a ver al emperador, y siendo 
acompañado de muchos, escogió una puerta para salir 
de su villa, que los infieles tienen por buen agüero, y 
en presencia de todos afeó el dicho Mauro el hecho su- 
persticioso, y dejándole en medio del camino, se volvió 
a su casa. En otra ocasión, viniendo unos Padres de la 
Compañía por la villa de Loiven como mandarines, por 
orden del emperador, el Mauro les salió a recibir bien 
vestido; y habiendo los Padres hablado, en favor acerca 
del desdichado e infiel étnico y filósofo Confucio alguna 
cosa no recta, les resistió en su misma casa; de tal suerte, 
que quedaron los Padres admirados y confusos de su recti- 
tud. Estos eran tres Padres que en el tiempo del emperador 
Kanchi iban midiendo y declinando la provincia de Fo- 
kién.» 

«Cierto es que si aquí se contaran todos los trabajos 
que nosotros padecimos en este tiempo, pareciera cosa 
increíble al que no se hubiese hallado presente. Pero 
dirán: No hubo sangre. Pero hubo otro modo más cruel 
y penoso, que era írnosla consumiendo a penas y tribu- 
laciones. Y aunque de los misioneros no la vertieron, de 
algunos cristianos la sacaron. Iban todos los satélites 
por las casas de los cristianos prendiendo a los que se 
hallaban, y hacían con ellos rigores para sacarles la 
plata. Muchos daban lo que tenían para comer, para 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



193 



librarse; y después que por esto les dejaban, volvían 
después de algunos días a molestarles y prenderles. Uno 
hubo que no tenía que les dar; le ataron fuertemente 
de los dedos y le colgaban, hasta que a puros tormentos 
le sacaron unas chapas que tenía. Todos huían a los 
montes, y aun les iban siguiendo satélites. Fué tan cruel 
la persecución, principalmente por el mes de enero de 
1730, que parecía querían acabar con todos los cris- 
tianos. Prendieron muchos, entre los cuales fué uno lla- 
mado Mieu Domingo Ti-ling, el cual, por no querer 
apostatar y decir adonde había misioneros ocultos, que 
lo sabía muy bien, al buen Domingo le dieron el tor- 
mento cruel de los tobillos; y después le cargaron entre 
dos y le pusieron en la cárcel, a donde estuvo bastante 
tiempo con otros cristianos; y después salieron libres 
por un modo admirable, como a su tiempo se dirá. Pren- 
dieron también, según lo que computamos (a mi en- 
tonces me tenían bastante apretado) cuarenta letrados; 
entre ellos estaban los que en sus casas tenían Padres 
misioneros. A uno llamado Chao Paulo, muy fervoroso, le 
encadenaron, cosa que excedieron los términos, porque 
al letrado, no siendo condenado y quitado su grado, no 
le pueden poner cadenas; lo cual excusaron, sin haber 
precedido esto, con el dicho Chao Paulo. A todos los de- 
más pusieron, aunque no encadenados, presos en la 
casa del mandarín Hío-kuon, que está en el templo a 
donde hacen las adoraciones, reverencias y sacrificios 
al filósofo Conf unció; y diversas veces fueron molesta- 
dos del mandarín de la villa y amenazados con tormen- 
tos y desgraduación, sino confesaban a donde estaban los 
misioneros europeos, juntamente mandándoles negar la 
Santa Fe. Lo cual nunca hicieron, así lo uno como lo 
otro. Los otros que no eran letrados y habían podido 
coger, estaban cargados de cadenas en la cárcel. Con 
que todo era una confusión y lloros. Por los lugares puso 
el mandarín cincuenta taeles de plata colgados en pú- 
blico para cualquier que diese noticia de un europeo mi- 
sionero» (29). 

«Estaban ya los letrados presos en las últimas an- 
gustias; pues tenía ya determinado infaliblemente el 



(29) Oscott, Reí. de 1733 

13 



194 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



gobernador de llevarlos por fuerza a adorar otro día el 
ídolo Ching-hoang. Aquí era la angustia de los pobres 
cristianos. Tal o cual desfallecía; otros decían que, aun- 
que perdiesen la vida, no habían de hacer tal error. 
Otros decían que, cuando los llevasen se dejarían caer 
de la sala a donde estaban; y así. quebradas las pier- 
nas, no les llevarían al templo de los ídolos. Remedio 
bien ridículo e ilícito, pero señal de la fe de aquellos 
afligidos cristianos. Viéndose en semejante aprieto, ex- 
clamó en lamentos un letrado, Kuo Domingo, que ha- 
bía tenido Padre en su casa; y entonces, aunque in- 
considerado, con afligido corazón, dijo: «Puesto que Dios 
es omnipotente y ve nuestra aflicción y el estado en que 
estamos, porque no queremos apostatar, ¿cómo no nos 
vale ahora quitando y destruyendo a este mandarín, que 
a fuerza nos quiere mañana llevar a adorar al ídolo 
Chindg-hoang?» Cosa rara y admirable. Le reprendió 
otro compañero letrado que estaba también preso, oyén- 
dole semejantes palabras, diciéndole: «Tú no debes decir 
esto. ¿Quiénes somos nosotros? Nuestros pecados mere- 
cen esto. Dios hará lo que fuere de su agrado. Lo que le 
debemos de pedir que nos dé fuerzas para que no ie 
ofendamos, inclinándonos delante del demonio», que así 
llamaban al ídolo. Estas palabras dijo el buen letrado a 
su afligido compañero. Cuando no habían pasado muchas 
horas, después de media noche, llegó de los Prefectos de 
la provincia una posta con mucha prisa; pues tenía 
en la carta una pluma que ponen por señal de cosa 
muy precisa, y que su ejecución ha de ser como el vien- 
to, a donde mandaba el gobernador que, así que la reci- 
biese, se partiese para la metrópoli, y le privaron de su 
mandarinato y gobierno. Y así que salió aquel tirano de 
allí salió también aquel día el sol, que hacía más de 
veinte días, desde que comenzó el rigor de la persecu- 
ción, que no le habían visto. Todos advertimos que aque- 
llos días parecían días de confusión y tristeza, aun para 
los mismos infieles, que decían que el Dios de los cristia- 
nos les castigaba; pues era menester tostar el arroz, por 
no haber modo de secarlo, por los días tan oscuros, llu- 
viosos, húmedos y tristes. Y cuando vieron que, libres los 
cristianos y privado el gobernador de repente de su man- 
darinato, salió el sol, aclamaban, hasta los chicuelos, que 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



195 



nuestro Dios nos ayudaba y que sus ministros eran bue- 
nos» (30). 



VI 



UN POQUITO DE CALMA 



Al cruel mandarín Fan Lo-ye, que casi destruye nues- 
tras Misiones, le sucedió otro mandarín del apellido Cheu, 
quien tomó posesión de su cargo poco más tarde de haberlo 
dejado aquél. Aunque este mandarín traía severas órdenes 
del Chungto para perseguir a cristianos y misioneros, no 
las ejecutó, como tampoco ejecutó otras que más tarde re- 
cibiera. De natural bondadoso, aborrecía la violencia y la 
injusticia. Durante su corto mando reinó la paz en la cris- 
tiandad; y dejando sus escondites, pudieron los misioneros 



(30) Oscott, Reí. de 1733. — Según leemos en cartas de otros mi- 
sioneros el mandarín cruel de Fogán, fué de mandarín a Formosa, 
aunque parece, según algunos, rebajado de rango. Dios castigó al 
emperador y su Corte con mano dura por la persecución que había 
desatado contra la religión católica. «La persecución que nuestra reli- 
gión católica padece en este reino, y principalmente ha padecido de 
dos años a esta parte, cuando a los órdenes que el emperador tiene 
dadas para ello, aun no hay revocación alguna. Ni para esto ha he- 
cho el más mínimo efecto el azote de la divina justicia, que con for- 
midables terremotos ha descargado sobre la corte de Pekín. Entre 
muchos sabemos que ha habido tres grandes. Con el primero, que fué 
el día del Sr. S. Jerónimo del año de 30, quedó la Corte medio aso- 
lada con muertes innumerables. El tercero que fué este presente año, 
el día del glorioso Patriarca S. José, Patrón de este reino, en que se 
dice murieron cuarenta mil hombres, y que el emperador fué herido. 
No sabemos si después han repetido. Dicen no haber muerto ni un 
europeo, ni mozo alguno de servicio de las iglesias» (Royo, Reí. del 
17 de septiembre de 1731). 

«Ha tenido el emperador, después que empuñó el cetro, continuos 
avisos del cielo ; esto es, cotidianas calamidades en el reino, y nada 
le ha bastado para revocar la prohibición de que no se predique en 
él nuestra santa fe. Las principales son : que el segundo año de su 
gobierno, era de 1724, en veinte y tantos días de junio, cayó de su 
región un globo de fuego que abrasó los huesos y sepulcro, con su 
suntuoso templo, de su afamado filósofo Confucio. que todo estaba 
junto en una ciudad de la provincia de Xantung ¡ dista de esta pro- 
vincia de Fokién más de 250 leguas, y muchos desde aquí vieron el 
fuego el mismo día y hora que cayó, que fué a las cuatro de la ma- 



196 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



salir al aire libre y recorrer la Misión, levantando el áni- 
mo de los neófitos y administrándoles los sacramentos; y 
aún pudieron regenerar con las aguas del bautismo a más 
de cien adultos (31). 

Para dar gracias al Señor por la paz que les trajo, re- 
unióse en la villa de Fogán gran número de cristianos; 
celebrando, muy alegres y devotos, una fiesta de acción de 
gracias. Los corazones de los misioneros rebosaban de ale- 



ñaría. El año de 31, días de S. Jerónimo y del Rosario, hubo en la 
Corte de Pekín formidables terremotos, que prosiguieron algunos 
meses ; y fuera de allí, en los contornos, se estaba la tierra inmoble. 
La mitad de la Corte quedó arruinada. La mitad del muro amarillo 
que circuye el palacio imperial con gran parte de éste, se vino a tie- 
rra. El emperador se huyó a los barcos para salvar su vida. La gente 
que murió fué innumerable. Por esta calamidad permitió el empe- 
rador a todos los sectarios predicar y seguir sus falsedades (que antes 
también lo había prohibido) ; sólo nuestra santa fe quedó prohibida. 
El mismo año, o el antecedente, creció tanto la marea, que en la 
provincia de Nankín inundó siete villas ; son las de China populo- 
sísimas, y a una totalmente la sumergió con innumerables muertos. 
Lo mismo sucedió por el mismo tiempo con la ciudad de Hinghao, de 
esta provincia de Fokién. Callo otras muchas calamidades comunes 
y de particulares de sequías, lluvias, inundaciones y tormentas, con 
mucha mortandad, que no han faltado en los diez años de su gobier- 
no. Mas el corazón de este Faraón está tan lejos de ablandarse de 
tanto golpe, que este año pasado, por agosto, desterró a todos los mi- 
sioneros que con su licencia estaban en Cantón, se fuesen a Macao; 
y ni aun allí les quiere permitir estén» (Royo, Reí. de 1.° de marzo 
de 1733). 

(31) Arias, Vida..., pág. 357. A este mandarín alaban los misio- 
neros en sus relaciones. El P. Cscott escribe de él ; «El Señor, en cuyas 
manos están los corazones de los hombres, nos dió un nuevo Gober- 
nador, que mejor no se podía excogitar, del apellido Cheu. Este amaba 
en gran manera a los cristianos ; tanto, que los infieles decían ser 
cristiano, lo cual era falso. Cuantas órdenes de los superiores venían 
contra la santa Ley las sepultaba o escondía; cuando esto no podía 
hacer, las interpretaba y les quitaba el rigor. Y si esto no podía, sólo 
hacia el amago para cumplir, y aun avisaba que anduviésemos con 
cautela, y aun a los mismos cristianos. Verdaderamente que era un 
hombre ; aunque inñel, sus hechos muy buenos. Pero ¿qué admiración 
si el Señor para su gloria así lo quería? Y para que la mucha flaqueza 
y inconstancia de los chinos no diera consigo en el cielo, y para dis- 
ponernos para después, con otro mandarín, recibir otros semejantes 
golpes, como S2 dirá en lo siguiente ; y, lo principal, para confesar 
la cristiandad. En tanto que gobernó este mandarín, que no llegó al 
año, porque él era tan bueno que él mismo pedía dispensa de su 
mandarinato, porque el que en China no hurta, no puede, parece, ser 
mucho tiempo mandarín, lo cual aborrecía nuestro mandarín del ape- 
llido Cheu» (Reí. cit. de 1733). 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



L97 



gría al ver allí reunidos en público tantos cristianos, quie- 
nes tan heroicamente habían padecido y resistido la fiera 
persecución. Aumentóse la alegría de todos con la conver- 
sión del letrado Domingo Ching Chu-cheng, quien duran- 
te la persecución tanto había perseguido a misioneros y 
cristianos. 



CAPITULO VII 
NUEVAS PERSECUCIONES Y DESTIERROS 

I 

NUEVO MANDARÍN Y. VISITADOR IMPERIAL 

Al bondadoso mandarín Cheu sucedió otro llamado 
Cheng, y con éste volvió de nuevo la persecución. Mas «no 
tanto por él, como por un visitador del emperador que vino 
a nuestras cristiandades sólo, como el bárbaro decía, para 
extinguir nuestra santa ley» (1). 

Yungtching, desde las acusaciones contra los europeos 
y conspiración del P. Morón, miraba a todo extranjero con 
recelo y odio. Para hacer desaparecer hasta el vestigio de 
extranjero, mandó unos visitadores imperiales por toda la 
nación con este objeto. Estos visitadores tenían autoridad 
sobre todas las autoridades de las provincias. 

Por noviembre de 1730 llegó uno de esos visitadores a 
la región de Fogán, con mucho boato, pregonando su su- 
prema autoridad (2). 



(1) Oscott. Reí. de 1733. «Dales su sello (el emperador a los Vi- 
sitadores), el cual llevan atado al brazo derecho. Son unos rayos del 
cielo y muchos hacen su oficio admirablemente; tiemblan los manda- 
rines cuando hay Visitador» (P. Navarrete, trat. í.° cap. VIH). 

(2) Precedíanle «dos timbaleros a pie, con sendas cacinetas o 
grandes tambores, dando de tiempo en tiempo nueve golpes, que oían 



200 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



«Vino este Holofernes, escribe el P. Oscott, por el no- 
viembre de 1730 a la villa de Fogán con mucho fausto. 
Mandó llamar todos los cristianos letrados, y principal- 
mente aquel muy rico, referido arriba, que tanto nos 
persiguió; al buen Tomás, que cuidaba de mí, al buen 
Chin Domingo Vuen-chie, a Kuo Domingo Telu y a 
Mieu Tomás y a Chao Paulo. Asistieron todos los gradua- 
dos infieles. 

»Mandó poner su sitial en público, comenzó a predi- 
car hipocresías y blasfemias contra Dios y su Santa Ley. 
Estuvo cerca de medio día hablando disparates; y uno 
muy solemne fué decir: «Si no hay cielo ni tierra ¿cómo 
ha de haber Señor del cielo?» Porque parece que el bár- 
baro lo reducía a un caos; a lo cual, dicen, se reduce 
todo, que llaman ellos Ly o Xang-ti, ¡oh qué miseria!, 
al cual querían poner los que todos sabemos por verda- 
dero Dios. ¡Oh, permita el Señor darnos la luz de su 
gracia y sabiduría!» 

«En fin, este bárbaro, como era tan soberbio, parece 
que habitaba en los vientos, como decían los cristianos. 
Hasta las mujeres celebraban el dicho del gran manda- 
rín, burlando de él. Hido diferentes preguntas a los refe- 
ridos cristianos. Respondieron con mucha fortaleza, ex- 
cepto el perverso perseguidor, que aunque acerca del 
Dios y su Ley respondió bien, pero muy mal e irónica- 
mente acerca del Confucio y abuelos. Les reprendió se- 
veramente, les amenazó con la privación de sus grandes 
haciendas y con la muerte. Mandó y dió órdenes al go- 



de muy lejos; anunciaban a los vecinos de los arrabales de Fo^án la- 
llegada del imperial comisionado. A estos seguían otros tres nares de 
oficiales, colocados a gran trecho unos de otros, y dando con el mismo 
orden y compás igual número de golpes en iguales instrumentos. Se- 
guían después, en dos hileras, gran número de alguaciles ricamente 
vestidos, llevando en silencio y con gran respeto las insignias e ins- 
trumentos de la dignidad del Visitador, como catanas, cuchillos, lan- 
zas, cañas ensangrentadas, manoplas y cadenas. Tras de estos lic- 
tores iban seis hombres, separados entre sí a conveniente distancit 
y gritando: «¡Viene el Visitador! ¡Viene el Visitador!», a cuya 
voz el camino se despejaba y los transeúntes todos se disponían a 
doblar la rodilla. Por último, precedido de seis ordenazas llevando 
vistosos parasoles de seda roja con caídas de hilo finísimo de seda 
y llevado por doce hombres en lujoso palanquín de maderas pre- 
ciosas y en forma de concha, con cortinillas de seda y flecos de> 
oro, aparecía el Visitador con fastuosa majestad y aire más que de 
príncipe.» (Arias, Vida... pp. 363-364). 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



201 



bernador de la villa que les hiciese apostatar; dejó edic- 
tos pésimos fijados contra Dios y nuestra Santa Ley y 
ministros, contra las beatas, contra los letrados y contra 
los cristianos. Amenazó a los gobernadores politicos y de 
armas con privación de su oficio y con castigos, si no 
nos buscaban con diligencia y no extinguían la Santa 
Ley de Dios» (3). 

«Después que se fué el perverso mandarín visitador, 
habiendo dejado las horribles órdenes al gobernador de 
la villa, luego comenzó con mucha crueldad a ejecutar- 
los. Llamó a los cinco letrados que habían estado de- 
lante del visitador, les molestó dijesen donde estaban los 
europeos, les mandó blasfemar de Dios y a todo no qui- 
sieron. El mandarín, rabioso por tener que responder al 
visitador sobre el mandato que le había dado, les dijo: 
«Pues maldecid a vuestro maestro el europeo.» Respon- 
dió uno: «Si supiéramos que el europeo hacía cosas dig- 
nas del odio, le maldijéramos; pero no lo sabemos.» Dijo 
el nuestro perseguidor arriba nombrado: «¿Qué maldi- 
ción quieres que le echemos?» Dijo el mandarín: «Que 
sea hecho millares de millones en pedazos y cuchilladas 
y patadas.» Respondió el arriba referido perverso cris- 
tiano lo que dijo el mandarín. Los otros dijeron lo mis- 
mo. Pero me parece añadieron: «si lo merece, fiat sicut 
dixisth, para así, me dijeron, librarse que les tocase más 
de la Ley de Dios. Y otro dijo que él no había echado la 
maldición al Padre, sino al europeo, con la palabra ex- 
presiva: sian-tie jin, que quiere decir: hombre europeo. 
Les reprendí la equivocación, diciéndoles que el manda- 
rín, habiéndoles mandado maldecir al europeo, hablaba 
del ministro de Dios; y como a tal, les mandó maldecir 
en desprecio del mismo Dios.» 

«No para aquí, sino que les mandó hacer una caución 
por escrito, y que pusiesen a las puertas de sus casas los 
edictos blasfemos; lo que no quiso hacer el buen cris- 
tiano Chin Tomás, arriba nombrado, y se escapó; y los 
satélites venían y, a fuerza, se le ponían en casa. Y des- 



(3) «... y dejando a todos llorando, salió de la villa este Visi- 
tador y a un dia de camino, dicen tuvo la infeliz noticia que toda 
su casa con todas sus concubinas habían perecido en el gran terre- 
moto de la Corte. Justos juicios de Dios, que el que había hecho llo- 
rar a tantos, llorase él sin consuelo.» (Oscott. Reí. de 1733.) 



202 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



pués, su mujer, Francisca, le quitaba. Mucho padeció ia 
casa de este buen cristiano digno de muchas alabanzas 
en sus hechos y trabajos» (4). 

La persecución se declaró furiosa contra todos los cris- 
tianos y misioneros, teniendo unos y otros que huir a los 
lugares más apartados para librarse de las manos de los 
esbirros... «Los sitios más agrestes de las montañas de 
Fogán, morada de tigres y otras fieras, eran su ordinario 
asilo; y hoy en un pueblo, mañana en otro, no había rin- 
cón de la sierra, ni ensenada del rio, ni grupo de cabañas 
de pescadores y sencillos trabajadores del campo que no 
les viera pasar fugitivos, hambrientos, medio desnudos, 
disfrazados de mil maneras, siempre perseguidos, pero 
siempre llenos de la fortaleza y del celo de la salud de las 
almas, que brilló en sus hermanos los apóstoles del Japón, y 
las mártires de Hungría y de Cumania» (5). 

Uno de tantos penosos episodios acaecidos a los cris- 
tianos y misioneros por este tiempo nos lo describe el 
P. Oscott en estos términos: 

«Sucedió que un infiel, codicioso del premio que veía 
a los ojos, y por vengarse del letrado Chin Tomás, fué 
a dar secreto aviso al mandarín que tenía en casa eu- 
ropeos. Vino el mandarín con armas y soldados de no- 
che, y con el traidor que les guiaba, y cercan la casa del 
buen Tomás. El Tomás y su hijo se pudo escapar. Los 
soldados no dejaron cosa que no registrasen. El P. Se- 
rrano y yo estábamos metidos en la sepultura, en casa 
de las referidas beatas Juliana y Rosa; las cuales, sa- 
biéndolo, se dieron buena mano; y así, no hallando nada, 
se volvieron, llevando preso al acusador y un hermano 
del buen Tomás, que lo sentimos mucho. Pero luego 
otro día le soltaron. Amenazó con castigos al enemigo 
acusador, si dentro de ocho días no cogía algún europeo. 



(4) Oscott. Reí. de 1733. 

(5) Arias, Vida..., pp. 373-374. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



203 



Padecimos muchas apreturas con esto; pero experimentó 
luego sobre sí el castigo el traidor acusador, pues se 
ahogó el único hijo que tiene» (6). 

«Otra vez, estando yo en el mismo lugar y en la mis- 
ma casa de las dos hermanas beatas y sus cuñadas, vino 
el mandarín vestido de colorado, que es señal terrible 
para ellos, con muchos ministros de justicia, cerca de 
media noche; y sin saber alguno cosa alguna y se entra 
en casa de un cristiano con mucha algazara y ruido. Es- 
tando ya todos acostados, se levantaron despavoridos en- 
tendiendo eran ladrones; y más temieron cuando vieron 
ser el gobernador con sus ministros. Y así todos huye- 
ron por encima de las tapias, excepto uno que cogieron; 
las mujeres no se pudieron huir. Y fueron tan descom- 
puestos, que hasta las camas de las mujeres registraban; 
y ellas, en paños menores, arriconadas por los rincones 
de la casa, lo cual en China es pocas veces ejecutado. 
En fin, causó esto horror a todos; y, viendo que allí no 
estaba el europeo, fueron a casa del letrado Tomás, y 
como estaban ya todos durmiendo, a todos causó grande 
susto. Se levantó la buena Francisca, y con mucho des- 
garro y libertad, reprendió y se quejó del mismo man- 
darín en su propia cara, y él no le respondió. Sólo llama- 
ba al letrado Tomás, el cual, por consejo de su mujer, 
salió, y el mandarín le reprendió con cortesía, no usando 
de su casa como había usado de la otra. Y les dijo que 
¿por qué no quería poner el edicto arriba dicho fijado a 
su puerta principal, y que si tenía europeo? Tomás ca- 
llaba haciéndose asombrado de la novedad y llorando 



(6) «Este tenía un hijo tan solamente, que era quien daba con 
su trabajo de comer a su perezoso y perverso padre y a su madre. 
El día de la Asunción de Nuestra Señora de aquel mismo año, como 
a las cuatro de la tarde, delante de la casa de donde yo estaba, 
se ahogó miserablemente en una sementera, a la vista de muchos, 
sin haber uno que advirtiese el socorrerle ni darle la mano, pu- 
diendo fácilmente ser librado. Su perverso padre fué y le sacó muerto, 
y su madre gritaba por todo el lugar sin consuelo, diciendo : «El 
Dios de los cristianos nos ha castigado porque mi infeliz marido 
persiguió al Maestro de la Ley de Dios, no habiendo recibido de 
él ningún daño ; este marido me dañó a mí, dejándome sin hijo 
y sin sustento. Sus pecados han quitado la vida a mi hijo, pues 
Dios se la quitó porque disparatadamente persiguió su padre 
al Maestro europeo y a los cristianos.» Y predicó esta mujer más la 
Santa Ley este día que las mismos cristianos en mucho tiempo.» 
(Oscott. Reí de 1733.) 



204 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



que el señor mandarín así dañase a su casa, metiéndo- 
les terror y haciéndoles caer enfermos; y, de fado, de 
estos trabajos se puso enferma la buena Francisca, que 
vomita sangre; pero muy contenta y conforme con la 
voluntad de Dios, dándole gracias en las fuerzas que le 
da en la perseverancia de su conocimiento.» 

«El mandarín, por respeto a Francisca, y a su mari- 
do el letrado, se salió de allí y fué a otra casa; y después 
que dejó alborotado aquel lugar, se volvió a la villa, pero 
con las manos vacías. El pasó por delante de la casa 
donde yo estaba, y Dios le detuvo en que entrase, porque 
si entraba, a todos cogía descuidados, y fácilmente me 
cogían. Pero no duerme el Señor, que guarda a los des- 
amparados, siendo El toda nuestra protección» (7). 

El mandarín, impotente para coger a los misioneros, 
despechado, comunicó al visitador que ya en todo Fogán 
no había ningún misionero, que todos habían huido a Can- 
tón por el miedo de ser apresados por la continua perse- 
cución que contra ellos había hecho. 

También padecían mucho por este mismo tiempo los 
cristianos de Chanchiu; y acaso más que nadie, su único 
misionero, el P. Juan de la Cruz, recién llegado a la Mi- 
sión. Este mismo Padre nos relata los padecimiento de 
aquella fervorosa cristiandad y los suyos propios, en estos 
términos : 

«A primeros de abril se espera en esta provincia el 
visitador que ha destruido la cristiandad de Fogán. Los 
cristianos están temerosísimos sin saber qué hacerse, te- 
miendo malísimas consecuencias de su venida, por ser 
enemigo capital de la fe. No ha habido ciudad o pueblo 
en que haya estado, que en carteles públicos no haya di- 
famado nuestra Santa Religión; llamando a los misio- 
neros mágicos, que engañan a los hombres, atrayéndolos 
a su religión. Y, lo peor es, haber dicho usar del mismo 
arte mágico para con las mujeres, etc. En la Audiencia 



(7) Oscott. Reí. de 1733. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



205 



principal de esta provincia están los nombres de muchos 
cristianos; y esto da más que temer, pues fué por man- 
dato de este infernal dragón, que así se va llevando en 
su cola tantas estrellas cristianas como sabrá V. R. por 
las cartas de Fogán.> 

«Los gentiles saben estoy en esta provincia, aunque 
no la casa, y andan haciendo diligencias por saberlo. Ha 
llegado a tanto, que a unos niños cristianos les han lle- 
gado a dar plata porque les dijesen donde estaba; mas 
quiso Dios que triunfara la gracia de la propensión de 
la naturaleza, negando y despreciando el guin (la plata). 
Hállome con algún sobresalto, pero muy consolado, y no 
podía ser menos, pues Dios es fiel. En el poco tiempo 
que estoy aquí, hase valido el Señor de mi miseria para 
la conversión de tres mujeres y un hobre» (8). 



II 

¿DEBÍAN LOS MISIONEROS PRESENTARSE AL TIRANO? 

Eran nuestros misioneros tan delicados de conciencia, 
tan celosos de la pureza de la fe, que, con motivo de no 
haberla confesado algunos cristianos con la claridad que 
esperaban durante estos años de constinuas persecuciones, 
se suscitó entre ellos la cuestión de si deberían presentarse 
en persona a los tiranos para confesarla. 

La cuestión era demasiado grave para no ser estudiada 
muy despacio. El Bto. Royo, que era el Superior, pidió a 
los demás misioneros su opinión por escrito. Todos le res- 
pondieron dándole la suya; y unos eran de parecer que 
debían presentarse al tirano todos, como opinaba el P. Se- 
rrano (9); otros, sólo algunos, según el P. Alcober (10). El 



(8) Cruz. Reí. del 26 de marzo de 1732. 

(9) «Por lo que a mí toca, digo : que, según me dicta mi concien- 
cia, debemos salir a confesar la fe para resarcir al perdido honor 
y descrédito que estos cristianos, con su temor y cobardía, han oca- 
sionado a nuestra Santa Ley. La razón que me asiste es porque nos- 
otros somos ministros y testigos públicos del Santo Evangelio ; y así, 



206 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



P. Oscott opina que no ve razón suficiente para que los 
misioneros se presenten en público; mas dado que se pre- 
sentasen, lo hagan todos, o los más. El se atendrá a lo 
que los superiores le manden (11). Por su parte, cree el 
P. Sierra que, de presentarse en público los misioneros, que- 
daría la Misión abandonada. Además, que, aunque los cris- 
tianos presos no hubieran procedido bien, no lo hicieron 
tan mal, y que los demás no se escandalizaron. Si los mi- 
sioneros fueran presos, cree que, lejos de animarse los 
cristianos, se acobardarían; siguiéndose, por lo tanto, el 
fin contrario que se proponían. Añade que él no cree en 
conciencia que deba presentarse; pero si los demás son de 
parecer contrario, deben presentarse, si no pecarían en 
materia gravísima (12). De la misma opinión del P. Sierra 



por razón de nuestro oficio, debemos sacar la cara en defensa de 
su pureza hasta derramar la última gota de sangre.» (Serrano. 
Carta al Bto. Royo del 2 de diciembre de 1730.) 

(10) El padre Alcober decía que no se presentasen todos, «sino 
dos o tres, y que los demás se oculten para conservar, mediante Dios, 
la cristiandad. Quienes haigan (sic) de ser estos valerosos soldados, 
ni a mí me toca señalar ni advertir; sólo diré que, o sea a elección 
de nuestro Prelado, o por suertes, como lo pide tan grave materia. 
Yo, desde luego, ofrezco mi persona. Ojalá fuera con aquellas vir- 
tudes necesarias para tanto asunto. Pero confiado en el Señor, por 
cuya causa competimos, si me tocare la elección o suerte, non sub- 
terfugiam faceré volutatem Dei ; y por este Señor y su santísima Ley, 
digo y concluyo con las palabras de San Juan al cap. 3 : et nos de- 
bemus fratribus animas poneré.» (Carta del 5 de diciembre de 1730.) 

(11) El p. Oscott, después de probar que no deben presentarse 
los misioneros al tirano, añade: «El Señor, si quiere, hará de nos- 
otros que le manifestemos su santo nombre, o inspirándonoslo, o man- 
dándonoslo, o cogiéndonos. Esto es, en breve, las réplicas que se pue- 
den poner a nuestra manifestación ; pero mi sentir es lo que tengo 
dicho, que ira nomine Jesuchristi estoy pronto a manifestarme y a 
seguir a mis queridos hermanos, como de ahí juzguen que algún 
honor recibirá de esta vilísima creatura el Rey de los cielos y la 
tierra. ¡ Oh, qué dichoso fuera yo ! En ñn, V. R.. con sus compañeros, 
lo vean bien; el caso es arduo: Dios les alumbrará y yo pido las 
oraciones de V. R.» (Carta con la «fecha del día de la Concepción 
de Nuestra Señora de 1730.) 

(12) El padre Sierra escribió tres cartas al Superior de la Misión 
con este motivo, fechadas las dos primeras el 1 y el 6 de diciembre 
de 1730, y la tercera, sin fecha, pero del día 7 del mismo mes. En 
ésta decía : «He leído las del P. Serrano y P. Oscott. Ya tengo ayer 
escrito a V. R. mi sentir acerca de este punto y no puedo en mi 
conciencia pensar otra cosa de lo que escribí. Si hay manifestación 
de PP., seguro está que no se pueden conservar los otros, y la honra 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



207 



es el P. Matheu, como lo manifiesta en dos cartas dirigidas 
al P. Vicario Provincial (13). El P. Vicario Provincial, 
P. Royo, era de la misma opinión de los dos anteriores (14). 

En vista de esta diversidad de opiniones sobre tan gra- 
ve materia, el P. Vicario Provincial ordenó a los misione- 
ros se mantuvieran ocultos hasta consultar el caso con el 
Bto. Sanz, quien le respondió, después de consultar con el 
Sr. Ventallol, que no había necesidad ni obligación de que 
los misioneros se presentasen al tirano para confesar la 
fe, por no haberlo hecho tan mal los cristianos (15). 

No satisfechos los misioneros aún con esta respuesta, 
consultaron el caso con los profesores de la Universidad de 
Santo Tomás de Manila, quienes, estudiada la cuestión, re- 
solveron lo siguiente: 

«Suponiendo que el caso que se nos consulta, y otros 
de su igualdad, más se han de regular por la Providen- 
cia e inspiración divina que por la prudencia y respetos 
humanos, no obstante fundados en las doctrinas dadas 
(entiéndase en este mismo documento) somos de parecer 
que si llegase en China el caso de persecución y odinm 
fidei, con todas las circunstancias ya expresadas, y fue- 
ren como son regularmente pocos los ministros evangé- 
licos, precisamente porque uno u otro China, aunque sea 
letrado, no confiese con valor la fe o la niegue, no por 
eso insta a los Padres el precepto afirmativo de exterio- 
ri confessione fidei, saliendo públicamente a predicar y 



y gloria que Dios tiene en esta cristiandad y en la misma cristiandad, 
todo perdido.» 

(13) Llevan la fecha del 30 de noviembre y 9 de diciembre de 1730. 

(14) Royo. Carta de 22 de diciembre de 1730. 

(15) «En cuya resolución, escribe el P. Royo, hubo diversidad de 
opiniones; y yo dije a los PP. se tuviesen ocultos y quietos hasta 
tener aviso del señor Sanz, a quien se dió aviso del caso. Y dicho 
señor, después de conferir con el señor don Fr. Magino Ventallol 
y otros señores misioneros de la Propaganda, nos respondió que todos 
fueron de parecer que los cristianos no habían hecho del todo mal, 
aunque debían dar alguna satisfacción, y que no era llegado el caso 
de que por precepto de la confesión de la fe estuviésemos obligados a 
manifestarnos.» (Reí. del 3 de marzo de 1732.) 



208 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



a oponerse al tirano; porque aunque hacer esto sea santo 
y bueno, como hemos visto, tenemos por mejor el conser- 
varse los ministros para asistir en tiempos tan calami- 
tosos a los cristianos. Y más afirmando N. P. San Agus- 
tín en la citada epístola que es esta la confesión mas 
provechosa y el martirio más prolongado. Qui propterea 
patientur quia fratres qui eis ad christianam salutem 
indigebant, deserere noluerunt, sine dubio suas animas 
pro fratribus posuerunt. Y aunque no se le dé a Dios el 
honor debido, o se le quite por no confesar uno u otro la 
fe, o por negarla, mejor modo es de recuperar ese honor 
exhortar al que faltó por su flaqueza, o confortarlo para 
que él mismo vuelva a Dios la honra que se le ha quita- 
do, ofreciendo por él la vida, si fuera necesario; que así 
se logra el honor debitus Deo\ y juntamente, utilitas pró- 
ximo inpendenda. Y ni uno ni otro se conseguirá con 
que después de días que el chino faltó a lo que debía, y 
a sangre fría salgan dos o tres Padres en público a pre- 
dicar la fe oponiéndose al tirano. Y el P. Pr. Juin Al- 
cober, que es el que más esfuerza el dictamen, 'ue sin 
esperar ni considerar más circunstancias, luego que Jalte 
algún chino letrado a la confesión de la fe, obliga el pre- 
cepto afirmativo a los Padres, dice luego: que esto se en- 
tiende si los letrados no cumplen con su obligación des- 
diciéndose ante el tirano. Luego mejor será que los Pa- 
dres se guarden para exhortar a éstos que lo hagan, 
que no dejarlos en su apostasía por falta de Padres; que 
este es uno de los motivos que da San Agustín a Hono- 
rato para que no desampare su rebaño» (16). 



(16) Lleva este importante documento la fecha del 28 de septiem- 
bre de 1732 y le firman los PP. José Pérez, Antonio de Argollan es, 
Bernardo Ustariz, Domingo «Izquierdo y Francisco Carriedo. Hállase 
este documento en el tomo 269, ff. 185-188 de los mss. del APD. 

Los misioneros agradecieron y admiraron mucho tan sabia res- 
puesta. «La consulta del Colegio «entiéndase del de Santo Tomas, 
de Manila) aún no la he podido leer. Me dicen los padres que está 
admirable, por lo que doy a V. R. muchas y muy rendidas gracias 
por el cuidado que ha tenido en darnos la luz que aquí tanto necesi- 
tamos, para caminar seguros en los frecuentes casos que aquí se 
ofrecen.» (Reí. al P. Provincial Pr. Diego Sáenz, firmada el 3 de marzo 
de 1733. del Bto. Alcober.1 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



209 



III 



EL PERSONAL DE LA MISIÓN. 



La Misión estaba muy necesitada de operarios, pues los 
que había, además de ser pocos, estaban enfermos a causa 
de tantos padecimientos. Así lo manifiestan ellos en diver- 
sas cartas (17). Además de las enfermedades físicas y mo- 
rales, y como consecuencia de todo esto, varios misioneros 
perdieron la razón. Ya hemos visto que de esta enferme- 
dad padecían los PP. Arriba, Bas y Matheu, y ahora hemos 
de añadir el P. Manuel Tenorio, que estaba en Cantón de 
Procurador de las Misiones de China y Tunking (18). Sin 
duda por esta causa el P. Provincial ordenó al P. Sierra 
pasara a Cantón para hacerse cargo de dicha Procuración ; 
partiendo para su destino el 18 de octubre de 1731, y lle- 
gando a aquella metrópoli el 2 de diciembre (19). Mas siendo 



(17) El Bto. Royo escribía : «Yo quedo con mediana salud des- 
pués de haber convalecido de unas tercianas, juntas con otras en- 
fermedades que este año pasado, los meses de septiembre, octubre 
y noviembre, me tuvieron muy al cabo. Y raro es el año que escapo 
de una grave enfermedad, y continuamente padezco del estómago, 
que está demasiado débil por causa de hallarme en otro hemisferio 
distincto y opuesto al el en que me nací y me crié ; y también por 
los trabajos que pasamos cuatro padres de mi Orden y yo, que no son 
pocos ni leves, por causa de estar esta cristiandad en viva persecu- 
ción.» (Reí. del 3 de marzo de 1733.) 

(18) Acerca de lo cual escribía el Bto. Royo : «Esta Misión, en 
el espacio de pocos años, ha sido gobernada por dos Vicarios pro- 
vinciales locos (los PP. Matheu y de Arriba), enfermedad que muchos 
europeos han padecido en este reino » (Reí. del 17 de septiembre 
de 1731, escrita al Rvmo. P. General de la Orden.) Y en otra relación 
escribía el mismo futuro mártir : «Misioneros muy condecorados de 
Cantón temen que ese padre (el padre Tenorio) vendrá a parar en 
la enfermedad de la locura, que muchos europeos y máxime de la 
Orden, han padecido en este clima de China. Y aun antes de saber 
esta noticia, no faltó quien dijo ésto, no de futuro, sino de presente.» 
(Reí. de 3 de marzo de 1732.) 

(19) P. Sierra. Reí. de 27 de abril de 1732... En esta misma carta 
escribe al P. Provincial ¡ «No me detengo a referir lo que hice y padecí 
por venir y en el camino por no ser molesto a V. R., y así sólo digo 
que, porque Dios usó de su misericordia conmigo, no morí ahogado 
en una tormenta en el mar, y, libre de caer en manos de los manda- 
rines, llegué a Cantón. Por todo, sea Dios alabado.» 

14 



210 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



nombrado por el Capítulo Provincial de 1731 el P. Oscott 
para desempeñar ese cargo, partió éste para Cantón, adon- 
de llegó el 24 de abril de 1732 (20), después de cuarenta días 
de pesado camino (21). Por ser tan pocos religiosos en la 
Misión, los Superiores de Manila decidieron enviar otros 
dos de sobresalientes cualidades. Los hubieran enviado ya 
antes a no haber sido por la persecución; mas ahora, cre- 
yendo que la persecución había terminado, el Capítulo Pro- 
vincial del 24 de abril de 1731 asignó a Funién al P. Fran- 
cisco Sáenz y al diácono Fr. Martín Hernández (22). Ente- 



(20) Bto. Sanz. Reí. de 10 de mayo de 1732. En esta misma re- 
lación, escribe el futuro mártir del P. Oscott: Es, sin duda, muy 
acertado y conveniente que haya venido a Cantón, no sólo para mirar 
por su salud, que necesita recuperarla, sino también para ejercer el 
oficio de procurador con utilidad y a satisfacción de todos. Si nuestra 
misión tuviese algunos ministros tan fervorosos como el Fr. Eusebio, 
había de medrar mucho nuestra cristiandad. Y a no haber tenido 
en Fogán la oposición de algunos genios inquietos y malévolos, hu- 
biera sido más copioso el fruto que allí hizo.» 

(21) P. Oscott. Reí. de 1733. 

(22) Cf. Actas Capitulares, tomo II, pág. 190. Suponiendo había 
paz en la Misión, se lee en dichas actas: «Cum novissime placuit 
Deo nostrp, misericordiarum Patri, qui consolatur nos in omni tri- 
bulatione nostra, induratum cor regis per repetitas plagas emollire, 
per inconsultos terrae tremores, per exudantes aquas, per flammas 
et ignes, per ciñeres et flavillas, et per eversionem regiae et sub- 
versionem urbis tradidit eum Dominus in alium sensum. Utque ad 
lenitatem revocatus leniore manu et molli brachio christianorum sicut 
et civium, misseratus calamitates, summan argenti considerabilem, 
etiata ad reparandas christianorum ecclesias, liberaliter elargitus 
et in toto regno post tenebras visa est cum gaudio diu separata salus. 
et facta est in Missionibus tranquilitas magna.» (Cf., id., págs. 189-190.) 

Con respecto a lo anterior consignado en las Actas, el Bto. Seeeano 
escribe que están equivocadas, y culpa a los misioneros de Cantón de 
que escriben muchas noticias falsas a Europa ; «y así la tienen llena 
de pararatas, confundiendo unas cosas con otras. La prueba de esto 
está en el párrafo que viene este año en las Actas. Tan duro se está 
hoy el corazón del emperador como antes de ahora, y Dios nos libre 
que llegara a entender había algún misionero predicando por las pro- 
vincias, que al punto lo llevaran preso a Cantón ; y es imposible, 
hablando de tejas abajo, como solemos decir, que le puedan disuadir 
del concepto que para sí se tiene de que nosotros los europeos, ve- 
nimos a conquistar cristianos, y con nuestra sagacidad, como él dice, 
levantarnos con el imperio. Por aquí lo tiene el diablo cogido, y desde 
el cuento del P. Mougron (Morón), jesuíta, que ya V. R. sabe, se le 
remachó el clavo. Los mis doscientos cincuenta pesos que dió a los 
PP. de Pekín, no los dió este ateísta por devoción a levantar iglesias, 
pues si no ha tres meses que nos vendieron dos que quedaban, una en 
esta villa de Fogán, que compró un cristiano llamado Ventura, y otra 
en el pueblo de Tingteu, que compró un infiel, ¿cómo hemos de creer 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



211 



rados más tarde mejor del estado político-religioso de la 
Misión, en el Consejo de Provincia del 8 de septiembre de 
ese mismo año de 1731 se decidió diferir la ida a China de 
ambos religiosos (23). 

El 17 de octubre decidió el mismo Consejo que en lugar 
de Fr. Martín Hernández fuera a China el P. Juan de la 
Cruz (24). 

Salieron, pues, los PP. Sáenz y De la Cruz para China 
en noviembre, y «a los once días de salidos de Manila dimos 
fondo en tierra de China en el río de la Sal, y de aquí hasta 
juampu (puerto de navios) gastamos diez» (25). 

En Cantón cayó gravemente enfermo el P. Sáenz; tan 
grave, que le administraron los últimos Sacramentos. El 



que el emperador daba plata para levantar iglesias? Es confundir 
unas cosas con otras, como hacen los jesuítas con el libretillo Litterae 
acetificantes. Les dió la dicha cantidad por que los PP. de Pekín todos 
tienen una habilidad, ya sea de matemáticas ya sea de pintar, o tocar, 
etc., y por esto les admite en Pekín, que si no, ya les hubiera echado ; 
y como los terremotos padecieron alguna ruina sus casas e igle- 
sias, que todo está en un tomo, les dió esa cantidad per moduvi gra- 
titudinis, etc., y para, con esto, ganarse él honra y fama. A los PP. de 
Cantón les permiten para que cuiden de los PP. de Pekín y les envíen 
los socorros, y no ha muchos años que ya había dado sentencia de 
destierro a Macao. Pero los mandarines de Cantón suplicaron al em- 
perador, por los grandes intereses del comercio y de que haya euro- 
peos en Cantón. Los terremotos y demás calamidades los atribuye él 
a causas naturales, y aun dicen que los misioneros de Pekín vinieron 
con él en lo mismo.» (Reí. de 25 de febrero de 1732.1 

(23) «Finalmente, el R. P. Prov. les propuso a los PP. de Consejo 
la dificultad que hallaba en enviar a China los dos misioneros señala- 
dos en las Actas de el Cap. Prov., a causa de no tener noticia al- 
guna de haberse sosegado la persecución de aquel imperio. Y los más 
de los PP. de Cons. fueron de parecer que se dilatase por ahora su 
yda hasta tener noticias más favorables de aquella Missión.» (Cf., Li- 
bro de Consejos, f. 22.) 

(24) «Les propuso el R. p. Provincial (a los PP. Consejeros) los 
inconvenientes que hallada en embiar a la Missión de China al Herm.o 
Fr. Martin Hernández, que estaba señalado por las Actas de el Cap.o 
Prov.l para dha. Missión, a causa de no haberse aun ordenado de 
sacerdote, y parecería mal a todos los Mission.s de otras Religiones, 
que se hallan en aquel imperio. En virtud de lo cual era forzoso ele- 
gir otro relig.s para dho. empleo. Y aviendo el R. P. Prov.l propuesto 
tres Religiosos idóneos para dho. efecto, salió electo por mayor num.o 
de votos secretos el P. Fr. Juan de la Cruz, hijo de el Conv.to de 
Osuna» (Libro de Consejos de Provincia, p. f., 22 vuelto). 

(25) Reí. del P. de la Cruz del 28 de enero de 1732. Id., P. Os- 
cott, Reí. de 1733. 



212 



JOSÉ MARÍA G0N7ÁLEZ 



P. De la Cruz partió para Changchiu con tres cristianos 
que habían ido por el Sr. Sanz; pero no pudiendo ir éste, 
acompañaron al citado Padre, llegando a Changchiu el 23 de 
enero (26); «si no muerto, bien mortificado. Aquí me hallo 
solo, aunque, a Dios gracias, alegre», como él mismo es- 
cribe (27). 

Necesitó tener valor y energía y no menos que un amor 
abrasado de la salvación de las almas, pues, además de la 
soledad, no sabía aún la lengua de los naturales y estaba 
en peligro de caer preso; y tanto padeció, que no tardó 
mucho en verse obligado a pasar por enfermo a Cantón (28), 
por consejo del P. Sáenz, en julio de este año 1732 (29). 

El día 28 de abril siguiente, restablecido ya de su grave 
enfermedad, partió también par Changchiu el P. Sáenz. 
llevando por compañero hasta San-ho-pa, en los confines 
ae Cantón con Fukién, al veterano misionero P. Sierra, y 
allí se separaron, siguiendo el P. Sáenz para Changchiu y el 
P. Sierra para Fogán (30). 



(26) «Los cristianos de Changcheu me enviaron a sus costas 
tres mancebos para conducirme a sus cristiandad. Dispuse mis cosas 
y alquilé barco para partirme, y, al ir a despedirme del Sr. Magi- 
no, le hallé de parecer contrario del que poco antes habia manifes- 
tado; con que no pude ejecutar mi partida. Pero se compuso de 
repente, que no quedara frustrado todo, que el R. P. Pr. Juan de 
la Cruz se partiese con mi barco y mozos para Changcheu; llegó 
sin impedimento el día 23 de enero ; y habiendo escrito dicho P. a 
V.rma. por vía de Emuy, no hay necesidad de escribir más en orden 
a este punto» (Sanz, Reí. del 10 de mayo de 1732). 

(27) P. de la Cruz, Reí. del 28 de enero de 1732. 

(28) Llegué a Changcheu, a donde estaba el P. pr. Juan de la 
Cruz, religioso que el año antecedente, por el noviembre, había lle- 
gado de Manila a Cantón. Estuve algunos días con él, en donde des- 
cansé. El dicho P.e estaba entonces bueno y hacía, aunque oculto, 
el labor de su ministerio aprendiendo la lengua y consolando aque- 
lla cristiandad; porque él estaba allí sólo de los nuestros. Pero ha- 
biéndole cargado una enfermedad penosa, por consejo del P. Pr. 
Francisco Sáenz, que había allí llegado a últimos de mayo desde 
Cantón, quien había venido en su compañía, se volvió a Cantón a 
ver si podía curarse» (P. Oscott, Reí. de 1733). 

(29) P. Royo, carta del 25 de febrero de 1733. Id., P. Oscott, Reí. 
de 1733. Id., P. de la Cruz, carta del 20 de noviembre de 1732. 

(30) Bto. Sanz, carta del 10 de mayo de 1732 ; en la que escri- 
be, además, el futuro glorioso mártir el siguiente elogio del p. Sáenz : 
«El R. P. Pr. Francisco Sáenz me ha parecido muy lindo religioso 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



213 



IV 

DESTIERRO DE LOS MISIONEROS DE CANTÓN A MACAO. 

El odio del emperador contra la religión católica y los 
misioneros, lejos de disminuir, había aumentado. Si bien 
había concedido, a ruegos de los Padres jesuítas de Pekín, 
el que los misioneros desterrados pudieran permanecer en 
Cantón — cuando decretó la expulsión general de ellos años 
antes — , parecía, sin embargo, que sólo estaba esperando 
la más ligera excusa para expulsarlos de Cantón también. 

Las autoridades de esta ciudad, que alimentaban en su 
corazón no menor odio contra los extranjeros que el mismo 
emperador, y como deseaban complacerle en todo, le remi- 
tieron acusaciones de que los misioneros de aquella ciudad, 
dentro y fuera de ella, predicaban la Ley de Cristo, contra- 
viniendo sus órdenes. 

Enojóse mucho el emperador al saber estas noticias, y 
expidió órdenes de que todos los misioneros de Cantón fue- 
ran desterrados a Macao. El 18 de agosto de 1732, muy de 
mañana, fueron llamados inesperadamente los Superiores 
de las iglesias de Cantón a los tribunales de los dos gober- 
nadores. El Superior de nuestra iglesia era el P. Eusebio 
Oscott, que hacía poco había tomado posesión de su cargo. 
Les intimaron la orden rigurosa de salir todos para Macao 
dentro de tres días; tratándoles «con mucho desprecio y 



y el mismo juicio hicieron los misioneros de Cantón, formando todos 
gran concepto de sus prendas, según las describen las cartas que 
vienen de Manila. Y, a vista de la milagrosa salud que el Señor le 
ha dado, se discurre que su divina Majestad le guardó para servirse 
de él en el empleo de misionero apostólico de este reino. Rindo las 
debidas gracias a V. Rma. por haberle señalado para compañero 
mío, pues es singular el favor que recibo siendo dotado de tan exce- 
lentes cualidades, que es cuanto yo podía pedir y desear.» 

El P. Oscott escribe también del P. Sáenz: «es religioso de gran- 
de expectación por sus virtudes y prudencia que mostraba» (Cf. Re- 
lación de 1733i. 



214 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



muchos edictos y falsos testimonios contra Dios y su santa 
Ley y ministros» (31). 



(31) P. Oscott, Reí. de 1733: «Fijaron los mandarines en diver- 
sos sitios de toda la provincia como seis mil edictos llenos de inju- 
rias y blasfemias contra la verdadera y católica Religión. Llamában- 
la falsa ; a los misioneros, falaces ; a los que les seguían, herejes. 
Uno de estos edictos fué puesto en la ciudad de Macao, y se man- 
daba en él a todos los chinos cristianos que, luego que viesen dicho 
edicto, quemasen cuanto tuviesen de cristianos ; como cruces, es- 
tampas y rosarios. Y añadía que, el que fuera negligente en su eje- 
cución, se le castigaría con pena capital» (Cf. un documento atri- 
buido al P. Juan de la Cruz, en el t. 93, f. 258 de los mss. del APD). 

Un día antes de salir los misioneros de Cantón para su destie- 
rro, publicó el Gobernador el siguiente edicto : «Nosotros, Fong, 
Virrey; Ngou, Gobernador; y Tsian, Intendente general de poli- 
cía y de las costumbres, hacemos saber que el pueblo chino él mis- 
mo procura ganarse la vida con su trabajo, y que a la vez debe 
guardar las leyes del imperio, las observancias de los ritos, la tem- 
planza y el pudor... Pero acontece que los europeos quieren ahora 
introducir una ley del todo contraria a la nuestra. El emperador 
difunto, por un efecto de su bondad, les había concedido establecer- 
se en el imperio; mas ¿podía él acaso de algún modo prever que 
fueran tan malos y perversos? Ya hace algunos años que el Tribu- 
nal de Ritos, habiendo advertido que seducían a los pueblos con su 
pésima doctrina, representó a su Majestad que era necesario arro- 
jarlos de China, y mandarlos inmediatamente a Macao, a fin de 
desde allí volviesen a sus reinos. Pero nuestro emperador con su in- 
dulgencia, se contentó con desterrarlos a esta ciudad de Cantón, 
permitiéndoles vivir aquí mientras no dieran algún motivo de des- 
agrado. Semejante favor exigía de ellos, al menos por gratitud, que 
se contuvieran dentro de sus deberes. Pero no sin gran dolor hemos 
visto que continúan en sus prácticas ordinarias, sin corregirse en lo 
más mínimo ; y que usaban su plata para conquistarse al pueblo y 
atraerlo a su ley. En los días de fiesta los cristianos, hombres y mu- 
jeres, acuden como unos estúpidos a sus reuniones. El mismo pue- 
blo, ya por su rudeza e ignorancia, ya por la esperanza del dinero 
con el cual se dejan prender, no se avergüenza de postrarse en su 
presencia; hasta las mujeres, también reducidas, se reúnen en sus 
casas, y en estas reuniones, ¡cuántos delitos no se cometen! La se- 
ducción y la corrupción crecen de día en día; nuestras costumbres 
se echan ñor tierra, nuestra moralidad se corompe, y nuestra natu- 
ral probidad casi está extinguida. ¿Se podrá tolerar jamás tan gra- 
ves desórdenes sin experimentar un gran dolor y a la vez la más 
justa indignación?» 

«No hay duda que conviene castigar severamente a los que entre 
el pueblo infeliz son culpables de tan gran delito ; pero preferimos 
darles tiempo para que reflexionen y se corrijan. De ahí que nos 
contentemos por ahora con enviar a Macao a los religiosos euro- 
peos, sin nacer ulterior inquisición de los referidos delitos. Este es 
el objeto de la presente declaración que dirigimos al pueblo y a los 
soldados. 

«Vosotros, por lo tanto, cualesquiera que seáis, que sentís correr 
por vuestras venas la sangre china, ora los que os cultiváis los cam- 
pos, ya seáis artesanos, ya comerciantes, ¡honrad y respetad a vues- 
tros padres, y ocupaos en vuestro trabajo! ¿No podéis vosotros, pa- 
dres de famiiia, hallar en el trabajo los medios de sustentar a vues- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



215 



El «día 20 de agosto nos embarcamos en el rio de Can- 
tón, y el día 21 tomamos el viaje a nuestro destierro, lle- 
vándonos seis barcos de soldados y mandarines. El día de 
San Bartolomé llegamos a Macao, y antes de saltar a tierra 
nos prendieron todos los mozos y en cadena los llevaron 
a la villa de Xian-chan-gun» (32). A los nuestros les pren- 
dieron cuatro criados y a tres de ellos les hicieron padecer 
mucho. 

Y no para aquí el negocio, pues el emperador había 
ordenado que desde Macao se volvieran todos los misione- 
ros a sus reinos (33). 

Añádase que el gobernador de Macao dió órdenes rigu- 
rosas a los Superiores de los conventos donde se alojaban 
para que los guardasen bien y no les permitieran salir, 10 
cual fué de gran sentimiento para todos (34). Hace notar 



tros hijos? ¿Por qué, pues, caéis en la bajeza de recurrir a los eu- 
ropeos? Y vosotras, mujeres, que habéis sido educadas en el secreto 
de vuestras casas, ¿no habéis quizá aprendido a conservar vuestro 
pudor y el recato que es el ornamento de vuestro sexo? ¿Cómo os 
habéis dejado dominar de los artificios de unos despreciables y viles 
extranjeros? 

»Es necesario que desde este momento todos os arrepintáis de 
vuestras pasadas culpas, y volváis a la observancia de los deberes 
anejos a vuestro estado: que los padres instruyan a sus hijos y los 
maridos a sus mujeres ; y que renunciando a los referidos desórde- 
nes emprendáis de nuevo el camino de la virtud. Si os enmendáis, 
mereceréis que os consideremos como dignos vasallos de tan glorioso 
imperio ; y olvidaremos todo lo pasado. 

»No seáis todavía tan obstinados, que queráis permanecer más 
tiempo en estado de tanta ceguedad. Ya que vivís entre hombres, 
vivid puros como tales, y no como bestias, con ignominia y deshonra 
de vuestros antepasados y de vuestros descendientes. 

«Nos os exhortamos a eso y esperamos que así sea. Este es el 
fin del presente edicto.» 

(32) P. de la Cruz, Reí. del 20 de noviembre de 1732. 

(33) «El emperador ha mandado que todos los europeos se vayan 
a sus reinos. Y así concluyo que, si Dios no dispone otra cosa, nos 
habremos de ir» (Cruz, Reí. cit.). 

(34) «Pasados algunos días que estábamos en Macao, el Gober- 
nador portugués despachó una cédula a todos los Prelados de los 
conventos, mandándoles nos guardasen y no saliésemos a las Misio- 
nes ; y si salía alguno, que ellos habían de dar cuenta. Y esto lo 
mandaba en nombre del Rey (entiéndase del de Portugal) A todos 
pareció muy mal esta carta al tiempo que los ministros de Jesucris- 
to eran desterrados violentamente a Macao ¡ en cuenta, como era 



216 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



el P. Oscott que el gobernador era bueno y dió esas órdenes 
empujado por otros. Tratábase aquí del célebre Patronato 
de Portugal, que tantas calamidades trajo a la Misión de 
China, además de no pequeña dosis de miedo a las autori- 
dades chinas. 

No se contentaron los chinos con haber desterrado los 
misioneros de Macao, sino que llenaron las calles de esta 
ciudad de infames pasquines contra la Religión y sus mi- 
nistros. Y el virrey de 'Cantón no sólo mandó a las auto- 
ridades de Macao que repatriaran a los misioneros en los 
primeros barcos, sino que inundó de soldados chinos aque- 
lla colonia portuguesa, mandando repartir por todas partes 
papelones escandalosos e injuriosos contra la Ley de Dios 
y los misioneros. 

Aun llegó a más su atrevimiento. Dispuso que un man- 
darín, acompañado de alguaciles y ministros, fijase en las 
partes principales de la ciudad de Macao copias de un car- 
telón, con su firma y sello, en que decía «que la Religión 
cristiana era una impostura; los Obispos y sacerdotes, unos 
embaucadores y viciosos; y los cristianos, un rebaño de 
tontos y malvados; que so color de Religión, se reunían 
hombres y mujeres para entregarse impunemente a las 
más rép robas acciones». 

Tanta blasfemia llenó de santa indignación a ni 
misioneros, y el P. Juan de la Cruz, O. P., consultado t 
con el P. Oscott, con un crucifijo en sus manos, se p - ló 
en el lugar en donde estaba uno de esos tan infame.. r- 
telones, y en presencia de más de doscientos gentiles, que 
le estaban leyendo con mucho escarnio de la fe, lo rasgó 
airado, dejando a los presentes admirados. Y dirigiéndose 
el celoso misionero a la muchedumbre, habló de esta ma- 
nera: «Id y decid al virrey y a vuestros mandarines que, 



debido, de ser recibidos con aquella honra que se debe a los precones 
evangélicos desterrados a su tierra por la Ley de Dios, dieron aque- 
lla pesadumbre y aflicción» (P. Oscott, Reí. cit. de 1733). 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



217 



cómo yo he arrancado y rasgo este papelón, los maestros 
de la santa y verdadera Ley del Señor del Cielo arranca- 
remos y rasgaremos, con la gracia de nuestro divino Sal- 
vador, cuantos pongan en lo sucesivo. Decidle que uno solo 
es Dios y una sola la verdadera Religión, la cristiana. Los 
que la profesan y observan su moral, se salvarán; los que, 
después de haberla conocido, la rechacen y no crean en 
ella, se condenarán. Son palabras del Hijo de Dios, que se 
revistió de nuestra carne para salvarnos y darnos la vida 
eterna» (35). 

Hubo murmuraciones entre algunos de Macao, que, con 
mucha prudencia de la carne, decían había sido una acción 
temeraria la del P. De la Cruz, que podía causar mayores 
males. Según eso, Jesucristo «no se pusiera látigo en la 
mano para arrojar del templo a sus profanadores, si San 
Pablo hubiera dirigido aquel terrible apostrofe al mago 
Elymas, ni los primeros mártires y gloriosos confesores de 
la Iglesia se hubieran movido a salir para dar razón de su 
fe ante los pretores del imperio, ni Tertuliano y San Jus- 
tino hubieran escrito sus brillantes apologías, ni, por último, 
dijera el Evangelio; El que se avengozare de confesarme 
delante de los hombres, yo también me avergonzaré de re- 



(35) P. Arias, op. cit., págs. 379-380.— El P. Oscott, refiriéndose 
al mismo caso, añade algunas particularidades : «En Macao sucedió 
en este tiempo que el Capitán Gral. de la provincia de Cantón 
mandase fijar un edicto en las partes públicas de dicha ciudad 
contra la santa Ley de Dios y sus ministros; y se estaba fijado. 
Hasta que el P. Fr. Juan de la Cruz,, de nuestro Sagrado Orden, 
habiendo antes conferenciado conmigo de tanta miseria y atrevi- 
miento de los gentiles, aun en lugar de católicos, fué, y llevando un 
santo Cristo en las manos, arrancó en presencia de los infieles, en 
su misma calle, el perverso edicto, y le hizo pedazos en su misma 
presencia. Y así hecho pedazos, le trajo al Convento, y me le en- 
tregó a mi, sin que por esto haya venido mal alguno ; siendo así 
que sabemos llegó la noticia a Cantón, y no podía para menos de 
saberlo el Capitán Gral. y Virrey de Cantón. Los infieles incons- 
tantísimos, tímidos y perversos, callaron; los católicos alabaron el 
caso, como dijeron unos mercaderes que estaban en Cantón, uno 
francés y otro armenio ; y los herejes, sin duda, se quedarían edi- 
ficados; porque muchas veces se teme donde no se había de temer» 
(Reí. de 1733). 



215 



JOSK MARÍA GONZÁLEZ 



conocerle ante mi Padre celestial» (36). Cumplió, pues, bra- 
vamente el P. De la Cruz con los deberes de cristiano y de 
sacerdote. 

No contentos con el heroico acto del P. De la Cruz, 
creyeron estaban obligados a publicar una apología de la 
Religión, defendiéndola contra tantas calumnias como ha- 
bían publicado contra ella las autoridades chinas. 

Como se resistía a hacerlo el Sr. Obispo de Macao, a 
quien principalmente tocaba este deber, no pudiendo el 
P. De la Cruz sufrir tan larga demora, le dirigió un es- 
crito en el que le suplicaba lo hiciera cuanto antes (37). 

Parece que también otros misioneros eran de parecer 
se hiciese esa apología, por lo que, movido el Sr. Obispo de 
Macao de estos pareceres y peticiones, les pidió consejo 
de cómo podría él hacerlo de la mejor manera posible. To- 
dos y cada uno de los misioneros de Macao, menos los 
de la Compañía, dieron su parecer. Mas por estar los de la 
Compañía en contra de dicha apología, el Sr. Obispo dudó 
de hacerlo, por lo cual los Sres. Obispos de Nankín, el 
Sr. Sanz y el Coadjutor de Macao hicieron cada uno de 
ellos un escrito probando la obligación que había de hacer 
tal apología. Y se hizo y se publicó, sin que ninguna mala 
consecuencia se siguiera de ello (38). 



(36) P. Arias, op. cit., pág. 380. 

(37) Titúlase este escrito : «Suplicatio ad Dominum Episcopum 
Macaensem ut quantotius apologian faceré praecipiat ad vindican- 
dam christianam Religionem a calumniis a Praefectibus sinensibus 
Cantone false impositis.» Está fechado e) 10 de octubre de 1732. (Un 
ejemplar en el t. 93, ff. 219-220 del APD). 

(38) Acerca de esta cuestión, escribe el P. Oscott: «Viendo estar 
tan ultrajada nuestra santa Ley en Cantón con edictos públicos 
contra ella y sus ministros, levantándoles muchas calumnias, publi- 
camos algunos misioneros estar obligados (pues por los tales edictos 
éramos como legítimamente preguntados) a responder con una apo- 
logía a confesar nuestra santa fe, y deshacer las calumnias de mu- 
chos perversos edictos. Llegó a oídos del Sr. Obispo de Macao, y 
suponiendo que estábamos obligados a hacer tal apología, escribió 
preguntando a los misioneros, no si se debía hacer, que ya lo su- 
ponía en su carta, sino el modo y más breve. A lo cual respondimos 
cada uno, según mejor pudo acomodar lo breve, y compendioso y 
claro ; y dándole muchas gracias al Sr. Obispo por el buen celo, 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



210 



No satisfecho aún el odio de las autoridades de Cantón 
«ontra los misioneros, se apoderaron de sus iglesias y pro- 
piedades de Cantón, ofreciéndoles por ellas un precio irri- 
sorio, y pidiéndoles, en cambio, las escrituras de esas pro- 
piedades. Reunidos los Superiores de las Ordenes religio- 
sas para tratar del caso, los de la compañía, que erari los 
más y los que más bienes tenían en Cantón, fueron de pa- 
recer de que no se debía admitir el precio que daban por 
ellas, ni entregárseles las escrituras de propiedad. A esta 
opinión se unieron los demás, menos el P. Oscott, quien 
dijo era de parecer debían recibir el dinero que les ofre- 
cían, porque sino lo habrían de perder todo; esto es, dinero 
y propiedades. No pudo convencerles; pero, por desgracia, 
resultó profeta. El mandarín entregó el dinero que daban 
por dichas propiedades al procurador de la ciudad de Ma- 



como consta de mi carta y respuesta; cuando estábamos en esto, 
salen todos los PP.es de la Compañía, sin quedar alguno, que no 
se debía de hacer tal apología ; no dando otra razón sino que se 
enojarían más los infieles ; ni otros autores, sino que ellos lo decían. 
Benedictas Deus. Quedamos admirados y confusos que a una cosa 
tan per se nota y supuesta en Sto. Tomás, santos Padres y Conci- 
lios, así respondiesen, sin ser de esto preguntados, sino del modo. 
¿Se ha de temer, cuando ya está todo perdido, el que se enojen 
los infieles, y no se ha de temer cuandj se enoje la divina Majes- 
tad, ultrajada su fe con los edictos públicos, aun en Macao, puestos 
por los mismos infieles? Verdaderamente que, si todos no lo viéra- 
mos y palpáramos, no se podían creer. Fué necesario que el limo, y 
Rmo. Sr. Obispo de Nankín y el Sr. Coadjutor de este señor Obispo 
de Macao, y el Sr. limo, y Rmo. Sr. Obispo de Mauricastro y Vica- 
rio Apostólico de Fukien, Dn. Fr. Pedro Mártir Sanz, que está aquí 
conmigo desterrado, hiciesen unos papeles, como suyos, probando la 
obligación que había cíe hacer tal apología (cuyo escrito verá esa 
santa Provincia, conviene a saber. 3l de el señor Sanz. de nuestra 
Orden). Con esto, aunque tarde, se hizo la apología ; y dicen la die- 
ron a los mandarines; y los mismos PP.es de la Compañía, dicen, 
negociaron el remitirla a los mandarines» (P. Oscott, Reí. cit. de 1733). 

Hubo uno, sin embargo, de la compañía que escribió el Sr. Obis- 
po de Macao aconsejándole el modo con que debía escribir la citada 
apología, pero al estilo riccista. No firmaba su escrito. El P. de la 
Cruz avisó a dicho Sr. Obispo por medio de una carta (17 de octu- 
bre) que tuviera cuidado con dicho escrito, por ir contra las deci- 
siones de la Silla Apostólica. Dicha carta y el anónimo hállanse en 
el t. 269 de los Mss. del APD, ff. 182-183, en donde se lee en una 
nota: «Esta carta, es del P. Juan Nuellas (?), jesuíta francés, aun- 
que no se firmó allí.» 



220 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



cao, y se repartió entre los soldados (39); y, no lo devolvie- 
ron hasta años más tarde (40). 



(39) «Las iglesias que había en Cantón, el precio de ellas, tal 
cual Quisieron los mandarines, nos trajeron los mismos mandarines 
a Macao, y resolvieron los misioneros no recibirlo ; y por eso se jun- 
taron todos en el Colegio de los PP.es de la Compañía; esto es, los 
Superiores; como fueron el R. P. Procurador Gral. de Propaganda 
Fide, el P. Comisario de nuestro P. S. Francisco, el Sr. Dn. Anto- 
nio Conain, clérigo francés y Procurador de su Misión, el P. Supe- 
rior Gral. de los PP.es de la Compañía francesa, el P. Provincial de 
los PP.es de la Compañía portugueses, con su Procurador, y yo por 
nuestra Misión. Convinieron todos, excepto yo, con los PP.es de la 
Compañía en que no se recibiese la plata de las iglesias que envia- 
ban los Prefectos de Cantón ; porque éstos pedían que, dando ellos 
la plata, nosotros les entreguemos las escrituras de las ventas. Los 
PP.es de la Compañía tenían muchas tiendas, las cuales quitaron 
los mandarines, juntamente con las iglesias, y el precio que les 
volvían era muy corto. Decían que no recibiendo la plata y no dán- 
doles las escrituras, no las podían enagenar los mandarines. Cosa, 
por cierto, bien agena de fundamento, como si para venderlas el em- 
perador gentil, quien nos quitó todos las de su imperio, sin esto 
necesitara de nuestras escrituras, o de darnos la plata de ellas. Sin 
duda querían saber cómo habían sido compradas, o a qué chinos. 
Yo, viendo esto, dije mi sentir diciendo : "Muy RR. PP.es : nosotros 
para no recibir esta plata que nos traen de las iglesias nuestros 
mismos enemigos, sin duda habían de poner VV. PP. de otras razo- 
nes más fuertes de las que ponen nuestros enemigos; queriendo 
mostrar acaso, entre tantas maldades, un acto de benignidad, nos 
dan la plata de las iglesias y nos la traen a nuestras manos. Es cosa 
sin fundamento el querer juzgar que, para vender siete u ocho igle- 
sias, no lo puede hacer un emperador en su reino sin las escrituras 
de unos extranjeros, a quienes con edictos públicos nos tiene por 
gente muy perversa, como el perverso dice, echado de su. reino. ¿Por 
ventura todas cuantas iglesias teníamos en ese imperio no nos las 
quitó y confiscó sin pedirnos escrituras, ni menos volvernos el pre- 
cio de ellas? VV. PP.es habiéndose de hacer una apología en cosa 
de mucho momento, dijeron no convenía por exarperar a los in- 
fieles ; y ahora en cosas que ni tocan a la honra de nuestra santa 
fe, ni sus costumbres, ni de lejos, toca cosa alguna, ¿quieren dar 
esa bofetada a los mandarines, despreciándoles, ni recibiendo la 
plata tal o cual sea que nos dan de las iglesias? ¿Han de quitarlas 
a quienes el mismo emperador por sus Gobernadores las venden? 
Y para que sepan VV. PP.es que esto no lo digo sino movido de la 
razón y no por plata, hagamos cosa, y sea que le digamos al man- 
darín estas palabras: Estimamos mucho la plata del precio de nues- 
tras cosas que nos das. pero nosotros no lo queremos recibir porque 
sepáis que nosotros no venimos a vuestro imperio por cosas mun- 
danas, sino por vuestras almas. Y así, aquí tenéis las escrituras de 
su legítima compra, juntamente la vuelta de vuestra plata; porque 
siendo nosotros echados de vuestro imperio, no necesitamos de esa 
plata." Nada de esto les cuadra, y yo, como era uno sola, v veía el 
sentimiento de los rostros, de mis razones dije, hiciendo mi protes- 
ta, de ser siempre hasta la muerte del dicho mi sentir, porque yo 
no los quería dañar, recibiendo yo sólo del mandarín doscientos tae- 
les que "me traía de nuestra iglesia de San Pío ; porque los Prefec- 
tos, de esa suerte, podían levantar quimeras y suceder trabajos; y 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



221 



Dejando a un lado esta enojosa cuestión, volvamos a 
nuestros misioneros. De los tres de la Orden que fueron 
desterrados a Macao, el P. de la Cruz, por seguir enfermo, 
partió para Manila, por mayo de 1733, con intención de 
volver después a China, como efectivamente lo ejecutó (41). 

El Bto. Sanz se vió obligado a permanecer en Macao, 
con gran pena de su parte, hasta el 4 de mayo de 1738, en 
cuya fecha partió de esa ciudad para Fukién. 

El P. Oscott, por su oficio de Procurador de las Misio- 
nes, también se vió obligado a permanecer en la colonia 
portuguesa hasta el 26 de abril de 1636 (42). Allí fué mu- 
cho lo que padeció, según escribe en varias de sus rela- 
ciones. 

«Lo que más me aflige, escribe, es que nos tienen co- 
gidas todas las vías por los mandarines, para poder socorrer 
a cinco misioneros nuestros, que, contra todo el poder del 
demonio, se mantienen aún en las Misiones. Tenemos ór- 
denes rigurosas para que seamos echados de Macao cada 



así me era forzoso hacer lo que ellos hacían aun contra mi sentir. 
Respondió el Superior General de los PP.es de la Compañía, fran- 
cés : "Es cierto que así podía venir mal." Este mi sentir fué aproba- 
do del Señor Obispo Sanz y de los PP.es y hermanos que están con- 
migo de nuestra santa Provincia, del Comisario de San Francisco, 
del Procurador de la Propaganda Fide y Sr. Conain ; aunque sus 
paternidades siguieron allí el dictamen de los muchos de la Com- 
pañía ; que. además de ser muchos, eran los más que perdían; y así 
ies pareció dejarse llevar. Lo que sucedió fué que, el mandarín, entregó, 
o depositó toda la plata en manos del Procurador de la ciudad de Ma- 
cao, y se repartió entre los soldados. Y de esto no sé más, y temo que 
se quedará así» (P. Oscott, Reí. del 7 de mayo de 1753). 

(40) No «se quedó así», si bien tardaron bastantes años en pagar 
ese dinero a los misioneros. Acerca de esto escribe el Bto. Sanz: «Me 
parece cosa de milagro que se haya podido cobrar la plata de las igle- 
sias de Cantón, archivada en casa de Pulcinella ; porque yo estaba 
persuadido que se había gastado en el pagamento a ese noble regi- 
miento de Infantería; pues por falta de plata se pagaba con pólvora 
a los Obispos» (Reí. de 13 de octubre de 1741». 

(41) «Va el P. Juan de la Cruz en la chalupa ; quien, viniéndose 
muy enfermo a curar en Cantón desde Chancheu, le cogió la per- 
secución y fué conmigo y el Sr. Sanz desterrado a Macao. Va con 
ánimo que, si puede ser, volverá a las Misiones; lo cual hoy día 
mejor podrá ser por vía de Emuy» (P. Oscott. Reí. del 7 de mayo 
de 1733). 

(42) Sanz, Reí. del 24 de mayo de 1736. 



222 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



uno en su reino. No se sabe lo que harán los portugue- 
ses» (43). 

Tan celoso siempre de la pureza de la f e y siempre cui- 
dadoso de conservar a sus cristianos limpios de toda su- 
perstición, el P. Oscott escribió una agología de la Religión 
contra las confesiones riccitas de los misioneros de Penin 
ante el emperador (44). 

Los portugueses, pensando siempre en su dichoso Pa- 
tronato de Misiones, querían obligar a los misioneros des- 
terrados a hacer juramento de fidelidad del Jus patronatus, 
bajo pena de ser expulsados de Macao. Mas el P. Oscott les 
respondió con valentía que ni él ni sus compañeros lo ha- 
rían, pues que tenían tenían hecho juramento de fidelidad 
a su propio rey (45). 



(43) P. Oscott, Reí. del 4 de diciembre de 1732, y otra del 
10 de enero de 1733. 

(44) «Fueron preguntados (los misioneros riccistas) por el em- 
perador de la santa Ley, y respondieron bien mal, según la rela- 
ción que ellos enviaron a los misioneros, firmada de ellos mismos. 
Nos escandalizó mucho. Yo, temiendo dañase a nuestra cristian- 
dad, que tan pura y libre de errores a costa de tantos trabajos se 
mantiene, como ya antes nos dieron que hacer en otra ocasión, 
como ya apunté en la relación que envié a V. R., fui a declarar al 
Sr. Obispo de Pekín, agustiniano, criollo de Goa, que está aquí en 
Macao, el veneno de tal relación. Este Sr. Obispo, o por no enten- 
der cosa de China, pues nunca estuvo en la Misión, o por pasión 
que mostró, que es lo más cierto, a nuestro modo de discurrir, a 
dichos PP.es, los defendió. Fui yo forzado a hacer una apología, pro- 
bando claramente, por no ser muy dificultoso, cómo dicha relación 
era errónea, quia sapiebat idolatriam, equivoca y mal sonante, y 
denigrativa de nuestra santa Ley, y determinaciones de la Iglesia. 
Los señores Obispos, y todos los demás misioneros que la vieron, 
dijeron ser justa y verdadera mi apología» (P. Oscott, Reí. del 3 
de enero de 1734). 

(45) «Este año vino una orden del Virrey de Goa que si hacía- 
mos el juramento de fidelidad acerca del jus patro7iatus, nos podía- 
mos quedar en Macao ; si no que nos fuésemos. Nos intimaron la 
orden, yo respondí que yo y los misioneros de mi Orden tienen he- 
cho juramento de fidelidad a nuestro rey católico, y no a otro le 
hemos de hacer. Que a unos desterrados por la Ley de Dios de bár- 
baros a esta ciudad ¿a qué viene ahora pedir tal juramento cuando 
no estamos aquí por nuestra voluntad? Los Sres. Obispos, viendo el 
desdoro que de esto podía venir a la nación y su rey, que, como tan 
católico, nunca su Majestad había de querer tales cosas como se 
supone, escribieron al Virrey y también al rey. Dicen, yo no lo sé, 
que esto viene de los PP.es de la Compañía, y que el mismo Gober- 
nador lo dijo» (P. Oscott, Reí. del 24 de enero de 1734). 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



223 



Bastante más que las muchas molestias que le causa- 
ban los dominicos portugueses, en cuyo convento se hos- 
pedaba (46), le dolía el hallarse sin dinero para socorrer 
a los misioneros de China y Tunking. Todos vivían pobre- 
mente, y él mismo tenía que andar mendigando limosnas 
y pidiendo préstamos. 

A tanto llegaron sus enfermedades, penas y trabajos, 
que el buen misionero, desalentado con el peso de tanta 
adversidad, pidió en más de una ocasión al P. Provincial 
permiso para retirarse e ir a descansar al convento de Ma- 
nila o a España (47). 

Como era tan necesario en la Misión, tuvieron buen cui- 
dado los Superiores de no concederle lo que pedía; y éi, 
pasados los negros nubarrones de desaliento, volvió con 
gran gozo a la Misión en 1736, como ya dijimos; y murió 
años más tarde, como suele decirse, al pie del cañón. 



(46 > Reí. de la nota anterior. 

(47 1 Relaciones del mismo P. Oscott, del 14 de diciembre de 1732, 
del 7 de mayo de 1733 y del 3 de enero de 1734. 




Carta del Bto. Alcober, escrita a la luz de una candela, 
en la medianoche de 1744. 



CAPITULO VIII 



CONTINUA LA PERSECUCION. OBRAS 
EXTRAORDINARIAS DE LA PROVIDENCIA 

I 

PADECIMIENTOS DE LOS MISIONEROS DE FOGÁN. 

La fiera persecución de las cristiandades del territorio 
de Fogán continúa sin tregua alguna. 

Los edictos contra la religión cristiana se sucedían con 
frecuencia, si bien las autoridades inmediatas, cansadas de 
tanta injusticia, o no los ponían en ejecución o atenuaban 
su rigor (1). Sin embargo, no quiere decir que la aurora de 
la paz sonriera a nuestros misioneros. 

El Bto. Alcober. en carta a su hermano de 25 de febrero 
de 1732, decía: 

«Sólo te diré cómo pasamos indecibles trabajos, escon- 
didos de día en las casas de ls cristianos, sin ver el cie- 



(1) El P. Sierra, en carta al P. Astudillo, del 31 de enero de 
1735, decía: «Dos edictos que contra nuestra santa Ley se colgaron 
por orden del Chung-to y del Fu-yuen, a más no poder, los publicó 
el buen Hien-Kuon Fuang-lao-ye, como él decía en ellos, obligado 
a obedecer a los Chung-to y Fu-yen. Porque V. R. sabe letra, se 
los envío y los podrá comunicar a N. P. Provincial. El primero es 
del día 17 de la luna del undécimo año, y 22 de del emperador, y 
22 de diciembre de 1733 ; el segundo del duodécimo año, y 22 de la 
tercera luna, y 25 de abril.» Y con fecha del 23 de febrero de 1733 : 
«Desde que empezó la persecución hasta el presente, todos los años 
han publicado edictos contra la Ley de Dios.» 

15 



226 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



lo; y de noche salimos a administrar a las almas, y siem- 
pre con la barba en el hombro (y bien larga que la tengo), 
por los muchos enemigos que nos cercan; y antes de ama- 
necer, volvemos a nuestra estrecha reclusión. Pero de 
todos ellos nos libra Dios visiblemente; como que es causa 
suya la que hacemos, y por cuya honra y gloria milita- 
mos. Bendito sea por todo. Y aunque nuestra vida, en lo 
temporal, sea una honrada muerte, mas has de saber que 
da Dios muchos consuelos. El primero, ver la antorcha de 
nuestra santa fe tan resplandeciente en medio de un im- 
perio tan tenebroso, y tan perseguida del emperador, 
magnates, etc.; sin poderla apagar tantos huracanes y 
tan deshechas tormentas como nueve años ha están co- 
rriendo. El segundo, consecutivo del primero, ver muchas 
almas que de veras sirven y aman a su Criador. El ter- 
cero, ver palpablemente los efectos de la divina predes- 
tinación, ya en adultos que a la hora de la muerte reci- 
ben el bautismo, ya en los párvulos, que acabada de re- 
cibir el agua, suben a ocupar las sillas de aquellos que 
por soberbia las perdieron. Y, en suma, no son explica- 
bles las misericordias de nuestro Dios, y lo que nos favo- 
rece en medio de tanto torrente de aflicciones; sintiendo 
sólo el ver quod messis quidem multa, operari autem pau- 
ci. Pero recurriendo al puerto de San Pablo: Oh alti- 
tudo devitiarum, etc., se abaja la cabeza» (2). 



El mismo Bto., en relación escrita a su primo, habla de 
lo mucho que padecen los misioneros y del peligro que co- 
rren sus vidas: 

«La salud, dice, que me asiste es bien trabajosa y que- 
brantada por los grandes trabajos que se pasan por la pre- 
dicación del Santo Evangelio y bien de las almas; como 
también por falta de subsidios temporales, pues ha tres 
años que se han perdido los socorros anuales que todos 
los años nos remiten de las Islas Filipinas. Pero pues 
esta es la voluntad de Dios, debemos conformarnos con 
ella, y darle muchas gracias. El atraso o falta de esos sub- 
sidios son tan sensibles, que se tiene por obra milagrosa 



(2) J. José Alcover, Vida..., 64-65. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



227 



no perecer de hambre. Porque, como queda dicho, ningu- 
no puede pedir limosna en todo el imperio, que no sea 
bonzo. Pero acordándose el Señor de los polluelos de los 
cuervos desamparados de sus padres, para que no perezcan, 
no se olvida su providencia de socorrer a sus escogidos 
ayudándoles en sus necesidades y tribulaciones». 

«La persecución en este imperio se mantiene en el mis- 
mo tesón que antes, no habiendo sido bastantes los azotes 
que Dios ha enviado a este Faraón del emperador para 
ablandar su corazón. El año 33, por octubre, fueron pre- 
sos por los mandarines dos compañeros nuestros; el uno 
el P. Lr. Fr. Francisco Sáenz, hijo del Convento de Málaga; 
y el otro el P. Fr. Juan de la Cruz, o Moya, natural de Gua- 
dix, e hijo del Convento de Usuna; los que padecieron 
grandes trabajos por el Señor; y, por último, fueron deste- 
rrados. Estos dos cuidaban de las cristiandades de Chang- 
cheu, trece días de camino distantes de las que yo admi- 
nistro. Lo mismo esperamos los cuatro que hemos quedado 
aqui. Pero a nosotros, si nos prenden, nos quitarán las ca- 
bezas. ¡Ojalá fuera luego! En medio de tanta persecución 
se hace la obra del Señor. Todos los años confiesan y co- 
mulgan los más cristianos; se bautizan muchos; los 
apóstatas se convierten, y este consuelo nos mantiene ale- 
gres en medio de tantos desconsuelos como nos cer- 
can» (3). 



II 

PERSECUCIÓN EN CHANGCHIU 

Esta cristiandad, acaso, la más fervorosa de China. 
Había sido cultivada durante muchos años con el mayor 
esmero por el Rvmo. Sr Ventallol y el Bto. Sanz; y aun- 
que a estas fechas llevaba bastante tiempo sin misioneros, si 
bien habían estado allí por algunos intervalos los PP. Sáez 
y de la Cruz, y aquél estaba en el tiempo que historiamos, 
se conservaba, sin embargo, fervorosa, limpia de toda su- 



(3) J. José Alcover, Vida..., 66-67. 



228 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



perstición y muy instruida en la religión, como lo probó 
durante la rigurosa persecución de que vamos a hablar. 

«Por noticias que ha dado el mismo P. Misionero (el 
P. de la Cruz), dice un documento anónimo, se ha sabido 
estar aquella Misión muy adelantada y fervorosa, siendo 
muchos los gentiles que recibían ntra. sta. fe, y los más 
la abrazaban movidos milagrosamente» (4). 

Según el P. de la Cruz, «es nuestra Misión de Changchiu 
corta en número de cristianos, que sólo tiene 700, mas es 
de las más crecidas en virtud de todas cuantas hay en 
este imperio. No hay persona que no rece todos los días el 
Rosario entero de María Santísima. Las familias le rezan 
de comunidad, y después reverencian tres veces a M. a San- 
tísima. Por eso, esta Señora ha mostrado correr aquella 
cristiandad por su cuenta, haciendo con aquellos persegui- 
dos devotos singulares prodigios» (5). 

A tan escogida cristiandad y devotos cristianos favore- 
cía el Señor dándoles fe profunda, seguida de una santa 
muerte (6), y haciendo conversiones prodigiosas (7). 



(4) A. P. D., t. 93, f. 260. 

(5) J. de la Cruz ; «Narracicm histórica de la persecución que 
experimentó la Misión en Changchiu año de 1733 y 1734. Cosas par- 
ticulares que acontecieron en ella y prisión de des religiosos domi- 
nicos que estaban administrando en dicha Misión, y de su destierro.)) 

(6) «Referiré un caso que sucedió en año pasado de 33 en el 
pueblo de To-via. Había en él un cristiano octogenario, llamado 
Felipe, a quien Dios había regalado con muchos años de enferme- 
dad ; y ésta y sus muchos días le tenían postrado en una cama. 
Su cuotidiano ejercicio era rezar el Rosario de María Santísima mu- 
chas veces al día. Con esta santa devoción llegó a los últimos días. 
Agravóse la enfermedad añadiéndole privarle de la vista ; y esto 
lo llevaba el buen viejo con tanta alegría, que era edificación a 
todos los que le visitaban. Un día llamó a un hijo suyo, y le dijo : 
"Hijo mío, sábete que Cristo me ha dicho que dentro de tres días 
he de morir. Tú y toda mi familia temed a Dios, y no desamparéis 
nunca su divina Ley." El hijo, con no poca aflicción, le replicó: 
"Padre, ¿ha sido un sueño eso, o es debilidad de la cabeza?" "No, 
hijo, es realidad lo que digo." Llegó el tercer día y entró en el 
lance pór donde pasan todos los hijos de Adán. Perdió el habla, y 
por señas pidió una pluma ; y, aunque estaba ciego, viejo y agoni- 
zando, escribió claramente estas palabras: "María Santísima me 
acompaña a el Juicio." Pasado un poco, le oyeron decir: "Ave, Ma- 
ría", y dicho esto entregó su alma a su Creador» (J. de la Cruz, Na- 
rración..., núm. 13). 

(7) «Otro gentil que había resistido mucho a la predicación del 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



229 



«Mucho sentía el demonio que nuestra viña diese tan 
sazonados racimos y así procuraba con todas sus fuerzas el 
asaltarla y destruirla, valiéndose de muchas trazas para 
apartar a los cristianos del fervor grande con que amaban 
a Dios y a su Santísima Madre, apareciéndose en diversas 
figuras a los cristianos, haciendo espantoso estruendo en 
sus casas» (8). 

A una joven cristiana que quería consagrarse a Dios 
con voto de castidad, entrando en la Tercera Orden de 
Santo Domingo (9), la molestó el demonio de una manera 
terrible; apareciéndosele «a modo de carbón apagado, des- 
pidiendo humo de sí», dando muchas vueltas alrededor de 
la joven. La animaron los misioneros a que se encomendara 
mucho a Dios; y habiendo bendecido éstos su casa, ceso 
la persecución demoníaca (10). 

También molestó el demonio a la familia del literato y 
fervorosísimo cristiano Antonio Nien. En cierta ocasión, «y 
a cosa de medianoche, fué tal el estruendo que armó ei 
demonio en su casa, que parecía que venía toda ella al 
suelo ; y no hay duda la hubiera derribado muchas veces, y 
sepultado a todos en sus ruinas, como hizo con los hijos de 



catequista, en una enfermedad, de la que murió, estando para expi- 
rar, dijo a los circunstantes, que eran todos gentiles, excepto una 
mujer: "¿No veis aquí junto a mi cabecera tres luces muy hermo- 
sas?" Y de allí a poco volvió a decir con mayor admiración : "Las 
tres luces se han convertido en una de admirable hermosura y cla- 
ridad." Pasóse otro poco tiempo, y exclamó diciendo : "Yo quiero 
ser cristiano ; pues aquí junto a mi cabeza está un hombre hermo- 
so y venerable con una vara de flores en una mano, y un papel 
en la otra, donde me dice me bautice cuanto antes, porque me mue- 
ro." Había Dios llevado allí una mujer Cristi ina y ésta le puso un 
Rosario en el cuello y lo bautizó, y le llamó Joré. y inmediatamen- 
te expiró» (Anónimo, Imperio de China). 

(8) P. de la Cruz. Reí. citada, núm. 18. 

(9) «No la habíamos querido dar el hábito, porque en esta mate- 
ria siempre hemos procedido en nuestras misiones con mucho tien- 
to para probar la vocación ¡ y son tantas las que desean el estado 
de terceras de la Orden, que serían más las religiosas que las secu- 
lares, si a todas las que piden el hábito se les diese.» (J. de la Cruz, 
Narración..., N.° 18). 

(10) Ibid. 



230 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Job, si Dios no lo tuviera sujeto por ser mucha la gloria 
que en esta casa se le deba» (11). 

Tal era la fervorosa cristiandad de Changchiu cuando 
comenzó la terrible persecución de que vamos a hablar. 

El P. de la Cruz, que, como ya dijimos, había pasado 
a Manila desde Macao, aguijoneado su corazón fervoroso 
con la sed de la salvación de las almas, volvió de nuevo a 
su querida Misión de Changchiu. «Si bien se considera, 
escribe él mismo, lo que vale un alma y lo que costó a Cristo 
vida nuestra, que fué el que, a costa de su preciosa sangre, 
nos sacó de la potestad de las tinieblas a el reino de la luz, 
no hay duda se despoblarían los conventos, por venir a es- 
tas partes a dar luz a tanta ciega gentilidad como hay, 
donde es la mies inmensa y los operarios pocos. Dan voces 
como niños estas gentes pidiendo el pan de la doctrina, y 
por no haber quien se lo parta, perecen infinitas almas de 
hambre» (12). 

Con esta finalidad partió el P. de la Cruz de Manila a 
petición del P. Provincial, el día 5 de agosto de 1733 (13), y 
después de no pocos prodigios llegó, a los veintitrés días de 
navegación, a vista de Emuy; y desembarcando en una cha- 
lupa, pasó a tierra, dirigiéndose a Aupoa, adonde llegó en 
siete horas, cuando la distancia es de día y medio, librán- 
dole el Señor de muchos peligros (14). 



(11) Ibid., N.° 19. 

(12) Ibid., N.° 1. 

(13) «Deseando, pues, como dejo dicho, la Provincia del Smo. 
Rosario de Filipinas aue en sus Misiones no falten ministros, luego 
que yo llegué a Manila de la ciudad de nuestro destierro, Macao, 
determinó el M. R. P. Provincial Fr. Diego Sáenz, el que me entra- 
ra en nuestra Misión de Chanchiu en uno de los champanes que 
estaban de China en estas islas; y aunque el tiempo fué corto, mas 
como los dominicos no van a sus Misiones sino a tratar en las mar- 
garitas de que habla el Evangelio, presto se dispuso mi entrada. 
Hablóse a el capitán de dicha embarcación para que me llevase si 
era posible. Y habiendo el gentil vencido la dificultad por cincuen- 
ta pesos que se le dieron, me embarqué en su champán el día 5 de 
agosto, llevando conmigo un cristiano, china de nación, llamado 
Esteban, y algunas cosillas que el P. Prior enviaba a los Padres Mi- 
sioneros de nuestra religión que están en aquel imperio» (Ibid., N.° 3). 

(14) «A los veintitrés días de viaje conseguimos la tierra de 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



231 



El infiel capitán del barco no habia permitido al P. de 
la Cruz llevar los cuatro cajones que traía consigo, con la 
aviesa intención de quedarse con ellos y con su contenido. 
Mas habiéndolos abierto y visto que todo lo que había en 
ellos era para él de poco valor, fué a Aupoa con intención 
de engañar al Padre, diciéndole que el mandarín se había 
apoderado de todo y que sabía de su paradero; pero que si 
le daba a él trescientos pesos, él arreglaría el negocio y 
nada le sucedería. No cayó en el lazo y le dijo que no le 
daba ni un céntimo, a pesar de las lágrimas fingidas que 
derramaba el capitán. 

Mas el diablo le inspiró una mala idea. Queriendo nues- 
tro barquero llevar llenos sus dineros a costa del misionero, 
fué a ver un apóstata, llamado Francisco, que había sido 
antes buen cristiano y catequista del Sr. Ventallol, y des- 
pués apostató y fué el terrible perseguidor de aquella cris- 
tiandad (15). Este fué a la casa del buen cristiano Antonio 



China, y luego que se ha visto el puerto de Emuy, determinó el 
capitán me desembarcara, y en una embarcación pequeña me fuera 
para nuestra Misión de Chanchíu. Quise llevar conmigo una caja, 
donde traía el recado de misa, por haberme dicho el capitán en 
Manila que no había dificultad; mas allí me puso tantas, que dijo 
era imposible. Yo conocí en él que quería hacer alguna de las que 
suelen hacer los chinos, y de secreto abrí la caia y saqué la plata, 
que llevaba de socorro para los cinco Padres de ia Misión y para 
mí. Salí del barco acompañado del cristiano Esteban, y de un her- 
mano del capitán, como a las cinco de la tarde; caminamos aquella 
noche y al amanecer llegamos al pueblo de Aupua. Fui recibido 
del P. Fr. Francisco Sáenz, mi compañero, con sumo gozo, y de 
todos aquellos pobrecitos cristianos... Supieron todo lo sucedido en 
mi viaje, y cómo de dos leguas antes de Emuy había llegado en 
una noche al pueblo. Esto les admiró mucho, por ser día y medio 
de viaje lo que yo caminé en siete horas. Por esta razón me llama- 
ban los cristianos ángel; y decían bien, pues lo son de consejos 
todos los predicadores evangélicos. Yo di muchas gracias al Señor 
porque me había traído a la Misión en paz; y considerando el mu- 
cho camino que hice aquella noche en tan poco tiempo, no sabía 
a qué atribuirlo. Mas pocos días después supe cómo un gentil de 
los que habían venido de Manila, luego que llegó el barco a Emuy, 
escribió una carta a un gentil amigo suyo del pueblo de Niatau, 
acérrimo enemigo de los cristianos, dándole noticia de mi venida. 
Cuando él tuvo la especie, la participó a otros semejantes; y ocho 
o más de ellos me fueron a esperar al río para prenderme y entre- 
garme al mandarín ; mas los burló Dios, con lo que dejo referido, 
porque no era su voluntad que entonces me prendiesen» (Ibld., N. e 9). 
(16) «Ha sido este hombre la escoria de su linaje; pues su 



232 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Nien y le pidió más dinero del que habia pedido el aludido 
capitán al P. de la Cruz; diciéndole que, si no se lo daban, 
acusaría al mandarín. Como no se lo dieron, comenzó a 
publicar entre los gentiles que había entrado un misionero 
a ocultas en el pueblo. Entre los cristianos y los Padres le 
dieron treinta pesos para que se callara; mas aún siguió 
en su diabólica acusación, enviándola al Chungto de Foo- 
chow, en la que decía que el P. de la Cruz había traído siete 
cajones de plata para hacer cristianos. 

Mientras tanto, el P. de la Cruz envió a los Padres del 
territorio de Fogán las cartas y dinero que traía para ellos. 
El y su compañero salieron de la casa de Antonio y se sepa- 
raron, yendo a diferentes casas de cristianos. 

El apóstata Francisco se apoderó de la casa del Padre y 
de la iglesia, destechándola y vendiendo sus materialss. Y 
no contento, se apoderó de los bienes de una hermana 
suya, fervorosa terciaria profesa de la T. O. de Sto. Do- 
mingo (16). 

A principios de octubre volvió el capitán del barco a 



bisabuelo paterno, oue fué el principal de aquel pueblo, fué el pri- 
mero que en él recibió nuestra santa fe, y el que fué causa de que 
muchos la abrazasen. Su abuelo fué tan virtuoso que, siendo así 
que era graduado entre ellos, con todo eso siempre que salía llevaba 
consigo el catecismo, y se ponía a enseñar en la calle la doctrina 
cristiana a los niños. Además de esto dió solar para una iglesia de 
Nuestra Señora y ayudó con mucho para su fábrica. Su padre fué 
también muy buen cristiano, y por muchos años catequista de aquel 
pueblo. Mas Francisco era degenerado de sus laudables progenitores, 
y yo atribuyo el que Dios lo haya desamparado así, por haber dado 
a su padre una bofetada» (Ibid., núm. 11). 

(16) «Tiene el apóstata una hermana llamada Teresa, tercera 
de nuestra Orden y hiia en todo de N. P. Sto. Domingo. Cuando 
murió su padre le dejó algunas sementeras para mantenerse (que 
siempre hemos procurado en nuestras Misiones que tengan con qué 
mantenerse las que quieren ser Beatas, para que vivan con recato 
y ejemplo), pero el mal hermano se las quitó, diciendo que en este 
reino las hijas no heredan a los nadres. dejando a la pobre herma- 
na atenida a su trabajo. Con mucha paciencia llevó Teresa esta 
tirana acción de su hermano, sintiendo más su nerdición que el 
que le dejase in camino-paupertatis. Lluraba la obstinación de su 
hermano, siendo sus lágrimas su pan de día y noche. Le amonesta- 
ba se convirtiera a Dios, acordándose de la virtud de sus progeni- 
tores; mas él lo hacía tan a la contra, que Ursfemaba de Dios^ 
tratándole de impío» (Ibid., N.° 21). 



.MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



233 



pedir de nuevo dinero, y al recibir de nuevo una rotunda 
negativa, amenazó con acusar al mandarín de la estancia 
allí del P. de la Cruz. Mas ya el apóstata y otros se habían 
adelantado enviando una acusación al virrrey de Foochow, 
quien mandó prendiesen al P. de la Cruz, al capitán y los 
demás culpados (17). 

No tardó en ser preso el capitán, y puesto a prueba del 
tormento, confesó que había traído de Manila al P. de la 
Cruz, y que éste estaba en Aupoa. El mandarín de Chang- 
chiu ordenó al alcalde mayor que, con 280 soldados, fuera a 
prender al Padre y a Antonio Nien. 

El 26 de octubre se presentó la tropa en Aupoa y, co- 
giéndoles de sorpresa, prendieron a Antonio, a su hijo Agus- 
tín y a otros trece cristianos, llevándolos encadenados a 
Changchiu. 

Los verdugos siguieron registrando las casas en busca 
del P. de la Cruz. 



«Yo, estaba, escribe el mismo Padre, ya en casa de un 
cristiano llamado Tadeo, oculto en un cuarto bajo, a 
trasmano de toda la casa, y sólo me acompañaba un cris- 
tiano. Oímos en todo el pueblo grandísima algazara de 



(17^ «Antes de entrar a referir nuestra prisión, me es preciso 
notar las señales que precedieron, que por ser maravillosas no las 
puedo dejar en silencio. Entre las buenas almas que hay en nuestra 
Misión de Chanchíu, hay algunas muy favorecidas del Señor con 
especiales favores. A dos de éstas manifestó el Señor a el demonio 
en ñgura espantosa, y con rabia infernal hacía amagos de querer 
despedazar a los cristianos ; aunque después lo vió una de éstas a 
los pies de San Miguel, que lo tenía atado con un rosario. Con esta 
visión convenía el armarse tales tormentas de truenos y rayos sobre 
el pueblo, que decían todos que jamás las habían visto semejantes. 
Mas nosotros, que atábamos cabos, bien colegíamos ser su autor el 
demonio, que quisiera acabar con toda aquella cristiandad, a quien 
Dios favorecía y amaba tanto, como se colige del siguiente caso. 
Sobre el pueblo de nuestra habitación se aparecieron en medio del 
día por tres ocasiones tres arcos hermosísimos, uno incluido en otro 
a proporción. Eran de facha estérica perfecta, ccmo lo es una 
corona, y de los tres colores del iris. Por algún tiempo duraron así, 
y después desaparecieron. Dando el Señor a entender a los cristia- 
nos que les tenía coronas prevenidas para premiarles sus trabajos, 
y el triunfo que habían de tener en la pugna que se les aproximaba» 
Ubid., N.° 25). 



234 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



voces, que parecía un infierno; pues todo el pueblo se 
había alborotado, y teníamos tantos soldados que nos 
prendiesen, como gentiles había. Todo era entrar por las 
casas y preguntar dónde está el extranjero, dónde los 
siete cajones de plata que trajo cuando vino; y con esta 
sed infernal de plata no dejaban rincón que no registra- 
sen muchas veces. A poco de estar yo oculto en la casa de 
Tadeo llegó el tropel de los soldados a ella, y cogió las 
puertas. Aturdido el cristiano, me llevó a un corral, y 
aunque las tapias eran bastante altas, las montamos con 
toda ligereza; pero era tanta la de soldados, que a poco 
de haber salido ya estaban sobre nosotros, y conociendo 
el cristiano que no podía escapar, me enterró en estiércol 
lo más del cuerpo, y lo restante lo cubrió con pajas ya 
algo corrompidas. Pasaron muchas veces por el sitio, re- 
gistraron muy bien toda la casa y, no hallándome, se 
fueron a hacer con otra la misma diligencia. 

^Conociendo los cristianos que, según la eficacia con 
que me buscaban, no podía en casa de cristiano estar 
seguro, hablaron a un gentil y le prometieron algunas 
monedas por que me recibiera en su casa. Fui a ella y me 
ocultó entre unos haces de leña. A cosa de las dos de la 
mañana viene donde yo estaba y me dice le dé 50 pesos, 
y que de no, había de avisar a los soldados. Yo le dije 
que no tenía que darle lo que me pedia, que yo era tan 
pobre como él, que sólo había venido a aquel pueblo a 
predicarles la divina Ley y no a otra cosa. El me echó 
muchas amenazas, y se fué, dejándome a mí no tan re- 
celoso de que avisaran al mandarín y soldados que anda- 
ban por el pueblo, como el que me diera algún golpe 
y acababra conmigo. Mas el Señor, por quién padecía 
aquellos trabajillos, me confortaba a mí para que no te- 
miera; y a él le reprimió para que ni me hiciera daño 
ni me delatara a los soldados satélites. Así pasé la noche 
entre angustias, cubierto de leña, sin tener ni aun viento 
que respirar. Llegó el día, y el gentil, viendo que yo no 
tenía que darle plata, dijo a los cristianos que, si no me 
sacaban de ahí cuanto antes, me echaría a la calle. Ya 
sólo había en el pueblo mujeres, por haberse huido todos 
los hombres la noche antecedente, por ver iban prendien- 
do a cuantos encontraban. Dos de ellas, viendo que el 
gentil estaba resuelto a ponerme en la calle, vinieron a 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



235 



su casa, y liándome en un colchón, me llevaron entre 
las dos a casa de una cristiana llamada María. Su casa 
se reducía a un solo aposento, y no hallando otra parte 
donde ocultarme, me metió tras de su cama y me cubrió 
con unos manojos de paja» (18). 

Cansados los soldados de buscar en valde al Padre, se 
volvieron a Changchiu. Aquí dieron el tormento terrible de 
los tobillos a Antonio, a su hijo Agustín y a su hermano 
Santiago, para que dijeran dónde se ocultaba el Padre; 
mas no lo dijeron. En virtud del ningún resultado obtenido, 
fueron los soldados a Niatau a prender cristianos, mas to- 
dos habían huido. Sólo cogieron a un muchacho, hijo de 
un apóstata de Aupoa, quien confesó en los tormentos que 
la noche anterior había visto en el pueblo de Aupoa a un 
Padre. Con esta noticia volvieron los soldados a Aupoa por 
el misionero. 

«La turbación en que estaba aquella pobre cristiandad 
no se puede explicar con palabras. No sabían dónde ocul- 
tarme, y así mudé nueve casas en una noche, encontran- 
do en cada una menos seguridad. Quise irme del pueblo, 
mas no fué posible, porque no había hombre ninguno que 
me acompañase, y porque también había espías de gen- 
tiles por todas las calles. Dos noches pasé in somnis yendo 
de una parte a otra, y lo mismo sucedió a mi compañero, 
que andaba por otra parte, sin que uno supiésemos de 
otro. Llegó el día de los gloriosos Apóstoles San Simón 
y Judas, y habiendo tenido noticias que aquel día vol- 
vían los soldados al pueblo, ocultaron debajo de tierra 
los ornamentos y otras cosas de religión, y a mi me. me- 
tieron en un establo de carabaos, y en un sobradillo que 
tenían con paja, me enterraron. Desde por la mañana 
hasta las cinco da la tarde estuve así sofocado de calor 
y sin comer ni beber cosa alguna. Llegué a tal estado, que 
la muerte por entonces se me pintaba más dulce que las 
agonías que toleraba. A cosa de las tres de la tarde llegó 



(18) Ibid., N.o 28 y 29. 



23$ 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



al pueblo un mandarín de guerra con mucho número de 
soldados. Empezaron a mirar una por una las casas de 
los cristianos, y amenazaban a las mujeres las habían 
de llevar presas si no decían dónde estaba yo escondido. 
Mas todas ellas negaban que hubiese Padre en el pueblo, 
aunque por no decirlo a muchas dieron bofetadas los sol- 
dados. Mi compañero estaba oculto tras de una cama, 
con algunas tablas por delante. Llegaron por dos ocasio- 
nes al sitio, y no le encontraron; a la tercera, metieron un 
palo y dieron con su muslo; por el tacto conocieron lo 
que era, y, quitando las tablas, lo hallaron como un San 
Alejo. La primera acción que aquellos ministros de Sata- 
nás hicieron con él fué darle dos bofetadas y quitarle lo 
que tenía sobre sí. Pusiéronle una cadena y lo sacaron 
a la calle, diciendo a voces ¡Extranjero! ¡Extranjero! El 
mandarín que había venido al pueblo, luego que vió a mi 
compañero, dijo: Aun queda otro. Traía él mis señas, 
por haberlas dado el capitán. 

»A mi establo llegaron repetidas veces los soldados, 
metieron palos, quitaron mucha paja, mas no dieron con- 
migo, por estar muy bien ocultado en el último rincón. 
Se iban unos y venían otros de nuevo. Dos de ellos toma- 
ron el trabajo de echar toda la paja fuera, y así dieron 
conmigo. Luego que me descubrieron, se tiraron a mi 
como lobos. Asióme uno de la garganta y el otro me quitó 
cuanto tenía, hasta el Rosario y el cíngulo de N. P. Santo 
Tomás, dejándome sólo en calzones y túnica. Pusiéronme 
una cadena al cuello y empezaron a tirar de ella, como 
si fuese de algún novillo que iban a domar. Tiráronme del 
sobrado para el suelo, y, por ser corta la cadena, di con 
el cuerpo en el aire; con el peso del cuerpo quebróse 
por medio la cadena, y yo quedé en el suelo privado de 
los sentidos, aunque duró poco, porque vinieron tantos 
satélites sobre mí, que con los muchos golpes que me die- 
ron volví en mí con brevedad, aunque el dolor de la gar- 
ganta y la señal de la cadena me duró por muchos días. 
Yo les dije por entonces que ¿por qué me trataban tan 
mal, no habiéndoles dado motivo? Mas ellos estaban tan 
tomados de Satanás que no hicieron caso, me llenaron 
de baldones y pusieron otra cadena al cuello. Bien co- 
nocí andaba el diablo aquel día suelto por Aupoa; y los 
mismos elementos lo manifestaron, pues en todo aquel 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



237 



día no apareció el sol, causando tanta oscuridad que 
paria el dia noche. 

»Luego o.ue me prendieron y lo supo el mandarín de 
guerra que habia venido al pueblo, se alegró mucho y 
mandó que con toda brevedad me llevaran a Chianchiu. 
Una legua que había de distancia la caminé descalzo, pues 
ni aun zapatas me dejaron los satélites. Era tanta la 
multitud que venía a verme, que impedían el camino» (19). 

El mandarín de Changchiu trató bien al P. Sáenz, quien 
había llegado antes; mas al P. de la Cruz le trató con mu- 
cha severidad, con la esperanza de obtener de él plata que 
no tenía. Mediadas algunas preguntas, le interroga: ¿que 
a qué había venido a China, y que cuánta plata había traí- 
do? El Padre le respondió que había venido a predicar la 
Ley de Dios, y que plata había traído sólo para su manu- 
tención. El mandarín le dijo que mentía, y acto seguido le 
remitió a la cárcel. 

«Yo, escribe el P. de la Cruz, iba a ella muy alegre, por- 
que discurrí estaríamos los dos misioneros y los 15 cristia- 
nos juntos. Mas no fué así, pues a todos nos dividieron, sin 
permitir nos viéramos ni hablásemos, aun cuando concu- 
rríamos al tribunal. A mí me encerraron en un cuarto o 
calabozo y quedaron guardándome tres leopardos; me die- 
ron mucho en que merecer. La cadena que tenía al cuello la 
amarraron a una caña tras de una puerta; y fuera la pri- 
mera vez que, desde que soy religioso, he sido dominicano. 
Y se la ataba a la mano un soldado, y se acostaba a dormir 
junto a mí. Ellos ejecutaban todo esto porque yo les diese 
alguna plata; y como viesen no me explicaba yo, se expli- 
caron ellos, y me dijeron les diese cinco pesos y me quita- 
rían de noche la cadena. Yo les respondí cómo no tenia ni 
cinco maravedís que darles, cuanto más cinco pesos, y que, 
a tenerlos, no se los diera por el fin que me lo pedían> (20). 



(19) Ibid., N.o 31-33. 

(20) Ibid., N.o 35. 



238 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Al día siguiente fueron llevados al tribunal misioneros 
y cristianos, y por dos veces dieron a Antonio el tormento 
de los tobillos, además del que le habían dado el día ante- 
rior. También dieron el mismo tormento al capitán que ven- 
dió al P. de la Cruz. Después mandó el mandarín dar el 
mismo tormento a este Padre para que le dijera la verdad 
sobre los cajones de plata de que estaba acusado había 
traído de Manila, pues no creía fueran sólo los cuatrocien- 
tos pesos, como había dicho el capitán, lo mismo que An- 
tonio. 

«Yo, escribe el P. de la Cruz, me levanté y fui a el lugar 
donde lo daban, y estando en él dije: Yo he venido a este 
reino a predicar la Ley de Dios, no a ser mercader, como 
tú piensas. Ya he respondido la verdad; aunque me cortes 
la cabeza, diré siempre lo mismo. El arqueó las cejas, y 
otro mandarín que le acompañaba, le dijo: «Los europeos 
son gente que no vuelven la palabra atrás.» Entonces me 
dijo que él no quería darme tormento, sino sólo saber cuán- 
ta plata traje, y dónde estaba, para volvérmela, y enviarme 
a mi reino» (21). 

El mandarín volvió a ordenar dieran el tormento de los 
tobillos— era la cuarta vez— a Antonio y, no contento, que 
le diesen veinte bofetadas. Duró el interrogatorio hasta casi 
medianoche. 

Al P. Sáenz no le hicieron ningún interrogatorio; pero 
fué durante todo este tiempo el blanco de las burlas de la 
soldadesca. 

Fueron después los presos remitidos al mandarín supe- 
rior, «gobernador de las armas», quien, sin verlos siquiera, 
ordenó los volvieran a la Audiencia del Corregidor. «Volvi- 
mos, escribe el P. de la Cruz, a nuestra primera posada, he- 
chos escarnios de todos por las calles de Chanchiu.» 

El mandarín, como consecuencia de todo, escribió al 



(21) Ibid., N.° 36. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



239 



chungto de Foochow, diciéndole que había apresado a dos 
misioneros, y cómo el P. de la Cruz no traía tanta plata de 
como había sido acusado. 

Depuesto este mandarín, su sucesor ordenó quitaran a 
todos los presos las cadenas, excepto a Antonio y a los dos 
misioneros, y que los llevaran a la cárcel del corregidor de 
la ciudad, que les tuvo de rodillas tres horas durante su pe- 
sado interrogatorio. Con todo, como era de buen carácter, 
ordenó dieran bien de comer a los presos, y por su mayor- 
domo les envió a decir: «Vuestro rey y el mío se aman; asi 
es razón que yo os atienda. Mas estando prohibido el que 
vengáis a nuestro reino a predicar vuestra Ley, no pode- 
mos los mandarines permitiros. Vosotros no creáis a los 
que de nuestra gente dicen quieren ser cristianos, porque 
os engañan» (22). 

Juzgaban todos, incluso los mandarines, serían los Pa- 
dres desterrados a Macao; pero, con gran sorpresa de to- 
dos, llegaron órdenes de Chungto de Foochow para que le 
remitiesen allí los presos. «De aquí coligieron, no sin fun- 
damento, continúa el P. de la Cruz, sería nuestra llamada 
para quitarnos la cabeza. Y en el ínterin que nos enviaban, 
nos multiplicaron las guardias de soldados y pusieron más 
cuidado en las prisiones, sin permitir hablase persona al- 
guna con nosotros, excepto los soldados y gente de Audien- 
cia. Llamó S. Ignacio mártir a los soldados leopardos, por- 
que se muestran más crueles mientras más beneficiados. 
Al principio de nuestra prisión así lo experimentamos; 
mas después lo dispuso Dios de tal manera, que nos ser- 
vían con mucho amor, y ellos mismos voceaban el que nos 
habían preso injustamente. Llegó a tanto la opinión que 
de nosotros hicieron, que se atrevió uno a decir, en pre- 
sencia de muchos gentiles: «Uno de estos europeos había 
de ser nuestro rey, pues aunque les hemos agraviado, nos 



(22) Ibid., N.o 51. 



240 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



muestran amor y nos socorren en lo que pueden.» De don- 
de colijo que, para conquistar este imperio y sujetarlo a los 
dogmas católicos, humildad y afabilidad han de ser las ar- 
mas, y no otras» (23). 

Salieron los prisioneros para Foochow y, yendo de Au- 
diencia en Audiencia, llegaron a aquella ciudad el 10 de 
diciembre. Al pasar por Aupoa «concurrieron, a un lado, 
las mujeres cristianas; a otro, los hombres vestidos de luto. 
Y al pasar, unos se postran en el suelo, otros nos hacian 
reverencias con las cabezas, dispidiendo por señas y llo- 
rando nuestra ausencia, como la madre de Tobías: irreme- 
diabilibus lacrimis. De cuanto en el discurso de nuestra pri- 
sión nos aconteció, ninguna cosa me dió más pena que ésta. 
Mas considerando ser todo voluntad de Dios, le encomendé 
su viña, llenándola de bendiciones» (24). 

«Al día siguiente (de su llegada a Foochow), para mí de 
eterna memoria, por ser día en que cumplía veintiocho años 
de edad, empezamos a correr las estaciones, yendo de He- 
rodes a Pilatos. Al romper el día fuimos llamados a la 
Audiencia del virrey, y aunque estuvimos en ella algunas 
horas, no nos llamó al tribunal, por dar orden el Chungtu, 
o superior mandarín, fuésemos a el suyo. Y para juzgarnos 
con todo aparato y gravedad, convocó a todos los manda- 
rines grandes de la ciudad, que son nueve. Lleváronnos x 
su Audiencia a todos los presos, que éramos siete, pues 
iban el dueño del barco y dos grumetes, y recelándose el 
que nos aunásemos para responder, nos pusieron divididos 
unos de otros» (25). 

Comenzó el juicio como a las tres de la tarde, del día 11. 
Llamaron a Antonio, al capitán del barco y a Esteban; éste 
era el cristiano que había acompañado al P. de la Cruz de 
Manila a Aupoa, y que había sido preso en su pueblo de 



(23) Ibid., N.° 52. 

(24) Ibid., N.° 55. 

(25) Ibid., N.° 60. 



t ~ ■ ' ,. - sí-~, . 'w- y - v 



Fina/ de una caria efe/ 5/o. /?oyo, fechada el 1 de abril 
de 1742. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



241 



Fulingchen. Y como respondieron la verdad, esto es, que el 
P. de la Cruz no había traído tanta plata como decían las 
acusaciones, para hacer cristianos a los chinos, y que el 
Padre sólo venía a predicar la Ley de Dios, les dieron el tor- 
mento de los tobillos a los tres. Llamaron después al P. de 
la Cruz y le hicieron las mismas preguntas, recibiendo las 
mismas respuestas. 

Terminado el juicio hacia las once de la noche, remi- 
tieron a los misioneros a la Audiencia del alcalde y al día 
siguiente escribieron al emperador enterándole de todo lo 
sucedido. 

Los reos estaban persuadidos de que el emperador, o los 
llamaría a Pekín, o mandaría les cortasen la cabeza. Y si 
no sucedió así, fué porque los comerciantes del sur de la 
provincia de Fokién, como los de Chianchiu, Changchiu, 
Emuy, etc., protestaron contra la conducta observada por 
las autoridades contra los misioneros, ya que, si les quita- 
ban la vida, perderían su comercio lucrativo con Manila, 
porque, en este caso, los españoles se vengarían, y temiendo 
las autoridades un levantamiento, decidieron dar libertad 
a los dos misioneros (26). Por eso mandó ei virrey se ter- 
minase el asunto de los misioneros cuanto antes, y llama- 
dos tres veces a la Audiencia, el resultado fué que, el día de 
San Antonio Abad, el P. Sáenz fué desterrado a Macao y 
el P. Cruz a Manila. 

El día 18 de enero salía el P. de la Cruz de Foochow 



(26) Acerca de este temor habla también un documento anóni- 
mo, ya citado, atribuido erróneamente al P. de la Cruz, que dice así : 
«También por noticias del mismo Padre (el P. de la Cruz) se ha sa- 
bido cómo el ano de treinta y dos hizo el reyezuelo de Joló, embaja- 
da al emperador de China, pidiendo socorro para poder resistir el 
ímpetu de nuestras armas. Recibió el emperador su regalo, que era 
un petate de oro batido de mucho valor; y correspondióle con mu- 
chas cosas apreciables de las que tiene aquel imperio. Mas le negó 
lo que pedía en orden a socorrerlo. Con sus armas y gente; por 
querer sólo el china vivir pacíficamente en su reino y temer mucho 
que con esa ocasión inquietaría los ánimos de los españoles de estas 
islas, a quien todos los reinos circunvecinos temen mucho y podían 
hacerle alguna mala obra en su gente y reino» Ubid., N.° 63, 
A. P. D., t, 93, f. 261). 



16 



242 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



bien acompañado de satélites para su destierro, llegando a 
Emuy a los siete días de viaje (27). Y trece días más tarde 
a Manila. 

Poco más tarde de la salida del P. de la Cruz partía 
también el P. Sáenz para Macao, adonde llegó el 20 de 
marzo de 1734, siendo muy bien tratado por los mandarines 
durante todo el viaje (28). 



(27) «Al poco de haber llegado a Emuy, tuvieron de ello noti- 
cia los cristianos de Aupua, y aunque se alegraban el que nos hu- 
biesen echado la misma sentencia que a el cristiano Esteban, y 
daban muchas gracias a Dios porque nos hubiesen dado libertad; 
mas, no obstante, considerando quedaban sin ministros, era mucha 
su pena, y más conociendo era la causa el apóstata Francisco ; y 
así sucedió que habiendo ido a verme con disimulo dos cristiano's 
de Aupua, me dijeron cómo Francisco estaba muy alegre por cuan- 
to había acontecido en la Misión, y que decía no había de cesar 
hasta que no viera finalizados los cristianos, y que para obviar los 
daños que podía hacer, me pedían licencia para matarlo; aunque 
yo bien conocía que esto nacía en ellos de sinceridad y celo, con 
todo eso los corregí, afeándoles la proposición como debía. Diles 
algunos documentos, y con esperanza de volver a la Misión, los des- 
paché dándoles algunos rosarios para que repartiesen entre los cris- 
tianos» (J. Cruz, Narración..., N.° 71). En efecto, el P. de la Cruz 
aún quiso entrar de nuevo en la Misión por octubre de 1735 : así 
se lo escribió al P. Sánchez, sacerdote chino que vivía en Fukién. 
Con este motivo escribió el Bto. Serrano al P. Provincial que, si 
el P. de la Cruz volvía a China, lo hiciese con mucha cautela 
(Serrano, Relación del 16 de enero de 1736). Y el P. Sierra escri- 
bía también que no era prudente entrase otra vez el P. de la Cruz 
en China, pues se podía recrudecer la persecución si era descubier- 
to. También quería volver el P. Sáenz (Sierra, Relación de 15 de 
enero de 1735). 

(28) «El P. Francisco Sáenz, que fué desterrado para Macao, fué 
acompañado de un mandarín sin soldados. Llegados a la ciudad de 
Changcheu pidió sus ornamentos sagrados, que le habían quitado, y 
luego los restituyeron. En esta ocasión fué honrado, sentando a la 
presencia de cuatro mandarines ; lugar en el cual fué deshonrado 
con los otros. El principal mandarín le hizo instancia de meterse 
la casulla para ver cómo estaba, y lo contentó con su satisfacción 
por ser el día del Sto. Ildefonso, de eterna memoria ; el cual fué 
digno de recibir una de las manos de María Sma. En fin, salió de 
dicha ciudad, y con el divino auxilio alcanzó el término de su des- 
tierro a 20 de marzo del presente año de 1734 ; honrado de los luga- 
res por los cuales pasaba, y particularmente del supremo Prefecto de 
Cantón, el cual mandó a llamarle una noche para que le sanase un 
pie que tenía hinchado y sentando en su presencia. Dicho P., médico 
espiritual y no corporal, confiando en Dios y en su Sma. Madre, le 
aplicó un poco de aceite caliente, que hizo admirable efecto; por lo 
que fué agradecido, ordenando que se le dase (sic) el sustento por 
todo el tiempo que quedaba en Cantor. ; aunque no se puso en eje- 
cución la intención del supremo Prefecto, mientras los soldados, que 
por algunos respectos le custodiaban, se lo comieron.» (Cf. escrito 
anónimo titulado : «Breve relasión de lo persecución que sucedió en 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



243 



III 

CONFESIÓN DE LA FE DE MUCHOS CRISTIANOS. 

Si, según el Evangelio, por los frutos se conoce el árbol, 
hemos de deducir que nuestros misioneros cumplieron con 
su sagrado oficio de apóstoles a la perfección, pues los fru- 
tos de su predicación no pudieron ser más opimos. A los 
cristianos de la región de Fogán, como a los demás de nues- 
tras misiones de China, pueden muy bien aplicárseles las 
alabanzas que un autor hace de los de la región de Chiang- 
chiu: «En el cual lugar (Chiangchiu), la Religión de Pre- 
dicadores tiene una cristiandad muy florida, que aborrece 
las tablillas, ni permite alguna especie de ceremonias que 
sepan de superstición, siendo obedientes a los decretos pon- 
tificios, causa principal que tanto florezca aquella cristian- 
dad, y que venga regalada de Dios con tantas persecucio- 
nes que en varios tiempos ha sufrido por su amor» (29). 

Uno de estos fervorosos cristianos fué Raimundo Mié a 
Xang-iu, que había servido a los misioneros fielmente du- 
rante muchos años. Entre otros muchos favores, no fué el 
menor haberles traído el socorro desde Emuy, Macao y Can- 
tón, durante veinte años consecutivos, con la mayor frial- 
dad. «Es buen hijo, escribe el P. Sierra, y digno de toda 
atención» (30). 

El P. Oscott le tributa las siguientes alabanzas por su 
fortaleza en confesar la fe : 

«Al tiempo de llegar a esta ciudad (la de Macao), los 
mandarines nos quitaron todos los mozos cristianos. Y 
sucedió que uno mío, llamado Mieu Raimundo, que había 



China en la Provincia de Fukién en el año 1733», A. P. D., t. 43^ 
ff. 59-63.) 

(29) Documento anónimo citado. 

(30) Sierra, Reí. del 23 de febrero de 1733. 



244 



JOSÉ MARÍA G0NZÁL1.Z 



venido enviado de las Misiones de nuestros carísimos 
y afligidos Padres para que les llevase el socorro, porque 
respondió con una santa libertad en honra de nuestra 
santa fe, le respondieron feisimamente y le apartaron de 
los demás cristianos, y después que se apartó de mi con 
muchas lágrimas, que me llevó a mi el corazón, llegado 
qu¿> fué a Cantón, como si fuera público facineroso, le 
dieron en el público desembarcadero crueles azotes que, 
bañado en sangre, me lo dejaron medio muerto. (Veinte 
azotes recibió, escribe el P. Sierra en la citada relación.) 
A los otros, o parte de ellos, de todas las iglesias de las 
Religiones que estaban en Canten, también azotaron. Y 
muchos han apostatado; otros han respondido con em- 
bajes y engaños. Del dicho Raimundo querido, o confe- 
sor de Jesucristo, nemine demptc\, dicen haber confesado 
firmemente la santa fe. El Sr. Obispo de Nankin me dijo 
estas siguientes palabras: «Alégrese, P. Fr Eusebio, que 
tengo por todas vías sabido cómo su Raimundo, de sus 
Padres, ya libre; y me dijo muchas cosas de la fortaleza 
la fe.» Ha llegado uno de los cristianos presos de otros 
Misiones de Fukién, recta y valerosamente ha confesado 
de Raimundo, a que estuvo él presente. Este nuestro 
Raimundo fué ya en otra ocasión azotado por la santa 
fe. Después de haber estado preso le llevaron ya preso a 
su provincia de Fo-kién. Otros dos muchachos míos fue- 
ron también azotados» (31). 



(31) Oscott, Reí. del 4 de diciembre de 1732. En la de 1733. añade 
más particularidades acerca de la valiente confesión de la fe de Rai- 
mundo y de otros cristianos. «Entramos, escribe, muy tristes en Ma- 
cao. Nos cogieron todos los mozos que traíamos, con mucha crueldad 
los llevaron encadenados a Cantón ; y. llegados que fueron, los azo- 
taron cruelmente en público, con mucha afrenta, mandándolos apos- 
tatar. Los que yo había traído fueron cuatro : el Mieu Raimundo ; 
otro muchacho llamado Pablo, del Sr. Magino, que Dios haya ; otro 
llamado Antonio, que había servido al P. Blas de Sierra: otro lla- 
mado Ly Francisco, niño de poca edad, que yo había traído de 
Fukién con ánimo de enviarlo a estudiar a Manila ; al cual pudimos 
escapar de un modo bien raro, que atribuímos a grande beneficio de 
Dios, y le vestimos de europeo, y el Sr. Obispo D. Fr. Pedro Mártir 
le tiene a su lado, y le educa. Otro indio vino conmigo, llamado Fran- 
cisco, que servía al P. Fr. Francisco Sáenz, y ahora me sirve a mi. 
Este, aunque fué preso, le dejaron luego que supieron ser indio. El 
Mieu Raimundo se portó grandemente ; confesó varonilmente la fe y 
por eso fué cruelísimamente azotado, y dejaron bañado de sangre. 
A este le apartaron de los demás cuando en Macao fueron pregun- 
tados, por haber más libremente, entre cuarenta y tantos, confesado 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



245 



Otro héroe de la religión, comparable a los más gloriosos 
mártires de la primitiva Iglesia, fué el literato y médico 
Antonio Nien Tein, de quien hicimos mención. Hospedaba a 
los misioneros en su casa en tiempo de persecución y hacía 
grande propaganda de la religión, convirtiendo y bautizan- 
do a muchos (32). 

Con motivo de la prisión de los PP. Sáenz y de la Cruz, 
fué acusado y terriblemente martirizado, conservando du- 
rante los tormentos un valor sobrehumano. 

Pocos días antes de su prisión, hablando con los dos 
referidos Padres, se puso un crucifijo al pecho, y les dijo. 
«Así era bueno ir a ver al mandarín.» A lo que respondió 
el P. de la Cruz: «Puede ser, Antonio, que Dios te la tome 
por concedida.» Como fué así (33). 

El 26 de octubre de 1733 fué preso nuestro Antonio Nien. 
su hijo Agustín y otros 13 cristianos más, entre ellos su her- 
mano Santiago, llevándolos a Chiangchiu. 

Lo primero que hizo el juez impío fué despojar a Anto- 
nio del grado de literato, dignidad entonces tan estimada 



y respondido; como lo vió el M. R. P. y Sr. Dn. Antonio Canain... 
Y viéndole así especialmente este señor, le exhortó anunciándole 
que, según las expresiones del mandarín, después en Cantón padece- 
ría mucho ; y así que se animase en Dios. Este buen cristiano Rai- 
mundo, después de azotado, medio muerto, le llevaron a la cárcel. 
Después, con custodia, le llevaron a Fokién, a donde tememos sea 
también azotado. Dios le favorezca a nuestro querido Raimundo. El 
Paulillo también fué azotado, y le dejaron muy malo ¡ aunque no tan 
rigurosamente como Raimundo, después le llevaron, como a Raimun- 
do, a Fo-kien, su tierra. Al Antonio le pusieron el tablón. A otro lla- 
mado Juan, de Nakín, dejé en la iglesia, y padece mucho ; y hasta 
ahora le tuvieron en la cárcel; y estaba condenado a destierro per- 
petuo ; y le hah trocado la sentencia en llevar el tablón muchos días ; 
y después, cuarenta azotes.» 

(32) La casa de Antonio había sido, «desde que reina este tirano 
emperador, el asiento de los PP. misioneros, y la iglesia de los cris- 
tianos, y Antonio el predicador de los gentiles ; pues por influjo suyo 
se han convertido muchos adultos, y de párvulos tiene más de 300 
bautizados por su mano in extremis. Pues como era de oficio médico, 
en sabiendo que alguno estaba de peligro, lo visitaba, y cuando veía 
era de muerte la enfermedad, le bautizaba sin que sus padres lo 
notasen, que por ser gentiles no lo permitirían.» (Cf. Reí. cit., Cruz, 
Narración, N.° 19.) 

(33) Ibid., N.° 19. 



246 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



de los chinos. Después le dió el terrible tormento de los to- 
billos, y lo mismo hizo con su hijo y con su hermano, con 
el objeto que descubrieran el paradero de los dos misione- 
ros. Mas nada pudo conseguir de la fortaleza de los cristia- 
nos el juez cruel. Y tan poco caso hacia Antonio de él, y 
tan interesado estaba en el bien de su alma, que, suponien- 
do la muerte cercana, se confesó con el P. Sáenz «delante 
de todos los mandarines, que es cosa jamás vista ni leí- 
da» (34). 

Cuatro veces más le dió el cruel juez el tormento de 
los tobillos. 

«Después le azotó cruelmente con una caña de un 
geme de ancho y un estado de largo; y no contento con 
esto, por no responder a su gusto, le mandó dar 20 bofe- 
tadas con un pellejo de baqueta (35). Y en esta misma 
noche, estando muy postrado Antonio con los dolores de 
los tormentos, pues fueron éstos tales que le lastimaron 
los huesos, se le apareció Sr. San Pedro, y pasándole la 
mano por ambas piernas, le quitó el dolor y lo dejó 
consolado en su prisión y trabajos. Pues a no ser así, hu- 
biera quedado baldado, por no haberse dado semejantes 
tormentos ni a ladrones famosos, ni aun a traidores, como 
afirman aun los mismos gentiles. Y aun en aquellos días 
se admiraban de que viviese después de haberle dado cin- 
co veces tormentos, treinta azotes, muchas bofetadas, dor- 
mir en el suelo ligado de pies y manos y garganta con 
cadenas. Mas tenía buena protectora que lo socorriese, 
que es María Santísima, cuyo rosario rezaba muchas ve- 
ces al día en su calabozo; y aun cuando estaba delante 
del mandarín postrado en tierra, como estilan en este 
imperio los reos, o recibiendo algún tormento, estaba 
rezando el rosario; y viendo los satélites que no daba 
grito en los tormentos, decían: «A éste no le duele», y 
procuraban apretarle más la mano, para que no dis- 
curriera el madarín habían recibido plata para dar los 
tormentos más suaves. Mas otros que le veían con el ro- 



(34) ibid. 

(35) Ibid., N.° 36. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



247 



sario rezando, decían: él está rezando al Dios de los cris- 
tianos para que no le duela mucho» (36). 

Temiendo el P. de la Cruz que muriera a consecuencia 
de tantos y tan crueles tormentos, dijo al P. Sáenz que le 
diese el hábito de la T. O. de Sto. Domingo, que él había 
pedido. «Hízolo así el P. Fr. Francisco; de lo que quedó el 
buen Antonio muy consolado y fervoroso, cumpliendo en la 
cárcel con todas las obligaciones de tercero» (37). 

Prendieron también a una cristiana, por nombre Mar- 
garita, quien, respondiendo que no sabía en dónde estaba 
su marido Domingo, le dieron varias veces el tormento do- 
lorosísimo de los dedos, y la encerraron en la cárcel. 

El día de San Andrés Apóstol salió Antonio con los dos 
misioneros para Foochow. 

«Estando ya junto al pueblo de Aupua, salieron ma- 
dre, esposa y hermanas y el hijo de Antonio a despedirse 
de él con los afectos que se puede discurrir en tal cir- 
cunstancia. Sensible golpe, por cierto, para la naturaleza, 
aunque glorioso para la fe y para la gracia. Por ser biso- 
ño nuestro buen casero Antonio en semejantes pugnas, 
cualquiera discurriría que el ver se despedían de él ma- 
dre, esposa y hermanas le sacaría a lo menos el amor de 
su sangre las lágrimas a sus ojos. Mas no fué así, sino que, 
triunfando de la naturaleza la gracia de amor de carne y 
sangre, el de Dios y su fe, hecho roca a tan soberbias olas 
como sobre él vinieron, les dijo las siguientes palabras, 
que pueden servir de norma a los más provectos y vete- 
ranos en la espiritual milicia de la cristiana fe: «No te- 
néis que llorar (así les dijo) ni que sentir mi ausencia, 
mis trabajos y muerte, si me la dieren, porque yo ya he 
renunciado de vosotros por Cristo. Mi casa, familia y pa- 
tria está en el cielo. A ésta aspiro, ésta deseo y por ésta 
se abrasa en ansias mi corazón. Quedaos con Dios, abra- 
zad la virtud, vivid como cristianos y haced obra para 
que nos veamos arriba, pues todo lo del mundo es vanidad, 



(36) Ibíd., N." 37. 

(37) Ibid., núm. 49. 



248 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



es locura y pasa como sombra.» Asi se despidió de los su- 
yos el valiente soldado de Cristo Antonio, causándome a 
mí no poco rubor que así se nos adelanten los neófitos en 
el amor de Dios y menosprecio de todo cuanto el mundo 
ama» (38). 

En la cárcel de Foochow encontraron a Esteban Chang 
Chiochi, que había acompañado al P. de la Cruz desde 
Manila a Aupoa y se había vuelto a Fulingcheu, donde 
residía con su familia. Allí le prendieron los esbirros, dan- 
do no pequeños sustos a los cristianos y misioneros (39). 

El 11 de diciembre dieron el tormento de los tobillos a 
Antonio y a Esteban, porque respondieron que el P. de la 
Cruz no había venido con otro objeto a China que a pre - 
dicar la Ley de Dios, y que no era cierto hubiera traído siete 
cajones de dinero, como decía falsamente la acusación. 

En una de las idas a la Audiencia de nuestros heroicos 
prisioneros, encontraron a Margarita y su marido Domingo. 
También los jueces les mandaron atormentar, para que de- 
clararan contra el P. de la Cruz; pero nada pudieron con- 
seguir de ninguno de los dos valientes cristianos y les die- 
ron libertad. 

El día de San Antonio Abad leyeron la sentencia a Este- 
ban y a Antonio: al primero, de muerte, y al segundo, de 
destierro a la Tartaria (40). 



(38) Ibid., núm. 54. 

(39) «Cuando, después de haber preso a los PP. y a otros cristia- 
nos en Changcheu, vino aquí el oraen de prender al Esteban, nos 
vimos en gran tribulación ; mas Dios fué servido de que hubiese buen 
mandarín, el cual, habiendo preso a Esteban, cesó y no persiguió 
más ; y también de que el Esteban no nos descubriera en los tor- 
mentos, por el cual tenemos el consuelo de permanecer aquí para 
el bien de las almas, sin molestias de los mandarines.» P. Sierra. 
Reí. del 31 de enero de 1735.) 

(40) «El cristiano Esteban, que me acompañó a aquel reino : 
sentencia de muerte, y de muerte bien penosa, y que sólo se da en 
aquel reino a los malhechores famosos, pues después de azotado con 
crueldad, lo amarran a una columna y le echan un cordel al cuello 
con un lazo, y dos verdugos le aprietan hasta que llegue al ultimo- 
trance, y, después, aflojan ; y estando ya el paciente algo en sí, vuel- 
ven a apretar el lazo, y esto lo hacen nueve o diez veces, hasta que lo 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



249 



Antonio, a quien en document03 posteriores vemos en la 
cárcel con su buena esposa María, estaba hecho un fervo- 
roso apóstol, enseñando la doctrina a sus compañeros, los 
presos; bautizando a no pocos por él convertidos, y muy 
contento; lo mismo que su mujer (41). No lo estaba menos 
Esteban (42). 

La sentencia de muerte para Esteban y la del destierro 
a la Tartaria de Antonio y su esposa María, dada por los 
tribunales de Foochow, fueron aprobadas por el empera- 
dor (43). 

Muerto, mientras tanto, el emperador (1735), su suce- 
sor, Kienglung, concedió una amnistía general, quedando 
libres nuestros heroicos cristianos, después de dos años de 



matan. A el cristiano Antonio dieron sentencia de destierro a la 
Tartaria, que es destierro de muerte, por ser tierra sumamente fría.» 
(Ibid., num. 68j 

(41) «Naen Antonio está muy conforme con la voluntad de Dios, 
y alegremente ha padecido y padece por su santo amor. En la cár- 
cel está hecho predicador verdadero de la Ley de Dios. Con su buen 
ejemplo y doctrina, in peñculo mortis bautizó una niña en la cárcel, 
y se fué a gozar de Dios, y lo mismo hizo con un indio en la Isla 
Hermosa, y le puso por nombre Antón. También bautizó a un in- 
fiel, ya instruido en la fe, al cual le hubiera dilatado más el santo 
bautismo, pero el pobre, temiendo la sentencia de muerte, instó 
para que le bautizase tanto, que le bautizó y le puso el nombre de 
Demingo: y después no lo sentenciaron a muerte y está acabando 
cié enseñarle la doctrina. También tiene otros dos catecúmenos de 
Isla Hermosa que están presos. Todos lo miran con buenos ojos, 
y su mujer, María, también está muy conforme con la voluntad de 
Dios. Piden ambos que su hijo Pedro, que ahora tiene siete años, 
sea llevado a Manila para que estudie y sea religioso nuestro ; y 
también han pedido hábitos de la Orden, y que un hombre, en nom- 
bre de Antón, y una mujer, en nombre de María, hagan profesión 
de la tercera Orden. Enviaron su hijo Agustín con las cartas de 
Manila, y simul pidiendo prestado o por amor de Dios la plata que 
pudiesen los cristianos para ayudar a rescatar su destierro a la 
Tartaria. Dorque había llegado (noticia) orden del emperador conce- 
diendo a los que tenían sentencia de destierro el rescatar su des- 
tierro.» (P. Sierra. Reí. del 15 de enero de 1735.) 

(42) «El Esteban también está muy conforme con la voluntad 
de Dios y en dar la vida por El, y ayuda al Antón a enseñar la doc- 
trina; y siendo por los mandarines preguntado qué hacían los cris- 
tianos, los respondió que guardar los Mandamientos de Dios ; y rezó 
los diez Mandamientos, con lo que tapó la boca a los ministros de 
Satanás, y no tuvieron qué responder al Esteban.» Ubid.) 

(43) Royo. Reí. del 29 de enero de 1735. 



250 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



cárceles y martirios sufridos por la fe con el mayor he- 
roísmo (44). 



IV 



FRUTOS DE LA LABOR EVAGÉLICA. 



Pese al furor de la terrible y prolongada persecución y 
de estar desposeídos de todas sus iglesias, los c3losos y es- 
forzados misioneros, no sólo pudieron conservar en gran 
parte a sus neófitos en la fe, sino regenerar muchos con las 
aguas del bautismo (45). 

Carecemos de datos completos de las conversiones y bau- 
tismos durante este tiempo. Sin embargo, por algunas es- 
tadísticas, podemos darnos cuenta del trabajo sobrehumano 
llevado a cabo por nuestros misioneros en medio de tan 
deshecha tempestad (46). 



(44) Serrano. Reí. del 27 de enero de 1736. — Sierra. Reí. del 21 
de febrero de 1736.— Royo. Reí. del 16 de febrero de 1736. 

(45) No quiere decir esto que no hubiera habido apostasías, como 
ya hemos visto, especialmente por temor a los tormentos. Y aun 
hubo dos pueblos constituidos casi por completo de cristianos que, si 
no apostataron, cayeron en un cisma parecido a los de Corinto, de 
que nos habla San Pablo en su primera carta a los cristianos de esa 
ciudad. Tales fueron los de Kessen y Kitung, debido a la conducta 
deplorable de los PP. Matheu, Blas y Arribas, quienes, habiéndose 
puesto locos, fueron causa de tanto mal. Los principales cristianos 
revoltosos fueron los de Kitung; en total, «cuatro o seis, con un 
buen número de Beatas y otro mujeriego» (Royo, Reí. del 3 de marzo 
de 1732). Serrano, en una del 25 de febrero de 1732, da esta descrip- 
ción de los cristianos del pueblo de Kitung: «Este pueblo de Kitung 
ha sido y es el azote de esta cristiandad. Son muy soberbios porque 
tienen bienes de fortuna; aunque de mala fortuna para ellos, por ser 
usureros». Y mas adelante continúa : «El origen de estos cuentos 
(del cisma), según el concepto que tengo hecho, más fué locura que 
otra cosa. Pues así el juez, que fué el P. Arriba, como el reo, que fué 
el P. Pablo Matheu, ambos a dos se declararon luego locos, y locos 
los han llevado a Manila.» Los de Kesen se dividieron en dos ban- 
dos, y hubo no pocos alborotos por no convenir en dónde se había 
de edificar una iglesia. 

(46) Para que se pueda apreciar mejor el trabajo de los misio- 
neros, veamos cómo el P. Royo describe la situación religiosa de en- 
tonces. «Al presente sólo nos hallamos en esta misión cuatro religiosos 
de la Orden, sin contar otro Padre italiano enviado por la Sagrada 
Congregación de Propaganda que está en provincia distante. Pade- 
cemos bastantes trabajos por la prolongada persecución en que se 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



251 



Escribe el P. Sierra: «El número de los que tengo bau- 
tizado, asi adultos como párvulos, es grande, como consta 
por los libros de Bautismo de Moyang, en donde empecé 
a eximir mi ministerio, de Fogán, de Funigcheu y de Lo- 
yuen y Ningte, los cuales no tengo a mano. Acerca del 
número de los pecadores convertidos desde que llegué aqui 
hasta el año de 23, en Moyang sólo pasaron de 150 varo- 
nes» (47). Desde junio de 1732 hasta 1735, inclusive, bau- 
tizó el P. Sierra, entre adultos y párvulos, 397 (48). Este 
mismo misionero trae una estadística muy detallada de los 
distritos y pueblos a ellos pertenecientes en donde había 
cristianos (49). 



cuentan trece años. Las iglesias, luego desde el principio, nos las 
usurparon, que al presente las más o han vendido o derribado. Por 
lo que vivimos en casas particulares de los cristianos con suma cau- 
tela para que gentil alguno no nos vea, so pena de que nos cojan o 
den aviso por sí o por otros a los Gobernadoies. Y asi nuestras 
caminatas para administrar los santos Sacramentos son de noche; 
a veces en barcos, por brazos de mar o ríos, con pasos peligrosísimos. 
A veces por montes más ásperos que yo anduve y vi en nuestra 
Europa. Y estos muy poblados de voraces y carniceros tigres. De 
modo que. en saliendo de casa, vamos siempre, como suele decirse, 
con el Credo en la boca. Ni tanta cautela basta para que muchas 
veces no seamos acometidos de otras fieras, peores que tigres; esto 
es, de los gentiles ; que, unos por el odio que nos tienen, otros por 
venganzas de algunos cristianos por sus cosas particulares, otros 
por parecerles que por esta vía pueden obtener alguna plata, nos 
han dado algunos avances, solicitando el cogernos; y hasta ahora 
siempre el Señor nos ha librado de sus manos ; aunque a todos 
nos han sucedido lances bien apretados. En cuanto al fruto que se 
hace, no es tanto como quisiéramos, porque los cristianos consterna- 
dos con tanta persecución, privados de sus iglesias y de no percibir 
el pasto espiritual ni gozar de la presencia de sus ministros con la 
frecuencia conveniente ; y lo principal por estar en este reino muy 
enseñoreadas aquellas tres reinas madrastas de todo lo bueno, que 
apunta San Juan en su epístola 1» cap. 2 : Concupiscentia carnis, 
concupiscentia oculorum ei superbia vitae, están algo desmedrados, 
según su fervor antiguo. No obstante, con el favor del Señor se van 
manteniendo y hay muchos buenos ; y por fin hacemos lo que 
podemos, y no lo que queremos, para su manutención. A más de esto, 
se bautiza tal cual gente.» Royo (Reí. del 9 de enero de 1736.) 

(47) Sierra. Reí. del 23 de febrero de 1733. 

(48) Sierra. Memoria que por orden de Ntr. P. Provincial, Fr. 
Diego Sáenz hago de los que tengo bautizado en esta Misión desde 
que vine a ella.» 

(49) Por ser esta estadística tan interesante para los misioneros 
actuales, vamos a transcribirla, en parte, en esta nota ¡ «En el pueblo 
de Moyang tenemos dos iglesias, y otra en la otra banda del río; a 
este pueblo pertenecen los cristianos de Kan-kia-pan. de Cu-kia-pan, 



252 



JOSÉ MARÍA GONZALEZ 



El Bto. Alcober nos da una estadística de los pueblos 
que estaban a su cuidado y los sacramentos administrados 
por él en el año 1734 (50). 



de Vu-lung-chien, de Sy-keng, de Kao-tai, de Kia-chu, de Nan-yang, 
de Pan-teu y de Cho-kia-pan y de Heu-yang; todos juntos, es el 
mayor número de todos los demás pueblos. En el pueblo de Lieu-yang 
está la iglesia de San Jorge, allí conté 70 cristianos y 71 gentiles; 
a este pueblo pertenece una casa de cristianos de Vueng-yang. En 
Sang-yang está la iglesia de San Pablo Apóstol. En este pueblo no 
hay templo del diablo y casi todo es de cristianos, y los gentiles no 
son malignos. A este pueblo pertenecen los cristianos de Pan-teu-chag, 
de Li-chung, de Ky-pe-yang y de Lao-lung, y de Yang-kia-ping. To- 
dos juntos es buena y crecida cristiandad. En Kichieng está la iglesia 
en San José. Aquí tampoco tiene templo el diablo, casi todo es de 
cristianos. A este se juntan los cristianos de Fung-lung, de Xan-gan, 
de Yan-teu y de Iosieu. Todos junos, son buena y crecida cristian- 
dad. En Sy-in está la iglesia de San Pedro Apóstol. Este pueblo es 
de diez casas y todos cristianos, y no hay templo del diablo. Ahora 
hay algunos gentiles que plantan añil. En Lokia está la iglesia de la 
Asunción de Nuestra Señora. Aquí tampoco tiene templo el diablo. 
Este pueblo está dividido en dos partes. En la parte donde está la 
iglesia, todos son cristianos, menos dos hombres y tres mujeres. A 
éste se juntan los cristianos de Lien-sieu, de Au-lao, de Nan-gan, de 
Chang-keng, de Siao-leu, de Ta-leu y de Xang-hoan. Esta es buena 
y crecida cristiandad. En Kuong-tang estaba la iglesia de Santa Ma- 
ría Magdalena. Son pocos los cristianos y difícil el socorrerles por- 
que son malignos los gentiles de aquel pueblo y enemigos de la Ley 
de Dios. A éste se le juntan los cristianos de Cheng-pan y otros de 
Cu-yang, que también es mal pueblo, y antes pertenecía al ministro 
de Fogán. En Tingteu esta la iglesia de N. P. Sto. Domingo. A este 
pueblo pertenecen los cristianos de Ao-mui-xan, de Ky-su de Siu- 
kia-tang. de Hia-vuan, de Puon-xu, de Moey-yang y de Hai-poei. To- 
dos juntos, es buena y crecida cristiandad. Estos últimos anexos 
pertenecían antes al ministerio de Fogán. Otros cristianos hay es- 
parcidos por otros pueblos. En la ciudad de Fo-ning-cheu, intra y 
extramuros, hay buena cristiandad, la cual se iba aumentando, pero 
después que el año 28 estuve allá, no ha ido ministro allí, pues el año 
de 29 no pude ir, y vino la sobrepersecución y tan cruel. El mismo 
de 29 por no poder yo ir, fué el P. Serrano a la cristiandad de 
Che-yang, que pertenece a Fo-ning-cheu. En aquellas partes hay 
cristianos en Che-yang, en San-chien, en Che-san, Nan-ga, en Tie- 
chiang y en Hoang-pe ; y es buena cristiandad. También hay cris- 
tianos en Noang-keng, en Lan-hia y en Chin-kiao. Aquí hay un ora- 
torio de Santa Teresa, en el camino del Oriente ; y en el del Sur hay 
otras casas de cristianos, y no puedo ir a socorrerles. En la villa de 
Loyuen no llega la cristiandad a la de Fo-ning-cheu; y en la de 
Ning-te son menos. De esas dos villas cuidaba un ministro. Hay cris- 
tianos en Vuan-yao, en Hoan-xa y en Pe-xui, y en la ínsula Chien-xu. 
También hay en otros pueblos. Para cumplida noticia en común, digo 
que el ministerio de intramuros de Fogán tiene también el cuidado 
de los cristianos de Hoang-ho, de Ky-ping, de Pe-xa, de Yang-teu, 
de Ky-pien, de Ky-tung, de Lingteu, de Tan-teu, y de Hiayang. Aquí 
hay iglesia. También están los leprosos de intramuros y otros cris- 
tianos». Sierra. (Reí. del 25 de febrero de 1733). 

(50) Alcober: «Noticias de la cristiandad que está a mi cargo y 
de algunos casos sucedidos en ella», escrita el año 1735. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



253 



«El P. Fr. Eusebio Oscott. dice, siendo Vicario Provin- 
cial, me encargó de la administración ue ios pueblos 
Moyang, Xokia-pan, Kang-kia-pan, Kay-cho, Sy-keng, 
Makang, Hia-yang y Lieu-yang. La cabecera es Moyang, 
donde hay una hermosa y grande iglesia para los varo- 
nes (al presente sirve a los soldados de cuerpo de guardia 
y a los mandarines de hospedería) y otra, también her- 
mosa, para las mujeres. Habrá en dicho pueblo seiscien- 
tos cristianos adultos y trescientos párvulos. Confesiones 
y comuniones anuales serán trescientas, poco más, por- 
que los más de los varones no pueden entrar con dichos 
Sacramentos. 

»En Xo-kia-pang, Kiang-ka-pan, Vu-lung-chieng, ha- 
brá trescientos cristianos. Confesiones y extremaunciones 
anuales, ciento cincuenta. En Sy-keng, Ma-keng, Hia- 
yang, habrá sesenta cristianos; de éstos, algunos vienen 
a Moyang a confesarse. En Lieu-yang, habrá cien cris- 
tianos; tenemos iglesia, seis años ha que no convidan 
Padre por temor de los gentiles, que son perversos. Pero 
muchos bajan a Moyang a cumplir con la Iglesia. El año 
pasado bauticé veinte adultos y ciento veinticinco pár- 
vulos.» 

También se conserva otra del Bto. Serrano de la admi- 
nistración de su distrito el año 1634, que dice: «En el año 
próximo pasado de 34, en este ministerio que está a mi car- 
go, ha habido seiscientas y setenta confesiones. Bautismos 
de párvulos y adultos, ciento cinco» (51). 

Otra muy detallada del distrito de la administración del 
Bto. Royo, perteneciente a 1732, de la que, por ser muy ex- 
tensa, damos un extracto. Residía en Moyang con el Bea- 
to Alcober por causa de la persecución. 

Según el santo Mártir, su distrito comprendía desde Mo- 
yang hasta Lo-kia, inclusive. Los pueblos están casi todos 
situados a las orillas de los ríos, y los enumera por el si- 
guiente orden: Yang-kia-pan, en donde hay dos o tres fa- 



(51) Serrano: «Lista de los bautismos y confesiones en la villa de 
Fogán y sus pueblos anejos del año de 1734.» 



254 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



milias cristianas. Vu-tu, pueblo todo de gentiles, en donde 
bautizó a una vieja. Song-yang, «donde tuvimos una igle- 
sia nueva y hermosa, que aún persevera, aunque no nos 
sirve (52), y sólo hay dos o tres casas de gentiles, que a la 
hora de la muerte casi todos se bautizan». Hay (en Song- 
yang) 30 familias cristianas, y el año 1732 hubo 130 comu- 
niones. Pau-leu-chan, había siete familias emparentadas de 
letrados resfriados y algunos apóstatas. Tien-hung, con 30 
cristianos. A una legua de este pueblo hay tres o cuatro 
familias cristianas. Kichien (Kesen), con 35 familias; hubo 
100 comuniones. Sy-in, en donde aún existe la iglesia. Por 
el camino a ese pueblo hay otros varios pueblos, con seis 
o siete familias cristianas. Sy-in tiene 12 familias cristia- 
nas y algunos gentiles forasteros. Hubo 46 comuniones. 
Hung-keu, en donde hay cuatro o cinco familias cristianas. 
Fun-lung, con cinco familias cristianas. Hoa-gnian, hubo 
veinte confesiones y ocho bautismos de párvulos. Lien-seu, 
hay oratorio, que un cristiano hizo en su casa; hubo veinti- 
cinco comuniones. Lokia de afuera, con 40 familias cristia- 
nas y una sola de gentiles; aún existe iglesia. Hubo ciento 
diez comuniones (53). Lokia de adentro, hubo 24 comunio- 



(52) Edificó esta iglesia el P. Sierra, quien escribe : «La que levan- 
te (la iglesia) en el pueblo de Songyang» (Reí. del 6 de marzo 
de 1730i. 

053) «En este mismo pueblo el año de 29 hubo un demonio, o 
muchos, que infestó por espacio de dos meses a la casa de un cris- 
tiano, Lo Antonio, el que años había no se confesaba. Otros PP. que 
allí estuvieron le persuadieron que se confesase, y lo hizo y perseve- 
ra, aunque me parece no tan agradecido a Dios como debiera. El 
demonio le volcaba las tinajas, derramándole el vino que había, echán- 
dole suciedades en el carajai, la ropa de la cama la hacía tiras como 
si las cortara con tijeras, le desaparecían las cosas, sacando algunas 
de la caja, sin abrir el candado ; metió fuego en un petaca en que 
había una imagen de Nuestra Señora, y la quemó las márgenes y 
compostura por varias partes, sin que el fuego llegase a la pintura. 
Los niños estaban sentaditos por allí, y el diablo les hacía pedazos 
los vestidos, oyéndose el ruido; y también les daba golpes, con otras 
insolencias, por lo que mudaron tus alhajas a la casa de dos Beatas, 
y allí también trastornaba sin dañar. Tenía yo por este tiempo avi- 
sado al pueblo se dispusiese, que luego iría a confesarles, y a la sazón 
que el demonio más molestaba, estaba yo acabando de confesar en 
Sang-yang. Antonio me envió a decir con Lo Nicolás fuese allá luego 
por amor de Dios. Respondíle que acaso el diablo por esa vía quería 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



255 



nes. Nang-an, ocho o nueve familias cristianas. Hubo 30 
comuniones. Chang-cheng, con cinco familias cristianas; 
hubo 25 comuniones. En frente de Lo-kia hay varias fami- 
lias cristianas. Xan-hia, por otro nombre Cheng-puong, 
hubo diez comuniones y algunas confesiones.» 

Los bautizados que aparecen en el Libro de Bautismos 
de Moyang, desde 1715 hasta principios de 1733, pasaron 
de 2.000. Hay que añadir a éstos los bautizados por los 
PP. Bas y Arriba desde el año 1721 hasta su salida de la 
Misión. No ha visto el P. Royo los Libros de Bautismos de 
Fogan, Foning, Loyuen y Ningte; ni los de Chiangchiu, 
Chekiang y Kiangsi (54); ni los bautizados por los Padres 



estorbar que los que faltaban en Sang-yang no se confesasen aquel 
ano ; que esperase en Dios y tuviese paciencia unos tres o cuatro 
días, que luego iría. Dile también a Nicolás un agnus de N. S. P. Be- 
nedicto, y otras reliquias, encargándole que las pusiera en casa de 
Antonio ; y que, en voz alta, dijera al diablo : En nombre de Dios 
por estas santas reliquias, y por los méritos de su siervo Benedic- 
to XIII, te mando te vayas de aquí y no dañes a estos cristianos. 
Según se discurre, sintió mucho el enemigo la presencia de aquellas 
reliquias y el imperio de aquella voz ; porque con más furor comenzó 
de nuevo sus insolencias, naciendo grandes ruidos y estruendos, pa- 
recía que tiraba piedras a los tejados de la casa, según el ruido, y 
que había de hacer pedazo las tejas, quedando ellas enteras, y prosi- 
guió tres días; y por la noche dijo a una mozuela de la casa: Ya no 
puedo parar aquí y así me voy; y fué así. La misma noche llegué 
yo al pueblo; de allí a algunos días bendije la casa, conjuré al dia- 
blo y dije misa, y no apareció más el enemigo» (Royo, Reí. del 27 
de febrero de 1733). 

(54) Con fecha del 8 de abril de 1734, contestaba el Bto. Sanz 
a una carta que le había escrito el P. Felipe Simonelli, S. J., fechada 
en Sing-tung el 8 de marzo anterior, en la que le dada cuenta de 
la casi completa desaparición de la cristiandad de Kiangsi. Le pro- 
ponía también algunas dudas. El Bto. Sanz, habiendo consultado 
antes con el P. Comisario de los PP. franciscanos, el P. Fr. Juan 
Bautista Orduño. le respondió que no se acobardase de lo que estaba 
sucediendo con dicha cristiandad, sino que se animase para fundarla 
de nuevo, «non (¡edificando supra arenam rituuni gentilium, sed supra 
firmam petram Christum». Y más adelante: «Debernus igitur, Rde. 
Adm. Pr.. si sinensem Ecclesiam bene aedificare optaverimus, prius 
evellere destruereque omnes, quicumque sint, sinarum errores, eorum- 
que disperdere necnon radicitus, dissipare caerem.onias atque ritus su- 
perstitiosos; quibus ómnibus eradicatis, Jirmum postea aedificium 
exurgere poterit, Deo Praesertim, ut sperare debernus, nobiscum coo- 
perante, proficiente et incrementum dante. Id docet Jeremías Pro- 
pheta, insignis Ule missionarius, qui Deum sic de seipso loquentem 
inducit: Ecce constituí te hodie super gentes et regna ut evellas et 
destruas et disperdas et aedifices et plantes. En prius ut patet, evel- 
lendum et destruendum asserit; dein vero aedificandum et plantan- 



256 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



de la iglesia de San Pío V, de Cantón. Mientras el santo 
mártir estuvo en Kiangsi y Chekiang (1717-1723) bautizó 
100, y otros 60 sus cristianos. De ellos eran unos 60 adul- 
tos, que «vueltos a sus tierras, donde los Padres de la Com- 
pañía tenían iglesias, muchos persuadieron a sus familias 
y parientes, y allá, según me contaron, se bautizaron bas- 
tantes. De los 2.000 y más bautizados en Moyang, como unos 
500 eran adultos». 

En otra estadística, firmada en Moyang el 17 de febrero 
de 1735 (55), nos da el mismo Bto. Royo los siguientes da- 
tos: «Confesaron 587 cristianos, de los que comulgaron 528. 
Bauticé a los 18 adultos, más bauticé 68 párvulos.» Sigue 
hablando de otros bautismos y conversiones raras de algu- 
nos apóstatas, etc. 

En resumen, recopilando las cifras de las cinco estadís- 
ticas citadas, que son incompletas, administraron los Pa- 
dres Sierra, Serrano, Alcober y Royo, en unos dos años, 
743 bautismos de adultos y párvulos; 2.082 confesiones y 
comuniones; a los que habría que añadir la administración 
de otros sacramentos, como los del matrimonio, extremaun- 



dum. Quia nisi, inquit divus Gregorius, perversa destrueret, aedificare 
utiliter recta non possit.» Esta interesantísima carta del Bto. Sanz, 
que se halla en el Archivo de la Universidad de Sto. Tomás de Ma- 
nila, lleva este título: «Exemplar epistolae illmi. et Revmo. Domini 
Dni. Petri Martyris Sanz, Ordinis fraedicatormn, Episcopi Mauricas- 
trensis, Vicarii Apostolici in provmcia Fokien¿ et Administratoris Apos- 
toiici in adjacentibus provinciis Che-kiang et Kiang-sy in imperio 
Sinarum. Huic epistolae occasionem dedere quaedem dubia et qnaesita 
circa ritus et caeremonias sinenses ad Adm. Rev. Pire. Philippo Si- 
monelli, Societatis Jesu, proposita per suam epistolam ad Illmnm. 
Praesulem scriptam, cui rescripsit ut sequitur.y> Fué gran lástima que 
se perdiera esta Misión ; y la causa fué, sin duda, por falta de misio- 
neros y por la grande y continua persecución. Nuestros misioneros, 
además de ser pocos, no podían administrarla por la mucha distancia 
con eme estaba de Fukién, en donde ello.; residían, y por impedírselo 
la misma persecución. Bien pudo ser que fuera parte en la desapari- 
ción de esa cristiandad la introducción en ella de los ritos chinos, 
como parece indica el Bto. Sanz en su carta. 

(55) Royo, «.Lista de las confesiones, comuniones y bautismos que 
administré en los pueblos de Sang-yang, Ky-chien, Lokía, Sy-in y otros 
pueblos y caseríos pertenecientes al ministerio de mi cargo en el 
año 1735». 




Caita del Bto. Serrano al P. Provincial, fechada el 29 de 
marzo de 1742. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



257 



ción, etc., lo cual supone un trabajo gigantesco en tiempo 
de deshecha persecución. 

'-u .V !u - Tbi&X-''- * . i Val * undíí MJKi o 

IGLESIAS ARREBATADAS A LOS MISIONEROS. 

Veamos el paradero de las iglesias arrebatadas a los mi- 
sioneros. Escribe el P. Alcober: «El año pasado (1731) ven- 
dió el mandarín de la ciudad de Foningcheu nuestra igle- 
sia en 300 y más taeles, y esta plata la aplicó al servicio 
del emperador. El mandarín de la villa de Fogán vendió 
la iglesia de los hombres y la de las mujeres en 500 taeles; 
también vendió la iglesia del pueblo de Ki-tung en 90 tae- 
les; la compró el letrado leproso arriba mencionado. Esta 
iglesia de Moyan no ha habido quién la compre, porque 
vale mucha plata. Ahora está hecha cuartel de soldados. 
Solamente la he visto por fuera a medianoche y corriendo, 
que así se anda las más de las noches; pero me ha parecido 
muy hermosa» (56). 

Con respecto a las dos, de hombres y mujeres, también 
de Moyang, escribe el mismo santo mártir: «Ha venido 
nuevo mandarín a esta villa de Fogán; dicen que es hom- 
bre feroz. Ya el mandarín de Letras le han metido memo- 
rial para derrivar estas dos iglesias de Moyang — las únicas 
que nos quedan en pie de todas nuestras cristiandades — , 
con designio de llevar los materiales a la villa (de Fogán) y 
hacer con ellos escuelas de Confucio» (57). 

También habla el P. Sierra en algunas de sus relaciones 
de algunas derribadas: 

«Han intentado, dice, derribar y vender las iglesias, 
de las cuales el año de 30 fué derribada la de intramuros 



(56) Alcoeer, Reí de 20 de febrero de 1732. 

(57) Alcober, Reí. de 19 de febrero de 1836. 



17 



258 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



de Fogán y sus materiales empleados en levantar un tem- 
plo del diablo y en componer la Audiencia del Hien- 
kuong; y el solar fué vendido a un gentil, y su precio 
gastado en un reparo de piedra que el Hien-kuang hizo 
en el rio para librar a la villa y su arrabal de inundación. 
En el mismo se gastó el precio de la iglesia de Nuestra 
Señora de intramuros de la misma villa y el de la iglesia 
de Ky-tung, las cuales compraron los cristianos. Todo 
esto hizo el mandarín Chieng Lao-ye. La iglesia de Kuong- 
tang fué destruida por los infieles del mismo pueblo, los 
cuales, después de haber vendido los materiales y gastado 
la plata de ellos, hicieron huerta del solar. Cuando lo supo 
el mandarín fué allá, prendió a cuatro o cinco gentiles 
y los azotó, mas no sé que les sacase la plata de los ma- 
teriales. También han intentado derribar la iglesia de 
Sang-yang y vender las de Moyang; pero, hasta ahora, 
no se ha ejecutado. La iglesia de Loyuen la compró un 
gentil y habita en ella. También tengo oído que han ven- 
dido la iglesia de Nuestra Señora de intramuros de Fo- 
ning-cheu y la de Cheyang, perteneciente a la misma 
ciudad. Fueron ocultas a los mandarines, pero Antón Yeu 
Lun-zu el año de 30 las vendió y se hizo dueño de la plata; 
después murió el miserable, y será difícil que sus hijos 
quieran restituir» (58). 

El mismo P. Sierra escribe: «El mes pasado de enero 
derribaron la iglesia de este pueblo de Ky-chien.» Y más 
adelante añade que habían derribado la iglesia de Song- 
yang, que él había edificado, y que sus materiales los ha- 
bían llevado a la villa de Fogán para, juntamente con Ios- 
materiales de las dos iglesias de allí, levantar una Audien- 
cia y componer otras. «Decían también querían derribar la 
iglesia de Lo-kia y las de Moyang; pero el Hienkuong no 
puede proseguir en ello, porque ha sido depuesto del go- 
bierno, y ha venido nuevo Hien-kuong, y espero en Dios 
no hará como su predecesor» (59). 



(58) Sierra, Reí. de 23 de febrero de 1733. 

(59) Sierra, Reí. de 21 de febrero de 1736. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



259 



VI 

FORMACIÓN DEL CLLitO INDÍGENA. 

La necesidad del clero indígena en este tiempo, sobre 
todo, de persecución, salta a la vista, y más habiendo tan 
pocos misioneros extranjeros. Recuérdese la gran obra del 
indígena P. Gregorio Lo — más tarde, el primer Obispo de 
nacionalidad china — en tiempo de la gran persecución de 
1664 y años siguientes, suscitada por Yan Kuang-sien. Otro 
tanto hubieran hecho ahora sacerdotes chinos si los hu- 
biera habido, ya que hubieran pedido pasar desapercibidos 
de los perseguidores por ser de la misma raza. 

De esta gran necesidad estaban convencidos Roma y los 
misioneros. Pero se ofrecían grandes dificultades, no siendo 
la menor la falta de medios materiales. 

Exponiéndola y pidiéndole pusiera los medios conducen- 
tes, escribía el Bto. Sáenz al P. Provincial: 

«La Sagrada Congregación de Propaganda Fide encar- 
ga mucho a los Vicarios Apostólicos el cuidado de hacer 
estudiar y ordenar a los chinos, por el fruto que se espera 
han de hacer en este reino; y los que al presente hay son 
doce; seis clérigos y otros tantos de la Compañía. Muy 
fácil le sería a la Provincia criar en los Colegios que tiene 
algunos chinos cristianos, como lo hacen los señores clé- 
rigos franceses en su Seminario de Siam con mucho apro- 
vechamiento de estas Misiones; y no dudo que poniendo 
el cuidado que se debe en enseñarles se aficionarán a re- 
cibir nuestro sagrado hábito, y podían ser muy útiles 
para trabajar en las Misiones que la Orden tiene en Chi- 
na, máxime en tiempo de persecución. Y por no tener 
ahora sacerdotes chinos quedan sin ministros las cris- 
tiandades de Chekiang y Kiangsi, que, por disposición de 
Roma, pertenecen a mi cuidado hasta que tengan Vicarios 
Apostólicos. Y si dura mucho esta persecución, corre pe- 
ligro de perderse aquella cristiandad. Ni me parece mo- 
tivo suficiente para no admitir a los chinos el que uno u. 



260 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



otro se malogre; pues si a esto se atendiese, ninguna 
cosa podríamos ejecutar, pues en todas se ofrecen mil 
dificultades que vencer. Fuera de esto, si el Señor se digna 
de aumentar nuestras cristiandades, no bastan los reli- 
giosos que la Provincia puede enviar. Con que es pre- 
ciso que un ministro solo cargue con el trabajo que de- 
bían llevar muchos. De que se sigue, o que con el de- 
masiado peso caiga en tierra, o que no pueda cumplir 
bien con su oficio. Ruego, pues, a V. Rma. que, considerada 
la penuria que padecemos de ministros y la conveniencia 
que esperamos para el cultivo y conservación de nues- 
tras cristiandades, se sirva de dar las providencias nece- 
sarias para que de nuestras Misiones enviemos a Manila 
algunos niños cristianos; que espero en Dios no ha de ser 
muy difícil, pues, pasan a Siam. A todos es patente el fruto 
que hizo el D. Fr. Gregorio López, corriendo las cristian- 
dades de la China en la persecución de Yang Kuang-sien, 
cuando todos los misioneros estaban desterrados a Can- 
tón. San Francisco Javier, escribiendo a la Compañía de 
Goa, dice las siguientes palabras en la epístola 6 del libro 
3 de sus cartas familiares, exhortándoles a que admitan 
chinos en su Colegio, por el fruto que el santo esperaba 
coger en este reino: «Jam collegii alumni ut maximam 
partem Sinae, aut japones sint, cúrate; eos bonis mori- 
bus ac litteris imbuite. Equidem unde majores animorum 
fructus percipi queant quam ex Japonia ac Sinis, orbis 
terrae partem esse arbitror nullam.» Y es tan grande el 
deseo que en Roma tienen de que haya sacerdotes chinos, 
que ha venido dispensación para que se ordenen, aunque 
no tenga conocimiento de las letras europeas, como tengan 
conocimiento de sus caracteres sínicos y estén bien ins- 
truidos en la fe» (60). 

Los Superiores de Manila accedieron inmediatamente a 
Manila a buscar medios para dicho fin. El P. Provincial, 
la petición del Sr. Sanz (61). 



(60) Sanz, Reí. de 10 de mayo de 1732. 

(61) En el Consejo de Provincia del 21 de agosto de ese año de 
1732 se decidió : «Itt, a petición y proposición del Sor. Sanz se deter- 
minó en dno. Consejo el q. pudiesen venir a estudiar, entrando en el 
Coll.o. de Sto. Tomás dos o tres muchachas chinas por la utilidad q. 




El P. Juan Bautista de Santa María Fung, 
formado por los dominicos en Manila y des- 
pués mártir. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



261 



Esta carta y otras más, movieron a los Superiores de 
Fr. Jerónimo Sáenz, acudió al gobernador general de Fili- 
pinas, rogándole pidiera al rey costeara doce becas: seis 
en el colegio de Santo Tomás y otras seis en el de San 
Juan de Letrán, para seis chinos y otros tantos tunkinos. 
Así lo hizo el gobernador, remitiendo al rey una solicitud 
hecha por el procurador general Fr. Francisco Serrano, que 
contenía, en sustancia, las razones dadas por el Sr. Sanz 
arriba transcritas, y en la que pedía cien pesos para cada 
beca (62). 

El rey concedió las becas a razón de cien pesos por 
cada una, por real cédula en San Lorenzo del Escorial a 7 de 
noviembr ed 1738 (63). 



de ahí se puede seguir a nras. Miss.o.s., en especial en tpo. de persecu- 
ción, como es el presste., y lo firmaron» (Libro de Consejos, f. 28). 

(62) He aquí la solicitud del gobernador de Filipinas al rey: «El 
Brigadier Don Fernando Valdés Tamón, Gobernador y Capitán Gene- 
ral de las Islas Filipinas y Presidente de la Rl. Audiencia de Manila. — 
Por el testimonio adjunto serán manifiestos a V. M. los fundamentos 
que expone el Provincial de Sto. Domingo en esta Provincia del Smo. 
Rosario de Filipinas, pretendiendo que, a expensas de la Real Ha- 
cienda de V. M., se doten en los Colegios de Sto. Tomás y de San 
Juan de Letrán, doce becas para la educación y enseñanzas de hijos 
Chinos y tunkinos cristianos, que en edad competente se puedan sacar 
de sus reinos para dichos Colegios. 

»Los buenos efectos de esta pretensión se hacen innegables a todos 
los que tenemos la cosa presente, y aseguran los misioneros estarse ex- 
perimentando en los sujetos que de una y otra nación han educado 
en el reino de Siam los religiosos misioneros franceses. 

»Yo no puedo excusarme a informar a V. M. como lo pide el Pro- 
vincial de Sto. Domingo ; considerando qúe no será poca gloria del 
Real nombre de V. M. mantener tan a poca costa de su Real Herario 
el número de estos doce colegiales, por la gran utilidad que necesa- 
riamente se ha de seguir al adelantamiento de las cristiandades de 
aquellos reinos y las del Japón. Pues siendo nacionales los misioneros, 
atraerán con más facilidad a sus propios paisanos, persuadiéndoles la 
verdad del Sto. Evangelio en beneficio de ta incomoarable multitud de 
almas que hay en aquellos reino?. 

»Dios guarde a la C. R. F. de V. M. cuanto ha menester.— Manila 
y junio 30, de 1934.» (A. P. D., t. 269, f. 190. En los ff. 200-210 del mis- 
mo tomo hallase la solicitud del P. Serrano ; y en los ff . 210 (vuelto) 
227, los tramites seguidos por la Real Audiencia de Manila para apro- 
bar y enviar la solicitud aludida al rey.) 

(63) A. P. D., t. 269, ff. 252-254. Tanto la solicitud del gobernador 
como la del P. Serrano, con la precitada cédula real, las trae el Pa- 
dre E. Bazaco en su «Historia documentada del real Colegio de San 
Juan de Letrán, pp. 124-130. El gobernador de Filipinas y el presi- 
dente de la Audiencia de Manila pidieron al rey (29 de julio de 1748) 



262 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Ya años antes de la concesión de dichas becas, por or- 
den de los Superiores de Manila (64), habían mandado los 
misioneros algunos jóvenes de China a Manila con el fin 
de que siguieran la carrera eclesiástica y, a ser posible, re- 
cibieran el hábito de la Orden. 

Uno de esos jóvenes fué Juan Bautista Fung, quien más 
tarde había de ser glorioso mártir. El Bto. Royo elogia a 
este joven en términos encomiásticos (65). Otro era hijo del 
célebre literato, médico y fervoroso cristiano, Antonio Nien 
Tein, de quien se hizo cumplido elogio. Otro, que debía ser 
natural de la villa de Fogán, y de quien nos habla el Bea- 
to Royo, fué devuelto a su casa por ser de cortos alcan- 
ces (66). 



en nombre del superior de los dominicos, que de las doce becas dichas, 
si alguno de los estudiantes agraciados recibiera el hábito dominicano 
en el convento de Sto. Domingo, pudiera disfrutar de la misma beca 
de a cien pesos. Respondió el rey con una cédula (3 de julio de 1759), 
que accedía a la petición, con tal de que esa beca estuviese vacante 
en uno de los dos Colegios; pero que si llegaba otro joven de China 
o del Tunkín a uno de los dos Colegios, y no hubiese beca vacante, 
se le diese a éste, quitándosela al novicio. (Hállase copia en A. P. D., 
tomo 269, ff. 326-327.) 

(64) «En años pasados tuvimos carta de la Provincia en que nos 
decían enviáramos cuatro chinos a estudiar a la Manila; y en esta 
confianza enviamos ahora tres, dos de Fogán, y uno de Changcheu, 
éste es hijo de Antón. El año que viene irá el otro, porque ahora está 
enfermo.» (Serrano, Reí. de 16 de enero de 1735.) 

(65) «Estando en Sang-yang persuadí a una familia para que per- 
mitiese a su hijo y hermano el pasar a estudiar a Manila, y también 
vinieron bien en ello. Envíalo el P. Vicario Provincial acompañado con 
otro de la villa, que no le he visto la cara. El de Sang-yang se llama 
Fung Juan Bautista, hijo de padres cristianos, labradores, aunque po- 
bres, son honrados y buenos cristianos. El año de 29, en el rigor de 
la persecución, nos juntamos en su pobre casa tres Padres sin saber 
uno de otro, y todos fuimos bien recibidos y tratados con el agasajo y 
caridad que su pobreza permitía, como se avisó a la Provincia en la 
relación de dicho año; siempre he reconocido a este muchacho bien 
inclinado, cuanto lo permiten los muchos malos ejemplos que se ven 
en este reino. Aunque es ya de bastante edad, pues dicen ha entrado 
ya en el 17, creo podrá entrar bien en las ciencias europeas, porque 
desde niño se ha ejercitado en sus escuelas sínicas; cuando de ellas 
otro fruto no haya sacado por lo menos tiene ejercitadas las poten- 
cias y culta la memoria. Va con ánimo de recibir el hábito de la 
Orden a su tiempo ; y si los Prelados le juzgaran apto, volver a pre- 
dicar a su tierra.» (Royo, Reí. de 29 de enero de 1735.) 

(66) «De los dos muchachos (no cuenta al de Changchiu) que el 
año pasado iban a Manila, envió el P. Oscott al Tomasillo, sobrino 
de Juan, el panadero, porque dice no sirve, y detuvo en Macao a Juan 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



2t33 



Juan Fung entró a estudiar en el Colegio de San Juan 
<ie Letrán el 8 de julio de 1736 (67). Antes que él habían 
entrado en el mismo colegio un mestizo chino, por nombre 
José Matías Ramos (29 de enero de 1734), y otro chino lla- 
mado Francisco del Rosarn (24 de marzo de 1736) (68). 



el de Sang-yang, porque es aplicado al estudio y bien inclinado ; y 
por el mes de agosto sabía ya leer y escribir bien, y aprendía Gramá- 
tica ; y que en ofreciéndose ocasión pasará a Manila.» (P. Sierra, Reí. 
de 21 de febrero de 1736.) 

(67) «Julio.— Juan de Santa María : Chino, de edad de 17 años, 
hijo legítimo de Ambrosio Fung y de Mana Den (Tien?). Entró en 
este Real Colegio de San Juan de Letrán en 8 de este presente mes 
y año (1636). Hay una glosa que dice: Religioso de Sto. Domingo y 
Misionero de China, en donde murió Mártir.» (Nota tomada del Li- 
bro de asientos de becas. Bazaco, Historia..., p. 134.) 

El Sr. Sanz envió también al Colegio de la Sagrada Familia de 
Ñapóles, a estudiar para sacerdote, a un joven natural de Chang- 
cheu, llamado Pablo Chay, quien se ordenó de sacerdote en 1748. En 
el mismo Colegio había otros nueve jóvenes chinos siguiendo también 
la carrera de sacerdote. Tal se deduce de una carta escrita por el 
mismo Bto. Sanz al citado Pablo Chay, o Zai, firmada el 3 de no- 
viembre de 1743, y de una nota puesta a dicha carta por el propio 
Chay. El original de esta carta hállase en el Archivo Generalicio de la 
Orden, en Roma, X, 2571; y una copia en el Archivo de la Universi- 
dad de Sto. Tomás de Manila, t. 205, Folletos. 

(68) Bazaco, Historia..., pp. 132-134. 



IX 



DESDE LA SUBIDA DE KIENGLUNG HASTA LA PRISION 
DE LOS MISIONEROS (1736-1846) 



I 



MUERTE DE YUNTCHING. SUCÉDELE KIENGLUNG (1). 



A principios de octubre de 1735 bajaba al sepulcro 
el fiero perseguidor de la Ley Cristiana Yuntching, que du- 
rante los trece años de su reinado persiguió a muerte a mi- 
sioneros y cristianos. «Poco le han llorado (los chinos), pues 
estaban mal contentos de él» (2). 



(1) El emperador Yuantching, sin duda para que no se repitiesen 
las intrigas de cuando su ascensión al trono, estableció un nuevo 
modo de elección de sucesor. El nombre del elegido debía saberse sólo 
en el momento de subir al trono. Con su propia mano escribió Yungt- 
ching el nombre del sucesor en un papel, el que metido en un cofre 
sellado, le suspendió en el interior del palacio. La víspera de su muer- 
te se abrió el cofrecito, y apareció el nombre de Hung-li, su cuarto 
hijo, habido de una concubina ; quien tomó el nombre de Kieng-lung.» 
(Thomas, Histoire..., t. I, p. 406.) 

(2) Royo, Reí. de 9 de enero de 1638. — En cambio escribía el 
mismo Bto. Royo en Kienglung: «Este nuevo emperador prosigue en 
su gobierno a gran satisfacción y contento de todos sus vasallos. Es 
muy desinteresado ; les ha perdonado todo el tributo antiguo que aun 
no habían pagado hasta la mitad del último año del gobierno de su 
padre ; que es por junto una suma imponderable. Ha quitado las al- 
cabalas y otras cargas que su padre impuso. Ha publicado un decreto 
en que dice que, a los muchos particulares a quienes su padre quitó 
cualquier cargos u oficios o haciendas, les permite poner memoriales 
en su favor ; y que si después de juzgadas las materias, se hallare 
que alguno haya sido injustamente agraviado, manda se le dé plena 
satisfacción y recompensa. Por fin, en nada parece le gusta el gobier- 



266 



JOSE MARÍA GONZÁLEZ 



Sucedióle su cuarto hijo, Hung-li, que tomó el nombre 
de Kienglung, o Chieng-lung, como otros escriben. Tenia 
veinticinco años de edad (3); veintidós años dice el Bto. Se- 
rrano (4). 

El nuevo Emperador nombró cuatro regentes por con- 
sejeros, y el pueblo creyó que era con el fin de desembara- 
zarse de los negocios del gobierno de la nación para dedi- 
carse a asuntos de religión, ciencias y artes, que tal era su 
inclinación (5). 

Muchos misioneros, sobre todo los de la Corte, concibie- 
ron grandes esperanzas, hasta inclusive que devolviera las 
iglesias y la paz que su padre les había quitado. 

En este sentido se explicaba el Bto. Alcober cuando es- 
cribía: «En el año pasado avisé a V. R. cómo había muerto 
el perverso emperador que tanto persiguió nuestra santa 
Ley, y entrado a reinar un hijo suyo más benigno, según es- 
criben de la Corte, muy afecto a los europeos, y en sus máxi- 
mas muy contrario a las que su padre practicó; por lo que 
esperaban nos restituyesen nuestras iglesias y permitiese 
libre la predicación del Santo Evangelio. Lo que se ha ob- 
servado desde que éste reina es que los mandarines no per- 



no del padre, y sigue las pisadas de los antiguos. Ha dado libertad y 
perdón a todos los encarcelados, excepto a algunos de más enormes 
delitos.» Sin embargo, no se fiaba mucho del nuevo emperador, cuan- 
do añade: «Aunque todos estamos con buenas esperanzas de que el 
nuevo emperador mirará a los europeos misioneros con más benignidad 
que su padre y permitirá la predicación del santo Evangelio, empero 
hasta ahora aun no tenemos noticia de este particular.» (Reí. de 16 de 
febrero de 1736.) 

(3) Herbert H. Gowen and Joseph W. Hall, An Outline History 
of China, p. 217. 

(4) Reí. de 27 de enero de 1736. 

(5) «Aquí Suya, digo nuestro emperador Kieng-lung, la lleva aho- 
ra por la música. Todos los días entran en palacio tres misioneros a 
tocar y enseñar la familia. Peor fuera que el diablo le tentara por 
perseguirnos.» (Cf. Serrano, Reí. de 26 de octubre de 1943.) Dos años 
más tarde escribía : «En este imperio sínico no hay novedad especial. 
El emperador Kieng-lung y sus vasallos se mantienen en gran paz y 
sorna. «Aquí Suya (Kuieng-lung), más devoción le tienen al dios Baco 
que al dios Marte; y así lo pasan alegremente. Prosigue con la músi- 
ca... Sólo a los misioneros no quiere hacer gracia alguna.» (Reí. de 
14 de octubre de 1745.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



267 



siguen a los cristianos, ni menos hacen diligencia de nos- 
otros; señal fija que en la Corte se mira a los europeos con 
buen semblante» (6). 

Venía a decir lo mismo el Bto. Serrano: «Y esperamos en 
Dios, escribe, que lo ha de hacer bien con nosotros. Ha sido 
su elección a gusto de todo el Imperio, y aunque es mozo de 
veintidós años, gobierna con mucho acierto» (7). 

No abrigaba tan buenas esperanzas el tan experimenta- 
do en la política china, el Bto. Sanz, y, por desgracia, sa- 
lieron verdaderos sus augurios. Escribe : 

«Si bien en la muerte del emperador Yung-ching los 
Padres que residen en la corte de Pekín han concebido 
firmes esperanzas de poder permanecer con toda paz en 
este imperio, restituidas las iglesias, según varias veces han 
escrito. Pero todo para en esperanzas fundadas en la be- 
nignidad del emperador, que hasta ahora no se ha expli- 
cado en pro ni en contra acerca de nuestra santa Ley. 
El mayor encomio que ha dicho de nuestra religión fué en 
presencia de los bonzos, cuando, muy enojado contra ellos 
por haber quitado la vida a su padre con una medicina 
que le dieron pretendiendo hacerle inmortal, les dijo ex- 
probando su modo de proceder: «La Ley de Dios es mejor 
que nuestra secta.» Y así me persuado que cuanto hacen 
los misioneros en orden a que hemos de lograr la paz que 
tanto se desea, más son hijos nacidos de un buen deseo 
que sólidos y verdaderos; singularmente sabiendo con toda 
certeza cuán ateos y estadistas son así tártaros como chi- 
nos, que hacen burla de nuestra santa Ley y de las demás 
sectas, porque juzgan que cuanto contienen es una mera 
política dispuesta y ordenada por hombres de gran ta- 
lento para el buen gobierno de la plebe. 

»Esto supuesto, ¿qué concepto podemos hacer de la cris- 
tiandad de muchos chinos cuando hay gravísimos fun- 
damentos para pensar que sólo mueve el interés para 
abrazar nuestra santa religión? ¡Terrible cruz para los 
ministros!» (8). 



(6) José Alcover, Vida..., p. 68. 

(7) Serrano, Reí. de 27 de enero de 1736. 

(8) Sanz, Reí. de 24 de mayo de 1736. 



268 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



En realidad, a no haber sido por sus malos consejeros, 
Kieng-lung probablemente no hubiera perseguido la reli- 
gión cristiana. Era pacífico y de bello carácter, «más amigo 
de Baco que de Marte», como decía el Bto. Serrano. 

De hecho, aunque no levantó la prohibición de la reli- 
gión cristiana, decretada por su padre, no la persiguió has- 
ta 1746. 

En Pekín, sin embargo, hubo dos persecuciones contra 
los cristianos en el intervalo de dos años. La primera fué 
motivada por una acusación al emperador contra los cató- 
licos tártaros, y habiendo sido entregada esa acusación a 
los consejeros imperiales, éstos decidieron debía prohibirse 
a los misioneros de Pekín el anunciar la religión cristiana, 
y a los tártaros, el abrazarla. Fueron con este motivo en- 
carcelados algunos cristianos, intimidándoseles la orden de 
que apostatasen (9). Se cerraron las tres iglesias que los 
jesuítas tenían, y solamente quedó abierta la iglesia de la 
Propaganda de Si-tang, por no llevar el título de tal y por 
haber sido señalada como casa particular en el anterior rei 
nado, debido a no haber permitido los jesuítas se la diera el 



(9) Los cristianos salieron de la prisión simulando una apostasía, 
al firmar una fórmula bien extraña y peligrosa que un P. Jesuíta 
francés les propuso, y que era de este tenor: «Exposé (ou certificat), 
pour avertir et declarer. Maintenant, par ordre de su Majeste, on exa- 
mine s'il y a des chretiens ou non, pour declarer, la ventó sans mentir. 

»Mon je suis (ou j'ai eté) reellement chretien; il n'y a aucune faus- 
seté (dans cet aveu) ni aucune mauvaise action (dans ma conduite). 
Puis que je suis homme des bannieres (tartare), oser ais-je ne pas obeir 
a l ordre de Sa Majestél A present, je n'entrerai plus dans l'eglise, je 
n'exposerai plus les saintes images dans ma maison, je ne prendrai 
plus part aux assemblees pour reciter des prieres, je ne mettrai plus 
le sigen de la croix sur vía porte. Je suis (ou j'ai eté) reellement un 
chretian, je n'oserais le celer et n'en pas donaer connaissance. C'est 
pour cela que je la porte a votre conaissance, vous priant, Monsieur, 
d'en prenre acte.» 

Comentando esta fórmula, escribe el A. Thomas : «Les chinois 
n'ayant dans leur langue pas de difference entre le passé et le pre- 
sent, cette formule etait faite pour doner l|illusion aux officiers char- 
sent, cette formule etait faite pour doner l'illusion aux officers char- 
ordres de l'empereur; et de leur coté les chretiens se croyaient quit- 
tes, moyennant une equivoque ou une restriction mentale que la theo- 
logie catholique approuverait dificilement.» (Thomas, Histoire..., to- 
mo I, pp. 407-408.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



269 



nombre de iglesia cuando el Sr. Pedrini quiso abrirla al cul- 
to en 1725. 

Otra estalló en el mismo Pekín más tarde, al ser arres- 
tado un catequista dedicado a bautizar niños — en el artícu- 
lo de la muerte — , hijos de padres paganos. La razón fué 
por «verter agua mágica sobre la cabeza de los niños y por 
recitar unas oraciones misteriosas» . El Tribunal del Crimen 
dió orden de que se persiguiera a los cristianos sin piedad. 

Los misioneros de Pekín esforzáronse en detener este ne- 
gocio, presentando una súplica al emperador, la que envió 
al Tribunal del Crimen. 

El presidente respondió que debía destruirse hasta en suá 
raíces la religión cristiana. No siguió el emperador este pa- 
recer, sino que sólo permitió a los misioneros de Pekín prac- 
ticasen su religión, pero que no la anunciasen a los chinos. 

Por este tiempo, y aun antes, los jesuítas apenas tenían 
ya influencia en la Corte, y la poca que les quedaba la fue- 
ron perdiendo los años siguientes (10). 

En las demás provincias del Imperio no hubo persecu- 
ción por estos años, salvo en casos aislados, si bien los mi- 
sioneros, al menos los de Fukién, tuvieron que seguir es- 
condidos en las casas de los cristianos. 

II 

DOS NUEVOS MISIONEROS. 

Llevaba el Bto. Sanz fuera de la Misión desde 1730, y a 
pesar de las muchas tentativas que había hecho, no había 
podido entrar en su antiguo campo de apostolado hasta esta 
fecha. Aprovechándose ahora de la tregua de la persecu- 
ción, pudo volver a la Misión, acompañado de dos excelen- 
tes misioneros: el angelical P. José Benito Noval y el futu- 



(10' A. Thomas, Histoire..., t. I, pp. 406-413. 



270 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



ro mártir P. Fr. Francisco Díaz (11). Salieron de Macao el 
4 de mayo de 1738 (12), y el 12 de junio llegaron a Moyang, 
sin contratiempo mayor (13). 

Aunque los misioneros no podían predicar públicamente 
la religión, no eran perseguidos, pues, según escribía el 
Bto. Sanz, «los mandarines nos dejan en paz porque de la 
Corte no vienen órdenes para inquietarnos» (14). 

Lo primero que hizo al llegar a Moyang fué confirmar y 
conferir las Ordenes sagradas, hasta la del sacerdocio, al 



(11) Los dos fueron destinados a la Misión de China por el Con- 
sejo de Provincia de 8 de noviembre de 1737. Dice así el acto de asig- 
nación: «Lo segundo, propuso (el P. Provincial) para la (Misión) de 
China a los RR. PP. Joseph Noval y Fr. Francisco Díaz, y salieron 
para el dho. destino los propuestos por votos de la mayor parte de 
los RR. PP. (Consejeros).» (Libro de Consejos, f. 39.) 

(12) Díaz, Reí. de 13 de febrero de 1739. 

(13) «El viaje ha sido más féliz de lo que yo esperaba, pues en 
todo el camino hemos tenido ningún obstáculo. Esta cristiandad vive 
en paz al presente, y el Hien-kuan no hizo demostración alguna acer- 
ca de los kaoxies de la Corte. Nos aguó el contento del viaje la dema- 
siada satisfacción del Mieu Raimundo, que fiado de la buena fortuna 
que ha tenido en 18 años que conduce el socorro, se quedó una carga 
en donde venía mi socorro y las cosas necesarias para las funciones 
de Obispo, y hasta ahora no parecen.» (Sanz, Reí. de 29 de junio 
de 1738.) También robaron la plata de los P. Noval y Díaz. «En el 
viaje, aunque vencidas, mediante Dios, algunas dificultades, no nos 
aconteció cosa especial que participar a V. R. muy Rda. Solamente 
antes de llegar al dicho pueblo de Moyang, los mozos se descuidaron ; 
y un cargador, el cual era infiel, se fué con la carga a su casa, en 
el que venía la plata del P. Noval y nuestra, y las cartas todas; des- 
pués, por presto que acudieron a buscarlo, ya había recogido la plata.» 
(.Díaz, Reí. de 13 de febrero de 1739.) 

Tuvieron otros trabajillos más, que describe el Bto. Sanz con mu- 
cho gracejo : «Llegué a este Moyang muy fatigado de los tres montes 
ásperos que pasé a pie y lloviendo, porque corría el peligro de despe- 
ñarnos. Llegamos a un río cuatro leguas de Moyang, que estaba sin 
puente por haberlo derribado las venidas del agua. Barco no la había ; 
era preciso, pasar, y fuimos a buscar alguna parte para vadearlo. 
Como no había camino, fué forzoso pasar algunas sementeras y me 
hundí hasta las rodillas, y allí quedaron sepultados mis zapatos. 
Viendo que no había más camino que vadear el río, me arrojé in- 
trépido ( ¡ bella parola ! ) para vadearlo, llamando a los compañeros 
para que siguieran; mas el gallego no se atrevía a tanta empresa. 
Preguntándome si había otro camino díjele que no; y entendiendo su 
desmayo, se dió providencia para que el P. Noval y el P. Fr. Fran- 
cisco pasasen el río en hombros ajenosj no siendo eficaz y poderoso 
el ejemplo de un Vicario y Apostólico que le vadeaba, como otro Ja- 
cob, llegando el agua más encima de las rodillas como a Exequiel, 
para que le imitasen en esto.» (Reí. de 2 de julio de 1738.) 

(14) Sanz, Reí. de 15 de febrero de 1739. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



271 



jesuíta chino Pedro Javier Kieu-su, quien había llegado a 
Moyang probablemente desde Macao, partiendo después de 
su ordenación para Kangcheu (15). 

En seguida se preparó para la confirmación de los cris- 
tianos, aprovechándose del tiempo de semipaz que reinaba. 
«Estoy pronto, escribe, para confirmar a todos los cristia- 
nos, aunque sea en el tiempo de las canículas, ahora que 
gozamos de este género de paz intermedia, no sea caso que 
en adelante se levante alguna tormenta. Mas como los Pa- 
dres tienen más fe que yo, juzgan que es mejor aguardar 
para cuando refresque el tiempo» (16). 

Por noviembre de 1738 había confirmado a 583. «Voy 
dando prisa, escribe, para estas confirmaciones, y hasta el 
día de Todos los Santos tengo confirmados, entre varones y 
hembras, 583. Mas es cosa muy trabajosa el haber de ir a 
escondidas y a sombra de tejados por las casas, huyendo 
como delincuente» (17). 

Por febrero de 1739 lo había hecho a 800 (18); por abril 
siguiente, a 2.900 (19), y solamente en el pueblo de Mo- 
yang, a 800 (20). Por marzo de 1740 llevaba ya confirmados 
unos 4.000 en la villa de Fogán y Moyang, con los pueblos 



(15) Como el P. Kieu había sido atendido por el Bto. Sanz en su 
casa y, además, le había ordenado, el P. Plácido Hervieu, S. J., envió 
desde Macao un espléndido regalo, que agradece por estas palabras : 
«Doy también las gracias al Muy Rev. P. Plácido Hervieu de su re- 
galo copioso, magnífico y espléndido, y que no puedo menos de con- 
fesarme ingenuamente vencido por su liberalidad.» (Sanz. Reí. de 15 
de abril de 1739.) 

(16) Reí. de 7 de julio de 1738. — Había sin duda peligro de per- 
secución. Al saber los gentiles su llegada, comenzaron a propalar mil 
quimeras, como la de «que venía un régulo de los cristianos (y éste 
era el Mauricastrense) con 30 cargas de plata que traía. Estas y otras 
mentiras sin cuento me expoleaban para despachar a los mozos y dar 
Ordenes al candidato Pedro Kieu». (Sanz, Reís, de 7 de julio y 3 de 
noviembre de 1738.) 

(17) Ibíd. 

(18) Sanz. Reí. de 15 de febrero de 1739. 

(19) Idem de 15 de abril de 1739. 

(20) Idem, de 15 de febrero de 1739. 



272 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



adyacentes (21). No parece haya podido seguir con los cris- 
tianos de Funing, Ningte, Longuong, Foochow, Chanchiu, et- 
cétera; por lo menos, no lo hemos visto consignado en las 
cartas de los misioneros. La cristiandad se enfervorizó en 
gran manera. El mismo Bto. Sanz se hace eco en sus cartas. 
«Los que he confirmado, escribe, hasta el día de hoy son 
dos mil y 900, y no viendo impedimento, espero que antes del 
mes de junio cumpliré el número de 4.000, pues hoy a la 
noche subo al pueblo de Ky-tung, que dista ocho leguas 
de este en que al presente me hallo. Es increíble el fruto 
que se hace bautizando gentiles, reduciendo apóstatas y 
acalorando tibios. La conmoción de los pueblos con la voz 
que han oído del sacramento de la Confirmación es tan 
universal, que ha llegado a noticia de cristianos y gentiles; 
de suerte que han publicado en toda esta cristiandad el 
nombre de Chu-kiao (significa Obispo), que lo saben no 
sólo los cristianos, sino también los gentiles ; por cuya cau- 
sa, si viene alguna mala noticia de la Corte, actum est de 
Chu-kiao» (22). 

III 

TRABAJOo Y ENFERMEDADES DE LOS MISIONEROS. 

Si bien no había actual y abierta persecución, los decre- 
tos del anterior emperador no se habían revocado, y podía 
renovarse en el momento menos pensado. De ahí que se 
vieran los misioneros obligados a vivir como lo venían ha- 
ciendo desde 1723, en casas de particulares. 

Cuántas y cuáles fueran las molestias que por este géne- 
ro de vida recibían, descríbelas el Bto. Alcober con estas pa- 



(21) «Ya hemos concluido con las confirmaciones de estas cris- 
tiandades de Fogán y Moyang, y van unos cuatro mil. Los de treinta 
años para arriba fueron confirmados por el Sr. de Canon» (El señor 
Maigrot). Serrano. Reí de 17 de marzo de 1740. 

(22) Serrano. Reí. de 16 de abril de 1739. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



273 



labras: «En las casas de los cristianos, donde cada uno está 
oculto, y en época que era virrey un cristiano, aunque tibio, 
sólo se puede conseguir un sitio bien corto, donde se dice 
misa, que por lo común también sirve de refectorio, pues 
no dan lugar para más, ya la disposición de las casas, y ya 
el no poder nosotros arbitrar otra forma. Esto no se pueda 
explicar; sólo el que lo ve lo puede entender y conocer se- 
gún el genio del chino, que es grandísimo milagro que Dios 
obra al conservarnos de esta manera, para que las almas 
consigan la gloria que ab aetemo tiene El decretado darla 
a los que quiere. Con este conocimiento práctico a cada uno, 
llevamos con gusto las grandes molestias que en dichas ca- 
sas se pasan, que por ahí no hay especie de ellas, y por eso 
imposible de entenderlas y de graduar su magnitud» (23). 

Y otra parte escribe: «Y así no nos podemos valer para 
poder sacar la cabeza y salir de estas mazmorras de las 
casas de los chinos, en las que pasamos más trabajos que 
los que están en Argel. Y para recorrer las cristiandades, 
todo ha de ser entre gallos y media noche» (24). 

No sólo no es, pues, extraño que los misioneros hubieran 
perdido la salud a causa de tantos trabajos, sino que pare- 
ce obra de milagro si que después de tantas persecuciones 
y amarguras no hubieran bajado exhaustos de fuerzas al 
sepulcro. Estas penas y tribulaciones de todo género, que 
no se daban lugar unas a otras, no terminan, sino que au- 
mentan, si aumentar podían, hasta llegar a los años 1747 
y 48, en que, por último, derramaron su sangre por Cristo. 

Tenemos sobre la mesa 90 cartas y relaciones escritas 
por ellos durante los años que abarca este artículo — unos 
diez años — , y apenas hay una que no hable de sus penas 
físicas y morales. Vamos a dar algunos extractos de algu - 
nas de ellas para que lector se forme una idea aproximada 



(23) Alcober. Reí. de 7 de abril de 1742. 

(24) Alcober. Reí. de 8 de abril de 1741. 



13 



274 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



de cuál haya sido la vida de nuestros apóstoles durante es- 
tos años. 

El Bto. Sanz escribe: «El P. Royo está hecho un esquele- 
to, y hago juicio que su mal es incurable» (25). 

«El año pasado (1739), por este tiempo, un accidente 
repentino me obligó a hacer cama algunos días a causa de 
un humor frío que pasmó los nervios de la parte izquierda 
hacia los lomos. Me aplicaron un ungüento negro compues- 
to por un bonzo, y resolvió el humor y quedé Ubre. En las 
ingles de la parte derecha me asaltó un flato tan terrible, 
que me puso en grande aprieto, y no me pude ver libre de 
él hasta que me sobaron con sal caliente. Me vi libre de 
esos accidentes por los últimos de noviembre» (26). 

«Ya ha medio año, consigna el mismo mártir, que el se- 
ñor Oscott anda enfermo» (27). 

Y el Bto. Royo escribía: 

«Yo, por una caminata que hice para administrar los 
santos Sacramentos a un moribundo y a otros sanos, no 
pude excusar sin gran cansancio y acaloramiento, por el 
que el calor se reconcentró en las entrañas, de donde me 
han sobrevivido muchos e implicados accidentes, los que 
en el verano antecedente me postraron mucho y en ei 
inmediato pasado me pusieron en trance de morir. Y aun- 
que ahora, en tiempo frío, quedo con algún alivio, es sólo 
para yo irme manteniendo; pero en orden al cumplimien- 
to de mi ministerio, quedo casi totalmente inútil. El Se- 
ñor reciba estos trabajos en descuento de mis muchas 
iniquidades y ofensas (28). 

»Después de la última que el año pasado escribí a Vues- 
tra Reverencia, fueron mis accidentes prosiguiendo de 
mal en peor hasta último de agosto, en que todos me 
desahuciaron y dijeron los médicos que no pasaría de la 
Natividad de N. Señora. Mas su Majestad fué servida que 



(25) Sanz. Reí. del 29 de junio de 1738. 

(26) Sanz. Reí. de 29 de octubre de 1740. 

(27) Sanz. Id. de 5 de noviembre de 1743. 

(28) Royo. Id. de 9 de enero de 1738. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



275 



en este intervalo empecé a sentir alivio, que fué aumen- 
tándose, de suerte que, por últimos de octubre, me hallé 
sano y restaurado cuanto habia perdido por espacio de dos 
años de enfermedad, excepto que quedaron algunas reli- 
quias, las que ahora, con la entrada de la primavera, se 
han rehecho y me han dado mucho que hacer de ocho 
días a esta parte. Y aunque al presente me veo libre de 
sus molestias, empero me han dejado muy débil» (29). 

Y en otra relación escribe: «Recibila (la carta) el 17 de 
diciembre del mismo año, en ocasión que seis días antes 
estuve con el Viático y desahuciado de los médicos. Pero 
ya con algún alivio, que fué prosiguiendo hasta el presente, 
en que ya casi estoy con la misma robustez; bendito sea el 
Señor por todo» (30). 

Y más adelante continúa: «Todos los que estamos en 
esta Misión, excepto el Sr. Oscott y el P. Fr. Juan Alcover, 
habernos comido carne en esta Cuaresma, unos por enf er- 
mos, otros por débiles o convalecientes, y de algunos no sa 
espera tan presto su mejoría» (31). 

Al año siguiente refería al P. Provincial: 

«El P. Fr. Francisco Serrano medio año ha que estuvo 
muy enfermo, y al presente aun no ha vuelto a su salud, 
ni puede decir misa. El P. Fr. José Noval, según dicen estos 
médicos, aun está más enfermo que el sobredicho, y lo peor 
es que dicen ser incurable su enfermedad» (32). 

«Yo — dice en otra relación — , por causa de las graves 
enfermedades pasadas, he quedado con un accidente de 
dolor de estómago, que suele repetir algunas veces al año 
y tal cual vez aprieta tanto que en un mes no me deja 
libre para poder cumplir con el ministerio. Estos médicos 
son cortos y no pueden curarlo, con que sólo queda el re- 



(29) Royo. Reí. de 9 de febrero de 1739. 

(30) Royo. Reí de 9 de abril de 1741. 
(3D Ibíd. 

(32) Royo. Reí. de 1.° de abril de 1742. 



276 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



curso al Señor y al cumplimiento de su divina volun- 
tad» (33). 

«El Sr. Sanz empezó con el trabajo de la fiesta de Na- 
vidad a escupir sangre, y aunque es en poca cantidad, se 
va debilitando y enflaqueciendo sin hallar remedio en me- 
dicina alguna, y por el presente no puede confesar a lo¿ 
cristianos sin peligro de que se agrave el accidente. El 
P. Serrano se anima, aunque muy endeble, a trabajar. Le 
mismo el P. Alcober» (34). 

«En cuanto a la salud de los Padres, no puede dar a 
Vuestra Reverencia noticias que le sirvan de consuelo, pues 
el limo. Sr. Sanz, que con el calor de la primavera pasada 
se puso bueno del esputo de sangre, de que ya di noticia, 
este invierno le repitió con más rigor y aumento de sangre, 
con mucho calor en las entrañas, que le va consumiendo, 
y juntamente le quita la apetencia a la comida. Nos teme- 
mos que, si Dios no lo remedia, irá a ver a su Majes- 
tad» (35). 

El Bto. Serrano, por su parte, consigna en sus cartas 
las poco halagüeñas noticias sobre la salud de los misione- 
ros: «El P. Royo volvió a decaer; pero ya, a Dios gracias, 
está mejor y se levanta. Yo también me hallo ya libre de 
unas molestias tercianas que han durado cinco meses. Tomé 
cuatro veces la quina, y se quitaban por algunos días, y 
luego volvían» (36). 

«El P. Díaz se halla en cama ya siete días de unas calen- 
turillas que le entran a las once del día hasta las diez de la 
noche» (37). 

«Tampoco han faltado por acá temblores y baguios. Los 
temblores en mi panza, y los baguios en mi cabeza. Los he 
padecido cuatro meses, y aunque en la paciencia no me 
hallo tan adelantado como en las otras dos virtudes de 



(33) Rovo. Reí. de 1 de noviembre de 1743. 

(34) Royo. Reí. de 6 de marzo de 1744. 

(35) Id. de 26 de febrero de 1745. 

(36) Serrano. Reí. de 17 de marzo de 1740. 

(37) Id. Reí. de 2 de abril de 1741. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



277 



arriba, no obstante, pude pasar. Puede ser que con este 
chocolate nuevo (aunque ya le han nacido los dientes) se 
fortifique la tapa de los sesos. Y aun tal puede ser nuestra 
fortuna, que me vuelva a nacer pelo» (38). 

Y más adelante continúa: «Nuestros Noval y Diaz se 
hallan perseguidos de escrúpulos hasta la última diferen- 
cia. Yo les aliento con lo mucho que tiene que dar de si la 
indómita, y otras devotas consideraciones. Se alientan un 
poco, luego vuelven a las andadas. El Sr. Oscott se halla 
enfermo de flatos y flemas, y los demás vamos pasando me- 
dianamente» (39). 

Del Bto. Alcober son las siguientes: 

«Estas cristiandades se van manteniendo y se hace la 
obra de Dios con el trabajo que se deja entender, por no 
estar en nuestras iglesias. Mi salud, de un año a esta 
parte, muy quebrantada» (40). 

«Yo voy pasando con sobrados ayes; empero le debo al 
Señor que, para el cumplimiento del ministerio, me ayuda 
como quien es y más yo no merezco. El año pasado, des- 
pués de hecha la fiesta del Rosario en mi ministerio, salí 
a correr las cristiandades que tenemos en el territorio de 
la ciudad de Funing, dos días de distancia de esta villa de 
Fogán, a las que no había ido Padre por causa de la per- 
secución, y años había no se habían confesado. Puse todo 
esfuerzo en entrar en dicha ciudad de Foning para confe- 
sar aquellos cristianos; pero no se pudo efectuar por no ha- 
ber cristiano que se atreva a recibir Padre en su casa. Se 
confesó un pueblo cercano en donde tenemos 60 cristianos, 
y muy fervorosos, y ya contaban ocho años que no habían 
recibido los santos Sacramentos» (41). 

«Yo voy pasando con mis trabajos, y cada año aumentan 
nuevos dolores y en fermedades, efecto todo de tan pro- 
longada persecución; por cuya causa, para socorrer estas 
pobrecitas almas, se cuentan duplicados dolores; pues todo 



(38> Serrano. Reí de 26 de octubre de 1743. 

(39) Ibid. 

(40) Alcober. Reí. de 16 de marzo de 1740. 

(41) Alcober. Reí. de 8 de abril de 1741. 



278 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



es continuo sobresalto, sobre ser la administración entre 
gallos y media noche. La persecución se mantiene en el 
mismo sistema que le tengo escrito estos años antece- 
dentes» (42). 

«Los buenos PP. Serrano y Noval me temo que no han de 
durar mucho, por lo que pido a V. P. M. R. se apiade de 
nuestros pobres viejos, llenos de achaques y trabajos, en- 
viando operarios que nos ayuden» (43). 

«Todos estamos enfermos. Yo, por julio caí en cama, en 
la que pasé dos meses unas tercianas atabardilladas, y 
hasta después del Rosario no pude dar paso sin muleta, 
por la suma debilidad de piernas y cadera. Nuestro Se- 
rrano, una estatua viva de la muerte, con el estómago 
perdido y vahídos de cabeza. Pero trabaja como un león 
El P. Royo, con sus accidentes antiguos y perseguido de 
nuevo. Los PP. Noval y Díaz, de la misma suerte. Dios se 
apiade de nosotros y de estas cristiandades enviando ope- 
rarios fuertes y robustos» (44). 

«El P. Lector Serrano está hecho una estatua viva de 
la muerte, sólo con la piel y los huesos; pero trabaja glo- 
riosamente en beneficio de las almas, saltando y escalando, 
como tan ligero, las murallas de la villa para socorrer a 
estos pobrecitos cristianos. El emperador se mantiene neu - 
tral, ni en pro ni en contra de nuestras santa Ley; pero 
si los mandarines cogen algún misionero, deja a los Con- 
sejos obrar. Sólo los europeos misioneros, que están en su 
corte, gozan de paz; los más, que estamos en sus provin- 
cias ocultos, con gran trabajo. Sea Dios por todo bendito. 
Ya cuento dieciséis años de encierro con tantas persecu- 
ciones y trabajos pasados por mantener la luz de la le 
entre las tinieblas del gentilismo; con que es más milagro 
vivir todavía. Estos dos años, con las hostilidades de los 
ingleses en estos mares, no hemos recibido el socorro anual 
que todos los años viene de las islas Filipinas; con que 
se han duplicado los trabajos por faltarnos este subsidio 
temporal. ¡Paciencia!» (45). 



(42) Alcober. Reí. de 13 de marzo de 1740. 

(43) Alcober. Reí. de 1 de abril de 1742. 

(44) Alcober. Reí. de 5 de noviembre de 1743. 

(45) J. José Alcover. Vida, págs. 78-80. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



279 



El P. Sierra se vió tan cercado de enfermedades por los 
muchos trabajos padecidos, que tuvo que salir de la Misión 
-en busca de salud. Escribe: 

«Me hallo muy fatigado, porque desde Navidad hasta 
ahora casi no me han dejado parar, trayéndome los enfer- 
mos de pueblo en pueblo sin descansar; de lo que me 
resultó el correr sangre del cerebro por las narices, y la 
que no podía por aquella vía, salía por la boca, por cuatro 
días, y hallándome algo mejor, vino otra necesidad de 
dos noches, y después volvió tos y escupir sangre; y lo 
que me consuela es que siete de ellos (siete cristianos), 
habiendo recibido los santos Sacramentos, y algunos asis- 
tirles hasta la muerte, murieron al mundo para vivir eter- 
namente con Cristo, Señor nuestro» (46). 

«Desde el mes de julio hasta el presente he padecido un 
flujo de sangre por seis meses, y los otros días, modera- 
do» (47). 

Pudiéramos seguir multiplicando los extractos de las 
cartas de nuestros esforzados misioneros; mas, con los 
transcritos, ya puede el lector formarse idea de los gran- 
des padecimientos, trabajos sobrehumanos, fervor, for- 
taleza y celo por la salvación de las almas de estos vene- 
rables y admirables apóstoles. 

Merecen punto aparte los trabajos y aflicciones de es- 
píritu del Bto. Díaz. Al poco de haber llegado a la Misión 
encargóle el P. Vicario Provincial la administración de los 
pueblos circunvecinos de Kytung. Recorrió en pocos oías 
el campo de apostolado que se le había asignado, adminij- 
trando los Sacramentos con gran provecho espiritual de 
los fieles, aunque siempre a sombra de tejados, por no per- 
mitir otra cosa la persecución; mas sobrevínole poco má c ; 
tarde tal congoja de espíritu, tal confusión y sobreviste, 
que se vió precisado a volverse a Kytung. 

Tan graves fueron sus escrúpulos, que llegó a persua- 



(46) Sierra. Reí de 14 de febrero de 1739. 

(47) Sierra. Reí. de 5 de noviembre de 1739. 



280 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



dirse ser inútil para el ministerio apostólico. Consolóle 
el Bto. Serrano, disuadiéndole de tales temores; mas arre- 
ciándole los escrúpulos, se batió de tal manera su espíritu 
por esta causa, que pidió licencia para volverse a Manila. 
En este sentido escribió al P. Provincial: «Yo lo paso con 
algún trabajo, muy debilitado de fuerzas, y lo que más es, 
con grandísimos temores al confesonario y demás tocante 
al ministerio, hasta verme precisado a escribirle al P. Vi- 
cario Provincial me dispensase del cargo de ministerio de- 
terminado, mientras daba parte a V. P. M. R. rogándole 
me quite, para consuelo mío, la obligación de ministerio, y 
me señale a un Padre a quien yo le ayude teniendo fuerzas, 
con quien me consuele; hasta ver si mediante la divina 
gracia me puedo ir haciendo a ensanchar el corazón; que 
viéndome con fuerzas, yo mismo avisaré al P. Vicario Pro- 
vincial para que me señale ministerio. Y si así aún no pue- 
do, espero en las paternales entrañas de V. R. que me ha 
de dar el consuelo de concederme la licencia para volverme 
a Manila» (48). 

Queriendo el P. Vicario Provincial, P. Alcober, usar de 
alguna medicina para quitárselos, le puso precepto formal 
para que fuera a cuidar de los cristianos de Tingteu. Y 
aquí fueron las agonías de muerte de nuestro P. Díaz; tanto, 
que el P. Serrano rogó al P. Alcober que le levantase el 
precepto. 

El mismo P. Díaz habla de este precepto en carta al 
P. Provincial: «Yo me hallo, escribe, mucho peor que el año 
pasado. El P. Vicario Provincial, viendo la necesidad, y a 
todos también enfermos y pocos, me puso preceptos for- 
males, con lo que este miserable e inútil se acabó de rema- 
tar. Si antes hacía alguna cosita, después absolutamente no 
he podido hacer cosa; de modo que he consentido, si no el 
morir, el que se me trastorne la cabeza. Dios se apiade de 



(48) Díaz. Carta de 28 de marzo de 1742. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



281 



mí, pecador. Iré pasando hasta que Su Divina Majestad me 
llame» (49). 

A pesar de su decisión de salir de la Misión, era para él 
de gran dolor el abandonar el apostolado en tiempo de tan- 
ta necesidad de ministros. Habiendo acudido a la oración, 
vino el Señor en su ayuda, y los escrúpulos, que tanto le 
habían hecho padecer, fueron en parte desapareciendo y 
comenzó a trabajar con todo el gran ardor de su celo; tan- 
to fué así, que el Bto. Royo escribía de él: «El R. P. Fran- 
cisco se queda con sus accidentes antiguos, que lo regular 
le han repetido este -año inmediatamente desoués de las 
grandes festividades, y es porque en tales días se está en 
el confesonario hasta las doce del día; después dice misa v 
da la comunión» (50). 

Con sus altos y bajos continuó toda su vida; pero sin 
salir de la Misión, porque el Señor le tenía destinado para 
sellar con su sangre las verdades de la fe que predicaba. 

IV 

HOSPITALES PARA LEPROSOS. 

En medio de tan prolongada persecución, y cercados de 
tantas enfermedades, nuestros apóstoles aún recogían co- 
piosos frutos espirituales, como lo demuestran las siguien- 
tes estadísticas que se conservan originales en nuestros ar- 
chivos (51). 



(49) Díaz. Reí. de 31 de octubre de 1743. 

(50) Royo. Reí. de 26 de febrero de 1745. 

(51) Como nuestros misioneros no trataban de hacer estadísticas 
y sí sólo de administrar los Sacramentos y convertir infieles, el 
P Provincial les ordenó las hicieran, enviándoles el siguiente mo- 
delo : «Fórmula y modo en que han de venir las certificaciones de 
los Sacramentos que administran en esas Misiones.» Certifico yo, 
Fr. N., del Sagrado Orden de Predicadores, misionero apostólico "en 
este imperio de la gran China, y residente en la villa N, provincia 
de N, cómo he administrado los santos Sacramentos de confesión, 



282 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



En una del Bto. Alcober perteneciente a enero de 1735, 
afirma hubo en Moyang unas 300 confesiones y comunio- 
nes, poco más, «porque los más de los varones no pueden 
entrar con dichos Sacramentos». En los demás pueblos de 
su distrito, «en Xokia-pang, Kiang-kia-piang, Vu-lu-chieng, 
habrá 300 cristianos; confesiones y extremaunciones anua- 
les, 150. En Sy-keng, Maken, Hia-pang, habrá 60 cristianos, 
de éstos, algunos vienen a Moyang a confesarse. En Lieu- 
yang habrá cien cristianos, tenemos iglesia, y seis años ha 
que no convidan Padre por temor a los gentiles, que son 
perversos; pero muchos bajan a Moyang a cumplir con la 
Iglesia. El año pasado bauticé 20 adultos y 125 párvu- 
los» (52). 

El Bto. Serrano nos da la siguiente: «Bautismos de pár- 
vulos y adultos, sesenta y tres; confesiones y comuniones, 
mil siete; confesiones de chicos que todavía no comulgan, 
setenta y ocho. Las confirmaciones por el Sr. Sanz, nove- 
cientas sesenta y tres» (53). 

En otra del mismo del año anterior (1738) nos da los 
siguientes datos: «Bautismos de adultos y párvulos, seten- 
ta y tres; confesiones y comuniones, novecientas y ochenta 
y cinco; confesiones de chicos que no comulgan, setenta y 
ocho» (54). 

Y en otra perteneciente a 1740, afirma haber confesado 
en la villa de Fogán «585 personas, y en los lugares de 



comunión y extremaunción este año de T a T, personas de dicha 
villa y de los lugares N. y N. que son a mi cargo, y se han bautizado 
adultos T. y T. párvulos, y reducidos T. apóstatas ; de manera que el 
número de almas y cristiandad que actualmente existen y son de mi 
administración, hacen el número de tantos.» (A. P. D.. t. 22, f. 22, 
vuelto.) 

(52) «Noticia de la cristiandad que está a mi cargo, y de algunos 
casos sucedidos en ella.» 

(53) Serrano. Lista de las confesiones y bautismos del presente 
año de 1739 en este ministerio de la villa de Fogán y pueblos ve- 
cinos.» 

(54) Serrano. «Lista de los bautismos y confesiones que en este 
presente año de 1738 ha habido en este ministerio de Fo-gan y Ky- 
tung, que está al cargo de Fr. Francisco Serrano.» 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



283 



Yang-teu, Pe-xa, Lo-kia, Na-yuang, Lien-xeu, Ki-pien, 
Kang-hia, Li-cu-yang, Ling-teu, Xa-ky, Nang-ang, Hai- 
Yang, Tingteu, Ching-ky, Teng-kap-yang, Koang-pu y Xeu- 
lung, que son de mi cargo, a 638 personas, y se han confe- 
sado chinos que aún no comulgan, 149. Los apóstatas que se 
han reducido son 15. Idem, he administrado el Sto. Sacra- 
mento de Extremaunción a 19 personas. Se han bautizado 
50 adultos y 75 párvulos. De manera que el número de cris- 
tianos que actualmente existen, y son de mi administra- 
ción, son 1.825.» 

El Bto. Alcober, refiriéndose a 1740: «De confesiones, a 
setecientas personas; de comunión, a seis cientas cincuen- 
ta, y extremaunción, a ocho personas de dicha villa ido 
Fogán) y de los lugares de Cho-kia-pang, Moyang, Kang- 
kia-pang, Sy-ken, Kai-cho, Ma-keng, Heu-yang, Lieu-yang, 
Vueng-yang, que son de mi cargo, en todos, nueve. Y se 
han bautizado, adultos, catorce; y párvulos, treinta y ocho, 
y reducidos dos apóstatas. De manera que el número de al- 
mas en las cristiandades que actualmente existen y son de 
mi administración, hacen el número de dos mil cuatrocien- 
tos noventa y cuatro». 

El mismo da la más completa que hemos encontrado, y 
que transcribimos integra, por ser de mucha importancia: 

«Certifico yo, Fr. Juan de Alcober, del Sagrado Orden 
de Predicadores, misionero apostólico y Vicario Provincial 
de la Misión en este reino de China; que los misioneros 
apostólicos españoles que actualmente nos hallamos en 
esta Misión, a expensas de nuestro católico rey de las 
Españas, e hijos todos de la Provincia del Smo. Rosario 
somos: En la villa de Fogán, jurisdicción de la ciudad de 
Fo-ning-cheu, provincia de Fukién, y que asiste en dicha 
vica, el P. Fr. Francisco Serrano. Tiene a su cargo ocho 
pueblos, con cinco oratorios dentro de las casas de los 
cristianos, para evitar la nota de los gentiles. Providencia 
del Altísimo que entre tantas persecuciones y ruinas de 
iglesias, no ha dado este medio para su culto y conversión 
de las almas. Ha corrido su misión con mucho fruto, aun- 



284 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



que gravemente enfermo, bautizando adultos y párvulos, 
reduciendo resfriados y apóstatas y administrando los San- 
tos Sacramentos en esta forma: Bautizados adultos, vein- 
tiocho; párvulos, cuarenta y cinco; apóstatas y resfriados, 
cinco; confesiones y comuniones, ochocientas; extrema- 
unciones, diez. 

»En el pueblo de Ky-tung, jurisdicción de la villa de 
Fogán, reside el P. Fr. José Benito Noval. Tiene a su cargo 
seis pueblos y cuatro oratorios en las casas de los cristia- 
nos. Ha corrido su Misión y administrado los santos Sa- 
cramentos en esta forma: Bautizados adultos, seis; párvu- 
los, treinta y cuatro; confesiones y comuniones, setecien- 
tas diez; apóstatas convertidos, cuatro; extremauncio- 
nes, dieciocho. 

»En el pueblo de Kychien, jurisdicción de la villa de Fo- 
gán, reside el P. Fr. Joaquín Royo. Tiene a su cargo seis 
pueblos, y en ellos otros tantos oratorios en las casas de 
los cristianos. Ha corrido su Misión y administrado los 
santos Sacramentos en esta forma: Bautizados adultos, 
seis; párvulos, treinta y cuatro; confesiones y comuniones, 
trescientas; apóstatas convertidos, dos; extremaunciones, 
catorce. 

»En el pueblo de Ting-teu, jurisdicción de la villa de 
Fogán, reside el P. Fr. Francisco Díaz. Tiene a su cargo 
cuatro pueblos con otros tantos oratorios en las casas de 
los cristianos. Ha estado todo el año enfermo. Empero, ha 
administrado los santos Sacramentos en esta forma: Bau- 
tizados adultos, siete; párvulos, nueve; confesiones y co- 
muniones, trescientas ochenta y dos; convertidos y res- 
friados, uno; extremaunciones, nueve. 

En el pueblo de Kiang-kia-pang, jurisdicción de la villa 
de Fogán, reside el P. Fr. Juan de Alcover. Tiene a su 
cargo nueve pueblos y cinco oratorios en las casas de los 
cristianos. Ha recorrido su ministerio y administrado los 
santos Sacramentos en esta forma: Bautizados adultos, 
quince; párvulos, setenta y cuatro; confesiones y comu- 
niones, mil ciento; convertidos resfriados, quince; extre- 
maunciones, once. 

»Además de los referidos Padres, hay también en esta 
Misión dos señores Obispos españoles e hijos de la Pro- 
vincia del Smo. Rosario. El primero, el Sr. D. Fr. Pedro 
Mártir Sanz; el segundo, el Sr. D. Fr. Eusebio Oscott. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



285 



Ambos administran el pueblo grande de Moyang, donde 
habrá dos mil cristianos. 

»Todo lo cual consta en los Libros de Asiento de las 
Misiones, que paran en mi poder, y en el de las Misiones 
de los expresados religiosos. Y para que conste, lo ñrmé 
en el oratorio de Ntra. Señora del Rosario del pueblo de 
Ky-chien, en 1 de abril de 1742.» 

El P. Sierra bautizó entre los años 1736-1739 inclusive a 
221 párvulos y adultos (55). 

El Bto. Royo nos da una detalladísima noticia del núme- 
ro de cristianos e iglesias, de los nombres y situación geo- 
gráfica de los pueblos del mayor valor histórico. Por ella ve- 
mos los estragos causados en todas nuestras cristiandades 
por la persecución continuada por espacio de dieciocho años, 
a consecuencia de la cual se redujo el número de cristianos 
a menos de la mitad de los que había en 1723, o sea a menos 
de 10.000. La cristiandad de Changchiu, por ejemplo, for- 
mada por los pueblos de Aupoa, Xema, Lingtung y de la 
propia ciudad de Chiangchiu, de 700 cristianos bajó a 450; 
la de Moyang, de 2.000 bajó a 1.850. Los distritos de Funing. 
Ningte, Longuong, Foochow, San Pío V de Cantón ; las cris- 
tiandades de Chekiang y Kiangsi — ésta desaparecida ya — , 
sufrieron mayor disminución de cristianos todavía, por no 
haber podido los misioneros administrarlas en muchos años 
y por haber sido perseguida por los gentiles (56). 

Mas estaban muy lejos nuestros misioneros de desalen- 
tarse por esta que podíamos llama hecatombe de sus cris- 
tiandades. Ellos hacían todo lo que podían con el heroísmo 
que hemos visto para que no acabaran de desaparecer sus 
antes florecientes Misiones. Y fué cosa de milagro el que 



(55) Alcober. Memoria que por orden... 

(56) Royo. Razón de las cristiandades que en el imperio de la 
gran China están al cargo de los religiosos del Sagrado Orden de Pre- 
dicadores, año de 1741. 



286 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



no hubieran desaparecido todas envueltas en el furioso hu- 
racán de tan cruel y continuada persecución. 

No se contentaban nuestros misioneros con la conser- 
vación de sus cristianos y la administración de los Sacra- 
mentos. Como durante tan continuadas y crueles persecu- 
ciones se habían perdido los libros de rezo y demás refe- 
rentes a la religión, dedicáronse algunos de ellos a escribir 
otros nuevos y a imprimir algunos escritos por los antiguos. 
Por este tiempo debió ser cuando el Bto. Royo escribió el 
Calendario perpetuo de las fiestas, ayunos y abstinencias 
que deben guardar los cristianos, y una Exposición sumaria 
de la Regla de la Tercera Orden de Sto. Domingo, en 1741 ; 
de páginas, respectivamente, 63 y 10; el primero, impreso; 
los dos, en el Archivo Generalicio de Roma, t. X„ 2.571. 

También escribió el Bto. Royo un Catecismo hacia 1735, 
impreso en ídem. 

Por su parte, el Bto. Sanz pensaba acabar de imprimir 
el libro Excelencias del Santísimo Rosario, en dos tomos, es- 
critos por el P. Arcadio del Rosario, O. P. (57), hacia el 30 de 
noviembre de 1740, y tenía intención de imprimir también 
otros para el bien espiritual de sus cristianos (58). 



(57) Probablemente existían algunos de estos ejemplares de la 
edición hecha por el Bto. Sanz a últimos del " siglo XVIII. De ejem- 
plares de ese libro del P. Arcadio nos habla el P. Gregorio Valencia 
en carta de 1 de noviembre de 1901. «Es autor, escribe este padre re- 
firiéndose al P. Arcadio, de un libro sobre el Rosario, dos tomos bas- 
tante gruesos. Pero como los cristianos abusaban de los ejemplos con 
que aclara la doctrina, el señor Gentili mandó quemar las tablas 
para que no se pudiera reimprimir.» 

(58) Escribe el mismo Bto. Sanz; «Se llamaron dos oficiales gen- 
tiles de Kien-ning-fu para esculpir letras para imprimir un libro del 
Rosario de uno de los padres antiguos, que se llamaba Fr. Arcadio 
del Rosario. El título del libro es: Jin luy chin cían. El ipn ñp los 
dos oficíales se volvió luego a su tierra, porque ésta no le cuadraba. 
El otro perseveró y acabará de sacar las tablas circum circa, de San 
Andrés. Se bautizó el día 2 del corriente, domingo del Rosario ; gra- 
cia, sin duda, que le hizo Nuestra Señora del Rosario leyendo su 
libro, pues poniéndole argumentos para que no se bautizase, pues no 
había de perseverar; no obstante, atropello con todo y no paró hasta 
bautizarse, que por ser día del Rosaría y Santo Domingo autor del 
Rosario, se llamó Domingo. Este nuevo cristiano era muy devoto del 
diablo, que traía sus instrumentos para hacer diabluras, los cuales 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



287 



El Decreto de la declaración del martirio de los santos 
mártires de Foochow habla de un Catecismo escrito por el 
beato Sanz, que constaba de 56 páginas. Probablemente le 
escribió también por este tiempo. Hállase un ejemplar en 
el archivo de la Orden en Roma, t. X. 2571. 

No paraba aquí la caridad de nuestros misioneros para 
con sus cristianos. En medio de tan gran persecución y do 
tantos padecimientos, desgarrábanseles las entrañas al vev 
a muchos desgraciados leprosos abandonados por las calles, 
hasta de sus parientes. En alas de la caridad, abrieron dos 
leprosarios: uno en Tung-kie-yang, y el otro, cerca del pue- 
blo de Heu-lung, bajo la protección, respectivamente, de 
Santa María Magdalena y de Santa Catalina. V. y M. ; uno 
de los hospitales era para hombres, y el otro, para muje- 
res. En las dos casas eran tratados los enfermos, gentiles y 
cristianos, como a verdaderos hermanos, dando así nues- 
tros misioneros el ejemplo de abnegación más heroico. El 
de hombres estaba al cuidado de los mismos misioneros, y 
el de mujeres estaba atendido por terciarias dominicas, 
quienes hacían el oficio de verdaderas Hermanas de Cari- 
dad (59). 



quemó luego que determinó hacerse cristiano. En estar impreso el 
libro, cuidaré de remitir uno a V. Rma., y tengo intención de hacer 
imprimir otros libros de la santa Ley, para que estos cristianos tengan 
los libros suficientes en que lean y se aprovechen, para cuyo efecto 
se procurará que vengan cuatro o seis oficíale} que concluyan cuanto 
antes la obra o las obras; que se imprimirá todo sin gastar nada 
la provincia ni ninguno de los religiosos.» (Reí. de 29 de octubre de 
1740.) 

(59) No pudimos averiguar la fecha de su fundación. De uno de 
ellos habla el P. Sierra en una relación de 23 de febrero de 1733 : 
«También están — dice — los leprosos de extramuros y otros cristianos.» 
El Bto. Royo habla de los dos en la anterior estadística citada 
de 1741. 



288 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



V 



CONSAGRACIÓN DEL SR. OSCOT Y SU MUERTE 



Hallándose enfermo el Bto. Sanz, lleno de achaques, y 
más que nada por pesarle mucho la dignidad de Obispo 
y Vicario Apostólico, que le hablan obligado a aceptar, ob- 
tuvo Roma Coadjutor, con miras a descargar sobre él el 
cuidado del Vicariato. Pidió consejo a Manila con el mismo 
fin después de haber obtenido Coadjutor, mas no pudo con- 
seguir su intento (60). 

El nombramiento del P. Oscott para Coadjutor del señor 
Sanz no pudo ser más acertado, pues pocos misioneros ha- 
bía tan celosos de la salvación de las almas eficientes y dig- 
nos de tan alta dignidad. A nadie sorprendió su nombra- 



do) «Agencié en Roma que el limo. Sr. Oscot me sucediera en 
el oficio ; después de haberlo consagrado, deseo sumamente para mi 
consuelo y quietud entregarle el gobierno del Vicariato Apostólico. 
Mas porque dice el Espíritu Santo : Cogitationes mortalium timidae, 
et incerta providentia nostra ; y en otra parte : Fili, sine consilio 
nihil facías, etc., estimaré que V. P. M. R., y aun los RR. PP. del 
Colegio, digan su parecer para tener con qué defenderme y escu- 
darme y ejecutarlo todo con acierto.» (Sanz. Carta al P. Povincial 
de 6 de abril de 1741.) 

Mas de Manila le respondieron : Minime nequáquam ; con que no 
hay que apelar a Manila.» (Sanz. Reí. del mismo del 5 de noviembre 
de 1743.) 

También escribió el P. Arcángelo Miralta, procurador de la Pro- 
paganda en Macao, robándole pidiera a Roma le exonerasen del cui- 
dado del Vicariato. «Bien podía V. Erna, si se precia de amigo mío 
verdadero, aplicarme un remedio muy de mi gusto, que no dudo po- 
dría conseguir con gran facilidad si quiere, que es escribiendo a Roma 
con todo empeño para que el Santo Papa tenga a bien el admitirme 
la renuncia del Obispado de Mauricastro y Vicariato Apostólico de 
Po-kien ; máxime teniendo coadjutor, deseando que a él se le atri- 
buya todo, así la honra como la carga y demás circunstancias mu- 
lantes speciem y notabiliter aggravantez. Al señor Nanquinense ad- 
mitieron la renuncia, y ha sido muy común admitir renuncias. Por 
cierto que, con tan graves fundamentos como yo tengo, de enferme- 
dad y otros bien notorios, sería sin duda muy fácil el conseguir la re- 
nuncia si V. Rma. quiere. Y supuesto favoreció en eso al señor Nan- 
quinense, ¿he de ser yo de peor condición cuando me asisten ma- 
yores motivos? Si me alcanza de Roma lo que pido, le ofrezco el ha- 
cerle un regalo que naüa tenga de simoníaco.» (Sanz. Reí. de 13 de 
octubre de 1741.) 




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Catecismo chino compuesto por el Beato Pedro M. Sanz, O P. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



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miento, sino a él, que, por su humildad, estaba muy lejos 
de pensar en tal cosa. 

En este sentido escribía al P. Fr. Bernardo Basco: «Mi 
reverendo Padre: Doy cuenta a V. P. M. R. de cómo por el 
mes de octubre del año próximo pasado llegaron a mis ma- 
nos inopinadamente, cuando yo estaba en la mayor ocupa- 
ción y fervor del ministerio apostólico, las bulas de la San- 
tidad de nuestro P. e Clemente XII, que Dios guarde, en 
donde me vi hecho y electo Obispo de Evario, en la provin- 
cia de Fenicia; y también con otro breve de su Santidad, en 
donde, a petición de algunos eminentísimos, me hizo Coad- 
jutor Apostólico de esta provincia de Fo-kien. En las bulas 
del Obispado me manda su Santidad con una pronta de- 
voción reciba el cargo de Obispo que la santa Silla me en- 
comienda, en donde no tengo otro remedio sino ponerme 
en las manos de Dios, que lo ha dispuesto todo» (61). 

Su nombramiento tuvo lugar el 1 de octubre de 1737, y 
hasta el 25 de ocubre de 1738 no le llegaron las bulas. Con 
toda humildad y obediencia a la Silla Apostólica aceptó la 
dignidad, y al avisar al Superior de la provincia se muestra 
y ofrece humilde y afecto como siempre a sus hermanos de 
hábito (62). 

El 10 de mayo de 1739 fué consagrado por el Sr. Sanz 



(61) Sanz. Reí. de 2 de enero de 1739. 

(62) Con este motivo escribía el P. Provincial: «Aunque, como 
dicen nuestras sagradas Constituciones, cuando es mandato de la 
Silla Apostólica, no se necesita para los sufragios (permiso), no obs- 
tante escribí a dicho mi R. P. e. General me diese también su bene- 
plácito para hacer yo esta expresión de amor. Lo mismo hice en las 
otras cartas con el R. P. Provincial de esta santa provincia, y hice 
con su Vicario Provl. de China, como él avisaría, pues, por la gran 
distancia, no se puede todo lo que el amor y el afecto quiere. Y así 
V. P. M. Rda., con toda la santa provincia, reciban por Jesucristo 
esta mi resignación, amor y afecto, pidiendo también humildemente 
su beneplácito, teniendo siempre entendido que en mí tendrá la santa 
provincia un afectísimo hijo, como espero en Dios Nuestro Señor, 
lo verán por mis obras.» (Oscott. Reí. de 13 de abril de 1739.) 

19 



290 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



«después de medianoche, con mucho silencio» y con gran 
alegría de los cristianos (63). 

El nuevo Obispo siguió trabajando con más entusiasmo, 
si cabe, que hasta entonces, y así continuó hasta su muerte. 
Se fundó la hermosa cristiandad de Fogán, el más rico flo- 
rón de la Iglesia china, con lágrimas, con sangre, con tra- 
bajos, sin cuento, siempre a sombra de tejados, con el holo- 
causto de la vida de muchos misioneros. 

A nuestro biografiado aun le parecía gozaba la Misión 
de relativa paz en 1741, porque pudo celebrar la misa de 
Navidad con asistencia de 400 cristianos en el patio de la 
casa de un letrado cristiano y distribuir la comunión a 120 
de ellos, aunque con el mayor siglo para que no se dieran 
cuenta los gentiles (64). 

Pero su constitución tan robusta, a fuerza de trabajos y 
sacrificios, había perdido todo su vigor, pues como buen sol- 
dado de Cristo había gastado todas sus energías en la lu- 
cha por la salvación de las almas y había de morir, como 
suele decirse, al pie del cañón. 

Dejemos que los santos mártires de Foochow nos descri- 
ban los últimos momentos de la vida de nuestro biografia- 
do; nadie mejor que ellos podría hacerlo. 

Escribe el Bto. Serrano: 

«El día 28 de noviembre pasado, entre once y doce de 
la noche, se llevó Dios para sí a nuestro limo. Oscott. Tuvo 



(63) El mismo nos describe las ceremonias con estas palabras: 
«Ha sido dicha consagración con asistencia de nuestros PP. y her- 
manos misioneros, y fué tanta la alegría de la cristiandad, que fué 
necesario, con toda astucia y diligencia, ocultarles el día de dicha 
función porque no sucediese alguna cosa por el grande concurso de 
los cristianos. Y así, día del glorioso Arzobispo San An tonino, de 
nuestra religión, después de media noche, con mucho silencio, se co- 
menzó la función. Y con ser así, no se pudo evitar del todo. Pero se 
acabó al amanecer y se pudieron dividir los cristianos sin ser cono- 
cidos. Se hizo con toda prosperidad y paz. Bendito sea el Señor. Este 
quiera darme su ayuda para que le sirva hasta el último aliento de 
mi vida.» (Oscott. Reí. de 15 de marzo de 1740.) 

(64) Oscott. Reí. de 12 de enero de 1741. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



291 



una muerte muy linda y conforme con la divina voluntad. 
Perseveró con todo su sentido hasta el último. Su enfer- 
medad fué muy larga; desde Resurrección hasta el 28 de 
noviembre, y la llevó con una paciencia invicta. Se le 
originó del cansancio de las confesiones de Cuaresma en 
el pueblo de Tingteu, donde hizo la Resurrección. Todos 
asistimos a su muerte. El limo. Sr. Sanz hizo las exequias 
acompañado de nosotros. El dia octavo se hicieron sus 
honras. Finalmente, hicimos todo cuanto es posible en 
esta tierra y en tiempo de persecución. Murió en su oficio 
como buen soldado de Cristo, y así se lo llevó S. M. a 
premiarle los muchos trabajos que padeció en esta tierra. 
Requiescat in Pace» (65). 

«La enfermedad del Sr. Oscott — escribe el Bto. Royo — 
fué muy rara y jamás estos médicos chinos pudieron co- 
nocer qué enfermedad era; ni el limo. Sr. Sanz ni todos 
nuestros misioneros, que le vimos por primeros de noviem- 
bre pasado, hicimos juicio por entonces que fuera cosa de 
peligro, y mucho menos que su muerte viniese tan peren- 
toria. Empero, el 17 de dicho mes acabó de descubrir su 
malicia, y de ahí en adelante cada día fué de mal en peor, 
hasta el día 28 de dicho mes, que entregó elalma a Dios. 
Discurrimos que su enfermedad consistió en corrupción de 
humores, y principalmente de la sangre, pues dos días 
antes de su muerte la arrojó toda por la boca. Dispúsose 
muy bien para morir, quedando en todos sus sentidos has- 
ta expirar; y después de muerto quedó su cara más her- 
mosa y venerable que cuando estaba vivo» (66). 

Y el Bto. Alcober: 

«Es un dolor verle padecer; pero consuela al mismo 
tiempo ver su resignación con la divina voluntad» (67). 

«Hecho el despacho, del año pasado, luego volví a 
asistir al limo. Sr. Oscott, quien de día en día se le fué 
agravando su enfermedad; y con el conocimiento claro 
de que partía para la eternidad. Díjome en particular 
conversación que tuvimos los dos que dos años hacia que 



(65) Oscott. Reí. de 2 de marzo de 1744. 

(66) Royo. Reí. de 2 de diciembre de 1743. 

(67) Alcober. Reí. de 5 de noviembre de 1743. 



292 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



se había ensayado para morir bien. ¡Oh, qué fortuna! Se 
fué preparando con repetida frecuencia de los santos Sa- 
cramentos, mucha conformidad con la voluntad divina, 
singular paciencia en sus dolores, sin permitir a la na- 
turaleza el natural desahogo de un ¡ay!, tiernos coloquios 
con su crucifijo, que tuvo siempre a su lado, y una imagen 
pequeña de Ntra. Señora. 

»Cuando yo llegué a su casa, vino el limo. Sr. Sanz 
para darle la extremaunción, que administró su Señoría, 
asistiéndole el P. Royo y yo. Recibió el santo Sacramento 
con admirable devoción, rezando con nosotros y respon- 
diendo a todo con gran claridad, como si no tuviera en- 
fermedad alguna. El día siguiente de la extremaunción nos 
llamó para que el Sr. Sanz le leyera la Pasión de S. Juan, 
que oyó con grande devoción, teniendo sus ojos clavados 
en el Crucifijo. Y al llegar al paso de la prisión, se enfer- 
vorizó su espíritu y exclamó con gran sentimiento: «¡Ah, 
malvados! ¡Ah, malvados!», que a todos nos hizo llorar. 

»Acabada la Pasión, se quedó en meditación, y no volvió 
a hablar más en el tiempo que sobrevino, teniendo sólo 
sus coloquios con Cristo y su Madre santísima, con gran 
quietud y sosiego, con todos sus cinco sentidos. El día 28 de 
noviembre, entre once y doce de la noche, plácidamente 
entregó su espíritu a manos de su Criador, sin los horrores 
que suelen causar los que agonizan. Quedó más hermoso 
que cuando vivo; de modo que causaba gran consuelo su 
vista, pues parecía que estaba en dulce y quieto sueño y 
como sonriéndose. 

»Tengo para mi que está gozando de Dios, aunque he- 
mos quedado con el sentimiento que se entiende y no se 
dice, por tan grande, por haber perdido en una pieza tanto 
tesoro. Yo le puedo asegurar a V. R. con toda verdad que 
no he visto tal muerte con tales señales y disposiciones 
para su salvación. Y, todo justo, verifica lo que me dijo: 
que dos años hacía que se estaba, o se había ensayado, 
para tal trance» (68). 

Su entierro constituyó una imponente manifestación de 
parte de los cristianos, a quien tanto querian. 



(68) Alcober. Reí. de 7 de marzo de 1744. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



293 



«Al limo. Sr. Evarense — escribe el Bato. Royo— le hice 
el sepulcro como el año pasado insinué a V. R. Pacté con 
los oficiales, que son cristianos, que la obra no habia de 
exceder de los cien pesos; pero ellos lo hicieron de tal 
suerte, que costó ciento cincuenta; bien que los cincuenta 
pesos los pusieron los cristianos de su voluntad y bolsa. 
El entierro se hizo el 9 de noviembre, con más solemnidad 
de lo que el tiempo permite, porque no fué posible ir a la 
mano a los cristianos en este punto. Concurrieron cristia- 
nos de la villa de Fogán y de los más de estos pueblos en 
bastante nümero. Como los misioneros, por causa de la 
persecución, no podemos salir en público, no acompaña- 
mos al ataúd; sólo yo, por más vecino, dije misa en la 
casa donde estaba dicho ataúd. Y dichos los responsos 
acostumbrados, salió la procesión, precediendo una ima- 
gen de nuestra Señora en unas andas que adornaron con 
preseas vistosas y de precio» (69). 

«Por noviembre pasado — escribe el P. Noval — murió el 
limo. Sr. Oscott, hijo de nuestro convento de S. Pablo de 
Valladolid, gran padre de esta Misión. Toda la cristiandad 
se descolgó a su entierro, no obstante la persecución. 
Murió con admirable resignación en manos del Señor» (70). 

El Sr. Oscott había nacido en Llanes (Asturias) por los 
años de 1693, pues según consigna el Bto. Royo en una re- 
lación al P. Miralta había ya «entrado en los cincuenta años 
de su edad». Tomó el hábito de la Orden en el de San Pablo, 
de Valladolid. Partió de España para Filipinas en 1715, lle- 
gando a Manila el 15 de agosto de 1717. Por octubre pasó a 
China. Su vida apostólica hasta su dichosa muerte queda 
ampliamente descrita a lo largo de esta Historia (71). 



(69) RdYO. Reí. de 26 de febrero de 1745. 

(70) Reí. de 7 de marzo de 1744. 

(71) Su nombre completo era Eusebio Fernando Oscott y Colom- 
bes. Los historiadores escriben su primer apellido con una sola te, 
mas él siempre firma sus cartas dos, así : Oscott. Sin embargo, le 
avisaron sus hermanos que debía escribirse Oseóte. Escribe el Beato 
Sanz : «Se recibieron los breves para el señor Oseóte, que ese es su 
nombre, según le escriben sus hermanos, rogándole que no se firme 
Oscott. Pero como es filósofo antiguo, se le da bien poco de semejantes 
advertencias » (Reí. de 3 de noviembre de 1738.) Sin embargo, como 



294 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



NUEVO COADJUTOR DEL BTO. SANZ 



El Bto. Sanz no sólo seguía con la misma recoonsabili- 
dad, sino que ya no podía compartirla con otro alguno por 
la muerte del Sr. Evarense. No es extraño, pues, que quisiera 
tener otro Coadjutor y que pidiera a Roma rombrase al 
beato Serrano para dicho cargo y que la provincia, por su 
parte, accediera a tan razonable deseo (72), como se deduce 
de un precepto por escrito del P. Provincial por el que se 
manda al Bto. Serrano acepte la coadjutoría, dado que en 
Roma le nombrasen para esa dignidad (73). 



el interesado escribe siempre Oscott, seguimos esa ortografía, pues 
tan bien podía él saber cómo se escribía su apellido como sus her- 
manos. 

(72) En una relación dirigida por el santo mártir al P. Miralta, 
ie decía : «Si viene coadjutor, le entrego todo el gobierno y me dis- 
penso de cartas, de suerte que se verifique en mí : oblivioni datus 
sum.» (Serrano. Reí. de 6 de noviembre de 1745.) 

(73) He aquí el tenor del precepto ; «Fr. Bernardo Ustáriz, del 
Sagrado Orden de Predicadores v Prior Provincial de la provincia 
del Santo Rosario de estas islas Filipinas, salud y gracia del Espíritu 
Santo. 

Por cuanto me hallo certificado que por muerte del limo, y Rmo. 
Sr. don Fr. Eusebio Oscot, Obispo Evarense y Coadjutor de la Vi- 
caría Apostólica de la provincia de Fukien, en el imperio de China, 
se ha dado noticia de dicha vacante a la Sagrada Congregación de 
la Propaganda Fide, a fin de que provea dicha Coadjutoría y se nom- 
bre persona que la administre, y que este mismo sea hecho electo y 
nombrado Obispo por el Sumo Pontífice, informado para lo dicho, a 
favor y en primer lugar por el P. Fr. Francisco Serrano, mi Vicario 
Provincial en las Misiones de China, para que en caso que venga 
dicha Coadjutoría, y nombramiento de Obispo por su Santidad, y 
no haya dilación en' admitir dicha gracia y dignidad por dicho R. P. 
Serrano, excusándose de abrazar dichos honores por carecer de mi 
licencia y beneplácito; por tanto, por autoridad de nuestro oficio y 
por estas nuestras letras, no sólo doy licencia a dicho R. P. Lr. Fr. 
Francisco Serrano, sino también para que tenga el mérito de la obe- 
diencia, le ordeno y mando in virtute Spiritus Sancti et sanctae obe- 
dientiae et sub praecepto formali, que en caso que venga dicho Coad- 
jutor de dicha Vicaría Apostólica, y nombrado Obispo por su San- 
tidad, luego al punto obedezca, acepte y abrace dichos empleos, po- 
niéndolos al instante en ejecución, por convenir así al mayor ser- 
vicio de Dios Ntro. Señor, bien de la santa Iglesia católica nuestra 
Madre, y crédito de ntra. Orden, In nomine Patris et Filii, et Spiri- 
tus Sancti. Amen. — Que son fechas en nro. Convento de Sto. Domin- 
go de Manila, firmadas de propia mano, selladas con el sello de nro 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



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El Bto. Serrano recibió las bulas de su nombramiento do 
Obispo Coadjutor el 26 de septiembre de 1747, estando ya 
en la cárcel de Foochow preso por Jesucristo, por quien de- 
rramó su sangre el año siguiente. 



oficio y refrendadas de nro. Secretario y compañero, en 22 de Mayo 
de 1745» (A. P. D., t. 269). 



CAPITULO X 
PUBLICACIONES DE LA BULA «EX QUO» 



I 

CAUSAS QUE LA MOTIVARON 

A pesar de haber sido condenados los ritos chinos tantas 
veces y de manera tan inequívoca por la Silla Apostólica, 
todavía seguían los misioneros riccistas practicándolos y 
defendiéndolos. 

Por ejemplo, el P. Juan Bautista Du Halde, S. I., que, 
contraviniendo al riguroso decreto prohibitorio de Clemen- 
te XI, imprimió en París en 1735 una obra en cuatro tomos, 
que respiraba riccismo por todas sus páginas (1). 

Causó general sorpresa y escándalo este libro, sobre todo 
entre los misioneros de Oriente, habiendo sido denunciado 
a la Silla Apostólica, por lo menos, por el Sr. D. Claudio de 
Visdelóu, S. I., sabio sinólogo y acérrimo antirricista de há- 
bito, y para quien consiguió la dignidad episcopal el Carde- 
nal de Tournon con objeto de librarle de tal persecución (2). 



(1) El título de esta obra es: Description geogravhique, histori- 
que, cronologique et phisique de l'empire de la Chine et de la Tar- 
tarie chinoise. 

(2) «Nota. Ill.mus D. ñus Claudius de Visdellou, jesuíta: dein 
vero Episcopus Cladiopolitanus, denunciaverat Sanctae Sedi Librum 



298 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



El Papa tomó en serio el asunto, y en su nombre escribió 
el Sr. Asesor del Santo Oficio una carta al P. Propósito Ge- 
neral de la Compañía, pidiéndole cuenta y razón del libro 
del P. Du Halde. 

El P. Propósito General, Rvmo. P. Francisco Retz, con- 
testó a la anterior carta con otra, fechada el 12 de agosto 
de 1739, condenando dicho libro y manifestando su pesar 
«e con lui tutta la Compagnia riprova, ed abolisce quanto 
quel sou suddito ha scritto e publicato in torno a riti della 
Ciña contro il tenore del menzionato Decreto de 1710» (3). 

Al año siguiente (1736) se publicó otro en China, cuyo 
autor era pariente del emperador (4), católico y se llamaba 
José Te (5). 

Se hace eco de este libro el Bto. Sanz, entre otras rela- 
ciones, en una del 29 de octubre de 1740. Y si bien no le 
había visto todavía, sospechaba de su ortodoxia, y, desde 
luego, afirmaba que el Sr. Te, que era a la sazón virrey de 
Fukien y Chekiang, practicaba los ritos (6). 



Patris Du Halde tanquam erroribus infectum» (Hállase esta «Nota» 
en A. P. D., t. 44, f. 351). 

En mismo t. 44, ff . 338-348, hay otro documento titulado : Anno- 
tanda circa librum P. Du Halde, en el cual escribe su autor: «Quae 
dam quae ad Religionem proprius, spectant annotabo.» En efecto, 
copia algunos de los errores principales de ese libro. No lleva firma 
este documento; mas no nos extrañaría fuera su autor el mismo 
Sr. de Visdelou. 

(3) Copia de esta carta hállase en el mismo t. 44, con este título : 
«Transumtum epistolae R. P. Generalis Societatis Jesu ad Sum. Pon- 
tificem circa librum Patris Du Halde». 

(4) «Es tío del mismo emperador» (Oscott, Reí. de 12 de enero 
de 1741). 

(5) «El libro del Virrey Te Joseph salió a luz el primer año del rei- 
nado de Kien-lung.» (Sanz. Reí del 9 de octubre de 1745.) 

(6) «Dicho Chung-to, de apellido Te y de nombre Josept. ha 
compuesto un libro pequeño, que intenta probar con autoridades 
de filósofos chinos cómo el hombre tiene alma racional. Si dichas 
autoridades prueban o no. alii judicabunt. También es voz común, 
así entre gentiles como entre cristianos, que el Chungto hace el pay 
(adoración) a sus abuelos y a Confucio. De los agüeitas yo no lo he 
creído, salvo si no lo hace ocultamente en su casa; para cuyo fin 
tuviese sus tablillas. Que lo haga a Confucio. los mismos de la Au- 
diencia del Virrey lo han anunciado a toda la provincia, alabándole 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



299 



Este libro tenía en mucho cuidado al Bto. Sanz, pues 
como su autor era tan noble y de tan alta autoridad y se 
afirmaba católico, podía su lectura perjudicar no poco a 
sus cristianos. De ahí que hable de él en varias de sus rela- 
ciones, condenando abiertamente su doctrina por atea. Y se 
extraña sobre manera de cómo los misioneros permiten a 
sus cristianos divulgar tales doctrinas (7). 

Todavía en 1745 se ocupa por el daño que causaba en 
las almas de los cristianos, pues aun sacerdotes tan antirri- 
cistas como el Procurador de la Propaganda, P. Alcángelo 
Miralta, por no estar impuestos en el conocimiento de las 
supersticiones chinas, lo alababan (8). 

Cuando llegaron ejemplares a Fogán, escribe el mismo 



de muy religioso y compuesto cuando hace el pay al Confucio ; de 
suerte que conmueve a todos los asistentes a que lo imiten. Bueno y 
lindo, que le besa las manos. No he podido saber quién le bautizó y 
cuándo.» (Sanz, Reí del 29 de octubre de 1740.) 

También escribe el Bto. Serrano que hacía supersticiones: «Como 
son reverenciar a Confucio y abuelos». (Reí. del 6 de abril de 1741.) 

(7) «En orden al libro, que compuso el Chung-to, he oído varias 
veces a estos letrados que los gentiles no pueden venir en conocimien- 
to del criador por su leyenda, ni menos que su autor sea cristiano. 
Por cierto que no sé cómo permiten los misioneros que sus cristianos 
impriman y divulguen libros llenos de errores y disparates. Respon- 
der que no lo supieron lo tengo por patarata.» (Sanz, Reí. del 13 de 
octubre de 1741.) 

(8) «V. Rma. (el p. Miralta) me alabó los años pasados el libro 
que el Virrey Te Joseph dió a luz. Sepa V. Rma. que ningún gentil 
se convertirá por él; él intentó unir la luz con las tinieblas. Vea V. 
Rma. si es empeño superfluo. Su intento es probar que hay un Dios, 
y que el hombre tiene alma inmortal ; y como intenta probarlo con 
autoridades del Confucio, Men-chu y otros, no ha hecho sino can- 
sarse en componer su libro, pues el Confucio, el Meng-chu y todos 
los chinos no conocieron al verdadero Dios, ni menos al alma in- 
mortal, y por eso todos son ateos. Y si otra cosa dijeren algunos 
misioneros amantes del Confucio. del Meng-chu, etc., es puro em- 
peño, con punta y renta de soberbia, para que no se diga que Mateo 
Ricio, Panto ja y otros erraron en muchas cosas ; y que otros minis- 
tros tuvieron conocimiento claro de la verdad.' Mire V. Rma. los 
efectos de la soberbia, que son no querer humillar y rendir la cer- 
viz a lo que la Iglesia manda, obedeciendo a sus decretos. Y lo peor 
es que no obedeciendo, como se ve, jamás lo confesarán; que es otro 
alucinamiento. que Dios permite en castigo de la soberbia ; y por eso 
me temo que ha de parar en mal.» (Sanz. Reí del 6 de noviembre de 
1745.) 



300 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



santo mártir, se convencieron de visu de sus errores, y que 
ese libro «no era de cristianos, sino de ateos». 

Habla en la misma carta de otro similar al anterior, que 
apareció en Hukuang. Y añade que «el eminentísimo Car- 
denal Prefecto se lamenta de la doctrina de algunos libros 
sínicos que se enviaban a Roma» (9). 

Los riccistas no sólo seguían contumaces en sus opinio- 
nes sobre los ritos, sino también con el plan, ya antiguo en 
ellos, de quedarse solos en China, para lo que trabajaban 
con el emperador que desterrase a los demás misioneros de, 
imperio (10). Pero su influencia con el monarca ya la ha- 
bían perdido. 

En cambio, en Roma querían que los jesuítas de Pekín 
fueran llamados por su P. Propósito General (11). 

Los riccistas por este tiempo seguían sus opiniones, es- 
cudados en las permisiones del Legado Mazzabarba. Por eso 
mismo a la Silla Apostólica le interesaba sobre manera ex- 
tirpar tan perniciosa conducta y doctrina. Y así lo hizo, 
tras largo y profundo estudio sobre estas materias, con la 
bula Ex quo. 

Esta histórica bula confirmó la bula Ex illa die, y abro- 



(9) Ibid. 

(10) «Nos ha escrito el Sr. Pedrini, misionero de la Propaganda 
en la Corte, que los PP. jesuítas entregaron memorial por medio del 
Hermano Castillon, lego de la Compañía, pidiendo al emperador les 
permita a ellos solos quedar en China, pero el emperador no conce- 
dió su súplica. Les dijo que si ellos querían seguir la Ley de Dios, él 
no se lo estorbaba. Pero que cómo podía él permitir a sus vasallos que 
la siguieran?» (Serrano, Reí. del 13 de febrero de 1739.) 

(11) «Los señores Cardenales instan al General de la Compañía 
para que saque a los jesuítas de Pequín ; el original de un memo- 
rial, que en años pasados entregaren a este emperador, pretendien- 
do quedarse ellos solos en China ; lo que han hecho es enviar algu- 
nos tratados no conformes al original, sino es conforme a la mónita. 
Pero en China la tiene poco adelantada ; porque ya el Sr. Pedrini, 
misionero de la Propaganda en Pekín, envió el dicho original a los 
señores Cardenales, que están bien enterados de todo. Dios abra el 
corazón de estos pobres religiosos para quo obedezcan las determina- 
ciones de la Silla Apostólica; porque faltando esto, será su predica- 
ción más de daño que de provecho» (Reí. de 6 de abril de 1741). 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



301 



gó las famosas «Ocho permisiones» que fueron arrancadas 
al Legado Mazabarba. 

II 

PUBLICACIÓN DE LA BULA «EX QUO» . 

Én el breve de Clemente XII (26 de septiembre de 1735) 
condenatorio de las dos circulares riccistas del Obispo de 
Pekín se reservaba el Pontífice a sí y a la Sede Apostólica la 
facultad de declarar a los fieles de China su mente y la 
de la Santa Sede, que no era otra que la materia de las per- 
misiones del Sr. Mazzabarba y también la grave disensión 
entre los misioneros por dichas permisiones, afirmando unos 
que por dichas permisiones perdía toda su fuerza la bula 
Ex illa die, y los contrarios decían que no les obligaba di- 
cha bula con pretexto de las permisiones. 

Clemente XII ordenó se estudiaran a fondo dichas per- 
misiones, pero murió antes de dar sentencia definitiva so- 
bre ellas. 

Su sucesor, Benedicto XIV, mandó se continuase el es- 
tudio de estas cuestiones en su misma presencia, del cual 
resultó la evidencia de que esa» permisiones nunca habían 
sido aprobadas por la Sede Apostólica, y que, por el con- 
trario, se oponían a sus decisiones (12). Por lo cual se re- 
prueban y anulan y se condena su práctica en la bula Ex 
quo. 

«No queriendo, pues — dice el Papa en dicha bula — , que 



(12) «...y por fin, bien claramente hemos reconocido que las 
susodichas permisiones, nunca aprobadas por la Santa Sede, repug- 
nan y son contrarias a la Constitución Apostólica del Papa Clemen- 
te XI, como que en parte admiten las ceremonias y ritos chinos re- 
probados por dicha Constitución, y los conceden como aprobados y 
admitidos para usarlos; y en parte se oponen a las reglas en la mis- 
ma dadas para evitar el peligro de superstición» (Bula Ex quo, nú- 
mero 21). 



302 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



nadie use de las permisiones para echar maliciosamente por 
tierra dicha Constitución, con sumo daño de la religión 
cristiana, definimos y declaramos que las referidas permi- 
siones se han de considerar como si nunca hubiesen existí 
do, y condenamos y detestamos del todo su práctica como 
supersticiosa. Por lo tanto, en fuerza de esta nuestra Cons- 
titución presente, que será perpetuamente válida, revoca- 
mos, rescindimos, abrogamos y queremos que queden sin 
ningún vigor y efecto todas y cada una de aquellas permi- 
siones; y decidimos y fallamos que siempre se han de tener 
por casadas, irritas, inválidas y completamente por de nin- 
guna fuerza y vigor» (13). 

Prohibe asimismo y expresamente todo lo que fué pro- 
hibido por Clemente XII en su bula Ex illa die. Manda 
que, en virtud de santa obediencia, que obliga a todos, desde 
Legados y Obispos hasta el último misionero, y perpetua- 
mente, que no sólo ellos observen esta Constitución, sino 
que también la hagan observar a sus subordinados, y esto 
bajo severísimas penas, contraídas ipso fado, hasta la pena 
de ex comunión, de la que no pueden ser absueltos, excep- 
to en la hora de la muerte, sino por el Papa con otras penas 
más. 

También ordena que sean llamados a Europa los misio- 
neros que desobedezcan (14), prescribe nueva fórmula de ju- 



(13) Bula Ex quo, núm. 22. 

(14) Si «hubiese alguno que negase su obediencia exacta, entera, 
absoluta, inviolable y rigurosa a las cosas que Nos establecemos y 
mandamos por .el tenor de esta presente Constitución, expresamente 
mandamos a sus superiores, tanto provinciales como generales, en 
virtud de santa obediencia, que sin tardanza alguna separen de las 
misiones, e inmediatamente manden volver a Europa a estos hombres 
contumaces, perdidos y refractarios y nos den a Nos noticia de ellos 
para poderlos castigar como reos según la gravedad del crimen. Y si 
los susodichos superiores provinciales o generales fuesen menos obe- 
dientes a este nuestro precepto, o fuesen negligentes en cumplirlo, 
Nos no dejaremos de proceder también contra ellos, y entre otras 
cosas, les privaremos para siempre del privilegio o facultad de enviar 
a las misiones de aquellos países a individuos de su Orden.» Bula 
Ex quo núm. 26. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



303 



ramento, añadiendo algunas cláusulas a la bula de Cle- 
mente XI, la que todo misionero debe jurar y observar. 
Y termina con una hermosa exhortación apostólica para 
los operarios evangélicos, advirtiéndoles que la conversión 
de las almas debe esperarse más de la gracia de Dios que 
de la prudencia humana (15). 

Y termina su bula el gran Pontífice con la siguiente san- 
ción: 

«A nadie, pues, sea lícito quebrantar o contrariar atre- 
vidamente a este escrito de nuestra confirmación, innova- 
ción, revocación, rescisión, abolición, casación, anulación, 
condenación y ordenación. Y si alguno presumiera in- 
tentarlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios Om- 
nipotente y de sus santos Apóstoles Pedro y Pablo. Dado 
en Roma, en Santa María la Mayor, el día once de julio 
del año de la Encarnación del Señor mil setecientos cua- 
renta y dos. 

»Quien haya leído atentamente los párrafos transcritos 
comprenderá dos cosas: Primera, cuán lejos está de ia 
verdad el decir que las Bulas sobre los ritos no son dog- 
máticas, sino disciplinarias. Segunda, que es una gran 
equivocación y una injuria al Sumo Pontífice y a nuestra 
sacrosanta Religión el afirmar que, por haber definido ia 
doctrina contraria a la civilidad de los ritos, se haya im- 
pedido a los misioneros propagar el cristianismo en Chi- 
na» (16). 



(15) «Confiamos también que Dios mediante, desaparecerá aquel 
vano miedo de su corazón; a saber, de que se retarde la conver- 
sión de los infieles por la exacta observancia de los decretos ponti- 
ficios. Pues ésta se debe esperar principalmente de la gracia de Dios, 
la que ciertamente no faltará a su ministerio si predicaren impávi- 
dos la verdad de la religión cristiana y con aquella pureza con que 
les ha sido entregada por esta Sede Apostólica ; y estuvieren también 
dispuestos a derramar su sangre para defenderla, a ejemplo de los 
santos Apóstoles y de otros esclarecidísimos defensores de la fe cris- 
tiana, cuya sangre tan lejos estuvo de interceptar o retardar el cur- 
so del Evangelio que, antes por el contrario, hizo a la viña del Señor 
más floreciente y más abundante de almas fieles.» (Bula Ex quo 
núm. 28.) 

(16) Arias, Vida, pág. 452. 



304 



JOSÉ M Allí A GONZÁLEZ 



III 



LA BULA Y LOS PP. DOMINICOS DE FILIPINAS. 



La célebre bula llenó de gozo a toda la Orden, la cual, 
sin hacer mención de gran triunfo de la doctrina domini- 
cana propugnada por el gran P. J. Bta. de Morales y sus 
hermanos desde hacía ya más de un siglo, daba gracias a 
Dios por la victoria de la verdad sobre el error y por la 
paz que esperaba había de reinar entre los misioneros de 
China. 

Las Actas Capitulares de 1745 dan cuenta de cómo el 
reverendísimo P. General, en una circular fechada el 15 de 
septiembre de 1742, anunciaba a la provincia del Smo. Ro- 
sario la publicación de la citada bula, de la que enviaba al- 
gunos ejemplares; y de cómo todos los capitulares la pres- 
taron pronta y exacta obediencia. Se manda que todos ios 
miembros de la provincia la presten también, dando rendi- 
das gracias a Dios, a quien encomendaban al santo Pontí- 
fice, quien, por medio de dicha bula, tantas disputas entre 
los misioneros había cortado (17). 



(17) «Denuntiamus, in Epístola encyclica Rmi. P. N. Magistri Ge- 
neralis, data Romae die 15 septembris anni 1742, tot marium, hos- 
tiumque periculis superatis, huc transvadasse nuperriman Constitu- 
tionem Apostolicam Smi. Dni. nostri Benedicti Papae XIV feliciter 
regnantis, die 9 augusti anni 1742 in Sacra Congregatione Romanae 
ac universalis Inquisitionis coram eodem SS. habita, promulgatam 
cui titulus est : «Conf irmatio et innovatio Constitutionis incipientis 
Ex illa die a Clemente Papa XI in causa Rituum seu coeremoniarum 
sinensium editae. Necnon revocatio, rescissio, cassatio, annulatio ac 
damnatio permissionum supar eisdem ritibus, seu ceremoniis, in 
quadam pastorali epístola Caroli Ambrossi Mediobardi, Patriarchae 
Alexandrini, olim Comissarii et Visitatoris Apostolici in Smcrum Im- 
perio contentarum. Cum praescriptione novae formulae juramenti per 
Missionarios illarum partium praesentes et futuros praestandi.» Quam 
omnes et singuli nostri Pratres cernuo deosculantes animo, intellec- 
tus et voluntatis brachiis ampiexati sunt, eique protinu-? debitam et 
hilarem obedientiam et executionem dederunt. prout per triplicata 
documenta a R. Magistro Generali, Deo aspirante patebit. Eam- 
demque obedientiam modo in hac Congregatione jucundissime praes- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



305 



Donde expresa la provincia su alegría y legitimo gozo 
con más amplitud es en la circular que, interpretando ei 
sentimiento de sus subditos y los suyos propios, dirigió el 
Padre Provincial a todos sus miembros. Por ser tan impor- 
tante este documento, vamos a transcribirlo: 

«A los MM. RR. PP.: P.or, R.or, Vicos Prov.les, Vicos 
y Pres.tes de los Conventos, Collegios y Casas de esta 
Ntra. Provincia del Ssmo. Rosario de Philipinas del Orden 
de Predicadores. 

»Anuncio a V. R.as el gran gozo que indudablemente 
les causará, y a todos los verdaderos amantes de la Ca- 
thólica Religión Unidad y paz entre sus Minros. debe 
causar, la novissima Constituzión Appca. dada a luz por 
nr. SS.mo. P.e Benedicto XVI, felizmente reinante, en que 
se confirma y renueva la Constitución Ex illa die del 
Señor Clem. XI, de gloriosa memoria, sobre ritos y cere- 
monias chinenses, y también se revocan, rescinden, bo- 
rran, proscriben y condenan las permisiones sobre los 
mismos ritos y ceremonias expresadas en la Carta Pas- 
toral del Patriarca Alexandrino, Comisario y Visitador 
Apostólico que fué en el imperio de China. La que de ex- 
preso orden de Su Santidad nos remite a esta Provincia 
Nro. R.mo P.e General, con su carta circular impresa en 
idioma latino, fecha en la Minerva a los 15 de septiem- 
bre de 1742; en que encarecidamente y debajo precepto 
y obediencia y so las penas en dicha Constitución con- 
tenidas, nos recomienda y manda lo mismo que nosotros 
pudiéramos y debemos desear, que es su prompta publi- 
cación y su puntual y entero cumplimiento y execución; 
en cuya consecuencia, habiéndola hallado en esta ciudad 
de vuelta de la visita de las Provincias de nuestro cargo, 
combocamos luego el Consejo de Provincia, que se juntó 



tamus, injungentes denuo ómnibus et singulis nostrae Provinciae Fia- 
tribus praedictae Constitutionis juxta ipsius tenorem observantiae et 
executioni omnino insistere; ac pro tanto bono, Deo bonitatis fonti 
grates exolventes, Sm. Dni. nostri Benedicti, qui ejus causam judi- 
cans, quantum de litibus inter Evangelii cultores aufet, tantumdem 
et amplius de pace atque uniformitate affert salutem et felicitatem 
sacrificiis et orationibus indesignenter commendare» Acta Capitvla- 
rum Provincialum Provinciae SaJictissimi Rosarrii Philippinarum, 
t. II, p. 293. 

20 



306 



JOSÉ .MARÍA GONZÁLEZ 



el dia 27 del corriente, en que se notificó y publicó dha. 
Constituzión, y llana y llenamente fué por dho. Consejo 
obedecida en nombre de toda esta Provincia, y con sin- 
gular alborozo y regocijo de nros. corazones, hizimos to- 
dos la ceremonia de la Venia acostumbrada en Nra. Sa- 
grada Religión en señal de obedezimiento» (18). 

«Y para que con más promptitud, comodidad y perma- 
nencia se difunda, publique y comprehenda el importante 
contenido de dha. Constituzión, se reimprimió en la Im- 
prenta de nro. Collegio de Santo Thomás de esta ciudad, 
y se ha distribuido copioso número de sus exemplares a 
nros. Religiosos, y a personas de fuera de la Orden, que 
se muestran edificadas, gozosas y deseosas del saludable 
fruto de dha. Constitución. 

»Y por lo que haze al Juramento en ella prevenido, 
hemos hecho comparecer ante Nos a todos los Minros. 
aprobados en el idioma chino que se hallan en esta co- 
marca y nación de Manila, y io han executado en nras. 
manos por ante nr. Secretario de Prov.a. Y al mismo fin 
despachamos aora las presentes, incluyendo dha. Consti- 
tuzión, y Carta circular, ordenando y mandando que en 
la forma acostumbrada corra por todos los conventos, 
Collegios y casas de nra. Provincia para que en todas sea 
publicada y por todos y cada uno sea obedecida, y al pié 
de estas venga testimonio bastante de dha. publicación y 
obedecimiento Y respecto de que Nro. R.mo. P.e General 
ha remitido despachos separados con los mismos recau- 
dos para los Vicarios Provinciales de las provincias de 
Pangasinán y Cagayán, se los remitimos en esta ocasión 



(18) He aquí el Acta del Consejo de Provincia a que se refiere 
la Circular del P. Provincial: «Assí mismo se leyeron vnas letras de 
N. R.mo P. Gra., con la Bulla de su Sant.d sobre los Ritos y Ce- 
remonias de China y todos los infrascriptos RR. PP. en nomb.e de 
toda la Prov.a de los q. al pres.te son las admitieron dchas. Letras 
y dieron el obedem.to. a la Bulla de N. S. to P.e Benedicto XIV en 
nomb.e de todos los Religiosos q. al pres.te pertenecen a toda la Prov.a 
y de los q. en adel.te pertenecieren, y en señal de una total sugección 
y rendm.to a la Constituc.ón Appca.. hizieron todos la venia ; siendo 
todos de parecer q. las Letras de N. R.mo con Bulla del Sumo 
Pontífice corriera p.r todas las Casas, Conv.tos y Colleg.os de toda 
la Prov.a p.a q. todos los Relig.os las lean, obedezcan y lo certifiquen 
a continuación de las Letras de N. P. Prov.l y q. los Relig.o q. saben 
el idioma chino hagan el Juram.to q. señala dcha. Bulla en manos 
de NN. P. Prov.al p.r ante su Secreto» (Libro de Consejos de Pro- 
vincia, f. 59.) 



MISIONES DOMINICANAS KX CHINA 



para que, juntos con estas nras, Letras, hagan que corran, 
se publiquen y obedezcan en todas las Casas de dhas. pro- 
vincias, y respectivamente reciban prevenido Juramento a 
los Missioneros o Ministros que en sus partidos se hallaren 
del idioma chino. Y que todo lo expresado se haga y exe- 
cute con la mayor promptitud, y que quanto antes se nos 
remita razón authéntica de su execución y cumplimiento, 
para dar quenta en primera opportunidad a Nro. R.mo., 
para que desempeñe la palabra que tiene dada a su San- 
tidad de presentar la razón de nra. obediencia en término 
de tres años. Por tanto, gózaos, charissimos Hermanos, y 
esforzaos a dar estos nuevos testimonios de la fidelidad y 
promptitud con que los hijos de nuestra Orden, por la 
divina misericordia, han acreditado en estas distancias 
su amor y zelo y obediencia a la Santa Silla y su total 
arreglamiento a sus saludables y Appcos. Decretos. — Dios 
gue. a V. R.as m.s a.s. con salud en su divina gracia. — 
Santo Domingo de Manila y abril 28 de 1744 años. — Fraí 
Bernardo Ustariz, Prior Provincial. — Frai Joseph Herrera, 
Secret.o y comp.ro.» (19). 



IV 

JÚBILO ENTRE LOS MISIONEROS. 



«El 23 de octubre de 1743 recibióse en la Misión de Fo- 
gán la bula pontificia Ex quo singulari, y nuestros misiono- 
ros, con gran júbilo de su alma, leyeron las supremas en- 
señanzas que en ella se contienen.» 

«Con estos sentimientos, el 1 de noviembre del sobredi- 
cho año se reunieron en Moyang los seis misioneros que ia 
Orden tenia entonces en Fukien, y tuvieron el gozo de pres- 
tar el juramento que Su Santidad prescribía en las manos 
de sus prelados Ordinario y Regular, remitiendo a Roma 



(19) A. P. D. t. 269, f. 296. 



308 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



acta auténtica de tan importante suceso, según en la mis- 
ma bula se ordenaba» (20). 

Con este motivo escribía el P. Vicario Provincial, Bto. Al- 
cober, al Rvmo. P. General en nombre propio y en el de los 
demás misioneros, participándole el «imponderable consue- 
lo y singular alegría» de todos por tan grato suceso, y en- 
viándole el juramento de obediencia de todos ellos, que exi- 
gía dicha bula. He aquí tan interesante documento : 

«Rmo. P. Mtro. General del Sagrado Orden de Predica- 
dores: El pliego de V. Rma., y en él inclusa la Constitu- 
ción de N. Smo. P. Benedicto XIV, con dos cartas, una 
impresa, y otra manuscrita de V. P. Rma. particular a mi, 
recibí en esta nuestra Misión de China el día 25 de octubre 
de este presente año de 1743, con todo mi mayor aprecio 
y estimación correspondiente a la profundísima veneración 
y humildísimo respeto que profeso a V. Rma. 

»Leído y enterado del contenido de todo lo expresado, 
confieso ingénuamente a V. P. Rma. que me causó impon- 
derable consuelo y singular alegría tan feliz noticia. Así 
hemos dado todos a Dios nuestro Señor rendidas gracias 
por haber merecido ver en nuestros dias postrado y muer- 
to el Goliat de las Permisiones del Sr. Patriarca Mazza- 
barba, en las que pensaban sus seguidores para echar por 
tierra este tierno y pequeño pueblo de Dios. ¡Bendita la 
D. M. que en todas estas nuestras cristiandades nunca se 
atrevió hacer pié tal monstruo, ni aun a asomar la cabeza; 
no ignorando que cada misionero de nuestro Sagrado Or- 
den de Predicadores hubiera ostentado contra ellas la 
valentía de un esforzado David para su degüello! ¡Bendito 
sea también nuestro glorioso Padre y Patriarca Sto. Do- 
mingo, quien por sus gloriosos méritos alcanzó de Dios 
tal espíritu para sus hijos que fundaron estas cristian- 
dades supra firmam yetram, que es Cristo, vida nuestra, y 
libre la doctrina que nos enseñaron los Apóstoles. Y por 
eso se han conservado limpias, puras con sana doctrina 
hasta el presente. Continuando sus hijos en la imitación 
con aventajado celo, el ejemplo, fe y lealtad a la Sta. Silla 



(20) P. Arias. Vida... pp. 454-455. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



309 



Apostólica de nuestros antiguos venerables Padres, quie- 
nes, a expensas de inmensos trabajos, por seguir el ca- 
mino de la verdad evangélica, nos dejaron uno muy real 
y ancho y un derrotero tan cierto en la predicación del 
Evangelio, que excluye todo susto y temor de poder tro- 
pezar en el escollo del error. 

»Y así confiamos en Dios salvar nuestras almas y las 
que están al cargo de nuestra administración. No quiero, 
R. P. N., defraudar a nuestra Sma. Madre María Santísima 
la gran parte que con su soberana y poderosa intercesión 
tiene en nuestro acierto y manutención de estas cristian- 
dades. Pues por la devoción que éstas tienen a tan divina 
Señora, merecen su particular patrocinio, y que las mire 
con ojos muy piadosos la fervorosa devoción con que a 
voces, en medio de infinita gentilidad, todos los días en 
todas las casas de los cristianos le rezan y alaban en su 
Smo. Rosario. 

»En consecuencia de mi pronta y rendida obediencia 
al mandato de V. P. Rma., notifiqué luego al punto sus 
Letras a todos los Padres misioneros, quienes, muy alegres 
y contentos, aunque enfermos y con gran trabajo, vinieron 
de retirados ministerios a éste de mi residencia, e hicie- 
ron el juramento, etc., de observar la Constitución de 
Ntro. Smo. P. Benedicto XIV en manos del Sr. Vicario 
Apostólico, el limo, y Rmo. Sr. Obispo Mauricastrense, 
Sr. D. Fr. Pedro Mártir Sanz; y, juntamente, en las mías, 
y yo, en las del P. Fr. Joaquín Royo; cuya certificación, 
con los juramentos, remito a V. P. Rma. ajunto a ésta. 

»Todos los Padres misioneros y yo, postrados humil- 
demente a los pies de V. Rma., imploramos y pedimos su 
santa paternal bendición y santos Sacrificios; confiando 
en uno y otros toda nuestra mayor dicha y adelantamiento 
de estas perseguidas cristiandades, que mantenemos tan 
a costa nuestra; anhelando sólo por la exaltación de 
nuestra santa fe, la mayor honra y gloria de nuestro Dios 
y Señor, y bien de estas almas. Todos los Padres Misio- 
neros desean y piden a la D. M. conceda a V. P. Rma. 
larga vida; y yo, el más mínimo de todos, ruego que guar- 
de Dios a V. P. Rma. por eternos años para bien nuestro, 
honra y lustre de nuestra sagrada Religión. 

»Provincia de Fukien, villa de Fogán, en el pueblo de 
Moyang, noviembre, 31 de 1743. 



310 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



»Rmo. P. Mtro. General del Sagrado Orden de Predi- 
cadores. B. L. M. de V. P. Rma., su más humilde hijo 
rendido súdito. — Fr. Juan Alcober» (21). 



V 



CÓMO FUÉ RECIBIDA POR OTROS MISIONEROS 



«En la mayor parte de las Iglesias del imperio la Cons- 
titución Apostólica fué recibida no sólo con respetuosa 



(21) Hállase el original de este documento en el A. P. D. t. 22. 
ff. 225-227. Acerca de la llegada de la bula Ex quo, escribe también 
el Bto. Royo : «Estos días pasados llegó otra Constitución Apostólica 
de Benedicto XIV en que confirma la de Ex illa die del Papa Cle- 
mente XI, y anula e irrita las pemnisiojies del Patriarca Alejandrino, 
el señor Mazzabarba. sobre los ritos sínicos. Simul llegaron apreta- 
das órdenes de nuestro Rmo. Padre G3neral para que se le dé debida 
obediencia en todo cuanto en ella se manda. A nuestros misioneros 
no nos coge de susto, antes nos hemos alegrado mucho de tal pro- 
videncia para que uno ore glorificetur Deus ¡ Ojalá no sea necesario 
más desvelo de la Santa Sede Apostólica, sino que baste lo mucho 
que se fatigó para poner fin a estas cuestiones de Chino. Y que no 
se verifique lo que en estas partes dijo el Sr. Cardenal Tournon : 
Destruetur Missio, et error non enmendabitur.n royo, Rei del 2 de 
noviembre de 1744.) 

Habiendo recibido el juramento de la citada bula de los miembros 
de la Provincia del Smo. Rosario, escribía el Rvmo. P. Mtro. General 
a los Superiores de la Provincia (23 de noviembre de 1746) felicitán- 
doles y alegrándose de su pronta obediencia a sus órdenes y a las 
de la Silla Apostólica con estas palabras : «Paterno sane gaudio pro- 
fusi sumus, cum ad nos pervenerunt exultationis vestrae testimonia 
super Apostólica Constitutione SS. D. N. feliciter regnantis Bene- 
dicti XIV quae incipit «Ex quo» in causa rituum sinensium; et quam- 
quam tam Sanctae Constitutioni apul nonnullos offendicula occu- 
rruisse, dolendum sit ; Deo tamen referimus gratias quod omnes vos 
quotquot estis pro fidei causa in hisce regionibus operariis, fidei 
calore ferventes esse congnoscimus et Sanctae sedi hac in re sicut 
Domino miserante in ómnibus semper fecistis. non minus sollicitam 
quam exactam obedientiam rependitis. Novae juramenti formulae per 
istarun partium missionarios praestandi omnes et singuli hujusce 
nostrae Provintiae filios summisse simulque jucundissime paruisse, 
non absque gaudio cordis nostri rescivimus; atque obedientiae ves- 
trae SS. D. Papae nostro quae ad nos transmissistis fidelitatis vestra 
exhibuimus documenta.» (A. P. D., t. 30, f. 171 (vuelta). 

El Bto. Sanz envió por su parte también a Roma el juramento de 
la bula hecho por los misioneros en sus manos pocos días después 
de la llegada de dicha bula; o sea, el 5 de noviembre, como él mismo 
afirma en dos cartas escritas a los PP. Miralta y Rector del Sto. To- 
más de Manila con la misma fecha. Con fecha del 10 de octubre de 
1745, da también fe de que los misioneros prestaron el juramento 
en sus manos y que le envió a Roma en 1743. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



311 



sumisión, sino con verdaderas muestras de alegría. Los mi- 
sioneros hicieron el juramento que se les ordenaba, y, con 
el espíritu que al fin de su bula recomienda Benedicto XIV, 
se animaron a predicar el Santo Evangelio, llenos de amor 
a la pureza del culto católico y libres de toda complicidad 
con el error y la superstición sínica.» 

«No faltaron, sin embargo, algunos que, oyendo más 
los consejos de su propio parecer que los de la cristiana 
obediencia, todavía se mostraron renitentes y se atrevieron 
a publicar escritos, que corrieron por toda la China, inju- 
riando al Sumo Pontífice y amenazando nuevamente con 
trastornos y desórdenes si la Constitución se cumplía con 
todo rigor» (22). 

Aludiendo a esto, escribía el Bto. Sanz : «Por tantas vías 
como he comunicado a N. Rmo. P. Gral. el haber recibido 
la Constitución Apostólica Ex quo, etc., de N. Smo. P. Be- 
nedicto XIV, creo que llegará presto a manos de su reve- 
rendísima para poder dar un buen día al Sto. Papa. Aun- 
que se aguará el gozo cuando sepa la conmoción de mu- 
chos misioneros mal contentos de que Su Santidad haya 
condenado las permisiones de Mazzabarba, Patriarca Ale- 
jandrino, y de haberse publicado por toda la Misión de 
China un papelón sínico muy desvergonzado, queriendo en- 
señar al Papa que no ha hecho bien en condenar los ritos 
y ceremonias sinenses. Amenazando al mismo tiempo que 
se ha de perder la Misión si prohibe a los chinos el que 
se practiquen sus ritos y ceremonias. Dios se apiade de esta 
Misión, que pienso se halla en guerra más civil y peligrosa 
que la de Tunquín» (23). 

El mismo santo mártir escribía también en otro lugar: 



(22) Arias, Vida... p. 458. 

(23) Sanz, Reí. del 10 de noviembre de 1745. Alude a la persecu- 
ción y guerra civil que había en Tunkín por este tiempo. 



312 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



«El sacrilego papelón sínico no tien cabida en ninguno de 
los tres puntos (se refiere a los puntos en que dividía su 
carta). Si es misionero quien le compuso, muere obstinado 
y se condena» (24). 

Refiriéndose a lo mismo, escribía también el Bto. Royo: 
«De Macao nos enviaron un papel sínico formado por los 
cristianos con varios argumentos frivolos contra la Cons- 
titución de Benedicto XIV Ex quo singulari Dei Providen- 
tia; el que parece a ellos que más fuerza hace, es decir, que 
Su Santidad, para condenar los ritos sínicos, se valió de 
los estudiantes chinos que estudian en Italia y de su infor- 
me de ellos, los cuales, cuando fueron de acá, eran muy 
niños, sin letras ni experiencia y totalmente ignorantes en 
los ritos sínicos y su origen, y, por consiguiente, su informe 
es muy débil para prohibir por supersticiosos los dichos ri- 
tos (25). Su intento en dicho papel es pedir a los Padres 
misioneros que escriban al Sr. Obispo para que interceda 
con Su Santidad y revoque lo que tiene determinado y pro- 
hibido en dicha Constitución; y ellos prometen de ir en 
persona a informar a Su Santidad se los permita. No hay 



(24) Sanz. Reí. del 6 de noviembre de 1745. 

(26) Su Santidad no se valió sólo de los estudiantes chinos, sino 
también del parecer de teólogos y de los Cardenales, que tenían para 
su estudio innumerables documentos, además de las decisiones ante- 
riores de la Iglesia; y también contaban con el parecer de misione- 
ros de China que se hallaban en Roma. Dice la Bula: «Por lo tan- 
to, el mismo nuestro referido predecesor, con el fin de asegurar la 
pureza de la religión cristiana, la que en aquellas regiones se había 
de conservar por la observancia exacta de la mencionada Constitu- 
ción, y para terminar, finalmente, estas controversias, sujetó a un 
examen muy diligente todo este asunto de las permisiones, de modo 
que se discutiese con madurez y con toda formalidad por teólogos 
y también por los Cardenales de la Santa Iglesia Romana que per- 
tenecen a la Sagrada Inquisición. Y antes de pronunciar sentencia 
definitiva sobre ellas, a fin de adquirir un conocimiento más comple- 
to del hecho, mandó llamar también para este examen, guardado 
el orden del derecho, a todos y cada uno de los misioneros de la 
China, cuantos existiesen en Roma, como también a muchos jóvenes 
que habían venido de aquellos países a Europa por motivo de edu- 
cación y de instruirse en las cosas de la religión cristiana.» Bula Ex 
quo, núm. 20. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



313 



que admirar que los chinos escriban semejante papel, pero 
mucho si en que los Padres, después de todo lo pasado, ha- 
gan caso de él y se atrevan a participarlo a los extraños. 
Mucho es de temer el dicho del Sr. Cardenal de Tournon: 
Missio destruetur, et error non enmendabitur (26). 

Al Obispo de Pekín Sr. D. Policarpo de Souza cúpole el 
honor, aunque bien contra sus sentimientos, de publicar la 
bula en Pekín, para lo cual hizo circular una pastoral en la 
que se dejaba resintir de sus opiniones riccistas (27). Los 
catequistas de los jesuítas hicieron una petición a los mi- 
sioneros para que recurrieran al Papa con la petición de 
que mitigara lo que manda en su bula. Protestó de esto el 



(26) Royo. Reí. del 7 de marzo de 1746. 

(27) Acerca del Sr. Souza nos da las siguientes curiosas noticias 
el Bto. Royo : «Los Padres de la Compañía y el rey de Portugal se 
empeñaron tanto, que consiguieron el Obispado de Pekín para un 
Padre de ellos, llamado Policarpo Souza, que el presente se halla 
en Macao a fin de consagrarse. En dicha ciudad estaba cuando llega 
la referida Constitución Apostólica, y a más del juramento que debe 
hacer de su observancia, como en ella a todos se manda, dicen que 
le obliga su Santidad a hacer otros juramentos antes de consagrarse.» 
(Royo. Reí. del 2 de noviembre de 1743.) 

Y aludiendo a lo mismo, escribe el Bto. Alcober: «Escribe el Rmo. 
P. Miralta que el Obispo de Macao luego llamó al de Pekín, consa- 
grando, y a todos los misioneros les hizo una plática. Y luego juró él, 
el Sr. Sousa ; y acabado ae hacer el juramento, le dijo : «Sepa su 
Sría. que antes de consagrarle tienen que hacer otros muchos jura- 
mentos en mis manos, que manda su Santidad», y que lo sintió mu- 
cho. Todos los demás jesuítas lo hicieron, pero muy cabizbajos.» Al- 
cober. Reí. del 30 de noviembre de 1743.) 

El Sr. Sanz alaba al Sr. Obispo de Macao por su buena cenducta 
en esta ocasión, diciendo : «Me alegro que el Sr. Obispo de Macao 
se porte con tanto celo». (Sanz. Reí. del 5 de noviembre de 1743, al 
P. Miralta.) 

De los juramentos que debía hacer el Sr. Souza. a que se refiere 
el Bto. Alcober, hablan las Letras que el Papa dirigió a ese Sr. Obis- 
po, con fecha del 19 de diciembre de 1744 : «Una insimul. escribe el 
Papa, cum hisce epistolis tuis, accepimus pariter solemnem jurisju- 
randi, a te in epístola tua inauguratione delati. juxta formam ac te- 
norem tibi Praescriptun in ipsis Nostris tuae ad Episcopatum promo- 
tionis Litteris, in simili forma Brevis expeditis, actum; necnon dúo 
alia a te seorsim praescripta testimonia, alterum quidem de jureju- 
rando super Apostolicae Constitutionis quae incipit Ex iga die, alte- 
rum vero de jurejurando etiam super alterius Apostolicae Consti- 
tutionis. quae incipit Ex quo, observantia, prastitis.» (Collectanea 
Cnnstitutionum, Secretum, indultorum act Mstmctionum Sancta Se- 
áis, Hongkong, 1905, po. 787-789.) 



314 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



señor Pedrini, quien pidió al Sr. Obispo impusiera silencio 
a los cristianos, porque de seguirse algún escándalo serian 
responsables él (el Sr. Obispo) y los misioneros jesuítas. 
Con esta protesta quedó todo apaciguado. Sin embargo, 
muchos de esos cristianos desobedecieron, «parte por ma- 
licia o debilidad, parte por falta de de consejos, porque 
cuando el mal ha echado raíces no basta una simple pala- 
bra o insinuación para estirparlo» (28). 

Superfluo es decir que ninguna persecución hubo en la 
Misión a consecuencia de la aceptación de la bula por los 
misioneros. Los riccistas habían perdido toda su influencia 
en la corte. 

Parece que al Sr. Souza le acusaron de no haber cum- 
plido con exactitud con las órdenes de Roma, y, disculpán- 
dose y quejándose de tales acusaciones, escribía él al Papa 
con fecha del 5 de enero de 1744. El Papa le contestó con 
las letras del 18 de diciembre del mismo año ya citadas, en 
que decía al Sr. Obispo que la mejor manera de justificar- 
se de las acusaciones lanzadas contra él era el cambiar de 
conducta (29). 



(28 > Thomas, Historie..., t. I, p. 376. 

(29) Este documento papal es del mayor interés en la cuestión 
de los ritos ; y sentimos no poder trasladarle aquí por ser muy ex- 
tenso. Consta de las siguientes partes: 1. a Exposición de las deman- 
das del Obispo de Pekín 2. a Le dice el Papa que la mejor manera 
de justificarse es cambiando de conducta. 3. a Objeciones del Obispo 
de Pekín. 4. a Conducta diferente de los Apóstoles y de los primeros 
cristianos. 5. a Falsos pretextos de la persecución. 6. a Exhortación para 
promover a la integridad de la fe. 

Trae este documento traducido al francés A. Thomas, Historie..., 
cit.. T. I, pp. 377-380. A. Thomas habla extensamente de toda la 
cuestión tratada en este artículo en las pp. 376-394. Trae abundan- 
tes documentos con variadas citas de autores. El párrafo VI, pp. 382- 
394, titulado: «Conclusions a tirer de la querelle des rites» es muy 
interesante. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



315 



VI 



LA CÉLEBRE PASTORAL DEL SR. SANZ 



Viendo el Obispo Sanz que en las provincias de Che- 
kiang y Kiangsi, de las cuales era Administrador Apostóli- 
co, había necesidad de dar la voz de alerta a los misione- 
ros sobre la observancia de la bula, publicó la siguiente 
hermosa pastoral: 

«Nos D. Fr. Pedro Mártir Sanz, del Orden de Predica- 
dores, por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo 
Mauricastrense. Vicario Apostólico de la provincia de Fo- 
kien y Administrador de las provincias de Chekiang y 
Kiangsi. 

»A todos los MM. RR. Misioneros Apostólicos pertene- 
cientes a nuestra jurisdicción; salud eterna en el Señor. 

»Promulgada por Nos en esta provincia de Fokien del 
imperio de la China la Constitución de nuestro Santisimo 
Padre Benedicto por la Divina providencia Papa xrv, que 
empieza: Ex quo singulari Dei providentia, etc., sobre las 
ceremonias y ritos chinos, inmediatamente acudieron a 
Nos algunos misioneros proponiendo varias dudas, a las 
que, en parte, respondimos desde luego, y en parte defi- 
rimos su contestación para tiempo más oportuno. Empero, 
no sin gran aflicción y pesar, hoy nos vemos obligados 
a decir lo que totalmente quisiéramos guardar en silencio; 
y es que a los Decretos Pontificios publicados en este im- 
perio de China, a fin de que no produzcan el efecto de- 
seado por el Sumo Pontífice, les acontece lo mismo que a 
los párvulos de la nación hebrea, a quienes, para impedir 
que llegasen a la edad viril y perfecta, apenas nacidos, al 
punto por orden de Faraón era quitados del medio. 

»Casi eso mismo sucede en el presente caso, en el he- 
cho de que muchos de los misioneros con sus preguntas, 
por no decir quejas y cavilaciones, manifestando los co- 
natos de su ánimo, querrían que los Decretos Pontificios 
que sobre los ritos se publican, desaparecieran de la vista 
de las gentes. Tal vez no han pensado éstos tales en la 



316 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



sentencia del Salvador, que dice que «las puertas del in- 
fierno no pueden prevalecer contra la Iglesia»... 

»Temamos, pues, y obedezcamos, como es debido, a la 
verdad, no sea que los Prelados de la Iglesia, viendo a los 
misioneros de China divididos en pareceres contrarios, ten- 
gan que darles en el rostro con el reproche que a hombres 
semejantes dirigía el Apóstol por estas palabras: «Siem- 
pre están aprendiendo, y nunca llegan al conocimiento 
de la verdad.» Por eso en gran manera debe ser temida 
la sentencia del Eminentísimo Cardenal de Tournon, sen- 
tencia que muchas veces, no sin estupor, hemos leído y 
oído: «La Misión será destruida, y el error no será en- 
mendado.» 

»La Iglesia de Dios vivo, ¿no es, por ventura, columna 
y baluarte de la verdad?... 

»También en esa columna hoy habla Dios al Sumo 
Pontífice, su siervo, para que creamos al Señor y a su 
Vicario en la tierra. Si queremos, pues, evitar nuestra 
caída y ruina, apoyémonos con todas nuestras fuerzas en 
esta sublime columna; y para alejar de nosotros cualquier 
peligro de engaño, abracemos con todo nuestro corazón 
la verdad. Porque si el Sumo Pontífice viere desavenidos y 
discordes entre sí a los Ministros de Jesucristo, con 
sobrada razón podría quejarse diciendo: «Si os digo la ver- 
dad, ¿por qué no me dais crédito?» 

»Muchos responderán, acaso, que los Decretos Pontifi- 
cios son muy duros y rigurosos. Esto mismo decían los 
judíos de la doctrina de Cristo: «Dura es esta doctrina, 
¿quién la podrá escuchar y seguir?», en tal extremo que 
muchos se retiraron, abandonando al Señor. Mas esto no 
obstante, Jesús se vuelve a sus discípulos y les dice: «¿Por 
ventura vosotros también queréis retiraros?...» 

»A muchos causa admiración el considerar atentamen- 
te la alegría y aplausos con que no pocos misioneros han 
usado durante casi veinte años las permisiones del Pa- 
triarca Alejandrino, sin que tales ministros fijaran su aten- 
ción en que semejantes licencias eran abiertamente con- 
trarias a la Constitución Apostólica Ex illa die. Pero en el 
momento que ven a nuestro Santísimo Padre el Papa Be- 
nedicto XIV condenar con tanta razón las tales permisio- 
nes, súbitamente muchos de ésos se conmueven y alboro- 
tan; se excitan cuestiones por todas partes; y la Iglesia 



i- 



MISIONES DOMINICANAS JCN CHINA 



317 



de China siente en torno suyo tan grande confusión, que 
se ve precisada a exclamar, con todas sus fuerzas y a 
grandes voces: «Los hijos de mi madre se declararon con- 
tra mí.» Y cuando los Vicarios Apostólicos quieren aplicar 
a este mal oportuno remedio, en todo lugar se les contra- 
dice, y se les obliga a exclamar, gimiendo con el Profeta: 
«Nos haces ser el blanco de la contradicción de nuestros 
vecinos.» Con todo, os suplico que no echéis en olvido y 
temáis las amenazas, clarísimamente fulminadas en la 
Constitución Apostólica. 

»En esta parte imitamos al Apóstol San Pablo, que 
hablando de los hechos de los antiguos Padres, conmina 
a todos los fieles de Cristo en los siguientes términos: 
«Todas esas cosas que los sucedían eran figuras de lo pre- 
sente, y están escritas para escarmiento de nosotros. Quien 
está en pie mire no caiga...» 

»Ved, pues, cómo esas cosas se han escrito para nues- 
tra corrección. ¡Ojalá que nadie sufra tan terrible cas- 
tigo, sino que todos obedezcan a la Constitución Apostó- 
lica, cautivando su entendimiento en obsequio de Cristo, 
que «así amó a su Iglesia, y se sacrificó por ella para san- 
tificarla, limpiándola en el bautismo de agua con la pa- 
labra de vida, a fin de hacerla comparecer delante de él 
llena de gloria, sin mancha ni arruga». En verdad que la 
Iglesia de China hubiera quedado manchada, practican- 
do las ceremonias inútiles y los ritos prohibidos, y con tan 
grande mancha que, «aunque se lavara con nitro e hi- 
ciese continuo uso de la yerba borit (barrilla), quedaría 
siempre inmunda a los ojos de Dios, a causa de su ini- 
quidad. 

»Por tanto, en este día os pongo a vosotros mismos por 
tescigos de que no tengo culpa en la perdición y ruina 
de ninguno de vosotros, pues ya la Iglesia os ha anunciado 
todo el consejo de Dios mediante sus decretos Ponti- 
ficios 

»Por consiguiente, en cumplimiento de nuestro deber, 
mandamos las dos cosas que se siguen: 1. a Los misioneros 
que en todo nuestro distrito y jurisdicción administren 
los Sacramentos a los fieles, si antes no prestan el jura- 
mento mandado por nuestro Smo. Padre el Papa Bene- 
dicto xrv, les revocamos por las presentes letras las fa- 
cultades que les hayan sido concedidas, y las declaramos 



318 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



desde luego revocadas. 2. a Si algún misionero, lo que Dios 
no permita, consintiere a los fieles de Cristo las cosas que 
por los Sumos Pontífices ya han sido condenadas, no sola- 
mente les revocamos las facultades concedidas, sino que 
también les sometemos desde este instante a la pena de 
excomunión latae sententiae. 

»Ultimamente, a todos los operarios evangélicos perte- 
necientes a nuestra jurisdicción, les recordamos aquellas 
palabras de Ezequiel, que son del tenor siguiente: «Si ti 
centinela viese venir la espada, y no tocase la bucina, y 
el pueblo no se pusiere en salvo; y llegara la espada y 
quitase la vida a alguno de ellos, este tal, verdareramen- 
te, por su pecado padece la muerte, mas yo demandaré 
su sangre de mano del centinela 

»Dado en Moyang, provincia de Fokien, en el dia 22 de 
julio del año 1745» (30). 

Los juicios que esta pastoral mereció fueron encomiás- 
ticos. El Bto. Serrano escribía: «El limo. Sr. Sanz ha he- 
cho una pastoral muy linda para los PP. jesuítas y fran- 
ciscanos de Chekiang y Kiansi» (31). 

Y el P. Miralta, con fecha del 20 de enero de 1746, es- 
cribía al P. Vicente Salazar, O. P.: «El nuestro limo, señor 
Sanz publicó su pastoral acerca de la observancia de la 
Constitución Ex quo, que, entre todas las demás pastorales 
de otros Sres. Obispos y Vicarios Apostólicos, es la más lu- 
cida y frezzante (contundente), según el parecer de algu- 
nos. Y no dudo que en la Europa hará grande estruendo. 
Pero, ad quid?, mientras en estas partes se pasa en silencio 
de los permisionistas ni más ni menos que la misma Cons- 
titución? El reinante Pontífice Benedicto XIV tiene ema- 
nada otra Constitución acerca de los ritos malabáricos, 
más fuerte que la Ex quo; y también de ésta nada se habla, 
confiándose en el témpora non ocurre». 



(30) Arias, Vida... pp. 459-468 y A. P. D. 

(31) Serrano. Reí. del 14 de octubre de 1745. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



319 



Con la misma fecha de la anterior escribía el mismo 
Padre Miralta al P. Provincial Bernardino Ustáriz: «Del 
ilustrisimo Sr. Sanz va una pastoral concerniente a la Cons- 
titución Ex quo servirá ad perpetuam rei memoriam en 
honra del Sagrado Orden de Predicadores, aunque por ser 
opuesta a los permisionistas, éstos pretenden ocultarla ca- 
llando, y con aquello de témpora non currere enterrarla 
con el prototipo. Pero no será así, pues en la Europa se 
imprimirá como la Constitución, ni más ni menos, para 
que todo el mundo sepa el maldito empeño en no querer 
decir: erravimus. También se pasa aquí en silencio una 
otra Constitución acerca de los ritos malabáricos, más 
fuerte que la Ex quo en China» (32). 

«Pero si todavía en Macao y en otras partes seguía ha- 
biendo algunos recalcitrantes, en la provincia de Kiangsi 
y Chekiang corrigióse el mal; todos los ministros presta- 
ron obediencia al Sumo Pontífice y a su representante el 
santo Obispo de Mauricastro. Y todos, teniendo por cau- 
dillo al siervo de Dios, se aprestaron «a predicar impávi- 
dos la verdad de la Religión cristiana, con la pureza con 
que les era enseñada por la Silla Apostólica, dispuestos a 
derramar su sangre para defenderla» (33). 



(32) A. P. D. 

(33) Bula Ex quo, núm. 28. Arias, Vida., pp. 468-469. Si, como 
afirma el P. Arias, los misioneros franciscanos y jesuítas de Chekiang 
y Kiangsi obedecieron a la bula dicha y a la pastoral del Bto. Sanz, 
los misioneros de otras partes no imitaron tan buen ejemplo. Se que- 
jaron de la Pastoral por severa y nimia, lo que podía recaer en des- 
crédito de la Compañía, como si tal descrédito, bien merecido por 
otra parte fuera de mayor interés que la defensa de la ley y cos- 
tumbres y la obediencia al Vicario de Cristo. (J. de la Concepción, 
Hist. Gen. de Filipinas, t. XI, cap. XIII. núm. 12.) 

El P. Juan Silvano de Neuvialle. con fecha en Macao del ocho de 
mayo de 1748. escribió una carta quejándose de la Pastoral del Bto. 
Sanz por los motivos dichos, así como de la relación del Bto. Serrano 
de 1746-1747, con otras muchas inexactitudes acerca de los misione- 
ros dominicos y PP. dominicos de Manila ; a la que contesta contun- 
dente el P. Pedro Luis de Sierra, O. P., con fecha del 15 de agosto 
del mismo año. Ambos escritos se hallan en el APD. ; así como otro 
debido al P. Francisco María Guglielmi, misionero de la Propaganda, 
con fecha en Macao del 20 de febrero de 1749. 



CAPITULO X 



PRISION DE LOS CINCO MISIONEROS DOMINICOS 
I 

UN GENTIL DENUNCIA. SON PRESOS Y ENCARCELADOS 

El período de semipaz que habían disfrutado nuestros 
misioneros era como la calma que presagia grandes tor- 
mentas. 

La cristiandad más perseguida de China desde los pri- 
meros días de su fundación ha sido, y es hoy, la parte de 
la viña más hermosa de la Iglesia china, gracias a la san- 
gre derramada por sus cristianos y a la vida dada de su3 
pastores por Cristo. 

El Bto. Serrano nos describe el estado de la cristian- 
dad de la jurisdicción de Fogán y el comienzo de la per- 
secución en estos términos: 

«En la villa de Fogán y pueblos de su jurisdicción tie- 
nen los PP. misioneros de la Orden de Sto. Domingo una 
cristiandad muy florida, pura y limpia de todo género de 
supersticiones. Cinco misioneros españoles, con el dicho 
Sr. limo, (el Bto. Sanz), del Sagrado Orden de Predica- 
dores, nos hallamos en el cultivo de esta florida viña del 
Señor a expensas de nuestro rey católico, que con regia 

21 



322 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



magnificencia nos envía todos los años sus socorros, sin 
más intereses que el de la salvación de las almas» (1). 

«Alegres y gozosos asistíamos a nuestra cristiandad por 
el copioso fruto de conversiones de gentiles y fervor de 
versario, envidioso de tanto bien, movió la más cruel per- 
secución que hasta ahora se ha experimentado en este 
imperio. Tomó por instrumento a un gentil del pueblo de 
Moyang, llamado Yin-ku (2). Este ministro de satanás 
trabó grande amistad con el mandarín de armas de la 
villa de Fogán; era su consultor y director en todos los 
negocios» (3). 

Había pedido al casero del Bto. Sanz una crecida can- 
tidad de dinero, y al negarse juró venganza. Valiéndose de 
la amistad que tenia con el mandarín de Armas de la villa 
de Fogán, denunció ante esta autoridad a dicho cristia- 
no, llamado Margencio Lang-kuong, como encubridor del 
beato Sanz. Le dió noticias minuciosas de los misioneros 
que había en la región donde residían, del número de 
cristianos principales, Beatas y terciarios dominicos de 
Fogán y de su territorio. 

El mandarín de Armas, enemigo de la Ley de Dios y 
enemistado con el mandarín de la villa de Fogán, dió de 
todo aviso al mandarín de Funingfú, gran enemigo tam- 
bién del nombre cristiano. Con esto pensaba vengarse del 
mandarín de Fogán, desfogar su satánica ira y odio con- 
tra los cristianos y ascender a más altos puestos por su.o 



(1) Serrano : «Relación de la cruel persecución que padeció nues- 
tra cristiandad de Fogán el año próximo pasado de 1746. Dase no- 
ticia de la prisión de los RR. PP. Misioneros de la Orden de N. P. 
Santo Domingo, con algunos cristianos. A lo último se pone un bre- 
ve tratado del glorioso martirio del ilustrisimo y Rmo. Sr. D. Fr. Pe- 
dro Mártir Sanz, del Sagrado orden de Predicadores, Obispo de Mau- 
ricastro y Vicario Apostólico de esta provincia de Kokien en el im- 
perio de la China.» 

(2) «Yunku vel Yin-ku» (Serrano. Reí. del 4 de noviembre de 
1747, escrita al P. Francisco Serrano, O. P.. Procurador de la Pro- 
vincia en Madrid, de quien dice es «pariente». 

(3) Serrano: Relación de la cruel..., núm. 3. 



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MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



323 



simbólicas acusaciones; «y bien le lució el pelo, pues lue- 
go perdió el mandarinato» (4), escribe el Bto. Serrano. 

II 

EL MANDARÍN DE FUNINGFÚ INFORMA AL VIRREY 

A principios de abril de 1746 vino el corregidor de la 
ciudad de Funingfú, llamado Tung Ki-zang, a la villa de 
Fogán a reconocer los graneros reales. Aprovechó esta ve- 
nida el malvado mandarín de Armas de esa villa para co- 
municarle las noticias que acerca de los misioneros y cris- 
tianos le había dado Yun-ku. Nada le respondió; mas vuel- 
to a Funing, envió al virrey una acusación llena de blas- 
femias y calumnias contra la Ley de Dios, sus ministros y 
cristianos (5). 

III 

ÓRDENES SEVERAS PARA CAPTAR A LOS MISIONEROS 

Con diabólica alegría recibió al virrey, por nombre Cheu 
Hio-kien, la acusación del mandarín de Funingfún, pues 
hacía mucho tiempo que odiaba y perseguía a los cristia- 
nos y esperaba la ocasión para saciar en ellos su odio y 
cumplir con las órdenes de Pekín. 

Muy solícito en sus perversas intenciones, ordenó a 
Hoang Chung-ye, capitán de su guardia, hombre cruel, 
que fuese a Funing y desde allí a Fogán y prendiese a los 
europeos, cristianos y Beatas. 

El 25 de junio de 1746, a la una de la tarde, llegó a Fo- 



(4) ibid. 

(5) Vide Apéndice Tercero. 



324 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



gán el enviado del virrey, y a las tres del mismo día salía 
para Moyang el capitán de Armas de Fogán con cien sol- 
dados; y el capitán de la guardia del virrey, con otros 
cien, se fué a Koang-pu, residencia de los Btos. Serrano y 
Díaz, a los que no pudo coger, pues cinco días antes ha- 
bían salido para Kitung. Se contentó con saquear la casa 
y apresar cuatro cristianas, dos de ellas Beatas. 

Con toda presteza prosiguió a Ki-tung en busca de los 
dos siervos de Dios; mas un cuarto de hora antes de lle- 
gar al pueblo dió un cristiano aviso a los dos misioneros, 
escondiéndose éstos debajo de unas tablas del piso de una 
casa. 

«Llegó esta tropa infernal con grande estruendo y al- 
gazara, quebrando puertas, tabiques, tablas, arcas y cuan- 
tos trastos había en la casa. No obstante que pasaron por 
cima de nosotros cuatro veces, no pudieron dar con lo que 
buscaban y tenían debajo de sus pies» (6). 

Chasqueado por segunda vez el cruel Hoang, mandó sa- 
quear la casa, llevándose presas dos cristianas. 

A las dos de la noche pasaron los dos siervos de Dios a 
la casa de otro cristiano llamado Francisco Lan, en donde 
estuvieron ocultos hasta el día de su prisión. 

El cruel Hoang, para descubrir el paradero de los dos 
santos misioneros, mandó dar el tormento de los dedos a 
las cristianas apresadas, excepto a una niña, llamada Inés, 
la cual, por sus inocentes declaraciones, fué causa de que 
padeciera no pocos tormentos un joven gentil, a quien lla- 
man los mártires en sus cartas «el mozo pelón», así llama- 
do por tener la cabeza pelada. 

Como ya dijimos, el mismo día 25 de junio partieron 
para Moyang cien soldados, al frente de los cuales iba el 



(6) Serrano, Reí. de la cruel..., núm. 7. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



325 



mandarín de Armas de la villa de Fogán. Mas habiéndose 
enterado dos cristianos, Pedro Vuan-on, de Moyang, y 
Francisco Lieu-xun, de Fogán, de que los soldados iban a 
prender a los misioneros de Moyang, marcharon a toda 
prisa para dar aviso. Pero en medio del camino fueron al- 
canzados por unos satélites que iban a caballo, que les 
apresaron y los volvieron a Fogán. A fuerza de tormentos 
confesaron que iban a dar aviso a los misioneros de la ida 
de los soldados. 

La tropa llegó a Moyang ya de noche, y echando los 
soldados mano del primer muchacho que encontraron, lla- 
mado Juan Mieu, cristiano, circunstancia que los soldados 
no sabían, le obligaron a que los guiara a casa de Lang- 
kuong, cuyo nombre de pila era Margencio. Mas el joven 
Juan, para dar tiempo a que se ocultara el Bto. Sanz, que 
se hospedaba en una casa de aquel cristiano, llevó a los 
soldados a casa de un pariente de éste, también cristiano. 

Los esbirros, al no encontrar su codiciada presa, pasa- 
ron a la casa de Margencio, en donde no encontraron ves- 
tigio alguno de europeo ; como tampoco en una casa vecina 
de un tío de ese cristiano, pues Margencio vivía en una 
casa vieja y el Bto. Sanz habitaba una nueva, propiedad 
del mismo cristiano. 

Marchaban despechados y desengañados los soldados, 
cuando un gentil les dijo que el misionero habitaba en la 
casa nueva. Fueron los soldados allá, entrando en la casa 
hechos unas fieras, rompiendo todo cuanto encontraban a 
su paso. El Bto. Sanz ya había huido a la casa de otro cris- 
tiano, llamado José Mieu. Los soldados hallaron las vesti- 
duras sagradas y otros objetos del santo Misionero. Para 
lograr dar con la presa que tanto deseaban, dieron tor- 
mento a Margencio y a la mujer de éste y a dos Beatas. 
Mas ni con el terrible dolor de los tormentos declararon 



326 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



nada. Sólo dijeron que hacía tiempo que el europeo se ha- 
bía ido y que no sabía adonde. 

Fracasado en esta empresa, el mandarín dió inmedia- 
tamente órdenes de que, sin pérdida de tiempo, fueran al- 
gunos soldados a Kankia-pan, pueblo a corta distancia de 
Moyang, para que prendiesen al europeo que allí estaba, 
que era el Bto. Alcober. 

IV 

EL MOMENTO DE LA PRISIÓN 

a) El Beato Alcober. 

Hallábase el Bto. Alcober, en el citado pueblo, en la casa 
de un cristiano llamado Tadeo Vuan Go-chin. En carta 
que el mismo santo mártir escribe el Bto. Serrano, descri- 
be así las circunstancias de su prisión. 

«Día 25 de junio de 1746, entre once y doce de la noche, 
acometieron a la casa de mi habitación como unos cien 
soldados, y levantándome de la casa en camisa y calzones 
para huir por el postigo, lo hallé ocupado de otros sol- 
dados, que me hicieron retroceder, y a los cuatro o cinco 
pasos, caí; y todos dieron sobre mí con la fuerza que se 
entiende; y quedé lastimado de la rabadilla, o hueso de 
ella, usque in hodiernum diem. Me ataron al pescuezo un 
látigo de cuero bien apretado, y de camino me arranca - 
ron la mitad de las barbas. De este modo, con gran al- 
gazara, me sacaron arrastrando unos pasos de la casa, y 
al llegar al río de Moyang, encontré a los dos mandarines 
que me estaban esperando a la orilla, y puesto en su pre- 
sencia, el mandarín de la villa mandó que me desataran, 
diciendo: «Este hombre no tiene pecado.» De allí fuimos 
todos a la casa del V. Mártir, limo. Sr. Sanz, que había 
escapado poco antes de sus manos. Me mandaron sentar 
en la sala de la casa sobre los trastos del dicho V. Señor; 
y al salir el sol, salimos todos para la villa de Fogán. La 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



827 



ropa y trastos de dicho V. Sr. iban conmigo; y juntamente 
un soldado llevaba descubiertos el crucifijo grande de mar- 
fil; y con esta gloriosa compañía, que me sirvió de gran 
consuelo en todo el camino, entré en Fogán a mediodía, 
en donde me estaba esperando toda la gente de la villa y 
aldeas, que, según decían, no habían visto mayor con- 
curso jamás; sólo, decían, podía igualarse si viniera el 
emperador a dicha villa. Fui a la Audiencia del mandarín 
de armas, y de allí a poco me despacharon a la Audiencia 
de lo civil» (7). 

El día 26, siguiéronse los juicios, durante los cuales le 
preguntaron que cómo se llamaba, que de dónde era, que 
cuántos misioneros y cristianos había, etc., etc. A todo 
respondió con mucha prudencia, el venerable preso. 

El día 27 por la tarde, llamáronle de nuevo a la Audien- 
cia, y preguntáronle sobre cada uno de los objetos del re- 
cado de Misa. Y en «este juicio, — escribe el mismo Bto. Al- 
cober — , expliqué el misterio de la Encarnación y virginidad 
de María Santísima». «Trajeron también presos este día 
26 a Margencio, Ambrosio, al muchacho que los engañó, 
a un compañero suyo, a Teresa y Lucía, mencionada 
arriba» (8). 

«No es posible referir en particular lo mucho que pade- 
cimos estos días, así nosotros como los pobres cristianos. 
Unos se huyeron a los montes, llevando consigo sus fami- 
lias; otros se escondieron en casas de gentiles. Iban los 
soldados saqueando las casas, especialmente en Moyang 
y Ky-tung. A río revuelto los pescadores ladrones sacaban 
sus ganancias; ya no esperaban que llegara la noche; de día 
robaban las cosas fingiéndose soldados o satélites. Juntá- 
base a esto la impudencia de soldados tan deshonestos 
para con las pobres mujeres. ¡Qué de tormentos dieron 



(7) Serrano. Reí. de la cruel..., núm. 11. 

(8) Ibíd. 



328 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



ellos por las casas a las pobres mujeres y muchachas, y el 
capitán cruel en la Audiencia! Algunas tenían ya los de- 
dos de las manos hechos ceniza; porque llevaban ya tres 
o cuatro veces el tormento. No quiero lastimar más el co- 
razón del piadoso lector» (9). 

b) Prisión de los Padres Serrano y Díaz. 

«Ya dijimos arriba — escribe el Bto. Serrano — cómo pa- 
sada la tormenta de los soldados, nos pasamos a casa de 
Francisco Lan, en el mismo pueblo de Ky-tun. Dos días 
estuvimos escondidos entre dos tabiques del sobrado de 
la casa, y para mejor disimular, cubrieron un tabique con 
unas cargas de arroz. Fué el día 26 y 27 de junio con ca- 
lores excesivos. Alli nos iban dando noticia de las cruel- 
dades de aquel capitán y de los tormentos que daba a 
aquellas pobres cristianas, para que declarasen dónde se 
habían ido los europeos. Estos tormentos que a ellas da- 
ban en los dedos de las manos, nos pasaba el corazón, y 
así queríamos salir y entregarnos al mandarín. Pero con- 
siderando que es más acertado ponerse en manos de Dios 
que entregarse al brazo seglar, resolvimos esperar hasta 
que su Divina Majestad dispusiera de nosotros lo que fue- 
ra más de su agrado. No podían los cristianos sufrir en 
su corazón que nos prendieran, por lo cual determinaron 
el día 27 de junio por la noche llevarnos a casa de un 
infiel que vivía en un monte, frente del pueblo de Ky- 
tung. Serían las diez de la noche cuando, estando ya pre- 
parados ya para salir, oímos grandísimos golpes en la 
puerta de la calle. Dijeron los de casa: «Padres, ya están 
aquí los soldados, escondeos entre los tabiques.» 

»Entraron los soldados (100), haciendo pedazos todo 
cuanto había en la casa. Tres veces pasaron junto a nues- 
tros tabiques, y no pudieron encontrarnos. Dieron tor- 
mento a algunas muchachas a una Beata anciana para 
que dijeran dónde estábamos; pero no declararon. Es- 
taban ya cansados de dar tantas vueltas y porrazos. Les 
oíamos decir: «Se han ido, no están aquí.» En esto entró- 



(9) Serrano. Reí. de la cruel..., cit. núm. 12. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



329 



un apóstata, llamado Nicolás, y les dijo: «Estos no son 
pájaros que puedan volar; yo sé que están aquí; volved 
a buscar.» Volvieron, quebrando tabiques, y dieron con 
el nuestro. Echáronme una soga al cuello, y tomándome 
un soldado del cingulo, que tenía puesto, me levantó en 
alto, dejándome sin respiración. Al P. Díaz le echaron al 
cuello una cadena; con algún empujón, o golpes, que le 
dieron iba a caer, puso la mano en el suelo, y, como es 
natural mover algún pie, tocó, sin querer, a un mandari- 
nillo (viene a ser cabo escuadra); sintió su merced mu- 
cho que le hubieran tocado en el pie, y se quejó agria- 
mente ante el capitán Hoang Chung-ye, quien tomó ven- 
ganza, como diremos presto. 

»Con nuestras sogas y cadenas al cuello nos sacaron 
del pueblo de Ky-tung a las once de la noche del dicho 
día 27, haciendo nosotros la despedida de nuestros queri- 
dos cristianos, quedando el pueblo hecho un mar de lá- 
grimas, con clamores y suspiros que penetraban el cielo, y 
a nosotros herían los corazones. Era ésta la última des- 
pedida, y así llegó hasta lo último el sentimiento. Nos 
acompañaban los 100 soldados dichos, con grande apa- 
rato de armas, chafarotes, linternas y hachas encendidas. 
Llegamos a la villa de Fogán entre doce y una de la no- 
che. Nos presentaron ante el capitán dicho más alegres 
y ufanos que si hubieran matado un ejército de mo- 
ros» (10). 

En la Audiencia molestaron a los dos con mil imper- 
tinentes preguntas. Después, dirigiéndose el capitán al 
Padre Díaz, le preguntó: «¿Cómo le diste un puntapié al 
cabo-guarda?» Respondió el P. Díaz: «No hay tal cosa; ni 
yo he levantado el pie para ofender a sujeto alguno.» Te- 
nía intentado dar tormento al Padre, y así le preguntó: 
«¿Dónde está el europeo del apellido Pe?» (apellido d-el 
señor Sanz). Respondió el P. Díaz: «No sé dónde puede 
estar.» Entonces le dió el tormento de tobillos; donde lo 
tuvo poco más de media hora; y luego nos llevaron a la 



(10> Serrano. Reí. de la cruel..., núms. 13, 14 y 15. 



330 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



cárcel. Pusieron un par de grillos a cada uno, una cadena 
al cuello; y, para mejor seguridad, nos metieron los pies 
en un cepo, que no le pueden levantar cuatro hombres. Pu- 
simos los zapatos por almohada; y pasamos, con el favor 
de Dios, lo restante de la noche alegres de ver nuestros 
pies en aquel cepo, donde estuvieron los de nuestro V. Ca- 
pillas, Protomártir de China (11). 

«La noche siguiente nos volvió a llamar al Tribunal. 
Estaba muy enojado con el P. Díaz por el puntapié fingido, 
y así buscó otro motivo para volverle a dar tormento. Pre- 
guntóle: «¿Si dormía con mujeres?» (Este capitán era muy 
deshonesto.) Respondió: «Yo soy religioso y no trato de 
esto.» Luego le preguntó: «¿Qué significa eso que hay en 
esa bolsica?» (Era un relicario.) Respondió que era reli- 
quia de un santo. (Un pedacito de la túnica del Bto. Po- 
sadas.) Entonces dijo este ministro de Satanás: «En esa 
bolsica tienes medicinas para pecar con mujeres, y que no 
puedan concebir. Si no confiesas, te daré tormento.» Res- 
pondió el Padre: «No hay tal cosa.» «Denle tormento.» 
Al punto ejecutaron su mandato. Como los pies estaban 
doloridos de la noche antecedente, fué el dolor tan intenso, 
que ya iba perdiendo el sentido. Pidióme el Padre la ab- 
solución, y discurriendo aquel mal hombre que yo rezaba 
algún rezo para librarle del tormento o, a lo menos, del 
dolor, mandó darme 20 bofetadas con unas suelas de cuero 
de carabao de tres o cuatro dobleces. Poco después de ha- 
berle absuelto, quedó sin sentido y en un parasismo tan 
profundo, que yo discurrí se había ido al cielo con palma. 
Una hora larga lo tuvo en el tormento (12). A mí me ame- 



(11) Serrano. Reí. de la cruel..., núm. 16. 

(12) «Después, dice el testigo quinto del proceso ordinario, sentados 
en su tribunal los mandarines, llamaron al siervo de Dios Díaz, y le 
preguntaron por su apellido, y luego le sometieron al tormento de los 
pies ; y de tal suerte apretaron, que los dos leños de que se forma ese 
instrumento de tortura se desencajaron y ya no pudieron unirse des- 
pués como estaban antes. Luego le preguntaron, presentándole el vino 
que le habían cogido en su posada, si él lo usaba para beberlo alter- 
nando con las mujeres para mejor engañarlas. Respondió que eso era 
una invención, pues que sólo tenía el vino para el santo sacrificio de 
la misa. Después, poniendo a la vista un saquito de polvos del se- 
pulcro de San Raimundo, que encontraron en la casa, le dijeron: 
«¿Esto sin duda lo tienes para seducir a las mujeres a que consientan 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



331 



nazó me daría tormento si no le decía dónde estaba e¿. 
Sr. Sanz. Respondíle que ya había mucho tiempo que no 
le había visto, porque yo siempre he estado en esta banda 
de Fogán. y su lima, en la de Moyang» (13). 

Luego dieron el tormento de los dedos a Teresa Chung, 
Priora de la V. O. T. de Santo Domingo, del pueblo de Mo- 
yang ; y a la viuda María Hy, para que descubrieran el pa- 
radero del Sr. Sanz. Nada pudieron conseguir los crueles 
jueces, pues las dos sufrieron con valentía los terribles 
tormentos. 

«Concluidos los tormentos, mandó que a los PP. Díaz 
y Serrano los volvieran al cepo; a la Teresa y a la viuda 
María, a la Audiencia, con los demás cristianos presos» (14). 



c) Prisión del Sr. Sanz. 

Dijimos más arriba que el Bto. Sanz quedaba escondi- 
do en la casa de José Mieu. El mandarín de Fogán había 
quedado, con parte de los soldados, en Moyang, para con- 
tinuar su búsqueda. La casa de Margencio fué escudriña- 
da escrupulosamente, pero sin resultado; convenciéndo- 
se, por último, que no estaba allí el siervo de Dios. Pasaron 



fácilmente en hacer contigo deshonestidades?» Respondió indignado el 
siervo de Dios: «Eso es un falso testimonio. Yo uso de eso como de 
un remedio celestial para mis enfermedades.» "Volvieron a atormen- 
tarle, y viendo que el siervo de Dios, tan cruelmente torturado, no 
exhalaba un solo suspiro, uno de los satélit a le dió un puntapié en las 
espinillas para que sintiese mayor dolor. Entonces dió un suspiro que 
ahogó entre dientes, y cayó en un deliquio. Estuvo en el tormento, que 
es de los mayores en el imperio, por espacio de dos horas. Pasado ese 
tiempo, le quitaron del tormento y le volvieron a la cárcel. Aquel saté- 
lite que dió el puntapié al venerable mientras el tormento de los to- 
billos murió lastimosamente a los pocos días ; y al morir, reventó y 
arrojó fuera los intestinos. Los cristianos decían que esto era castigo 
de Dios, por el atropello que al venerable Confesor y por otros pecados ; 
y aun los infieles, que le tenían por hombre muy malo, exclamaban ser 
justo castigo por sus crímenes.» 

(13) Ibid., núm. 17. 

(14i Ibid. 



332 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



después a registrar las casas vecinas, y obtuvieron los 
mismos resultados. Llegaron, por fin, a la casa de José 
Mieu, y tres veces bajaron al huerto, en donde, al amparo 
se les apagaron las luces que llevaban, sin poder dar con la 
de unos arbustos, se escondía el Bto. Sanz, y las tres veces 
codiciada presa. 

A la mañana siguiente, compadecida del siervo de Dios 
una devota terciaria, le llevó a su casa. Sólo estuvo allí 
un día, pues al siguiente, temerosos los huéspedes, sabien- 
do que la casa iba a ser registrada, le trasladaron a la 
casa vecina de un infiel, en donde pasó toda la noche es- 
condido en un pozo húmedo. Le sacó de allí un cristia- 
no y le llevó a la suya. Mas no cabiendo el siervo de Dios 
en un estrecho hueco que en un desván le habían hecho 
para ocultarse, tuvo que ir a refugiarse a la casa de Inés 
Kuo, viuda cristiana, donde estuvo dos días. 

Llegado el 29 nuevo refuerzo de soldados, y cansados, 
no menos que temerosos, los gentiles de más molestias y 
vejámenes de parte de los esbirros, dijo uno de ellos a los 
soldados: «En casa de Inés Kuo está el principal de los 
europeos.» Fueron éstos allí, registraron toda la casa, y no 
hallaron al que buscaban, por estar oculto detrás de la 
cama de su hospedera. 

Desesperados los soldados, maldecían y amenazaban a 
los habitantes de Moyang. Entonces un gentil, cuñado de 
Inés, les dijo: «El europeo estaba aquí hace poco; dad tor- 
mento a Inés para que declare donde está.» Dieron el te- 
rrible tormento de los dedos a la virtuosa Inés; mas nada 
declaró. 

Mientras tanto, el santo Obispo pudo salir ocultamente 
de allí; y, ayudado de dos cristianas, acogióse a una casa 
deshabitada. Mas sabido esto por el propietario, que era 
gentil, fué allá y arrojó al siervo de Dios fuera, sin querer 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



333 



oír sus humildes súplicas para que le dejase pasar allí 
aquella noche. 

Enfermo, hambriento, exhausto de fuerzas, viendo era 
la voluntad de Dios, se fué a la entrada de Moyang, a un 
sitio llamado Kiemoey, y se sentó rendido debajo de unos 
árboles, decidido ya a entregarse a los satélites (15). 

«Son indecibles los trabajos que padeció su lima, desde 
el día 25 de junio hasta el día 30. Lo tenía Dios escogido 
para mártir glorioso, y así era preciso prevenir con traba- 
jos su martirio. Sesenta y seis años de edad, una quebra- 
da muy penosa, vómito de sangre, las piernas hinchadas, 
morateadas como lirio, causaba grande lástima el verlas; 
sin comer ni dormir en cinco días; saliendo de una casa y 
entrando en otras; hasta que aterrados los cristianos con la 
hostilidad de los soldados, desampararon a su lima, y lo 
dejaron debajo de unos árboles a la entrada del pueblo de 
Moyang, donde el día 30 de dicho mes, al amanecer, düo 
su lima, a los primeros gentiles que por allí pasaron : «Lle- 
vadme donde están los soldados, o avisadles que vengan, 
aquí les espero.» Luego, al punto, vinieron, porque todo el 
pueblo estaba lleno de esta buena gente y de satélites, y 
llevaron preso a su lima, a la villa de Fogan» (16). 

Los insolentes se apoderaron brutalmente de la persona 
del venerable anciano y, atándole como a un facineroso, 
le obligaron a ir a pie hasta la villa de Fogán. Llegó entre 
las cuatro y cinco de la tarde. Hizole Hoang Chung-ye va- 
rias preguntas pesadas, dejándole después solo en la Au- 
diencia. 



(15) «El siervo de Dios, considerando la turbación de los cristia- 
nos, y al mismo tiempo que ya no le era posible escapar de las 
manos de los satélites, resolvió manifestarse, y así llamó a un gentil 
para que le condujese a las afueras de Moyang. Y habiendo llegado 
al sitio llamado Ke-muy, sentóse bajo un árbol que se llama ru-ly, y 
viendo pasar a algunos infieles, les dijo que avisasen a los soldados 
cómo él se halla allí. Vinieron en seguida y le prendieron.» (Depo- 
sición del 11°) 

(16) Serrano. Reí. de la cruel..., núm. 18. 



334 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Sentado el siervo de Dios en un banco, levantó los ojos 
en alto hacia un árbol, y tuvo la visión siguiente. Sucedía 
esto al anochecer. 

«Estaba la copa de este árbol cubierta de innumerables 
estrellas, más resplandecientes que las del cielo. Vió tam- 
bién dos báculos de estrellas del mismo resplandor. (Me 
dijo su lima, que no se acordaba si eran tres, pero que a 
lo menos eran dos). Algo distante de dichas estrellas vió 
un túmulo. Estuvo su lima, algún tiempo recreando la 
vista y admirado de esta visión. Después se levantó para 
entrar dentro de la Audiencia. Al entrar por la puerta, vol- 
vió para recrearse más con la visión dicha, pero ya habia 
desaparecido. Encargónos al P. Royo y a mí el secreto. Pero 
hallándose ya mártir dichoso, es conveniente el referirla 
para honra y gloria de Dios y de su amado siervo» (17). 

d) Prisión del Padre Royo. 

«Sólo quedaba ya el infatigable apóstol, el gran corre- 
dor evangélico, el celosísimo conquistador de almas para 
Jesucristo, P. Royo, en aquella preciosísima viña que tan 
óptimos frutos daba para el cielo» (18). 

Había logrado huir de las manos de los satélites por es- 
pacio de varios días. De casa en casa, de monte en mon- 
te, en cuevas oscuras, en despoblados, vagaba el siervo de 
Dios desamparado ya de todo favor humano. Convencido 
que le era ya imposible escapar de las manos de sus crue- 
les perseguidores, pues desde la capital de la provincia 
hasta los más apartados rincones del distrito de Fogán, 
había apostados soldados y espías para prenderle, deci- 
dió entregarse voluntariamente a sus perseguidores. 

Sabiendo el cruel Hoang que aun quedaba escondido 



(17) Jbíd., núm. 20. 

(18) Arias. Vida..., p. 508. 



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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Sentado el siervo de Dios en un banco, levantó los ojos 
en alto hacia un árbol, y tuvo la visión siguiente. Sucedia 
esto al anochecer. 

«Estaba la copa de este árbol cubierta de innumerables 
estrellas, más resplandecientes que las del cielo. Vió tam- 
bién dos báculos de estrellas del mismo resplandor. (Me 
dijo su lima, que no se acordaba si eran tres, pero que a 
lo menos eran dos). Algo distante de dichas estrellas vió 
un túmulo. Estuvo su lima, algún tiempo recreando la 
vista y admirado de esta visión. Después se levantó para 
entrar dentro de la Audiencia. Al entrar por la puerta, vol- 
vió para recrearse más con la visión dicha, pero ya habia 
desaparecido. Encargónos al P. Royo y a mí el secreto. Pero 
hallándose ya mártir dichoso, es conveniente el referirla 
para honra y gloria de Dios y de su amado siervo» (17). 

d) Prisión del Padre Royo. 

«Sólo quedaba ya el infatigable apóstol, el gran corre- 
dor evangélico, el celosísimo conquistador de almas para 
Jesucristo, P. Royo, en aquella preciosísima viña que tan 
óptimos frutos daba para el cielo» (18). 

Había logrado huir de las manos de los satélites por es- 
pacio de varios días. De casa en casa, de monte en mon- 
te, en cuevas oscuras, en despoblados, vagaba el siervo de 
Dios desamparado ya de todo favor humano. Convencido 
que le era ya imposible escapar de las manos de sus crue - 
les perseguidores, pues desde la capital de la provincia 
hasta los más apartados rincones del distrito de Fogán, 
había apostados soldados y espías para prenderle, deci- 
dió entregarse voluntariamente a sus perseguidores. 

Sabiendo el cruel Hoang que aun quedaba escondido 



(17) Jbíd., núm. 20. 

(18) Arias. Vida..., p. 508. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



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uno de los europeos, dió el 1.° de julio tormento al cristiano 
Ambrosio Kuo Hijin, amenazándole con quebrarle las pier- 
nas si no descubría su paradero. Por la fuerza de los tor- 
mentos, el cristiano prometió descubrirlo, y acompañado 
del ayudante del corregidor de la villa de Fogán y de varios 
soldados, se presentaron en Moyang hacia el mediodía, 
yendo a la casa de un tío de Ambrosio, donde moraba una 
terciaria dominica, llamada Magdalena. Esta familia era 
la encargada de proverle de comida y de ocultarle. Ambrosio 
acercóse sigilosamente a Magdalena y la dijo: «Es inútil 
en que nos empeñemos en ocultar al Padre. El mandarín 
lo sabe todo; y si no es hoy, lo cogerá mañana. Declara, 
pues, dónde está, que el Padre no se enfadará por eso.» 
«Ya sé — contestó ella — que el Padre, que desea tanto pa- 
decer por Nuestro Señor Jesucristo, no se enfadará; pero 
yo nunca debo ser denunciadora y favorecer a los enemi- 
gos de nuestra Ley. Le prenderán o no le prenderán, se- 
gún los designios de Dios; pero no será porque yo le de- 
nuncie» (19). 

Dieron los esbirros tormento a Magdalena y a dos nue- 
ras suyas, también terciarias dominicas; y no pudieron 
hacerles declarar nada. 

Despechados, juraron no parar en sus pesquisas hasta 
dar con la apetecida presa, desplegando todas sus fuerzas 
buscándole por todas partes del pueblo. 

Entre tanto, el atleta de Cristo, desde el fondo de ia 
cueva en que se hallaba, exclamaba con el profeta: «Des- 
truyeron, Señor, tus altares y apresaron a tus profetas; 
todo es espanto y ruinas, y yo me he quedado solo y me 
buscan para cogerme» (20). 

Viendo el siervo de Dios que era ya imposible librarse 
de las manos de sus perseguidores, salió de su cueva al 



(19) Arias. Vida..., p. 511. 

(20) 3 Reg., 19. 10. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



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uno de los europeos, dió el 1. a de julio tormento al cristiano 
Ambrosio Kuo Hijin, amenazándole con quebrarle las pier- 
nas si no descubría su paradero. Por la fuerza de los tor- 
mentos, el cristiano prometió descubrirlo, y acompañado 
del ayudante del corregidor de la villa de Fogán y de varios 
soldados, se presentaron en Moyang hacia el mediodía, 
yendo a la casa de un tío de Ambrosio, donde moraba una 
terciaria dominica, llamada Magdalena. Esta familia era 
la encargada de proverle de comida y de ocultarle. Ambrosio 
acercóse sigilosamente a Magdalena y la dijo: «Es inútil 
en que nos empeñemos en ocultar al Padre. El mandarín 
lo sabe todo; y si no es hoy, lo cogerá mañana. Declara, 
pues, dónde está, que el Padre no se enfadará por eso.» 
«Ya sé — contestó ella — que el Padre, que desea tanto pa- 
decer por Nuestro Señor Jesucristo, no se enfadará; pero 
yo nunca debo ser denunciadora y favorecer a los enemi- 
gos de nuestra Ley. Le prenderán o no le prenderán, se- 
gún los designios de Dios; pero no será porque yo le de- 
nuncie» (19). 

Dieron los esbirros tormento a Magdalena y a dos nue- 
ras suyas, también terciarias dominicas; y no pudieron 
hacerles declarar nada. 

Despechados, juraron no parar en sus pesquisas hasta 
dar con la apetecida presa, desplegando todas sus fuerzas 
buscándole por todas partes del pueblo. 

Entre tanto, el atleta de Cristo, desde el fondo de ia 
cueva en que se hallaba, exclamaba con el profeta: «Des- 
truyeron, Señor, tus altares y apresaron a tus profetas; 
todo es espanto y ruinas, y yo me he quedado solo y me 
buscan para cogerme» (20). 

Viendo el siervo de Dios que era ya imposible librarse 
de las manos de sus perseguidores, salió de su cueva al 



(19) Arias. Vida..., p. 511. 

(20) 3 Reg., 19. 10. 



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anochecer para entregarse a sus enemigos, ordenando a 
los cristianos que le acompañaban se marchasen para que 
no fueran maltratados, y dirigiéndose a un sitio llamado 
Moc-tong, no lejos de una pagoda, emprendió la bajada de 
una cuesta, cerca de Moyang, encontrándose con los sa- 
télites .quienes se avalanzaron sobre él con palos levanta- 
dos; y al verlos en aquella actitud, les dijo: «Mirad que yo 
soy reo del virrey» ; con esto no le pegaron, diciendo tenia 
razón. 

Depositaron al santo misionero en casa de unos herma- 
nos de Magdalena; y, hacia la media noche, llevando de- 
lante de él unas disciplinas, cíngulos de la Milicia Angé- 
lica y otros objetos pertenecientes al siervo de Dios, em- 
prendieron el viaje, prisionero y esbirros, camino de ia 
villa de Fogán, a donde llegaron al amanecer. 

El santo reo fué presentado al mandarín de Armas, y 
éste y su ayudante le hicieron varias preguntas acerca de 
la Ley de Dios, de las disciplinas, cíngulo de Santo Tomás, 
etcétera, etc. A todo respondió con prudencia, y después de 
haber estado hasta media hora de rodillas declarando, 
mandáronle retirar. 

Poco después llegó el cruel Hoang Chung-ye, quien, 
junto con el mandarín de Armas, mandó llamar al venera- 
ble preso ante su presencia. «Tuviéronle hincado de rodi- 
llas más de una hora, molestándole con innumerables pre- 
guntas, que apuntaremos luego. Y después mandaron lle- 
varle a la Audiencia del mandarín de la dicha villa de Fo- 
gán. Este mandarín era hombre pacífico y de lindo natu- 
ral; y así en nada fué molesto el P. Royo. Sólo le hizo cua- 
tro preguntas ordinarias, de cuánta edad tienes, etc., y 
mandó retirar a su aposento» (21). 

Poco más tarde llegaron los capitanes Hoang y Lo Ying- 



(21) Serrano. Reí. de la cruel..., núm. 22. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



337 



lin (esta era el jefe militar de la villa) a casa del manda- 
rín de Fogán, y formando los tres el Tribunal, hicieron al- 
gunas preguntas a Ambrosio; y después llamaron al Beato 
Royo, a quien molestaron con mil cuestiones a cual más 
enojosas. 

Pasaron luego a preguntarle por cada uno de los obje- 
tos sagrados que habían cogido a los misioneros; y a todo 
les respondió en verdad el santo prisionero. «Por último, 
le preguntó (el capitán Hoang) por el chocolate, triaca y 
otras cosillas a este modo. Díjoles el Padre lo que en rea- 
lidad era; pero ellos interpretaban todas estas cosas en 
mala parte, diciendo: que estas cosas las tenemos para 
embaucar a la gente, para pecar con mujeres, y que no 
puedan concebir; y otras interpretaciones a este modo dig- 
nas de tales cabezas.» 

«Concluido este largo y molesto interrogatorio, manda- 
ron poner en la cárcel al P. Royo, en compañía de los Pa- 
dres Díaz y Serrano. Los presos éramos 34, entrando tam- 
bién las cristianas, que estaban en una cuadra de la Au- 
diencia» (22). 



(22) Ibid., núm. 22. Acerca de la prisión de los cinco misioneros, 
hablan también, añadiendo algunas particularidades, el mismo Beato 
Serrano en las relaciones de 13 y 28 de enero de 1747, y en el «Breve 
Extracto de nuestra prisión»; y Royo, Relación de 4 de octubre de 1747. 

El mandarín de la villa de Fogán notificó al Comandante General 
de Funing, y éste al Virrey, la prisión de los cinco misioneros, en estos 
términos : «Ly Yen-yung, Capitán General del ejército imperial, pre- 
sidente de la ciudad de Funingfu, en la provincia de Fukien, y de 
todas las villas y lugares sujetos a la mencionada ciudad, y en la 
tabla de méritos notado dos veces por el emperador. 

»E1 año XI de Kien-lung, emperador reinante, en la luna quinta, 
día 15 (3 de julio de 1746) recibí del mandarín Lo Ing-lin, Capitán del 
cuerpo de mi mando, residente en Fogán, la siguiente comunicación : 
«Yo, Lo Ing-ling. el ano XI del emperador reinante Kieng-lung, en la 
luna quinta del día 6 (25 de junio), en obedecimiento a las órdenes 
secretas recibidas, riel Virrey, que me mandaba prender a 'os profeso- 
res de la supersticiosa secta de Europa, de acuerdo con los Capitanes 
Fan Kuoking, Ly Chau-han, Ching-lung y otros varios mandados a 
esta villa por el predicho Virrey, todos gente de la confianza de éste 
y a sus órdenes inmediatas, los días 7, 9 y 13 cogí er. diferentes lugares 
cuatro europeos, a saber : Ki Yo-vuang (Juan Alcober), (Te Chi-ko 
(Francisco Serrano), Xi Huan-chi-ku (Francisco Díaz) y Pe To-lo 
(Pedro Sanz). Todos estos, juntos con algunas mujeres cristianas, en- 

22 



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JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



tregüé al Pretor de la villa para que los custodiase hasta que se les 
tome la confesión de costumbre.» 

»Todo esto consta ya detalladamente en las actas procesales. La 
noche del mencionado día 13, formando tribunal con el aludido Pretor, 
hice comparecer a Ambrosio Kuo Hi-jin, quien confesó que aun fal- 
taba por prender otro Europeo que residía en Moyang. Oído esto, 
mandé que el Capitán Lieng-King, guiado por el mismo Ambrosio 
Kuo Hi-jin, con los soldados correspondientes, saliese sin dilación a 
prenderlo. 

»E1 día 15 de la misma luna estaba ya de vuelta Lieng-king. Por 
él supimos caie desde el amanecer del día 14, en que He-gó a Moyang, 
n~. descansó hasta las ocho de la noche en que fué preso por los 
soldados Sean-sin, Gu-gusg y Siao Vuen-ching, el quinto europeo lla- 
mado Hoa-king (Bto. Royo), que les salió al encuentro entre unos 
árboles en una colina de los montes del mencionado pueblo de Moyang. 
Traído inmediatamente a mi tribunal, lo remití sin demora al mismo 
Pretor de Ja villa, para su custodia, hasta que fuese examinado. De 
todo esto creo un deber dar a V. E. una relación detallada, al mismo 
tiempo que le remito copia de los p'rocesos formados contra los dichos 
reos.» Hasta aquí, el Capitán Lo Ing-lin. 

»De esta relación se deduce claramente que tenemos cogidos los 
cinco europeos y que se les formó el correspondiente proceso, cuyo 
traslado aquí adjunto remito, según costumbre al tribunal superior 
de V. E., al mismo tiempo que le doy cuenta de todo lo ocurrido. 

»A1 Exmo. Sr. Virrey de Fokien y Cbekiang, camarero y consejero 
de S. M. I. Año XI del emperador kieng-lung, luna quinta día 6» (4 
de julio de sobredicho año). 



CAPITULO XII 



TRASLADO DE LOS PRISIONEROS A FOOCHOW.— SON 
CONDENADOS A MUERTE 

I 

DE CÁRCEL EN CÁRCEL 

Como si hubieran sido pocos los padecimientos sufridos 
en Fogán, fueron remitidos nuestros prisioneros a Foochow 
bien cargados de cadenas y acompañados de unos esbirros 
que tenian más de hienas que de hombres. 

«El día 5 de julio, al mediodia, escribe el Bto. Serrano, 
salimos de la villa de Fogán para esta metrópoli de Fo- 
cheu once presos: los cinco misioneros con el venerable 
Sanz, cinco cristianos y la Bta. Teresa Chung. Todos te- 
níamos nuestras cadenas al cuello y esposas en las manos, 
excepto el V. Sr. Sanz, que le dispensaron de las esposas 
por anciano, y al P. Alcober por enfermo; pero no de la 
cadena. Nos acompañaban gran número de soldados, par- 
te de Fogán y parte de los que había enviado el virrey 
de esta metrópoli de Focheu, con sus cabos y ayudante del 
mandarín de Fogán. Cada preso traía su satélite al lado 
para cuidarle y molestarle. Nuestros pobres cristianos nos 
despedían con lágrimas y suspiros, viendo que ya era ésta 
la última y que jamás volverían a ver a sus Padres. Per- 



340 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



done el lector para que aqui haga punto, pues no da más 
lugar el sentimiento» (1). 

«Cinco dias y medio gastamos en el viaje, por cierto 
bien trabajoso, en el rigor de los calores. La comida, unos 
fideos y un poco de arroz cocido. De noche nos amarraban 
a un poste o a un harigue. Dormir, en el suelo, chorreando 
agua. Una estera que nos ponian era un hormiguera de 
chinches. Los mosquitos lograban la ocasión, viéndonos 
con las manos impedidas y que no podíamos ojearlos. Pero 
no ha de ser todo trabajo, porque pasamos por las villas 
de Ningte, Loyuen y Lin-kiang, los mandarines de estas 
tres villas nos dieron buen trato y lo hicieron lindamente 
con nosotros. Nunca falta Dios a los que padecen por su 
amor. 

»E1 día 10 de julio, a las seis de la tarde, con poca dife- 
rencia, llegamos a esta metrópoli de Focheu. Cerca de la¿ 
siete nos fué llamando el virrey al Tribunal, a cada uno 
por su orden. Nos fué haciendo diversas preguntas: 
«¿Cuánta edad tienes? ¿Cuándo viniste a este imperio? 
¿A qué viniste? ¿Cuánta plata dais a los cristianos para 
atraerlos a vuestra ley? ¿Sacáis los ojos a los moribundos 
para enviarlos a Europa? ¿Coméis carne de niños?» Y otras 
boberías a este modo, dignas de tal sujeto. A todo se res- 
pondió muy bien. 

»Concluído este Tribunal, que duró hasta las doce de la 
noche, mandó que nos llevaran al juez del Crimen, para 
que dividiera los presos en las cuatro cárceles de esta me- 
trópoli. Llegamos a su Audiencia cerca de la una. Estu- 
vimos esperando en la puerta como unas dos horas, y des- 



(1) Serrano, Reí. de la cruel..., núm. 23: El mismo Virrey se 
hace eco de esta tierna despedida en la sentencia en que condenaba 
a muei-te a los santos mártires. «Propagan, decía, con tal éxito esa 
religión prohibida, que no sólo los plebeyos, sino aun los graduados 
estaban a ellos adheridos tenazmente, y toda la ciudad de Fogan se 
hallaba imbuida en rus embustes habiendo embaucado a los mismos 
soldados y ministros de justicia. De modo que cuando fueron traídos 
de Fogan para ser conducidos presos a esta Metrópoli muchos milla- 
res de hombres les seguían con la mirada fija en ellos y llorando ; 
deteniendo muchos las sillas en que eran sacados de Fogán ; y las 
mujeres de rodillas entre ellos, ofreciéndoles dulces y otros refrigerios, 
tirándoles de los vestidos, y llenándolo todo con sus ayes y alaridos. 
El bachiller Chin-cheu (Domingo Vuen-chie) delante de innumerable 
gente porrumpió en estos gritos: «Nosotros padecemos por Dios; aun- 
que nos maten, no dejaremos de profesar la religión cristiana.» 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



341 



pués salió el decreto repartiendo los presos del modo si- 
guiente: 

»Los Padres Alcober y Diaz, en la cárcel del juez del Cri- 
men; el Padre Serrano, con Margencio Lang y Domingo 
Kieu. en la cárcel del corregidor de esta ciudad; el Padre 
Royo, con Tadeo Go-ching y Teresa Chung, en la cárcel de 
Heukuan-hien; el limo. V. Sr. Sanz, con Domingo Vuen- 
chie y Ambrosio Hy-jin, en la cárcel de Min-hien. Estas dos 
villas: Heu-kuan-hien y Hinhien, están dentro de los mu- 
ros de esta metrópoli de Focheu. Cada preso llegó a su cár- 
cel cerca de las cuatro de la mañana. Considere ahora el 
piadoso lector qué noche ésta de descanso después de seis 
dias de camino tun trabajoso, cuatro horas hincados de 
rodillas delante del virrey, sobre unas piedras; una legua 
de camino hasta llegar cada uno a su cárcel; muertos de 
hambre y sin esperanzas de tomar un bocado; un par 
de grillos en los pies y sus esposas en las manos; la cama, 
unas tablas, y los zapatos, por almohada. A esto se jun- 
taban tres ejércitos de crueles enemigos: chinches, pulgas 
y mosquitos; después se siguió el de los piojos; las manos, 
impedidas, sin poder hacer su oficio las uñas. Pero a bien 
que manus Dei non est cUligata para socorremos en la 
tribulación, y así pudimos dormir un guapo sueño hasta 
después de amanecer. Sit Deus benedictus in saecula» (2). 



II 

SON ABSUELTOS LOS PRISIONEROS 

Lo único que amargaba el corazón de los prisioneros, 
eran las blasfemias, los sacrilegios, los despojos de las igle- 
sias de Fogán y la fiera persecución contra sus cristianos, 
pues, apenas ellos fueron presos, se siguió una cruel per- 
secución contra los fieles perseguidores de la Ley de Dios 
de aquel territorio (3). 



(2) Serrano, Reí de la cruel, núm. 24-26. 

(3) No todas nuestras cristiandades padecieron por este tiempo 
y a la vez, sino solas las de la villa de Fogán y Moyang, y podíamos 



342 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



El 16 de julio entraba triunfante por las puertas de la 
ciudad de Foochow el cruel Hoang, trayendo consigo como 
despojos de sus depredaciones y actos vandálicos y dia- 
bólicos, muchos objetos religiosos y 14 presos cristianos, 
de los principales del territorio de Fogán (4). Pocos dias 
más tarde llegaron presos ocho cristianos más. 

Este mismo dia fueron llamados a juicio los santos mi- 
sioneros. «A tres mandarines cometió el virrey nuestra 
causa, escribe el Bto. Serrano. Dos, de las villas poco ha 
nombradas; y el otro, de la villa de Chang-lo, distante una 
jornada de esta Metrópoli. Nos llamaron a tribunal el día 
16 del dicho mes de julio. A cada uno fueron preguntan- 
do por la edad, el tiempo que había estado en China, en 
qué casa, quién le guisaba la comida, y cosas a este modo. 
A los cristianos preguntaron: Si eran cristianos, si habían 
tenido en su casa al europeo y cosas semejantes. A la 
Beata Teresa preguntaron: Si era Beata, si guisaba la co- 
mida al europeo, si tenía mal trato con él. Cada uno fué 
respondiendo la verdad, conforme a la pregunta que le ha- 
cían. Concluido el tribunal, volvió a su cárcel cada pre- 
so» (5). 

Terminado el interogatorio, los jueces les declararon 
inocentes; mas el cruel Hoang, sabiendo que agradaba al 



añadir la de Kitung. «Solamente nuestra florida cristiandad de Fogán 
y Moyang es la que ha padecido esta cruel persecución. En Focheu, 
Changcheu y otras partes, no han padecido cosa alguna, porque no 
ha habido malévolo que ponga acusación. Serrano, Reí de 13 de ene- 
ro de 1747). 

(4) «Entre ellos traían también la muchacha Inés, la que tuvo 
en su casa regalando muy bien para engañarla (refiérese al cruel 
Hoang) y ver si podía sacar de ella si dijere teníamos mal trato con 
mujeres. (Mucho encono nos tenía el diablo, sin duda que le hacíamos 
mucha guerra), venía también el pobre pelón con sus esposas y cade- 
na al cuello ; quejábase de su mala fortuna, diciendo : «que los cris- 
tianos padezcan sus trabajos, está bien; porque dicen que han de 
subir al cielo ; pero yo, pobre de mi, padecer tanta desdicha sin co- 
merlo ni beberlo. ¿cómo se puede sufrir?» (Serrano, Reí de la cruel... 
num. 28). 

<5) IniD.. núm. 27. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



343 



virrey, dijo que él tenia pruebas claras de las maldades 
de los europeos, pues que él había cogido en Fogán una 
caja que contenía huesos de un niño recién sacrificado. 
(Eran las reliquias del Bto. Capillas.) 

Con objeto de examinar esta acusación, uno de los man- 
darines que había presidido el anterior juicio, llamó el 
día 22 del mismo mes de junio al Bto. Serrano y a su ca- 
sero, José Chung-hoey, para preguntarles qué huesos eran 
aquellos. «Respondimos, escribe el Bto. Serrano, que eran 
de un europeo, misionero antiguo llamado Francisco Ca- 
pillas, del apellido Xan; el cual fué degollado en la villa 
de Fogán en tiempo del emperador Xun-chy, bisabuelo de 
•este emperador Kien-lung» (6). 

A esta sencilla y verídica respuesta, respondióle el man- 
darín: «Ande de ahí, viejo esclavo, que esos son huesos de 
muchacho que has traído a esta tierra para hechizar ia 
gente.» Yo entonces le dije: «V. M. está mal informado; en 
la villa de Fogán es público y notorio el caso. Todos saben 
que este europeo era hombre justo y de gran virtud; por lo 
cual guardamos sus huesos con mucha veneración; y su 
cabeza la llevaron en tiempos antiguos a su ciudad, en 
donde se conserva en grandísimo aprecio y estimación.* 
Con esto nos despachó, diciendo: «Yo daré aviso al vi- 
rrey» (7). 

«El día 6 de agosto, este mismo mandarín con otro com- 
pañero suyo, de los tres nombrados, nos volvieron a llamar 
para averiguar mejor este punto de los huesos. Llamaron 
también al V. Sr. Sanz y al viejo Domingo Vuenchie. Entro 
todos explicamos bien el caso, y quedaron sosegados. No 
obstante, para dar satisfacción al virrey, enviaron cinco o 
seis anatomistas a registrar los huesos. Todos convinieron 
en que eran huesos de hombre mayor. Averiguado yá este 



(6) Ibid., núm. 29. 

(7) Ibid. 



344 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



punto, hicieron sus autos en favor nuestro y los presentad- 
ron al virrey» (8). 

III 

EL VIRREY LLAMA A OTROS JUECES 

«Mucho sintió este enemigo de la Ley de Dios el ver 
tales autos, porque daban por inocentes aquellos que su 
malicia quería más culpados; y asi inhibió por inútiles a 
estos tres mandarines, y que jamás volvieran a entender 
en nuestra causa. Tendió la vista por esta provincia de 
Fokien, descubriendo dos guapos mandarines de su cruel 
genio, mandóles venir a entender en nuestra causa y mor- 
tificar nuestra inocencia. El uno es mandarín de Chang- 
pu-hien y el otro de Kien-ning-hien (distantes estas dos 
villas nueve o diez jornadas de esta Metrópoli). Llamo 
también al corregidor de Yen-ping-fu» (9). 

El 23 de agosto llegaron a Foochow los mandarines de 
Chang-pu-hien y de Kien-ning-fu; los dos eran a cual 
más crueles. No así los corregidores de Foochow y de Yen- 
ping, que eran de buen natural. 

El 27 de este mismo mes de agosto comenzó el primer 
juicio. Llamaron al Tribunal al Bto. Serrano y a su casero, 
José Ching-hoey. 

«Preguntaron por los huesos ya dichos y por los ca- 
ñones del báculo pastoral del Sr. Sanz; diciendo que 
estos cañones los teníamos para soplar deshonestamen- 
te a las mujeres; y los huesos, para encantarlas v pecar 
con ellas. Sobre estos dos puntos dieron el tormento do 



(8) Ibid., núm. 30. 

(9) «Los dos ha poco mencionados, eran crueles; por fin elegidos 
de tal Virrey. Lo que estos dos hombres nos molestaron desde el día 
27 de agosto hasta el día 18 de octubre, no es posible referirlo por 
menor». (Bto. Serrano. Reí. de la cruel, núm. 36.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



345 



tobillos al dicho José (10). Y al P. Serrano le descalza- 
ron, y ya le iban a dar el tormento, pero lo conmutaron 
en 20 bofetadas, que le dieron bien dadas» (11). 

«El día 28 de dicho mes fuimos al TriDunal cinco 
padres y diez cristianos. El Tadeo, 10 bofetada y tor 
mentó. Prevaricó en el báculo; lo mesmo Margénelo y 
Xang-gan. Llevó el Sr. Sanz 15 bofetadas. 

»E1 día 30, todos los reos al Tribunal. Margencio se 
desdijo; le dieron tormento, en el que estuvo tres horas 
y media, poco más (12). También se desdijo Tadeo; 
llevó 5 bofetadas. Lucas llevó otras 5. El P. Royo, 10; el 
Sr. Sanz, 19 ó 20; el P. Díaz, el tormento de tobillos; 
la Teresa, el tormento de las manos. Raro fué el que no 
llevó bofetadas, y todo, por no confesar el disparate de 
los soplos con el báculo. El Ambrosio llevó azotes, 8 ó 
10» (13). 

«El día 1 de septiembre nos llamaron al Tribunal, es- 
cribe el Bto. Serrano. Entró primero el P. Royo, y le pre- 
guntaron: «¿Qué motivo has tenido para venir a este im- 
perio y estar aquí tanto tiempo? — R.: Predicar la Ley de 
Dios para que los hombres la crean, y amen y sirvan; y 
después de su vida consigan la salvación y se libren de 
una eterna condenación. — Calla, dijeron, no digas eso. Ei 
motivo que tienes es por hacer rebelión, por pecar con 
mujeres o porque el Papa te dé alguna dignidad. — R. el 
Padre: No hay más motivo que el que tengo dicho. — Man- 
daron traer una caña de las de primera suerte, que pu- 



do» «Confiesa la verdad, si no te daremos tormento. La verdad 
es ésta, respondió el José. Diéronle el tormento de tobillos por espacio 
de una hora, poco más, y en este tiempo le decían : «Confiesa que 
esos huesos son de muchacho, que los ha traído el europeo para en- 
gañar y embaucar a la gente, y que esos cañones son para soplar 
a las mujeres por el vientre; como confieses ésto, te quitaremos del 
tormento. Flaqueó, diciendo que sí, y luego le quitaron.» (Ibid, nú- 
mero 37.) 

(11 i «Mandaron darme veinte bofetadas y quedé lastimado del 
oído izquierdo hasta la muerte.» (Ibid, núm. 38.) 

(14) Serrano. Reí. de la cruel..., núm. 49. 
mentó (Reí. de la cruel, núm. 41.) 

(13) Serrano: Breve extracto de 7iuestra misión. 



346 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



sieron delante, diciendo: si no confiesas, con ésta te da- 
remos azotes.— R.: Aunque me los den, no puedo respon- 
der si no es lo que tengo dicho. — Replicaron: Vosotros de- 
cís que Dios está en todo lugar; y, por consiguiente, tam- 
bién estará en esta caña. Si azocándote no te duelen los 
azotes, o aparece Dios y te libra, nosotros también creere- 
mos en Dios; si no, tenemos por cierto que no hay tal 
Dios. ¿Qué dices?. — R. el P.: Que Dios está en todo lugar, 
es cierto, y también en esa caña. Acerca de que los azotes 
no me duelan, o que Dios me libre de ellos, es cosa muy 
fácil a su Divina Majestad, como muchas veces lo ha he- 
cho con otros. Pero es mayor el beneficio que me hace en 
no librarme; porque el dolor de los azotes pasa presto y 
la gloria que me dará después de la muerte durará para 
siempre. Acerca de la existencia de Dios, consta de la Sa- 
grada Escritura, por la predicación del mismo Dios hecho 
hombre, y por las razones naturales que evidentemente lo 
persuaden. Entre muchas, una es tender la vista por todo 
el universo. En ese tan alto y dilatado cielo se ve la multi- 
tud, hermosura y claridad de los astros, de donde proviene 
la variedad de los tiempos, y con tanto orden y concierto 
como vemos todos los años, sin discrepar un minuto. Pues 
en este mundo, ¿quién podrá explicar la variedad de es- 
pecies que hay, todas para utilidad y regalo del hombre? 
Cierto es también que todas estas cosas no se pueden crear 
ni conservar a sí mismas. De donde se infiere evidentemen- 
te que hay un Señor omnipotente, criador y conservador 
de todo el universo; y a este Señor predicamos y adora- 
mos por Dios verdadero.» 

«Como éstos son tan ateístas, no hicieron caso de estas 
razones tan claras. Mandaron tender al Padre en tierra, 
bajar los calzones y dar diez crueles azotes. Descargaban 
dos o tres, y preguntaban: «¿Qué interés particular has te- 
nido para venir a esta tierra? — R. el P.: No tengo más in- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



347 



terés que el bien y salvación de las almas. — Dadle.» Asi 
fueron procediendo con pausas y repetición de preguntas 
hasta los diez, que viéndole constante, mandaron suspen- 
der» (14). Hicieron después las mismas preguntas al Beato 
Serrano, quien contestó de parecida manera al Bto. Royo. 
Diéronle diez bofetadas. 

Siguieron en el interrogatorio los Padres Alcober y Díaz, 
preguntando al primero: si decía misa, si repartía la co- 
munión a los cristianos, etc., y al segundo: que ¿quién les 
traía el socorro de Macao? ¿Cómo se llamaba el Provin- 
cial, el Papa, el rey de España?, etc. 

«A. V. Sr. Sanz le molestaron con las preguntas: de 
¿cómo se llamaba su tierra, etc. A todo les fué respondien- 
do; y ellos no fueron molestados, teniéndonos todo el día 
hincados de rodillas sobre unas piedras toscas, muertos de 
hambre, hasta que estos señores togados se fueron a ce- 
nar; y ya nos alegráramos que a nosotros nos hubieran 
mandado a pasear; pero nos volvieron a cada preso a su 
cárcel» (15). 

En los interrogatorios de los días 2 y 3 de septiembre 
hicieron varias preguntas a nuestros mártires acerca de 
los libros impresos en caracteres chinos, acerca de varios 
puntos de la doctrina cristiana y acerca del Libro de Bau- 
tismos, y sobre los huesos del Bto. Capillas. A todo res- 
pondieron con mucha prudencia y con no menor valentía 
cristiana. 

Terminado el juicio del tercer día, los guardianes pi- 
dieron a ios mandarines que mudaran a los Padres Sanz y 
Royo a la cárcel del corregidor, porque sus cárceles estaban 
muy lejos, y les era muy molesto llevarlos y traerlos. Desde 
este día quedaron en esta cárcel, donde estaba el P. Royo, 
con gran contento de los tres. 



(14) Seerano. Reí. de la cruel..., núm. 49. 
(15> Ibid. 



JOS¿ MARÍA ÜONZÁIJÍZ 



Durante todos estos días molestaron a los santos con- 
fesores con que si sacaban los ojos a los moribundos y los 
enviaban a Europa. Les venía esta ridicula sospecha por 
haber visto algunas imágenes sagradas de Europa, cuyos 
ojos, tan vivos, no creían fueran «primor del arte», como 
escribe el Bto. Serrano. 

El día 4 volvieron a llamarles a juicio. Preguntaron al 
Beato Sanz si decía misa todos los días. Le hicieron otras 
preguntas más. 

Mandáronle después que cada uno trasladase a carac- 
teres chinos cuatro o cinco partidas del Libro de Bautis- 
mos, para ver si convenían. Y viendo que si, les mandaron 
trasladar todo el libro, que contenía 2.617 bautismos. «Tu- 
vimos la fortuna, escribe el Bto. Serrano, que no encon- 
traron con el Libro de Bautismo del pueblo de Moyang, que 
era más crecido que este de la villa de Fogán. Con esto 
nos excusamos de mayor trabajo» (16). 

«Estaba el virrey muy esperanzado en este Libro para 
acusarnos de rebelión. Había mandado a todos los cabe- 
cillas de los pueblos hacer listas de los cristianos de cada 
pueblo; y estas listas las tenían los dos mandarines sobre 
la mesa del Tribunal. Pero, a lo último, quedó el pobre 
burlado, viendo que la mayor parte de los contenidos en 
el libro eran niños, mujeres, viejos, leprosos y muchos ya 
difuntos» (17). 

El día 5 fueron de nuevo llamados al Tribunal. Volvie- 
ron a preguntar al Sr. Sanz si decía todos los días misa. 
Y habiéndoles respondido que sí, le dieron diez bofetadas. 

Sacaron después los libros, ropas y demás objetos que 
habían robado a los santos confesores en Fogán y Moyang 
y les fueron preguntando por cada uno de ellos y de los 
que a cada uno pertenecían. Hechas estas diligencias, los 



(16) Ibid, núm. 51. 

(17) Ibid, núm. 52. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



349 



volvieron a la cárcel, cesando por aquellos días los juicios. 

El día 6 comenzaron el traslado del Libro de Bautismos, 
que concluyeron el día 17. «Todos los días, bien temprano, 
escribe el Bto. Serrano, teníamos que ir a la posada de 
estos huéspedes honrados con nuestras cadenas al cuello 
todos cinco; excepto el P. Serrano, que le añadían espo- 
sas y grillos; porque el alcalde de esta cárcel solamente 
pidió dispensa al corregidor para el Sr. Sanz y P. Royo, 
por ser recién llegados a esta cárcel. Yo, como era ya co- 
legial antiguo, era preciso llevar esta insignia. Teníamos 
que andar un cuarto de legua y algo más. Buenos calores, 
buenas hambres; porque sus mercedes solamente nos da- 
ban un satélite a cada uno, para que nos hicieran escribir 
a toda prisa hasta ponerse el sol, que nos volvían a la 
cárcel. Visto ya nuestro trabajo, veamos el pago que nos 
dieron» (18). 

El 20 del mismo mes de septiembre fueron de nuevo lla- 
mados a Tribunal los 5 misioneros y 6 letrados chinos. Pre- 
guntaron al Bto. Royo: «Si daba plata a los cristianos para 
ganar su voluntad.» Respondió que no. «¿Pues cómo os 
tienen tanto afecto que lloraron cuando os prendieron? 
Respondió: Somos los maestros, les enseñamos el camino 
del cielo; y así no es mucho que nos tengan afecto.» Le 
mandaron tender en el suelo, bajar los calzones y le die- 
ron a pausas diez crueles azotes con una pensa de caña, 
que se crían muy gruesas en esta tierra. Preguntando de 
cuando en cuando si daba plata, y respondiendo que no, 
descargaban dos o tres, prosiguiendo así hasta los diez» (19). 

Llamaron luego al P. Serrano, y volviendo a su tema 
antiguo de los huesos, me preguntaron: «¿Has repartido 
huesos? — R.: Que no.» Tendiéronme en el suelo, y bajan- 
do los calzones, descargaron diez azotes muy bien dados 



(18) Ibid, núm. 53. 

(19) Ibid, núm. 54. 



350 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



a pausa, con sorna, y preguntando de cuando en cuando 
como queda dicho del P. Royo» (20). Hicieron la misma pre- 
gunta al P. Díaz, y respondió de la misma manera; por lo 
cual le dieron 15 bofetadas. Le preguntaron lo mismo al 
señor Sanz, mas a éste no le hicieron nada. Preguntaron al 
Padre Alcober: ¿Si había dado plata al cabecilla del pueblo? 
Y respondió que no. Tampoco le hicieron nada. 

«Después llamaron al letrado Domingo Vuen-chie; le 
preguntaron: ¿Cómo teniendo hijas y nueras tienes al eu- 
ropeo en tu casa? — R. : Al europeo yo le asisto, no le asis- 
ten las mujeres, y son buena gente, libres de toda sospe- 
cha. — Luego dijeron: Reverencias al Confucio, abuelos y 
al ídolo Kaon-lao-ye? — R.: A ninguno de esos reveren- 
cio. — Llevarás azotes. — R.: Ya estoy viejo; de hoy a ma- 
ñana espero la muerte; y así, aunque muera a azotes, poco 
importa. — No se atrevieron a azotarle por ser ya viejo de 
setenta y siete años» (21). 

A este valiente cristiano, siguieron en el juicio, por este 
orden, Francisco Lan, Tomás Xang-gan, Domingo Kieu, 
Nicolás Xin y José Koan. A todos exigieron el que adoraran 
a Confucio, a los abuelos difuntos y al ídolo Kaon-lao-ye; 
y les llevaron a reverenciar al ídolo. A José Koang le die- 
ron a intervalos hasta 25 azotes, por negarse a obedecer a 
lo que le mandaban los jueces. A Tomás Xang-gan dieron 
15 azotes. Todos ellos, por t:mor de los tormentos, llega- 
ron a decir que sí a lo que les exigían los crueles jueces, y 
a reverenciar al ídolo. «Sólo quedó victorioso aquel dichoso 
y valeroso viejo Domingo Vuen-chie, con grandes senti- 
mientos de los mandarines» (22). 

«Volvimos todos adentro, continúa el Bto. Serrano, y 
los mandarines iban diciendo: «Estos europeos tienen he- 



(20) Ibid, núm. 55. 

(21) Ibid, núm. 56. 

(22) Ibid, núm. 56. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



351 



chuzados a estos cristianos.» Sentian mucho el no haber 
podido rendir a este viejo valeroso, y sentados en tribunal 
le amenazaron, diciendo: «Si no haces la reverencia a 
Confucio, abuelos y al ídolo, prenderemos a tu hijo; y aquí, 
en tu presencia, le mataremos a azotes.» Respondióles: 
«Haced lo que queráis.» Ya cansados le dejaron victorioso, 
y se fueron a comer. Eran ya las tres de la tarde. Nosotros 
estuvimos esperando en la antesala» (23). 

Después de comer llamaron al Bto. Royo, a quien le es- 
tuvieron toda la tarde molestando con una infinidad de 
preguntas. 

El 21 de octubre volvieron a ser llamados al tribunal. 
Preguntaron al Bto. Díaz por el significado de las letras 
Chuoao Chungpang, que estaban dibujadas en un mantel 
de altar. Les respondió que significaban: «El Señor con- 
serve el reino de China.» Recibió el santo confesor diez 
bofetadas, porque no les gustó la explicación. Al Bto. Se- 
rrano le dieron otras cinco bofetadas por el mismo mo- 
tivo, y por no querer decir los nombres de los mozos que 
les traían el socorro de Macao, otras diez bofetadas. AI 
Bto. Sanz dieron quince bofetadas por el mismo motivo. 
Mas habiéndole dicho el Bto. Royo que ya los jueces sa- 
bían los nombres de los mozos, confesó quiénes eran. 

Les hicieron, además, una infinidad de preguntas, has- 
ta llegar a marearlos. «Viendo su lima, (el Bto. Sanz) tan- 
tas niñerías en unos señores mandarines, que por su oficio 
debían portarse como hombres, exclamó en voz alta: «Se- 
ñores, por amor de Dios, no nos molesten más; ninguno 
de los que aquí estamos tiene el más mínimo delito; y, 
echándose en tierra, prosiguió: «Matadme aquí.» Que- 
daron aterrados, así los mandarines como los ministros, 
viendo aquel valor y un hombre como un gigante» (24). 



(23) Ibid, núm. 57. 

(24) Ibid, núm. 60. 



352 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Estuvieron los santos confesores este día cinco horas 
hincados de rodillas sobre duras piedras. Al despedirse los 
jueces, amenazaron al Bto. Serrano de que si no confesaba 
haber repartido algunos huesos del Bto. Capillas, le darían 
tres veces el tormento de los tobillos. La misma amenaza 
hicieron al Bto. Sanz y a José, el casero del Bto. Serrano. 

El 18 llamaron los jueces a los santos confesores a su 
posada. Hiciéronle muchas e impertinentes preguntas, 
aunque no en forma de juicio. «Y éste fué el último dia 
— escribe el Bto. Serrano — que vimos a estos dos hombres 
que tanto nos molestaron» (25). 

El 26 de este mismo mes de octubre vino a verles el 
P. Tomás Sánchez, chino de nación, alumno del célebre 
Seminario de San José, de Siam. Les traía vestidos y di- 
nero. El Bto. Serrano, así como los demás gloriosos con- 
fesores, hace grandes elogios de este buen sacerdote en el 
N.° 62 de su primera parte de su relación, ya tantas veces 
citada, y en otras relaciones más; y lo mismo de otro 
sacerdote, compañero del anterior, llamado Matías Fu, 
o Fou. 

El 2 de noviembre fueron llamados de nuevo al tribunal, 
juntamente con los cristianos. Formaban el tribunal los 
Corregidores de Foochow y de Yen-ping. No les dieron tor- 
mento. Entraron por este orden: Los cinco misioneros, los 
caseros de éstos, los cinco letrados cristianos, otros cinco 
cristianos más, los cuatro mozos que trajeron los socorros 
de Macao y Cantón; y, por último, la viuda María y las 
cinco Beatas. Duró el juicio desde las siete y media hasta 
las ocho y media de la tarde, una hora. 

Volvieron a ser llamados a juicio el 9 del mismo mes los 
cinco misioneros, sus caseros y la viuda María. Formaban 
el tribunal el Juez del Crimen, el Tesorero Real y el Al- 
calde Mayor. Como los tres eran de buen carácter, sólo les 



(25) Ibid, num. 61. 



irrey Chiu, que senien,,,; a muerte 
Jieutn Han - 



El Virrey Chiu, que procuró por todos los medios 
la muerte del Beato Sanz y compañeros de aposto- 
lado en China. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



353 



molestaron con algunas preguntas, aprovechando los san- 
tos confesores la ocasión para hablarles de la Ley de Dios, 
explicándoles la inmortalidad del alma. 

IV 

AUDIENCIA DE DOS DÍAS ANTE EL VIRREY 

El virrey Cheu Hiokien llamó al tribunal el 22 de no- 
viembre a todos los presos, 31 en número. Juzgaron en pri- 
mer lugar a tres ladrones. A éstos siguieron los cristianos. 
Como los interrogatorios que a cada uno hicieron son pa- 
recidos, sólo pondremos aquí algunos de ellos, con lo cual 
el lector se dará cuenta de todo lo que pasó en la Audiencia. 

«El primero fué Kuo Ambrosio Hi-jin. (Nota: que en 
esta tierra, primero se pone el apellido; luego, el santo 
nombre, y a lo último, el nombre que le pusieron sus 
padres.) Le hizo las preguntas siguientes: 1. a ¿Cuánto 
tiempo has tenido en tu casa a Pe-to-lo? (Sr. Sanzj 
R.: Ocho años. 2. a ¿A cuántos indujiste para que se bau- 
tizaran? R. : A veinte. 3. a Siendo tan pocos, ¿cómo en el 
Libro de Bautismos hay mil? R.: Este libro hace ya cua- 
renta y dos años que se empezó; vivos y muertos, niños y 
viejos, todos están allí. 4. a ¿En qué año te bautizaste? 
R.: Siendo niño. 5. a ¿Quién te bautizó? R.: Yo era párvu- 
lo, y asi no me acuerdo. 6. a El ser tú cristino, ¿es por 
codiciar este imperio haciendo rebelión y conseguir al- 
gún puesto de mandarín? R.; No hay rastro de eso; sólo 
es por servir a Dios y conseguir la vida eterna. (Aquí le 
mandó dar cinco bofetadas.) 7. a En todo caso, tú codi- 
cias la plata de los europeos. ¿Cuánto te dan cada año? 
R.: No me dan una chapa o maravedí; ellos no usan de 
mi plata, ni yo de la de ellos. 8. a Supuesto que no tienes 
intento de rebelión, ni te dan plata, ¿por qué sigues su 
Ley? R.: Porque ellos me enseñan a ser virtuoso, y des- 
pués de la muerte librarme del infierno y conseguir la 
gloria eterna. (Aquí le dió otras cinco bofetadas.) 9. a Con- 
fesando tú la verdad acerca de rebelión, te dispensaré de 

23 



354 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



cortarte la cabeza; si no te la cortaré sin remedio. R.: No- 
hay tal cosa ni señal de ello; mande el señor examinar 
bien este punto, y si encontrare algún indicio, luego, al 
punto me haga tajadas. Le dió otras cinco bofetadas y 
mandó que lo llevaran fuera» (26). 

El segundo en ser llamado fué el cristiano Lucas Kuo- 
Kin-jin. Confesó valientemente la. «Le dieron veinticinco 
bofetadas en diversas veces, tan crueles, que parecía un 
monstruo y corría la sangre por la cara» (27). 

Con el anterior entraron los caseros de los Padres Al- 
cober, Díaz y Serrano, Tadeo y José. Al primero dieron 
quince bofetadas, y a José, diez. Siguió el esforzado an- 
ciano Domingo Vuenchie, quien, como siempre, confesó la 
fe con valentía. Le dieron diez bofetadas. Siguieron a los 
anteriores otros diez cristianos, algunos le los cuales, por 
temor, apostataron. A éstos siguieron los cuatro caseros de 
los misioneros, a quienes hicieron algunas preguntas, y 
los despacharon. A éstos siguieron las mujeres cristianas. 
«Entró primero la viuda María Hy. Hízola el virrey las- 
preguntas siguientes: 1. Siendo tú viuda, ¿cómo escondes 
al europeo en tu casa? — R. No he escondido yo al europeo 
en mi casa. — 2. Los vestidos y trastos del europeo fueron 
cogidos en tu casa, luego allí habita el europeo.— R. Otros 
los trajeron a mi casa para que yo los guardara. — 3. Supues- 
to que los vestidos estaban en tu casa, ¿cómo niegas que el 
europeo estaba en tu casa? Denle tormento. (Entraron 
las manos en el cepo, pero no prosiguieron.)— R. Cuando 
vivía mi marido, habitaba el europeo en mi casa; des- 
pués, no.— 4. ¿Qué gente son estos europeos que tienes en 
tu casa? Si no los tienes para deshonestidades, ¿para qué 
los tienes? — R. Son virtuosos y dirigen nuestras almas, 
para conseguir las felicidades eternas de la gloria; no es- 



(26) Ibid, núm. 68. 

(27) Ibid, núm. 69. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



355 



por fin de deshonestidades, que esto es cosa de bestias. 
Luego la despachó» (28). 

Entraron después en juicio las cinco beatas. Las pre- 
guntaron si dormían con los europeos, si los europeos las 
soplaban en el vientre con los cañones del báculo pastoral 
del Beato Sanz y otras preguntas por el estilo dignas de 
aquellos gentiles corrompidos hasta la médula de sus hue- 
sos. A todo respondieron con valentía e indignación las 
beatas. 

«Todos estuvimos hincados de rodillas — escribe el Bea- 
to Serrano — sobre las toscas piedras desde las doce del día 
hasta las cinco de la tarde. Para nosotros cinco, éstas fue- 
ron las vísperas. Vayamos ahora a la solemnidad del 
día» (29). 

Efectivamente, el día 23 fueron llamados los cinco eu- 
ropeos al tribunal muy temprano. En primer lugar llama- 
ron al Bto. Sanz, haciéndole el largo interrogatorio si- 
guiente: 

1. ¿Cuánta edad tienes? R.: Sesenta y seis años. 

2. ¿Cuántos ha que viniste a China? R.: Treinta y dos. 

3. ¿De qué reino eres? R.: Del reino de España. 4. ¿De 
qué provincia? R.: De la provincia de Cataluña. 5. ¿Có- 
mo se llama tu rey? R.: Felipe. 6. ¿Cómo se llama el 
Papa? R.: Benedicto. 7. ¿Quién te mandó venir a China, 
el rey o el Papa? R.: Ni el rey ni el Papa; yo quise venir 
por el bien de las almas. 8. ¿Pasaste por Filipinas. R.: Sí. 

9. ¿Quién gobierna las Filipinas? R: Mi rey de España. 

10. ¿Viniste a China con intento de hacer rebelión? 
R.: No tenemos nosotros tal intento; ya más de cien 
años predicamos la Ley de Dios en este imperio y ja- 
más se ha oído de nosotros tal cosa. Dénle tormento. 
Al punto se echó su lima, en tierra y un satélite le dió 
un puntapié, diciendo: Levanta, que no te dan tormen- 
to. (Era amenaza.) 11. Estando Luzón tan lejos de Euro- 



(28) Ibid, núm. 73. 
(29> Ibid, núm. 76. 



35b 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



pa, ¿cómo la gobierna tu rey?, ¿qué utilidad tiene en 
eso? R.: No tiene más utilidad que la salvación de las al- 
mas; antes gasta millares de pesos en conservar aque- 
llos pobres indios. 12. En vuestro reino, ¿todos son cris- 
tianos? R.: Todos, desde el rey hasta el más Ínfimo 
plebeyo. 13. ¿Hay en vuestro reino soldados, magistra- 
dos y audiencias como en China? R.: Si. 14. En volvién- 
dote a la Europa irás a ver al rey y al Papa y éstos te 
darán mandarinatos? R.: Me iré derecho a mi convento 
sin ir a ver al rey ni al Papa; eso de madarinato lo 
miro yo como a un rey de comedia, que, acabada, todo 
se desvanece. Dénle cinco bofetadas, éste habla dispa- 
rates. 15. Si no esperas mandarinato ni otro premio, 
¿para qué viniste a China con tanto trabajo? R.: Por- 
que espero la gloria eterna, que dura para siempre; ios 
bienes de este mundo presto acaban. 16. ¿En qué con- 
siste el premio de la vida eterna? R.: En conocer a Dios 
y amándole eternamente gozar de inexplicables deli- 
cias. 17. ¿En el cielo hay casas? R.: Hay diversidad de 
mansiones, según la diversidad de méritos que en este 
mundo hicieron los escogidos de Dios; pero las casas 
de este mundo, en su comparación, vienen a ser hor- 
migueros. Está hablando disparates; denle cinco bo- 
fetadas. 18. En la Europa, ¿quién gobierna a los cris- 
tianos, el rey o el Papa? R.: Por lo que toca a lo poli- 
tico y cosas de este mundo, lo gobierna el rey, y al rey 
pagan el tributo; por lo que toca a la doctrina y diri- 
gir las almas para la vida eterna, es cosa que pertene- 
ce al Papa. 19. Si toda la China se convirtiera, ¿quién 
la gobernará? R.: Si toda la China se convirtiera la 
gobernará el emperador, lo mismo que ahora la go- 
bierna. 20. ¿Toda la gente de Macao son cristianos? 
R.: Todos son cristianos. 21. ¿Quién los gobierna? R.: El 
rey de Portugal. 22. Cuando entraste por segunda vez 
en China, ¿saliste de Macao? R.: Sí. 23. ¿Cuántos años 
ha? R.: Ocho. 24. ¿Por qué entraste sabiendo que el em- 
perador ha prohibido vuestra Ley por falsa? R.: Es im- 
posible que pueda ser falsa, porque es dada por Dios, que 
siendo sumamente sabio, no puede engañarse, y sien- 
do sumamente bueno, no puede engañarnos. 25. ¿Dónde 
está Dios? R.: Está en todo lugar, está aquí presente y 
dentro del corazón de V. Excelencia. Denle cinco bofe- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



357 



tadas porque habla disparates. 26. Si está aquí Dios, 
¿cómo no te ayuda? R. : Y mucho que me ayuda, pues 
me da paciencia y fortaleza para sufrir estos trabajos, 
y espero que todo ha de ceder en mi mayor mérito. 
27. ¿Has visto a Dios? R.: Dios es purísimo espíritu, no 
se puede ver con estos ojos corporales. 28. Pues si no lo 
has visto, ¿cómo lo crees? R.: Tampoco vosotros habéis 
visto a los emperadores Fohi y Puonku, a vuestro maes- 
tro Confucio, ni a su discípulo Menzu, y otros célebres 
varones de vuestro reino, y lo creéis sin la menor duda, 
¿cuánto mejor nosotros creeremos en Dios teniendo el 
testimonio infalible de la divina Escritura? (Denle cin- 
co bofetadas, que habla palabras diabólicas.) 29. ¿Cómo 
os atrevéis a venir a enseñar la gente de China? R.: Les 
enseñamos a creer y amar a Dios, sin lo cual es imposi- 
ble que el hombre se salve. La existencia de Dios y que 
el hombre tiene alma racional es tan claro, que muchos 
filósofos gentiles la conocieron con la lumbre natural, 
y dejaron bien probado en sus libros. (Mandóle dar cin- 
co bofetadas.) 30. ¿Cómo sopláis a las mujeres con unos 
caños de bronce? (Lo mismo que el día de Santa Rosa, 
por abreviar.) 31. La tortilla que dáis a los cristianos (la 
comunión) y óleo conque los ungís, es para dementar- 
los y embaucarlos, y si no, ¿para qué hacéis eso? R.: En 
las cuatro partes del mundo hay cristianos; todos co- 
mulgan y todos se ungen; luego si eso fuera verdad, 
todos estaríamos dementados y embaucados. 32. ¿Para 
qué escribís los bautismos en un libro? R.: Para saber 
quiénes son cristianos y poder cuidar de ellos. También 
porque muchos se bautizan siendo párvulos y suelen 
morir sus padres, e ignoran el santo nombre que se les 
puso en el bautismo, y lo principal, porque este es el 
estilo de la Iglesia en todo el mundo. 33. ¿Por qué no 
permitís que los cristianos veneren al Confucio y a los 
abuelos difuntos? R.: Ya este punto se determinó en 
Roma y el Papa envió los años pasados sus Legados a 
este imperio. No replicó más sobre esto.) 34. ¿En qué 
casa has habitado desde que veniste a Fogán la segun- 
da vez? R.: En casa de Kuo Ambrosio Hy-jin (esto ya 
era sabido de todos). Otras preguntas se omiten por no 
molestar y porque se reducen a las que quedan escritas. 
Padeció su lima dos horas de gran molestia. Por todas 



35S 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



fueron veinticinco las bofetadas que le mandó dar, tan 
crueles, que corría la sangre hilo a hilo por la boca. La 
cara tan hinchada, que no se veían los ojos. Baste de- 
cir que quedó su lima, sordo hasta el día de su marti- 
rio (30).» 

V 

TEXTO DE LA SENTENCIA DE MUERTE Y SU PROMULGACIÓN 

«Después de tan largo y minucioso proceso, celebradas 
veinte audiencias ante distintos jueces y tribunales; ago- 
tados hasta la exageración más pueril todos los recursos de 
la sagacidad china para descubrir delitos, que cuanto más 
se buscan, más se desvanecían; puestas la crueldad y la 
injuria al servicio de la injusticia de los más crudos y do- 
lorosos tormentos y en los más denigrantes insultos, ¿qué 
vemos en esa historia brillante y patética, llena de dulzura 
y de espiritual donaire, palpitante de ingenuidad y de tier- 
na sencillez, que, como un cronista de los primitivos már- 
tires, nos ha dejado la devota pluma del santo y apostólico 
varón Fr. Francisco Serrano? ¡Ah! La confesión más her- 
mosa y brillante de la fe y el conmovedor ejemplo de las 
más altas virtudes. No ya delito, pero ni sombra de falta 
por donde acriminarles pudieron hallar aun los mandari- 
nes más empeñados en encontrarla» (31). 

Cinco tribunales diferentes intervinieron en esta causa. 
El primero declaró no haber justo motivo para proceder. El 
segundo fué el de los crueles mandarines de Chung-pa- 
hien y de Kien-ning-fu, de quienes esperaba el virrey con- 
denaran a los cinco confesores; pero no hallando causa 
para ello dieron sentencia de destierro, lo que disgustó so- 
bre manera al virrey, que mandó se volviese a examinar 



(30) ) Ibid, núm. 77. 

(31) Arias. Vida, pags. 576-677. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



359 



la causa. También se negaban a firmar la pena de muerte 
el juez del crimen y el tesorero real, por ser tan injusta la 
sentencia, aunque después lo hicieron por temor al virrey. 
El virrey militar tártaro, que acababa de llegar de Che- 
kiang, no sólo no quiso firmar la sentencia de muerte, sino 
que ni siquiera quiso ver los autos. Por último, fueron juz- 
gados por el mismo virrey, como hemos visto. 

A pesar de tantos pareceres en contra, el malévolo vi- 
rrey Cheu no para hasta condenar a muerte a los santos 
confesores. No contento con esto, al enviar los autos de 
los procesos al emperador, les levantó grandes calumnias, 
como adelante veremos. 

El mismo emperador Kien-lung, al ser notificado de la 
prisión de los cinco eropeos, mandó fuesen desterrados a 
Macao, a lo cual se opuso el virrey diciendo era mejor de- 
gollarlos para que así no entraran en China otra vez. Sola 
la malicia y satánica rabia contra el nombre cristiano de 
este cruel virrey fué la causa del martirio de nuestros hé- 
roes y de tantos padecimientos de nuestros cristianos (32). 

CuaMo semanas después de la última audiencia de 
nuestros santos misioneros publicó la siguiente draconiana 
sentencia contra ellos y algunos cristianos. 

«Pe-to-lo (Bto. Sanz), Hoa-king (Bto. Royo), Xi 
Hoang-chi-ko (Bto. Díaz), Te Fang-chi-ko (Bto. Serra- 
no) y Fi Yo-vuang (Bto. Alcober), todos europeos de na- 
ción, llegaron años pasados a Macao, ciudad pertene- 
ciente a la provincia de Cantón. Pasaron luego más 
adelante y entraron en este imperio con pretexto de 
predicar la Religión del Señor del Cielo. Venían man- 
dados por el supremo jefe de aquella Religión, residen- 
te en Europa, que se llama Benedicto; el cual manda 
todos los años por Filipinas al procurador de las Misio- 
nes, llamado Miralta y residente en la ciudad de Macao, 
el estipendio señalado a cada uno de ellos. El año 35 del 



(32) Serrano. Reí. de la cruel..., núrrs. 84 y 87. 



360 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



emperador Kang-hi entró Pe-to-lo ocultamente en Fo- 
gán, y se hospedó en casa de un plebeyo afiliado a su 
Religión, llamado Kuo-hoey Kuang-jin. Pasados algu- 
nos años, allá en los comienzos del reinado de Yung- 
ching por consejos e industria del mismo Pe-to-lo, llegó 
a la mencionada villa de Fogán Hoa-king (Bto. Royo), 
y se hospedó en casa de Kuo Yung-hin. Mas habiéndo- 
se por entonces publicado de orden de los tribunales su- 
periores el decreto que a instancias de Muon, Virrey de 
las provincias de Fukien y Chekiang, había expedido Su 
Majestad imperial expulsando del imperio a todos los 
europeos y prohibiendo en adelante el ejercicio de la 
Religión critsiana; por esta causa, el año segundo del 
dicho emperador Yung-ching se vió Pe-to-lo precisado 
a retirarse a la ciuda de Cantón, quedándose, sin em- 
bargo, oculto de la dicha casa Hoa-king.» 

«El año V del mismo emperador Yunk-chin, por ins- 
tigaciones del mismo Pe-tolo-lo, entró ocultamente en 
Fogán el europeo Te Chi-ko (Bto. Serrano), y se ocultó 
en las casas de la ciudad Mieu María Hy-say y de Ching 
Chung-hoey; y el año VIII del mismo emperador entró 
otro, llamado del mismo Pe-to-lo. Era éste Fi Yo-vuang 
(Bto. Alcober), quien estuvo hospedado, sucesivamente, 
en las casas del bachiller Chin-cheu y del plebeyo Vuang 
Go-chin. Finalmente, el año III del emperador reinan- 
te Kien-lung volvió a Fogán el mismo Pe-to-lo, trayen- 
do consigo a Xi Huang-chi-ko (Bto. Diaz). El se hospe- 
dó en casa de Kuo Ambrosio Hoey-hin, en defecto de 
su padre Kuo In-kuang, a la sazón paralítico, y Xi 
Huang-chi-ko, en la casa de Chin Chung-hoey.» 

«Cada uno de ellos levantó su templo, o aula, para 
instruir a la gente en sus ritos supersticiosos. En ellos 
ungían con óleo la frente de sus adeptos, les daban un 
poco de pan y vino, les mandaban quemar las tablillas 
de los progenitores difuntos, negar la obediencia a los 
Magistrados del imperio; adhiriéndose, en cambio, a 
ellos y a sus enseñanzas con todo su corazón. Para que 
tal vez alguno no se volviese atrás arrepentido, les pro- 
metían que, cumpliendo con exactitud los preceptos que 
les enseñaban, resucitarían algún día en sus mismos 
cuerpos y subirían al cielo. Con estos embustes se les 
agregaron millares de personas de uno y otro sexo. Cada 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



361 



uno de estos afiliados recibía un nombre europeo, nom- 
bre que, escrito en un catálogo, les daba derecho para 
percibir cierta cantidad de dinero. Con semejantes ali- 
cientes fuése aumentando prodigiosamente el número 
de prosélitos, contándose entre éstos muchas doncellas, 
que renuncian al matrimonio y hacen voto perpetuo de 
conservarse vírgenes.» 

«Pe-to-lo y sus compañeros mandan todos los años 
por las Islas Filipinas al jefe supremo de su Religión ei 
sobredicho catálogo de cuantos han abrazado su doc- 
trina. Para esto se han valido de Mieu Hing-hin, ya di- 
funto, y de Mieu Hang-yu, quienes, mediante cierto 
salario, llevaban esas listas a Macao al Procurador de 
las Misiones, del cual, a su vez, recibían el estipendio 
señalado a cada europeo.» 

«A fin de que la entrada de estos extranjeros en el 
imperio fuese más disimulada, se afeitaron y compu- 
sieron la cabeza a nuestra usanza; aprendieron y se 
ejercitaron en la lengua mandarina y dejando los ves- 
tidos que se usan en su país, adaptaron el nuestro, todo 
para evitar que andando por los caminos fuesen cono- 
cidos y descubiertos. Desde que llegaron a Fogán, tal 
maña se dieron en atraerse con sus engaños los ánimos 
de los nobles y plebeyos, que se disputaban todos la 
honra de recibirlos y hospedarlos en sus casas. Además 
de las aulas dichas para propagar su Religión, tenían 
también en todas las casas en que moraban algunos 
lugares oscuros donde ocultarse en tiempo de peligro. 
Merced a esta sagacidad han podido permanecer escon- 
didos por tanto tiempo.» 

«Mas llegada la cuarta luna del año XI del Kien- 
lung, emperador reinante, habiéndoseme denunciado, 
por Tung Ki-dang, mandarín de la ciudad de Funing- 
fu, lo que pasaba, después de informarme bien, previa 
una diligente inquisición, de repente y con el mayor se- 
creto, mandé a Fogán los capitanes Huan Kuo>-king 
y Luy Chao-han que los prendieron. Conseguido el ob- 
jeto, fueron conducidos, juntamente con libros, imá- 
genes, vestidos y demás utensilios que se les ocuparon, 
a esta metrópoli; al efecto de juzgarles conforme a lo 
dispuesto por las leyes del imperio. Interrogados jurí- 
dicamente por mí mismo, confesaron, haciendo uso tam- 



362 



JOSÉ MARÍA CONZÁLEZ 



bien del tormento, ser verdad todo lo que queda indi - 
cado, sin que haya motivo para detenerse mas en este 
punto.» 

«Siendo, pues, cierto que al principio del reinado del 
emperador Yung-chin, a instancias de Muon, Virrey de 
Fukien y Chekiang, y de acuerdo con los supremos tri- 
bunales de la Corte, se dictó el decreto ya aludido prohi- 
biendo en todo el imperio la falsa Religión de Europa 
y mandando castigar a los que en lo sucesivo se atre- 
vieran a congregarse en algún lugar para rezar sus 
preces o hacer otros actos cualesquiera de la misma. 
No cabe duda que ese decreto es la ley vigente y que, 
por tanto, debe aplicarse con todo rigor a los que la 
infringen. Ahora bien, está firmemente probado, según 
se ha dicho, que el europeo Pe-to-lo, no obstante esa 
prohibición y después de haber sido arrojado una vez 
Itiel imperio, con increíble audacia, introdujo en esta 
provincia a Hoa-king y a sus compañeros, con el úni- 
co fin de predicar y de propagar esa Religión, justa- 
mente prohibida como perniciosa, y que, en efecto, ocul- 
tos y disfrazados en Fogán, de tal suerte se ha aumen- 
tado el número de adeptos, que toda la ciudad se halla 
miserablemente engañada, contándose entre sus firmes 
secuaces no sólo muchos plebeyos, sino los mismos gra- 
duados y nobles. Encontrándose aún entre los mismos 
soldados y ministros de los tribunales muchos corrom- 
pidos y sobornados por ellos. Es esto verdad en tanto 
grado, que trayendo los presos a esta metrópoli, les ve- 
nían siguiendo con grande afecto y muestras de compa- 
sión muchos millares de personas. Los detenían en el 
camino con lágrimas y grandes sollozos; las mujeres de 
rodillas les ofrecían dulces y cosas semejantes, y les 
arrebataban lo vestidos, llenándolo todo con sus gritos 
y alaridos. El mismo bachiller Chin-cheu, en medio de 
una inmensa multitud de gente, no se avergonzó en pro- 
rrumpir en estas palabras; «Nosotros padecemos por 
Dios, y primero perderemos la vida que abandonar esta 
Religión santa.» Y en efecto, durante el proceso judi- 
cial, aun en medio de los tormentos, no cesaban de cla - 
mar todos a una que jamás le abandonarían.» 

«Demás de esto, en todas las casas que habitan estos 
hombres extranjeros se encuentran escondrijos fabri- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



363 



cados exprofeo para entregarse con már libertad y hol- 
gura a sus malas prácticas. Y, sin embargo, de tal ma- 
nera se habían ganado el corazón del pueblo, que no 
sólo no retrocedían los antiguos secuaces, sino que, an- 
tes por el contrario, cada vez más se iba aumentando 
el número de los engañados. Finalmente, el hecho de 
mandar a su rey un catálogo de los nombres de los 
prosélitos que hacían, para inscribirlos bajo su bandera, 
es argumento evidente de que maquinan alguna conspi- 
ración contra esta república, cosa por cierto digna de 
muy seria consideración, pues sue se trata de impedir 
la ruina cierta de este imperio.» 

«Por tanto, de conformidad con las leyes vigentes en 
el imperio, pronuncio que a Pe-to-lo debe cortársele sin 
dilación la cabeza, porque con sus doctrinas pervierte 
los corazones de los hombres. Igual pena, por la misma 
culpa, debe aplicarse a Hoaking y a sus compañeros, ex- 
cepto por lo que toca a la ejecución de su sentencia, que 
deberá diferirse hasta el tiempo acostumbrado. Entre- 
tanto, escúlpaseles con hierro candente en las mejillas 
la sentencia de muerte pronunciada contra ellos. Kuo 
Ambrosio Hoeyhin, sea extrangulado. Difiérase, sin em- 
bargo, la ejecución hasta el tiempo ordinario para tales 
ejecuciones; pero imprímasele, como a los europeos, en 
el rostro los caracteres que le designan reo de tal muer- 
te. Kuo Hin-hin y demás hospedaderos de los europeos, 
sean desterrados para siempre del imperio. Ching José, 
Chin-hoey, Kuo Lucas Kin-hin. Vuan Tadeo Go-chin 
y Ching Domingo Vuen-chie, sean desterrados perpe- 
tuamente del imperio por haber tenido en su casa a 
los europeos. Empero a este último concedemos que pue- 
da redimir esta pena con dinero, en atención a tener ya 
setenta años cumplidos.» 

«Los cinco letrados Chin Francisco Lan. Chin Tomás 
Xang-gan, Chin Domingo Kieu, Chin José Koang y 
Chin Nicolás Xing, pierdan el grado que tienen, reci- 
ban cuarenta azotes y lleven durante un mes la canga, 
por haber seguido la Santa Ley. A Vuang Pedro Ong. 
Lieu Margencio Lang, Lieu Francisco Xung, Mien To- 
más Xang-cheu, Kuo Pedro Ul-hin y Míen Simón Kuo- 
hin, déseles cuarenta azotes por haber seguido la falsa 
Ley. Los cuatro mozos que estos años pasados han ido 



364 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



a Cantón a traer los estipendios de los europeos, a sa- 
ber: Mieu Raimundo Xang-yu, Mien Paulo Kip, Mieu 
Francisco Fung y Ching Tomé Me, vuelvan los diez pesos 
que recibían por su salario y apliqúense al fisco. A la 
viuda María Hy y a las Beatas Kuo Teresa Chun, Kuo 
Lucía Hien, Kuo Juana Chin, Kuo Luisa Xa y Chin Ro- 
sa Koey, azotes y canga; a la primera, por haber tenido 
en su casa al europeo; a las últimas por guardar vir- 
ginidad. Concédeseles, sin embargo, a todas ellas que 
puedan redimir a su pena con una pequeña suma de 
dinero.» 

«La ejecución de esta sentencia se encomienda al go- 
bernador de la villa de Fogán, a donde se remitirán in- 
mediatamente todos los presos, exceptuando a Kuo Am- 
brosio, Kuo Lucas, Chin José y Vuang Tadeo, que espe- 
rarán en la cárcel la última resolución del emperador.» 

Año XI del emperador Kien-lung, día 7 de la luna 11 
(18 de diciembre de 1746). Cheu Kio-kien, virrey de esta 
provincia de Fukien» (33). 

Muy contra su intención, hace el virrey en esta senten- 
cia una gran apología del trabajo y celo por la salvación 
de las almas de los santos prisioneros, de los copiosos fru- 
tos espirituales que habían conseguido y de la fe profun- 
da de aquellos valientes cristianos. 

El 30 de diciembre partieron los 23 cristianos para Fo- 
gán, no sin antes derramar muchas lágrimas al despedir- 
se, incluso los ocho que habían sido cobardes en los tor- 
mentos, ahora ya arrepentidos, excepto el leproso. Muy 
contentos, por otra parte, por haber sufrido tanto por Je- 
sucristo (34). 



(33) Como habrá notado el lector, esta tan injusta sentencia del 
virrey Cheu contra los misioneros y los cristianos está llena de ca- 
lumnias, equivocaciones de nombres y hechos e ignorancia acerca de 
la Ley de Dios, y toda ella respira odio satánico contra personas 
y cosas religiosas. 

Esta sentencia fué traducida del latín, idioma al que fué tras- 
ladado del original chino al instruirse el proceso de beatificación. 
(Arias, Vida..., pág. 579, nota (1). En las págs. 579-585 de esa misma 
obra hállase transcrita esta sentencia. Un ejemplar en latín le trae 
el t. 55, ff. 192 (v)-194, de los Mss. del APD. 

(34) El Bto. Serrano hace notar «aleunas cosas uara aue el lee- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



365 



«El consuelo que nos queda — continúa el Bto. Serrano- 
es que el emperador exaltó al dicho virrey a mayor man- 
darinato, y el día 20 del dicho mes de diciembre se partió 
de Foochow para Pekín. He preguntado a estos carceleros 
qué mandarinato es este que han dado a este hombre. Me 
responden que lo han hecho cabeza de virreyes. A éstos po- 
díamos darles la enhorabuena por haber tenido la fortu- 
na de lograr tal cabeza. También nos la podemos dar a 



tor pueda formar algún concepto de la malicia de este señor Virrey». 

«La primera, escribe, es que, habiendo dado noticia el emperador 
cómo en Fogán había preso como cinco europeos, le respondió que nos 
despachara a Macao y de allí a nuestro reino. Pero como este hom- 
bre era tan adverso a la Ley de Dios y misioneros, instó al empera- 
dor diciendo que estos europeos eran malísima gente, que tenían mu- 
chos delitos y así era preciso juzgarlos y sentenciarlos. Viendo el em- 
perador un ministro tan celoso ( ¡ qué lástima que el emperador no 
pueda registrar el corazón de este adulador!), dejó todo el negocio a 
su arbitrio para que, como virrey, ejecutara todo cuanto fuera con- 
forme a razón y justicia. Viéndose empeñado y que, sin duda alguna, 
quedaría mal si no sacaba los delitos prometidos, hizo exquisitas y 
diabólicas diligencias, arañando ya por aquí, ya por allí; discurriendo 
como zorrillo, entrar por esta madriguera y salir por la otra, con 
cosas tan indignas de un virrey, que me es preciso abreviar por no 
ensuciar la pluma.» 

«Sea la segunda, que, no obstante el haber despedido aquél tres 
mandarines, que nos juzgaron al principio, declarando nuestra ino- 
cencia, y haber traído dos de su facción, como ya queda notado; estos 
dos mismos, no hallando en nosotros ni en nuestros cristianos delito 
alguno, dieron la sentencia que a los cinco europeos los enviaran 
a su reino, y a los que nos tuvieron en sus casas, dos años de des- 
tierro; a los demás, azotes. Enviaron los autos al virrey y éste los 
volvió con grande enojo, mandando que volvieran a examinar y aña- 
dieran más rigor de azotes, tormentos, etc. Estos dos mandarines, 
por no disgustar al virrey, volvieron a molestar de nuevo con los 
azotes y castigos, que queda notado, la víspera del Apóstol San 
Mateo ; allí los puede ver el lector. Después, dejando su propio dic- 
tamen y conformándose con el del virrey para tenerle grato y lograr 
mayores ascensos, dieron la sentencia que arriba queda dicha.» 

«La tercera y última sea, que el juez del Crimen y el Tesoro 
Real, viendo sentencia tan injusta y que todo era pura calumnia 
y ficción del virrey, no querían poner su firma, aunque después te- 
mieron de disgustar a un virrey que tanto privaba con el emperador 
y que Ies podía causar algunos daños por vía de venganza. También 
el virrey tártaro, que acababa de llegar de Chekiang, no quiso ver los 
autos y se los volvió, diciendo : «Yo no he corrido por esta causa ; 
V. S. prosiga con ella.» De estos antecedentes podrá inferir el pru- 
dente lector cuál será la adversión que este hombre tiene a la Ley 
de Dios y sus predicadores; después verá las calumnias que nos le- 
vantó en los autos que envió al emperador contra nosotros, y que- 
dará asombrado de ver tanta malicia en un hombre.» (Reí. de la 
cruel..., núms. 84-86.) 



366 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



nosotros que hemos logrado el ser favorecidos con su au- 
sencia» (35). 



(35) Ibid, núm. 87. Agradecerá el lector le describamos los ins- 
trumentos con que atormentaron a nuestros heroicos misioneros y cris- 
tianos. Fueron de seis clases: el de los azotes, bofetadas, tobillos, 
canga, dedos y cepo. 

Dan el tormento de los azotes con unas cañas de bambú gruesas. 
«Cogen al reo, le ponen boca abajo sobre las piedras, le echan los 
calzones a los pies, donde se colocan dos verdugos y otros dos a la 
cabeza, para tenerle por ambos extremos bien sujeto. Y en esta ac- 
titud descargan con furia las cañas sobre los muslos del castigado, 
siendo tan grande el daño de esta cruel tortura, que afirma el padre 
Navarrete, que si se proponen matar a uno, con cuatro o cinco golpes 
lo consiguen.» (P. Arias, op. cit., pág. 385.) 

El tormento de los tobillos es todavía más cruel. «Para darlo se 
valen de una especie de tenazas de hierro, de madera o caña bambú, 
con dos ranuras en la parte inferior. Encajados de ese modo los to- 
billos, aprietan por arriba con cuerdas o con una especie de torno, 
o golpean con un mazo de hierro o de madera; a cada golpe o es- 
fuerzo aprieta más el instrumento, y así, al poco rato, se desencajan 
los huesos y los pies quedan hechos una tortilla.» (P. Arias. Ibid, 
pág. 386.) 

Tormento de las bofetadas. «Usase para esto un instrumento en 
forma de suela de zapato de piel de búfalo endurecida, con tres, 
cuatro o cinco dobleces, de un pie de largo y de dos o tres pulgadas 
de ancho. Está el paciente con ambas rodillas en tierra, teniendo 
detrás de sí a un verdugo, que tomándole de la coleta le obliga a co- 
locar la mejilla sobre su muslo, y en esta posición, otro alguacil des- 
carga sobre la cara del desgraciado preso cuantas bofetadas dispone el 
mandarín. Son muchos los que salen de este tormento sordos para 
toda la vida, y es raro el que no arroja sangre por boca y narices 
y escapa con ellas sanas y enteras.» (Arias, Vida .., pág. 387.) 

Los Btos Sanz y Serrano perdieron un oído con este tormento. 

El cuarto de los tormentos es el de la canga. Es una especie de 
cepo aplicado al cuello. «Está formado de dos anchos maderos unidos 
por bisagras, de modo que juntos dan la figura de un talón cuadri- 
longo con agujero circular en medio. Varían mucho en el peso y en 
la figura, según los delitos y los jueces.» Algunos pasan de 100 libras 
de peso. 

El quinto es el de los dedos. «Para lo cual meten entre los dedos 
(del reo) cinco palitos de bambú, o menos, según sean los dedos 
que han da ser torturados. Los palitos tienen de largo unas seis pul- 
gadas y una de ancho, y en sus puntas un agujero por donde pasa 
un cordelito, destinado a apretarlo mucho o poco, conforme a la 
importancia de la confesión que se busca. Levántase el criminal ver- 
dadero o presunto, eme hasta entonces ha permanecido de rodillas, 
y puesto en pie, con los brazos en cruz, se le ata a un poste con su 
propia coleta; dos verdugos se sitúan a sus lados, le colocan los 
dedos entre dos cañitas y tirando de los cordeles quedan fuertemente 
comprimidos.» 1 Arias. Vida..., pág. 389.) Otro de los medios de tor- 
mento es hincar cañitas afiladas entre las uñasi y las yemas de los 
dedos, con el horrible dolor que se supone. 

El sexto tormento. Lo forman dos pedazos de madera, con una ra- 
nura en medio, donde meten los pies del reo, quedando así sin poder 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



367 



menear los pies. Algunos son tan pesados «que no los pueden levantar 
cuatro hombres», como escribe el Bto. Serrano eran los que les pu- 
sieron en la cárcel de Fogán a él y al Bto. Díaz. (Serrano. Reí. de la 
cruel..., núm. 16.) 

Todas estas clases de instrumentos torturadores usaron con nues- 
tros heroicos misioneros y cristianos, además de las sogas y cadenas al 
cuello, esposas a las manos y grillos a los pies. 



CAPITULO XIII 



MARTIRIO DEL BTO. SANZ 
I 

CALUMNIAS DEL VIRREY 

Los héroes confesores de Cristo continuaron en la cárcel 
esperando la respuesta del emperador a la sentencia dada 
contra ellos por el virrey de Foochow. Ni un libro para en- 
dulzar los largos días de su prisión se les permitía; ni un 
día podían celebrar el santo sacrificio de la misa. Sola- 
mente dos o tres veces pudieron recibir la sagrada comu - 
nión de mano de los sacerdotes chinos D. Tomás Sánchez 
y Matías Fu. 

El calabozo no podía ser más oscuro ni hediondo; la 
compañía era de facinerosos y malhechores; la comida, es- 
casa y mala. En una palabra: la miseria más espantosa 
enseñoreaba aquel antro que tenían por cárcel. Y en me- 
dio de este cuadro desolador vivían con celestial alegría, 
esperando ansiosos entregar sus cuellos al verdugo para 
volar al cielo dejando tanta miseria. 

Algunas veces pudieron entrar a hurtadillas en la cár- 
cel algunos cristianos, y los dos modelos de sacerdotes don 
Tomás y D. Matías, que les llevaban noticias, regalos y con 
frecuencia lágrimas que enjugar, pues que los cristianos de 
Fogán era perseguidos encarnizadamente todavía. 

El malévolo virrey no se contentó con enviar la injusta 

24 



370 



'OSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



sentencia al emperador, sino que, con el fin de conseguir 
más fácilmente su aprobación, elevó al mismo emperador 
un libelo aparte lleno de calumnias y de supuestas declara- 
ciones de los santos confesores, con lo cual intentaba, ade- 
más, se diera un decreto prohibiendo la predicación del 
santo Evangelio en todo el imperio. 

Las calumnias levantadas por el virrey son las siguien- 
tes: que reparten dinero a los cristianos; que predican no- 
debe obedecerse al emperador; que al que más convierte ie 
hacen superior, pero que si no hace conversiones le vuel- 
ven a Europa y le azotan por las calles, es condenado a 
muerte afrentosa y no puede ir al cielo; que una medicina 
que llaman cacao es remedio contra el veneno, y si las es- 
padas hieren a alguno, aplicando este cacao luego sanan; 
que una vez China se convierta la Ley de Dios quedaría 
sujeta a los misioneros; que el P. Provincial Bernardo ie& 
mandó a China para convertirla y sujetarla a España; que 
eran ensalmadores y adivinos; que con sus hechizos y bru- 
jerías arrebataban tras sí las multitudes; que abusando de 
la condescendencia y suave índole del emperador se ha- 
bían aumentado mucho en número, fundando muchas igle- 
sias y convirtiendo multitud de gentiles, con lo que peli- 
graba la paz e independencia del imperio; que se hacía 
público escarnio de las leyes y costumbres chinas, etc.,. 
etcétera (1). 



(1) Serrano. Reí. de la cruel..., II parte, núms. 4-8. A este pro- 
pósito escribía el Bto. Díaz: «Supongo que V. Rma. sabrá las causas 
de esta persecución y la aversión a Dios y a su santa Ley del virrey 
Cheu Hio-kien, llegando a tanto su malicia (mucha parte, según pien- 
so, tuvo congraciarse para sus ascensos ; por cierto que, si en mi 
mano estuviera, le diera la corona y cetro, y principalmente el co- 
nocimiento de Dios para que le amara y sirviera), que viendo que 
aun con la violencia de tormentos, etc., no salía con lo que pretendía, 
que era sacar que éramos hombres malos, se valió de la astucia de arri- 
mar a un lado las respuestas que respondimos en los tribunales y for- 
mar con su malicia unas, para con esto hacer entrar del todo al em- 
perador que éramos hombres pésimos y acreditarse él de hombre celoso. 
El emperador, con los suyos, como enemigos ae Dios e infieles, se 
fueron con él.» (Reí. de 4 de noviembre de 1747, dirigida por el padre 
Miralta.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



371 



Refiriéndose a estas calumnias, escribe el Bto. Serrano: 
«De lo que hasta aqui llevamos dicho podrá inferir el pru- 
dente lector el odio infernal que este hombre tiene a la Ley 
de Dios y a sus predicadores. Cuántas vueltas y revueltas, 
cuántas entradas y salidas para irritar al emperador que 
destierre la Ley de Dios de este imperio y acabar con to- 
dos los misioneros. No es necesario cansarme en probar 
que todas éstas son calumnias» (2). 

II 

LLEGA LA SENTENCIA DE PEKIN 

Por el mes de abril se esperaban en Foochow buenos 
despachos de Pekin. Mas como pasase el tiempo y no aca- 
base de llegar la respuesta de la Corte, D. Matías Fu fué 
a preguntar al correo mayor el porqué de tanta tardanza; 
y éste le respondió: «Ciertamente, estoy admirado de que 
este despacho tarde tanto, porque otras muchas causas 
posteriores han sido ya despachadas, y así no sé a qué 
atribuir tanta tardanza. V. M. pierda cuidado y esté se- 
guro de que luego al punto que llegue el decreto o despa- 
cho del emperador le daré aviso». «De todos estos puntos 
nos avisó D. Matías, y en el billete que nos escribió añadió 
diciendo: «Vsa. lima, y sus compañeros, según se discurre, 
no tendrán buen despacho, o, a lo menos, tendrán muchos 
años de cárcel, porque el virrey dió muy malos informes al 
emperador y esta tardanza no es por bien» (3). 

Razón sobrada había para esperar mala respuesta de 
Pekín, pues que el cruel virrey Cheu, ascendido a conseje- 
ro del emperador, había de poner toda su influencia para 



(2) Serrano. Reí. de la cruel..., II parte, núm. 9. 

(3) Ibid. núm. 10. 



372 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



que la injusta sentencia que había dado contra los santos 
prisioneros fuera confirmada. 

Resistíase, sin embargo, el emperador, y era de parecer 
que bastaba que los europeos (los misioneros) fueran des- 
terrados a Macao. Mas tanta presión le hicieron Cheu y los 
consejeros imperiales y tanto le ponderaron los muchos 
males que se seguirían si no les condenaba con penas más 
graves, que por último confirmó la sentencia en casi todas 
sus partes. Aunque el tribunal hizo caso omiso de las ca- 
lumnias que Cheu había levantado. El único delito que en 
elos se castigó fué por ser ministros de la Religión cristia- 
na. Es decir: «Por pervertir los corazones de los hombres 
con falsas doctrinas y el seducir al pueblo, imbuyéndole en 
las máximas de una Religión falsa», que no es otra que la 
Religión cristiana. 

El día 24 de mayo, a las siete de la mañana, remitió don 
Matías un billete al Sr. Sanz del tenor siguiente: «Acaba 
de llegar la «Gazeta de Pekín» . El emperador ha confirma- 
do las sentencias que dió el virrey Cheu-Hio-kien. V. S. ilus- 
trísima en breve será coronado con la palma del martirio. 
Los RR. PP. compañeros y el Ambrosio esperarán en la 
cárcel hasta que venga segundo decreto del emperador para 
ser degollalos. Con este anuncio no podemos contener las 
lágrimas. Pedimos la bendición de V. S. lima, y que a to- 
dos nos tenga presentes delante de Dios». Hasta aquí el bi- 
lletico de D. Matías.» 

«Leyó su lima, este billete en silencio fuera de la puerta 
de esta cuadra de la cárcel donde actualmente estoy es- 
cribiendo ésta, y, acabado de leer, entró muy alegre. Y to- 
mándome de la mano me dijo: «Venga acá. Sepa que pres- 
to seré degollado». E hincándose de rodillas, rezó con gran 
ternura y devoción el Te Deum laudamus. Luego me dijo: 
«Espere aquí, que voy a prepararme para hacer confesión 
general» (4). 

(4> Serrano. Reí. de la cruel..., II pr\rte. núms. 11 y 12. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



873 



La sentencia del Tribunal Supremo era del tenor si- 
guiente: 

«El juez del Crimen, presidente de todas las causas 
criminales pertenecientes a la provincia de Fokien. El 
año XII del emperador reinante Ching (Ching Ta-sien, 
en la actualidad virrey de Funien), virrey de esta pro- 
vincia, una chapa (comunicación) que contenia lo si- 
guiente: «El año XII de Kien-lung, emperador reinan- 
te, el 17 de la luna 4. a . llegó a esta metrópoli un despa- 
cho auténtico del Supremo Tribunal del Crimen relati- 
vo a un proceso que, iniciado a causa de secreta denun- 
cia, fué remitido al emperador por Cheu Hio-kien, en 
otro tiempo virrey de esta provincia y actualmente pro- 
movido a otra dignidad. El aludido despacho es del tenor 
siguiente: El año XI del emperador reinante Kien-lung, 
el dia 16 de la luna 11 (27 de diciembre de 1746), llegó a 
manos del emperador un libelo informativo del virrey 
Cheu, libelo que, por orden del mismo emperador, fué 
examinado el dia 12 de la luna 12 del mismo año por 
tres jueces, a saber: Por el presidente de este Tribunal, 
juntamente con los señores Tu Cha-yuen y Ta Ly-xi. Ver- 
saba sobre la causa del europeo Pe-to-lo y sus compañeros 
aprehendidos en el distrito de Fogán, en las casas del 
plebeyo Kuo Hoey-jin y otros que se nombrarán a su 
tiempo, por ocuparse en seducir al pueblo, embuyéndo- 
le en una religión falsa, apta para pervertir los corazo- 
nes de los hombres. Sobre esta causa el virrey Cheu de- 
cia en su libelo al emperador lo siguiente (aquí copia el 
libelo del virrey Cheu, transcrito ya más arriba). Y si- 
gue: 

«Estaba ya establecido por las leyes de este imperio 
que a cualquier extranjero que dentro de él cometiese 
algún delito digno de pena capital se le aplicase inde- 
fectiblemente esta pena. En esta conformidad, con ra- 
zón ha pronunciado el gobernador Cheu que Pe-to-lo y 
sus compañeros Hoa-king (Bto. Royo). Xi Vuang-chi-ko 
(Bto. Díaz), Te Chi-no (Bto. Serrano) y Fi Yo-vueng 
(Bto. Alcober) sean decapitados por pervertir los corazo- 
nes de los hombres y seducirlos con falsas doctrinas. Pe- 
to-lo, inmediatamente y sin demora, como cabeza y jefe 
de los demás; los restantes, como cómplices en el mismo 



JOSÉ MARIA GONZALEZ 



delito, aguarden en la cárcel hasta el tiempo acostum- 
brado. Marqúense, sin embargo, en el rostro, esculpién- 
doles con hierro candente, las letras que los designen 
reos de tal pena. Rectamente ha pronunciado también 
sentencia de estrangulación contra Kuo Hy-jin (Am- 
brosio), porque, a pesar del rigor de la ley que prohibe 
la propagación y ejercicio de la religión cristiana, ha 
ocultado hasta estos tiempos a Pe-to-lo y ayudándole en 
su propaganda. Por tanto, como ayudador y fautor de 
Pe-to-lo en las obras de seducción y corrupción del pue- 
blo, sea estrangulado. Difiérase, sin embargo, la senten- 
cia hasta después del otoño, tiempo usual en tales eje- 
cuciones. Pero márquesele en las mejillas con los carac- 
teres que le designen reo de la indicada muerte. Por el 
contrario, dicho virrey, absolviendo y declarando libre e 
inmune de toda pena a Kuo Yu-kuang, padre de éste, ha 
procedido también rectamente, porque, aunque él fué el 
que recibió en un principio en su casa a Pe-to-lo, esto 
ocurrió antes de la amnistía general concedida por el 
emperador, y, por lo tanto, ese indulto le comprende.» 

«Rectamente procedió también Cheu Hio-kien conde- 
nando a destierro perpetuo del imperio a los caseros de 
los demás europeos, Chin Chun-hoey (José), Kuo Hing- 
hin (Lucas), Vuang Go-chin (Domingo) y el bachiller 
Ching Vuen-chie (Domingo), todos por secuaces y par- 
ticipantes en delito de Kuo Hy-jin. Por tanto, Ching 
(Domingo), previamente degradado, junto con los tres 
mencionados, que, según el mismo virrey, debían aguar- 
dar en la cárcel, marcados ya en la mejilla con hierro 
candente, la confirmación de la sentencia, mandamos 
que seguidos de sus consortes se presenten en la Corte 
de Pekín, donde se les hará saber el lugar señalado a 
cada uno para extinguir su condena. Atento, sin em- 
bargo, a las leyes del imperio, concedemos que puedan 
redimir su pena con dinero el bachiller Ching Vuen- 
chie, en atención a haber cumplido los setenta de su 
edad.» 

«Igualmente recta es la sentencia pronunciada por el 
dicho virrey Cheu contra el letrado Chfng Domingo. 
Kieu y los militares Chin Nicolás Xing, Chin José Koang, 
Chin Francisco Lan y Chin Tomás Xang-gan, condenán- 
doles a perder su grado, llevar la canga por un mes y 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



375 



•cien azotes. Esto no obstante, Ching Domingo Kieu y 
Chin José Koang, por haber cumplido ya los setenta de 
su edad, podrán redimir con dinero la pena de canga y 
azotes.» 

«Recta y justa es también la sentencia dada por el 
mismo Cheu en favor de la viuda Mieu (María) Hy-say, 
declarando a ésta libre de toda pena, en lo que toca a 
haber recibido en su casa al europeo Te Chi-ko, por al- 
canzarla el indulto general del emperador. Sin embar- 
go, tanto ésta como los varones Vuang Pedro Ong, Lieu 
Margencio Lang, Francisco Xung, Mieu Tomás Xang- 
cheu, Kuo Pedro Ul-hin y las mujeres Kuo Teresa Chun, 
Kuo Lucía Hieu, Meu Juana Chin, Kuo Luisa Xa y Chin 
Rosa Kuey, convencidos de permanecer firmes en la re- 
ligión prohibida, mitigado el rigor de la ley, basta que 
se les dé a cada uno de ellos cien azotes, pena que, se- 
gún las leyes, podrán también redimir con dinero las 
mujeres. Encárgase, sin embargo, a los mandarines res- 
pectivos compelan a casarse a todas las que no tengan 
cumplidos los cuarenta de su edad.» 

«Por lo que toca a los habitantes de Fogán, es tam- 
bién muy justo lo determinado por el mencionado virrey 
-disponiendo que por medio de un edicto público se les 
concediese tiempo para que, entrando en su acuerdo, 
abandonen los errores y supersticiones dé la religión cris- 
tiana en que estaban envueltos. Una vez, pues, que los 
aludidos hayan dado público testimonio de penitencia 
(no es cierto que hubieran apostatado todos los cristia- 
nos de Fogán, ni mucho menos, como parece dar a en- 
tender este decreto), abjurando sus errores pasados, con- 
forme a lo que disponen nuestras leyes, les declaramos 
absueltos de semejante delito y, en su consecuencia, ab- 
sueltos de cualquier pena en que por ellos hubieran in- 
curirdo. Por lo que respecta a las doncellas, que se dice 
guardan virginidad, obligúeseles a casarse a todas las 
que, como se ha dicho, no hubieran cumplido los cua- 
renta años de edad. Si alguna rehusase obedecer a este 
mandato, desde luego, queda sujeta a azotes y a otros 
castigos. También es justo y recto lo sentenciado por el 
mismo Cheu respecto de los mozos que iban a Cantón 
a traer el estipendio de los europeos Mieu Raimundo 
Xang-yu, Mieu Paulo Kieu, Mieu Francisco Fung y Chin 



37G 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Tomé Me. Estos, especialmente el primero, como mas 
culpables, deberían ser castigados con ochenta azotes; 
pero en atención a haber dado público testimonio de 
arrepentimiento (esto es falso), y especialmente por com- 
prenderles el indulto general concedido por el empera- 
dor reinante Kien-lung, los declaramos libres de los azo- 
tes; deberán, no obstante, restituir al fisco el precio de 
la conducción. Lo mismo decimos respecto a los huesos 
del difunto (el Bto. Capillas), vestidos, libros, imágenes 
y demás utensilios europeos, plata acuñada y sin acu- 
ñar y sobre que se destruyan las Iglesias. Entiérrense 
cuanto antes los aludidos huesos; quémese todo lo de- 
más; destruyanse las aulas o Iglesias, y los 270 pesos de 
plata acuñada y los 29 medios pesos, junto con los cua- 
tro taeles en plata en barras, apliqúese al fisco. Final- 
mente, aprobamos lo pronunciado por el virrey Cheu 
respecto de los sentenciados a las penas de cangas y 
azotes, condiciones necesarias para poder redimirse en 
plata. Todo se ejecute conforme a la sentencia del vi- 
rrey.» 

«En cuanto a los mandarines de los lugares respecti- 
vos, por cuya incuria se ha extendido tan grande mal, 
inquiera lo conveniente el actual virrey y dé cuenta al 
Supremo Tribunal de lo civil para que allí se determine 
lo que pareciere más conveniente.» 

Hasta aquí el informe del Tribunal al emperador Kien- 
lung, dado el 9 de la luna 3. a , año XII del mismo empe- 
rador (19 de abril de 1947» (5). 

El emperador confirmó la sentencia del Tribunal Supre- 
mo con fecha 23 de abril en la forma siguiente: «Pe-to-lo 
sea inmediatamente degollado; Hoa-king, Xi Huang-cm- 
co, Te Chi-ko y Fi Yo-vang, según las leyes, deben ser de- 
gollados. Kuo Hoey-jin sea extrangulado ; todos éstos guar- 
den en la cárcel hasta después del otoño, y en todo lo de- 
más ejecútese la sentencia del virrey en los términos que 



(5> Esta sentencia del Tribunal Supremo y su confirmación por 
el emperador puede verse en latín A. P. D., t. 55. ff. 192 (v)-195. La 
traducción española la hemos tomado de la que trae el P. Arias. 
Vida..., págs. 602-608. En algunos pasajes se diferencian algo. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



377 



ha sido aprobada por el Supremo Tribunal de mi corte. 
Publiquese este decreto imperial para conocimiento de to- 
dos, y para que nadie pueda alegar excusa pase de tribunal 
en tribunal.— V. B.: El presidente del Tribunal del Crimen 
en todo el imperio.» 

El virrey le Fukien se hace eco de la sentencia imperial 
por estas palabras: «Esta es la comunicación que acabo de 
recibir del Supremo Tribunal del Crimen, la que os remito 
para que, con el debido respeto al emperador, la mandéis 
poner en ejecución. — Chin Ta-sieu. — Visto todo lo que pre- 
cede en Foochow, yo, el juez del Crimen de esta provincia, 
ordeno que, dejando un traslado de este decreto de mi tri- 
bunal hoy mismo proceda a la ejecución de este decreto 
imperial el gobernador civil y el gobernador militar de esta 
metrópoli. — Año XII del emperador Kien-lung, día 18 de 
la luna 4. a .» 

III 

PREPÁRASE EL BEATO SANZ PARA EL MARTIRIO 

El Bto. Sanz quiso prepararse para el martirio con una 
confesión general. Oigamos al Bto. Serrano explicar los 
sentimientos de humildad del santo Obispo: 

«Me llama su lima, para hacer su confesión general, y 
asi perdone el lector y basten estas breves noticias para 
formar concepto de este Prelado insigne. ¡Qué confesión 
tan humilde! ¡Qué afectos tan amorosos! ¡Qué lágrimas 
tan impetuosas! ¡Qué de buena voluntad las derramaba 
la fuente amorosa de su corazón! Se veia ya e) cuello con 
los brazos de su amado esposo, que le convidaba a las 
eternas nupcias; y asi no es mucho que hiciera expre- 
siones cariñosas. Acabada su confesión, me prometió que 
nosotros cuatro compañeros suyos seríamos los primeros 
que tendría delante de Dios en la gloria. Y así vivimos 
con el consuelo de esta fina promesa.» 

«Deseaba mucho su lima, la sagrada comunión para 



378 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



hacer alegre su viaje con este celestial viático. Hizo 
nuestro D. Matías exquisitas diligencias para dar este 
consuelo a su lima.; prometió a los porteros de esta cár- 
cel cinco pesos; trajo el sagrado viático, pero fué tanto 
el temor de ésto al mandarín Alcayde, que no le permi- 
tieron la entrada. No por esto desfalleció ni se descon- 
soló su lima., pues sabía muy bien que un corazón afec- 
tuoso le roba el corazón a Jesucristo.» 

«Estos tres días, miércoles, jueves y viernes, añadió su 
ilustrísima mayor intención a sus piadosos ejercicios para 
adornar su alma con decencia y hacerla agradable obje- 
to a los ojos de su esposo, que ya le convidaba a celebrar 
las bodas en el feliz tálamo de la gloria. Procuraba tam- 
bién multiplicar los talentos, como siervo fiel de Jesu- 
cristo, para oír de esta divina boca aquel dicho: Euge del 
Evangelio con que este Señor honra a los suyos, consti- 
tuyéndoles grandes de su reino.» 

«En estos días me decía su lima, que no había podido 
apartar de sí aquella visión que tuvo en Fogán. Discu- 
rríamos que aquella tumba, o féretro, daría a entender 
la caja de los huesos del V. Capillas; pero ahora ya vemos 
claramente que significaba la tumba de este dichoso y 
venerable señor. Aquella multitud de estrellas, los mu- 
chos escogidos que Dios tiene en Fogán; los dos báculos 
de estrellas, estos dos báculos que cogieron a su lima., uno 
de bronce y otro de palo. Procuraron estos mandarines 
deslucirlos con la suciedad de sus bocas; pero Dios nues- 
tro Señor los hará resplandecer como las estrellas» (6). 

«Interrumpamos al santo cronista y declaremos lo que 
su humildad no quería ver en este hecho prodigioso. El 
túmulo brillante significaba la muerte gloriosa de los 
cinco ministros de Dios; los dos báculos, al Bto. Sanz y 
al Bto. Serrano, ambos Prelados de aquella Misión flo- 
rida; el cielo sembrado de estrellas, su inmortal triunfo 
y el de los fieles de Fogán, el cual, más refulgente que las 
estrellas, había de alegrar al Empíreo» (7). 

«Otro suceso prodigioso e igualmente significativo, que 
calla el Bto. Serrano, indudablemente por humildad, pero 
que consta de una manera auténtica por la deposición 



(6; Serrano. Reí. cit., núms. 24, 25, 26 y 27. 
(7) Arias. Vida..., pág. 612. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



379 



de testigos presenciales y del mismo guarda de la cárcel, 
ocurrió algunas semanas antes de saberse la confuma- 
ción de la sentencia. En el mismo departamento de la 
cárcel del corregidor de Foochow estaban detenidos, se- 
gún queda dicho, los Btos. Sanz, Serrano y Royo. Un dia, 
con ocasión que los siervos de Dios hallábanse depar- 
tiendo en pláticas espirituales, notan con grande sorpre- 
sa que se abre el techo de su habitación. Una luz viva 
le rodea; descúbrese el cielo, y ven que las tejas, des- 
pués de estar suspendidas en el aire algunos instantes, 
colocadas unas sobre otras en el mismo orden que si tu- 
vieran base firme y fueran dispuestas por mano inteli- 
gente, vuelven a caer sobre el techo, que se cierra otra 
vez, colocándose cada una en el lugar y con el mismo 
orden que antes tenía. Pasmados de tan grande mara- 
villa los guardias y los demás presos, y hasta el alcaide 
mandarín que acudió a admirar el prodigio, vieron en- 
tonces que los tres santos misioneros, comprendiendo por 
aquel portento el glorioso destino que Dios les aparejaba, 
se pusieron en oración alabando las divinas misericor- 
dias. Ocurrido el martirio del insigne Prelado, exclama- 
ron los gentiles: «Ya antes, viviendo en la cárcel, el te- 
cho de su habitación abrióse y le dió paso para el cielo. 
Ya nos lo dijo él entonces» (8). 



IV 

SALE EL BEATO SANZ PARA EL MARTIRIO 

No se pudo ejecutar la sentencia contra el Bto. Sanz el 
día 25 (9), fecha en que llegó el decreto del empérador, 



(8) Arias. Vida..-, pág. 613. 

(9) Un día antes del martirio del Bto. Sanz se desarrolló en la 
cárcel esta interesante y patética escena, que describe en testigo 
presencial en el Proceso Anostólico. «Entramos en la cárcel, dice el 
testigo, en que estaba el venerable Prelado, yo, Francisco Javier Ly, 
Mieu Raimundo Siong-gung y otros cristianos, con el fin de venerar 
al santo Obispo, a quien ya teníamos como mártir, y de implorar su 
patrocinio para cuando saliese de esta vida, y al propio tiempo de- 
seosos de ofrecerle los postreros, aunque pobres y humildes obsequios 
de nuestro amor. Recibiónos el venerable Prelado con grandes mués- 



380 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



por ser día festivo para los chinos y por celebrarse el ani- 
versario de la muerte de un antiguo emperador. 

«Llegado el día 26, viernes infraoctava de Pentecostés, 
a las cuatro de la tarde, oíamos aquí gran ruido y murmu- 
llo de gente. Preguntamos a los presos compañeros qué 
ruido era este. Nos respondieron: «Ahora el arroz vale mu- 
cho, y como concurre mucha gente a comprar causan mu- 
cho ruido». Bien sabían ellos que se acercaba la hora del 
degüello, pero estimaban mucho a su lima, y no querían 
dar noticias melancólicas» (10). 

«A las cinco de la tarde, con poca diferencia, se arro- 
jaron a esta cárcel diez satélites con el ruido y algazara 
que pudieran hacer diez demonios; llegaron a la puerta 
de esta cárcel preguntando: «¿Dónde está Pe-to-lo?» Nos 
dijo su lima.: «Estos vienen por mí». Y luego respondió: 
«Aqui estoy». Levantóse de una sillica de sólo cuatro pa- 
los, donde estaba rezando el Rosario de María Santísi- 
ma; y llegando los ministros, le quitaron los grillos de 
sus pies benditos para que pudiera andar hasta el lugar 
de su martirio. Luego, sacando unas tijeras, cortaron el 
cabello del cerebro. Preguntóme su lima: «¿Qué hacen 
éstos?» Respondile: «Cortan el cabello para que no im- 



tras de cariño, benevolencia y extrema alegría; y como muchas ve- 
ces hubiera antes dicho a Mieu Raimundo : «No lo dudes, me corta- 
rán la cabeza», y éste le hubiera contestado que no sucedería tal 
cosa, al verle ahora, le dijo con familiar acento: «¿Ves ya, Raimundo, 
como dentro de poco seré decapitado? Ya está confirmada por el 
emperador mi sentencia de muerte, y ya ha llegado a esta metró- 
poli el decreto. Sí; de un momento a otro, añadió con la cara res- 
plandeciente de júbilo, me cortarán la cabeza.» 

«Rompió a llorar copiosamente Raimundo al oír tales palabras ; 
pero el Obispo, con faz alegre y gran serenidad, alargó su mano de- 
recha y poniéndola con gran afecto en el hombro de Raimundo, dí- 
jole muy tiernamente : «No llores, hijo mío, enjuga esas lágrimas, 
¿por qué Horas? Ahora sólo es tiempo de regocijarse, porque ¿qué 
cosa más deseable que morir por Dios?» Y volviéndose después a nos- 
otros, nos habló de esta suerte: «Os ruego cristianos, hijos míos, que 
con todo vuestro corazón sirváis a Dios, a El sólo améis y que no os 
apartéis nunca de la observancia de sus preceptos: sin que os pvredren 
jamás las amenazas y tormentos de los mandarines.» Echáronse a 
llorar los cristianos, y besando la mano del amadísimo Pastor salie- 
ron de la cárcel, dispuestos a sufrir toda clase de tormentos, antes 
que renegar de Jesucristo.» (Arias, Vida..., págs. 616-616.) 

(10) Seriiano Reí. de 1c. cruel..., 2. a parte, núm. 29. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



381 



pidan el cuchillo». «Ea. pues, absuélvame». Reconcilióse 
brevemente, y. ya comenzando a caminar, le eché la ab- 
solución. Al salir de la puerta de esta cuadra besamos sus 
benditas manos ligadas con esposas; y ratificando su pa- 
labra de que nos tendría muy presentes delante de Dios 
nos despedimos de este Padre amoroso, perdiendo de vis- 
ta aquel piadoso objeto que alegraba nuestros corazo- 
nes. Cómo quedaríamos con tal pérdida se deja a la con- 
sideración del piadoso lector. Aquí mejor hacen su oficio 
las lágrimas que la pluma.» 

«Al salir de esta cárcel llegó el carcelero de su ilus- 
trisima con un poco de vino y alguna otra cosilla para 
que tomara algún esfuerzo, pero no la recibió; sólo, si, 
dióles las gracias y unos reales en expresión de su agra- 
decimiento. Llegados al tribunal del corregidor de esta 
ciudad (11), preguntó su lima.: «¿Dónde está el satélite 
que ha de hacer el oficio de verdugo?» La respuesta fué 
darle un puntapié, diciendo: «Arrodíllate presto y no an- 
des ahora con preguntas». No entendían ellos el inten- 
to de su lima., que era darle cinco pesos que llevaba 
prevenidos en señal de agradecimiento por el bien que 
esperaba recibir de su mano. Echólos en tierra delante 
del corregidor, quien los entregó al alcaide de esta cár- 
cel para que los diera a los PP. Royo y Serrano que com- 
práramos alguna cosa de comer. Luego, quitando a su 
ilustrisima las esposas de sus manos, las ataron para 
atrás, apretando tan fuertemente los cordeles por hom- 



(11) «Yo le vi — dice el testigo 20 de 1 . Proceso Apostólico — en el 
mismo tribunal del mandarín del Fu (de la ciudad), a donde había 
sido llamado para oír su última sentencia. Oyóla de rodillas y al pun- 
to le pusieron una mordaza a la boca, para impedirle que hablara. 
Pero yo no sé cómo explicarlo, mas sucedió que la mordaza se separó 
algo de los labios, de modo que no le impidió el uso de la palabra. 
Después vi que le ataron las manos a la espalda y amarraron a su 
cuello una cana o bambú, que alzaba sobre la cabeza cerca de tres 
pies de largo y cinco dedos de ancho, en el que escribieron ciertos 
caracteres chinos muy gruesos, cada uno del tamaño de ur huevo 
de gallina, que expresaban la causa de su muerte. Desde el tribunal 
acompañé al Obispo casi hasta el lugar del suplicio, yendo a dos, 
tres o cuatro pasos, según podía, de él todo el camino. Cuando llegamos 
al lugar del suplicio, fué tanta la concurrencia de gente, que ya no 
me fué posible salir por la puerta de la ciudad. El Obispo fué luego 
decapitado en el sitio que se llama Ping-kio-tao, en las afueras de 
la puerta occidental, que dista pocos pasos de la muralla (15 pasos 
dice el 6.° testigo), cerca de la hora de las cinco de la tarde, en el 
reinado de este emperador (no recuerdo el año», en la luna cuarta y 
día 18 «26 de mayo de 1747).» 



382 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



bros, brazos y manos, que se oian crujir los huesos como 
si uno por uno los fuesen dislocando y apartando de su 
asiento natural. Tenian ya preparada una banderilla de 
papel y en ella escrita la causa de su lima., que decía 
asi: «Este reo Pe-to-lo es condenado a degüello para ejem- 
plo y escarmiento de todos, porque con sus mentiras y 
engaños ha pervertido los corazones de los hombres». En 
esta banderilla echó su ñrma el corregidor, que fué a ha- 
cer una raya con tinta encarnada y luego tiró la pluma. 
Tienen este estilo significando en la raya la sangre, dan- 
do a entender con tirar la pluma que ya se envileció y no 
puede tener más uso. Pusieron esta banderilla a las es- 
paldas de su lima., atando el carrizo o caña entre los 
brazos y las manos, quedando la banderilla elevada so- 
bre la cabeza para que todos pudieran leerla. Prepa- 
raron también una mordaza (es un palo que atraviesan 
en la boca para que el reo no eche maldiciones al em- 
perador y a los mandarines); al tiempo de ponerla dijo 
su lima.: «Dejadme libre la boca para orar y alabar a 
Dios». No sólo no quisieron estos crueles conceder esta 
gracia, sino que le dieron una bofetada. Preparado ya 
este candido cordero para el sacrificio, lo entregó el go- 
bernador al mandarín del Min-hien, al ayudante del ca- 
pitán y a otros dos cabos de soldados y satélites para 
que ejecutaran la sentencia.» 

«Iba este dichoso reo difundiendo alegría por estas ca- 
lles de Focheu, candido, rubicundo, alegre y hermoso 
como un ángel. Ni la mordaza le impedía para las divi- 
nas alabanzas y exhortar a todos siguieran la santa Ley 
de Dios si querían salvar sus almas. El concurso de gen- 
te, innumerable, porque sobre constar esta metrópoli de 
cinco millones, había la circunstancia de exámenes para 
entrar en grado de letrados; y asi habían concurrido in- 
finitos estudiantes de villas y ciudades circunvecinas. 
También concurrieron no sólo los cristianos de esta me- 
trópoli, sino es de otros lugares circunvecinos. Es pre- 
ciso hacer mención de Kuo Mateo Ong, mozo de veinti- 
séis años, que toda su vida había sido apóstata, y con 
la ocasión de visitarnos en esta cárcel logró la dicha de 
su conversión. A éste tenía su lima, grandísimo afecto 
por haberlo engendrado en Jesucristo con sus exhorta- 
ciones; y correspondió tan fino, que no se apartó del lado 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



383 



de su lima, hasta el lugar del martirio. Con la concu- 
rrencia y tropelia de tanta gente, derribaron o quitaron 
el gorro a su lima, quien, con valor, serenidad y cons- 
tancia, les dijo: «Mirad que se ha caido el gorro; vol- 
védmelo a poner». Y después le pisaron un zapato, y ad- 
virtió lo mismo: «Volvedme a poner ese zapato». En todo 
obedecieron los satélites. Salieron fuera de los muros por 
la puerta que mira al Occidente; pasaron un puente de 
madera, distante de los muros como treinta pasos; pro- 
siguieron algunos pasos más, y, mandando el satélite a 
su lima, hincarse de rodillas sobre una losa en medio 
de la calle de este arrabal, le respondió: «Espera un poco; 
dadme lugar para encomendar mi alma en manos de 
Dios». Se lo concedió el satélite. Acabada su oración, vol- 
vió su lima, la cara para atrás, y mirando con rostro ale- 
gre al satélite le dijo: «Me voy al cielo». Respondióle éste, 
tomando el gorro en las manos y palpando las espaldas: 
«Yo deseo ir contigo». «Pues sigue la Ley de Dios — dijo 
su lima. — si quieres salvar tu alma». Consoló después al 
satélite, diciendo que no temiera; e hincando sus ben- 
ditas rodillas sobre aquella losa levantó el satélite la ca- 
tana, o cuchillo, con la mano siniestra (era zurdo) y 
cortó de un golpe aquella bendita cabeza, abriendo el 
paso a aquella alma dichosa para entrar triunfante y 
con palma en el reino de los cielos» (12). 

Mientras el santo atleta de Cristo iba camino del mar- 
tirio, los otros santos confesores quedaban orando en la 
cárcel por él; y los cristianos rezaban los misterios dolo- 
rosos del Santo Rosario por encargo de D. Matias Fu y del 
Padre Esteban Pung, S. J., que presenció desde las murallas 
el martirio del santo Obispo. 

De la consumación del martirio del Bto. Sanz es prueba 
auténtica el documento dei juez del Crimen de Foochow en 
la comunicación que hizo al virrey certificando la ejecución 
del santo mártir» (13). 



(12) Serr/no, Reí de la cruel..., 2. a parte, Nos. 30-32. 

(13) He aquí el tenor de este documento. «Por dar, por mi parte, 
cumplimiento al decreto imperial, que V. E. se ha servido comuni- 



384 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



V 



LAS RELIQUIAS DEL MÁRTIR EN EL LUGAR DE LOS MALHECHORES 



«No permitieron los satélites poner una alfombra que 
había preparado D. Matías para recoger la sangre del san- 
to mártir, pretestando que no había tal estilo. Pero un gen- 
til amigo de Ly Benito, muy buen cristiano (en su casa ha- 
bita D. Matías cuando viene a esta metrópoli), esparció en 
el suelo un poco de ceniza para poder después del degüe- 
llo recoger la sangre. Este hombre dichoso ha experimenta- 
do el divino auxilio por la intervesión del nuevo mártir, 
según piadosamente podemos discurrir. Es ya catecúmeno. 
Y así él, como los demás de su casa, están aprendiendo la 
doctrina para bautizarse. Fué de gran consuelo a D. Ma- 
tías y a los cristianos, porque como era gentil pudo sin te- 



carme, llamé sin demora a Chin Yo-yeu, mandarín del Fu. o Gober- 
nador de la metrópoli, y a Chin Ing-ming, mandarín militar, o sea 
jefe de la guarnición de la misma ciudad, y les encomendé la ejecu- 
ción inmediata de lo que en dicho decreto imperial se manda 

»A1 efecto, identificada convenientemente la persona del reo Pe- 
to-lo, condenado a muerte, sacáronlo de la cárcel y lo entregaron al 
mandarín del Min-hien, llamado Ly-fuen, citado previamente a este 
fin, quien lo condujo sin dilación a la vía pública del arrabal, donde 
fué decapitado el ano XII de Kien-lung. día 18 de la luna 4. a , a la 
hora Vl-xy (como a las cinco de la tarde). Terminada la ejecución, 
como testigos de vista, me dieron cuenta por escrito, el mandarín 
Ly-fuen, Gobernador de Min-hien y Kien Kin-huong, o sea el man- 
darín de los condenados a muerte. Lo mismo me comunicaron tam- 
bién los mandarines miltiares Kin Fu-cha; íg, auxiliar del mandarín 
de esta capital, y Ching Ing-ming, jefe de la guarnición de la plaza. 
Sin perjuicio, pues, de mandar a V. E. a fin de año, según estilo de 
curia, nota de esta y otras causas criminales, créome en el deber 
de poner todo esto en conocimiento de V. E. per este instrumento 
público. 

»A1 Excmo. señor Re, Virrey de las provincias de Kugien y Che- 
Kiang y lugares a ellas sujetos, Administrador del Tesoro Imperial, 
condecorado con los grados Yen-xi-lung en el Supremo Consejo de 
Guerra, Tu-cha yuen Yeu-fu y Tu-yu, oriundo de la familia manda- 
rina, Ky Tu-goey-na, y veinticuatro veces notado por el emperador 
Kien-lung: en la tabla de méritos. 

Año XII del emperador Kien-lung. día 26 de la luna 4. a «Kio 
Loi-aul-ho-xen. Juez del Crimen, condecorado con tres grados y dos 
veces notado por el emperador en la tabla de méritos. — Lugar del 
sello.» (Arias, Vida... págs. 622-624.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



385 



mor ni recelo alguno recoger la sangre envuelta en ceni- 
za en un costalico; después, con toda fidelidad lo entregó 
a D. Matías. La losa regada con aquella bendita sangre se 
la llevó a su casa por reliquia y en su lugar puso otra. For- 
mó tan alto concepto de aquella sangre bendita, que vien- 
do sus manos untadas decía: «Esta sangre es de un hom- 
bre justo; no es bien lavarlas». Y después de haberlas 
puesto sobre las cabezas de los de su casa diciendo: «Veis 
aquí la sangre de un hombre justo», con su misma lengua 
las fué lamiendo. Dichoso él, pues tiene tan buen pa- 
trón» (14). 

El cuerpo decapitado del santo mártir fué puesto junto 



(14) Serrano, 2. a parte de la reí. citada, núm. 32. La piedra 
sobre la que fué decapitado el Bto. Sanz estuvo en poder de una 
familia cristiana descendiente del gentil que recogió dicha piedra, 
llamado Chin Ul-yuen. Cuenta la tradición entre misioneros y cris- 
tianos que esta piedra de noche producía milagrosos resplandores. 
Sabido por el misionero, la exigió de la familia cristiana y ordenó 
se dividiera en dos partes, poniendo una de ellas en el dintel de la 
puerta de la iglesia de Omui-haen (Foochow), y la otra debajo del 
ara del altar mayor de dicha iglesia; pero que después de la división 
dicha, desaparecieron los milagrosos resplandores. 

El P. Mariano Antón, en carta del 2 de agosto de 1856 escribe: 
«El Sr. Aguilar pudo sacar la piedra sobre la que fué degollado el 
Sr Sanz, y los zapatos, que estaban en casa de los descendientes 
del gentil que recogió el cuerpo y que después se hizo cristiano. Dicha 
piedra es ahora ara del altar; pero fué menester labrarla; y para 
cogerla, así como los zapatos, que estaban teñidos de sangre, fué 
necesario se valiese el Sf. Aguilar de las travesuras de un muchacho. 
Ya contaré las declaraciones que ha sacado el dicho Sr! de la fami- 
lia mencionada, pues son curiosas». — No hemos podido hallar esa« 
«declaraciones». 

«El 47 (1847) se dijo la primera misa sobre la piedra [en] que 
fué decapitado dicho B. Sr.» (Sanz). (Carta del mismo P. Antón 
que, junto con la anterior, se guarda en el Legajo 68 del Archivo de 
la Universidad de Sto. Tomás de Manila.) 

Un facsímile de dicha piedra puede verse en el t. 2, f. 176 del 
APD. Nosotros hemos tenido la dicha de decir muchas veces misa 
scbre esa piedra. 

La historia de la conversión de Ul-yuen la escribió el P. Juan Fung 
de Sta. María con este título : «Relación de la conversión de un 
infiel llamado Chin Ul-yuen, con su pariente»... — Dice, en parte, esta 
relación: «El día 4 de agosto de 48 (1748) solemnemente bauticé a 
Chin Pablo Ul-yuen, de 56 años de edad, con una sobrina de éste, 
Lau María, de 16 años de su edad, y recibieron con mucha devoción 
y tal ternura de llantos que edificaban a todos los asistentes a su 
bautismo.» (Foochow el 5 de enero de 1749. Guárdase este documen- 
to en el APD. t. 65, págs. 227-228.) 

25 



386 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



a los muros, y poco después le llevaron al cementerio de los 
ajusticiados. 

A las diez de la noche se fué D. Matías a preparar el fé- 
retro. Al día siguiente, 27, era tanta la muchedumbre que 
fué a visitar el venerable cadáver, que los cristianos, que 
no querían fuese enterrado en la fosa común de los ajus- 
ticiados, no se atrevían a llevarle al cementerio de los 
cristianos, llamado «Monte Santo». Pero D. Matías y los 
Beatos Alcober y Díaz se ingeniaron de un modo muy ori- 
ginal. D. Matías debía hacerse conducir como un manda- 
rín en silla al cementerio y tres carceleros de los dos santos 
prisioneros debían aparecer como si fueran sus ministros. 
Así lo hicieron. Apenas llegados al cementerio publicó el 
supuesto mandarín un edicto en el que mandaba prender 
a todo aquel que llegara al cementerio y fuera dada no- 
ticia al virrey del nombre de los apresados. Inmediatamen- 
te se despejó el lugar de gente curiosa. Prosiguió entonces 
don Matías a recoger el santo cuerpo del mártir, cadenas, 
ropa, etc., poniendo al venerable cadáver ropas nuevas. 
Y con ayuda del alcalde de la cárcel pudo vencer la resis- 
tencia del cabecilla que cuidaba del territorio de los ajus- 
ticiados, que quería aprovecharse de la ocasión para ga- 
narse 30 pesos a costa de los cristianos. El venerable cadá- 
ver fué depositado en un panteón especial con inmensa 
alegría y gozo de D. Matías y de los cristianos (15). 

Mas el 4 de julio fué preso Miguel Ly, porque se habían 
fijado los gentiles que había andado muy solícito en reco- 
ger los santos restos de nuestro mártir y en llevarlos ai 



(15) Quien desee más datos sobre las circunstancias del martirio 
de nuestro héroe, lea la 2. a parte de la reí. cit. del Bto. Serrano; el 
escrito del mismo Beato titulado : «Breve extracto de nuestra pri- 
sión», y las relaciones del mismo fechadas el 9 de agosto, 31 del 
mismo y 8 de septiembre, todas de 1747. «Extracto de los interroga- 
torios sufridos en las cárceles-», por el Bto. Royo; y una relación del 
4 de noviembre del mismo año, y la relación de D. Matías Fu titulada : 
«Trasumtum relationis Martyrü Jllmi, ac. Rvdmi. D. D. Petri Marty- 
ris Sanz», etc., del 30 de mayo de 1747. Hállanse todos estos docu- 
mentos Mss. en el APD. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



387 



«Monte Santos» de los cristianos y sospechaban lo hacía asi 
porque alguien le pagaba bien. «Después de tres días le 
dieron libertad. Sólo quedó el rigor para el V. mártir, que 
ni aun después de muerto le perdonaron. Mandaron derri- 
bar el panteón donde le habían depositado, en compañía de 
otros venerables de misioneros antiguos, y que el cuerpo 
de Pe-to-lo lo volvieran al territorio de los ajusticiados. 
Todo se ejecutó con puntualidad el 5 de dicho mes de 
julio. Allí, entre los ajusticiados, se conserva el dicho va- 
rón cuerpo hasta que los pobres cristianos logren alguna 
paz y los trasladen a Fogán, según lo tienen determina- 
do» (16). 

Más adelante veremos cómo el virrey quiso hacer des- 
aparecer hasta los vestigios de los restos de nuestro glorio- 
so mártir. Mas Dios los salvó para alegría de nuestros cris- 
tianos. 

VI 

GRANDES FIESTAS POR EL TRIUNFO DEL BEATO SANZ 

La fausta noticia del glorioso triunfo de nuestro már- 
tir corrió por todo el imperio y fuera de él, y en todas par- 
tes se celebró con cantos de triunfo y desbordador entu- 
siasmo. 

El P. Matías Fu escribía emocionado: «Que toda China, 
que la provincia de Fokien en particular, y sobre todo la 
ciudad de Foochow, se llenen hoy de santa confianza. Esta 
tierra está ahora teñida con la sangre de un mártir, cosa 
que no ha sucedido desde la fundación de la monarquía. 
No temamos, pues, porque la sangre del mártir será semi- 
lla de cristianos entre nosotros. Hasta ahora habíamos oído 
hablar de combates que los confesores de Cristo habían 



(16) Serrano, Reí de la cruel..., 2. a parte, núm. 43. 



388 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



gloriosamente sostenido en otras tierras; mas hoy hemos 
visto entre nosotros un mártir de la fe» (17). 

El dignísimo Obispo de Pekín, Sr. D. Policarpo de Sou- 
za, S. J., fué uno de los que con mayor regocijo recibió la 
noticia del triunfo del Bto. Sanz. Con el mayor entusiasmo 
y fervor religioso escribía a un amigo de Macao: «Ayer, 
4 de marzo, recibí la carta de V. R., dada el 22 de diciem- 
bre, con la adjunta para el M. R. P. Segismundo, la cual 
en seguida fué entregada con los demás papeles referentes 
al martirio verdaderamente glorioso del limo., y ahora mas 
que nunca, Rmo. Sr. D. Fr. Pedro Mártir, mártir por el 
nombre, mártir por la vida, mártir en la muerte y mártir 
en la inmortal gloria». 

Y más adelante continúa: 

«Yo, para que tan glorioso martirio no quedase sin la 
mayor demostración de afecto y veneración que en este 
lugar cabía hacerse con los RR. PP. Segismundo, Juan 
Bautista y mi capellán, que se gloría de haber besado la 
mano del santo mártir cuando estuvo desterrado en Ma- 
cao, celebré misa de pontiñcal, con exposición del San- 
tísimo Sacramento. Acabada la misa, canté el Te Deum 
laudamus alternativamente con la música sínica, en la 
cual así los cantores como los instrumentistas son cris- 
tianos. A la oración propia del Te Deum añadí la si- 
guiente colecta, por la cual verá V. Rma. cuán grande 
sea el concepto que he formado de aquel V. pastor y 
cuán preciosa juzgué su muerte en los ojos del Señor. 
Era asi: 

«Omnipotente y misericordioso Señor, que para con- 
firmarnos en la fe manifiesta algunas veces de un modo 
sensible los inescrutables juicios de tu Providencia, te 
ofrecemos las más solemnes acciones de gracias por ia 



(17) Touron- Histoire des hommes ülustres de VOrdre de Saint 
Dominique..., t. VI, pág. 755. nota (1). Existen en el APD, dos car- 
tas del mismo Sr. D. Matias Fu dirigidas al P. Provincial de Domini- 
cos de Manila. En la primera le da el parabién por el martirio del 
Bto. Sanz, y en la segunda habla de la vida de los otros cuatro con- 
fesores que quedaban en la cárcel. Están fechadas, respectivamente, 
en Hinghoa, el 28 de octubre de 1747 y el 31 de marzo de 1748. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



389 



gloriosa victoria que nuestro hermano Fr. Pedro Mártir 
ha felizmente alcanzado del enemigo de tu santo nom- 
Dre; y te rogamos humildemente que esta Misión de Chi- 
na, regada con su sangre inocente, cada dia sea mas fe- 
cunda y que nosotros, que trabajamos en la misma viña, 
vivamos encendidos en igual celo y con igual constancia 
nos fortalezcas en el postrer combate, a fin de que, a 
imitación suya, sembrando tu santa palabra en todo este 
imperio, estemos siempre dispuestos a derramar nuestra 
sangre por ti y por el rebaño que nos has confiado y así 
merezcamos recibir un dia la corona que piadosamente 
pensamos haber él y ya recibido, prometida a los que se- 
llan la confesión de la fe con su propia sangre. Por nues- 
tro Señor Jesucristo. Amén.» 

«Sé también que en el colegio se rezó el Te Deum en 
comunidad, y lo mismo juzgo se ha hecho en las otras 
dos Iglesias de la Compañía.» 

«El santo mártir, de quien en el carácter soy hermano, 
aunque indignísimo, acepte mi buena voluntad y gran 
deseo de celebrar su triunfo glorioso con más pública 
manifestación. Empero, sumus in medio nationis pravae, 
cuyos ciegos ojos no podrían ver tan grande luz; pero 
bástele la mucha que goza ya en la presencia del Señor, 
que para tanta gloria suya le ha criado. Lo que yo de- 
searía de V. Rma. es: 1.°, que mande a Su Santidad cuan- 
tas noticias y pormenores debidamente clasificados pue- 
da hallar sobre su martirio, a fin de que sea declarado 
venerable y se proceda a su beatificación, bien necesaria 
para enfervorizar a los cristianos; 2.". que haga toda cla- 
se de diligencias para que su sagrado cadáver se tras- 
lade a Macao o a Manila, a fin de que no se pierda tan 
gran tesoro; 3.°, que si ahí llegaron algunos vestidos te- 
ñidos con su preciosa sangre me envíe alguna particita 
para estímulo de mi tibieza, y no menos de otros cristia- 
nos, y tendré eso más que agradecer a V. Rma.» (18). 

Y en otra carta fechada el 18 de diciembre de 1747 es- 
cribía: «Así como recibí esta noticia tan triste para la Mi- 
sión como alegre para el cielo y para la esclarecida Orden 



(18) Arias, Vida..., págs. 644-650 y A. P. D. en latín. 



390 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



de Sto. Domingo, a quien doy mil parabienes por tener tan 
dichoso hijo, entre lágrimas de sentimiento por huir de 
mi tal fortuna, postrado delante de Dios recé Te Deum lau- 
damus por la constancia final que dió a este tan fiel con- 
fesor y mandé a todas las Iglesias que hicieran lo mismo. 
El será nuestro abogado delante de Dios, que para tanta 
gloria le crió en proporción al sobrenombre anunciado de 
que había de ser el protomártir de China el protomártir de 
la sagrada Orden de Predicadores. A pesar de que los cua- 
tro PP. sus compañeros estaban sentenciados al mismo su- 
plicio, hasta el día 7 no se supo que se había diferido la 
sentencia» (19). 

Al saberse en Macao el glorioso triunfo de nuestro már- 
tir se celebraron grandes fiestas, que describe el P. Miralta 
con estas palabras: «A 25 de agosto se supo aquí la noti- 
cia cierta de la gloriosa muerte del venerable Sr. Sanz, que 
se celebró en este convento de Sto. Domingo a 29 con misa 
solemne y Te Deum -pro gratiarum actione, con la asisten- 
cia de este Ex.mo diocesano, el Sr. Martillat, Vico Apotco. 
de Yun-nan; el gobernador y todas las Comunidades reli- 
giosas, con haberse celebrado en las tres noches antece- 
dentes fuegos artificiales, repiques de campanas e ilumina- 
ciones en varias partes de la ciudad» (20). 

En Manila celebráronse en honor del glorioso mártir 
fiestas aun con mayor esplendor, con Te Deum y procesión 
solemne de la milagrosa imagen de la Virgen del Smo. Ro- 
sario, acudiendo las autoridades civiles y eclesiásticas, con 
un gentío inmenso. Hubo ruegos artificiales, luminarias y 
otras muchas demostraciones de acción de gracias y exal- 
tado regocijo. 



(19) A. P. D., t. 44, f. 155. 

(20) Carta fechada en Macao el 9 de noviembre de 1747, ori- 
ginal en A. P. D., t. 44. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



391 



Por último, añadiremos que Benedicto XIV pronunció 
una admirable alocución el 16 de septiembre de 1748, en la 
que, después de elogiar las virtudes del santo mártir y sus 
trabajos apostólicos, le llamó mártir consumado y digno 
de que la Iglesia le elevara al honor de los altares. 



CAPITULO XIV 
CALUMNIAS CONTRA LOS SANTOS CONFESORES 

I 

RELACIÓN DEL BEATO SERRANO. — CÓMO SE ESCRIBIÓ 

Siguiendo el orden cronológico de los gloriosos sucesos 
que historiamos, vamos a recoger algunos datos en defen- 
sa de la conducta de nuestros mártires, pues no solamente 
se levantaron contra ellos las potestades del infierno, las 
autoridades de la tierra y muchos hombres paganos, sino 
también quisieron tomar parte en el ataque algunos cris- 
tianos y hasta algunos misioneros, que fué lo que más les 
dolió a los santos confesores. 

Tuvieron nuestros invictos mártires buen cuidado en es- 
cribir los sucesos de su prisión y los de muchos cristianos, 
sus padecimientos e interrogatorios y, por último, los de- 
talles del glorioso martirio del Bto. Sanz. Hecho todo no 
sin especial providencia de Dios. 

En efecto, escribe el Bto. Royo: «Viviendo el V. Mr. se- 
ñor Sanz, el Sr. Tipasitano y yo en la cárcel de Foochow, 
varias veces instó que con tiempo hiciéramos nuestra rela- 
ción de la persecución y trabajos pasados para enviarla a 
la provincia, pero lo dilataban, decían, para cuando estu- 
viésemos en Macao. Cuando degollaron al Sr. Sanz. y según 
la presente providencia quedamos todos envueltos en la 



394 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



misma sentencia, le fué preciso al Sr. Tipasitano echar 
luego manos a la obra en los meses de mayores calores, ju- 
nio, julio y agosto, a lo que se anadia la debilidad de ca- 
beza de dicho Sr., por lo que con mucho trabajo sacó su 
ilustrísima un borrador, y visto por todos los PP. cada uno 
advirtió lo que faltaba» (1). 

Alabando el Bto. Alcober la exactitud y perfección con 
que fué escrita esta relación, escribe: «Por las del limo, se- 
ñor Serrano y su relación, verá V. P. M. R. todo cuanto de- 
sea saber, y me manda escriba acerca de la persecución, 
pues con gran distinción de verdad y claridad la refiere su 
señoría con toda sal, dando noticia de su principio, medio 
y fin hasta últimos de agosto de este año de 47» (2). 

Y más adelante añade el mismo santo mártir: 

«Dicho limo. Sr. Serrano, como Vicario Provincial, nos 
escribió a esta cárcel mandando que cada uno escribie- 
ra lo que había pasado desde su prisión hasta el día de 
la fecha. Y así al punto lo escribimos el P.Díaz y yo y 
remitimos firmado de nuestro nombre al dicho Sr. Se- 
rrano. En la cárcel de la ciudad estaban juntos en un 
calabozo los tres: el V. Sr. Sanz, el. limo. Sr. Serrano y 
el P. Fr. Joaquín Royo, y allí, ya por escrito de los di- 
chos, y ya de boca, supo con toda distinción dicho se- 
ñor Serrano todo lo que refiere en su devota y discreta 
relación. Esta diligencia fué con tan feliz acierto, que 
parece que Dios estaba aguardando a que se concluyera 
para apartar a los dos, scilicet: Sr. Serrano y Royo a 
cárcel distinta. Pues lo mismo fué poner los últimos plie- 
gos y cartas en casa de Ly Benito y su hermano Miguel 
(cristianos que nos han favorecido mucho en estas cár- 
celes, pudiendo decir que han sido nuestros pies y ma- 
nos, y ambos a dos hermanos han sido presos y padecido 
mucho por nosotros), que fué el día 2 de septiembre, que 
al día 3 de dicho mes al Sr. Serrano meterlo en calabo- 
zos interiores entre la chusma de reos y al P. Royo lle- 



(1) Alcober, Reí. de 4 de octubre de 1747. 

(2) Alcober, Reí. del 1° de octubre de 1747. 




La más famosa relación del Beato Serrano. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



395 



vario a la cárcel de una villa intramuros llamada Heu- 
kuan y ponerlo entre los reos.» 

«Con lo dicho conocerá V. P. M. R. que Dios N. S. lo 
dispuso todo con particular providencia para que la re- 
lación quedara perfecta y esa nuestra santa Providen- 
cia lograra saber para mayor esplendor suyo lo que ha 
pasado en esta gloriosa cristiandad. Sea todo para ma- 
yor honra y gloria del Señor, que asi lo dispuso» (3). 

«Lo que en estas relaciones se dice (4) en orden a las 
preguntas y respuestas que dió el V. P. Sr. Sanz ante el 
juez del Cricen y dos mandarines que le acompañaban, 
y últimamente delante del virrey, merecen tanto crédi- 
to como si de su mismo puño las escribiera el mismo se- 
ñor, porque yo mismo las puse en un libro particular 
de apuntes, del mismo modo que el Sr. Tipasitano y yo las 
oímos muchas veces de boca del V. Sr.; y al tiempo de 
apuntarlas, si no me acordaba de algo, o quedaba con 
alguna duda, iba y me informaba del V. Sr.; y como lo 
decía, así yo lo escribía; y acabadas de escribir, las leí 
ante los dos limos. Obispos; y el V. Sr. (Sanz) dijo que 
estaban escritas fielmente» (5). 

Escritas las dos partes de su relación con tanta exacti- 
tud como hemos visto, el Bto. Serrano envió el original a 
Manila (6), y una copia hecha por los Btos. Royo y Alcocer, 
a Macao al P. Miralta (7). 

Tan grande aceptación tuvo esta relación, que en todas 
partes se le tributaron las mayores alabanzas. Se hicieron 



(3> ibid. 

(4) Entiéndase en las dos partes de la reí del Bto. Serano 
(5> Royo, Reí del 4 de octubre de 1747. 

(6) Así lo escribe el mismo mártir en carta al P. Provincial (31 
de agosto de 1747), y en otra relación del 30 de septiembre repite 
lo mismo, y añade que «Allá (en Manila) podrán VV. PP. ponerla 
en forma con buena retórica.» 

(7» «Ahora remito a V. Rma. una relación dando noticia por ex- 
tenso de la persecución de Pu-gan y prisión de los PP. misioneros 
de Sto. Domingo. Item, remito otra relación dando noticia del glo- 
rioso martirio del nuestro dilectísimo Obispo V. Sr. Sanz. (Los ori- 
ginales envío a Manila por vía de Emuy). Estos traslados que los 
RR. P. Alcober y Royo me han hecho el favor de copiar, concuerdan 
con sus orignales y sen los que envío a V. Rma.» (Serrano, Relación 
del 27 de agosto de 1747.) 



396 



JOSL MARÍA GONZÁLEZ 



de ella multitud de copias, especialmente en Macao, y des- 
de esta ciudad fueron enviadas a diversas partes de China, 
a Manila y a Europa, y en todas partes fué acogida y leí- 
da con transportes de alegría y hasta con lágrimas. Son 
dignas, entre otras, de transcribirse las expresiones patéti- 
cas del Sr. Obispo de Pekín, Sr. de Souza, S. J., en carta al 
Padre Miralta: «No tengo palabras con que adecuadamente 
poder explicar mi agradecimiento a la persona de V. reve- 
rendísima por tan piadosa y detallada relación de la lasti- 
mosa tragedia de Fokien, en la que hizo el principal papel 
aquel Ssmo. pastor. Ni yo la puedo leer ni mi capellán oír 
sin derramar muchas lágrimas al ver tantas penas, que, 
siendo gratísimo espectáculo para Dios y sus ángeles, sólo 
el corazón de diamante o tan cruel como el de aquel impío 
virrey no pudieron enternecer. Igual al sentimiento fué la 
admiración que me causó ver la igualdad de ánimo y el jo- 
coso estilo con que el limo. Sr. Serrano escribió, a pesar de 
los tormentos, cangas y prisiones, probando bien que no 
hay penalidades humanas, ni grillos, ni esposas para el 
que tiene la libertad, consolación y alegría de un varón 
apostólico, verdaderamente unido a Dios, como considero a 
su Ex.a, amoldándose de igual manera a la magnanimidad 
y a la fortuna de ser testigo de ésta, compañero de los tra- 
bajos, amanuense y autor» (8). 

De esta relación del Bto. Serrano se hicieron en corto 
tiempo varias impresiones, tanto en Manila como en Es- 
paña, si bien algunas de ellas están compendiadas (9). 



(8) Souza, Reí. del 16 de noviembre ce 1748. Dicho Sr. Obispo 
añade más adelante en la misma carta : «Aunque estoy avariento 
de santas noticias, con todo soy igualmente pródigo en comunicarlas 
a otros ; pues no bien leí los primeros cuadernos, los íuí luego man- 
dando a los RR. PP., de donde pasaron a la residencia de S. José, 
y ahora está toda la relación en manos del R. P. Segismundo. No se 
la comuniqué a los PP. franceses porque ya se la mandó su Rvma. al 
P. Superior.» 

(9) Las dos primeras impresiones fueron hechas en Manila en 
1748. Son muy raros los ejemplares que existen de ninguna de las 
dos. De la primera edición hay un ejemplar en la Librería nacional 
de Manila, Filipinas y otro en el Archivo de la Univ. de Sto. Tomás. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



397 



II 

DEFIÉNDESE A NUESTROS MÁRTIRES 

a) Protestas contra la primera impresión de la relación 
del Bto. Serrano 

Contra la primera impresión hecha en Manila de esta 
relación protestó enérgicamente el P. Juan Silvano de Neu- 
vialle, S. J., diciendo no estar en algunos pasajes conforme 
con el original, como en los núms. 19 y 22 de la segunda 
parte, en los cuales, según él, se deshonraba a la Compañía. 
Y a tanto llegó su enojo y el de sus hermanos de hábito, 
que se propusieron «hacer una apología en su defensa e im- 
pedir en Roma la solícita aprobación del martirio del vene- 
rable Sr. Sanz» (10). 

El P. Neuvialle arremete airado contra la pastoral del 
Beato Sanz publicada en 1745, que tanto dolió a los riccis- 
tas y que, por el contrario, tan buena acogida tuvo por par- 
te de los obedientes a la Silla Apostólica y que tantas ala- 
banzas le prodigaron. Se queja también del Bto. Serrano 
porque no alaba en dicha relación al P. Esteban Pung, je- 
suíta chino, por los favores, dice, que de él recibieron los 
santos prisioneros en las cárceles, alabando, en cambio, en- 
comiásticamente a los sacerdotes chinos D. Matías Fu, o 
Fou, y D. Tomás Sánchez. Añade también dicho Padre mu- 



De la segunda existen ejemplares en el Archivo d la Universidad de 
Sto. Tomás de Manila, y en Roma en la Biblioteca Cas. AA. I. 67. Otras 
dos edicionas fueron hechas en 1749 en Sevilla y Murcia; otras dos en 
1750 en Valencia y Barcelona y otra más en Valencia en 1778. Se 
imprimió también en Roma traducida al italiano, en 1752 ; y tradu- 
cida al latín, se imprimió igualmente en Roma en 1753, en 8.°, como 
la anterior (A. O. P.. de Roma, t. X, 2.571.) 

(10) P. Miralta, carta al P. Provincial de Dominicos de Manila, 
sin fecha, mas sin duda de 1748. Guárdase el original en el A. P. D. 



3"S 



JOSÉ MARÍA CONZÁLEZ 



chas inexactitudes contra los dominicos, trayendo a cola- 
ción muchas cuestiones fuera de propósito (11). 

En realidad, no tenía el P. Neuvialle razón alguna para 
su airada protesta, pues de nada se habla en esa relación 
impresa contra la Compañía (12). 

Tiene razón, sin embargo, el P. Neuvialle al afirmar que 
la relación impresa dicha en algunos pasajes no está con- 
forme con el original. La culpa de todo la tuvo el P. Miral- 
ta, que añadió en una copia del ejemplar que le enviaron 
los santos mártires muchas cosas de su cosecha, enviando 
después esa copia a Manila igual en un todo, según él, al 
original. Conforme a esta copia se hizo en Manila la pri- 
mera impresión, creyendo era verídica la enviada por el ci- 
tado P. Miralta. De ésta es la que protesta el P. Neuvialle. 

A pesar de que el P. Miralta aseguró al P. Neuvialle que 
la copia que había enviado a Manila era un fiel traslado de 
la que le enviaron los santos presos de Foochow; y aun en 
carta escrita al P. Provincial de los PP. Dominicos de Ma- 
nila en 1748 parece indicar lo mismo. No fué así, sino que 
alteró el orden de algunos hechos y añadió de su parte lo 
que le pareció, no sólo en los números 19 y 22, sino también 



(11) Esta apología del P. Neuvialle está firmada en Macao el 6 
de mayo de 1748. A ella le responde el P. Pedro Luis de Sierra, O. P. 
con un largo escrito, con fecha del 16 de agosto de 1748; en el que 
deja mal parado al P. Neuvialle. Ejemplares de estos dos escritos en 
el A. P. D. 

(12) Todo lo añadido en el núm. 22 que principalmente suscitó 
tan amargas quejas, es como sigue: «Llegó a saber (el Bto Sanz) 
con certeza que muchos de los misioneros con sus cavilaciones inten- 
taban sufocarla, y lleno de celo santo de la honra y gloria de Dios 
y de su Iglesia, despuesto todo temor humano y pronto a derramar 
su sangre por tan santo fin, v asumpto tan glorioso, despachó el día 
22 de julio de dicho año (1745), desde Moyang, la Pastoral arriba 
dicha, verdaderamente apostólica, dirigida a los misioneros de todo 
su distrito, en que trayéndoles a la memoria aquella formidable sen- 
tencia del Eminentísimo Señor Cardenal de Tornon : «M issio d<:s- 
truetur, et error non emmendabitur», quita y revoca todas las facul- 
tades a los que no hicieren el juramento que su Santidad manda 
en la Bula ; y no sólo revoca las facultades, sino que también ex- 
comulga a los que permitieren a los fieles practicar los ritos tantas 
veces prohibidos por la Iglesia, y novísimamente por la dicha Cons- 
titución Apostólica.» (Sierra, Respuesta al P. Neuvialle, núm. 11.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



399 



en otros más, como puede probarse comparando la copia 
del P. Miralta con el original del Bto. Serrano (13). 

Creyendo en Manila en la veracidad de la copia — pues 
es lo más probable que el original que envió el Bto. Serra- 
no al P. Provincial no llegara aún a su destino—, hicieron 
conforme a ella dicha impresión. Mas arrepentido el Pa- 
dre Miralta de su conducta, avisó a los Superiores de Ma- 
nila de lo que había hecho, y éstos ordenaron se procediese 
a nueva impresión, como se hizo, conforme en un todo con 
el original (14). 

b) No fueron ingratos con el P. Esteban Pung 

En cuanto a la gratuita afirmación del P. Neuvialle de 
que el Bto. Serrano había sido desagradecido a los favores 
recibidos por el P. Pung, no citándole en su relación y pro- 
digando grandes alabanzas a los Sres. Matías Fu y Tomás 
Sánchez, responde el mismo Bto. Serrano en carta al Pa- 
dre Miralta: 

«El haber yo omitido en mi relación al R. P. Esteban 
BaptLsta no fué por falta de afecto que yo tenga al di- 
cho R. P., ni a la Sagrada Compañía, a quien estimo muy 
de corazón; sólo fué porque como dicho R. P. se extra- 
ña tanto de nosotros, cualquiera que leyera mi relación 



(13) Afirma el P. Miralta al fin de la copia que envió a Manila: 
«La presente relazione e stata fidelmente e lettralmente copiata 
dell' Criginale scritto e mandato al P. Miralta in Macao, delli Ven. 
Padri Domenicani sottoscritti nella medesima li quali sonó tuttavia 
nelle prigioni di Fo-ceu, Capitale della Provincia de Ko-kien in Ciña. 
In Fede di chez : Macao, 8 marco de 1748.» (A. P. D., t. 55, f. 116 (v). 

(14) Ke aquí el Acta oficial del Consejo de Provincia del 22 de 
junio de 1748, en que se ordena se haga otra impresión. «Se leyó tam- 
bién una carta del Rmo. P.e Angelo Miralta, Procurador de las Mi- 
ssión. de China, en que exprfssa su sentim.o por aver añadido en la 
Relación im^ressa de la persecución de China y Martyrio del Illusmo. 
V.e S.r. Cbispo Mauricastrense D.n Pr. Pedro Martyr Sanz, alg.s pá- 
rrafos que no se hallan en la Relació.! orig.l escrita por el Ill.mo 
S.r Obvspo Tipasitano, D.n Fr. Franco Serrano : de que se han se- 
guida alg s inconvenientes; por lo que determinó el Consejo, se reim- 
prima conforme al orig.l al pie de la letra.» (Libro de Consejos, Acta 
del 22 de junio de 1748, f. 80.) 



400 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



lo había de notar y decir: «¿Qué es esto? ¿Cómo mos- 
trándose con tanto afecto y fineza los Srs. clérigos de 
Hin-hoa se muestra el P. Esteban tan remiso? ¿Los de 
Hing-hoa venir tantas veces dos días de camino a visi- 
tarnos y consolarnos, lo mismo los cristianos de Chang- 
cheu y Fogán, y el P. Esteban, residente y ministro en 
este ministerio de esta metrópoli, sin haber entrado ja- 
más por estas puertas? ¿Los de Hing-choa recoger con 
tanta solicitud el V. cadáver del nuevo mártir y el Pa- 
dre Esteban nihil? ¿Los de Hing-hoa consolaron conti- 
nuamente con sus cartas, dándonos noticias de todo, el 
Padre Esteban ni una letra hasta el mes de abril, como 
diré luego? Pues salir yo de repente en mi relación con 
tabaco, queso y dos pedazos de piedra de Gaspar An- 
tón (15), ¿no era quedar el P. Esteban en un lugar muy 
inferior a vista de las finezas de los otros? ¿Quién lo 
duda? Lo cierto es que si yo me hallara en lugar del Pa- 
dre Esteban pidiera encarecidamente al que hiciera la 
relación que no pusiera mi nombre en ella, porque ja- 
más gusté de nombre remiso; el que luce es el intenso. 
Y así, mirando por el honor del dicho Padre, tuve por 
más acertado de dejarlo en silencio, porque así podrían 
discurrir que el dicho Padre no se hallaba en esta me- 
trópoli o, a lo menos, sería de paso, por tener que asis- 
tir a otras cristiandades, etc. Todo quedará recóndito en 
mi corazón hasta el día del juicio, por lo mucho que esti- 
mo a los RR. PP.; y así sabe muy bien vuestra Rma. que 
jamás le he escrito palabra sobre este punto, ni ahora lo 
escribiera sino fuera necessitate compulsus para dar res- 
puesta a este papelico del R. P. Esteban.» 

También asegura el Bto. Serrano que el P. Esteban no 
les escribió ni siquiera una vez, a pesar de que se lo habían 
pedido los cristianos en muchas ocasiones (16). 



(15) Estos son los únicos favores que hizo el P. Pung a los san- 
tos misioneros durante más de dos años que éstos tuvieron en las 
cárceles de Pochow. 

(16) Serrano,, Reí. del 15 de julio de 1748. Con este motivo es- 
cribía también el Bto. Alcober : «Bien hice el año pasado en remitir a 
V. P. M. R. las cartas del P. Piñeiro de Pekín, y del Sr. Serrano, res- 
puesta al P. Esteban Bautista, ministro de esta cristiandad ; porque 
siempre me temí habían de salir con estas frioleras con que nos 



.MISIONES DOMINICANAS £N CHINA 



401 



Es cierto que el P. Pung — a instancias de los cristianos 
de Fogán, que le dieron 125 pesos para el viaje — fué a Pe- 
kín para hablar con los PP. jesuítas de allí a fin de que 
interpusieran su influencia con los magnates y con el em- 
perador para que suavizasen los castigos impuestos por ti 
virrey de Fukien a nuestros cristianos; pero nada pudo 
conseguir dicho Padre, como se lo habían predicho nues- 
tros santos prisioneros. También querían los cristianos de 
Fogán que el P. Pung intercediera por los santos misione- 
ros presos, pero éstos dijeron que por ellos no intercedie- 
ran, porque se habían puesto en las manos de Dios y que 
si a su divina voluntad placía ellos derramarían gustosos 
su sangre por El (17). 



aumentan las penas, y ellos quedan en peor estado. Sólo siento ha- 
ber quemado lo que dicho Padre escribió al Sr. V. Sanz, en la que 
pedía perdón a su lima, de su desatención y falta de política en no 
haber escrito en los meses que llevamos de prisión. Bien podían calía: 
los PP. jesuítas, y todos callaríamos, como se ha hecho hasta ahora.» 
(Reí. al P. Provincial, del 22 de julio de 1748). Habla también el Bto. 
Serrano en otras relaciones acerca de esta misma cuestión, como en 
las firmadas el 1.° de noviembre de 1747 y el 13 y 14 de julio de 
1748. Y el P. J. Fung de Sta. María en otra del 17 de julio de 1748. 
También se halla en el A. P. D. un escrito titulado «Charidade usei 
com o lllustris.o S.r Pedro Sanz e os preso P. es Domi.os». Por cierto 
que esas «charidade» no se reducen más que a lo que ya nemoj 
visto. 

(17) «Por diciembre pasado de 46, escribe el Bto. Serrano, jun- 
taron los cristianos de Fogán ciento veinte y cinco pesos, y los dieron 
al P. Esteban Bautista Pung, suplicándole fuera a Pekín a hablar 
con los PP. misioneros de aquella Corte, hicieran todo empeño con 
los magnates y el emperador para que se les hiciera alguna gracia 
y mitigaran las sentencias tan rigurosas que aquí había dado el Vi- 
rrey Cheu Hio-kien Respondióles el P. Esteban que iría con mucho 
gusto, pero que había de llevar carta nuestra. Vinieron a pedirnos esta 
carta. Él V. Sr. Sanz y los PP. Royo y Sen-ano les respondimos : «Bien 
sabéis que por este septiembre pasado vino en la Gazeta de Pekín cómo 
habían preso a los cristianos de la Corte, y que les dieron azotes y tan- 
tos meses de canga; y que querían (¿prender?) al P. jesuíta Presidente 
de la Matemática; ptro el emperador mandó suspender la prisión advo- 
cándose a sí la causa. Pues los PP. de Pekín no pudieron favorece - 
a sus cristianos. ¿Cómo podrán libertaros a vosotros? Lo mejor es que 
esa plata la repartáis entre los pobres cristianos de Fogán que se ha- 
llan presos en estas cárceles de Focheu, y os dejéis de gastos inútiles.» 
No quisieron tomar nuestro consejo. El chino dando en uno, no hay 
quien pueda sacar de la suya. Instaron por su carta. Fué preciso con- 
descenderles por no contristarles. Fué el P. Esteban a Pekín con car- 
ta y pesos. Volvió del mismo modo que fué. Sólo trajo buenas espe- 
ranzas. Pero los pobres cristianos de Fogán, unos llevaron sus azotes, 

26 



402 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEK 



c) La persecución no fué motivada por un cristiano 



Las calumnias que el virrey Cheu Hio-kien envió en su 
infame libelo al emperador, juntamente con la sentencia de 
muerte contra los santos confesores, surtieron su efecto no 
sólo entre los ministros del emperador, sino también en- 
tre algunos cristianos y misioneros de Pekin y Macao espe- 
cialmente. Más que sus horrorosos padecimientos, dolieron 
a los heroicos prisioneros estas groseras calumnias, creídas 
con tanta ligereza hasta por algunos misioneros. 

Con objeto de defender la verdad y el honor propio y 
el de sus compañeros, el Bto. Alcober, con la autoridad que 
tenía como Vicario Provincial, ordenó a sus tres compañe- 
ros escribieran al P. Miralta para deshacer las calumnias 
que les habían levantado (18). 

Una de esas calumnias era que la persecución había co- 



otros se redimieron con dinero. Lucas, José y Tadeo desterrados a 
la Tartaria ; el Ambrosio en una de estas cárceles de Foocheu con 
sus grillos esperando su garrote; y, finalmente, las cosas se queda- 
ron como se estaban, y a los ciento y veinte y cinco pesos inútilmente 
gastados en el viaje de ida y vuelta del P. Esteban. Pero en todo caso 
le encargamos a este P. que no hiciera diligencia alguna en nuestro 
favor, porque nosotros estábamos puestos en manos de nuestro re- 
dentor Jesucristo, y queríamos dar nuestras vidas con mucho gusto 
por su Santo Nombre y su santo Evangelio.» 

«De lo dicho hasta aquí nadie podrá inferir que nosotros nos que- 
jamos de los RR. PP. jesuítas ; porque en Pekín hicieron sus diligen- 
cias, y así nos lo escribió el R. P. Vice Provincial, Domingo Piñeiro. 
Pero en estos tiempos calamitosos no se puede más.» Serrano, Reí 
31 de agosto de 1747.) 

(18) «Por la adjunta, escribe el mismo Eto. Alcober, verá V. P. M. 
R. lo que se habla en Macao. Es sin duda que por la Corte habrán 
llegado los falsos testimonios que nos impone el virrey Cheu Hio-kien. 
«hijo del diablo», como le llamaba el V. Sr. Sanz. No ha sido poco el 
sentimiento que todos hemos tenido. Al punto escribí al limo. Sr Se- 
rrano y P. Royo que escribieran al Rmo. Miralta, y lo mismo al P. 
Díaz, que está conmigo. Y lo hicieron todos muy a medida de mi de- 
seo, defendiendo la verdad. Yo también escribí. Y todas las cartas 
salieron de anuí para Macao el día 8 de noviembre, dirigidas por D. 
Matías Fu. Espero en Dios que, en llegando nuestras cartas y rela- 
ción en donde va la verdad de lo que ha pasado, saldrán de admira- 
ciones los que tan fácilmente creen a unos gentiles y enemigos de- 
clarados de Dios su santa Ley y ministros.» (Alcober, Reí. del 19 de 
noviembre de 1747.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



403 



menzado porque un cristiano dejó en testamento la ma- 
yor parte de su fortuna a los misioneros dominicos; sólo 
una pequeña parte a su hijo. Este disipó muy pronto su 
herencia y pidió a los misioneros que le dieran lo que su 
padre les había dejado en testamento. Se negaron éstos a 
darle lo que les pedía, por lo cual apostató y les acusó a 
las autoridades, de que se siguió la persecución con todas 
sus consecuencias. 

Rebatiendo esta calumnia, escribe el Bto. Royo: «Lo que 
dicen que el origen de la persecución fué un apóstata por 
unas sementeras, etc., es una quimera, un sueño y una 
muy gorda guayaba. El origen de la persecución fué el 
que en la Relación (del Bto. Serrano) se alega, y no 
otro» (19). 

El Sr. de Souza afirma categóricamente: «La persecu- 
ción de Fukien comenzó por un gentil familiar del manda- 
rín» (20). 

El Bto. Serrano, al dar noticia al P. Provincial Bernar- 
do Ustáriz de la prisión de los misioneros, le dice que «un 
picaro infiel de Moyang dió aviso a un mandarín de Ar- 
mas de la villa de Fogán de los europeos que había en aquel 
partido» (21). Lo mismo afirma el santo mártir en la rela- 
ción de la persecución (22). 

Pero el argumento más contundente contra esta falsa 
Imputación lo da el mismo Bto. Serrano respondiendo a 
don Bautista Maigrot, quien le preguntaba acerca de la 
verdad de los rumores que sobre esto corrían, al cual con- 
testa el santo mártir, afirmando bajo juramento, diciendo 
ser todo una falsedad (23). 



d") Royo, Relación del 4 de noviembre de 1747. 

(20) Souza. Reí. del 26 de noviembre de 1748. 

(21) Serrano, Reí. del 28 de enero de 1747. 

(22) «Tomó por instrumento el demonio a un letrado gentil del 
pueblo de Moyang, mal hombre y aborrecido de todos, llamado Yin- 
ku.» e ERR«NO. Reí de la cruel..., núm. 3. 

(23) «Ceterum, escribe el Bto. Serrano, quia mendacium nun- 
quai.. subsjátere potuit, veritas quae semper victoriam cantavit, nunc 



401 



JOSE MARÍA GONZÁLEZ 



Todos estos caramillos debieron tener su origen de una 
carta del P. Esteban Pung, quien, sin duda mal informado, 
escribió al P. Visitador, con fecha del 12 de septiembre 
de 1746, diciendo que el acusador de los PP. dominicos ha- 
bía sido un cristiano apóstata (24). 



d) La persecución no empezó por Fukien 

También niegan los santos mártires que la persecución 
hubiera comenzado por Fukien, como niegan asimismo que 
ellos no se hubieran ocultado oportunamente. La realidad 
ya la hemos visto en las páginas anteriores. 

El Bto. Serrano, respondiendo a esta calumnia, decía: 
«Siento mucho las persecuciones y prisiones de tantos po- 
bres misioneros, pero no tienen razón los que dicen que 
todos estos males proceden de nosotros y de nuestra pri- 
sión, porque cuando nos prendieron a nosotros, pregunta- 
do el capitán Hoang Chung-ye al P. Royo si en Chekiang 
había misioneros y habiéndole respondido el P. Royo que 
hacía ya veinte años que de Chekiang había venido a Fo- 
gán, y que, por lo tanto, no tenia noticias de aquella pro- 
vincia, entonces le dijo el capitán: «Pues si en Chekiang 
hay misioneros, a estas horas ya están presos» (25). Luego 



etiam in nomine Domini, de medacio triumphavit. Itaque testificor 
coram Deo et Christo Jesu Domino nostro, quod omnia supradicta 
nobis imposita, sunt falsa, falsissima, ficta et chimerica. Testis est 
mihi Deus quod non mentior. Sic me Deus adjuvet. Amen. In testi- 
monium veritatis propria manu subscripsi in hoc carcere gubernatoris 
civitatis Fo-cheu metrópoli provinciae Fo-kien. Sinarum, Imperii, die 
9 julii anno Domini 1748. — Fr. Franciscus Serrano, Ord. Praed.. elec- 
tus Episcopus Tipasitanus et Vicarius Apostolicus Provinciae Fo-kien.» 
A. P. D. t. 55, f. 125. La Carta del Sr. Maigrot al Bto. Serrano está 
fechada el 5 de abril de 1748. 

(24) Escribe así el P. Pung: «L'istoria della S.a legge nella citta 
di Fu-gan ebbe l'origine de un cristiano apostata della medicina citta, 
e da un yu vcen tie assesore, o scrivano* del mandarino di arme della 
detta citta, chiamato Jeu-ky ; il quale apostata scrivendo le cose fal- 
se, li d.o mandarino Jeu-ky diede parte al Vicere...» Esta carta está 
traducida al italiano por el P. Miralta, y un ejemplar se halla en 
A. P. D., t. 55, ff. 180-181.) 

(25) El 10 de abril de 1746 ya había sido preso en la provincia de 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



405 



no infieren bien que nuestra prisión sea causa de la per- 
secución; antes la persecución fué causa de nuestra pri- 
sión. A lo menos si al P. franciscano Giambatta le prendie- 
ron tres meses antes que a nosotros, no podemos nosotros 
ser causa de su prisión. Muy solícito y cuidadoso anda el 
demonio por quitar el crédito a los misioneros dominicos, 
pero la honra que Cristo les quiere dar, ¿cómo el diablo 
se la podrá quitar?» (26). 

No sólo no comenzó la persecución por Fukien, sino que 
parece tuvo su origen en Pekín y Tsuchueng, según dijo el 
señor D. Pablo Su al Bto. Serrano (27). Por marzo de 1746 
ya habían hecho rigurosas averiguaciones sobre si había 
religiones falsas, entre otras, la cristiana, y por este mo- 
tivo huyeron el Sr. Martillat y otros misioneros a Ma- 
cao (28) y el mismo Sr. Su hizo otro tanto (29). 



e) No se cometieron imprudencias ante los tribunales 



De entre todas las calumnias levantadas contra nues- 
tros heroicos mártires, la que más les dolió fué la de que 



Shangsy un misionero franciscano de la Propaganda... (Carta del 
P. Miralta del 13 de abril de 1747, en el A. P. D. 

(26) Serrano, Reí. del 14 de julio de 1748. 

(27) «También dice (el Sr. Su) que antes que llegara a Pekín 
la noticia de nuestra prisión, ya había llegado a Zucheun edicto del 
emperador mandando a todos los mandarines que examinasen las 
falsas sectas y prendieran sus áseclas. Y esto viene conforme a lo 
que el mandarín capitán que nos prendió dijo al P. Royo (Sigue lo que 
queda ya dicho arriba). De lo dicho se infiere que esta persecución 
general tuvo su origen en Pekín.» (Serrano, Reí. del 29 de noviembre 
de 1747.) 

(28) El R. P. Pablo Su me dijo que a principio del mismo año, 
por marzo y abril, en la provincia de Zucheun, hicieron rigurosa ave- 
riguación sobre si había leyes falsas, y como la nuestra, aunque san- 
tísima, corre en China con este mal nombre, sin duda, que también 
inquirieren de ella. Y añadió el mismo P. que el Sr. Martillat, o no 
sé que otro misionero, aceleró por esta causa su venida a Macao.» 
(Carta del P. Juan Fung de Santa María, del 14 de enero de 1748.) 

(29) «Este D. Pablo Su estaba ejerciendo su oficio de misionario 
en la provincia de Zuchuen, donde prendieron otro misionario de la 
Propaganda y D. Pablo se fué huyendo a Macao, porque los mandari- 
nes tenían noticias de él y le buscaban.» (Carta del Bto. Serrano, 
del 29 de noviembre de 1747.) 



40Ü 



JÜSÉ iMARÍA GONZÁLEZ 



les atribuyeran imprudentes respuestas durante los inte- 
rrogatorios en los tribunales. Por eso combaten con san- 
ta indignación a estas calumnias en varias de sus cartas. 
También defienden su heroica conducta ante los tribuna- 
les los Sres. Obispos de Pekin, Nankin y Yu-nan en cartas 
escritas a diversas personas. La mejor defensa de su con- 
ducta puede verse en los escritos de los santos mártires, 
donde se hallan los interrogatorios con sus respuestas. 

Pero los cuatro santos confesores que aun quedaban en 
las cárceles no se detienen en defender su propia conduc- 
ta — se lo vedaba su humildad — , sino la de su gran capi- 
tán el Bto. Sanz, contra quien se ensañaron más sus ene- 
migos (30). 

Con supremo dolor escribía el Bto. Royo: «No nos va- 
lió la gloriosa confesión del limo. Sr. Sanz y sus compa- 
ñeros para vernos libres de muchas calumnias y gravísi- 
mas que contra nosotros levantó dicho virrey, a que no 
sólo los tribunales, Consejos de la corte y emperador han 
dado crédito, sí también los PP. de Pekín y Macao lo han 
creído, aunque ligeramente.» (Reí. del 27 de noviembre 
de 1747.) 

El Bto. Serrano, siempre tan respetuoso con todos, tan 
mesurado siempre, tanto en sus escritos como en sus pa- 
labras, al ver calumniado al Bto. Sanz, de cuya ejemplar 
heroica conducta había sido testigo, arremete indignado 
contra sus calumniadores, reprobándoles su ligero proce- 
der con palabras duras y enérgicas, poniéndoles ante su 
vista su conducta intachable y los hechos rayanos en la 
heroicidad ante los tiranos, comparables a los de los pri- 
meros cristianos de la Iglesia (31). 



(30) A tanto llegó la pasión de algunos sujetos contra el Beato 
Sanz, que no faltó quien afirmara que dudaba de su salvación. 

(31) «Amigo: después de escribir ésta, he tenido noticias de que 
algunos sujetos de Macao han dado crédito a las calumnias que el 
Virrey Cheu Hio-kien levantó al V. Sr. Sanz. Con esa relación que 
remito a V. Rma. podrá taparles la boca. Después, con el favor de 




Mc^tc^o- ce z,cZÍ¿ M<> 




Certificación de ser auténtica la relación del Beato 
Serrano. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



407 



Escribiendo al P. Provincial sobre lo perverso que era 
el virrey Cheu y acerca de las calumnias que hablan es- 
crito contra los misioneros presos, le decia: «Al V. Sr. Sanz 
tenía grandísimo odio, porque no podía este ministro de 
tinieblas aguantar tanta luz. Sin exageración alguna se 
puede comparar el valor de este dichoso mártir al de los 
mártires de la primitiva Iglesia. Solamente los que hemos 
sido testigos podemos hablar de este punto, o, por mejor 
decir, admirarnos» (32). 

Y en otra carta al P. Miralta le dice: «Me alegro que 
los Sres. de Macao se haigan portado con fineza en obse- 
quio de nuestro dilectísimo mártir; en llegando mi rela- 
ción se les tapará la boca a los escrupulosos y verán un 
mártir tan guapo como los de la primitiva Iglesia. Vale- 
roso corazón, por cierto; cómo se conocía estaba lleno del 
Espíritu Santo» (33). 

Aun vuelve a la defensa de la conducta del campeón 
de la fe y de la pureza de ésta, en otra relación diri- 
gida al P. Juan Pedro de Mántua, O. F. M., porque decían 
que el Bto. Sanz era demasiado rígido en cuestión de los 
ritos chinos (34). A lo cual responde el Bto. Serrano que 
el Bto. Sanz nunca condenó más de lo condenado por la 



Dios, procuraré yo tapársela muy bien tapada; y estimaré a V. Rma. 
que me avise de los puntos principales con que quieren oscurecer la 
gloria de nuestro Venerable Mártir, para refutarlos. Siempre la verdad 
triunfó de la mentira y calumnias. Si hubieran vista aquella cons- 
tancia y pecho apostólico con que en estos tribunales volvió por la 
honra de Jesucristo y su santo Evangelio, tomaran motivo para dar 
gracias a Dios, y no se aplicaran con tanta facilidad a dar crédito 
a un enemigo de la santa Ley de Dios y sus predicadores.» (Lo trans- 
crito es una posdata a una carta dirigida al P. Miranda, con fecha 
del 3 de noviembre de 1747, por el Bto. Serrano.) 

(32) Serrano, Reí. del 8 de septiembre de 1747. 

(33) Serrano, Reí. del 20 de enero de 1748. 

(34) Serrano, Reí. del 15 de julio de 1748.— El P. Mantua era 
entusiasta admirador del Bto. Sanz, y le compuso un Oficio, o cosa 
así; acerca del cual escribe el Bto. Serrano en la misma relación: 
«He visto los rezos que V. P. compuso en alabanza de nuestro di- 
lectísimo mártir, y es cierto que están muy lindos. Pero siendo obra 
de tal sujeto, no podía menos de llevarse consigo la elegancia. No 
dudo que el V. Mártir corresponderá al fino afecto de V. P.» 



408 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Silla Apostólica. Y si los murmuradores se refieren a las 
respuestas que dió a las dudas que le propuso un P. fran- 
ciscano en 1744, les contesta que esas respuestas las dió 
él (el Bto. Serrano) por orden del Bto. Sanz, y que están 
conformes a la Constitución Ex quo» (35). 

Y el Bto. Diaz, antes tan callado, tan delicado de con- 
ciencia, y puesto a prueba de tormentos por defender ia 
fe, tan heroico y a quien acaso fuera a quien más terri- 
bles tormentos dieran los tiranos, pues, entre otros, sufrió 
por tres veces el terrible de los tobillos, sale como un 
león en defensa de la conducta de su heroico caudillo el 
Beato Sanz, y dice que por ser el Superior tuvo qie dar 
ejemplo de fortaleza para animar a los cristianos, quie- 
nes, por temor a los tormentos, negaban algunos la fe, y 
que tal ejemplo dió de heroicidad y celo por la defensa 
de la verdad y de la fe, que parecia el mismo San Pablo 
redivivo (36). 



(35) «Al punto de los críticos, escribe el Bto. Serrano, que dicen 
era el V. Sr. Sanz muy rígido, y escrupuloso en materia de tablillas 
y ritos sinenses, dígales V. P. en mi nombre que ya degollaron al 
dicho dischoso Señor y que no sólo lo degollaron, sino es que después 
quemaron sus venerables huesos. Ahora, pues, ¿qué perro hay que 
pueda roer huesos quemados y hechos cenizas? No he visto. No me 
atrevo yo a decirlo, aunque ellos se atreven a hacerlo. Su lima, ja- 
más prohibió más de lo que tiene prohibido la Silla Apostólica. Véase 
tu Pastoral y allí lo verán claro. Si acaso se fundan en unos dubios 
que consultaron a su lima, el año de 44 sobre tablillas, etc., debo 
decir que, aunque su lima, era tan capaz y docto, pero tan humilde, 
que me los dió a mi que los resolviera; y así, si en la resolución hay 
atgo de rigor, o escrúpulo, a mí se debe atribuir, no a su lima. 

«Propuso estos dubios el M. R. P. Pr. Diego, del Orden Seráfico, 
y no me pasa a mí per el pensamiento discurrir que dicho Padre 
naya notado la resolución de rigurosa; sino es que llegaría a noticia 
de mucho sujetos, y entre ellos habría alguno que note la resolución 
de rigurosa ; pero advierto que resolví dichos dubios conforme a la 
Constitución «Ex quo», sin apartarme un punto de ella. Y así cual- 
quiera que me argüyere de riguroso, lo remitiré a Ntro. Smo. Padre 
Benedicto XIV por la respuesta. Finalmente, su lima, era muy obe- 
diente a los decretos de la Silla Apostólica; y en premio de su obe- 
diencia, sé halla hoy gozando de tanta gloria.» (Reí del 15 de julio 
de 1748.) 

(36) Escribe así el Bto. Díaz: «Sólo no puedo sufrir que, ama- 
do P. mío, de nuestro venerable Pastor y P., el limo. Sr. Sanz, se 
diga que respondió duramente al Virrey, sino es que quieran decir 
que debía haber tomado la espada, como otro Judas Macabeo, con- 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



409 



El Bto. Alcober, entre enérgico y pesaroso, defiende 
también con no menos energía que verdad al Bto. San*, 
contra sus calumniadores, a quienes reprueba su manera 
tan ligera de juzgar, dando crédito a las calumnias que 
les levantó el malévolo virrey Cheu; cuando la verdad es 
que el Bto. Sanz «se llevó la palma, tan merecida a la 
gloriosa defensa que hizo a favor de nuestra santa fe y 
obligación cristiana en todos los juicios» (37). 



tra los enemigos de Bios. Se consideraba su lima. Pastor, Padre y 
Príncipe, y veía con sus ojos a sus ovejas, hijos y soldados rendirse 
a los ministros de satanás por el miedo al tormento; como se vió 
en soplar con el báculo pastoral que decían que sí, y en audiencia 
pública hacerles pisar la imagen de nuestro amantísimo Jesús cru- 
cificado. Y así procuraba su lima, que con su ejemplo se animaran 
y no temieran ; como una vez lo vi tan de cerca, que estaba su 
lima, casi dando con sus pies en mi cabeza; que, dando a una Beata 
tormento, porque había de decir que les soplábamos con el báculo 
pastoral, manteniéndose ella firme en no decir tal falsedad, la exhor- 
taban apretando las cuerdas, que no temiera, que luego los europeos 
se habían de ir; y así que no se detuviera, porque estábamos nosotros 
delante, en decir que sí. Y saltó su lima., que estaba como una vara 
desviado de ella : «A nosotros no teme, que teme a Dios». De lo que 
se enfurecieron contra su lima., dándole voces que callara ; y, si 
mal no recuerdo, bofetadas también. Por eso, y por casos semejan- 
tes, dirán que respondió duramente. ¡Oh bone Deus! Mi amado 
P. Miralta; se vió en estas calles, cárceles y Audiencias al espíritu 
de S. Pablo ; no es ponderación ; así me se representaba cuando lo 
veía a su lima. Juntándonos para ir al tribunal; descalzo por esas 
calles, con una camisilla de hia-pu porque no tenía más; y estando 
aguardando para cuando nos llamaran andar, me llaman a mí ; y 
cuando lo llamaban a su lima., responder: adsum con grande ale- 
gría ; y andar animando a éste, consolando al otro ; en fin como 
Padre.» (Reí. del 4 de noviembre de 1747.) 

(37> Añadía el Bto. Alcober: «Por la relación que recibirá 
V. Rma. consta, sabrá y quedará informado de la verdad, que tanto 
tiempo hace con todas ansias la habrá deseado V. Rma. Con ella 
podrá V. Rma. sacar, quitar a algunos la admiración que han hecho, 
diciendo; ¿Es posible que así el limo. Sr. Sanz y demás PP. misio- 
neros respondieran en sus juicios de esta manera? Luego los que 
así se admiran, han creído ser verdad los falsos testimonios (estos 
son los que han llegado a Macao, que el hijo del demonio, Cheu 
Hio-kien. así le llamaba, y todos, el invicto mártir y venerable 
Sr. D. Fr. Pedro Sanz), impuso a dicho Venerable Sr., y a nosotros. 
Pues ahora, ¿qué pía afección les habrá quedado a los tales para 
inclinar su voluntad a creer lo que va en esta relación (la del 
Bto. Serrano) que explique con toda verdad e individualidad lo su- 
cedido en esta persecución desde un principio, medio y fin? Pero 
dejemos a éstos, que queden graduados de livianos: qui cito cred.it, 
levis est corde (Ecl., 19, 4). 

»E1 venerable Sr. y gloriosísimo mártir Dn. Fr. Pedro Sanz se 
llevó la palma, tan merecida a la gloriosa defensa que hizo en favor 
de nuestra santa fe y obligación cristiana en todos los juicios: sien- 



410 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Mas no sólo nuestros cuatro gloriosos confesores de- 
fienden su conducta y la del Bto. Sanz, sino que también 
otras personas, exentas de prejuicios, justas y rectas en el 
juzgar, defendieron con entusiasmo y energía a nuestros 
heroicos y santos misioneros en cuanto al modo en que 
fueron apresados y en cuanto en sus respuestas ante los 
crueles jueces. 

Tal fué, entre otros, el Sr. Obispo de Nankín, D. Fray 
Francisco de Sta. Rosa de Viterbo, O. F. M., quien, en 
carta al P. Miralta, se expresa en estos términos: 

«El Sr. Sanz se llevó la palma y abrió el camino a los 
demás compañeros. Mas no falta quien pretenda oscu- 
recer la luz dol sol con átomos, acusándole de que no se 
hubiera retirado como podía y debía hacerlo, teniendo 
aviso de antemano que en su confesión ante el virrey 
depusieron él y los otros Padres cosas increíbles a su ca- 
pacidad. Pero si esto es así, ¿cómo se entiende que que- 
dara tonto después de las bofetadas? A los que dicen 
que respondió fuertemente, les responderemos que no pue- 
de faltar aquella sentencia del Salvador: Dabitur vobis 
in illa hará quid loquamini, con otros textos de no menos 
peso. De la misma suerte han sido rebatidos algunos cris- 
tianos que han criticado no poco a los Padres de no ha- 
ber huido pudiendo, atribuyendo su prisión a impruden- 
cia; que toda ella no consiste en otra cosa sino en escon- 
derse y huir, por no hacer mal y causar perjuicio al 



do ejemplo nuestro en todas las virtudes, llevando y tolerando con 
gran paciencia oprobios, bofetadas, etc., cuando rio intervenía la 
honra de Dios; pero cuando a Este se tocaba, era un león formidable, 
por no decir un perro de Sto. Domingo, para vindicarlo y defen- 
derlo de las infernales blasfemas lenguas de estos corrompidos jue- 
ces. Bien lo admiraba V. Rma. (esa sí que será cristiana, católica 
admiración), en las respuestas de dicho Venerable Sr. 

»Pues, Rmo. Padre, mío, en nombre de V. Sr. Sanz y nuestro, 
diga V. Rma. a los que se admiran : Si veritatem dico iiobis ¿quare 
non creditis nobis? En fin, basta lo dicho para desahogo de nuestro 
corazón y de la grande pena que nos asiste oyendo que la envidia, o 
diablo, tira a oscurecer la gloria de nuestro invicto mártir Sr. Sanz: 
que, como valeroso capitán de esta batalla católica: certavit usque 
ad mortem, a verbis impiorum non timuit et nullatenus futí ab ad- 
versaras superatus, quia fundatus erat supra firman petramy» (Cel, 4, 
33. Alcober, Reí. del 5 de noviembre de 1747). 



n 



APENDICE 

^LA RELACION, Q.v EDELA p 

DON FR. PEDRÓ WAíXTYR SAN' 
del Orden de Predicadores Qh ; r k , 
trenfe; 7 Vicano A^FS ft**- 
vmcia de fot/en " Pro ' 

SEN.1D.FR. FRANCISCO SERANO 
deJmiTmo Orden Ofi;fn«T; r 

^¿^^ 

d Imperio de China. 

O IGNORANDOSE LA COMVN 

recebida la Relación antece- 
dente, ha de terminado l a 
KSS^j^m f rov,ncia d =J Santifsimo Ro- 

rifado, en que fe halla la Chriftiandad de Fo- 

«ta el Martyrw de fu Venerable Paítor, fino 
* «i» 

¿as noticias de la heroica Misión de China, llega- 
garon por los mismos protagonistas de los sucesos 
que se narran. Esta portada fotocopiada y las dos 
siguientes son una prueba clara y definitiva 




MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



411 



común. Pero si aplicamos esta regla a las historias de loa 
santos mártires, sin duda que todas ellas las encontrare- 
mos llenas de imprudencias (38). 

Y del Sr. D. Policarpo de Souza escribía el P. Miralta: 
«El Pekinense ha escrito aquí a un amigo grandes cosas 
del protomártir, diciendo ser el segundo San Pedro Már- 
tir de la esclarecida Orden de Predicadores» (39). 

«Siempre estuve firme — escribía en otra carta el mis- 
mo Sr. de Souza — en que tales noticias no salieron de los 
cinco confesores de Cristo, a quienes el mismo Señor no 
había de faltar con la prudencia necesaria en el tiempo 
en que por su fe padecían; aliter no sería cierto el dábitur 
vobis in illa hora quid loquamini, siendo ciertísimo que 
podía faltar el cielo y la tierra, mas no la inmutable pa- 
labra del Señor» (40). 

Por último, citemos un documento precioso en honra 
de nuestros mártires, «de su insigne fe y fortaleza», del 
señor D. Joaquín Martillat, Vicario Apostólico de Yun- 
nan, que dice: «En la «Relación de la persecución» tengo 
de donde dar a la Iglesia de Cristo un testimonio autén- 
tico de la insigne fe y fortaleza, así del venerable mártir 
como de los ilustres confesores. Uno y otro ofreceré con 
mis propias manos al Sumo Pontífice. Donde no, cuydaré 
diligentísimamente que estas preciosas prendas (41) se 
lleven por camino muy seguro a su presencia, para que el 
Vicario de Cristo se goce de la victoria de su Vicario Apos- 
tólico y de los misioneros, y entienda que este prerrogati- 
va del martirio ha sido concedida a aquella Misión, que 



(38) A. P. D., t. 44, f. 155 V.° 

(39) A. P. D., Reí. del p. Miranda de 29 de noviembre de 1747. 

(40) Souza, carta desde Pekín, del 12 de marzo de 1748. Hállase, 
acotado el párrafo del texto en «Apéndice a la relación de la perse- 
cución de la Cristiandad de Fogán...», f. 11. A. P. D., t. 25. 

(41) El Sr. Martillat estaba para salir para Europa, y llevaba 
reliquias del Bto. Sanz, entre otras, el solideo del santo mártir. 
También llevaba la relación citada del Bto. Serrano. 



412 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



desde los principios estuvo siempre limpia de toda man- 
cha de superstición por el celo de RR. PP. Predicadores; y 
que, finalmente, esta vez sellan y confirman con su sangre 
y tormentos la fe purísima que siempre han predica- 
do» (42). 



(42) Souza, Apéndice a la relación..., f. 11 (vuelto). El original 
latino de esta hermosa carta, fechada en Cantón el 2 de enero de 
1748, y dirigida al Bto. Serrano, hállase en el t. 40, ff. 319-321 de 
los mss. del A. P. D. 

Entre otros párrafos de conceptos interesantísimos, además del 
acotado en el texto, tiene esta histórica carta los siguientes: «o si 
mihi liceret, Illme. Domine, ad vestros pedes provolvi, quanta mentís 
meae exultatione complecterer illa crura pro Christo diris torturis 
fracta, venerarer illas manus tanto tempore catenis constrictis, am- 
pleterer et tenere deosculare illas genas jam stigmatibus Christi veré 
impressas et insculptas. Dum haec mente revolvo, et recogito simul 
gloriosum venerabilis Martyr D. Petri Sanz praelium mihi videor 
ocuüs videre quae in actis Martyrum pristinorum Ecclesiae saeculo- 
rum toties legi cum mea summa aedificatione. Conñdo in benignitate 
vestrae Ilmae. Dominationis non mihi denegaturam id quod modo 
postulavi ; et si quid addendum foret, quod excitaret Dominationem 
vestram Illmam. et suos socios ad mihi hoc beneflcium praestandum 
dicerem me ex quo in hanc sinarum Missionem anno 1729 ingressus 
fui, statim valde unitum fruisse amicitia cum RR. PP. missionariis 
Dominicanis. Cantoni vidi Venerablem D. Sanz, qui dignatus fuit 
mihi singularem amicitiam monstrare, et ipso debeo quod non invo- 
lutus fuerim cum aliis missionariis in exilo Macaensi.» 

Y más adelante, después de dar gracias al Bto. Serrano por las 
alabanzas que tributa a D. Matías Fu, o Fou, en su relación, le 
pide defienda los derechos de este sacerdote contra las exigencias 
del P. Esteban Pung, diciendo: «Ultima sua epístola (la del D. Ma- 
tías) intellexi ipsum aliquantulum imquietari a Patre Stephano Pong 
(o Pung). qui quidem videtur cogitare Missionem metrópolis provin- 
ciae Fou-kien ad se suosque única spectare; quod quidem quam fal- 
sum sit, non ignorat vestre Illma.Dominatium. Tres atenim olim Eccle- 
siae erant in illa urbe, quarum una ad RR. P. Dominicanos, alia ad 
Jesuítas, tertia al nostros pertiriebat. Quaelibet ecclesia suos habuit 
christianos, quorum pastores etiam nunc debent esse iidem ac olim. 
Ipse P Etetra Illma Dominatio dignetuv pro authoritate quam habet 
declarare supradicto P. Stephano ut abstineat ad inquietandis suis 
conscerdotibus.» 



CAPITULO XV 



MARTIRIO DE LOS OTROS CUATRO CONFESORES 
I 

SUS ARDIENTES DESEOS DE MARTIRIO 

Nuestros prisioneros se hallaban contentos en aquellas 
hediondas cárceles, porque esperaban, a cambio de tantas 
penas y miserias como sufrían por Cristo, el premio del 
cielo. 

Describen sus padecimiento i en aquellas horribles maz- 
morras con la mayor sencillez, como si fuera cosa de jue- 
go y de holgado pasatiempo. «Los calores en este mes de 
julio — escribe el Bto. Serrano — , muy intensos; el aposen- 
to donde nos encierran de noche, muy oscuro. A esto se 
juntan los grillos y esposas; de noche, las cortas, y de día, 
las largas. Con éstas se puede escribir; con las otras, 
no» (1). 

La compañía era la de unos rufianes, gente degenera- 
da y corroída por los vicios hasta la medula de los hue- 
sos. El mismo escribe: «Se admira V. Rma. de que en es- 
tas cárceles no se haiga convertido algún bellaco; yo me 
admiro de que no caiga fuego del cielo y abrase a todos 
estos colegios con sus colegiales. Discurro que ya V. Rma. 



(1) Serrano, Reí. del 14 de julio de 1748. 



414 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



me entiende, sin ser necesario enviar por expositor a lo 
demás» (2). 

La comida era tan escasa y mala, que sólo por milagro 
podían conservar la vida. El mismo Bto. Serrano escribía 
al P. Miralta: «Lo que nos dan en la cárcel no es más que 
un poquito de arroz, un poco de sal y tres libras de le- 
ña» (3). Y en otra al P. Provincial le decía: «Si nos hacen 
esperar el verano en la cárcel, se excusarán de cortarnos 
las cabezas, porque las chinches darán fin de nosotros» (4). 

En 1746 ya habían sido «juzgados y molestados por 
quince mandarines: cuatro en Fogán y once en esta me- 
trópoli» (5). 

Por enero de 1747 ya habían sufrido los siguientes tor- 
mentos: «Por no confesar estos desatinos (los crímenes 
de que les acusaban, de que ya queda hecha mención), he- 
mos llevado: el Sr. Sanz, en diferentes veces, 90 bofetadas 
con una suela de cuero de carabao con 3 ó 4 dobleces, pero 
las 25 que le mandó dar el virrey quedó la cara tan hin- 
chada, que no se veían los ojos y la sangre corría de la 
boca. El P. Royo, 10 bofetadas y dos veces azotes crueles; 
el P. Serrano, 60 bofetadas y azotes una vez; ha quedado 
lastimado el oído izquierdo, pero el Sr. Sanz de los dos y 
casi sordo. El P. Díaz, 30 bofetadas y el tormento de los 
tobillos tres veces, las dos en Fogán y la una en esta me- 
trópoli; quedó lastimado de los pies para toda la vida» (6). 

Pues bien; en medio de tantos tormentos y miserias, 
recibían tantos consuelos divinos, que aquella cárcel era 
para ellos antesala del cielo, en el cual esperaban entrar 
derramando antes su sangre por Cristo. 



(2) El P. Serrano, casi con las mismas palabras describe el estado 
moral de sus compañeros de cárcel los chinos, en otra relación diri- 
gida al J. Juan de Mantua, con fecha del 16 de julio de 1748. 

(3) Reí. del 13 de enero de 1747. 
(41 Reí. del 28 de enero de 1748. 

(5) Ibíd. 

(6) Serrano, Reí. del 28 de enero de 1747. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



415 



Escribiendo el Bto. Serrano al P. Miralta le decia: <A1 
punto de que me hallo alegre en esta cárcel, no lo puedo 
negar. Pero vamos claros. Supuesto de lo que ofrecemos a 
nuestro Redentor Jesucristo es poco y malo, ¿no fuera 
peor si lo ofreciéramos con mala cara y de mala gana? 
¿Quién lo duda? Aunque V. P. me ofreciera una cosa pre- 
ciosa, si me la ofrecía con mala cara, desde luego le digo 
que no la aceptara. Pues ¿qué fuera si me ofrecía una cosa 
mala y me ponía mala cara? Pues ya que ofrecemos a 
Cristo esta cabeza mala, a lo menos la cara sea buena. 
Hilarem enim datorem, etc.» (7). 

Y el Bto. Díaz, antes tan apocado y tímido, habla de 
su próximo martirio con tanto sosiego y serenidad de áni- 
mo como si se tratara de un juego de niños. «Estos herma- 
nos chinos — escribe — me tienen apalabrado, lo más largo 
hasta diciembre, para darme una sangría circular en el 
pescuezo» (8). 

Era tan grande su deseo del martirio, que jamás qui- 
sieron intercedieran por ellos ante el emperador para re- 
cobrar su libertad, como cuando los cristianos, por medio 
del P. Pung, quisieron fuera a Pekín con ese objeto, y con 
el mismo fin quiso ir el Sr. D. Pablo Su (9), cuando inter- 
cedió por ellos el noble capitán español José Pasarín ante 
el Chung-to de Foochow, etc., etc. (10). 

Y habiendo llegado un decreto imperial a Foochow, en 
donde creían los santos confesores venía su sentencia de 
muerte, al saber que no era así, con indecible pena es- 
cribía el mismo Bto. Alcober: «Con qué sentimiento no se 



(7) Ibid del 15 de julio de 1748. 

(8) Reí. del 3 de octubre de 1747. 

(9) Alcober. Reí. del 25 de diciembre de 1747. 

f'O' Con este motivo escribía el Bto. Alcober: «También le dirá 
(al señor Pasarín) Vtra. Rdira. que, si es cierta la petición que hizo 
al Cnung-to en Hia-muen de llevarnos a Manila, no se la agradece- 
mos porque nrererros ir a la glo ia cVmdo antes en esta metrópoli 
la cabeza.» (Reí. del 7 de febrero de 1748.) 



416 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



puede explicar, viendo que no somos dignos de mori* por 
Jesucristo. Empero, resignados con la divina volunta en 
todo y por todo» (11). 

II 

«REO DE MUERTE» EN SUS MEJILLAS 

Por la luna 4. a , que suele ser por mayo, se reúnen las 
principales autoridades de la provincia, ante las cuales 
comparecen los reos condenados a muerte. Entran éstus 
en el tribunal con una tablilla atada a la espalda, en la 
que está escrito el delito y el género de muerte a que han 
sido condenados. El mismo letrero lleva la canga que les 
ponen al cuello y las esposas de las manos. También les 
marcan en una mejilla con la propia sangre y tinta inde- 
leble la sentencia de «reo de muerte». De esta manera son 
presentados al tribunal, en donde se les hace el regalo de 
un abanico, cuatro bollos y 360 chapecas. Acto seguido ha- 
cen las autoridades un memorial que ha de ser enviado 
al emperador, habiendo de ser examinado antes de en- 
viarle por los consejeros. Después las sentencias son con- 
firmadas, anuladas o modificadas por el emperador y por 
diciembre suelen ser ejecutadas. 

Con respecto a lo que pasó con nuestros santos prisio- 
neros, dejemos que el Bto. Serrano nos describa, con su 
estilo galano y natural gracejo, cómo fueron herrados en 
las mejillas: 

«Antes de entrar en el tribunal— escribe — nos llamó el 
alcaide a su audiencia; y con un punzón nos fueron es- 
culpiendo en el carrillo derecho con estas letras: Chang 
fan: «Reo de muerte». El Chang significa cortar la ca- 
beza, y fan significa reo. Ellos hablan al contrario d.: 



(11) Alcober. Reí. del mismo del 30 de diciembre de 1747. 



LA CHRISTIANDAD 

■ DE FOCAN 

LA PROVINCIA DE FO KIEN EN EL 1WFERIO 
^Cbina cruelmente perfeguida de el impío 
Cheu Hio-Kien Virrey de dicha 
Provincia. 

DELACION DIARIA 
OB LAS PRISIONES, CARCELES, Y TORMENTOS. 

ax de/de el día 25. de lunio de 1746. ha* padecido 
ce Misioneros de N. P, Santa Domingo , qae 
|„ uidabsn , y machos Chríflianos de dicha Chriftian. 
dad vio, y otro fexo,con vna breve noticia del 

Marcyrio del V. Ulmo Scf.or 
: R. PEDRO MARTYR SÁNZ, 
Oilip» Níaoiicaílrenfe, Vicario Apoftolico de Fokica, 
-, Adminifiiadox ce la* Provincia» de Che kiarg » 
y K'ungíy. 

ESCRITA EN LA CARCEL 
1 

por el lllmo , Y Rmo Señor 

FRANC'SCO í* E F 1 / 
Obispo Tipafítano , y al piefinte Vicario Apoflollco de 
diciu Frovíociad; Foki»n, vno de loscinco keligioíos 
P -miníeos Je la Provincia del SSmo KoGrio 
de Philipinas condenado» a ¿.-cuello. 

E* M-iaita coa lai lie. ocal, por el Caf. D. Ccím.«.u tenca 
<<c CJiio , sí.o uc 71Í. 

Y*r 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



417 



nosotros. Decimos: reo de degüello; ellos dicen: de de- 
güello reo. Al Ambrosio le esculpieron «Kiao íann>; el 
Kiao significa dar garrote; el fan ya queda dicho lo que 
significa. Como estas letras se esculpieron con nuestra 
sangre y con tinta, jamás se borran. Después nos ataron 
a cada uno una banderilla a las espaldas, elevada por 
cima de la cabeza, con estas letras: «Este reo debe ser 
degollado, porque con sus engaños pervierte los corazo- 
nes de los hombres». Luego nos pusieron nuestras goli- 
llas, como dijimos arriba, y en ellas escritas las mismas 
letras que en la banderilla. Por último, nos metieron 
las manos en la tablica.» 

«En cuantas mojigangas vi por allá, jamás vi figuras 
más desengañadas que las nuestras. Considere el piado- 
so lector al P. Serrano, v. gr. (y mejor si me ha visto), 
con la banderilla, con su golilla, con su tablica, con su 
barba larga, con su soguillica o rábico, con su mogotico 
de pelo en forma de cuchillo que dejan en la cabeza para 
significar el degüello. Considere todas estas cosas y otras 
con la seriedad que pide la materia y verá si puede con- 
tener la risa. Pues pobres de nosotros, que realmente veía- 
mos estas figuras, ¿cómo podíamos superar los ímpetus de 
la risa? Le aseguro al lector que nos vimos en aprieto. 
Porque reírse delante de aquellos señorazos era echarlo 
todo por tierra; reprimitr estos ímpetus, ni el más gua- 
po se atreve con ellos; cerrar los ojos era recurso inútil, 
porque más pica la especie con esta violencia. Sólo nos 
quedaba el consuelo de que esta mojiganga se concluye 
postrándonos en tierra, único refugio para no ser adver- 
tida nuestra risa. Nosotros cuatro y el Ambrosio queda- 
mos para lo último. Así, pues, pudimos hablar y diver- 
tirnos por espacio de dos horas a lo menos. Llegada 
nuestra hora, nos llamaron. Entramos, nos postramos, 
fueron dando a cada uno su abanico, bollos, chapas, o 
maravedises, del modo que arriba queda dicho. Conclu- 
yóse la mojiganga y los presos volvieron cada uno a su 
cárcel. Mucho me he detenido en este párrafo. Al lector 
suplico disimule, siquiera por el título que puse.» 

«En toda nuestra vida hemos tenido día más alegre. 
Al paso que con aquel punzón iban esculpiendo las le- 
tras, se iba alegrando el corazón, viendo que nos iban 
herrando y marcando por esclavos de Jesucristo. Y pues 

27 



41S 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



este Señor nos hace la gracia de aceptarnos por suyos, 
estas cabezas no son nuestras, sino es del Señor; y asi se 
las puede llevar cuando quisiere. Ojalá tuviéramos algu- 
na cosa buena que ofrecer a Su Majestad. Y no digo esto 
por cumplimiento. Pero como este Señor es rico y gene- 
roso, por poco que ofrezcan los esclavos siempre salen 
gananciosos. Demos fin a este mes de mayo, para nos- 
otros tan dichoso, con dar gracias a nuestro Señor por 
las mercedes y beneficios que nos hace. SU benedictus in 
saecula» (12). 

«Luego que el día 26 de mayo — escribe el Bto. Alco- 
ber — degollaron a ntro. invicto capitán el limo, y vene- 
rabilísimo Sr. Sanz y que los tres días después, en la Au- 
diencia de esta cárcel, donde estamos el P. Díaz y yo, 
nos herraron y marcaron en la mejilla derecha sicut 
oves occissionis de Jesucristo a los cuatro. Sólo por lo- 
grar esta dicha y consuelo se puede venir a China» (13). 

«Nos ha consolado mucho — escribe el mismo Bto. Al- 
cober en otra relación — el ver que el primer pecado por 
que somos dignos de muerte es por enseñar a los cristia- 
nos que quemen las tablillas (que es el mayor diablo de 
China) y los demás que V. P. M. R. verá» (14). 

A principio de junio escribió a los santos confesores 
don Matias participándoles qoe, habiendo preguntado a 
los escribanos y gente de la Audiencia, le habían dicho 
que era más que probable se ejecutaría en ellos la senten- 
cia de degüello, probablemente por diciembre. 

«También nos dió noticia (D. Matías) — escribe el Bea- 
to Serrano — de que estando tomando cha, bebida ordina- 
ria de ellos, el virrey chino con el virrey tártaro, dijo 
aquél a éste: «A estos pobres europeos que están presos 
bien se les podía hacer alguna gracia». Paróse un poco el 
tártaro, y luego respondió: «Aunque nosotros quisiéramos 
hacer algo en su favor, el emperador lo ha de anular, y ast 



(12) Serrano. Reí de la cruel..., segunda parte, núms. 37-38. 

(13) Alcober. Reí. de 1.° de octubre de 1747. 

(14) Alcober. Reí. de 30 de diciembre de 1747. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



419 



seria cosa inútil». Asi lo refirió el paje que ministraba la 
cha, es cristiano. No nos detengamos en buscar pruebas 
para nuestro degüello. Si Dios nos escogió para esta gra- 
cia, cuando menos nos pensemos nos hallaremos con el 
decreto encima, y sobre los hombros, la catana» (15). 

Por este tiempo quedaron los santos presos sin la ayu- 
da de D. Matías, que el 9 de junio huyó de Foochow, por- 
que le buscaban para prenderle. Mas a últimos de mes 
vino a verlos desde Hing-hoa D. Tomás Sánchez, y les hizo 
varios regalos de vino, dulces, etc.; pero dos o tres días 
más tarde se volvió a su cristiandad. 



III 

EL BEATO SERRANO ES NOMBRADO OBISPO Y VICARIO APOSTÓLICO 

El 19 de septiembre de 1747 recibió el Bto. Alcober las 
bulas de su nombramiento de Obispo Tipasitano y Coad- 
jutor del Bto. Sanz, no pudiendo enviárselas al interesa- 
do hasta el día 25 (16). Las recibió el día 26 (17). Muchas 
fueron las muestras de humildad que dió el futuro már- 
tir con este motivo, como puede verse por diversas rela- 
ciones suyas escritas a la Sagrada Congregación, al Pa- 
dre Provincial y al P. Miralta (18). Bien sabía que nunca 



(15) Serrano. Reí de la cruel..., segunda parte, núm. 40. 

(16) Alcober. Reí. de! 5 de noviembre de 1747. 

(17) Reí. del Bto. Serrano de 28 de septiembre de 1747. 

(18) Parece que el P. Miralta debió ser parte para la elección de 
Obispo del Bto. Serrano, pues así parece indicarlo éste cuando es- 
cribe : «Siendo gracia que me hace Su Santidad, es preciso aceptarla 
y darle gusto en todo cuanto se pueda. Sólo hay el argumento de la 
inutilidad e indignidad del sujeto. Pero este argumento no tiene que 
ver conmigo : que vayan al P. Miralta que les responda. Yo le ase- 
guro que le ha de costar trabaiillo la respuesta, pues sabiendo la 
parvidad y peoueñez de mi cabeza, le va a poner una mitra. Todo 
se podrá remediar con hacer penitencia del yerro, si quiere excusarse 
de algunos años de purgatorio.» Serrano. Reí. de 28 de septiembre 
de 1747. 



121) 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



había de llegar a consagrarse, porque su venerable cabe- 
za, mejor que con la mitra, había de ser coronada con la 
guirnalda de la victoria del martirio. 

Con la llegada del nuevo corregidor aumentáronse los 
rigores contra nuestros santos presos. El día 3 de septiem- 
bre los separaron de cárcel y al Bto. Serrano le metieron 
en la cárcel interior del corregidor, donde están los que 
van a ajusticiar, dejándole completamente incomunicado. 

«El día 16 — escribe el santo mártir — llegó el P. Fr. Juan 
de Santa María a esta metrópoli, psro no ha podido ver- 
nos, porque este año esto está más apretado que el año 
pasado. Ha mandado al virrey que celen con todo rigor las 
cárceles y que no permitan que los presos se quiten los 
grillos y esposas de día y de noche. Sólo nos permite que 
de día traigamos esposas largas, y por eso puedo escribir 
esto; con las cortas es imposible escribir. Item que por 
afuera celen los soldados para que los presos de una cár- 
cel no escriban ni se comuniquen con los presos de las 
otras cárceles» (19). 

«En esta cárcel del corregidor hay mucho rigor. Todos 
los presos traemos grillos y esposas; y el candado de los 
grillos, sellado, para que ninguno pueda abrirlos, so pena 
de 20 azotes. Este mandarín alcaide de la cárcel está con 
grande vigilancia de día y de noche» (20). 

Y el Bto. Alcober escribía: «Nosotros aquí quedamos ex- 
pectantes beatam spem et adventum gloriae magni Dei en 
estas cárceles y calabozos entre reos, cadenas y grillos, etc., 
con inexplicables trabajos, angustias y calamidades, espe- 
rando de hora en hora que nos llamen para el degüello, 
que será la más feliz para nosotros, si la divina Majestad 
por su misericordia nos concede tan gran dicha». 

«Nosotros dos aquí (él y el Bto. Díaz), sin blanca, ni 



(19) Serrano. Reí. de 23 de febrero de 1748. 

(20) Serrano. Reí. del 18 de marzo de 1748. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



421 



ropa para el frío, ni vestidos para el verano y otras cala- 
midades que no se pueden explicar en cinco o seis hojas; 
sin poder entrar aquí los cristianos de Fogán» (21). 

A los padecimientos señalados, «añádanse las humeda- 
des y fetideces de la cárcel, la gritería y blasfemias de los 
presos, el miserable jergón sobre el suelo, el ejército de pa- 
rásitos de todo género, la pesadez de las cadenas, de las 
que rara vez y por merced comprada se veían libres; el 
profundo dolor de ver aquellas cárceles convertidas en 
trasunto de Sodoma y Gomorra. Y el lector podrá formar- 
se una idea aproximada de la paciencia y fortaleza de 
ánimo que necesitaron para soportar tantos rigores. No 
sólo con paciencia, con alegría lo sufrían, siendo el ejem- 
plo y la admiración de los gentiles, a quienes nunca deja- 
ron de predicar la fe católica» (22). 



(21) Alcober. Reí. de L° de octubre de 1747. 

(22) Arias. Vida, p. 670. Tan alegres estaban nuestros santos pri- 
sioneros en medio de tantos padecimientos, que la alegría de que 
gozaban la manifiestan en sus cartas con toda espontaneidad, como 
le hace el Bto. Serrano cuando escribe: «Explica V. Rma. en la suya 
grande deseo de ser mi compañero en estas cárceles, pero a mí me 
parece que es cosa muy fácil lograr mi compañía, porque si V. Rma. 
toma su silla y se viene a esta metrópoli de Fo-cheu, desde luego le 
aseguro que le pondrán en esta cárcel del Corregidor en mi compa- 
ñía, y de esto yo me alegraré mucho; lo uno, porque me hallo solo; 
lo otro, por lograr una compañía para mí de tanto aprecio. Si V. Rma. 
no se disguta. quiero contarle un caso que sucedió en Granada an- 
tes de salir yo de aquella noble ciudad. Iba un donado de N. P. S. 
Francisco visitando el Vía Crucis que hay desde Granada al Monte 
Santo, y cuando llegó al paso de la bofetada que dió Maleo a Nues- 
tro Redentor Jesús, exclamó diciendo : « ¡ Oh, dulcísimo Jesús mío ! 
¡quien tuviera la dicha de recibir otra bofetada semejante a la vues- 
tra!» Era esto entre diez y once de la noche y un picaro que estaba 
acostado junto a la peana de la cruz, levantó la mano y ¡zás!, le 
dió una terrible bofetada y escapó huyendo. Arrancó nuestro Donado 
tras él, diciendo: «¿Dónde está el picaro que ha tenido el atrevi- 
miento de darme tan cruel bofetada? Si lo pudiera coger, la había 
de pagar muy bien pagada.» Amigo, me hallo alegre en esta cárcel, 
y así diversionis causa he puesto este casico para que V. Rma. se 
divierta.» (Serrano. Reí. de 20 de enero de 1748, al P. Miralta.) 

Y en otra, escribe, burlón a la vez que ingenioso, el mismo Bto.: 
«Concluye V. Rma. su carta diciendo que, aunque su cuerpo está en 
Macao, pero su espíritu queda conmigo en esta cárcel. Me alegro de 
tener tan buena compañía ; con eso repartiremos el trabajo ; de día 
traeré yo los grillos puestos, y de noche, los quitaremos y pondre- 
mos en los pies del espíritu del Rmo. P. Miralta. Alter alterius onera 
pórtate.-» (Serrano. Reí. de 14 de julio de 1748.) 



422 



JOSÉ MXRÍA GONZÁLEZ 



IV 

QUEMAN EL CADÁVER DEL BEATO SANZ 

A fines de diciembre de 1747, fué el virrey tártaro a 
Emuy simulando una visita a los puertos del sur, si bien 
el verdadero objeto era evitar la entrada de nuevos misio- 
neros, pues había llegado a Emuy el patache español «San 
Andrés», cuyo capitán era el caballero astuariano D. José 
Pasarín. 

Con el noble fin de libertad a las cuatro santos prisio- 
neros de Foochow, fué este perfecto caballero cristiano a 
hablar con el virrey, entablando con él amistosa conver- 
sación. Tan buenas señales de afecto le dió el virrey, que 
el Sr. Pasarín se atrevió a ofrecerle un gran regalo por 
valor de mil pesos. Mas el astuto virrey rechazó con ex- 
presiones de delicadeza el rico presente, obsequiando, por 
su parte, al Sr. Pasarín con varios regalos. 

Creyendo el Sr. Pasarín ser sinceras las demostracio- 
nes de amistad del virrey, se atrevió a pedirle la libertad 
de los cuatro santos presos, comprometiéndose él a llevar- 
los a Manila, en donde se les castigaría, decía, por sus de- 
litos. Mas el virrey le respondió que para eso era necesario 
trajese órdenes del gobernador de Manila. Por otra parte, 
añadió, la causa está en manos del emperador, y habrá 
que atenerse a lo que él dicte. De todos modos, concluyó el 
virrey, haría lo que estuviese en su mano. 

Convino también el Sr. Pasarín, con mucho secreto, con 
un tártaro, a quien ofreció 500 taeles si éste le entregaba 
la cabeza del Bto. Sanz (23). 



(23) El mismo señor Pasarín habla de este negocio en una carta 
escrita al P. J. de Santa María, con fecha de 4 de enero de 1748, 
donde dice: «El recibimiento del Sonttu (Chun-to) fué de bastante 
"concurrencia y aparato; en cuya entrada me hallé con algunos pasa- 
jeros; como también en otras ocurrencias que se ofrecieron en el 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



423 



Vuelto el virrey a Fooihow, llegó a tener noticia de es- 
tas negociaciones, y, sin hacer caso de las promesas he- 
chas, mandó que fuesen estrechamente vigilados los san- 
tos presos, y, llamando al tribunal a los mandarines de las 
villas Heu-huon y Ming-hien, dióles órdenes severas para 
que quemasen el cadáver del Bto. Sanz y que abriesen an- 
tes el ataúd para cerciorarse de que estaba allí la cabeza, 
y que lo hiciesen en secreto y cuanto antes. 

Por fortuna, uno de los guardias del cementerio, con 
esperanzas de retribución, dió noticia a los cristianos de 
lo que se proyectaba. No pudieron con todo esto evitar tal 
profanación; mas, sabiendo cuándo iban a ser quemados 
los santos restos, D. Pablo Su, dos cristianos de Fogán y 
Chin Ul-yuen pudieron ser testigos de todo. 

El 16 de enero los dos mandarines con sus satélites y 
el guardia principal del cementerio salieron con mucho 
disimulo para este lugar. 

«Levantada sin dificultad la losa que cubría el sepul- 
cro, sacaron los guardas el ataúd, y quebradas las tapas 



discurso del tiempo que se halló en este puerto. Y en este interme- 
dio lo fuimos a visitrr, demostrándole con un regalo, valor de mil 
pesos, que le hacia muy buen afecto, el que devolvió con demostra- 
ción de agradecido y ofreciéndosenos mucho y regalándonos con va- 
rias cosas comestibles. Y en vista de esta demostración, me pareció 
conveniente pedirle, por medio de Tai-jon, de este puerto, los cuatro 
religiosos prisioneros, pretextando ser gente europea y de nuestra 
religión ; que yo me obligaría a llevarlos a donde se les castigase su 
delito. A cuya petición me respondieron era necesario trajese carta 
orden del Gobernador de Manila, y que la causa de los dichos reli- 
giosos estaba ante el emperador, por cuya razón sería necesario es- 
perar la resulta dello, que de su parte quedaba en empeñarse en 
todo lo que fuese posible.» 

«Puede tenga facilidad de llevar la cabeza del nuevo mártir, que 
un infiel me ofrece por 600 taeles, para cuyo efecto deseo saber de 
V. Rma. en qué forma y paraje se halla, para que, si esto tuviese 
efecto, no tenga duda alguna en conocer ser cierta la cabeza del se- 
ñor Obispo, y si hay quien dé algunas señas de su rostro, lo esti- 
maré, como también el que esto se reserve a V. Rma, porque, de di- 
vulgarlo, se echará a perder mi pretensión, y no lograré el darle el 
alegrón que pretendo a la religión del N. P. Sto. Domingo.» (A. P. D., 
tomo 44, ff. 63-64.) 

Otra carta escribió el señor Pasarin al Bto. Alcober (16 de enero 
•de 1748), ofreciéndose a servirle en todo lo que desease. 



424 JOSÉ MARÍA GONZALEZ 

con. un hacha, ya se disponían a efectuar la cremación 
sin más diligencias, cuando el mandarín más antiguo, di- 
rigiéndose al cabecilla, le dijo: «Antes mirad si está ahí 
la cabeza, pues si no llegase a estar, lo pagaríais vos- 
otros muy caro». Sobrecogido con tal amenaza, apresu- 
róse aquél a meter la mano en el féretro, y llegando a la 
cabeza exclamó alborozado: «Aquí está; aquí está». «Sá- 
cala que la veamos», contestó el mandarín. Y tomándola 
entonces el guarda con ambas manos la levantó en el 
aire diciendo confiadamente: «Vedla. Es la misma cabe- 
za de Pe-to-lo a quien todos conocimos; es falso que la 
hayan sustituido por otra». No sólo la reconocieron to- 
dos con absoluta certeza, sino que quedaron pasmados al 
observar en el rostro la misma viveza de colores, la mis- 
ma expresión y frescura en los ojos, las barbas y cabellos 
sin deterioro alguno; y la boca y labios tan enteros como 
si estuviera vivo. Y no percibiendo señal alguna de feti- 
dez, sino al contrario, cierta maravillosa fragancia, lle- 
nos todos cuantos lo veían de espanto; para mayor se- 
guridad dispuso el mandarín que sacudieran y levanta- 
ran los vestidos con que le amortajaron, y hallaron con 
indescriptible sorpresa el cuerpo limpio, entero y flexi- 
ble y sin el menor indicio de corrupción, a pesar de ha- 
ber transcurrido ocho meses de su martirio. «En verdad 
que este hombre era justo — exclamaron al ver tan estu- 
penda maravilla — ; los cuerpos de los demás hombres se 
corrompen y hieden; el de este europeo se conserva in- 
tacto y huele bien. Ciertamente, sin culpa le condena- 
ron, pues sólo un inocente y un santo puede conservar- 
se de ese modo. Pero nosotros, mal que nos pese, tene- 
mos que ejecutar lo que manda el virrey» (24). 

Este milagro se halla plenamente probado en el pro- 
ceso apostólico. La cremación del santo cadáver duró de 
las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde. 

El virrey había mandado — contra la costumbre china, 
aun tratándose de los mayores criminales — de recoger las 
cenizas y venderlas a alguno de la familia, que las del 



(24) Arias, Vida , págs. 677-678. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



425 



Beato Sanz fueron arrojadas al osario común, «para evi- 
tar, decia, que las recogieran y las veneraran los cristia- 
nos». 

Sin embargo, contraviniendo esta orden, los dos man- 
darines mandaron que se recogieran los huesos y las ceni- 
zas con todo aseo y respeto y las depositaran en el osario 
común en sitio aparte. 

Confundido con los esbirros o como uno de los auxilia- 
res estaba un hijo de Ul-yuen, que vió el sitio en donde 
los santos restos fueron colocados y aun recogió parte de 
ellos antes de ser echados al osario. 

Apenas se marcharon los mandarines, D. Pablo Su y 
los cristianos se acercaron al sitio de la cremación y re- 
cogieron algunos pedacitos de huesos, cenizas, etc., y se 
los llevaron a casa de Benito Ly. 

Hasta el 24 de enero no pudieron D. Pablo Su y los cris- 
tianos rescatar tan precioso tesoro. Hablan recibido aviso 
del guarda del cementerio que los esperaba y ayudaría a 
sacar los sagrados restos; desde luego, con la condición de 
que le pagaran bien sus servicios. 

A las siete de la tarde de ese mismo día 24, mientras 
los gentiles celebraban el Año Nuevo chino, D. Pablo Su 
con algunos cristianos y Ul-yuen se dirigieron con el ma- 
yor sigilo al cementerio. Ul-yuen, según lo convenido, ade- 
lantóse a los demás y entró en el depósito del cementerio 
con el guarda, recogió las reliquias en un costalico, que- 
dando asombrado del celestial perfume que exhalaban; y, 
corriendo con tan precioso tesoro a donde estaban los de- 
más, volvieron todos a la ciudad muy gozosos. Ayudólos la 
circunstancia de haber comendado a arder la ciudad por 
tres partes diferentes, por lo que los mandarines, satélites 
y soldados, ocupados en apagar el fuego, no pudieron vi- 
gilar los alrededores de la urbe populosa. 

D. Pablo Su autenticó los restos preciosos y comunicó 
tan grata noticia al Bto. Serrano y compañeros. Con dul- 



426 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



ees transportes de alegría recibieron los santos presos tan 
fausta noticia y dieron infinitas gracias a Dios por haber- 
se salvado el tesoro de tan venerables despajos (25). 

En cuanto a los cuatro confesores de la fe presos, lejos 
de haberlos favorecido el Sr. Pasarín con su petición al 
Cung-to, fué contraproducente su petición, pues no sólo 
no se los entregaron, sino que les estrecharon más la vi- 
gilancia en la prisión y fué, sin duda, causa de la crema- 
ción del cadáver del Bto. Sanz. 

«Todo esto — el ser ahora la prisión más rigurosa — , es- 
cribe el Bto. Alcober, en mi juicio, viendo el conjunto de 
las cosas, es efecto de la venida de este patache a nuestras 
puertas, lo que obligó al virrey, o Chung-to, a salir de aquí 
e ir en persona a registrarle en el mismo puerto, cosa 
nunca vista ni oída. El haber pedido el capitán Pasarín 
al virrey a nosotros cuatro para llevarnos a Manila para 
castigar nuestros delitos ha sido la petición más bárbara 
que se ha hecho; ya se ve que con ironía cristiana. Pero 
como éstos son unos ateos, con dicha petición se confir- 
man en todos los disparates que el virrey chino que nos 
juzgó nos imponía y que todos los años venía un barco 
cargado de plata para repartirla nosotros a los cristia- 
nos, etc. Esto, y con haber ocultamente hecho diligenci? 
por medio de un tártaro y gentil para obtener la cabeza 



(25^ Don Pablo Su, testigo de los hechos que relata, como no- 
tario apostólico, levantó acta de todo, como consta por un documento 
suyo titulado: Relatio co?nbustionis corporis ven. Illmi D. Petri Mar- 
tyris Sanz quondan Episcopi mauricastrensis ac Vic. Aplici. Fokien 
provinciap anno proxirne elapso pro Christi Fide in hac metrópoli 
Fochen decollati. Fochen, 26. a Januarii 1748. Paulus Su, Presbyter 
sinensis, Sac. Congregationis Propagandas. Fidei Missus. et Notarius 
Apticus.— Coñsérvanse ejemplares de este documento en el A. P. D., 
tomo 300, ff. 1-2, y en el legajo 32 del Archivo de la Universidad 
de Santo Tomás, de Manila. 

Existe otro documento en el A. P. D., t. 22, ff. 263-264, cuyo autor 
es don Domingo José Yen, del Seminario de San José, de Siam, quien 
llegó a Foochow dos días después de la cremación del santo cadáver 
del Bato. Sanz, y, vuelto a Macao, escribió : «Relatio cremationis cada- 
veris Illmi. ac Rvmi. Dni. Petri Martyris Sanz.» Está fechado en 
Macao el 26 de abril de 1748. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



427 



de nuestro V. Sr. Sanz (que lo ha sabido el Chung-tu), ha 
sido la causa de haber quemado su cuerpo luego que el di- 
cho volvió de Emuy» (26). 

Los santos confesores se iban preparando para el mar- 
tirio, que ya tenían por seguro. Por mayo volvieron a ser 
herrados en las mejillas como reos de muerte. Tanto es así 
que, habiendo recibido noticia que ya no se verificaría la 
sentencia de muerte, creyéndose ellos indignos del marti- 
rio, recibieron humildemente tal noticia (27). 



V 



CONTRA LA ORDEN DEL EMPERADOR MARTIRIZARON A LOS PRESOS 



La causa de los cuatro mártires había sido de nuevo 
remitida a Pekín. El Tribunal Supremo confirmó la sen- 
tencia de muerte. Mas acaso por que querían librarlos de 
ella, dispuso el emperador que se dilatara la ejecución, sin 
señalar fecha (28). 



(26) Alcoeer, Reí. de 28 de febrero de 1748. — Escribe también a 
este propósito el Bto. Diaz : «Según algunos discurren, la causa ha 
sido el buen corazón y devoción efe los señores españoles que han ve- 
nido a comerciar a Emuy ¡ lo que. según han referido, procuraron 
ver al virrey tártaro, que a mediados de diciembre fué por las tierras 
de Hia-muen a registrar las playas de mar y pedirle les entregara 
nuestras personas y la cabeza de nuestro V. e limo. Sr. Sanz, lo que 
para esta nación es escándalo, no pidiendo el ataúd, y pedir la ca- 
beza sola. Ni nosotros, estimando su gran afecto, entramos que pi- 
dan y deseen llevar la cabeza de nuestro venerable Padre y las nues- 
tras, juntas con los cueroos que vavan.» (Díaz. Reí. de 3 de febrero 
de 1748.) 

(27) Un testigo del proceso apostólico, Francisco Javier Ly. de- 
clara : «Después, habida noticia de que los mandaban libres a Ma- 
cao, mi padre y yo y algunos cristianos más. fuimos a la cárcel para 
felicitarles y congratularnos de un suceso por nosotros tan deseado. 
Pero ellos nos recibieron con la misma serenidad de ánimo, y, sin 
alegrarse ni entristecerse, exclamaron ¡ «Hágase la voluntad de Dios.» 

(28) He aquí el decreto del Tribunal Supremo y la respuesta del 
emperador : «Libellus Tribunalis ad Imperatorem. Quantum ad rem 
secreto expositam de rris decollandis. Hoa-king. Xv Hoang-ohiko, Te 
Hoang-chi-ko, Fy Yo-yun (PP. Royo, Díaz. Serrano y Axcober), ac 
de reo Kuo Hy-jin (Ambrosio strangulo perimendo, pro officio una 



428 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



No llevó a bien esta decisión el virrey de Foochow, y 
acaso en connivencia con el malévolo Cheu y vocales del 
Tribunal Supremo de Pekín resolvió darles muerte en las 
mismas cárceles. Para lo cual «luego convidó a su palacio 
todos los mandarines, el gobernador Puang, el juez Ga 
del Crimen y el corregidor Vuang, con los dos mandarines 
de las dos villas del Heu-kuon y Min-hien, para hacer la 
junta sobre el ahogar y quemar a los cuatro europeos» (29). 

El virrey dió a leer a los de la junta la «Gazeta Impe- 
rial», manifestándoles su extrañeza de que no aparecieran 
en la lista de los que habían de ser ejecutados los nom- 
bres de los cuatro europeos. «Esto no embargante, les dijo: 
«No ignoráis de que en Pekín, según lo indica el dictamen 
del Supremo Consejo, se desea que cuanto antes expíen su 
delito con el vil precio de sus vidas, a cuyo fin me ha pa- 



examinavimus Chi-ting tui Praefecti, perspeximusque juxta Chin 
Prorregis Fo-kien, una cum aliis in judicio generali, sententiam seu 
determinationem judicii esse, ut Hoa-king caeterosque causa sit vera. 
Nos examinando memoratam rem, reperimus Hoa-king ac alios una 
cum Petro (V. Sr. Sanz) juxta poenam punitos esse europeos; in Can- 
tone ac Fo-kien fuisse; Domini coeli nomine, seu colore mutuato, 
praedicasse religionem. Kuo Hy-jin coterosque eorum Religioni cre- 
dentes anscondisse praefatos domi. Petrum aliunde sensim intro- 
duxisse suoque ductu effecisse ut Hoa-kin, Te Hoan-chi-ko, Sy Hoan- 
chi-ko, Fy Yo-yun quinqué aediflcarent ecclesias; omnisque licentia 
inclinate, seu persevere loquerentur redigerentque suae religioni ob- 
re omperatorem ac parentes; multa milia vinorum faeminarumque 
secundantes objiciendo cremare progrenitorum tabellas, non agnosce- 
congregare; adeo ut eorum quisque suum nomen europeum recipiat, 
ac in cathalogo ponatur. Aliunde abscondite aedificant ecclesias cum 
latibulis, subterraneis aliisque id generis ; ut se absconditis perverse 
decipiantur mendaciis ac fraudibus populi. Qui religonem recepere 
centum modis, seu nullo modo convertuntur. Cum capti Hoa-kin, Xy 
Hoang-chi-ko, Te Hoan-chi-ko, Fy yo-yn, ac juxta poena punitus Pe- 
tras late propagaverit haereticam religonem, aperuerint aecclesias et 
populos dementarint ; idque absque ullo legis Imperii timore. Item, 
cum Kuo Hy-jin, nomine Religini dato memoratos conservando sit 
adjutor ex principalibus ; Hoa-kin, Xy Fan-chi-kko, Te Hoan-chi-ko. 
Fy Yo-yun (o yuen) causae suae quoad omnia et singula verae sunt.» 

En Libellus ad Imperatorem, cui responsio Imperatoris: «Manda- 
tum imperiale juvet Hoa-kin, Xi Hong-chi-ko, Te Hoan-chi-ko, Fy 
yo-yun, Kuo Hy-jin carcere firmo, seu magna diligentia custodiantur. 
Kien heu.» (Copia de este documento en A. P. D., t. 55, ff. 210-211 
y t. 48, f. 367 de los mss. del A. P. D.) 

(29) Sta. María. Individual y verdadera relación del martirio... 
Foochow, 15 de enero de 1749, en A. P. D., t. 55, ff. 223-225.) 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



429 



recido buen acuerdo que esta misma noche sean muertos 
en sus calabozos y a la mañana siguiente quemados sus 
cadáveres y lanzados sus huesos al depósito común del ce- 
menterio de los criminales. Una vez sacrificados, añadió, 
vosotros me comunicáis su fallecimiento, y yo me encargo 
de escribir a la Corte diciendo que han perecido de muer- 
te natural. Y tengo la seguridad de que, aun cuando lle- 
guen a saber nuestra resolución, lo cual es muy dudoso, a 
ninguno de nosotros se nos exigirá responsabilidad algu- 
na. Están ya condenados a decapitación; no hacemos más 
que anticiparles un momento que siempre ha de llegar. 
El Tribunal Supremo de Justicia, ya lo veis, piensa como 
nosotros; y si de respetos oficiales pudiera prescindir, 
hasta nos daría las gracias por resolución tan feliz y opor- 
tuna» '30). 

Los de la junta convinieron en que se hiciera. Y aquella 
misma noche dieron órdenes secretas para que fueran sa- 
crificados los siervos de Dios y que a la mañana siguiente 
fueran quemados sus cadáveres. 

La trágica y criminal escena se conoce por los mismos 
que ejecutaron la cruel orden del virrey, según sus decla- 
raciones para el proceso apostólico. 

a) Martirio del Bto. Serrano 

Los gentiles Chin-ling y Kingling, carceleros de los san- 
tos mártires, describen de la siguiente manera el martirio 
del Bto. Serrano: 

«Matamos al maestro Te Chi-ko en nuestra cárcel del 
Fu (de la ciudad) en el año X1T del emperador reinante, 
sin que recordemos el día ni el mes. Sería como mediano- 
che cuando le dimos muerte. A las once de la noche de 
aquel día recibimos una orden del virrey que nos mandaba 



(30 > P. Arias. Vida..., pág. 687. 



43ii 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



ahogar al europeo. Todos los carceleros nos levantamos 
entonces de nuestras camas, acudimos al calabozo en que 
estaba Te Chi-ko. Abro yo (Chin-ling) la puerta, y al ver- 
nos entrar en ocasión tan intempestiva conoció que se 
acercaba su última hora y nos dijo con dulzura y sem- 
blante sereno: «¿Por qué venís a buscarme a hora tan in- 
sólita? ¿Es que los mandarines me llaman a su tribunal?» 
Habiéndole respondido que no, replicó él entonces muy 
alegre y sonriente: «¡Ah! Ya lo sé. No es que los manda- 
rines me llamen; es Dios quien me llama para el cielo.» 

«Entonces nosotros le sacamos y condujimos a un de- 
partamento próximo, en el que se hincó de rodillas é hizo 
oración a su Dios. Después de un breve rato, se levantó y 
nos exhortó a que siguiéramos su religión, diciéndonos que 
era muy santa y llevaba a los hombres al cielo. «A donde 
iré yo — prosiguió diciendo — dentro de breves instantes, 
pues que muero por ella». Volvióse a hincar de rodillas y 
repitió su oración. Nosotros estábamos admirados de verle 
tan alegre y contento. Y como era un hombre muy bueno 
y muy amable, aunque la costumbre es matar a los reos 
en el suelo, mis compañeros y yo, que mucho le amába- 
mos, le tuvimos lástima y por respeto hicimos que se sen- 
tara en una silla de caña, a fin de que muriese de manera 
más decente. Sentóse y volvió a orar; y luego nos dijo: 
«¡Ea! Acercaos, y acercaos sin miedo. Ejecutad ya lo que 
os pertenece». Después le tapamos el rostro, y con una pas- 
ta de seis huevos de gallina, envuelta en un papel de es- 
traza empapado en aguardiente, le fuimos obstruyendo la 
boca y narices, tan completamente, que sólo pudo dar seis 
palpitaciones, y expiró.» 

«¡Ciertamente, todos quedamos sorprendidos al ver su 
serenidad, paciencia y alegría en sufrir la muerte. Mi pa- 
dre (el de Ching-ling), que le había tratado mucho, siem- 
pre le alaba» (31). 

b) Martirio del Bto. Joaquín Royo 

Respecto al martirio del Bto. Royo, he aquí las declara- 
ciones de sus carceleros y verdugos: 



(31) Esta y las siguientes declaraciones constan en el Proceso 
Apostólico, y las trae P. Arias, Vida..., págs. 688 y s. s. 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



431 



«El europeo Hoa-king, maestro de la ley cristiana, fué 
muerto en la cárcel del Min-kien, de la que era yo, dice el 
infiel Lin-pag, y sigo siendo guarda, por mandato del vi- 
rrey, quien aquella noche nos ordenó le sofocáramos. Era- 
mos cinco los que nos dirigimos al calabozo, cerca de las 
doce de la noche; y él nos recibió con alegria. Le dimos 
primero el vino que es costumbre dar a los ajusticiados; 
después le cogimos y echamos sobre el suelo; luego, con 
un papel empapado en aguardiente, le tapamos bien los 
conductos respiratorios, y de seguida, arrojando sobre su 
cara un saco lleno de cal, uno de nosotros púsose sobre 
él, y, apretando con los pies, le acabamos de sofocar. Mis 
compañeros y yo hicimos esto forzados por la orden de 
los mandarines, y con gran sentimiento, porque lo tema- 
mos por un hombre muy bueno e inocente.» 

«Siempre nos predicaba la religión cristiana; y todo el 
tiempo que estuvo en la cárcel le vimos con el rostro ale- 
gre y orando a su Dios sin intermisión. La misma noche 
que entramos para matarle, con gran contento y sin señal 
alguna de temor, nos recibió diciendo: «¡Muy bien! ¡Qué 
felicidad la mía! Seguid la religión cristiana, que a mi me 
lleva al cielo, si no queréis vuestra eterna condenación». 
Después levantó los ojos a su Dios, y estando de ese modo 
orando, y sin oponer la menor resistencia, le sofocamos 
de la manera que queda dicho. ¡Oh, este hombre en ver- 
dad que era santo!» (32). 



c) Martirio de los Btos. Alcober y Díaz 

El infiel Ly-pa describe el martirio de los dos Beatos 
la cárcel del Gan-cha-zu así: 

«En el reinado del actual emperador Kien-lung. no re- 
cuerdo el año, en la luna nona (el día podré decirlo cuan- 
do vea las notas de mi librito de apuntes de ajusticiados), 
cerca de las diez de la noche, un mandarín me entregó una 
orden del juez de lo Criminal en que me ordenaba dar 
muerte a los europeos Fy Yo-vang (Bto. Alcober) y Xi 



(32) Arias, Vida..., págs. 690-691. 



432 



JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ 



Hoan-chi-ko (Bto. Díaz), maestros de la Ley cristiana. Re- 
cibida esta orden llamé yo a los guardas de la cárcel, 
ambos ya difuntos, apellidado el primero Kuan, y el se- 
gundo, Chang, y también mi hermano, para que nos ayu- 
dase a la ejecución de este mandato. Provistos de cuer- 
das, nos dirigimos, cerca de las once, al calabozo en que 
estaban los europeos, quienes nos recibieron con mues- 
tras de gran alegría y sin señal alguna de turbación. 
Postróse de rodillas ante el europeo Fy, que vosotros lla- 
máis Alcober, el otro europeo, y no sé qué cosas hablaron 
los dos en su lengua.» 

«Después ambos se hincaron en tierra y oraron a su 
Dios con gran fervor. Nos acercamos a ellos, que, muy 
contentos, seguían orando y exhortándonos a seguir la 
Ley, y les echamos al cuello los cordeles, y después de 
darles algunas vueltas, tirando con fuerda uno de nna 
punta y otro de otra, les estrangulamos; y así murieron. 
Yo digo la verdad, y aseguro que los vi que, sin temor al- 
guno, sin hacer la menor resistencia, con grande gozo, 
orando a su Dios, sufrieron la muerte» (33). 



VI 

RECUPÉRANSE LOS RESTOS DE LOS MÁRTIRES 

La placidez del rostro de los venerables cadáveres fué 
la admiración de los mismos verdugos. «Frescos, con el 
color natural, más hermosos que cuando vivían, alegres y 
sonrientes, según la declaración de los mismos cabos de 
la cárcel, su vista hizo exclamar a cuantos los vieron an- 
tes de proceder a su cremación: «¡Estos eran inocentes; 
éstos eran santos! Ningún mal ni delito habían cometido 
para merecer esta muerte» (34). 

Al día siguiente del martirio, 29 de octubre, condujeron 
el cadáver del Bto. Serrano al cementerio de Occidente, y 



(33) P. Arias. Vida..., págs. 691-692. 

(34) Ibid..., pág. 694. 



RELACION f 

DEL MARTYRIO DE LOS VV. PP. J 

EL ILLÍKO Y RMO SEbOR g 
D. Fr. FRANCISCO SERRANO „ 
Obifpo Tipafítano, y Vidrie , A F oficlico » 
• déla Provincia deFoKien;. w 
I | Fr . IVAN DE ALCOEER, JJ 
3 \ Fr. IOACH1N ROYO, „ 
/ \Fr. FRANCISCO DIAZ, • 
J3EL SjGRAÜO ORDEN DE PREDICADORES, w 
fr y MiílWros Apofiolicos en el Imperio ce * 
fcChiriaiicon otros fuceílds pertenecientes a Ja * 
J rfecujion, que cavarías Provincias de w 
■ •■ • 't\uci-hnp'éTÍo , fe experimenta 
__¿-V contraía Religión » 
\ Chrifliana . * 

„ 5EGVN LAS NOTICIAS, QVE* 
en varias Urtas han dado. Jos dichos quatro £ 
V V. vlartyres, y otros Miflioneros w 
\de aquel Imperio. •* 

r \ n> 

'Con hs Licti ntc*Q*t.*tn el Colltg. y P»ire>y¡J. ff 
it Sto lom. it ManiU, it 1749. » 



MISIONES DOMINICANAS EN CHINA 



43:! 



los de los otros tres mártires, al de Oriente. Allí se verificó 
la cremación y arrojaron los sagrados restos a la fosa co- 
mún de los malhechores. Deseaban los cristianos, y más 
que todos el P. Fr. Juan de Santa María, rescatar tan pre- 
ciosas reliquias. Mas viendo todos los caminos cerrados 
para lograr su piadoso intento, por la mucha vigilancia 
que había, el día 2 de noviembre mandó dicho Padre a 
los cristianos que ayunaran por espacio de algunos días 
y que rezaran todos los días las tres partes del Rosario 
para pedir al cielo ayuda. 

Oyó el Señor sus plegarias. Y el día 24, por orden del 
Padre Santa María, Pablo Chin Ul-yuen fué a hablar con 
el encargado del cementerio de Occidente, y los dos con- 
vinieron que al día siguiente, 25, a las seis de la tarde, fue- 
ran por los sagrados restos del Bto. Serrano. Así lo hicieron 
el P. Santa María, Ul-yuen, el hijo de é